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    Ayuno y ofrendas de ayuno

    Reseña

    El Salvador, Jesucristo, enseñó que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Al sacrificarnos y prestar servicio a los demás como lo hizo el Salvador, tanto quienes dan como quienes reciben son bendecidos con compasión, empatía y amor, los cuales conducen a la exaltación y a la vida eterna.

    El obispo Dean M. Davis enseñó que “el cuidado del pobre y del necesitado es una doctrina fundamental del Evangelio y un elemento esencial en el eterno Plan de Salvación” (“La ley del ayuno: Una responsabilidad personal de cuidar del pobre y del necesitado”, Conferencia General de octubre de 2014).

    Las Escrituras rebosan de dicho mandato de servir a los demás.

    “Porque no faltarán menesterosos de en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra” (Deuteronomio 15:11).

    El ayuno y las ofrendas de ayuno son una manera de ayudar a cuidar de los pobres y los necesitados.

    “El Señor ha establecido la ley del ayuno y las ofrendas de ayuno para bendecir a Su pueblo y proporcionarle un medio para que sirva a los necesitados (véanse Isaías 58:6–12; Malaquías 3:8–12). Cuando los miembros ayunan, se les pide que den a la Iglesia una ofrenda de ayuno que, por lo menos, sea igual al valor de los alimentos que habrían comido. Si fuera posible, deberían ser generosos y dar más. Las bendiciones relacionadas con la ley del ayuno son una cercanía al Señor, mayor fortaleza espiritual, bienestar temporal, mayor compasión y un deseo más fuerte de servir” (Manual 2, 6.1.2).

    ¿Qué significa ayunar?

    El ayuno es un mandamiento del Señor mediante el que nos humillamos ante Él al abstenernos voluntariamente de ingerir alimentos y bebidas (véase Doctrina y Convenios 88:76).

    Hoy en día, en la Iglesia se aparta un día de reposo al mes con el fin de ayunar. Los miembros de la Iglesia se abstienen de alimentos y agua durante dos comidas consecutivas en un período de veinticuatro horas, y luego contribuyen el dinero que habrían gastado por tales alimentos para ayudar a los necesitados (véase Alma 34:28).

    Los profetas de Dios y los miembros de Su Iglesia han realizado ayunos desde la antigüedad. En la época del Antiguo Testamento, Moisés y Elías el Profeta ayunaron (véanse Éxodo 34:28; 1 Reyes 19:8). Para los israelitas, el ayuno se utilizaba con frecuencia en determinadas ocasiones o para recibir ayuda divina. En la época del Nuevo Testamento, Jesucristo ayunó cuarenta días y cuarenta noches en preparación para Su ministerio (véase Mateo 4:1–4). Él enseñó a Sus discípulos sobre el poder y la importancia del ayuno. Este mandamiento de ayunar continúa en nuestros días.

    ¿Cómo hago para que mi ayuno sea una ofrenda aceptable ante el Señor?

    El élder Joseph. B. Wirthlin enseñó: “Sin la oración, el ayuno no es en realidad un ayuno completo; es simplemente pasar hambre. Si deseamos que nuestro ayuno sea algo más que simplemente el abstenernos de comer, debemos elevar nuestros corazones, nuestras mentes y nuestras voces en comunión con nuestro Padre Celestial. El ayuno, combinado con la oración fervorosa, tiene gran poder; puede llenar nuestra mente con revelaciones del Espíritu y fortalecernos contra los momentos de tentación” (“La ley del ayuno”, Conferencia General de abril de 2001).

    El élder L. Tom Perry dijo: “Cuanto más vivo, más me maravilla el sistema del Señor de velar por el pobre y el necesitado. Por cierto que ningún hombre diseñaría un procedimiento tan sencillo, aunque profundo, de satisfacer las necesidades humanas: crecer espiritual y temporalmente mediante ayunos regulares, donando al obispo la cantidad de dinero ahorrada al abstenerse de las comidas, la cual se usa para atender las necesidades del pobre, del enfermo, de los afligidos, quienes necesitan ayuda y apoyo en su paso por la vida” (véase “La ley del ayuno”, Conferencia General de abril de 1986).

    Más información de las Escrituras: Omni 1:26; Doctrina y Convenios 59:12–16; Alma 17:3.

    ¿Cómo puedo aprovechar mejor el privilegio del ayuno?

    El ayuno puede ser una experiencia más espiritual y acercarnos más a Dios. Tengan en cuenta lo siguiente:

    “Muchos padecen debilidades, otros están delicados de salud, y otros tienen bebés lactantes; de tales no se requiere que ayunen. Tampoco deben los padres obligar a los niños pequeños a ayunar” (Gospel Doctrine, pág. 244).

    El presidente Joseph F. Smith también nos aconseja ser prudentes en nuestros ayunos. “Se puede llegar a exagerar. Un hombre puede ayunar y orar hasta morir, pero no hay ninguna necesidad de ello ni hay prudencia en hacerlo… El Señor oye la oración sencilla que se ofrece con fe, con media docena de palabras, y reconocerá el ayuno que no se alargue más de veinticuatro horas, tan pronta y eficazmente como contestará una oración de mil palabras y un ayuno de un mes… El Señor aceptará aquello que es suficiente con mucho más placer y satisfacción que aquello que es demasiado e innecesario” (en Conference Report, octubre de 1912, págs. 133–134).

    ¿Cuáles son las bendiciones que recibimos al guardar la ley del ayuno?

