Introducción al Libro de Abraham
    Notas al pie de página

    Introducción al Libro de Abraham

    ¿Por qué debemos estudiar este libro?

    El Libro de Abraham es una traducción inspirada de los escritos de Abraham y es escritura. A través del estudio de este libro podrás adquirir la fortaleza que proviene del ejemplo de Abraham, de vivir una vida de rectitud rodeado de iniquidad. También aprenderás acerca de las bendiciones y responsabilidades que puedes heredar por ser la posteridad, o descendencia, de Abraham. Además, estudiar este libro te dará una mayor comprensión de tu existencia preterrenal como hijo o hija de Dios procreado(a) en espíritu.

    ¿Quién escribió este libro?

    La introducción del Libro de Abraham declara que es “Una traducción de unos anales antiguos que han llegado a nuestras manos procedentes de las catacumbas de Egipto. Los escritos de Abraham mientras se hallaba en Egipto, llamado el Libro de Abraham; fue escrito de su propia mano en papiro”. Abraham nació en Ur de los Caldeos aproximadamente en el año 2.000 a. C. En obediencia a los mandamientos del Señor, viajó desde Ur hasta Harán y después a Canaán, luego a Egipto y de vuelta a Canaán—la tierra que el Señor prometió entregar a la descendencia de Abraham.

    ¿Cuándo y dónde se escribió?

    No sabemos cuándo registró Abraham los escritos del Libro de Abraham. Sin embargo, parece que originalmente se escribieron mientras se encontraba en Egipto, aunque los papiros pueden ser la transcripción de una fecha mucho más tardía. El profeta José Smith tomó conciencia de esos escritos en 1835, cuando un hombre llamado Michael Chandler llevó a Kirtland, Ohio, cuatro momias egipcias y varios rollos de papiro del antiguo Egipto. Los miembros de la Iglesia compraron las momias y los rollos de papiro. El Profeta tradujo algunos de los escritos y comenzó a publicar extractos del Libro de Abraham en una publicación de la Iglesia llamada Times and Seasons a comienzos de marzo de 1842 en Nauvoo, Illinois.

    Varios fragmentos de los papiros que una vez habían pertenecido al profeta José Smith se descubrieron en el Museo de Arte Metropolitano de la ciudad de Nueva York. Las fechas exactas del descubrimiento no están claras; sin embargo, parece que la Primera Presidencia supo de su existencia ya en 1965. El museo entregó los fragmentos a la Iglesia en 1967, y estos fragmentos los han analizado eruditos que determinaron su antigüedad entre aproximadamente 300 a. C. y el 100 d. C. . Una objeción común en cuanto a la autenticidad del Libro de Abraham es que los manuscritos (papiros) no son lo suficientemente antiguos para que Abraham los hubiese escrito, quien vivió casi 2.000 años antes de Jesucristo. José Smith nunca afirmó que Abraham mismo hubiese escrito los papiros, ni que se originaran en tiempos de Abraham. Es común referirse a las obras de un autor como ‘sus’ escritos, ya sea que él mismo los haya escrito de su puño y letra, los haya dictado o que otras personas los hayan copiado más adelante.

    Mientras estaba traduciendo, el profeta José Smith pudo haber estado trabajando con secciones de papiros que más tarde fueron destruidas; por consiguiente, quizás no sea posible evaluar la capacidad del Profeta para traducir los papiros cuando ahora tenemos sólo una porción de los papiros que estuvieron en su posesión. Ni el Señor ni José Smith explicaron nunca su método preciso para traducir el Libro de Abraham. Sí sabemos que la traducción la hizo el profeta José Smith mediante el don y el poder de Dios. Para más información acerca de la salida a luz del Libro de Abraham, ve a Gospel Topics en LDS.org y busca “book of Abraham”.

    ¿Cuáles son algunas de las características distintivas de este libro?

