Historia de la Iglesia
Llamamientos de la Iglesia


Llamamientos de la Iglesia

En el entorno predominantemente protestante de los primeros Santos de los Últimos Días, quienes asistían a la Iglesia expresaban a menudo su compromiso religioso como una “vocación santa” y un “llamamiento”. Se esperaba que la obra del ministerio fluyera de ese llamamiento. El término “ordenación” a menudo se refería al otorgamiento formal de autoridad ministerial a alguien que hubiera aceptado un llamamiento de Dios1. José Smith recibió varias revelaciones entre 1829 y 1831 que utilizaban un lenguaje similar al designar a miembros para cargos en la Iglesia2. Aunque el término “llamamiento” continuó transmitiendo el significado de una vocación santa, los Santos de los Últimos Días utilizaron cada vez más el término para referirse a funciones específicas dentro de las organizaciones de la Iglesia, que estaban expandiéndose rápidamente.

A partir de la reunión fundacional en 1830, los oficios del sacerdocio fueron los llamamientos en la Iglesia, cada uno relacionado con deberes específicos3. A medida que la Iglesia crecía, se extendieron deberes adicionales a partir de esta estructura del sacerdocio, a menudo primero como asignaciones dentro de un oficio del sacerdocio. Los oficiales se reunían en consejos y cuórums para llevar a cabo sus responsabilidades colectivas en nombre de sus congregaciones locales y de la Iglesia en general.

En esa época, los líderes proponían nombramientos y asignaciones en reuniones públicas y los asistentes votaban abiertamente a favor o en contra de tales propuestas, suscitando a veces debates sobre las alternativas4. En este contexto, se decía que ciertos líderes eran “elegidos” para su oficio o llamamiento. Por ejemplo, José Smith explicó a las miembros fundadoras de la Sociedad de Socorro cómo la revelación dirigida a Emma Smith (Doctrina y Convenios 25) se refería a ella como “una dama elegida, a quien [el Señor había] llamado” y “ordena[o]” en ese momento para presidir la Sociedad de Socorro. Después de que las miembros de la Sociedad de Socorro votaron a favor de sostener a Emma como su presidenta, John Taylor “impuso las manos sobre la cabeza de la señora Smith y la bendijo […] para que se levantara y presidiera, y dignificara su oficio, para enseñar” a las mujeres de la Iglesia5. Durante el resto del siglo XIX, otros oficiales de la Iglesia generalmente asumieron sus responsabilidades siguiendo este mismo patrón: ser llamados por el Señor por medio de revelación e inspiración, ser presentados a otros para el voto de sostenimiento, ser “elegidos” o sostenidos por el voto de consenso, y ser “ordenados” o “apartados” por la imposición de manos para recibir bendiciones en el cumplimiento de los deberes de su oficio6.

A lo largo del siglo XIX, la Iglesia cubrió una enorme cantidad de necesidades locales y extendió tanto asignaciones cívicas como religiosas a los miembros de los barrios y estacas. Las organizaciones de apoyo como la Primaria, la Escuela Dominical y la Asociación de Mejoramiento Mutuo hacían asignaciones, generalmente a voluntarios, independientemente de su oficio en el sacerdocio. En las misiones, a menudo se ordenaba a los misioneros a los oficios de setenta y de élder, y luego se les llamaba varias veces para cumplir asignaciones misionales separadas. Cuando las primeras hermanas misioneras recibieron el llamamiento de servir en misiones de tiempo completo en la década de 1890, sus asignaciones se formalizaron mediante una bendición de apartamiento. A finales del siglo XX, los “llamamientos” se asociaban cada vez más con funciones y responsabilidades en las organizaciones de la Iglesia, independientemente de que se extendieran o no por un oficio del sacerdocio.

Por esa misma época y a medida que la Iglesia seguía creciendo, los líderes se esforzaron por optimizar las operaciones y reducir la confusión entre los barrios, las estacas y las organizaciones. Hubo un comité de correlación, con el objetivo de lograr una mayor claridad y uniformidad en toda la Iglesia, que revisaba la literatura producida por la Iglesia o cualquiera de sus organizaciones auxiliares. En este contexto, el término “llamamiento” se refería a cualquier responsabilidad o asignación extendida a una persona por un período de tiempo. La distinción entre ser “ordenado” y ser “apartado” se hizo más pronunciada. La ordenación se relacionaba exclusivamente con el otorgamiento de la autoridad del sacerdocio mediante la imposición de manos y la recepción de un oficio en el sacerdocio, mientras que el ser apartado describía a una persona que recibía formalmente una responsabilidad y recibía bendiciones especiales asociadas con esa función, pronunciadas por un poseedor del sacerdocio. De la misma manera que los líderes y los consejos otorgaban llamamientos a las personas, extendían “relevos” para dispensar a una persona de su llamamiento. A medida que los llamamientos rotaban más a menudo entre los miembros regulares y ya no estaban ligados exclusivamente a un oficio específico, los relevos se hicieron más frecuentes y los llamamientos vitalicios se hicieron menos comunes.

