Seminario
Lección 73: Josué 3–5
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Lección 73

Josué 3–5

Introducción

El llamamiento de Josué como profeta se confirmó a los israelitas cuando Dios dividió el río Jordán y les permitió cruzar hacia la tierra prometida. El Señor le dijo a Josué que conmemorara ese milagro e hiciera que un hombre de cada una de las doce tribus de Israel tomara una piedra del lecho del río y construyeran un monumento conmemorativo con ellas. Una vez que hubieron entrado en la tierra prometida, el Señor dejó de enviar maná, y los israelitas comieron del fruto de la tierra.

Sugerencias para la enseñanza

Josué 3

Josué dirige milagrosamente a los israelitas a través del río Jordán

De ser posible, lleve doce piedras o rocas a la clase y amontónelas en algún lugar donde los alumnos puedan verlas a medida que entran. Si los alumnos hacen comentarios o preguntas acerca de las piedras, no responda. Para iniciar la lección, invite a los alumnos a leer en silencio Josué 4:21, para determinar la pregunta que se encuentra allí.

Escriba la siguiente pregunta en la pizarra: ¿Qué significan estas piedras? Pida a los alumnos que levanten la mano si se preguntaron algo similar al entrar en el salón. Invite a los alumnos a buscar el significado de las piedras amontonadas en el salón de clase a medida que continúen su estudio del libro de Josué el día de hoy.

Explique que Josué y los israelitas movieron su campamento para poder estar cerca del río Jordán (véase Josué 3:1). Sabían que deberían cruzar el río y establecerse en otras porciones de la tierra prometida, pero el río estaba desbordado, lo que hacía difícil cruzarlo (véase Josué 3:15).

  • ¿Qué habrían hecho ustedes en esas circunstancias?

Invite a un alumno a leer Josué 3:1–6 en voz alta. Antes de que el alumno lea, divida la clase en tres grupos. Asigne a cada grupo una de las siguientes preguntas y pídales que busquen la respuesta a medida que lean los versículos:

  • ¿Qué dijeron los oficiales que debía hacer el pueblo?

  • ¿Qué dijo Josué que debía hacer el pueblo?

  • ¿Qué dijo Josué que debían hacer los sacerdotes?

Después de que el pasaje se haya leído, repita las tres preguntas y pida a los alumnos que informen lo que encontraron. Después pregunte:

  • ¿Por qué creen que al pueblo se le mandó santificarse antes de cruzar el río Jordán? ¿Qué diferencia haría su preparación en su forma de actuar ante los milagros del Señor? (Posiblemente quiera leer Josué 3:5, la nota a al pie de la página para ayudar con este análisis.)

Lea en voz alta Josué 3:7, y pida a los alumnos que sigan la lectura en silencio para averiguar lo que el Señor le dijo a Josué después de que los sacerdotes empezaron a llevar el arca hacia el río.

  • ¿Cómo creen que las palabras del Señor registradas en el versículo 7 pudieron haber influido en Josué?

Ponga en el piso del salón de clase dos líneas paralelas de cinta adhesiva, con aproximadamente seis pies de distancia (dos metros) una de la otra. (Tal vez desee hacerlo antes de la clase.) Explique que el espacio que hay entre las dos líneas representa al río Jordán, que los israelitas necesitaban cruzar para entrar en la tierra prometida. Invite a un alumno a acercarse a la orilla de una de las líneas de cinta adhesiva. Posiblemente quiera darle al alumno una mochila pesada o un montón de libros para que los sostenga. Explique que el alumno representará a uno de los sacerdotes levitas que llevaba el arca del convenio.

Pida a un alumno que lea en voz alta Josué 3:8–11, 13, y pida a los alumnos que sigan la lectura en silencio para determinar lo que el Señor dijo que Él haría para ayudar a los israelitas a cruzar el río. Explique que la frase “se detendrán como en un muro” en el versículo 13 significa que el agua detendría su flujo corriente abajo.

Después de que lean Josué 3:13, haga las siguientes preguntas al alumno que represente al sacerdote que llevaba el arca:

  • ¿Qué tendrían que hacer aquellos que llevaban el arca antes de que el río se detuviera?

  • ¿Estarían ustedes dispuestos a pisar dentro del agua? (Invite al alumno a dar un paso dentro del espacio de las dos líneas.)

  • ¿Qué cualidad demostraron los sacerdotes al pisar en el agua antes de que el agua detuviera su flujo corriente abajo?

Pida a dos alumnos que se turnen para leer en voz alta Josué 3:14–17, y pida a la clase que siga la lectura en silencio para saber lo que sucedió cuando los sacerdotes pisaron en el agua.

  • ¿Qué principio podemos aprender de las acciones de los sacerdotes que puedan ayudarnos cuando enfrentamos obstáculos y desafíos? (Los alumnos podrían mencionar una variedad de principios, incluyendo el siguiente: Avanzar con fe permite que Dios efectúe milagros en nuestro favor. Escriba ese principio en la pizarra.)