    En este libro, a diferencia del relato de Abraham que aparece en Génesis 12–25, Abraham presentó sus experiencias en sus propias palabras. El Libro de Abraham también nos brinda más información acerca de los primeros años de la vida de Abraham en la tierra de los caldeos. Por ejemplo, aprendemos que Abraham estuvo a punto de ser sacrificado a dioses falsos antes de que Jehová lo rescatara (véase Abraham 1:5–20). El libro también proporciona conocimiento particular concerniente al convenio de Abraham (véase Abraham 2:6–11), el uso de un Urim y Tumim por parte de Abraham (véase Abraham 3:1) y la visión de Abraham del sol, de la luna y las estrellas (véase Abraham 3:2–18). Además, este libro aporta información doctrinal significativa acerca de temas relacionados con la vida preterrenal, incluyendo la naturaleza eterna de los espíritus (véase Abraham 3:18–21), la preordenación (véase Abraham 3:22–23), el concilio de los Cielos (véase Abraham 3:24–28) y el planeamiento y la creación de la Tierra (véase Abraham 4–5).

    El Libro de Abraham es el único de los libros canónicos que va acompañado de imágenes. Los manuscritos que José Smith tradujo para producir el Libro de Abraham contenían dibujos egipcios además de escritura jeroglífica. “El 23 de febrero de 1842, el profeta José Smith le pidió a Reuben Hedlock, un tallador profesional en obras de arte de madera y además miembro de la Iglesia, que preparara grabados de los tres dibujos para que pudieran ser impresos. Hedlock terminó los grabados en una semana, y José Smith publicó las copias (facsímiles) junto con el Libro de Abraham. Las explicaciones de José Smith de los dibujos acompañan los facsímiles” (La Perla de Gran Precio, manual del alumno, [manual del Sistema Educativo de la Iglesia, 2000], pág. 30).

    Bosquejo

    Abraham 1–2. Abraham procura las bendiciones del sacerdocio. Los sacerdotes idólatras intentan sacrificar a Abraham y es rescatado por Jehová. Deja la tierra de los caldeos y viaja a Harán. El Señor se aparece otra vez a Abraham, le manda marcharse a la tierra de Canaán y establece las bendiciones y las responsabilidades del convenio de Abraham. Abraham viaja a Canaán y continúa hacia Egipto.

    Abraham 3. A Abraham se le da información acerca del sol, de la luna y las estrellas que se puede relacionar con la grandeza de Jesucristo. También aprende acerca de la naturaleza eterna de los espíritus, la preordenación y el concilio de los Cielos en la vida preterrenal.

    Abraham 4–5. Abraham hace un registro del planeamiento de la creación de la Tierra y el cumplimiento de esos planes.

    ¿Cuáles son algunas de las características distintivas de este libro?

    En este libro, a diferencia del relato de Abraham que aparece en Génesis 12–25, Abraham presentó sus experiencias en sus propias palabras. El Libro de Abraham también nos brinda más información acerca de los primeros años de la vida de Abraham en la tierra de los caldeos. Por ejemplo, aprendemos que Abraham estuvo a punto de ser sacrificado a dioses falsos antes de que Jehová lo rescatara (véase Abraham 1:5–20). El libro también proporciona conocimiento particular concerniente al convenio de Abraham (véase Abraham 2:6–11), el uso de un Urim y Tumim por parte de Abraham (véase Abraham 3:1) y la visión de Abraham del sol, de la luna y las estrellas (véase Abraham 3:2–18). Además, este libro aporta información doctrinal significativa acerca de temas relacionados con la vida preterrenal, incluyendo la naturaleza eterna de los espíritus (véase Abraham 3:18–21), la preordenación (véase Abraham 3:22–23), el concilio de los Cielos (véase Abraham 3:24–28) y el planeamiento y la creación de la Tierra (véase Abraham 4–5).

    El Libro de Abraham es el único de los libros canónicos que va acompañado de imágenes. Los manuscritos que José Smith tradujo para producir el Libro de Abraham contenían dibujos egipcios además de escritura jeroglífica. “El 23 de febrero de 1842, el profeta José Smith le pidió a Reuben Hedlock, un tallador profesional en obras de arte de madera y además miembro de la Iglesia, que preparara grabados de los tres dibujos para que pudieran ser impresos. Hedlock terminó los grabados en una semana, y José Smith publicó las copias (facsímiles) junto con el Libro de Abraham. Las explicaciones de José Smith de los dibujos acompañan los facsímiles” (La Perla de Gran Precio, manual del alumno, [manual del Sistema Educativo de la Iglesia, 2000], pág. 30).