Seminario
Lección 70: Deuteronomio 20–26
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Lección 70

Deuteronomio 20–26

Introducción

Deuteronomio 20–26 muestra que Moisés trató el tema de los mandamientos del Señor en relación con la guerra y el castigo de los inicuos. También hizo un repaso de varias leyes y mandamientos que se dieron a los israelitas.

Nota: Esta lección incluye una actividad que requiere preparación previa.

Sugerencias para la enseñanza

Deuteronomio 20

El Señor declara los castigos sobre los inicuos

Si es posible, muestre un plato de comida o pida a los alumnos que se imaginen un delicioso plato de comida. Dígales que se imaginen que se preparan para comer esa comida. Luego, pídales que se imaginen a alguien que tiene una grave enfermedad contagiosa tosiendo sobre toda la comida.

  • ¿Querrían todavía comer la comida? ¿Sí o no, y por qué?

  • ¿Qué podría suceder si escogieran comerla?

  • ¿Cuáles son algunas maneras de evitar que las enfermedades contagiosas se propaguen?

Explique que al prepararse los israelitas para entrar en la tierra prometida, Dios quiso prevenir que se propagara entre ellos un tipo de enfermedad espiritual que habría tenido consecuencias eternas. El Señor había designado la tierra prometida como santa, pero había sido ocupada durante cientos de años por personas que se negaban a obedecer los mandamientos de Dios. El Señor no quería que la iniquidad de esas personas contagiara a los israelitas y se propagara entre ellos.

Invite a un alumno a leer en voz alta Deuteronomio 20:1–4, y pida al resto de la clase que siga la lectura en silencio para averiguar cuál fue el consejo que el Señor les dio a los israelitas para las ocasiones en las que deberían ir a la batalla en contra de esos pueblos.

  • ¿Qué frases de esos versículos piensan ustedes que tranquilizaron a los israelitas que tenían que ir a la batalla? (Si lo desea, sugiérales que marquen esas frases.)

Para resumir Deuteronomio 20:5–8, explique que esos versículos describen situaciones en las que a los hombres israelitas se les eximía de ir a la batalla.

Invite a un alumno a leer Deuteronomio 20:10–11 en voz alta, y pida al resto de la clase que siga la lectura en silencio para ver qué es lo que el Señor quería que hiciera el ejército de Israel cuando llegaran a las ciudades habitadas por los cananeos.

  • ¿Qué les dijo el Señor a los ejércitos que debían hacer primero cuando llegaran a una ciudad? (Proponer la paz.)

Invite a un alumno a leer en voz alta Deuteronomio 20:12–14, y pida al resto de la clase que siga la lectura en silencio para saber qué es lo que se les mandó hacer a los israelitas si las ciudades rechazaban su oferta de paz.

  • ¿Qué les dijo el Señor a los ejércitos que debían hacer si el pueblo rechazaba la oferta de paz?

Para ayudar a los alumnos a comprender las razones de las instrucciones del Señor que se hallan registradas en Deuteronomio 20:12–14, invite a un alumno a leer 1 Nefi 17:33–35 en voz alta. (Si lo desea, sugiera a los alumnos que escriban esa correlación cerca de Deuteronomio 20:12.) Pida al resto de los alumnos que sigan la lectura en silencio y busquen frases que describan la condición de los pueblos que vivían en la tierra prometida.

  • ¿Qué frases describen la condición de los pueblos que vivían en la tierra prometida?

  • ¿Qué creen que significa que habían llegado a la “madurez de la iniquidad”?

Explique que las personas que habitaban la tierra prometida se habían corrompido espiritual y moralmente, como las personas en los días de Noé. Ellos participaban en actos de perversión, inmoralidad e incluso sacrificio humano como parte de sus prácticas sociales y religiosas.

  • ¿Qué sugiere la frase “los de este pueblo habían rechazado toda palabra de Dios”? (El pueblo había recibido más de una advertencia para que se arrepintiera de sus pecados y se había negado a hacerlo.)

Invite a un alumno a leer en voz alta Deuteronomio 20:16–18, y pida a la clase que siga la lectura en silencio para ver lo que Dios mandó a los ejércitos israelitas que hicieran con las personas que ocupaban las ciudades en el centro de la tierra prometida.

  • ¿Qué debían hacer los ejércitos con las naciones que habitaban el centro de la tierra prometida?

  • ¿Qué palabra del versículo 18 describe un comportamiento que podría verse como una enfermedad espiritual que Dios no quería que se propagara entre los israelitas?

  • ¿Qué aprendemos en el versículo 18 acerca de la razón por la que los inicuos son destruidos? (Para respaldar las respuestas de los alumnos, escriba la siguiente verdad en la pizarra: Dios puede destruir a los inicuos para evitar que sus pecados se propaguen a otras personas.)

Si lo desea, recuerde a los alumnos que el Señor había advertido que si los israelitas se relacionaban con los pueblos de la tierra prometida y adoptaban sus prácticas inicuas, los israelitas serían destruidos (véase Deuteronomio 7:1–4).