A fin de ayudar a los alumnos a comprender ese principio, invite a un alumno a leer en voz alta las siguientes palabras del élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles:

“Recuerden que los israelitas llegaron al río Jordán y se les prometió que éste se dividiría y que podrían cruzarlo por tierra seca. Curiosamente, las aguas no se dividieron cuando los hijos de Israel estaban en la ribera del río aguardando a que sucediera algo; más bien, las plantas de sus pies estaban mojadas antes de que se dividieran las aguas. La fe de los israelitas se manifestó en el hecho de que entraron en las aguas antes de que se dividieran. Se adentraron en el Jordán con una certeza en aquello que esperaban a fin de afrontar el futuro” (“Buscar conocimiento por la fe”, Liahona, septiembre de 2007, pág. 19).

  • ¿Qué creen que significa avanzar con fe?

Señale que aun cuando no tengamos ríos desbordados que cruzar en nuestras vidas, tendremos obstáculos y desafíos que posiblemente no sepamos cómo superar. Lea la siguiente situación en voz alta y pida a los alumnos que respondan con formas en las que podrían avanzar con la fe en que Dios los ayudará:

Sientes que debes compartir el Evangelio con un amigo pero estas nervioso de hacerlo incorrectamente y que eso afecte negativamente su amistad.

  • ¿Cuáles son algunos de los desafíos o acontecimientos que tal vez requieran que avancemos antes de que podamos comprender cómo resultarán las cosas?

  • ¿En qué ocasiones tú o alguien que conoces ha experimentado milagros o bendiciones después de avanzar con fe?

Considere compartir su testimonio de ese principio o invitar a los alumnos a compartir sus testimonios sobre cómo avanzar con fe.

Josué 4

Los israelitas conmemoran el cruce milagroso del río Jordán

Pida a los a alumnos que nombren algunos monumentos conmemorativos, tales como monumentos o estatuas que se encuentren en su comunidad o país. De ser posible, podría mostrar la imagen de alguno.

  • ¿Cuál es el propósito de un monumento?

  • El monumento que nombraron, ¿qué se supone que debe recordarles? ¿Cómo podrían beneficiarse al recordar esas cosas?

Dirija la atención de los alumnos a las piedras que están amontonadas en el salón y explique que a medida que los israelitas cruzaron el río Jordán, se les mandó que recogieran piedras. Invite a los alumnos a echar un vistazo a Josué 4:1–5 para averiguar cuántas piedras tuvieron que juntar y de dónde tenían que traerlas. Pida a los alumnos que den un informe de lo que encuentren.

Señale la pregunta de la pizarra (“¿Qué significan estas piedras?”), e invite a algunos alumnos a turnarse para leer en voz alta Josué 4:6–7, 20–24, y pida a los alumnos que sigan la lectura en silencio para conocer las respuestas a esas preguntas.

  • Qué respuestas encontraron para la pregunta: “¿Qué significan estas piedras?”

  • De acuerdo con el versículo 24, ¿qué efecto tendría en los israelitas el recordar ese maravilloso acontecimiento?

Escriba lo siguiente en la pizarra: Al recordar lo que el Señor ha hecho por nosotros… Pregunte a los alumnos cómo completarían esa declaración. La siguiente es una de las posibles respuestas: A medida que recordemos lo que el Señor ha hecho por nosotros, nuestra reverencia por Él aumenta y nuestros testimonios se fortalecen. (Escriba ese principio en la pizarra.)

  • ¿Cómo puede nuestro recuerdo de milagros y de experiencias espirituales pasadas aumentar nuestra reverencia por Dios y fortalecer nuestro testimonio?

Pida a un alumno que lea en voz alta las siguientes palabras del élder Marlin K. Jensen, de los Setenta:

“…recordar nos permite ver la mano de Dios en nuestro pasado, de la misma manera que la profecía y la fe nos aseguran la mano de Dios en el futuro” (“Recuerda y no perezcas”, Liahona, mayo de 2007, pág. 38).

Invite a los alumnos a considerar cómo los dos principios que han mencionado se relacionan uno con el otro. Ayúdelos a ver que el primer principio que mencionaron se centra en avanzar con fe, mientras que el segundo nos enseña a mirar atrás y recordar lo que Dios ha hecho por nosotros.

  • ¿Cómo pueden esos principios ayudarles al enfrentar desafíos en sus vidas?

Aliente a los alumnos a buscar la mano de Dios en sus vidas. Pida a los alumnos que hagan un dibujo del monumento de doce piedras en sus diarios de estudio de las Escrituras. Anímelos a crear sus propios monumentos por escrito al registrar una experiencia que hayan tenido en la que el Señor los ayudó o en la que sintieron la mano de Dios en sus vidas (véase Henry B. Eyring, “¡Oh recordad, recordad!”, Liahona, noviembre de 2007, págs. 66–69).

