Restauración e Historia de la Iglesia
Masacre de Mountain Meadows
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“Masacre de Mountain Meadows”, Temas de la historia de la Iglesia

“Masacre de Mountain Meadows”

Masacre de Mountain Meadows

En septiembre de 1857, una rama de la milicia territorial del sur de Utah, compuesta en su totalidad por Santos de los Últimos Días, junto con unos indígenas estadounidenses que reclutaron, sitiaron una caravana de carromatos con emigrantes que viajaban de Arkansas a California. Los milicianos llevaron a cabo una masacre deliberada, matando a 120 hombres, mujeres y niños en un valle conocido como Mountain Meadows. Solo diecisiete niños pequeños —los que se creía que eran demasiado jóvenes para contar lo que había sucedido allí— fueron preservados. Este acontecimiento es quizás el episodio más trágico de la historia de la Iglesia.

La llegada de esa caravana de carromatos al Territorio de Utah ocurrió en medio de un período de “reformación” dentro de la Iglesia. Preocupados por la autocomplacencia espiritual, Brigham Young y otros líderes de la Iglesia habían dado una serie de sermones en los que llamaban a los santos a arrepentirse y a renovar sus compromisos espirituales1. En ocasiones, durante la reformación, Brigham Young, su consejero Jedediah M. Grant y otros líderes predicaron haciendo uso de una retórica acalorada, advirtiendo en contra de los males del pecado y de aquellos que disentían de la Iglesia o se oponían a ella2. Tal predicación condujo a una mayor tensión entre los Santos de los Últimos Días y sus relativamente pocos vecinos en Utah, entre ellos los funcionarios designados por el Gobierno federal.

Esta tensión se intensificó a principios de 1857, cuando el presidente de los Estados Unidos, James Buchanan, recibió informes de algunos de los funcionarios federales en Utah quienes alegaban que el gobernador Brigham Young y los Santos de los Últimos Días del territorio se rebelaban contra la autoridad del Gobierno federal. Una declaración de tono agresivo de la asamblea legislativa de Utah (compuesta en su mayoría por Santos de los Últimos Días) al Gobierno federal convenció a los funcionarios federales de que los informes eran ciertos. El presidente Buchanan decidió reemplazar a Brigham Young como gobernador y, en lo que llegó a ser conocida como la Guerra de Utah, envió un ejército a Utah para escoltar a quien lo reemplazaría.

Los Santos de los Últimos Días temían que el ejército que se aproximaba —unos 1500 soldados y aún más por llegar— causaría los estragos vividos en Misuri e Illinois y echaría a los santos de sus hogares otra vez. Además, Parley P. Pratt, miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, fue asesinado en Arkansas en mayo de 18573. Las noticias de la muerte, así como los informes periodísticos del este de los Estados Unidos que celebraban el crimen, llegaron a Utah semanas después. Mientras se desarrollaban estos acontecimientos, Brigham Young declaró la ley marcial en el territorio, mandó a los misioneros y a los colonos de los alrededores que regresaran a Utah e hizo preparativos para resistir al ejército. Los sermones desafiantes dados por el presidente Young y otros líderes de la Iglesia, combinados con la inminente llegada del ejército, ayudaron a crear un ambiente de temor y desconfianza en Utah4.

Varias familias emigrantes de Arkansas formaban una caravana dirigida por Alexander Fancher y John Baker. Mientras la caravana viajaba a través de Salt Lake City, los emigrantes tuvieron una fuerte discusión con los Santos de los Últimos Días de la localidad en cuanto a dónde podría pastar su ganado. Algunos de los miembros de la caravana se sintieron frustrados porque tenían dificultades para comprar el grano necesario y otros artículos de los colonos locales, quienes habían recibido instrucciones de guardar su grano como una norma en tiempos de guerra. Enojados, algunos de los emigrantes amenazaron con unirse a las tropas que estaban por llegar para luchar contra los santos5.