  • ¿De qué manera las instrucciones del Señor a los israelitas, de destruir por completo las naciones inicuas que habitaban el centro de la tierra prometida, muestran Su amor y preocupación por los israelitas?

Deuteronomio 21–26

Moisés declara nuevamente a Israel las leyes del Señor

Pida a los alumnos que reflexionen en lo que los motiva a ser obedientes. Si lo desea, pídales que piensen en por qué escogerían obedecer a un oficial de policía, a su padre o madre o a un líder del sacerdocio. Pídales que den algunas razones de por qué obedecerían a una persona en particular. Escriba las respuestas en la pizarra. (Quizás sugieran motivaciones tales como el miedo, el deber, la recompensa o el amor.)

Pida a los alumnos que mediten en cuál de las motivaciones escritas en la pizarra es más a menudo la razón por la que obedecen los mandamientos.

  • ¿De qué manera nuestra motivación para obedecer al Señor podría influir en las bendiciones que se reciben como resultado de nuestra obediencia? (Para ayudar a los alumnos a contestar esa pregunta, podría sugerir que lean Moroni 7:8–9.)

Pida a los alumnos que busquen principios en Deuteronomio 21–26 que puedan ayudarles a mejorar su motivación para ser obedientes. Recuerde a los alumnos que, cuando los israelitas se estaban preparando para entrar en la tierra prometida, Moisés les recordó que el vivir las leyes de Dios les ayudaría a mantenerse limpios y separados de las prácticas que podían ser espiritualmente dañinas o tener graves consecuencias eternas.

Asigne a cada alumno que lea en silencio uno o dos de los siguientes pasajes y que busque algunas de las leyes que Moisés le reiteró al pueblo. (Si lo desea, puede escribir esas referencias en la pizarra antes de la clase. Considere la posibilidad de esperar hasta después de que los alumnos hayan leído y dado un informe de los versículos asignados para escribir las leyes relacionadas con cada referencia [que se incluyen entre paréntesis].)

Deuteronomio 22:1–4 (Leyes sobre la devolución de los bienes de los demás)

Deuteronomio 22:5 (Una ley sobre la vestimenta y la apariencia)

Deuteronomio 22:25–27 (Leyes que protegen a las víctimas de agresión sexual)

Deuteronomio 24:19–22 (Leyes sobre el cuidado de los necesitados)

Deuteronomio 26:12–13 (La ley del diezmo)

Después de darles suficiente tiempo, pida a los alumnos que expliquen al resto de la clase qué leyes se enseñaban en los versículos que se les asignaron. (Quizás sea útil pedir a los alumnos que pasen al frente de la clase a explicar lo que encontraron.) Explique que esas son sólo algunas de las leyes que Moisés repasó con los israelitas.

  • ¿Por qué piensan que Moisés repitió esas leyes a los israelitas?

Pida a dos alumnos que se turnen para leer Deuteronomio 26:16–19 en voz alta, y pida al resto de la clase que acompañe la lectura en silencio en busca de la forma en que Israel debía guardar los mandamientos del Señor. A medida que los alumnos lean, podría pedirles que se detengan y utilicen las notas al pie de la página para comprender mejor las palabras que puedan ser difíciles. Por ejemplo, al estudiar las notas al pie de página aprendemos que la palabra singular del versículo 18 significa pueblo atesorado, de su exclusiva posesión.

  • ¿Qué frases de Deuteronomio 26:16 describen la manera en la que Israel debía guardar los mandamientos de Dios? (“Con todo tu corazón” y “con toda tu alma”.)

  • Según los versículos 18–19, ¿qué bendiciones declaró el Señor que recibiría Israel si obedecía de esa manera? (Israel sería el “pueblo singular” del Señor, y Él los pondría “en alto sobre todas las naciones” y los haría “pueblo santo”.)

  • ¿Qué podemos aprender sobre la obediencia en este pasaje? (Los alumnos quizás utilicen palabras diferentes, pero deberían reconocer el siguiente principio: Podemos ser el pueblo singular y santo del Señor si obedecemos Sus mandamientos con todo nuestro corazón y alma. Escriba ese principio en la pizarra.)

Encierre en un círculo las palabras corazón y alma de la declaración que se encuentra en la pizarra.

  • ¿Qué significa obedecer los mandamientos del Señor con todo su corazón y alma?

Para ayudar a los alumnos a comprender mejor el principio que se encuentra en la pizarra, pida a uno de ellos que lea en voz alta las siguientes palabras del élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles:

“No es suficiente que cualquiera tan sólo actúe mecánicamente. Los mandamientos, las ordenanzas y los convenios del Evangelio no son una lista de depósitos que tenemos que hacer en alguna cuenta celestial. El evangelio de Jesucristo es un plan que nos muestra cómo llegar a ser lo que nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a ser” (“El desafío de lo que debemos llegar a ser”, Liahona, enero de 2001, pág. 40).

