Seminario
Lección 21: Abraham 3
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Lección 21

Abraham 3

Introducción

Antes de que Abraham fuera a Egipto, el Señor habló con él cara a cara y lo instruyó sobre la naturaleza y el orden del universo y la importancia crucial de Jesucristo en el Plan de Salvación. El Señor le dijo a Abraham que declarara a los habitantes de Egipto lo que había aprendido. También le mostró el concilio de los cielos que tuvo lugar antes de la creación del mundo, y cómo el Padre Celestial escogió a Jesucristo para ser el Salvador del mundo.

Sugerencias para la enseñanza

Abraham 3:1–21

El Señor le enseña a Abraham sobre el orden de las estrellas

Escriba las siguientes frases incompletas en la pizarra e invite a los alumnos a completar la primera frase en su cuaderno de apuntes o en su diario de estudio de las Escrituras.

El mundo me dice que soy grandioso si…

Los verdaderos atributos de la grandeza incluyen…

Invite a varios alumnos a decir a la clase cómo completaron la primera frase.

Explique que Abraham 3 contiene el relato de la instrucción del Señor a Abraham sobre las estrellas, la cual ayudó a Abraham a entender la grandeza de Jesucristo y la importancia de todos los hijos de Dios. Abraham recibió esta revelación por medio del Urim y Tumim, un instrumento que se da a los videntes para ayudarlos a recibir revelación y traducir idiomas. A medida que estudian esta revelación, invite a los alumnos a buscar lo que el Señor le enseñó a Abraham acerca de la verdadera grandeza.

Invite a un alumno a leer Abraham 3:1–3 en voz alta y pida a la clase que siga la lectura en silencio para saber lo que Abraham aprendió acerca de las estrellas y los planetas. Invítelos a compartir lo que hayan encontrado. Para ayudar a los alumnos a visualizar lo que Abraham vio, podría dibujar o invitar a un alumno a dibujar en la pizarra una ilustración sencilla de lo que los alumnos describan.

  • ¿Cuál es la estrella más próxima al trono de Dios?

  • Según el versículo 3, ¿qué palabras utilizó el Señor para describir Kólob? (“La mayor”).

Como resumen de Abraham 3:4–17, explique que Abraham aprendió detalles sobre los planetas y las estrellas. Por ejemplo, un día de Kólob equivale a mil años de la Tierra (véase el versículo 4). El Señor también le mostró a Abraham Sus creaciones y le prometió que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas y las arenas. El Señor le mandó a Abraham que declarara esas verdades en Egipto.

Si lo desea, explique brevemente que el “Facsímile del Libro de Abraham, Núm. 2” era parte de una colección de papiros egipcios que algunos de los santos de Kirtland, Ohio, compraron a un comerciante de antigüedades. El facsímile contiene figuras simbólicas relacionadas con los planetas y las estrellas y con el Plan de Salvación del Señor. Aparte de las explicaciones que proporcionó el profeta José Smith, no tenemos revelación adicional de los profetas modernos sobre el facsímile.

Si lo desea, señale que la lección de Dios sobre las diferencias comparativas de las estrellas también tenía el propósito de enseñarle a Abraham acerca de la grandeza de Jesucristo y las diferencias entre Él y los otros hijos de Dios procreados en espíritu. Invite a un alumno a leer Abraham 3:18–19, 21 en voz alta y pida a la clase que siga la lectura en silencio para averiguar lo que aprendió Abraham sobre el Señor Jesucristo.

  • ¿Cómo resumirían lo que Abraham aprendió acerca de Jesucristo? (Después de que los alumnos respondan, escriba la siguiente doctrina en la pizarra: Jesucristo es el más grandioso y el más inteligente de todos los hijos del Padre Celestial).

Señale la palabra inteligente en el versículo 19 y explique que, en las Escrituras, la palabra inteligente a menudo se refiere al grado de luz y verdad que haya recibido una persona. Obtenemos inteligencia al obedecer los mandamientos de Dios, por consiguiente, cuanto más obedientes somos, mayor puede ser nuestra inteligencia. (Véase D. y C. 93:28, 36). Jesucristo es el Ser más parecido y semejante al Padre Celestial por causa de la luz y la verdad que ha recibido mediante Su perfecta obediencia.

  • El saber que Jesucristo es el más inteligente de todos los hijos de nuestro Padre Celestial, ¿cómo puede ayudarles a ejercer la fe en Él?

Abraham 3:22–28

El Señor le muestra a Abraham el concilio de los cielos

Invite a los alumnos a pensar en una ocasión en la que aprendieron o descubrieron algo nuevo acerca de sí mismos. (Por ejemplo, tal vez hayan descubierto un nuevo talento o un interés en alguna afición particular). Invite a algunos alumnos a compartir sus experiencias con la clase.

