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Capítulo 11: Doctrina y Convenios 26–28


Capítulo 11

Doctrina y Convenios 26–28

Introducción y cronología

Tras la organización de la Iglesia, el profeta José Smith viajó en varias ocasiones de Harmony, Pensilvania, a las ramas de la Iglesia en Nueva York, para fortalecer a los miembros y edificar la Iglesia. Eso causaba que hubiera poco tiempo para que atendiera su granja y proveyera para sus necesidades materiales. En julio de 1830, el Señor dio una revelación en la que instruyó a José Smith, Oliver Cowdery y John Whitmer respecto a cómo debían usar su tiempo mientras se preparaban para una conferencia de la Iglesia que tendría lugar en el otoño. Esa revelación, registrada en Doctrina y Convenios 26, brindó guía en asuntos tanto espirituales como temporales y brindó mayor instrucción con respecto al principio del común acuerdo en la Iglesia.

Mientras se encontraba en Harmony, en agosto de 1830, José Smith fue a obtener vino para la Santa Cena y se encontró con un mensajero celestial. Se instruyó al Profeta respecto a los emblemas de la Santa Cena, así como a la importancia de ponerse toda la armadura de Dios. La instrucción que recibió se encuentra registrada en Doctrina y Convenios 27.

A causa del incremento de la persecución en Harmony, Pensilvania, José y Emma Smith aceptaron la invitación de Peter Whitmer, padre, de vivir con su familia nuevamente en Fayette, Nueva York. Al llegar, a principios de septiembre de 1830, el Profeta se enteró de que Hiram Page afirmaba estar recibiendo revelación para la Iglesia por medio de una piedra. José preguntó al Señor y recibió la revelación registrada en Doctrina y Convenios 28, en la que el Señor aclaró el orden para recibir revelación para la Iglesia.

Junio de 1830

La persecución del populacho en Colesville, Nueva York, impide que los conversos recién bautizados sean confirmados.

Junio de 1830

José Smith comienza la traducción inspirada de la Biblia dictando las “Visiones de Moisés” (Moisés 1).

Julio de 1830

Se recibe Doctrina y Convenios 26.

Agosto de 1830

Se recibe Doctrina y Convenios 27.

Agosto de 1830

Hiram Page afirma recibir revelación para la Iglesia.

Principios de septiembre de 1830

José y Emma Smith se mudan a Fayette, Nueva York.

Septiembre de 1830

Se recibe Doctrina y Convenios 28.

26–28 de septiembre de 1830

La segunda conferencia de la Iglesia tiene lugar en Fayette, Nueva York.

Octubre de 1830

Oliver Cowdery y otros salen a una misión entre los lamanitas.

Doctrina y Convenios 26: Antecedentes históricos adicionales

Tras la publicación del Libro de Mormón y la organización de la Iglesia, el profeta José Smith viajaba frecuentemente de su casa en Harmony, Pensilvania, a visitar a los miembros de las tres ramas de la Iglesia en Nueva York (Manchester, Fayette y Colesville). En Colesville, Nueva York, algunos de los miembros que recién se habían bautizado no habían sido confirmados tras su bautismo a causa de la persecución del populacho y del arresto del Profeta por acusaciones falsas de ser una “persona agitadora y de estar alborotando la región con su prédica del Libro de Mormón” (José Smith, en History of the Church, tomo I, pág. 88). En julio de 1830, el Señor instruyó al profeta José Smith, a Oliver Cowdery y a John Whitmer que regresaran a Colesville y confirmaran a las personas que se habían bautizado ahí (véase D. y C. 26:1). Newel Knight registró: “Esa revelación fue de gran consolación para el pequeño grupo de hermanos y hermanas en Colesville, después de haber sido abandonados de cuando en cuando por los siervos de Dios a consecuencia de la maldad de los inicuos que constantemente buscaban destruir la obra de Dios en la tierra” (Newel Knight autobiography, aproximadamente 1871, págs. 114–115, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City).

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Doctrine and Covenants Student Manual 2017 (Religion 324-325)

Doctrina y Convenios 26

El Señor instruye a Sus siervos respecto al principio del común acuerdo

Doctrina y Convenios 26:1. Las instrucciones del Señor para la siguiente conferencia

El Señor había instruido previamente a los santos: “… deben reunirse en conferencia cada tres meses, o de cuando en cuando, de conformidad con lo que determine y señale dicha conferencia” (D. y C. 20:61). La primera conferencia de la Iglesia tuvo lugar en Fayette, Nueva York, el 9 de junio de 1830. En julio de 1830, cuando el profeta José Smith vivía en su casa en Harmony, Pensilvania, el Señor indicó que se acercaba el tiempo en el que José debía “salir hacia el oeste para celebrar la próxima conferencia” (D. y C. 26:1). Esa conferencia tuvo lugar del 26 al 28 de septiembre de 1830, en Fayette, que se encuentra aproximadamente a 161 kilómetros al noroeste de Harmony.