    El élder L. Tom Perry enseñó: “La ley del ayuno tiene tres grandes propósitos. En primer lugar, ofrece ayuda a los necesitados por medio de la contribución de las ofrendas de ayuno, que tiene el valor de las comidas de las cuales nos abstenemos. En segundo lugar, un ayuno es beneficioso para nosotros físicamente. En tercer lugar, sirve para aumentar la humildad y la espiritualidad por parte de cada persona” (véase “La ley del ayuno”, Conferencia General de abril de 1986).

    “Cuando los pobres estén pasando hambre, ayunemos un día aquellos que tengamos lo suficiente, y demos lo que hubiésemos comido a los obispos para ayudar a los pobres, y todos tendrán en abundancia por largo tiempo […]. Y en tanto todos los santos vivan ese principio con corazones alegres y semblantes felices, siempre tendrán en abundancia” (History of the Church, tomo VII, pág. 413; véase también Joseph B. Wirthlin, “La ley del ayuno”, Conferencia General de abril de 2001).

    “Sean generosos en sus dádivas para que así puedan progresar; y no den solamente para beneficiar al pobre, sino por su propio bienestar. Den lo suficiente para poder dar de sí mismos en el Reino de Dios por medio de la consagración de sus medios y su tiempo. Paguen un diezmo íntegro y una generosa ofrenda de ayuno, si desean las bendiciones del cielo. Les prometo a cada uno de ustedes que aumentarán su propia prosperidad, tanto espiritual como temporalmente. El Señor los recompensará según sus obras” (Marion G. Romney, Welfare Agricultural Meeting, 30 de septiembre de 1967; véase también Marion G. Romney, “The Blessings of the Fast”, julio de 1982).

    Más información de las Escrituras: Isaías 58:6–12; Malaquías 3:10; Alma 17:1–3.

    ¿Cómo se administran las ofrendas de ayuno?

    El élder Joseph B. Wirthlin enseñó: “Las ofrendas de ayuno se usan solo para un propósito: para bendecir la vida de los necesitados. Cada dólar entregado al obispo como ofrenda de ayuno se destina a ayudar a los pobres” (Conferencia General de abril de 2001).

    El obispo del barrio es llamado por el Señor para administrar todos los asuntos temporales, incluso la distribución de los fondos de las ofrendas de ayuno (véase Doctrina y Convenios 107:68). Habiendo recibido el poder del discernimiento, el obispo determina quién debe recibir ayuda temporal y cómo se debe dar. Con un entendimiento sincero de esa sagrada responsabilidad, el obispo se guía por los principios básicos de bienestar. Estos principios incluyen la orientación con amor y compasión; fomentar que se recurra a la familia; fortalecer a los miembros para que lleguen a ser autosuficientes, tanto espiritual como temporalmente; satisfacer las necesidades temporales; proporcionar bienes y servicios necesarios para sustentar la vida, que son comunes en la mayoría de los miembros del barrio; y brindar oportunidades para trabajar en la medida de la capacidad del destinatario por la ayuda recibida.

    El presidente Gordon B. Hinckley enseñó: “Esperamos que por medio del pago de ofrendas de ayuno generosas haya más que suficiente para satisfacer las necesidades de los menos afortunados. Si todos los miembros de esta Iglesia cumplieran con el ayuno y contribuyeran de manera generosa, los pobres y los necesitados —no solo de la Iglesia, sino muchos otros también— serían bendecidos y se les podría proporcionar lo que necesiten. Cada persona que da sería bendecida en cuerpo y en espíritu, y se alimentaría al hambriento y se vestiría al desnudo, de acuerdo con las necesidades” (“Rise to a Larger Vision of the Work”, Conferencia General de abril de 1990).

    Para obtener información sobre cómo administrar las ofrendas de ayuno, los obispos pueden consultar el Manual 1, sección 5.2.4.

    ¿Cómo aporto al fondo de ofrendas de ayuno?

    Se puede contribuir con ofrendas de ayuno al cumplimentar una papeleta de donativos y entregarla a los miembros del obispado. Cuando las condiciones lo permitan, los poseedores del Sacerdocio Aarónico pueden, dirigidos por el obispo, recoger las ofrendas de ayuno de las familias de miembros cada mes. También se les puede pedir ayuda a los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec.

    Para las ofrendas de ayuno no se ha fijado una cantidad estándar como donativo. A medida que contribuyan generosamente a esos fondos, serán bendecidos tanto espiritual como temporalmente por su deseo de ayudar a los demás (véase El diezmo y las ofrendas de ayuno, 2007, págs. 1–14).

    ¿Cómo puedo enseñar a mis hijos sobre las ofrendas de ayuno?

    Al enseñar a los hijos acerca de las ofrendas de ayuno, podrían estudiar Mateo 25:35–40 a fin de ilustrar la importancia de cuidar del pobre y necesitado. Expliquen que cuando entregan sus ofrendas de ayuno al obispo, los fondos se utilizan para ayudar a los miembros enfermos y necesitados de su barrio o rama. Si sus hijos o hijas ya están al tanto de las necesidades, tales como un miembro que esté enfermo o una familia que no tenga empleo, pueden utilizar esto como ejemplo sobre el destino de sus ofrendas. Inviten a sus hijos a pensar en cómo pueden contribuir al fondo de ofrendas de ayuno. Lea más aquí.

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    “Los diezmos y las ofrendas”, Liahona, junio de 2014

     

    “La fortaleza de muchos”, Liahona, junio de 2011

     

     

    “Tiempo para compartir: El diezmo y las ofrendas”, Liahona, noviembre de 1996

    “Ofrendas de ayuno”, Liahona, febrero de 1980

     

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