Explique que Abraham 3:22–23 nos muestra que el Señor le enseñó a Abraham más acerca de sí mismo mientras le mostraba la visión del concilio de los cielos que tuvo lugar antes de la creación de la Tierra. Invite a un alumno a leer esos versículos en voz alta y pida a la clase que siga la lectura en silencio para determinar qué aprendió Abraham sobre sí mismo.

  • ¿A quiénes vio Abraham reunidos en el cielo?

Explique que, en el versículo 22, la palabra inteligencias se refiere a los hijos de Dios, procreados en espíritu.

  • ¿Qué aprendió Abraham acerca de sí mismo en esa visión?

  • ¿Para qué propósito sobre la Tierra escogió el Padre Celestial a Abraham y a otros espíritus nobles y grandes? (Tal vez los alumnos utilicen otras palabras, pero deberían reconocer la siguiente doctrina: El Padre Celestial escogió a Sus hijos nobles y grandes antes de que nacieran para que llegaran a ser líderes en Su reino sobre la Tierra).

Para ayudar a los alumnos a comprender que ellos también fueron escogidos o preordenados en la vida preterrenal para cumplir ciertas responsabilidades en la Tierra, invite a un alumno para que lea la siguiente declaración de Leales a la Fe:

“En el mundo preterrenal de los espíritus, Dios designó a ciertos espíritus para que cumplieran misiones específicas durante la vida terrenal. A eso se le llama preordenación …

“La doctrina de la preordenación se aplica a todos los miembros de la Iglesia, no sólo al Salvador y a Sus profetas. Antes de la creación de la Tierra, a las mujeres fieles se les dieron ciertas responsabilidades y los varones fieles fueron preordenados a ciertos deberes del sacerdocio. Aunque no recuerdes esa época, ciertamente acordaste cumplir importantes tareas al servicio de tu Padre” (Leales a la Fe: Una Referencia del Evangelio [2004], págs. 147–148).

  • El saber que fuiste escogido en la vida preterrenal para “cumplir importantes tareas al servicio de tu Padre [Celestial]”, ¿cómo puede influir en tus decisiones y acciones en la vida terrenal?

  • ¿Qué cosas podrían impedir que una persona cumpliera en la vida terrenal las tareas para las cuales Dios la preordenó o escogió?

Lea la siguiente afirmación incompleta y pregunte a los alumnos cómo la completarían: “La prueba de la vida es…”

Invite a un alumno a leer Abraham 3:24–25 en voz alta y pida a la clase que siga la lectura en silencio para saber cuál es la prueba de la vida. Si lo desea, antes de que el alumno lea, explique que la palabra probaremos en este pasaje significa poner a prueba.

  • Después de leer Abraham 3:24–25, ¿cuál dirían que es la prueba de la vida? (Si lo desea, cuando los alumnos hayan respondido, escriba la siguiente verdad en la pizarra: La prueba de la vida es determinar si haremos todo lo que Dios nos mande).

Explique que esta prueba comenzó en nuestra vida preterrenal, o nuestro “primer estado”. Las Escrituras se refieren a nuestra decisión preterrenal de seguir el plan de nuestro Padre Celestial como guardar nuestro primer estado. Invite a un alumno a leer Abraham 3:26 en voz alta y pida a los alumnos que sigan la lectura en silencio para saber cuál fue la bendición que el Padre Celestial planeó dar a Sus hijos en espíritu que guardaran su primer estado.

  • ¿Qué bendición planeó dar el Padre Celestial a aquellos que guardaran su primer estado? (Les sería “añadido”).

  • ¿Qué creen que quiere decir que les sería “añadido”? (Los alumnos podrían mencionar que si escogíamos seguir el plan del Padre Celestial en la vida preterrenal, entonces se nos daría la oportunidad de progresar hacia la mortalidad y recibir un cuerpo físico).

  • ¿Cuáles fueron las consecuencias para aquellos espíritus que decidieron no guardar su primer estado? (Nunca recibirían un cuerpo físico ni tendrían la oportunidad de obtener gloria eterna).

  • ¿Qué creen que significa guardar nuestro segundo estado? (El segundo estado se refiere al tiempo que hay entre nuestro nacimiento terrenal y el juicio final. Para guardar nuestro segundo estado, debemos aceptar y vivir el Evangelio de Jesucristo, lo que incluye obedecer todo lo que el Padre Celestial nos mande).

