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Sacrificio
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Sacrificio

Reseña

Sacrificar es renunciar a algo valioso o precioso, a menudo con la intención de lograr un propósito u objetivo de mayor valor. El sacrificio siempre ha formado parte del evangelio de Jesucristo. Es un recordatorio del gran sacrificio expiatorio de Jesucristo por todos los que han vivido o vivirán sobre la tierra. Antes del ministerio de Cristo, se ofrecían sacrificios de animales con este fin. Después de la expiación del Salvador y por mandato Suyo, los discípulos de Jesucristo, en vez de ofrecer sacrificios de animales, comenzaron a ofrecer un “corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:20), que es la disposición a arrepentirnos de nuestros pecados y el deseo de seguir a Jesucristo y poner nuestra vida en armonía con Sus mandamientos.

La expiación de Jesucristo es el gran y eterno sacrificio que constituye el núcleo del Evangelio (véase Alma 34:8–16). Antes de que el Salvador realizara la Expiación, Su pueblo del convenio sacrificaba animales como símbolo de Su sacrificio. Esta práctica los ayudaba a anticipar la Expiación (véase Moisés 5:4–8). El mandamiento de ofrecer sacrificios de animales terminó con la muerte de Jesucristo. En la Iglesia hoy en día, la ordenanza de la Santa Cena es un recordatorio del sacrificio expiatorio del Salvador.

Además de recordar el sacrificio expiatorio de Jesucristo, los miembros de la Iglesia ofrecen su propio sacrificio: un corazón quebrantado y un espíritu contrito. El Salvador dijo: “… vosotros ya no me ofreceréis más el derramamiento de sangre; sí, vuestros sacrificios y vuestros holocaustos cesarán […]. Y me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Y al que venga a mí con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, lo bautizaré con fuego y con el Espíritu Santo” (3 Nefi 9:19–20).

Tener un corazón quebrantado y un espíritu contrito significa ser humilde y receptivo a la voluntad de Dios y al consejo de quienes Él ha llamado para dirigir Su Iglesia. Además, significa sentir un gran pesar por el pecado y un deseo sincero de arrepentirse. El profeta Lehi recalcó la importancia de ofrecer ese sacrificio: “He aquí, [Cristo] se ofrece a sí mismo en sacrificio por el pecado, para satisfacer los fines de la ley, por todos los de corazón quebrantado y de espíritu contrito; y por nadie más se pueden satisfacer los fines de la ley” (2 Nefi 2:7).

El Señor aceptará a quienes muestren su disposición a sacrificarse tal como Él lo ha mandado. Él enseñó: “… todos los que […] saben que su corazón es sincero y está quebrantado, y su espíritu es contrito, y están dispuestos a cumplir sus convenios con sacrificio, sí, cualquier sacrificio que yo, el Señor, mandare, estos son aceptados por mí” (Doctrina y Convenios 97:8).

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“No fue un sacrificio”, Liahona, marzo de 2004

 

“El sacrificio expiatorio: Testifican los profetas de los últimos días”, Liahona, diciembre de 2001

 

 

 

 

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