Seminario
Lección 3: La función del alumno
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Lección 3

La función del alumno

Introducción

Esta lección debe ayudar a los alumnos a entender y a cumplir su función en el aprendizaje del Evangelio. Para comprender esa función, también tienen que entender la función del Espíritu Santo y la del maestro. Tal vez sea necesario que repase periódicamente los principios que se enseñen en esta lección, a fin de recordar a los alumnos su responsabilidad en el aprendizaje del Evangelio.

Sugerencias para la enseñanza

La función del Espíritu Santo, la del maestro y la del alumno

Divida los alumnos en grupos de tres o cuatro personas e invítelos a analizar lo siguiente (podría escribirlo en la pizarra): sus nombres, su deporte en equipo preferido y la posición de juego preferida en dicho deporte, si es que tienen alguna, (se podría sustituir aquí, entre otras actividades, la música, el coro o el teatro).

Una vez que hayan analizado sus respuestas, invite a un alumno a trazar en la pizarra un diagrama del campo de juego o cancha de su deporte en equipo preferido o de la actividad preferida, y a colocar una X donde se posicionaría cada uno de los jugadores. Pida al alumno que describa el objetivo del deporte y la forma en que el equipo puede lograr la victoria. Luego hágale las preguntas siguientes:

  • ¿Cuál es la posición más importante del equipo? ¿Cuál es la menos importante?

  • ¿Qué sucedería si se eliminara un jugador del equipo de alguna posición y luego trataran de competir?

  • ¿Qué sucedería si el jugador de esa posición estuviera en el campo, pero no entendiera su función o esperara que los demás la realizaran?

Destaque la importancia de que cada jugador entienda y realice su función a fin de que el equipo logre su objetivo. Explique que estar en la clase de seminario es como estar en un equipo.

  • ¿Cuál consideran es el propósito de una clase de seminario?

Después de que respondan, pida a un alumno que lea la siguiente declaración en voz alta mientras la clase escucha para determinar cuál es el propósito de seminario. (Considere entregarles fotocopias y colocar a la vista el texto en el aula durante al menos las primeras semanas de seminario.)

El propósito de seminario es “ayudar a los hombres y mujeres jóvenes, y a los jóvenes adultos, a entender y confiar en las enseñanzas y en la expiación de Jesucristo, a hacerse merecedores de las bendiciones del templo y a prepararse ellos mismos, a su familia y a los demás para la vida eterna con su Padre Celestial” (“El objetivo de Seminarios e Institutos de Religión”, La enseñanza y el aprendizaje del Evangelio, 2011, pág. X).

  • ¿Qué parte del objetivo de seminario tienen mayor deseo de lograr?

  • Como integrante de nuestra clase de seminario, ¿cuál consideran que es la función de ustedes para lograr ese propósito?

Después de que respondan, explique que para alcanzar el objetivo de seminario se requiere el esfuerzo de tres diferentes personas. Cada uno de ellas tiene una posición o función específica que realizar en el proceso. Escriba en la pizarra los siguientes encabezamientos: Espíritu Santo, Maestro, Alumno.

  • ¿Cuál de esas posiciones o funciones consideran que es la más importante? ¿Cuál creen que es la menos importante?

  • ¿Qué pasaría si elimináramos alguna de esas funciones de la clase de seminario?

  • ¿Qué sucedería si alguna de esas personas no comprendiera su función o esperase que los demás la realizaran?

Indique que a pesar de lo eficaz que el Espíritu Santo o el maestro puedan ser, el propósito de seminario no se logrará salvo que cada alumno cumpla con su función. Explique que para que ellos comprendan cuál es su parte, también tienen que entender la función del Espíritu Santo y la del maestro.

La función del Espíritu Santo

Pida a los alumnos que mediten sobre lo que consideran que es la función del Espíritu Santo en el salón de clases de seminario.

  • ¿Por qué es esencial el Espíritu Santo en la experiencia de seminario?