Aunque algunos santos ignoraron esas amenazas, otros miembros y líderes locales de la Iglesia en Cedar City, Utah, abogaron por la violencia. Issac C. Haight, presidente de estaca y líder de la milicia, envió a John D. Lee, comandante de la milicia, para dirigir el ataque contra la compañía de emigrantes. Cuando el presidente informó el plan al consejo, los otros líderes se opusieron y solicitaron que cancelara el ataque y que en su lugar enviara a un jinete expreso con un mensaje urgente a Brigham Young en Salt Lake City para pedir instrucciones. Sin embargo, los hombres que había enviado Haight para atacar a los emigrantes ejecutaron el plan antes de recibir la orden de no atacar. Los emigrantes opusieron resistencia y fueron cercados.

Los acontecimientos se agravaron durante los días siguientes y los de la milicia Santo de los Últimos Días planearon y llevaron a cabo una masacre. Con una bandera de tregua falsa, convencieron a los emigrantes de abandonar sus carromatos que estaban formados en círculo y, con la ayuda de indios paiutes que habían reclutado, los mataron. Entre el primer ataque y la matanza final, 120 personas resultaron muertas. El jinete expreso regresó dos días después de la masacre. Traía una carta de Brigham Young en la que instruía a los líderes locales a “no interferir” con los emigrantes y permitirles pasar por el sur de Utah en paz6. Los milicianos trataron de encubrir el crimen al echar toda la culpa a los indios paiutes locales, algunos de los cuales también eran miembros de la Iglesia.

Con el tiempo, dos Santos de los Últimos Días fueron excomulgados de la Iglesia por su participación y el gran jurado, que incluía a Santos de los Últimos Días, procesó a nueve hombres. Solo uno de los participantes, John D. Lee, fue declarado culpable y ejecutado por el crimen, lo que dio pie a que surgieran acusaciones falsas de que la masacre había sido ordenada por Brigham Young7.

A principios de la década del año 2000, la Iglesia hizo esfuerzos diligentes para conocer todo lo posible sobre la masacre. Los historiadores del Departamento de Historia de la Iglesia revisaron archivos en todo Estados Unidos en busca de documentos históricos; adicionalmente, se revisó todo documento de la Iglesia relacionado con la masacre. El libro resultante, publicado por Oxford University Press en 2008 y escrito por Ronald W. Walker, Richard E. Turley Jr. y Glen M. Leonard, concluye que aunque la predicación desmedida sobre los forasteros por parte de Brigham Young, George A. Smith y otros líderes contribuyó a un clima de hostilidad, Young no ordenó la masacre. Más bien, los enfrentamientos verbales entre las personas de la caravana y los colonos del sur de Utah crearon gran alarma, en especial dentro del contexto de la Guerra de Utah y otros eventos contenciosos. Una serie de decisiones trágicas por parte de los líderes locales de la Iglesia, quienes también desempeñaban cargos cívicos y de liderazgo en la milicia en el sur de Utah, condujo a la masacre8.

En 1990, familiares de los emigrantes de Arkansas se reunieron con representantes de la Nación Paiute, con Santos de los Últimos Días que residen en el sur de Utah y con líderes de la Iglesia para dedicar un monumento en Mountain Meadows. Rex E. Lee, presidente de la Universidad Brigham Young y descendiente de John D. Lee, tomó de las manos a descendientes de las víctimas y les dio gracias “por su disposición cristiana a perdonar”9. En el 150 aniversario de la masacre, el presidente Henry B. Eyring enseñó: “El evangelio de Jesucristo que hemos aceptado aborrece el asesinato a sangre fría de hombres, mujeres y niños. De hecho, aboga por la paz y el perdón. Lo que aquí hicieron miembros de nuestra Iglesia hace mucho tiempo representa un horrible e inexcusable abandono de las enseñanzas y la conducta cristianas”10.

Mountain Meadows Massacre Memorial

Monumento en el sitio de la Masacre de Mountain Meadows.