Doctrina y Convenios 26:1. “… dedicaréis vuestro tiempo al estudio de las Escrituras”

Durante la traducción del Libro de Mormón, el profeta José Smith aprendió que “muchas cosas claras y preciosas” (1 Nefi 13:28) se habían perdido de la Biblia y que esas verdades algún día serían restauradas (véase 1 Nefi 13:28, 32).

Aparte de las verdades que se enseñan en el Libro de Mormón, la traducción inspirada de la Biblia que hizo José Smith y otras revelaciones han ayudado a restaurar las verdades perdidas. En octubre de 1829, José Smith y Oliver Cowdery compraron una Biblia a E. B. Grandin en Palmyra, Nueva York, que es la que se usó durante la traducción inspirada de la Biblia. En junio de 1830, cuando José comenzó su traducción de la Biblia mediante revelación, dictó las “Visiones de Moisés”, lo que ahora es Moisés 1 en la Perla de Gran Precio. Aunque se desconoce dónde se encontraban José y Oliver cuando se recibió esa revelación, el Profeta luego registró “que en medio de todas las pruebas y las tribulaciones por las que tuvimos que pasar, el Señor, que conocía bien nuestra situación inexperta y delicada, nos dio fortaleza y nos concedió ‘línea por línea de conocimiento; un poco aquí y un poco allí’ [véase 2 Nefi 28:30], de lo cual lo siguiente [Moisés 1] es una preciada porción” (en History of the Church, tomo I, pág. 98).

Es posible que la indicación del Señor de “[dedicar] vuestro tiempo al estudio de las Escrituras” (D. y C. 26:1) fuera una instrucción dada a José para continuar con su traducción inspirada de la Biblia que se conoce en la actualidad como la Traducción de José Smith de la Biblia (véase Robert J. Matthews, “A Plainer Translation”: Joseph Smith’s Translation of the Bible, a History and Commentary, 1975, pág. 27).

Doctrina y Convenios 26:2. “… y todas las cosas se harán de común acuerdo en la iglesia”

El principio del común acuerdo se implementó por primera vez en esta dispensación cuando se organizó la Iglesia, el 6 de abril de 1830. Se pidió a los creyentes que estaban congregados en la casa de Peter Whitmer, padre, que dieran su consentimiento de que José Smith debía servir como el primer élder que presidiera la Iglesia y que Oliver Cowdery debería presidir bajo la dirección de José, como el segundo élder. La práctica del común acuerdo ha continuado en la Iglesia desde ese tiempo; demuestra la creencia en el principio de que cada persona es libre de expresar su conformidad o disconformidad respecto a sostener a aquellos que son llamados a cargos en el Reino de Dios aquí en la tierra. El principio del común acuerdo se reafirmó en varias revelaciones en Doctrina y Convenios (véanse D. y C. 26:2; 28:13; 38:34; 42:11; 104:71–72, 85; 124:144).

El presidente Russell M. Nelson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó lo que significa para nosotros en la actualidad sostener a nuestros líderes:

“Con frecuencia cantamos: ‘Te damos, Señor, nuestras gracias que mandas… profetas’ [“Te damos, Señor, nuestras gracias”, Himnos, nro. 10]. ¿Entendemos en realidad lo que eso significa? Imaginen el privilegio que el Señor nos ha dado de sostener a Su profeta, cuyos consejos serán puros, francos, que no provendrán de ninguna aspiración personal, y que ¡serán totalmente ciertos!

“¿Cómo sostenemos verdaderamente a un profeta? Mucho antes de que fuera Presidente de la Iglesia, el presidente Joseph F. Smith explicó: ‘Los santos que… [sostienen] a las autoridades de la Iglesia tienen sobre sí el importante deber de hacerlo no solo levantando la mano, la mera formalidad, sino en acción y en verdad’ [Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1998, pág. 227, cursiva agregada]” (“Sostengamos a los profetas”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 74).

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Restoration Project: A Day for the Eternities

El Señor mandó a los santos diciendo que “todas las cosas se harán de común acuerdo” en la Iglesia (D. y C. 26:2).

El presidente Joseph Fielding Smith (1876–1972) enseñó que el propósito del voto de sostenimiento no es expresar preferencia personal respecto a aquellos que el Señor ha llamado debidamente: “El sacerdocio selecciona, bajo la inspiración de nuestro Padre Celestial, y entonces es el deber de los Santos de los Últimos Días, mientras se encuentran reunidos en conferencia o en alguna otra reunión, sostener o rechazar levantando en alto la mano; y yo entiendo que ningún hombre tiene el derecho de levantar su mano en oposición, o para votar contrariamente, a menos que tenga alguna razón para hacer tal cosa que sea válida al presentarse ante aquellos que están a la cabeza. En otras palabras, ningún derecho tengo yo de levantar mi mano para oponerme a un hombre a quien se esté llamando a ocupar algún cargo en esta Iglesia simplemente porque no me caiga bien, o por motivo de algún desacuerdo o sentimiento personal que yo pueda tener, sino únicamente con base en que es culpable de haber hecho lo malo, culpable de transgredir las leyes de la Iglesia, cosa que lo incapacitaría para el cargo que se le llama a ocupar” (véase Doctrina de Salvación, comp. por Bruce R. McConkie, 1979, tomo III, pág. 117).

