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Capítulo 9: Doctrina y Convenios 20–22


Capítulo 9

Doctrina y Convenios 20–22

Introducción y cronología

En una revelación dada al profeta José Smith, el Señor mandó que Su Iglesia se organizara el 6 de abril de 1830. Aunque esa revelación, que ahora se encuentra en Doctrina y Convenios 20, se registró algunos días después de la organización de la Iglesia, partes de ella pudieron haber sido reveladas meses antes, cerca de junio de 1829. La revelación destaca la importancia del Libro de Mormón, describe responsabilidades de los oficios del sacerdocio y brinda instrucciones para las ordenanzas del bautismo y de la Santa Cena.

El día en que la Iglesia se organizó, el profeta José Smith recibió la revelación registrada en Doctrina y Convenios 21. En ella, el Señor lo designó profeta, vidente y líder de la Iglesia restaurada y exhortó a los miembros de la Iglesia a prestar atención a las palabras del Profeta. Poco después de que la Iglesia se estableciera, algunas personas se preguntaron si aquellos que habían sido previamente bautizados en otras iglesias necesitaban ser bautizados nuevamente para llegar a ser miembros de la Iglesia restaurada. José preguntó al Señor y recibió la revelación que se encuentra en Doctrina y Convenios 22, en la que el Señor enseñó que el bautismo debe llevarse a cabo por aquellos que tienen la debida autoridad.

Finales de marzo de 1830

Concluye la impresión del Libro de Mormón.

6 de abril de 1830

La Iglesia es organizada por José Smith en Fayette, Nueva York.

6 de abril de 1830

Se recibe Doctrina y Convenios 21.

Después del 6 de abril de 1830

Doctrina y Convenios 20 se finaliza y se registra (aunque algunas porciones posiblemente se hayan recibido meses antes).

16 de abril de 1830

Se recibe Doctrina y Convenios 22.

9 de junio de 1830

La primera conferencia de la Iglesia tiene lugar en Fayette, Nueva York.

Doctrina y Convenios 20: Antecedentes históricos adicionales

El profeta José Smith registró que, en junio de 1829, en la casa de Peter Whitmer, padre, la voz de Dios les mandó a él y a Oliver Cowdery ordenarse el uno al otro como élderes, pero especificó que debían retrasar la ordenanza hasta que sus hermanos pudieran reunirse y brindar consentimiento mediante votación (véase The Joseph Smith Papers, Histories, tomo I: Joseph Smith Histories, 1832–1844, ed. por Karen Lynn Davidson y otros, 2012, pág. 326; véase también D. y C. 128:21). Además, en junio, el Señor mandó a Oliver Cowdery ayudar a “edifi[car]… [la] iglesia [del Señor]” (D. y C. 18:5) basándose en el Libro de Mormón, que estaba cerca de ser finalizado en ese momento. Posteriormente, Oliver recopiló un documento llamado “Artículos de la Iglesia de Cristo”, que incluía detalles acerca de las ordenanzas, los oficios del sacerdocio y los procedimientos de la Iglesia tal como se encuentran en el Libro de Mormón (véase The Joseph Smith Papers, Documents, tomo I: julio de 1828–junio de 1831, ed. por Michael Hubbard MacKay y otros, 2013, págs. 368–374). Esa información tal vez haya tenido el objeto de guiar a los creyentes hasta el tiempo en el que la Iglesia se estableciera.

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Whitmer Farm Historic Project - Desk

Una habitación superior de la casa reconstruida de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Nueva York, donde se finalizó la traducción del Libro de Mormón y donde se escuchó la voz de Dios (véase D. y C. 128:21).

Si bien no se conoce con exactitud cuándo se recibió la revelación registrada en Doctrina y Convenios 20, el profeta José Smith resumió el flujo de dirección divina: “De esta manera el Señor continuó dándonos instrucciones de vez en cuando concerniente a los deberes que ahora recaían sobre nosotros y, entre muchas otras cosas relacionadas, obtuvimos de Él lo siguiente, por el Espíritu de profecía y revelación, que no solamente nos dio mucha información, sino que también señaló el día preciso en el que, de acuerdo con Su voluntad y mandamiento, deberíamos proceder a organizar Su Iglesia nuevamente aquí sobre la tierra” (en The Joseph Smith Papers, Histories, tomo I: Joseph Smith Histories, 1832–1844, pág. 336, se estandarizó la ortografía). Esas instrucciones llegaron a conocerse como los “Artículos y Convenios de la Iglesia de Cristo”.