  • ¿Cuál creen que es la diferencia que existe entre “actuar mecánicamente” y llegar a ser “lo que nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a ser”? (A medida que los alumnos respondan, asegúrese de que comprendan que para ser un pueblo santo debemos vivir el Evangelio con sinceridad y desear llegar a ser como nuestro Padre Celestial.)

Para ayudar a los alumnos a sentir la veracidad y la importancia del principio que se encuentra en la pizarra, utilice la siguiente actividad. Si lo desea, puede preparar la actividad antes de comenzar la clase.

Escriba un mandamiento diferente en varios trozos pequeños de papel. Como ejemplo, puede incluir el ayuno, el pago del diezmo, el servir a los demás, el estudio de las Escrituras, el honrar a los padres y cualquier otro mandamiento que considere que sería útil que los alumnos analizaran. Coloque los trozos de papel en un recipiente.

Pida a un alumno que pase al frente del salón y pídale que tome un trozo de papel del recipiente y que lo lea al resto de la clase. Luego, pida a la clase que haga una o ambas de las siguientes acciones:

  1. Sugerir maneras en las que podríamos guardar esa ley con todo nuestro corazón y alma.

  2. Compartir de qué manera se han sentido bendecidos cuando han guardado esa ley o mandamiento con todo su corazón y alma.

Repita esa actividad con los otros trozos de papel durante el tiempo que haya disponible. (Podría también pedir a los alumnos que mencionen otros mandamientos que ellos deseen guardar mejor con todo su corazón y alma.)

Para concluir, considere compartir una experiencia que haya tenido en la que se sintió bendecido por guardar una o más de las leyes de Dios con todo su corazón y alma. Anime a los alumnos a considerar maneras en las que pueden guardar mejor los mandamientos de Dios con todo su corazón y alma, y a que las pongan en práctica.

Repaso de dominio de las Escrituras

Al acercarse a la mitad de este curso, quizás desee comprobar el conocimiento de los alumnos acerca de los pasajes de dominio de las Escrituras y las Doctrinas Básicas relacionadas con éstos. Considere la posibilidad de elaborar un ejercicio corto para repasar uno de los elementos del dominio. Por ejemplo, usted podría formular preguntas que pongan a prueba su progreso en ubicar, entender, memorizar y aplicar los versículos de dominio de las Escrituras que han estudiado:

Ubicar:

“¿Dónde se encuentran los Diez Mandamientos?”

Entender:

“¿Qué pasajes de dominio de las Escrituras del Antiguo Testamento puede ayudar a alguien a comprender la doctrina de la Creación? Explicar.”

Memorizar:

“Completar la siguiente oración: ‘Por tanto, dejará el hombre a su…’” (Véase Génesis 2:24.)

Aplicar:

“¿De qué forma estás reuniendo los requisitos para que se te considere un miembro del pueblo singular del Señor?” (Véase Éxodo 19:5–6.)

Antes de comenzar el repaso, dé a los alumnos unos minutos para que estudien juntos a fin de que estén más preparados.

Comentarios e información de contexto

Deuteronomio 20. Dios puede declarar la destrucción de los inicuos para evitar la propagación del pecado y de la incredulidad

“…el Señor… no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo; porque él ama al mundo, al grado de dar su propia vida para traer a todos los hombres a él” (2 Nefi 26:23–24).

“…[La guerra] es un asunto doloroso y desagradable aun cuando a veces resulta necesaria. Los cananeos contra los que Israel emprendió la guerra estaban bajo sentencia de muerte decretada por Dios. Eran un pueblo degenerado espiritual y moralmente. Entre ellos todo tipo de perversión era un acto religioso y existían grandes castas de hombres y mujeres prostituidos que constituían la concurrencia rutinaria de los lugares de adoración. De ahí que Dios ordenara que todos los cananeos fueran muertos (Deuteronomio 2:34; 3:6; 20:16–18; Josué 11:14), tanto por estar bajo la sentencia de muerte decretada por Él, como para evitar la contaminación de Israel [Rousas John Rushdoony, The Institutes of Biblical Law, 1973, pág. 279]” (Antiguo Testamento—Manual para el alumno, Génesis–2 Samuel, [manual del Sistema Educativo de la Iglesia, 1983], pág. 213).

El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó la forma en que aun la justicia de Dios sobre los inicuos es evidencia de Su amor y preocupación por Sus hijos:

“Una y otra vez leemos en la Biblia y en las Escrituras modernas en cuanto al enojo de Dios con los inicuos y de que desata Su ira contra aquellos que violan Sus leyes. ¿De qué manera son el enojo y la ira evidencia de Su amor? José Smith enseñó que Dios ‘[instituyó] leyes por medio de las cuales [los espíritus que Él enviaría al mundo] podrían tener el privilegio de avanzar como Él lo había hecho’ [Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 221]. El amor de Dios es tan perfecto que Él requiere de nosotros tiernamente que obedezcamos Sus mandamientos, porque sabe que únicamente mediante la obediencia a Sus leyes podemos llegar a ser perfectos como Él. Por esta razón, el enojo de Dios y Su ira no son una contradicción a Su amor, sino una evidencia de Su amor” (“El amor y la ley”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 27).