Indígenas estadounidenses
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    “Indígenas estadounidenses”, Temas de la historia de la Iglesia

    “Indígenas estadounidenses”

    Indígenas estadounidenses

    En el siglo que precedió a la organización de la Iglesia, la población de los indígenas estadounidenses en Norteamérica decreció en unas cuatrocientas mil personas como resultado de las guerras, la exposición a enfermedades y la alteración que los nuevos colonos provenientes de Europa ocasionaron en las economías de los indígenas. En ese mismo período, la población estadounidense de origen europeo creció en más de cinco millones. Para 1800, la mayoría de los asentamientos de los colonos permanecían a ochocientos kilómetros del Océano Atlántico, pero los colonos blancos pronto avanzaron hacia el oeste de Norteamérica. Esa expansión fue motivo de tensos enfrentamientos entre los indígenas y los colonos blancos1.

    En los siglos anteriores, las naciones indígenas habían participado en intercambios comerciales y diplomáticos, alianzas militares y conflictos bélicos con los colonizadores europeos. Muchas tribus habían firmado tratados garantizando el acceso a territorios y recursos. Pero en 1830, el Congreso de los Estados Unidos promulgó una ley que permitía el desplazamiento de varias tribus hacia los territorios al oeste del río Misisipí. Las iglesias protestantes patrocinaron misiones entre los grupos de nativos desplazados, con la esperanza de que la prédica del Evangelio mejoraría las relaciones con los indígenas. Mas el desplazamiento de los indígenas provocó inmensos trastornos y sufrimientos, y condujo a nuevos conflictos.

    Contactos entre los mormones y los indígenas en las décadas de 1830 y 1840

    El Libro de Mormón se publicó el mismo año en que se aprobó la Ley de traslado forzoso. El libro aportó a los miembros de la Iglesia una perspectiva diferente acerca del pasado histórico y el futuro destino de los indígenas norteamericanos. Los primeros miembros de la Iglesia creían que todos los indígenas estadounidenses eran los descendientes de los pueblos del Libro de Mormón, y que ellos compartían un legado de convenio que los vinculaba al antiguo Israel2. Aunque solían albergar los mismos prejuicios hacia los indígenas que los estadounidenses de origen europeo, los Santos de los Últimos Días creían que los indígenas estadounidenses eran herederos de las promesas de Dios, aun cuando en ese entonces estaban padeciendo por haber rechazado el Evangelio en el pasado3. Esa creencia hizo que los primeros santos se sintieran muy comprometidos a llevar el mensaje del Libro de Mormón a los indígenas estadounidenses.

    A los pocos meses de haberse organizado la Iglesia en 1830, unos misioneros Santos de los Últimos Días viajaron al Territorio Indio, en las fronteras de los Estados Unidos. Parley P. Pratt relató que William Anderson (Kik-Tha-We-Nund), el jefe de un grupo de los Delaware (Lenape), quienes habían sido reubicados en una región cercana a Independence, Misuri, recibió cálidamente a los misioneros, y un intérprete le dijo a Oliver Cowdery que el “jefe dice que él cree cada una de las palabras” del Libro de Mormón. Pero, seguidamente, un funcionario gubernamental les prohibió continuar con la evangelización de los indígenas en esa región, debido a que ellos no habían tramitado la autorización correspondiente4. En los años siguientes, hubo pocas interacciones de los Santos de los Últimos Días con los indígenas estadounidenses, si bien Pratt y otros más aún hablaban de un día en el que los indígenas aceptarían el Libro de Mormón5.

    José Smith predica a los indígenas estadounidenses

    José Smith predica a los indígenas estadounidenses.

    Debido a las dificultades que surgieron en Misuri durante la década de 1830, los líderes de la Iglesia fueron cautos en cuanto al contacto con los grupos indígenas, luego de ser acusados por sus enemigos de utilizar la obra misional para fomentar la sedición entre los indígenas. En la década siguiente, José Smith y la Primera Presidencia enviaron misioneros a los Siux (Dakota), Potawatomi (Bodéwadmi), Stockbridge (Mohicanos) y otros pueblos indígenas que residían en Wisconsin y Canadá6. Las tribus Sauk (Asakiwaki) y Fox (Meskwaki) enviaron delegaciones a reunirse con José Smith en Nauvoo, y él les habló del Libro de Mormón y los planes para edificar una Nueva Jerusalén7. Dos años después, los líderes de los Potawatomi le pidieron a José y a los mormones que los ayudaran y se unieran a la alianza de tribus confederadas. José declinó la invitación pero les aseguró que el Libro de Mormón podía iluminar la senda hacia las relaciones pacíficas8. Tras la muerte de José, el Consejo de los Cincuenta, bajo la dirección de Brigham Young, analizó una alianza más amplia con las naciones indígenas, pero los esfuerzos diplomáticos cesaron en 1846, a fin de organizar la migración de los santos hacia el oeste9.