Después de que los miembros de la Iglesia sostuvieron por primera vez al presidente Thomas S. Monson como el Presidente de la Iglesia, el élder Robert D. Hales, del Cuórum de los Doce Apóstoles, recalcó la naturaleza concerniente a un convenio que tiene la ley del común acuerdo en la Iglesia. Enseñó que cuando levantamos nuestras manos en escuadra no es “solo un voto”, sino más que eso; “nos comprometimos en forma privada y personal, hicimos convenio de sostener y defender las leyes, las ordenanzas, los mandamientos y al profeta de Dios” (véase “Cómo obtener un testimonio de Dios el Padre, de Su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo”, Liahona, mayo de 2008, pág. 29).

Doctrina y Convenios 27: Antecedentes históricos adicionales

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Pickerel Pond

Emma Smith fue bautizada cerca de la laguna Pickerel, en la granja de Joseph Knight, en Colesville, Nueva York (fotografía aproximadamente 1907).

Cortesía de la Biblioteca y los Archivos de Historia de la Iglesia

Antes de que el profeta José Smith pudiera regresar a Colesville, Nueva York, Newel y Sally Knight fueron a visitarlo a él y a su esposa Emma, a Harmony, Pensilvania, en agosto de 1830. A causa de la persecución del populacho en junio, ni Sally Knight ni Emma Smith habían sido confirmadas miembros de la Iglesia, y no se les había dado el don del Espíritu Santo. Antes de que los Knight regresaran a su casa, las parejas decidieron participar de la Santa Cena juntas y llevar a cabo las confirmaciones. José escribió: “Salí para buscar algo de vino para la ocasión, pero solo había recorrido una corta distancia cuando me visitó un mensajero celestial (en The Joseph Smith Papers, Histories, tomo I, Joseph Smith Histories, 1832–1844, ed. por Karen Lynn Davidson y otros, 2012, pág. 428). José recibió del mensajero las instrucciones registradas en Doctrina y Convenios 27.

José regresó a casa y, tras preparar el vino hecho por ellos, aquellos que estaban presentes tuvieron una pequeña reunión y participaron de la Santa Cena; y Emma y Sally fueron confirmadas. Tiempo después, el Profeta registró que “el Espíritu del Señor se derramó sobre nosotros, [y] alabamos a Jehová Dios y nos regocijamos en extremo” (en The Joseph Smith Papers, Histories, tomo I: Joseph Smith Histories, 1832–1844, pág. 432).

Doctrina y Convenios 27:1–4

Se enseñan a José Smith verdades concernientes a los emblemas de la Santa Cena

Doctrina y Convenios 27:1–4. “… no importa lo que comáis o bebáis al tomar el sacramento”

Las oraciones sacramentales registradas en las Escrituras indican que el vino se usaba para recordar a los creyentes la sangre del Salvador, que fue derramada por ellos (véanse Moroni 5; D. y C. 20:40, 78–79). Se usó vino para la Santa Cena en la organización de la Iglesia el 6 de abril de 1830. El mensajero celestial que habló al profeta José Smith en agosto de 1830 dijo que el vino no era necesario para conmemorar el sacrificio del Señor siempre que participáramos “con la mira puesta únicamente en [Su] gloria” (D. y C. 27:2). Se advirtió a José de manera específica que no comprara vino ni bebidas alcohólicas a los enemigos de la Iglesia para usarlas en la Santa Cena, sino que debía usar vino hecho por él. Incluso después de que se recibiera la Palabra de Sabiduría en 1833, el uso de agua en vez de vino no fue adoptado al inicio en todas partes. Sin embargo, en la actualidad, en la Iglesia solo se usa agua para la Santa Cena.

Cuando no hay pan para usar en la Santa Cena, se puede usar algún sustituto apropiado. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, los Santos de los Últimos Días europeos en ocasiones usaron papas [patatas] o cáscaras de estas para la Santa Cena (véase Ezra Taft Benson, en Conference Report, octubre de 1952, pág. 120).

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JOSEPH SMITH CABIN, HARMONY PENNSYLVANIA, AARONIC PRIESTHOOD SITE

Interior de la casa reconstruida de José y Emma Smith en Harmony, Pensilvania, donde recibieron a Newel y Sally Knight en agosto de 1830.