El texto completo de los Artículos y Convenios se escribió poco antes de la reunión de organización que tuvo lugar el 6 de abril de 1830, y brinda una reseña de las creencias de la Iglesia de Jesucristo y de los oficios y ordenanzas de ella. En la primera conferencia de la Iglesia, que tuvo lugar el 9 de junio de 1830 en la casa de Peter Whitmer, padre, los Artículos y Convenios se leyeron y presentaron para la aprobación de los miembros (véase The Joseph Smith Papers, Documents, tomo I: julio1828–junio 1831, págs. 116–126). En los años siguientes, los Artículos y Convenios, ahora Doctrina y Convenios 20, se modificaron de cuando en cuando a medida que el profeta José Smith continuó recibiendo revelaciones concernientes a la estructura de la Iglesia. Por ejemplo, Doctrina y Convenios 20:65–67 se añadió después de que el oficio de sumo sacerdote se reveló en Kirtland, Ohio, en junio de 1831 (véase el encabezamiento de sección de D. y C. 52).

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Doctrine and Covenants Student Manual 2017 (Religion 324-325)

Doctrina y Convenios 20:1–36

Se relatan acontecimientos de la Restauración y se resumen las verdades que se enseñan en el Libro de Mormón

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Peter Whitmer Log Home

La casa reconstruida de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Nueva York.

Doctrina y Convenios 20:1. “El origen de la Iglesia de Cristo en estos últimos días”

Tras la muerte de los Apóstoles de la antigüedad, se hicieron cambios no autorizados a la organización, la doctrina y las ordenanzas de la Iglesia de Jesucristo. Después de siglos de apostasía, el Señor restauró Su evangelio y Su iglesia por medio del profeta José Smith. Esa restauración incluía la organización de la Iglesia de Cristo el 6 de abril de 1830. El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008), testificó del destino de la Iglesia del Señor:

“José Smith y sus compañeros se reunieron en la modesta cabaña de troncos en la granja de Peter Whitmer, en el tranquilo pueblecito de Fayette, Nueva York, y organizaron la Iglesia de Cristo.

“Desde sus humildes comienzos, ha sucedido algo sumamente excepcional. Grande ha sido la historia de esta obra; nuestro pueblo ha soportado toda clase de sufrimientos; sus sacrificios han sido indescriptibles; sus obras han sido increíblemente inmensas. Pero de ese ardiente crisol ha emanado algo glorioso, hoy estamos sobre la cumbre de los años y observamos lo que hemos logrado.

“De los seis miembros originales, ha brotado una vasta familia de fieles… De ese tranquilo pueblecito ha nacido un movimiento que hoy día se esparce por unas 160 naciones de la tierra… Dentro de su gran alcance hay miembros de muchas naciones que hablan muchos idiomas. Es un fenómeno sin precedentes. Al extenderse el tapiz de su pasado, ha quedado al descubierto un hermoso diseño que encuentra su expresión en las vidas de un pueblo feliz y maravilloso y que presagia cosas maravillosas todavía por suceder” (véase “La Iglesia avanza”, Liahona, julio de 2002, pág. 4).

Doctrina y Convenios 20:1. La Iglesia de Cristo

Cuando la Iglesia restaurada se organizó oficialmente el 6 de abril de 1830, se llamó la Iglesia de Cristo. En 1834, un consejo de la Iglesia aprobó el título Iglesia de los Santos de los Últimos Días como nombre alternativo preferido para la Iglesia. Finalmente, en una revelación dada al profeta José Smith, en abril de 1838, el Señor declaró que Su Iglesia sería llamada La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (véase D. y C. 115:4).

El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó el propósito y la importancia de la Iglesia de Dios en nuestra búsqueda por la exaltación:

“La exaltación es la meta de este trayecto terrenal, y nadie llega hasta allí sin los medios del evangelio de Jesucristo: Su expiación, las ordenanzas, y la doctrina y los principios guiadores que se encuentran en la Iglesia.

