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Tatuajes y perforaciones corporales

Reseña

Nuestro cuerpo es un don de Dios, una bendición que recibimos porque fuimos rectos en la vida preterrenal (véase Abraham 3:26). En las Escrituras se compara el cuerpo con un templo de Dios (véase 1 Corintios 6:19–20), y debemos respetar nuestro cuerpo como respetaríamos un templo. El presidente Russell M. Nelson dijo:

“Me lleno de asombro ante el milagro del cuerpo humano. Es una magnífica creación, esencial en nuestro avance gradual hacia nuestro máximo potencial divino. Sin él, no podemos progresar. Al darnos el don del cuerpo, Dios nos ha permitido dar un paso crucial para llegar a ser más semejantes a Él. […]

“Su cuerpo es su templo personal, creado para albergar a su espíritu eterno. El cuidado que brinden a dicho templo es importante” (“Podemos actuar mejor y ser mejores”, Liahona, mayo de 2019, pág. 68).

Al enseñarnos acerca de cómo cuidar de nuestro cuerpo, los profetas nos han amonestado en contra de los tatuajes y de las perforaciones corporales excesivas (véanse Levítico 19:28; Gordon B. Hinckley, “Y se multiplicará la paz de tus hijos”, Liahona, enero de 2001, págs. 67–68).

Como miembros de la Iglesia del Salvador, nos esforzamos por cuidar de nuestro cuerpo porque es “el instrumento de nuestro espíritu” (véase D. Todd Christofferson, “Reflexiones sobre una vida consagrada”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 17). Para obtener más información, véase Para la Fortaleza de la Juventud.

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“El modo de vestir y la apariencia”, Para la Fortaleza de la Juventud