A lo largo del siglo XX y ya entrado el siglo XXI, los llamamientos funcionaron como el principal conducto para el servicio voluntario y la movilización de las actividades de las congregaciones. A principios de la década de 2000, los llamamientos se consideraban fundamentales para cada miembro de la Iglesia; el presidente Gordon B. Hinckley enseñó que cada miembro necesitaba un amigo, una responsabilidad y ser nutrido por la palabra de Dios7. Con ese fin, el servicio voluntario se ha coordinado en prácticamente todas las misiones y congregaciones de la Iglesia mediante llamamientos.

Temas relacionados: Ajustes a la organización del sacerdocio, De común acuerdo, Correlación, Barrios y estacas

  1. Richard Watson, A Biblical and Theological Dictionary: Explanatory of the History, Manners, and Customs of the Jews, and Neighbouring Nations, American editores, Nueva York: Methodist Episcopal Church, 1832, págs. 192–194, 722–723; Robert S. Michaelsen, “Changes in the Puritan Concept of Calling or Vocation”, New England Quarterly, tomo XXVI, nro. 3, septiembre de 1953, págs. 315–336; Patricia U. Bonomi, Under the Cope of Heaven: Religion, Society, and Politics in Colonial America, New York: Oxford University Press, 1986, págs. 107–109; Jon Butler, Awash in a Sea of Faith: Christianizing the American People, Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1990, págs. 116–128. Este vocabulario protestante en torno a los nombramientos y ordenaciones ministeriales en lengua inglesa se remonta al período de la Reforma del siglo XVI (véase “Calling (n.)”, en Oxford English Dictionary [en línea], oed.com/view/Entry/26439).

  2. Kathleen Flake, “Ordering Antinomy: An Analysis of Early Mormonism’s Priestly Offices, Councils, and Kinship”, Religion and American Culture, tomo XXVI, nro. 2 (verano de 2016), págs. 139–183; “Revelation, May 1829–A [D&C 11]”, JosephSmithPapers.org; “Revelation, June 1829–B [D&C 18]”, JosephSmithPapers.org; “Revelation, July 1830–A [D&C 24]”, JosephSmithPapers.org; “Revelation, July 1830–C [D&C 25]”, JosephSmithPapers.org.

  3. Articles and Covenants, circa April 1830 [D&C 20]”, JosephSmithPapers.org.

  4. Véanse los Temas: La reunión fundacional de la Iglesia de Cristo, De común acuerdo.

  5. Libro de actas de la Sociedad de Socorro de Nauvoo, 17 de marzo de 1842, págs. 8–9, JosephSmithPapers.org; véase el Tema: Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo.

  6. En representación de la Iglesia en el World’s Parliament of Religions [Parlamento Mundial de las Religiones] en 1893, Emily S. Richards explicó esta distinción tal como se había observado anteriormente: En la “organización de la Iglesia propiamente dicha, la mujer no ocupa ningún cargo oficial. Es decir, no puede poseer el oficio de Apóstol, ni de sumo sacerdote, ni de setenta, ni de obispo, ni de diácono, ni de ningún otro oficio del sacerdocio. Pero en la elección de los oficiales de la Iglesia por voto de aceptación popular, el voto de la mujer es tan potencial como el del hombre, y en las sociedades auxiliares de la Iglesia […] las mujeres ocupan cargos oficiales a los que son apartadas por la imposición de manos y la oración de los debidos oficiales de la Iglesia. Así pues, las mujeres son ordenadas para ser oficiales” de las “Sociedades de Socorro”, “Asociaciones de Mejoramiento Mutuo de Mujeres Jóvenes” y “Asociaciones Primarias” (Emily S. Richards, citado en B. H. Roberts, “The Church of Jesus Christ of Latter–day Saints at the Parliament of Religions”, Improvement Era, tomo II, nro. 12 , octubre de 1899, pág. 901).

  7. Gordon B. Hinckley, en Conference Report, abril de 1997, págs. 66–68.