Doctrina y Convenios 27:2. “… tomar el sacramento… con la mira puesta únicamente en mi gloria”

Participar en la ordenanza de la Santa Cena para conmemorar la expiación de Jesucristo debería ser la parte más importante de nuestra adoración en el día de reposo. Nuestro deber de recordar el sacrificio del cuerpo y la sangre del Salvador al participar de la Santa Cena fue descrito por el ángel que se apareció al profeta José Smith (véase D. y C. 27:2). De manera específica, debemos “tomar el sacramento… con la mira puesta únicamente en…[la] gloria [del Señor]” (véase D. y C. 27:2). “Con la mira” significa estar más enfocados espiritualmente en el Salvador y Su obra de redención. El élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, nos recuerda cuán fácil es distraernos del verdadero propósito de la Santa Cena:

“La ordenanza de la Santa Cena hace que la reunión sacramental sea la más sagrada e importante de la Iglesia. Es la única reunión del día de reposo a la que toda la familia puede asistir junta…

“Durante el servicio de la Santa Cena, debemos concentrarnos en la adoración y, en especial, abstenernos de cualquier conducta que podría interferir en la adoración que lleven a cabo los demás… La reunión sacramental no es un momento para leer libros ni revistas. Jóvenes, no es un momento para cuchicheos en teléfonos celulares ni para enviar mensajes de texto a otras personas. Cuando tomamos la Santa Cena, hacemos el convenio sagrado de que siempre recordaremos al Salvador. ¡Qué triste es ver a alguien violar ese convenio precisamente en la misma reunión en la que hace dicho convenio!” (“La reunión sacramental y la Santa Cena”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 17–19).

Doctrina y Convenios 27:5–18

El Señor describe una gran reunión en los últimos días con Sus siervos de todas las dispensaciones para participar de la Santa Cena

Doctrina y Convenios 27:5–14. “… beberé del fruto de la vid con vosotros en la tierra”

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Jesucristo prometió que vendría el tiempo en el que Él “bebe[rá] del fruto de la vid” nuevamente con Sus discípulos, como lo hizo durante la Última Cena (D. y C. 27:5).

Cuando el Salvador se reunió con Sus discípulos en Jerusalén para comer la Pascua e instituyó la ordenanza de la Santa Cena, les informó que “no bebe[ría] más del fruto de la vid hasta que el reino de Dios venga” (Lucas 22:18; véanse también Mateo 26:29; Marcos 14:25). Esa profecía prevé el tiempo en el que Jesucristo participará de la Santa Cena como parte de los acontecimientos relacionados con Su regreso a la tierra en gloria. En agosto de 1830, el presidente José Smith llegó a saber que no solamente los profetas de la antigüedad se reunirían para participar de los emblemas de la Santa Cena con el Salvador, sino que también estarían “todos aquellos que [Su] Padre [le] ha dado de entre el mundo” (véase D. y C. 27:14), lo que significa: todos los miembros fieles de la Iglesia que vengan a Cristo y perseveren hasta el fin.

El élder Bruce R. McConkie (1915–1985), del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó quiénes tendrán el privilegio de participar en ese acontecimiento importante: “Jesús va a participar de la Santa Cena nuevamente con sus discípulos mortales en la tierra, pero no será únicamente con los mortales. Él nombra a otros que estarán presentes y que participarán en la sagrada ordenanza [véase D. y C. 27:5–14]… En un día futuro en esta tierra, la Santa Cena se repartirá cuando el Señor Jesús esté presente y cuando todos los justos de todas las épocas se encuentren presentes. Eso, claro está, será parte del gran concilio que tendrá lugar en Adán–ondi–Ahmán” (The Millennial Messiah: The Second Coming of the Son of Man, 1982, pág. 587). Respecto a ese acontecimiento, el élder McConkie también enseñó: “Toda persona fiel que haya sido parte de la historia del mundo, toda persona que haya vivido de forma tal que se haya hecho merecedora de la vida eterna en el reino del Padre estará presente y participará con el Señor de la Santa Cena” (The Promised Messiah: The First Coming of Christ, 1978, pág. 595).

Doctrina y Convenios 27:5–13. Las llaves del sacerdocio

Doctrina y Convenios 27:5–13 contiene una lista de algunos de los profetas y apóstoles de la antigüedad que tuvieron llaves del sacerdocio de autoridad y que algún día participarán de la Santa Cena con el Salvador. La restauración de esas llaves del sacerdocio en los últimos días fue esencial para el establecimiento de la dispensación del cumplimiento de los tiempos. El profeta José Smith (1805–1844) explicó:

“Dios propuso en Sí mismo que no hubiese una plenitud eterna sino hasta que se cumplieran todas las dispensaciones y fueran reunidas en una…

“Todas las ordenanzas y los deberes que jamás haya requerido el sacerdocio, bajo la dirección y los mandamientos del Todopoderoso, en cualquiera de las dispensaciones, se hallarán en la última dispensación; por consiguiente, todo lo que haya existido bajo la autoridad del sacerdocio en cualquier época anterior se tendrá de nuevo, con lo que se efectuará la restauración de la que han hablado todos los santos profetas” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 544).