Invite a un alumno a leer en voz alta 2 Nefi 33:1. Pida a la clase que siga la lectura en silencio para saber lo que el Espíritu Santo hace por el alumno cuando se enseña la verdad mediante Su poder.

  • Según ese versículo, ¿qué hace el Espíritu Santo en los alumnos? (En la pizarra, debajo de “Espíritu Santo”, escriba el siguiente punto doctrinal: El Espíritu Santo transmite la verdad al corazón.)

  • ¿Qué suponen que sucederá si no invitamos ni damos la bienvenida al Espíritu Santo al aula?

Invite a los alumnos a meditar en cómo se relacionan el comportamiento y la dignidad personal de ellos con la capacidad de recibir instrucción del Espíritu Santo.

A fin de ilustrar la función del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento, explique que un hombre llamado Elías el profeta se hallaba desalentado a causa de la iniquidad de la gente. El Señor se comunicó con él cuando éste se encontraba en la cima de una montaña. Invite a un alumno a leer en voz alta 1 Reyes 19:11–13. Pida a la clase que siga la lectura en silencio para ver cómo se comunicó el Señor con Elías el profeta en esa ocasión. Invítelos a compartir lo que hayan encontrado.

  • ¿De qué modo el saber que el Señor se comunica con nosotros por medio del Espíritu Santo les ayuda a esforzarse a aprender mediante el poder del Espíritu Santo? ¿De qué manera les ayuda el conocer la forma en que habla el Espíritu Santo?

De ser posible, proporcione una fotocopia con la siguiente declaración del élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles. Invite a un alumno a leerla en voz alta.

Holland, Jeffrey R.

“Por favor, sepan que su Padre Celestial les ama, así como Su Hijo Unigénito. Cuando Ellos les hablen, y lo harán, no será en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino que será con un silbo apacible y delicado, una voz tierna y bondadosa” (“La lengua de ángeles”, Liahona, mayo de 2007, pág. 18).

Invite a los alumnos a expresar sus opiniones y sentimientos sobre la capacidad que tiene el Espíritu Santo de llevar a nuestro corazón la verdad del Evangelio.

La función del maestro

Señale la palabra “Maestro” en la pizarra y luego haga la siguiente pregunta:

  • Si la función del Espíritu Santo es llevar la verdad al corazón de quienes aprenden, ¿cuál consideran que es la función del maestro en seminario?

Invite a dos alumnos a leer en voz alta Doctrina y Convenios 42:12–14 y Doctrina y Convenios 50:13–14. Pida a la clase que preste atención para determinar la función del maestro del Evangelio.

  • ¿Cómo resumirían lo que enseñan esos pasajes en cuanto a la función del maestro? (Las respuestas de los alumnos podrían ser diversas, como, por ejemplo, la siguiente doctrina: El Señor manda a los maestros que enseñen el Evangelio por medio del Espíritu. Escriba ese punto doctrinal en la pizarra, debajo de “Maestro”.)

Explique que después de que el Señor habló desde el monte Sinaí a los israelitas de la antigüedad, impartió instrucciones específicas a quienes enseñarían Su palabra. Invite a un alumno a leer en voz alta Deuteronomio 6:4–7. Pide al resto de la clase que determine lo que el Señor mandó a los israelitas.

  • ¿Qué esperaba el Señor de quienes enseñaban a Sus hijos la palabra de Dios?

  • ¿De qué manera el versículo 7 influye en el concepto que ustedes tienen sobre la función de su maestro del Evangelio?

La función del alumno

Señale la palabra “Alumno” en la pizarra y pregunte a los alumnos cuál es su función para lograr el propósito de seminario.

Después de que contesten, invite a dos alumnos a pasar al frente del salón. Entregue a uno una pesa (como una mancuerna, por ejemplo) y pídale que comience a levantarla en forma repetida. Mientras el alumno lo hace, pregunte si existe alguna forma de traspasar la fuerza que este alumno está adquiriendo en los músculos al segundo alumno.