“En la Iglesia es donde aprendemos las obras de Dios y aceptamos la gracia del Señor Jesucristo que nos salva. Dentro de la Iglesia es donde establecemos los compromisos y los convenios de familias eternas que llegan a ser nuestro pasaporte hacia la exaltación. La Iglesia es la que tiene el poder del sacerdocio para impulsarnos a través de las aguas impredecibles de la mortalidad” (“Dios está a la cabeza”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 27).

Doctrina y Convenios 20:2–16. El Libro de Mormón y acontecimientos de la Restauración

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Restoration Project: Smith Joseph Jr

José Smith tradujo el Libro de Mormón por el don y el poder de Dios.

Doctrina y Convenios 20 analiza algunos de los acontecimientos significativos de la Restauración. Por ejemplo, Dios el Padre y Su Hijo, Jesucristo, visitaron a José Smith y “reci[bió] la remisión de sus pecados” durante la Primera Visión (D. y C. 20:5). El “santo ángel” Moroni apareció a José Smith, lo instruyó y “le dio mandamientos que lo inspiraron” (D. y C. 20:6–7). Más adelante José Smith obtuvo las planchas de oro y le fue dado “poder” y “medios” para traducir el Libro de Mormón (D. y C. 20:8). Otras personas, tales como los Tres Testigos, recibieron confirmación del origen divino del Libro de Mormón (véase D. y C. 20:10). La restauración de la autoridad del sacerdocio es evidente en la ordenación de José Smith y Oliver Cowdery como el primer élder y el segundo élder de la Iglesia, respectivamente (véase D. y C. 20:2–3).

Esta revelación también testifica que el Libro de Mormón establece la veracidad de la Biblia (véase D. y C. 20:11; véanse también 1 Nefi 13:40; Mormón 7:8–9). Además, enfatiza el papel vital del Libro de Mormón al prometer vida eterna a aquellos “que [lo] reciban con fe” y condenar a aquellos que “endurezcan sus corazones en la incredulidad y [lo] rechacen” (véase D. y C. 20:14–15).

Doctrina y Convenios 20:9. El Libro de Mormón contiene “la plenitud del evangelio de Jesucristo”

El Señor definió “la plenitud del evangelio” (D. y C. 20:9) como “la plenitud de mi evangelio que he enviado en estos últimos días, el convenio que he enviado para recobrar a los de mi pueblo, que son de la casa de Israel” (D. y C. 39:11). Doctrina y Convenios contiene varias revelaciones que indican que el Libro de Mormón contiene la plenitud del Evangelio (véanse D. y C. 20:9; 27:5; 42:12; 135:3).

El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994), explicó: “… el Señor mismo ha declarado que el Libro de Mormón contiene ‘la plenitud del evangelio de Jesucristo’ (D. y C. 20:9). Eso no quiere decir que contenga todas las enseñanzas ni toda la doctrina que se ha revelado. Lo que quiere decir es que en el Libro de Mormón encontraremos la plenitud de la doctrina que se requiere para nuestra salvación, y se enseña clara y simplemente a fin de que aun los niños puedan aprender los senderos de salvación y exaltación. El Libro de Mormón ofrece tantas cosas que ensanchan nuestro conocimiento de la doctrina de salvación que, sin él, mucho de lo que se enseña en otras Escrituras no sería tan claro y precioso” (véase “La clave de nuestra religión”, Liahona, agosto de 1992, pág. 5).

Doctrina y Convenios 20:17–36. “Por estas cosas sabemos”

En Doctrina y Convenios 20:17, la frase “por estas cosas” se refiere a las verdades que conocemos por medio del Libro de Mormón (véase D. y C. 20:8–10). Por medio del Libro de Mormón y de la restauración de la plenitud del Evangelio, se ha dado a los Santos de los Últimos Días un entendimiento claro de las doctrinas relacionadas con nuestra salvación personal, especialmente, el papel central de Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. El presidente Ezra Taft Benson enseñó:

“En… la sección 20 de Doctrina y Convenios, el Señor nos da un resumen de las verdades vitales que enseña el Libro de Mormón (véanse los versículos 17–36). Habla de Dios, de la creación del hombre, la Caída, la Expiación, la ascensión de Cristo a los cielos, los profetas, la fe, el arrepentimiento, el bautismo, el Espíritu Santo, la perseverancia, la oración, la justificación y la santificación por medio de la gracia y al amar y servir a Dios.