    Las naciones indígenas de Utah y los pioneros Santos de los Últimos Días

    Como Presidente de la Iglesia, gobernador territorial y superintendente territorial de los asuntos indígenas, Brigham Young emprendió una política de paz para facilitar el asentamiento mormón en las áreas donde vivían los indígenas. Los Santos de los Últimos Días aprendieron las lenguas indígenas, establecieron relaciones comerciales, predicaron el Evangelio y en general procuraron el entendimiento con los indígenas. La convivencia pacífica entre los indígenas y los Santos de los Últimos Días eran tanto la norma como el ideal. Mas, a pesar de los esfuerzos continuos de Brigham Young por negociar acuerdos duraderos, su política de paz no alcanzó una difusión uniforme ni fue aplicada de manera regular. Las dos culturas, la europea y la amerindia, tenían visiones muy diferentes acerca del uso de las tierras y las propiedades, y no se entendieron bien mutuamente. Esos malentendidos condujeron a discordias y, en ocasiones, a hostilidades entre ambos pueblos10.

    Los dos enfrentamientos más grandes entre los Santos de los Últimos Días y grupos indígenas de la localidad se conocen como la guerra de Walker (1853–1854) y la guerra de Black Hawk (1865–1872). Comenzaron con roces y escaramuzas entre las milicias mormonas y los indígenas Ute principalmente, que luego se intensificaron hasta convertirse en conflictos más grandes. La violencia entre los mormones y los indígenas disminuyó a medida que las enfermedades, y el hambre mermaron muchas poblaciones indígenas ubicadas entre las cadenas montañosas del oeste y luego que una ley federal de Estados Unidos confinó a muchos de ellos a reservaciones11.

    Misiones indígenas y programas de estudiantes

    A pesar de conflictos ocasionales, los líderes de la Iglesia siguieron comprometidos a llevar el mensaje del Libro de Mormón a los indígenas estadounidenses y a establecer misiones de proselitismo y granjas. Mediante esas labores se presentó el Evangelio y se proporcionó educación y alimentos a los indígenas de Utah y Arizona. Durante la segunda mitad del siglo XIX, los misioneros visitaron a los pueblos Catawba (Yeh Is-Wah H’reh), Goshute (Kutsipiuti), Hopi (Hopituh Shi-nu-mu), Maricopa (Piipaash), Navajo (Diné), Papago (Tohono O’odham), Pima (Akimel O’otham), Shoshone (Newe), Ute (Nunt’zi), y Zuni (A:shiwi), quienes habían sido obligados por la expansión de los colonos a vivir en reservaciones indígenas esparcidas por el oeste de Estados Unidos. En la década de 1870, miles de shoshones noroccidentales se bautizaron y formaron luego el Barrio Washakie, el cual fue presidido por el primer obispo indígena estadounidense en la Iglesia: Moroni Timbimboo12. Muchos Utes del centro de Utah no se trasladaron a reservaciones, sino que se establecieron en Indianola, en el condado de Sanpete, donde establecieron una potente rama y una Sociedad de Socorro, en cuya presidencia sirvió una mujer indígena13. En la década de 1880, se unieron a la iglesia más de 1200 indígenas Papago, Pima y Maricopa en el sur de Arizona, y establecieron un barrio que contribuyó posteriormente a la edificación y dedicación del Templo de Mesa, Arizona14. En Carolina del Sur, la mayoría de los integrantes de la nación Catawba recibieron el bautismo. Unos 65 años después, el jefe Catawba, Samuel Taylor Blue habló en la conferencia general: “He experimentado la bendición y el gozo de Dios —testificó—. He visto levantarse al que estaba muerto; he visto a enfermos que los doctores habían desahuciado, pero que mediante las bendiciones de los élderes, fueron restaurados a la vida. Mis hermanos y hermanas, más allá de cualquier sombra de duda, sé que este Evangelio es verdadero”15.

    El jefe Washakie y otros hombres shoshones

    El jefe Washakie (sentado, en el centro de la primera fila) y otros hombres shoshones.

    La ayuda de los Santos de los Últimos Días a los indígenas estadounidenses continuó durante las décadas de 1930 y 1940, con la expansión de las misiones en Arizona y Nuevo México. Estas misiones alertaron a los líderes de la Iglesia acerca de las condiciones adversas en que se hallaban las reservaciones indígenas del suroeste, y ellos empezaron a considerar alternativas para dirigir el proselitismo, ya que lo sentían como Spencer W. Kimball lo expresó posteriormente, que era una obligación hacia sus hermanos del convenio. En la década de 1950, se instauró un programa mediante el cual familias Santos de los Últimos Días recibían a estudiantes indígenas en sus casas durante los períodos de clases. Adicionalmente, la Universidad Brigham Young ofreció becas con el objetivo de incrementar la matriculación de estudiantes indígenas estadounidenses. Cuando se dio cierre al Programa de colocación de alumnos indígenas cerca del año 2000, unos 50 000 estudiantes amerindios se habían beneficiado de este patrocinio16.

    En la actualidad, los indígenas estadounidenses continúan afrontando dificultades como resultado de los siglos de conflicto y desplazamientos. Larry Echo Hawk, un miembro de la nación Pawnee, quien fuera Secretario del Interior Subsecretario del Interior para Asuntos Indígenas, y actualmente sirve como Setenta Autoridad General, habló en 2007 acerca de los desafíos que él y sus antepasados han enfrentado: “Esta es una historia dolorosa” declaró, y agregó que “el dolor no se limitaba a una sola generación”. No obstante, él halló fortaleza en las promesas del Libro de Mormón y expresó su esperanza en que los pueblos nativos de las Américas vivirán a la altura de la visión que expresó el presidente Spencer W. Kimball, y se convertirán en poderosos líderes de sus comunidades y naciones17.

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