El élder Bruce R. McConkie testificó que las llaves de la autoridad del sacerdocio se transmitieron a José Smith y a los profetas y apóstoles subsecuentes de nuestra dispensación: “… [Dios] ha vuelto a restaurar en estos, los últimos días, la plenitud de Su evangelio eterno para la salvación de todos los hombres de la tierra que crean en Él y lo obedezcan. Testificamos también que Él llamó a José Smith para que fuera Su profeta de los últimos días, el primer y principal Apóstol de la dispensación del cumplimiento de los tiempos, y le ha dado todas las llaves, el sacerdocio y el poder que poseían Pedro y los Apóstoles y los antiguos profetas en los días de sus ministerios. Testificamos que esas llaves y el santo apostolado se han transmitido [a través de cada Presidente de la Iglesia hasta el presente]; y ese santo apostolado y esas llaves continuarán de un Apóstol a otro hasta que el Señor Jesucristo venga en las nubes del cielo para reinar en persona sobre la tierra… Su nombre es el único nombre por el cual viene la salvación y… nosotros somos Sus ministros” (véase “Sobre esta roca…”, Liahona, agosto de 1981, pág. 129).

Doctrina y Convenios 27:15–18. “… tomad sobre vosotros toda mi armadura”

El apóstol Pablo advirtió a los santos efesios: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11; véase Efesios 6:11–18), y el mismo consejo se dio a los Santos de los Últimos Días (véase D. y C. 27:15–18). El presidente Harold B. Lee (1899–1973) explicó algunos de los significados simbólicos de la armadura de Dios y lo que debemos procurar proteger si nos vamos a poner toda la armadura de Dios: “Tenemos las cuatro partes del cuerpo que el apóstol Pablo dijo o vio que eran las más vulnerables a los poderes de la tinieblas: Los lomos, que representan la virtud, la castidad; el corazón, que representa nuestra conducta; los pies, nuestras metas u objetivos en la vida; y, finalmente, la cabeza, nuestros pensamientos” (Feet Shod with the Preparation of the Gospel of Peace, Brigham Young University Speeches of the Year, 9 de noviembre de 1954, pág. 2).

La declaración del Señor: “… alzad vuestros corazones y regocijaos, y ceñid vuestros lomos y tomad sobre vosotros toda mi armadura” (D. y C. 27:15) sigue a Su promesa de que no solo Sus siervos de las dispensaciones anteriores estarán presentes en la gran reunión sacramental cuando Él regrese a la tierra, sino también “todos aquellos que mi Padre me ha dado de entre el mundo” (D. y C. 27:14). Eso muestra una conexión importante entre ponernos la armadura de Dios y estar preparados y dignos para encontrarnos entre aquellos que se reunirán con el Salvador antes de Su regreso en gloria a la tierra.

Doctrina y Convenios 28: Antecedentes históricos adicionales

El día en que la Iglesia fue organizada, el Señor mandó a los miembros de Su Iglesia: “… daréis oído a todas [las] palabras y mandamientos [del Profeta]… porque recibiréis su palabra… como si viniera de mi propia boca” (D. y C. 21:4–5). Sin embargo, tomó tiempo para que los miembros de la Iglesia comprendieran completamente el significado de esa doctrina. En el verano de 1830, Oliver Cowdery escribió al profeta José Smith para informarle que sentía que había un error en uno de los mandamientos que se encuentra en el pasaje que ahora está registrado como Doctrina y Convenios 20:37, y mandó al Profeta cambiar algunas palabras.

José Smith explicó: “Le escribí una respuesta inmediatamente, preguntándole qué autoridad creía tener para sentir que tenía el derecho de mandarme alterar o borrar, agregar o quitar algo de una revelación o mandamiento del Dios Todopoderoso. Pocos días después, cuando lo visité a él y a la familia del señor Whitmer, descubrí que la opinión general de la familia [era la de Oliver]… y tuve que emplear gran esfuerzo y perseverancia con todos ellos a fin de conseguir que razonaran con calma sobre el tema… Logré finalmente que no solo la familia Whitmer, sino también Oliver Cowdery reconociera que habían estado en error” (en The Joseph Smith Papers, Histories, tomo I, Joseph Smith Histories, 1832–1844, pág. 426).

A principios de septiembre de 1830, ocurrió otro serio desafío en cuanto al orden del Señor para recibir revelación en Su Iglesia. Como resultado de la creciente persecución en Harmony, Pensilvania, José y Emma Smith se mudaron a la casa de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Nueva York. Al llegar, José se enteró de que Hiram Page decía haber recibido revelaciones por medio de una piedra. Abundaba el apoyo y entusiasmo entre los Whitmer y Oliver Cowdery respecto a las supuestas revelaciones.