“Debemos conocer esas verdades esenciales. En el Libro de Mormón, Aarón, Ammón y sus hermanos enseñaron este mismo tipo de verdades al pueblo lamanita (véase Alma 18:22–39) que se encontraba en el ‘más tenebroso abismo’ (Alma 26:3). Después de aceptar estas verdades eternas, el Libro de Mormón declara que esos lamanitas convertidos nunca se alejaron de la justicia (véase Alma 23:6).

“Si enseñamos a nuestros hijos y a nuestros nietos estas mismas verdades, ¿se apartarán ellos? Debemos enseñarles acerca del Libro de Mormón a la mesa a la hora de comer, en nuestras reuniones familiares, al lado de sus camas y en nuestras cartas y conversaciones telefónicas; en todas nuestras idas y venidas” (véase “Un nuevo testigo de Jesucristo”, Liahona, enero de 1985, pág. 5).

La palabra “sabemos” se usa varias veces en Doctrina y Convenios 20:17–36 (véase Doctrina y Convenios 20:17, 29, 30, 31, 35). Refleja un espíritu de testimonio y recuerda a los miembros de la Iglesia que esas doctrinas fundamentales dan forma a nuestras creencias.

Doctrina y Convenios 20:37–84

El Señor establece los deberes de los oficios del sacerdocio y da instrucciones para el bautismo y la Santa Cena

Doctrina y Convenios 20:37. ¿Qué significa tener un corazón quebrantado y un espíritu contrito?

Para recibir la remisión de nuestros pecados se requiere que “ven[gamos] con corazones quebrantados y con espíritus contritos” (D. y C. 20:37). El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994), enseñó lo que significa tener un corazón quebrantado y un espíritu contrito: “La tristeza según Dios es un don del Espíritu. Es el claro reconocimiento de que nuestras acciones han ofendido a nuestro Padre y Dios. Es la vívida y plena conciencia de que nuestra conducta ocasionó que el Salvador, Aquel que no conoció pecado, sí, el mayor de todos, sobrellevara la agonía y el sufrimiento; nuestros pecados hicieron que sangrara por cada poro. Esa aflicción mental y espiritual, que es muy real, es lo que las Escrituras denominan tener ‘un corazón quebrantado y un espíritu contrito’ (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Ezra Taft Benson, 2014, pág. 90).

Doctrina y Convenios 20:38. “Un apóstol es un élder”

En los primeros días de la Iglesia restaurada, el término apóstol frecuentemente se aplicaba a élderes que participaban en la obra misional (véase, por ejemplo, la referencia que hace el Señor a Oliver Cowdery y David Whitmer en D. y C. 18:9, 14). También es de ayuda notar que en la época en que se dio la revelación que se registró en Doctrina y Convenios 20, el oficio de sumo sacerdote en el Sacerdocio de Melquisedec todavía no se había revelado. El título “élder” ahora se usa para describir a cualquier poseedor del Sacerdocio de Melquisedec que es llamado a predicar el Evangelio, sin importar su oficio en el sacerdocio. “A los misioneros también se les llama élderes. Un Apóstol también es un élder en este sentido, y es propio aplicar este título a los miembros del Cuórum de los Doce y de los Cuórums de los Setenta (D. y C. 20:38; 1 Pedro 5:1)” (Guía para el Estudio de las Escrituras “Élder”, scriptures.lds.org).

Doctrina y Convenios 20:38–59. Deberes del sacerdocio

Cuando la Iglesia fue organizada en 1830, el Señor describió las responsabilidades y los deberes de los élderes, presbíteros, maestros y diáconos. Desde esa ocasión, se han revelado detalles adicionales respecto a esos oficios del sacerdocio. Sin embargo, las instrucciones importantes descritas en Doctrina y Convenios 20:38–59 son principios que todos los poseedores del sacerdocio deben continuar estudiando y siguiendo. El presidente Thomas S. Monson hizo hincapié en la necesidad de conocer nuestro deber y llevarlo a cabo en nuestro servicio a los demás:

“El sacerdocio no es tanto un don sino el mandato de servir, el privilegio de elevar y la oportunidad de bendecir la vida de los demás.

