Introducción a Amós
    Notas al pie de página

    Introducción a Amós

    ¿Por qué debemos estudiar este libro?

    El libro de Amós recoge algunas de las profecías y enseñanzas que el profeta Amós comunicó al reino de Israel durante el reinado del rey Jeroboam II. El pueblo rechazó las advertencias y las enseñanzas de Amós y deseó que hubiera llevado su contundente mensaje a otra parte. A través del estudio de este libro, puedes adquirir una mayor comprensión del papel fundamental que juegan los profetas en la obra del Señor y un mayor aprecio por el llamamiento de profeta en nuestros días.

    ¿Quién escribió este libro?

    O bien Amós o bien los escribas pusieron por escrito una selección de sus enseñanzas y las recopilaron con el nombre de libro de Amós (véase Amós 1:1). Amós era un pastor que vivía en una ciudad llamada Tecoa, que estaba situada a unos 19 kilómetros al sur de Jerusalén (véase Bible Dictionary, “Amos”). El Señor lo llamó para profetizar al Reino del Norte, o Israel, un llamamiento que no esperaba pero que cumplió con obediencia (véase Amós 7:14–15).

    ¿Cuándo y dónde se escribió?

    Aunque no sabemos con exactitud cuando se escribió, el libro de Amós comienza con la explicación de que Amós predicó durante el reinado de Uzías en Judá y de Jeroboam II en Israel, en el siglo octavo a. de J.C. (véase Amós 1:1; Bible Chronology). Es posible que Amós haya sido colaborador del profeta Oseas en el reino de Israel. No existe una información clara que nos indique dónde se escribió este libro.

    ¿Cuáles son algunas de las características distintivas de este libro?

    El libro de Amós hace hincapié en los profetas (véase Guía para el Estudio de las Escrituras, “Amós”). Amós explicó que Dios se vale de los profetas para llevar a cabo Su obra (véase Amós 3:7). Amós advirtió de los juicios que estaban a punto de venir sobre el pueblo de Israel porque habían rechazado a los profetas.

    Además, Amós hizo hincapié en “el carácter moral del Señor, el gobernante justo de todas las naciones y de todos los hombres. Amós [mostró] que la ofrenda que más aprecia el Señor es una vida recta; los sacrificios de animales pierden su significado si se ofrecen como sustitutos de la rectitud personal [véase Amós 5:21–27]” (Bible Dictionary, “Amos”).

    Amós profetizó sobre un hambre “de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:11). Durante esa hambre, las personas “andarán buscando la palabra de Jehová” —las enseñanzas inspiradas y autorizadas de los profetas— “y no la hallarán” (Amós 8:12). Esa profecía se cumplió inicialmente después de la apostasía de los reinos de Israel y Judá. Tras el ministerio de Malaquías, pasaron más de 400 años sin profetas que ministraran en la tierra de Israel. La profecía de Amós también se cumplió en una época posterior. Después de que Jesucristo estableció Su Iglesia sobre la Tierra, con el tiempo, ésta también cayó en la apostasía. Cesó la revelación para guiar la Iglesia y la gente de la Tierra no pudo recibir la palabra de Dios por medio de profetas durante más de 1.700 años.

    Bosquejo

    Amós 1–2. Amós profetiza que el Señor derramaría sus juicios sobre Siria, los filisteos, Tiro, Edom, el pueblo de Amón y Moab a causa de su iniquidad. Amós también predica que Judá e Israel serán castigadas por abrazar la iniquidad y rechazar al Señor.

    Amós 3–4. Amós describe los diversos intentos del Señor por salvar a Su pueblo, que incluyen enviar profetas para advertirles, retener la lluvia y permitir la peste y la guerra para preocuparlos. Sin embargo, el pueblo no se humilló ni se volvió al Señor.

    Amós 5–6. Amós enseña que el pueblo puede evitar la destrucción si se arrepiente y busca sinceramente al Señor. En particular, declara que el Señor no acepta las ofrendas en el templo del pueblo porque su corazón está centrado en dioses falsos. Amós profetiza que su actitud irreverente en la adoración al Señor los llevará a la destrucción

    Amós 7–9. Tras profetizar sobre el destino y las consecuencias a las que Israel se enfrentará por rechazar al Señor, Amós da un mensaje de esperanza, al prometer que el Señor juntará a Su pueblo y lo restaurará en su tierra.