Newel Knight, que había llegado a Fayette para asistir a la segunda conferencia de la Iglesia compartió lo siguiente:

“A mi llegada, encontré al hermano José en gran angustia mental respecto a [Hiram] Page, quien había logrado que surgieran algunos sentimientos de disensión entre los hermanos al dar revelaciones respecto al gobierno de la Iglesia y otros asuntos, las que aseguraba haber recibido por medio de una piedra que poseía. Tenía gran cantidad de papeles llenos de esas revelaciones y muchos de la Iglesia fueron desviados por ellas. Incluso Oliver Cowdery y la familia Whitmer habían dado oído a ellos, aunque estaban en contradicción con el Nuevo Testamento y las revelaciones de estos últimos días. Esa era una oportunidad para que Satanás obrara entre el pequeño rebaño, y buscó por ese medio lograr lo que la persecución no pudo hacer. José estaba perplejo y no sabía cómo hacer frente a esa nueva exigencia [emergencia]. Esa noche usé la misma habitación que él, y la mayor parte de la noche la pasamos en oración y súplica. Tras trabajar mucho con esos hermanos, se convencieron de su error y lo confesaron, reconociendo que las revelaciones no provenían de Dios y que Satanás había conspirado para derribar su creencia en el Plan de Salvación verdadero. A consecuencia de esto, José preguntó al Señor antes de que la conferencia comenzara y recibió la revelación [registrada en Doctrina y Convenios 28], en la que Dios explícitamente declara Su voluntad y postura respecto a recibir revelación.

“Cuando nos reunimos para la conferencia, la primera cosa que se hizo fue considerar el asunto de la piedra concerniente a [Hiram] Page, y tras considerable investigación y análisis, el hermano Page y todos los miembros de la Iglesia presentes renunciaron a la piedra y a las revelaciones que tenían que ver con ella, para nuestro gozo y satisfacción…

“Durante ese tiempo, tuvimos mucho del poder de Dios manifestado entre nosotros y fue maravilloso atestiguar la sabiduría que José demostró en esa ocasión, ya que Dios verdaderamente le dio gran sabiduría y poder y, me parece incluso ahora, que nadie que lo hubiera visto impartir justicia bajo tales circunstancias de prueba podría dudar de que el Señor estaba con él, ya que no actuó con la sabiduría de un hombre, sino con la sabiduría de Dios” (“Newel Knight’s Journal”, en Scraps of Biography, 1883, tomo X, págs. 64–65).

Doctrina y Convenios 28

Oliver Cowdery aprende que solo el Presidente de la Iglesia puede recibir revelación para toda la Iglesia

Doctrina y Convenios 28:1–7. La revelación sigue la debida línea de autoridad

En la revelación registrada en Doctrina y Convenios 28, que fue dada por medio del profeta José Smith a Oliver Cowdery, el Señor dio el orden correcto de la revelación en la Iglesia. Aunque Oliver fue ordenado como el segundo élder de la Iglesia, su función no era recibir revelaciones o escribir mandamientos para la Iglesia; tampoco era mandar a José Smith, quien estaba a la cabeza de la Iglesia. En vez de ello, Oliver debía seguir el modelo que se encontraba en el ejemplo de Aarón “para declarar fielmente a la iglesia los mandamientos y las revelaciones” (D. y C. 28:3) que habían sido dados al profeta del Señor. Como Moisés, José Smith era el profeta que había recibido las llaves del reino en sus días. Sin embargo, a Oliver se le prometió que él sería guiado por el Consolador y sería bendecido con poder y autoridad a medida que enseñara las cosas que se habían revelado al profeta José Smith.

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Restoration Project: A Day for the Eternities 226

El Señor comparó a José Smith y a Oliver Cowdery con Moisés y Aarón (véase D. y C. 28:2–3).

El presidente Joseph Fielding Smith explicó: “Era muy necesario que Oliver Cowdery recibiera esa admonición, ya que era propenso a diferir con el Profeta, incluso tratándose de asuntos concernientes a la revelación. De ese desagradable incidente derivaron muchas cosas buenas, ya que se enseñó a los miembros que había un orden en la Iglesia y que solo una persona estaba designada para recibir mandamientos y revelaciones para guiarlos, y que él era la persona a la que Dios había llamado” (Church History and Modern Revelation, 1953, tomo I, pág. 135).

Al hablar acerca del orden correcto de la revelación, el profeta José Smith enseñó: “Es contrario a la economía de Dios que un miembro de la Iglesia, o cualquier otro, reciba instrucciones para los que poseen una autoridad mayor que la de ellos… mas si una persona tiene una visión o recibe la visita de un mensajero celestial, debe ser para su propio beneficio e instrucción, porque los principios, gobierno y doctrina fundamentales de la Iglesia son investidos con las llaves del reino” (Enseñanzas: José Smith, pág. 208). En una ocasión posterior, él declaró: “Los Presidentes o la [Primera] Presidencia están sobre la Iglesia, y las revelaciones de la disposición y voluntad de Dios para la Iglesia deben venir por medio de la Presidencia. Tal es el orden celestial, así como el poder y privilegio del sacerdocio [de Melquisedec]. Cualquiera de los oficiales de esta Iglesia también tiene el privilegio de recibir revelaciones, en lo que respecta a su particular llamamiento y deber en la Iglesia” (Enseñanzas: José Smith, pág. 208).

El élder Dallin H. Oaks describió cómo ese orden de revelación continúa hoy en la Iglesia: “La casa de nuestro Padre Celestial es una casa de orden, en donde a Sus siervos se les manda ‘obrar con toda diligencia en el oficio al cual fue[ren] nombra[dos]’ (véase D. y C. 107:99). Ese principio se aplica a la revelación. Solamente el Presidente de la Iglesia recibe revelación para guiar a la Iglesia entera. Solamente el presidente de la estaca recibe revelación para tener guía especial para la estaca. La persona que recibe revelación para el barrio es el obispo. En el caso de una familia, se trata del liderazgo del sacerdocio de la familia. Los líderes reciben revelación para sus propias mayordomías. Las personas reciben revelación para guiar su propia vida. Pero cuando una persona declara que ha recibido revelación para guiar a otra que no está bajo su mayordomía —como, por ejemplo, que un miembro de la Iglesia afirme haber recibido revelación para guiar la Iglesia entera, o que una persona diga que la ha recibido para guiar a otra sobre la cual no tiene ninguna autoridad de presidencia, según el orden de la Iglesia—, se puede estar seguro de que tal revelación no proviene del Señor” (“Revelation” [devocional pronunciado en la Universidad Brigham Young, 29 de septiembre de 1981], pág. 7, speeches.byu.edu).

Doctrina y Convenios 28:8–10, 14–16. Oliver Cowdery es llamado a una misión entre los lamanitas

Oliver Cowdery fue llamado para dirigir una misión entre los lamanitas (véase D. y C. 28:8–10, 14–16; véanse también D. y C. 30:5–6; 32:1–3). El término lamanitas se refiere a un grupo de personas del Libro de Mormón, muchas de las cuales descendían de Lamán, el hijo mayor de Lehi. El uso que hace el Señor del término lamanitas en Doctrina y Convenios 28:9 indica que algunos de los descendientes de Lehi se encontraban entre los amerindios que, en ese tiempo, vivían en lo que se consideraba la frontera occidental de los Estados Unidos. En mayo de 1830, el Congreso de los EE. UU. aprobó la Ley de Traslado Forzoso de los Indios, que obligaba a los indígenas nativos a mudarse al Territorio indígena federal al oeste del estado de Misuri. De modo que, Oliver Cowdery y sus compañeros viajaron hasta el oeste de Misuri, “en las fronteras cerca de los lamanitas” (D. y C. 28:9), para enseñar el Evangelio a esos pueblos indígenas.

El Libro de Mormón no afirma que todos los indígenas nativos descendían exclusivamente de la familia de Lehi. El presidente Anthony W. Ivins (1852–1934), de la Primera Presidencia, dijo: “Debemos ser cuidadosos con las conclusiones a las que llegamos. El Libro de Mormón enseña la historia de tres pueblos distintos… que llegaron del Viejo Mundo a este continente. No nos dice que no había nadie aquí antes de ellos, ni nos dice que no vinieron otros pueblos después de ellos. Entonces, si se hacen descubrimientos que sugieren diferencias en el origen de las razas, eso se puede explicar de forma sencilla y razonable, pues nosotros sí creemos que otros pueblos vinieron a este continente” (en Conference Report, abril de 1929, pág. 15).

Doctrina y Convenios 28:9. “… se edificará la ciudad de Sion… en las fronteras cerca de los lamanitas”

Después que se publicó el Libro de Mormón, los santos se familiarizaron con las profecías respecto a la Sion de los últimos días, la Nueva Jerusalén que sería edificada en el continente americano (véanse 3 Nefi 20:22; 21:22–23; Éter 13:4–8). Era natural que los santos preguntaran sobre su ubicación. En el verano de 1830, Hiram Page buscó descubrir la ubicación de la ciudad de Sion de los últimos días por medio de una piedra que él creía que le permitía recibir revelación. Sin embargo, con el tiempo se convenció de que había sido engañado por Satanás y renunció a sus supuestas “revelaciones”. Junto con el llamado a Oliver Cowdery a predicar el Evangelio a los lamanitas, el Señor indicó que la ubicación de la ciudad de Sion “será en las fronteras cerca de los lamanitas” (D. y C. 28:9). Meses después, se dijo que la ubicación de la ciudad de Sion sería en Misuri (véase el comentario sobre Doctrina y Convenios 57:1–3 de este manual).