Escriba la siguiente frase incompleta en la pizarra: Si hacemos todo lo que el Padre Celestial nos manda, entonces…

Remita a los alumnos al versículo 26 y pregúnteles cómo completarían ellos la frase según este versículo. Invite a un alumno a escribir el resto del principio en la pizarra. Tal vez utilicen otras palabras, pero los alumnos deberían expresar algo similar al siguiente principio: Si hacemos todo lo que el Padre Celestial nos manda, entonces se añadirá gloria sobre nosotros para siempre.

  • ¿Qué creen que quiere decir que se añadirá gloria sobre nosotros para siempre?

Lea Abraham 3:27–28 en voz alta e invite a los alumnos a pensar quiénes eran los dos espíritus que respondieron a la pregunta del Padre Celestial sobre a quién enviaría.

  • ¿Quiénes eran los dos espíritus que respondieron a la pregunta del Padre Celestial? (Jesucristo fue el primero y Lucifer [o Satanás] el segundo).

  • ¿Cómo reaccionó Lucifer cuando se escogió a Jesucristo? (Lucifer se enojó y se rebeló contra el plan del Padre Celestial. También persuadió a muchos de los hijos del Padre Celestial a que no siguieran el plan del Padre).

Como Satanás y sus seguidores no guardaron su primer estado, perdieron la oportunidad de recibir un cuerpo físico, de experimentar la vida terrenal y de progresar hacia la gloria eterna.

Para finalizar, invite a los alumnos a completar la segunda frase que figura en la pizarra desde el principio de la clase, en su cuaderno de apuntes o diario para el estudio de las Escrituras (“Los verdaderos atributos de la grandeza incluyen…”).

Invite a algunos alumnos a explicar a la clase lo que escribieron. Testifique que podemos alcanzar la verdadera grandeza a medida que nos acercamos a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo por medio de la obediencia a Sus mandamientos.

Dominio de las Escrituras: Abraham 3:22–23

Para ayudar a los alumnos a memorizar Abraham 3:22–23, utilice la actividad “La carrera de palabras”. Extienda el desafío a la clase de decir uno o ambos versículos de Abraham 3:22–23; una palabra por alumno por turno. Por ejemplo, si comienzan con el versículo 22, el primer alumno diría la palabra y, el segundo alumno diría el, el tercer alumno diría Señor, y así sucesivamente hasta que la clase haya recitado todo el versículo. Mida el tiempo y dé a la clase varias oportunidades para lograrlo en un tiempo determinado o marcar un récord como clase. Al repetir esa actividad, considere la posibilidad de cambiar el orden de los alumnos para que tengan que decir diferentes palabras. Cuando los alumnos se hayan familiarizado con los versículos, invítelos a recitar juntos el pasaje en voz alta.

Recuerde que una clave para la memorización y el dominio de las Escrituras es la repetición. Piense en las maneras que pueden repasar este pasaje al principio y al final de las lecciones durante la próxima semana o dos semanas.

Comentarios e información de contexto

Abraham 3:1. Urim y Tumim

El Urim y Tumim es un “instrumento que Dios preparó para ayudar al hombre a obtener revelaciones del Señor y a traducir idiomas”. [Véase Éxodo 28:30; Levítico 8:8; Números 27:21; Deuteronomio 33:8; 1 Samuel 28:6; Esdras 2:63; Nehemías 7:65; José Smith—Historia 1:35].

“Utilizar el Urim y Tumim es el especial privilegio de un vidente y parece razonable que tales instrumentos se usaran desde los tiempos de Adán (Guía para el Estudio de las Escrituras, “Urim y Tumim”).

Algunos se han preguntado cómo fue posible que Abraham y el hermano de Jared pudieran tener ambos el Urim y Tumim si vivían en dos continentes diferentes. Las Escrituras enseñan que hay más de un Urim y Tumim (véase Éxodo 28:30; Mosíah 28:11–20; Éter 3:21–28; Abraham 3:1). Aarón, el sumo sacerdote de Israel, llevaba un Urim y Tumim dentro de un pectoral que formaba parte de su ropa sacerdotal. En los últimos días, el profeta José Smith recibió el Urim y Tumim que se le había dado al hermano de Jared, el cual Moroni escondió junto con las planchas del Libro de Mormón (véase Éter 3:21–28; D. y C. 17:1). En Mosíah 28:13–14 y José Smith—Historia 1:35 se registra una descripción parcial de este instrumento. Los nefitas se referían a ese instrumento como “intérpretes” (véase Mosíah 8:13; 28:20; Alma 37:21; Éter 4:5).

El hecho de que José Smith usara el Urim y Tumim es una confirmación de su llamamiento divino como traductor (en particular del Libro de Mormón) y vidente que, al igual que Abraham, pudo recibir revelaciones a través del Urim y Tumim.

Abraham 3:19. Jesucristo es “más inteligente que todos ellos”

El élder Neal A. Maxwell, del Quórum de los Doce Apóstoles, testificó que Jesucristo es el más grandioso y el más inteligente de los hijos de Dios:

“Testifico que Él es totalmente sin igual en cuanto a lo que es, lo que sabe, lo que ha efectuado y lo que ha experimentado. y aun así, nos llama tiernamente Sus amigos (véase Juan 15:15) …

“En inteligencia y en obras, tanto individual como colectivamente, ha sobrepasado la capacidad y los logros de todo ser humano que ha vivido, vive y vivirá (véase Abr. 3:19).

“Él se regocija con nuestra virtud y nuestros logros, mas cualquier evaluación de dónde estamos con relación a Él nos indica que, frente a Su grandeza, sólo somos dignos de estar de rodillas”. (“Divino Redentor”, Liahona, marzo de 1982, pág. 12).

Abraham 3:22. “Nobles y grandes”

El profeta José Smith enseñó lo siguiente acerca de la preordenación:

“Todo hombre que recibe el llamamiento de ejercer su ministerio a favor de los habitantes del mundo fue ordenado precisamente para ese propósito en el gran concilio celestial, antes que este mundo fuese. Supongo que me fue conferido este oficio en aquel gran concilio” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith 2007, págs. 544–545).

El presidente Joseph F. Smith arrojó mayor luz a este conocimiento cuando vio en su visión del mundo de los espíritus que José y Hyrum Smith, Brigham Young, John Taylor, Wilford Woodruff y “otros espíritus selectos” fueron “reservados para nacer en el cumplimiento de los tiempos, a fin de participar en la colocación de los cimientos de la gran obra de los últimos días” (D. y C. 138:53). El presidente Smith “[observó] que también ellos se hallaban entre los nobles y grandes que fueron escogidos en el principio para ser gobernantes en la Iglesia de Dios” (D. y C. 138:55).

Abraham 3:24. “Haremos una tierra”

Jesucristo creó el cielo y la tierra bajo la dirección del Padre (véase Moisés 1:31–33; 2:1). Otros tuvieron el privilegio de ayudarle en la Creación, incluso Miguel, o Adán.

En relación con este hecho, el presidente Joseph Fielding Smith enseñó:

“Cierto es que Adán ayudó a formar esta tierra, pues trabajó junto a nuestro Salvador Jesucristo. Yo poseo un fuerte punto de vista o convicción de que hubo otros que también cooperaron con ellos. Tal vez Noé y Enoc; ¿y por qué no José Smith y aquellos que fueron señalados para ser gobernantes antes de que la Tierra fuese formada? (Doctrina de Salvación, compilado por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1978, tomo I, págs. 70-71).

Abraham 3:27. “¿A quién enviaré?”

El élder Neal A. Mawell, del Quórum de los Doce Apóstoles, afirmó que es “extremadamente importante comprender lo que sucedió en el concilio preterrenal. No fue una reunión desorganizada, ni un enfrentamiento entre dos planes, ni una asamblea para generar ideas en cuanto a cómo formular el plan para la salvación y llevarlo a cabo. El plan de nuestro Padre Celestial se conocía y la verdadera cuestión que se planteó fue a quién enviaría el Padre para llevar a cabo el plan” (Deposition of a Disciple,1976, pág. 11).

No obstante, aun cuando el Padre Celestial preguntó “¿a quién enviaré?”, no lo hizo porque no supiera a quién enviar a la Tierra para ser el Salvador y Redentor de la humanidad. Él siempre supo a quién enviaría, tal y como explicó: “…mi Hijo Amado… fue mi Amado y mi Escogido desde el principio” (Moisés 4:2; véase también 1 Pedro 1:20). El élder Maxwell testificó que “Jesús, quien no tenía pecado y era el Primogénito del Padre Eterno en el mundo de los espíritus, estaba completa y excepcionalmente capacitado para llevar a cabo la Expiación. Ningún otro estaba capacitado en plena conformidad con la voluntad del Padre” (One More Strain of Praise 1999, págs. 42–43).

Entonces, si el Padre Celestial supo siempre quién sería el Salvador, ¿por qué preguntó “a quién enviaré?” Al hacer esa pregunta, nuestro Padre Celestial permitió que Su Hijo Primogénito se ofreciese a Sí mismo “de su voluntad” Levítico 1:3). Mediante Su sumisa respuesta, Jehová estableció un modelo perfecto para la ofrenda de todos los sacrificios futuros, los cuales habrían de ofrecerse con “verdadera intención” (Moroni 7:6) y “no con tristeza” (2 Corintios 9:7), tal como Él se entregó a Sí mismo (véase D. y C. 34:3).