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Toda verdad proviene del Padre Celestial y tiene como fin el bien de Sus hijos. Dios quiere que eduquemos nuestra mente, mejoremos nuestras destrezas y perfeccionemos nuestras habilidades para que seamos una influencia más positiva en el mundo; que proveamos lo necesario para nosotros mismos, nuestra familia y los necesitados; y que edifiquemos el Reino de Dios (véase Doctrina y Convenios 88:78–80).

Reseña

Conforme nos familiarizamos con la verdad por medio de fuentes buenas de toda índole, estamos mejor preparados para trabajar en el mundo y servir en el Reino de Dios. El Señor reveló: “La gloria de Dios es la inteligencia, o en otras palabras, luz y verdad” (Doctrina y Convenios 93:36). Toda verdad proviene del Padre Celestial y tiene como fin el bien de Sus hijos. Dios quiere que eduquemos nuestra mente, mejoremos nuestras destrezas y perfeccionemos nuestras habilidades para que seamos una influencia más positiva en el mundo; que proveamos lo necesario para nosotros mismos, nuestra familia y los necesitados; y que edifiquemos el Reino de Dios (véase Doctrina y Convenios 88:78–80).

Toda verdad, ya sea religiosa o secular, está incluida en el plan de Dios para nuestra salvación y felicidad. El profeta José Smith enseñó: “Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia… hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero” (Doctrina y Convenios 130:18–19).

El Señor nos ha dado dones y nos anima a mejorarlos y procurar obtener otros (véanse Doctrina y Convenios 46:8, 11; 1 Corintios 12:31). Además, también nos ha mandado “busca[r] conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (Doctrina y Convenios 88:118). Los líderes de la Iglesia alientan a los miembros a participar en la labor de aumentar la alfabetización, el aprendizaje y la capacitación en habilidades.

Los profetas actuales de Dios han alentado a los hombres y a las mujeres a obtener la mayor educación posible. El presidente Gordon B. Hinckley dijo a los jóvenes que “[se esfuercen] por conseguir una instrucción académica… Obtengan toda la capacitación que puedan” (“Sean dignos de la joven con la cual se van a casar algún día”, Liahona, julio de 1998). El presidente Thomas S. Monson instó a las jovencitas a “obtener instrucción académica, si es que aún no lo están haciendo o no lo han hecho” (“Tres metas para guiarte”, Liahona, noviembre de 2007).

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Suzy Taggy Coelho Caldas Nelson, “El poder de la formación académica”, Liahona, junio de 2011

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