Doctrina y Convenios 28:11–14. “… Satanás lo engaña”

El problema de la controversia creada por Hiram Page fue su suposición de que el Señor le permitiría obtener revelación que no era su privilegio recibir. Esa suposición permitió más tarde que fuera engañado e influenciado por Satanás. La familia Whitmer y otros en la región de Fayette, Nueva York, incluso Oliver Cowdery, quienes creyeron las afirmaciones de Hiram Page, también fueron engañados de manera similar. Según Doctrina y Convenios 28, Oliver fue asignado a corregir a Hiram Page y enseñarle principios verdaderos. El profeta José Smith registró que, en la conferencia de septiembre de 1830, “el hermano Page, así como todos los miembros de la Iglesia que estaban presentes, renunciaron a la mencionada piedra y a todas las cosas relacionadas con el asunto” (en The Joseph Smith Papers, Histories, tomo I, Joseph Smith Histories, 1832–1844, pág. 452).

El presidente James E. Faust (1920–2007), de la Primera Presidencia, testificó que el Presidente de la Iglesia es la única persona que puede recibir revelación para toda la Iglesia y explicó cómo eso brinda orden y protección para los Santos de los Últimos Días:

“Algunos han dicho tener dones espirituales o autoridad más elevados y aparte de la autoridad establecida del sacerdocio de la Iglesia; dicen que creen en los principios y ordenanzas del Evangelio y que aceptan al Presidente de la Iglesia como el administrador legal de todo eso, pero afirman tener un orden más elevado que el del Presidente; hacen esto, por lo general, para justificar un hecho que no está de acuerdo con la doctrina de la Iglesia. No obstante, no existe un orden más elevado, porque el Presidente de la Iglesia posee y ejerce todas las llaves del Reino de Dios sobre la tierra. El Señor dijo del Presidente de la Iglesia ‘que ningún otro será nombrado [para que reciba mandamientos y revelaciones] sino por medio de él’ [véase D. y C. 43:4]…

“La revelación continua y el liderazgo de la Iglesia provienen del Presidente de la Iglesia, quien nunca desviará a los miembros” (véase “La voz profética”, Liahona, julio de 1996, págs. 4, 6).

Doctrina y Convenios 28:11. “… las cosas que él ha escrito mediante esa piedra no son mías”

A comienzos del siglo XIX, en el noroeste del estado de Nueva York, muchas personas creían que se podía recibir conocimiento de forma sobrenatural a través de un instrumento como una piedra o una vara de adivinación. Hiram Page afirmaba que aparecían palabras en la piedra que poseía. Decía que luego de dictar las palabras y hacer que se escribieran en papel, estas desaparecían de la piedra y otras aparecían en su lugar (véase The Joseph Smith Papers, Documents, tomo I, julio de 1828–junio de 1831, ed. por Michael Hubbard MacKay y otros, 2013, pág. 184). El Señor negó las falsas revelaciones de Hiram Page.

Además de utilizar el Urim y Tumim, el profeta José Smith pudo haber usado una piedra vidente que encontró en su juventud para traducir una porción del Libro de Mormón. Existen varias posibilidades sobre el modo en que el Profeta usó el Urim y Tumim para traducir el Libro de Mormón y sobre otros detalles particulares del proceso de traducción, pero el élder Neal A. Maxwell (1926–2004), del Cuórum de los Doce Apóstoles, afirmó: “Sencillamente no conocemos los detalles” (“By the Gift and Power of God”, Ensign, enero de 1997, pág. 39). Una diferencia muy importante entre José Smith y Hiram Page es que Dios llamó a José Smith para llevar a cabo la obra de traducción y recibir revelación para la Iglesia (véase D. y C. 21:1–6). En cambio, el Señor declaró claramente que Satanás estaba engañando a Hiram Page y a quienes creían en las palabras que Hiram dictaba (véase D. y C. 28:11).

El presidente James E. Faust nos advirtió que evitemos actividades que puedan invitar la influencia de Satanás en nuestra vida:

“Satanás no es un tema edificante. Yo lo considero el gran imitador…

“No es sensato cultivar la curiosidad por Satanás y sus misterios. El acercarse al mal no depara nada bueno. Resulta muy fácil quemarse, como cuando se juega con fuego… El único camino seguro es el de mantenernos bien distanciados de él y de todas sus maldades y sus abominables obras. Las perversiones de adorar al diablo, hacer brujería, hechicería, vudú, realizar encantamientos, magia negra y toda otra práctica demoníaca deben evitarse a toda costa” (véase “Las fuerzas que nos salvarán”, Liahona, enero de 2007, pág. 3).