“El llamado del deber puede venir silenciosamente a medida que los que poseemos el sacerdocio respondemos a las asignaciones que recibimos. El presidente George Albert Smith, líder modesto pero eficaz, declaró: ‘Su deber es primeramente aprender lo que el Señor desea y después, por el poder y la fuerza del Santo Sacerdocio, magnificar su llamamiento en la presencia de sus semejantes para que estos estén dispuestos a seguirlos’ [en Conference Report, abril de 1942, pág. 14]” (véase “Cumple tu deber: Eso es lo mejor”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 59).

Doctrina y Convenios 20:75–79. Participar de la Santa Cena “en memoria del Señor Jesús”

La Santa Cena fue administrada por el profeta José Smith y Oliver Cowdery el 6 de abril de 1830, el día en que la Iglesia fue organizada. El Señor mandó a los miembros de Su Iglesia que “se re[unieran] a menudo para tomar [la Santa Cena] en memoria del Señor Jesús” (véase D. y C. 20:75).

El élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó una de las razones por las que es una bendición participar en esa ordenanza sagrada: “Las oraciones sacramentales confirman que uno de los propósitos centrales de la Santa Cena, según la instituyó el Señor Jesucristo, es ‘recordarle siempre’ (D. y C. 20:77, 79). Recordar al Salvador indudablemente implica recordar Su expiación, la cual se representa simbólicamente mediante el pan y el agua: emblemas de Su sufrimiento y de Su muerte. No debemos olvidar jamás lo que Él hizo por nosotros, ya que sin Su expiación y resurrección la vida no tendría sentido. Sin embargo, gracias a Su expiación y resurrección, nuestra vida tiene un potencial eterno y divino” (“Recordarle siempre”, Liahona, abril de 2011, pág. 21).

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New York. Seneca Co. Fayette. Whitmer Farm

Sala de la casa de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Nueva York, donde la Iglesia fue organizada el 6 de abril de 1830.

El élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó cómo guardar el convenio de siempre recordar a Jesucristo puede ayudarnos a tomar mejores decisiones:

“Cuando nuestros desafíos diarios están frente a nosotros, es natural enfocarse en el aquí y el ahora, pero cuando lo hacemos, posiblemente tomemos malas decisiones, nos deprimamos o experimentemos la desesperanza. A causa de esa tendencia humana, los profetas nos han exhortado a que recordemos la perspectiva eterna. Solo entonces podremos navegar con éxito en la mortalidad…

“La Santa Cena nos ayuda cada domingo a recordar la bondad de Dios y Sus promesas maravillosas. Al participar de objetos simples y tangibles —un pedazo de pan y un trago de agua— prometemos recordar siempre al Salvador y Su gran sacrificio expiatorio. Por medio de la Santa Cena, renovamos nuestros convenios y expresamos nuestra disposición a guardar Sus mandamientos…

“Con la ayuda de la Santa Cena, podemos recordarlo siempre y mantener una perspectiva eterna” (“Maintaining an Eternal Perspective”, Ensign, marzo de 2014, págs. 56, 59).

Doctrina y Convenios 20:77. “… que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de tu Hijo”

Cuando participamos dignamente de la Santa Cena, mostramos nuestra disposición de tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo. El élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó lo que significa estar dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo:

“Nuestro testimonio de que estamos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo tiene diversos significados.

“… tomamos sobre nosotros el nombre de Cristo cuando nos bautizamos en Su nombre, cuando pertenecemos a Su Iglesia y profesamos nuestra creencia en Él y hacemos la obra de Su reino…

“[Es significativo] que, cuando participamos de la Santa Cena, no testificamos que tomamos sobre nosotros el nombre de Jesucristo, sino que estamos dispuestos a hacerlo (véase D. y C. 20:77). El hecho de que solo testifiquemos estar dispuestos a hacerlo indica que algo más debe verificarse antes de que en realidad tomemos sobre nosotros ese sagrado nombre en el sentido más trascendental.

“… el estar dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo se puede entender como el estar dispuestos a tomar sobre nosotros la autoridad de Jesucristo. Conforme a este significado, al participar de la Santa Cena, testificamos estar dispuestos a participar en las sagradas ordenanzas del templo y a recibir las supremas bendiciones asequibles por medio del nombre y de la autoridad del Salvador cuando Él disponga otorgárnoslas.

