Unidad 27: Día 1, Isaías 59–66
    Notas al pie de página

    Unidad 27: Día 1

    Isaías 59–66

    Introducción

    Isaías enseñó a los israelitas que sus pecados los habían separado de Dios. Isaías profetizó en cuanto a los últimos días, al papel del Mesías prometido, la Segunda Venida y el Milenio.

    Isaías 59

    Isaías enseña que los pecados del pueblo de Israel lo han separado de Dios

    Lee la siguiente situación ficticia: Una joven se reúne con su obispo y le confiesa que ha quebrantado la Palabra de Sabiduría en repetidas ocasiones. Describe cómo ha perdido la confianza de sus padres, la han expulsado de la asociación estudiantil porque sus calificaciones han bajado y ella ya no siente la influencia del Espíritu en su vida. Además, añade: “No entiendo por qué Dios ha hecho que mi vida sea tan complicada y me ha abandonado”.

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      Escribe en tu diario de estudio de las Escrituras cómo le responderías a esa joven.

    Lee Isaías 59:1–2 para averiguar un principio que Isaías enseñó a los del pueblo acerca del efecto que sus pecados habían tenido sobre ellos. Ten en cuenta que la frase “no se ha acortado la mano de Jehová” significa que Su poder para salvar no ha disminuido.

    El versículo 2 enseña que, cuando pecamos, nosotros mismos nos apartamos de Dios. Si lo deseas, marca ese principio en tu ejemplar de las Escrituras.

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      Responde la siguiente pregunta en tu diario de estudio de las Escrituras: ¿Cómo podría ayudar a la joven del ejemplo anterior reconocer que ha sido ella la que se ha separado de Dios a causa de sus pecados?

    Lee Isaías 59:3–4, 7 para saber cuáles eran los pecados que el pueblo de Israel había cometido. La expresión “contaminadas de sangre”, en el versículo 3, podría referirse específicamente a estar manchadas por actos de violencia o, en términos generales, a haberse manchado por causa del pecado.

    Elige uno de los pecados que se mencionan en los versículos 3–4, 7 que parece ser común en nuestros días. ¿Por qué crees que cometer ese pecado separaría a una persona de Dios?

    Lee Isaías 59:8–10 para determinar los efectos de estar separados de Dios. Puede ser útil comprender que la palabra palpamos significa emplear vacilantes el sentido del tacto para orientarnos. Las personas que son ciegas podrían “palpar” o buscar en la oscuridad algo que los ayude a guiarse, como una pared o una valla.

    Piensa en una ocasión en la que hayas estado en un lugar literalmente oscuro y hayas tenido que orientarte a través del sentido del tacto. Piensa en cómo esa experiencia puede ser similar al estado espiritual de aquellos que están separados de Dios a causa del pecado.

    Lee Isaías 59:11–13 para descubrir qué comprendió mejor el pueblo acerca de las consecuencias de sus pecados.

    Lee Isaías 59:16 para saber lo que Dios vio que el pueblo necesitaba.

    Un intercesor es alguien que interviene para ayudar a resolver las diferencias entre dos personas o dos grupos. Cuando pecamos, interrumpimos nuestra relación con Dios, y debemos pagar un castigo a fin de restaurar la armonía y el equilibrio en esa relación. Sin embargo, nosotros no podemos pagar el castigo por nosotros mismos, y necesitamos que otra persona interceda a nuestro favor para satisfacer las demandas de la justicia de Dios.

    De acuerdo con el versículo 16, ¿quién llegó a ser el intercesor?

    Fíjate en que la frase “lo salvó su brazo”, en el versículo 16, significa que el Señor trajo salvación al hombre. Jesucristo es el intercesor. Medita en el hecho de que sólo podemos llegar a nuestro Padre Celestial por medio de la expiación de Su Hijo, Jesucristo.

    Isaías 59:17–19 describe cómo el Señor castigaría a Sus enemigos.

    Lee Isaías 59:20 para saber qué otro título utilizó Isaías para describir al Señor.

    Piensa en lo que el título Redentor nos sugiere acerca del papel de Jesucristo en nuestra vida. Redimirnos significa que Él nos puede librar del castigo y la cautividad del pecado, porque Él pagó con Su expiación nuestra deuda con la justicia.

    Christ in Gethsemane

    Fíjate en que, en el versículo 20, el Redentor vendrá “a los que se vuelvan de la transgresión”. Un principio que podemos aprender de ese versículo es que, si nos arrepentimos de nuestros pecados, el Señor intercederá por nosotros y nos redimirá.

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      Responde en tu diario de estudio de las Escrituras una o las dos preguntas que aparecen a continuación:

      1. ¿Por qué crees que nuestro arrepentimiento es necesario para que el Señor interceda por nosotros y nos redima?

      2. Si tuvieras la oportunidad de expresar personalmente tu gratitud al Salvador por interceder por ti y redimirte, ¿qué le dirías?

    Medita si en tu vida existe algo de lo que debas arrepentirte, y comienza el proceso del arrepentimiento.

    Isaías 60–61

    Isaías profetiza de los últimos días y del Mesías

    En Isaías 60 se hallan las profecías de Isaías en cuanto a los acontecimientos que tendrían lugar en los últimos días, así como durante el Milenio y después de él.

    En Isaías 61, Isaías habló de la misión del Salvador. Lee Isaías 61:1 para determinar los diferentes aspectos de la misión del Salvador.

    La frase “me ha ungido Jehová” (Isaías 61:1) explica por qué llamamos a Jesús el Mesías (o Cristo), lo cual significa “el Ungido”, en referencia a Aquel que fue escogido por Dios para guiar y librar a Su pueblo.