  • ¿Cómo se podría relacionar este ejemplo con obtener conocimiento y un testimonio del Evangelio? (Si los alumnos desean aumentar su fortaleza espiritual, deben esforzarse.)

Entregue en una fotocopia la siguiente declaración del élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles. Invite a los alumnos a leer el texto en silencio y determinen lo que enseña concerniente a la función del alumno.

Bednar, David A.

“El alumno que ejerce su albedrío para actuar en consonancia con principios que son correctos, abre su corazón al Espíritu Santo e invita tanto a Su poder para enseñar y testificar, como a Su testimonio confirmador. Aprender por la fe requiere un esfuerzo espiritual, mental y físico, y no tan sólo una recepción pasiva …

“…El alumno debe ejercer su fe y actuar a fin de obtener el conocimiento por sí mismo” (“Buscar conocimiento por la fe”, Liahona, septiembre de 2007, pág. 20).

  • ¿Qué enseñan esas palabras en cuanto a su función de obtener conocimiento espiritual? (Las respuestas de los alumnos pueden ser diversas, pero deben comunicar un principio semejante al siguiente: Obtener conocimiento espiritual requiere esfuerzo de nuestra parte. Anote ese principio en la pizarra, debajo de “Alumno”.)

  • ¿Cuáles son algunos esfuerzos espirituales, mentales o físicos que podemos hacer para obtener conocimiento espiritual? (Si lo desea, anote las respuestas de los alumnos debajo del principio que acaba de escribir en la pizarra.)

(Nota: Considere la posibilidad de invitar a los alumnos a leer Doctrina y Convenios 88:122 y analizar la importancia del orden y del respeto en la clase.)

Trace una línea en la pizarra desde “Espíritu Santo” hasta “Alumno” y pregunte:

  • ¿Qué relación existe en el hecho de que los alumnos cumplan su función en el proceso de aprendizaje y que el Espíritu Santo pueda cumplir con la función de Él? (Los alumnos pueden emplear palabras diferentes, pero las respuestas podrían reflejar algo semejante a este principio: Cuando nos esforzamos por desempeñar nuestra función como alumnos, abrimos el corazón al poder que el Espíritu Santo tiene para enseñar.)

A fin de que los alumnos entiendan cómo la función del Espíritu Santo, la del maestro y la del alumno actúan en conjunto, invítelos a buscar 2 Reyes 5.

Explique que Naamán era un general del ejército sirio que sufría una enfermedad llamada lepra. Una sierva judía de su casa le sugirió que el profeta israelita Elías, en Samaria, podría sanarlo.

Invite a dos alumnos a que se turnen para leer en voz alta 2 Reyes 5:9–15. Pida a la clase que siga la lectura en silencio para ver cuál fue el resultado de las acciones de Naamán. Después de que hayan leído, formule las siguientes preguntas a fin de que la clase reconozca la función del alumno, la del Espíritu Santo y la del maestro.

  • ¿Qué efecto tuvieron las acciones de Naamán?

  • ¿Quién desempeñó la función del maestro en este relato?

  • ¿Qué función pudo haber desempeñado el Espíritu Santo en lo que sucedió con Naamán?

Invite a los alumnos a hablar sobre el modo en que ellos han invitado al Espíritu y actuado de conformidad con lo que hayan aprendido en seminario u otros entornos del Evangelio, y sobre los resultados de tal esfuerzo.

Concédales tiempo para que mediten en cuanto a una o dos cosas que quieran hacer para cumplir su función en seminario este año. Invítelos a fijar la meta de actuar de conformidad con tales deseos. Podría sugerirles que escriban la meta en el diario de estudio de las Escrituras o en una hoja de papel. Si los alumnos necesitaran ayuda para fijar la meta, podría mostrarles las siguientes ideas del capítulo 1 de La enseñanza y el aprendizaje del Evangelio:

  • Desarrollar el hábito de estudiar diariamente las Escrituras.

  • Descubrir y expresar doctrinas y principios que sean importantes para ellos.

  • Formular preguntas y buscar respuestas que los ayuden a entender mejor el Evangelio y cómo aplicarlo en su vida.

  • Compartir puntos de vista, experiencias y sentimientos.

  • Explicar las doctrinas y los principios del Evangelio a otras personas y testificar de su veracidad.

  • Desarrollar técnicas de estudio de las Escrituras, como marcar y correlacionar pasajes y utilizar las ayudas para el estudio.

Comentarios e información de contexto

La función del Espíritu Santo en relación con la del maestro y la del alumno

El élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó en cuanto a la función del Espíritu Santo con relación a la del maestro y la del alumno

“Nefi nos enseña: ‘Cuando un hombre habla por el poder del Santo Espíritu, el poder del Espíritu Santo… lleva [el mensaje] al corazón de los hijos de los hombres’ (2 Nefi 33:1). Observen que el Espíritu lleva el mensaje al corazón, pero no lo introduce necesariamente en su interior. Un maestro puede explicar, demostrar, persuadir y testificar con poder y eficacia espirituales; sin embargo, el contenido de un mensaje y el testimonio del Espíritu Santo penetran el corazón sólo cuando lo permite el receptor” (“Buscar conocimiento por la fe”, Liahona, septiembre de 2007, pág. 17).

Esforzarse para lograr una mayor conversión

Ésta es una época gloriosa para ser un joven de la Iglesia; recuerden que, no importa lo inspirados que puedan ser los padres, los líderes de los jóvenes y los maestros de seminario, cada alumno es responsable de su propia conversión. “Tú tienes la responsabilidad principal en lo que respecta a tu propia conversión; nadie puede convertirse por ti, ni nadie puede forzarte a que te conviertas; sin embargo, otras personas podrían ayudarte en el proceso de la conversión. Aprende del ejemplo recto de los integrantes de la familia, de los líderes [y maestros] de la Iglesia y de hombres y mujeres de las Escrituras” (véase Leales a la Fe: Una referencia del Evangelio, 2004, pág. 53). La conversión ocurre cuando somos diligentes en orar, estudiar las Escrituras, asistir a la Iglesia, y ser dignos de participar en las ordenanzas de la Iglesia y del templo. La conversión resulta de actuar de acuerdo con los principios rectos que aprendemos en el hogar y el salón de clases; resulta de llevar una vida pura y virtuosa, y de disfrutar la compañía del Espíritu Santo.

La importancia del Espíritu Santo

El presidente Henry B. Eyring, de la Primera Presidencia, enseñó por qué es esencial que el Espíritu Santo cumpla Su función en seminario:

“Nuestros alumnos no pueden conocer a Dios, y amar como deben amar, si no se les enseña por medio del Espíritu Santo. Sólo mediante el Espíritu pueden saber que Dios nos ama lo suficiente para enviar a Su Hijo [como mediador] por nuestros pecados, y que Jesús es el Hijo de Dios, y que Cristo pagó el precio de nuestros pecados. Sólo por el Espíritu pueden saber que el Padre Celestial y Su Hijo resucitado y glorificado se aparecieron a José Smith. Sólo mediante el Espíritu pueden saber que el Libro de Mormón es la palabra verdadera de Dios. Sólo por medio de la inspiración pueden sentir el amor que el Padre y el Hijo sienten por ellos al darnos las ordenanzas necesarias para recibir la vida eterna. Sólo al obtener el testimonio de esas cosas en lo profundo del corazón mediante el Espíritu Santo estarán arraigados en un cimiento seguro para mantenerse firmes a través de las tentaciones y las pruebas de la vida” (véase “Conocer y amar a Dios” [discurso dirigido a los maestros de religión del Sistema Educativo de la Iglesia, 26 de febrero de 2010, pág. 2; si.lds.org).