“… cuando testificamos que estamos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo, manifestamos nuestra promesa de hacer todo lo que podamos por alcanzar la vida eterna en el reino de nuestro Padre. Expresamos nuestra aspiración, o sea, nuestra determinación por lograr la exaltación en el Reino Celestial” (véase “El tomar sobre nosotros el nombre de Cristo”, Liahona, julio de 1985, págs. 77, 79).

Doctrina y Convenios 21: Antecedentes históricos adicionales

Después de las instrucciones del Señor para organizar Su Iglesia, el profeta José Smith reunió aproximadamente a sesenta creyentes en la casa de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Nueva York, el martes 6 de abril de 1830. José Smith y Oliver Cowdery organizaron la Iglesia de acuerdo con la voluntad de Dios y según las leyes del estado de Nueva York. La reunión consistió de oración, sostenimientos, ordenaciones, la administración de la Santa Cena y confirmaciones de aquellos que se habían bautizado previamente. En esa reunión, el Profeta recibió la revelación registrada en Doctrina y Convenios 21.

Doctrina y Convenios 21

Los miembros de la Iglesia deben dar oído a las palabras de José Smith

Doctrina y Convenios 21:1. Las responsabilidades de José Smith

Para los creyentes que se congregaron el día en que se organizó la Iglesia, el Señor describió los llamamientos divinos dados a Su siervo ordenado, José Smith. Se iba a conocer a José como “vidente, traductor, profeta, apóstol de Jesucristo, élder de la iglesia” (D. y C. 21:1; véanse también D. y C. 107:91–92; 124:125; 127:12; 135:3). Esas responsabilidades sagradas distinguieron a José Smith de todos los demás líderes religiosos de sus días. Ese poderoso profeta de los últimos días no iba a ser simplemente un oficial que presidiera; estaba autorizado por Dios para establecer la Iglesia del Señor y para traer a la luz la revelación de la palabra del Señor.

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Restoration Project: A Day for the Eternities

La Iglesia fue organizada el 6 de abril de 1830 en Fayette, Nueva York.

Doctrina y Convenios 21:1. “… se llevará entre vosotros una historia”

La importancia de llevar una historia se enfatizó en la revelación dada en la reunión de organización de la Iglesia. El élder Marlin K. Jensen, miembro de los Setenta y exhistoriador de la Iglesia, destacó que el mandamiento del Señor de llevar un registro permanece en la actualidad: “La historia de la Iglesia de Jesucristo y de Su pueblo merece que se recuerde. Las Escrituras dan gran prioridad a la historia de la Iglesia; de hecho, la historia de la Iglesia forma gran parte de las Escrituras. El mismo día en que se organizó la Iglesia, Dios mandó a José Smith: ‘He aquí, se llevará entre vosotros una historia’ [D. y C. 21:1]. José obedeció ese mandamiento al nombrar a Oliver Cowdery, el segundo élder de la Iglesia y su ayudante principal, como el primer historiador de la Iglesia. Llevamos registros para ayudarnos a recordar y, desde la época de Oliver hasta el presente, se ha llevado un registro del crecimiento y del progreso de la Iglesia. Ese extraordinario registro histórico nos recuerda que Dios ha abierto de nuevo los cielos y ha revelado verdades que instan a nuestra generación a actuar” (“Recuerda y no perezcas”, Liahona, mayo de 2007, pág. 37).

Doctrina y Convenios 21:4–6. “… porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia”

El Señor guía a Su pueblo por medio de Sus siervos escogidos. En abril de 1830, aquellos creyentes que llegarían a ser miembros de la Iglesia fueron instruidos a “[dar] oído” a las palabras y mandamientos del profeta José Smith como si vinieran de la boca del Señor (véase D. y C. 21:4–5). En otra revelación, el Señor explicó por qué el profeta podía ser considerado como el portavoz de Dios: “Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me disculpo; y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38).

El Señor también aconsejó a aquellos que llegarían a ser miembros de Su Iglesia a recibir las palabras del profeta José Smith “con toda fe y paciencia” (D. y C. 21:5). El presidente Harold B. Lee (1899–1973) explicó cómo ese pasaje se aplica a todos los miembros de la Iglesia en la actualidad: “La única seguridad que tenemos los miembros de esta Iglesia es hacer exactamente lo que el Señor dijo a la Iglesia el día en que esta fue organizada. Debemos aprender a prestar oídos y obedecer las palabras y los mandamientos que el Señor dará por conducto de Su profeta ‘según los reciba, andando delante de mí con toda santidad… con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca’ (D. y C. 21:4–5). Habrá algunas cosas que requieran paciencia y fe. Es posible que no les guste lo que dicen las Autoridades de la Iglesia. Puede que contradiga sus opiniones políticas o sociales. Puede que interfiera con su vida social. Pero si escuchan esas cosas como si viniesen de la propia boca del Señor, con paciencia y fe, la promesa es que ‘las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros; sí, y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudir los cielos para vuestro bien y para la gloria de su nombre’ (D. y C. 21:6)” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2001, pág. 92).

Doctrina y Convenios 22: Antecedentes históricos adicionales

Poco después de la organización de la Iglesia, algunas de las personas que deseaban unirse a la recién establecida Iglesia de Cristo tenían dificultades con el requisito de ser bautizadas nuevamente. El presidente Joseph Fielding Smith explicó: “La cuestión de la autoridad divina… no existía firmemente en su mente. Cuando desearon entrar a la Iglesia, tras haber recibido el testimonio de que José Smith hablaba la verdad, se preguntaron por qué era necesario que fueran bautizados nuevamente cuando habían cumplido con la ordenanza del bautismo por inmersión” (Church History and Modern Revelation, 1953, tomo I, pág. 109).

La revelación registrada en Doctrina y Convenios 22 se recibió el 16 de abril de 1830. Los primeros relatos escritos de esa revelación en ocasiones se incluyeron como parte de los Artículos y Convenios, probablemente porque la revelación aclara la doctrina del bautismo que se enseña en Doctrina y Convenios 20.

Doctrina y Convenios 22

El bautismo debe ser efectuado por aquellos que posean la debida autoridad

Doctrina y Convenios 22:1. “… un convenio nuevo y sempiterno”

El Señor respondió la pregunta respecto a la necesidad de que los nuevos miembros fuesen bautizados nuevamente al declarar que se había dado “un convenio nuevo y sempiterno” (D. y C. 22:1). Se hace referencia a la plenitud del Evangelio cuando un convenio nuevo y sempiterno es revelado en una nueva dispensación. El presidente Joseph Fielding Smith explicó:

“El convenio nuevo y sempiterno es la plenitud del Evangelio. Se compone de ‘todos los convenios, contratos, vínculos, compromisos, juramentos, votos, prácticas, uniones, asociaciones o aspiraciones’ que son sellados sobre los miembros de la Iglesia por el Santo Espíritu de la promesa, o el Espíritu Santo, mediante la autoridad del Presidente de la Iglesia, que posee las llaves…

“El matrimonio por la eternidad es un convenio nuevo y sempiterno. El bautismo también es un convenio nuevo y sempiterno, al igual que la ordenación al sacerdocio; y todo otro convenio es sempiterno y parte del convenio nuevo y sempiterno que abarca todas las cosas” (Answers to Gospel Questions, comp. de Joseph Fielding Smith, hijo, 1966, tomo I, pág. 65).

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Seneca Lake, New York

Muchos de los primeros santos fueron bautizados en el lago Seneca, cerca de Fayette, Nueva York (fotografía tomada entre 1897–1927).

Cortesía de la Biblioteca y los Archivos de Historia de la Iglesia

Doctrina y Convenios 22:2. “… no podéis entrar por la puerta estrecha por la ley de Moisés”

La “puerta estrecha” se refiere al bautismo (véase 2 Nefi 31:17–18). En la revelación registrada en Doctrina y Convenios 22, el Señor comparó a las personas que desean unirse a Su Iglesia restaurada sin volverse a bautizar con aquellas que confiaron en la Ley de Moisés sin tener fe en Jesucristo. Usando esa comparación, el Señor recalca la necesidad de abandonar las prácticas religiosas “muertas” (D. y C. 22:3) —incluso los bautismos efectuados sin la autoridad del sacerdocio— que no nos pueden salvar, y adoptar el nuevo y sempiterno convenio del Evangelio, tal como los primeros judíos conversos al cristianismo tuvieron que hacerlo.