Para resumir Josué 4:8–19, explique que esos versículos describen algunos de los detalles de cuando los israelitas cruzaron el río Jordán. Invite a los alumnos a leer en silencio Josué 4:14, para determinar cómo influyó esa experiencia en la forma en la que los israelitas veían a Josué, su nuevo profeta. (Posiblemente quiera explicar que en ese versículo, la palabra temer se refiere a los sentimientos de reverencia o admiración, véase Guía para el Estudio de las Escrituras, “Temor”). Pida a los alumnos que den un informe de lo que encuentren.

Josué 5

Los israelitas cesan de comer maná y empiezan a comer del fruto de la tierra prometida

Para resumir Josué 5:1–11, explique que una vez que los israelitas se encontraron en la tierra prometida, el Señor le mandó a Josué que todos los hombres fueran circuncidados. Recuerde a los alumnos que la circuncisión era un símbolo del convenio que el Señor había hecho con Abraham y su simiente. Por alguna razón, esa práctica había cesado durante sus cuarenta años en el desierto, y el Señor quería restablecerla (véase Josué 5:4–5).

Pida a los alumnos que recuerden cómo el Señor había provisto de alimento para los israelitas durante sus cuarenta años en el desierto. Después de que los alumnos respondan, invítelos a leer en silencio Josué 5:12, para determinar qué fue lo que sucedió con el maná después de que llegaron a la tierra prometida.

  • ¿Por qué creen que el Señor dejó de proveer maná para los israelitas una vez que llegaron a la tierra prometida? (De ser necesario, explique que una vez que los israelitas estuvieron en la tierra prometida, una tierra fértil en la que podían cultivar y obtener sus propios alimentos, el Señor esperaba que ellos proveyeran de lo necesario para sí mismos.)

Invite a un alumno a leer en voz alta Josué 5:13–15, y pida a los alumnos que sigan la lectura en silencio para determinar cuál fue la experiencia sagrada que tuvo Josué, que fue similar a la experiencia de Moisés con la zarza ardiente. Pida a los alumnos que den sus respuestas.

Explique que el mensajero que se anunció a sí mismo como el “Príncipe del ejército de Jehová” era el Salvador. (Posiblemente quiera destacar que el mensajero permitió a Josué que le adorara. Eso sugiere que el mensajero era Jesucristo.)

Para concluir, invite a algunos alumnos a resumir lo que hayan aprendido en esta lección. Aliente a los alumnos a que actúen de acuerdo con las verdades que han aprendido.

Comentarios e información de contexto

Josué 3:13. Avanzar con fe invita a Dios a obrar milagros en nuestras vidas

El presidente Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce Apóstoles, compartió una experiencia que le ayudó a aprender la importancia de avanzar con fe. Él tenía que enfrentar la decisión de decidir dónde debía vivir su familia después que él fue llamado a servir como Apóstol. Había hablado previamente con el élder Harold B. Lee, quien lo había alentado a pedir consejo del presidente David O. McKay. El presidente Packer, después de haber hablado con el presidente McKay, recordó:

“Volví nuevamente a ver al élder Lee y le dije que no veía cómo podía hacer lo que se me había aconsejado. Él dijo: ‘El problema con usted es que quiere ver el final desde el principio’. Le contesté que por lo menos deseaba ver uno o dos pasos hacia delante. Entonces recibí una lección para toda la vida: ‘Usted debe aprender a caminar hasta el borde de la luz y después dar algunos pasos en la obscuridad; entonces, la luz aparecerá y le mostrará el camino que tiene por delante’” (“The Edge of the Light”, BYU Magazine, marzo de 1991, magazine.byu.edu).

Josué 5:13–15. ¿Quién era el Príncipe del ejército de Jehová que Josué vio?

El élder Bruce R. McConkie enseñó:

“Cristo mismo es el soldado que manda en su propio ejército, como Comandante lleva el título de Príncipe del ejército de Jehová. Con este nombre se le apareció a Josué, quien al verlo ‘…tenía una espada desenvainada en su mano’ y le oyó decir, ‘…mas ahora he venido como Príncipe del ejército de Jehová… Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró, y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo’. ((Josué 5: 13–15.) No ha sido preservado qué otras directivas se le dieron entonces.

“Es bueno comparar esta aparición de nuestro Señor a Josué con su aparición a Moisés en la zarza ardiendo cuando el suelo del lugar también fue hecho sagrado con la sola presencia de la Deidad (Éxodo 3), y compararla también con la ministración del ángel a quién Juan intentó adorar, pero fue detenido con el mandato: ‘¡Mira, no lo hagas! … ¡Adora a Dios!’ (Apocalipsis 19:9–11). Entre los justos mensajeros del mundo de los espíritus, nadie, salvo la Deidad aceptará ser adorado por mortales, y nadie, salvo el Señor hace sagrado el lugar haciendo que los mortales reciban la orden de quitarse el calzado” (véase Doctrina Mormona, 1993, págs. 593, 594).