    Fíjate en que, como el Ungido, Jesús “[vendaría] a los quebrantados de corazón”, “[proclamaría] libertad a los cautivos” y daría “a los prisioneros apertura de la cárcel” (Isaías 61:1). En el siguiente cuadro, escribe en la casilla debajo de cada frase algunas maneras en las que Jesús ha hecho, y continúa haciendo, esas cosas por nosotros y por todos los hijos de Dios. Si necesitas ayuda, utiliza Doctrina y Convenios 138:11–12, 15–18, 29–31 como referencia.

    Vendar a los quebrantados de corazón

    Liberar a los cautivos

    Abrir prisiones

    Lee Isaías 61:2–3 para averiguar lo que hace el Salvador por los que lloran. El “día de la venganza” del que se habla en este pasaje se refiere al día en el que Dios castigue a los inicuos y recompense a los justos.

    Fíjate en la expresión “gloria en lugar de ceniza” (Isaías 61:3). Esa expresión hace referencia a la costumbre que tenían los israelitas de verter cenizas sobre su cabeza en momentos de profunda tristeza, y en tiempos de ruina, desesperanza, muerte y desesperación. Dios prometió cambiar las cenizas por “gloria”, en referencia a las bellas cabezas cubiertas o coronadas de gloria, y reemplazar el llanto con “gozo” y la tristeza con “alabanza”.

    crown

    En Isaías 61:1–3 aprendemos que, como el Mesías prometido, Jesucristo predica esperanza, sana, libera y consuela. Si lo deseas, anota ese principio en tu ejemplar de las Escrituras.

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      Escribe en tu diario de estudio de las Escrituras uno de los términos que se utilizan en esa verdad para describir el papel de Jesucristo como nuestro Salvador, y explica por qué ese papel tiene un significado especial para ti.

    Si lo deseas, escribe la referencia correlacionada Lucas 4:16–21 en el margen de tu ejemplar de las Escrituras, al lado de Isaías 61:1–2. Esos versículos de Lucas narran una ocasión en la que el Salvador leyó Isaías 61:1–2 durante Su ministerio terrenal y anunció en una sinagoga de Su ciudad natal de Nazaret que la profecía que se encontraba en esos versículos se cumpliría en Él. El pueblo entendió que Jesús se refería a Sí mismo.

    El resto de Isaías 61 describe cómo Isaías habló de que Sión sería reconstruida en los últimos días. Isaías también habló de que el Señor haría un convenio sempiterno con él y con el pueblo, y los vestiría con “vestiduras de salvación” (Isaías 61:10).

    Isaías 62–66

    Isaías profetiza de la segunda venida del Salvador y del Milenio

    Los capítulos finales del libro de Isaías contienen las enseñanzas y profecías de Isaías acerca de la redención del pueblo del Señor en los últimos días, la segunda venida del Salvador y el Milenio. Lee Isaías 63:1–3 para averiguar el color de los vestidos del Salvador cuando vuelva a la Tierra.

    El color rojo de los vestidos de Jesucristo representa la sangre de los inicuos que serán destruidos cuando la justicia se derrame sobre ellos durante la Segunda Venida. También puede recordar a los justos la sangre que Jesús derramó en favor de ellos (véase D. y C. 133:46–53).

    Mediante sus escritos, Isaías testificó que aunque en este mundo habría pruebas, tentaciones y sufrimiento, al final el bien vencería al mal y que, para los justos, el futuro estaría lleno de gozo. Isaías oró con fervor por la segunda venida del Salvador, la cual traería el castigo divino sobre los inicuos y gran regocijo para los justos (véase Isaías 64).

    Lee Isaías 64:1–2 para saber qué pedirán en oración los del pueblo del Señor en los últimos días.

    ¿Qué mensaje de esperanza y gozo se encuentra en Isaías 64:1–4? ¿Cómo aumenta ese mensaje tu deseo de perseverar hasta el fin y servir al Señor?

    Los últimos capítulos del registro de Isaías presentan una bella imagen del Milenio, el periodo de mil años de paz que acompañará a la segunda venida del Salvador. Lee Isaías 65:17–25 para saber cuáles serán las condiciones de la Tierra para el pueblo del Señor durante el Milenio.

    Según esos versículos, las siguientes son algunas de las condiciones que existirán durante el Milenio:

    • El Señor “[creará] nuevos cielos y nueva tierra” (Isaías 65:17).

    • Habrá gran gozo y ya no habrá más llanto para el pueblo del Señor (véase Isaías 65:18–19).

    • Las personas no morirán en su juventud, sino que vivirán hasta cumplir cien años de edad (véase Isaías 65:20; la Traducción de José Smith de Isaías 65:20 aclara que “… el niño no morirá, sino que vivirá cien años”).

    • Las personas disfrutarán de los frutos de su propio trabajo (véase Isaías 65:21–23).

    • Las oraciones se contestarán de manera inmediata (véase Isaías 65:24).

    • No habrá enemistad entre las bestias (véase Isaías 65:25).

    De esos versículos aprendemos que durante el Milenio, el pueblo del Señor gozará de felicidad, paz y prosperidad. Si lo deseas, anota esa verdad en el margen de tu ejemplar de las Escrituras.

    Al concluir esta lección, piensa en cómo el vivir las verdades que has estudiado te puede ayudar ahora a gozar de felicidad, paz y prosperidad.

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      Escribe lo siguiente en tu diario de estudio de las Escrituras al final de las asignaciones de hoy:

      He estudiado Isaías 59–66 y he terminado esta lección el (fecha).

      Otras preguntas, ideas y reflexiones que me gustaría compartir con el maestro: