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Capítulo 17: Doctrina y Convenios 43–45
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Capítulo 17

Doctrina y Convenios 43–45

Introducción y cronología

Cuando José Smith llegó a Kirtland, Ohio, en febrero de 1831, encontró que algunos conversos habían sido engañados a causa del fervor religioso excesivo y de revelaciones falsas. Algunos afirmaban recibir revelaciones, incluso una mujer conocida como la Sra. Hubble, que se refería a sí misma como profetisa. Puesto que ella había engañado a algunos de los santos, el profeta José Smith oró en cuanto al asunto y recibió la revelación que está registrada en Doctrina y Convenios 43. En esa revelación, el Señor proporcionó verdades que recordaban a los santos el modelo de Dios para dar revelación a la Iglesia.

El Señor previamente había llamado a élderes de la Iglesia a declarar el Evangelio (véase D. y C. 42:4–8) y, al poco tiempo de haberse dado ese mandamiento, el Señor dio una revelación que actualmente está registrada en Doctrina y Convenios 44, en la que instruye a los élderes a que se preparen para una conferencia. El Señor prometió que si ejercían fe en Él, recibirían Su Espíritu y vencerían a sus enemigos.

A medida que la Iglesia en Kirtland crecía, la hostilidad hacia ella aumentó. Los críticos atacaron a la Iglesia en los periódicos e hicieron otros esfuerzos para oponerse a los santos. En marzo de 1831, durante ese período de oposición, el profeta José Smith recibió la revelación que está registrada en Doctrina y Convenios 45. En ella, el Señor describe los últimos días, la segunda venida de Jesucristo y la Nueva Jerusalén, o Sion.

Noviembre de 1830–febrero de 1831

Después de que los misioneros partieron, algunos de los nuevos conversos en Kirtland, Ohio, afirman recibir cartas o escritos del cielo.

Principios de 1831

Informes falsos sobre los santos y sus creencias aparecen en periódicos de Ohio, tales como el Painesville Telegraph.

Febrero de 1831

La “Sra. Hubble”, conversa reciente de Ohio, afirma ser profetisa del Señor.

Febrero de 1831

Se recibe Doctrina y Convenios 43.

Febrero de 1831

Se recibe Doctrina y Convenios 44.

7 de marzo de 1831

Se recibe Doctrina y Convenios 45.

Principios de junio de 1831

Se lleva a cabo una conferencia de la Iglesia en Kirtland, Ohio.

Doctrina y Convenios 43: Antecedentes históricos adicionales

Cuando John Whitmer llegó a Kirtland, Ohio, en enero de 1831, vio que algunos de los nuevos conversos del lugar habían sido engañados por unos pocos que afirmaban recibir comunicaciones extrañas y dramáticas del cielo. Esas revelaciones falsas supuestamente aparecían como “escritos en la cubierta exterior de la Biblia, en pergaminos que volaban por el aire, en el dorso de las manos y muchas cosas insensatas y vanas de ese tipo” (en The Joseph Smith Papers, Documents, Volume 1: July 1828–June 1831, editado por Michael Hubbard MacKay y otros, 2013, pág. 256).

Las preocupaciones aumentaron cuando una mujer, conocida como la Sra. Hubble, “se presentó con grandes pretensiones de revelar mandamientos, leyes y otros asuntos curiosos” (José Smith, en Manuscript History of the Church, tomo A-1, página 101, josephsmithpapers.org). John Whitmer, el historiador de la Iglesia de esa época, indicó que la influencia de esa mujer llevó a que muchos miembros de la Iglesia se desviaran: “En ese tiempo había una mujer de apellido Hubble que proclamaba ser profetisa del Señor y decía tener muchas revelaciones; ella sabía que el Libro de Mormón era verdadero y [creía] que ella debía ser maestra en la Iglesia de Cristo. Aparentaba [ser] muy devota y engañó a algunos que no pudieron percibir su hipocresía” (en The Joseph Smith Papers, Histories, Volume 2: Assigned Histories, 1831–1847, editado por Karen Lynn Davidson y otros, 2012, pág. 29; se estandarizó la ortografía, la puntuación y el uso de las mayúsculas; véase también The Joseph Smith Papers, Documents, Volume 1: July 1828–June 1831, pág. 257, nota 95).

Los actos de esa mujer constituyeron un desafío a la doctrina que el Señor reveló a la Iglesia en Fayette, Nueva York, varios meses antes: El profeta José Smith era el único que podía “recibir mandamientos y revelaciones” para la Iglesia (D. y C. 28:2). Sin embargo, muy pocos de los santos de Nueva York que estaban al tanto de esa revelación previa habían llegado a Kirtland, y ninguna de las revelaciones anteriores se había publicado. Los santos de Kirtland eran conversos nuevos y, en general, no tenían conocimiento del orden divinamente señalado del Señor para revelar Su voluntad a Su Iglesia. Por consiguiente, el Profeta preguntó al Señor en cuanto al asunto y recibió una revelación “para que [los santos] no [fueran] engañados” (D. y C. 43:6).

Doctrine and Covenants Student Manual 2017 (Religion 324-325)

Doctrina y Convenios 43:1–7

El Señor declara que las revelaciones y los mandamientos se reciben solo por medio de Su profeta, a quien Él ha nombrado

Doctrina y Convenios 43:2–7. La revelación para la Iglesia se obtiene por medio del profeta viviente

En respuesta a la pregunta del Profeta en cuanto a la Sra. Hubble y otras revelaciones falsas que estaban teniendo lugar en Kirtland, Ohio, el Señor dijo a los santos: “no se os ha nombrado a ningún otro para que reciba mandamientos y revelaciones” salvo al Presidente de la Iglesia (D. y C. 43:3). El presidente J. Reuben Clark Jr. (1871–1961), de la Primera Presidencia, enseñó lo siguiente:

“El Presidente de la Iglesia tiene una… investidura espiritual especial… ya que él es el Profeta, Vidente y Revelador para toda la Iglesia.

“Debemos tener en cuenta —debemos saber— que es solo el Presidente de la Iglesia, el sumo sacerdote presidente… quien tiene el derecho de recibir revelación para la Iglesia, ya sea nueva o para enmendar; así como de proporcionar una interpretación autorizada de las Escrituras que sean vinculantes para la Iglesia, o de cambiar de modo alguno sus doctrinas existentes. Él es el único portavoz de Dios en la tierra para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la única iglesia verdadera. Solo él puede declarar la disposición y la voluntad de Dios a Su pueblo” (“When Are the Writings and Sermons of Church Leaders Entitled to the Claim of Scripture?”, discurso dirigido a maestros de religión del Sistema Educativo de la Iglesia, 7 de julio de 1954, pág. 6, emp.byui.edu/marrottr/ClarkWhenAreWritings.pdf).

Las revelaciones y mandamientos para la Iglesia se reciben solo mediante el siervo nombrado por el Señor (véase D. y C. 43:2–7).

Hay leyes que gobiernan el orden en que se recibe revelación en la Iglesia. Doctrina y Convenios 43 ilustra que aun cuando personas pueden y deben recibir revelación personal (véase D. y C. 43:16), hay orden en la forma en que se recibe revelación para toda la Iglesia. El presidente James E. Faust (1920–2007), de la Primera Presidencia, resumió cinco verdades fundamentales relacionadas con la forma en que Dios revela verdad en Su Iglesia:

“Primero: José Smith y cada uno de sus sucesores que han sido llamados como Presidentes de la Iglesia, han recibido de Dios las llaves y la autoridad de Él.

“Segundo: Esas llaves y autoridad no se le darán nunca a otro pueblo, y la Iglesia sabe quiénes tienen dicha autoridad [véase D. y C. 42:11].

“Tercero: La revelación continua y el liderazgo de la Iglesia provienen del Presidente de la Iglesia, y él nunca engañará a los santos.

“Cuarto: Los miembros de la Iglesia pueden recibir revelación concerniente a sus llamamientos y responsabilidades, como así también para su familia; pero no pueden recibir instrucción espiritual para los que tengan una autoridad más elevada que ellos.

“Quinto: Quienes digan que han recibido revelación directa de Dios para la Iglesia fuera del orden y las vías del sacerdocio establecidas están equivocados. Lo mismo se aplica a cualquiera que los siga” (véase “La voz profética”, Liahona, julio de 1996, pág. 6).

Doctrina y Convenios 43:4. “… no tendrá poder sino para nombrar a otro”

Las instrucciones del Señor en cuanto al orden de la revelación en la Iglesia incluyó la estipulación de que aun si José Smith perdiera el privilegio de ser el profeta de Dios, retendría el poder para nombrar a otro como sucesor autorizado. El presidente George Q. Cannon (1827–1901), de la Primera Presidencia, explicó esa circunstancia especial: “Cuando el Señor habló a José en cuanto a caer, dijo que él tendría la autoridad de nombrar a otro en su lugar [véase D. y C. 43:4] y que nadie tendría el derecho de actuar excepto que fuera ordenado por autoridad, o que entrara por la puerta [véase D. y C. 43:7]. Pueden saber, mediante la revelación que he leído, que ningún hombre puede obtener la autoridad de otra manera; debe obtenerse mediante el Santo Sacerdocio. Los hombres podrán decir que han escuchado la voz de Jesús, o escuchado esto o aquello; pero ustedes hallarán que el poder de Dios estará ligado a las llaves [del sacerdocio], y Su bendición seguirá a la ministración de Sus siervos que posean la autoridad” (“Discourse by Elder George Q. Cannon”, Deseret News, 15 de diciembre de 1869, pág. 532).

Doctrina y Convenios 43:7. “… entrará por la puerta y será ordenado”

Cualquier interrogante sobre a quién ha elegido el Señor para guiar a Su pueblo ha sido claramente respondido en las Escrituras. El Salvador enseñó:

“El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador.

“Pero el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es” (Juan 10:1–2).

Los miembros de la Iglesia pueden confiar en que ningún líder surgirá mediante circunstancias inusuales ni por ordenación secreta, ya que el Señor prometió que los líderes del sacerdocio “se[rán] ordenado[s] por alguien que tenga autoridad, y sepa la iglesia que tiene autoridad, y que ha sido debidamente ordenado por las autoridades de la iglesia” (D. y C. 42:11).

Los miembros de la Iglesia deben tener cuidado de quienes afirmen tener autoridad u ordenación especial para guiar a los hijos de Dios. El presidente James E. Faust advirtió:

“Desde el comienzo, algunas personas, tanto dentro como fuera de la Iglesia, han procurado persuadir a los miembros a no seguir las inspiradas declaraciones de quienes poseen las llaves del Reino de Dios sobre la tierra. Entre aquellos que procuran engañarlos, hay quienes afirman estar investidos de una inteligencia e inspiración que trascienden el orden establecido en la Iglesia…

“En el invierno de los años 1832–1833, el profeta José explicó: ‘Ningún ángel verdadero de Dios vendrá a ordenar a hombre alguno, porque ya fueron enviados en una ocasión a establecer el sacerdocio al ordenarme a mí a él; y una vez que el sacerdocio se ha establecido en la tierra, con el poder de ordenar a otros, ningún mensajero celestial vendrá a intervenir en ese poder y ordenar a otras personas… Por lo tanto, podéis saber que, de ahora en adelante, si viniere un hombre profesando que ha sido ordenado por un ángel, o es mentiroso o, por haber cometido una transgresión, ha sido dominado por un ángel del diablo, pues este sacerdocio jamás será quitado de esta Iglesia’ [Orson Hyde, ‘Although Dead, Yet He Speaketh’, Millennial Star, 20 de noviembre de 1846, pág. 139]” (véase “La voz profética”, págs. 5, 6).

Doctrina y Convenios 43:8–16

Un mandamiento de instruirse y edificarse unos a otros

Doctrina y Convenios 43:8–11. “… os obligaréis a obrar con toda santidad ante mí”

Cuando los miembros de la Iglesia se reúnen para instruirse y edificarse unos a otros (véase D. y C. 43:8), están siguiendo un modelo divinamente señalado para enseñar y aprender verdades del Evangelio. La instrucción del Evangelio prepara a los hijos de Dios para ser santificados al actuar de conformidad con lo que han aprendido. No es suficiente simplemente obtener un conocimiento de lo espiritual; quienes reciben el evangelio de Jesucristo hacen convenios que los “oblig[an] a obrar con toda santidad ante [el Señor]” (D. y C. 43:9).

Las conferencias generales, que se llevan a cabo dos veces al año, brindan una oportunidad importante para los miembros de la Iglesia de recibir instrucción del Evangelio. El élder Paul V. Johnson, de los Setenta, explicó por qué no es suficiente simplemente escuchar los mensajes que se dan en la conferencia general: “Para que los mensajes de la conferencia general cambien nuestra vida, debemos estar dispuestos a seguir el consejo que escuchemos. El Señor le explicó en una revelación al profeta José Smith: ‘… que al estar reunidos os instruyáis y os edifiquéis unos a otros, para que sepáis cómo… obrar de conformidad con los puntos de mi ley y mis mandamientos’ [D. y C. 43:8]. Pero el saber ‘cómo obrar’ no es suficiente. En el siguiente versículo, el Señor dijo: ‘… os obligaréis a obrar con toda santidad ante mí’ [D. y C. 43:9]. Esta disposición a actuar de acuerdo con lo que hemos aprendido abre las puertas a bendiciones maravillosas” (“Las bendiciones de la conferencia general”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 52).

Además de referirse a la responsabilidad personal que tenemos de obrar de conformidad con las leyes y los mandamientos que recibimos del Señor, en Doctrina y Convenios 43:8–9 se sugiere que, cuando nos reunimos para ser instruidos y edificados por el Evangelio, nos unificamos como grupo de santos. El presidente Lorenzo Snow (1814–1901) explicó:

“Debemos comprender que tenemos que actuar de acuerdo con ciertos principios mediante los cuales podemos ligarnos en unión como pueblo, para unir nuestros sentimientos a fin de que podamos llegar a ser uno; y eso no se podrá lograr a menos que se hagan ciertas cosas, y son cosas que requieren un esfuerzo de nuestra parte.

“¿Cómo obrarían ustedes para ligarse en unión? ¿Cómo tendría que obrar un hombre para unirse con su prójimo? Si dos hombres que nunca se habían conocido se relacionaran, ¿cómo obrarían a fin de lograr la amistad del otro, la estima y el afecto del uno para con el otro? Y bien, algo tendría que hacerse, y no solo por parte de uno de los hombres, sino que tendría que hacerlo tanto uno como el otro. No bastaría que uno solo se ocupara del asunto; no sería apropiado que uno respondiera ante esos sentimientos e hiciera la obra por sí solo, sino que a fin de llegar a ser uno en sus sentimientos y afecto se requeriría la acción de ambos” (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Lorenzo Snow, 2012, págs. 211–212).

Doctrina y Convenios 43:12–14. Sostener al profeta mediante la fe y la oración

Tal como se registra en Doctrina y Convenios 43:12–14, el Señor dijo a los santos que podían sostener al profeta José Smith mediante la fe y la oración, y también al proveer para las necesidades temporales de su familia. El Profeta dedicaba toda su atención a los asuntos administrativos y espirituales de la Iglesia; el proveerle apoyo material resultaría en bendiciones para los miembros de la Iglesia, incluso la comprensión doctrinal que podían obtener de la traducción inspirada de la Biblia.

Doctrina y Convenios 43:17–35

Los siervos de Dios deben predicar el arrepentimiento en preparación para la Segunda Venida y el Milenio

Doctrina y Convenios 43:17–28. Voces de amonestación

“… el gran día del Señor” (D. y C. 43:17) se refiere a la segunda venida de Jesucristo y al comienzo del Milenio. Dios mandó a Sus siervos que declararan el arrepentimiento para evitar que Sus hijos sean destruidos con los inicuos cuando el Salvador regrese. Mientras que algunos prestarán atención y se arrepentirán, otros harán caso omiso y rechazarán la voz de los siervos del Señor. De ahí que, el Señor eleva la voz de amonestación de arrepentirse por diferentes medios: Sus siervos, la ministración de ángeles, Su propia voz, e incluso el poder destructor de la naturaleza.

Doctrina y Convenios 43:29–33. El gran Milenio

“… el gran Milenio” (D. y C. 43:30) se refiere al periodo de mil años que comenzará con la segunda venida del Salvador (véase Apocalipsis 20:4; D. y C. 29:11). Durante el Milenio, “Cristo reinará personalmente sobre la tierra” (Artículos de Fe 1:10). El Señor aseguró a los justos que reinarían con Él durante el Milenio (véase D. y C. 43:29). Satanás será atado durante el Milenio y no tendrá poder para tentar a quienes vivan durante ese tiempo (véanse D. y C. 43:31; 101:28).

El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) reflexionó en cuanto a las bendiciones de las que se gozarán cuando Satanás esté atado: “Entonces comenzará el gran Milenio (D. y C. 43:30), el período de mil años durante el cual Satanás permanecerá atado y el Señor reinará sobre Su pueblo. ¿Pueden imaginar la belleza y maravilla de esa época en la que el adversario no tendrá influencia? Piensen en la influencia que ejerce en nosotros ahora y reflexionen sobre la paz de ese tiempo en que estarán libres de ese poder. Habrá quietud y bondad donde ahora reinan la contención y la maldad” (véase “No tenemos porqué temer la venida de Cristo”, Liahona, agosto de 1982, pág. 3).

Doctrina y Convenios 44: Antecedentes históricos adicionales

Al poco tiempo de haber llegado a Kirtland, Ohio, el profeta José Smith recibió las revelaciones que están registradas en Doctrina y Convenios 42, las cuales detallan las leyes que rigen la Iglesia. En ellas se incluye el mandamiento de que los élderes deben “sal[ir] por el poder de mi Espíritu, de dos en dos, predicando mi evangelio… Y desde este lugar iréis” (D. y C. 42:6, 8). La revelación registrada en Doctrina y Convenios 44 estipulaba que los élderes de la Iglesia se reunieran antes de salir a predicar el Evangelio.

El profeta José Smith actuó de conformidad con esa instrucción y envió una carta el 22 de febrero de 1831 a Martin Harris, que todavía estaba viviendo en Nueva York. El Profeta hizo referencia a la revelación cuando le explicó a Martin que “la obra aquí está extendiéndose al este, al oeste, al norte y al sur. También debe informar a los élderes que se encuentren allá que todos aquellos de quienes se pueda prescindir vengan aquí, de ser posible, sin dilación, por mandamiento del Señor, ya que Él tiene una gran obra para todos ellos” (en The Joseph Smith Papers, Documents, Volume 1: July 1828–June 1831, pág. 263; se estandarizó la puntuación y la ortografía).

En las semanas siguientes, durante la primavera de 1831, muchos de los santos de Nueva York se congregaron en Kirtland, Ohio. La cuarta conferencia de la Iglesia se llevó a cabo en junio de 1831 y muchos élderes participaron en las reuniones de esa conferencia, lo cual los preparó para salir después a predicar el Evangelio.

Doctrina y Convenios 44

El Señor manda a Sus siervos que se reúnan

Doctrina y Convenios 44:1–2. “… derramaré sobre ellos mi Espíritu en el día en que se congreguen”

El Señor prometió a los élderes de la Iglesia que si se congregaban y ejercían fe en Él, Él derramaría sobre ellos Su Espíritu. El élder Joseph B. Wirthlin (1917–2008), del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó que ese es uno de los propósitos de nuestras reuniones de la Iglesia: “Asistimos a las conferencias generales y a otras reuniones de la Iglesia a lo largo del mundo en busca de compañerismo, de la buena compañía de los hermanos y de las hermanas en el Evangelio, y del consuelo de la dulce comunión con el Espíritu de Dios. En nuestros servicios de adoración, la presencia de ese Espíritu llena nuestros corazones de amor hacia Dios y hacia nuestros hermanos” (véase “Los compañeros que valen”, Liahona, enero de 1998, pág. 37).

El Señor promete derramar Su Espíritu cuando los fieles se congregan (véase D. y C. 44:2).

Doctrina y Convenios 44:4–5. “… organiza[os] conforme a las leyes del hombre”

Si bien la Iglesia se había organizado legalmente en el estado de Nueva York, se requerían esfuerzos similares en Ohio debido a que los santos se estaban congregando en Kirtland. El hacerlo permitiría que se reconociera a la Iglesia como organización religiosa y haría posible que la Iglesia fuera propietaria de terrenos y disfrutara del mismo privilegio concedido a otros grupos religiosos de Ohio. En la revelación registrada en Doctrina y Convenios 44, el Señor aclaró que ese paso era necesario a fin de evitar que los enemigos destruyeran la Iglesia (véase Steven C. Harper, Making Sense of the Doctrine and Covenants: A Guided Tour through Modern Revelations, 2008, pág. 153).

Doctrina y Convenios 45: Antecedentes históricos adicionales

Ya para la primavera de 1831, muchos conversos se estaban congregando con los santos en Kirtland, Ohio. El rápido crecimiento de la Iglesia se encontró con una oposición cada vez mayor. El profeta José Smith describió los desafíos que los santos afrontaban en ese tiempo: “En esa época de la Iglesia se publicaban en los diarios muchos informes falsos, mentiras y relatos ridículos, los que circularon en todas direcciones para evitar que la gente investigara la obra o aceptara la fe… Mas para la alegría de los santos que tuvieron que luchar contra todo lo que el prejuicio y la iniquidad pudiera inventar, recibí lo siguiente [Doctrina y Convenios 45]” (en Manuscript History of the Church, tomo A-1, página 104, josephsmithpapers.org). El Profeta recibió esta revelación el 7 de marzo de 1831, y ayudó a los santos a entender mejor la oposición que afrontaban dentro del contexto de los últimos días, de las señales de los tiempos y de la segunda venida de Jesucristo.

Doctrina y Convenios 45:1–14

Jesucristo hace hincapié en Sus funciones como Creador, Intercesor y la Luz y la Vida del Mundo

Doctrina y Convenios 45:3–5. Jesucristo es nuestro Abogado e Intercesor, quien aboga por nuestra causa

Todos somos culpables de pecado y, de conformidad con la justicia de Dios, ninguna cosa impura puede morar en Su presencia. Sin embargo, Jesucristo vino a la tierra para hacer que la salvación fuera posible para cada uno de los hijos del Padre Celestial. Mediante la expiación del Salvador, podemos ser limpios y salvos del pecado y la muerte. Sus méritos, misericordia y gracia ponen el arrepentimiento y el perdón al alcance de todos. Gracias a que Jesucristo fue perfectamente recto y satisfizo las demandas de la justicia por los pecados de los demás, Él puede ser nuestro Abogado o Intercesor al abogar por nuestra causa ante el Padre. El presidente Russell M. Nelson, como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó:

“Jesús es nuestro Abogado ante el Padre (véase 1 Juan 2:1). La palabra abogado procede de voces latinas que significan una ‘voz a favor de’ o ‘el que suplica por otro’. En las Escrituras aparecen otros términos relacionados, tales como intercesor o mediador (véase también 1 Timoteo 2:5; 2 Nefi 2:28; D. y C. 76:69)…

“El comprender Su papel como Abogado, Intercesor y Mediador con el Padre nos da la certeza de Su comprensión, justicia y misericordia sin igual (véase Alma 7:12)” (véase “Jesus the Christ—Our Master and More”, charla fogonera de la Universidad Brigham Young, 2 de febrero de 1992, pág. 4, speeches.byu.edu).

Gracias a Su sufrimiento y muerte, Jesucristo es el Abogado e Intercesor de todos los que crean en Su nombre (véase D. y C. 45:3–5).

De manera significativa, el Salvador aboga por nuestra causa ante el Padre y pide que los que crean en Él se vean librados de las exigencias eternas de la justicia; no basándose en nuestra inocencia, sino en Su sacrificio expiatorio. El caso que presenta para nuestra redención del castigo del pecado es “los padecimientos y la muerte de aquel que no pecó” (D. y C. 45:4).

Doctrina y Convenios 45:15–59

El Salvador revela señales y maravillas que habían de ocurrir poco tiempo después de Su muerte, así como las que precederán a Su segunda venida

Doctrina y Convenios 45:15–59. “… lo manifestaré claramente, como lo manifesté a mis discípulos cuando estuve ante ellos en la carne”

Jesucristo se reunió con Sus discípulos en el Monte de los Olivos durante la última semana de Su vida terrenal. En esa ocasión profetizó la destrucción del Templo de Jerusalén, y Sus discípulos preguntaron cuándo ocurriría esa destrucción y cuándo regresaría Él a la tierra (véase José Smith—Mateo 1:2–4). En respuesta, el Salvador reveló las señales que ocurrirían poco tiempo después de Su muerte, así como las que precederían a Su segunda venida. Repitió esa profecía a Sus santos en los últimos días, tal como se registra en Doctrina y Convenios 45:16–59.

Durante Su ministerio terrenal, Jesucristo profetizó la destrucción del Templo de Jerusalén como una señal de Su segunda venida (véase D. y C. 45:18–20).

Doctrina y Convenios 45:16–59. Las señales de la Segunda Venida

Quienes conozcan las señales de la segunda venida de Jesucristo y sigan el consejo dado mediante los profetas del Señor, estarán preparados para afrontar los desafíos de ese tiempo trascendental y “estará[n] esperando que llegue el gran día del Señor” (D. y C. 45:39). No los tomará por sorpresa, sino que estarán esperando ansiosamente la segunda venida del Señor.

Las Escrituras son el mejor recurso para quienes deseen estudiar las señales y los acontecimientos de la Segunda Venida. Por ejemplo, se pueden conocer muchos detalles de las instrucciones que se dieron a los discípulos del Nuevo Testamento cuando le preguntaron al Salvador: “¿… qué señal habrá de tu venida y del fin del mundo?”. (Mateo 24:3). Las enseñanzas de Jesucristo que se encuentran en Mateo 24:3–51 se expandieron en gran manera mediante la traducción inspirada que hizo el profeta José Smith, según se encuentra en José Smith—Mateo 1:4–55 (en la Perla de Gran Precio). Varias secciones de Doctrina y Convenios también ayudan a explicar los acontecimientos de los últimos días y cómo los hijos de Dios se pueden preparar para ellos (algunos ejemplos son D. y C. 29; 38; 45; 63; 84; 88; 101133).

Las señales de la segunda venida del Señor se pueden dividir en dos categorías principales: (1) las señales que son parte de la restauración del Evangelio y su expansión final por todo el mundo, y (2) las señales que son parte del incremento de maldades, y las calamidades y juicios que vendrán sobre la tierra. Entre las señales y acontecimientos de la Segunda Venida que se describen en Doctrina y Convenios 45:16–59 se incluyen los siguientes:

  • Los gentiles y los judíos serán congregados (véase D. y C. 45:25, 30, 43)

  • “… guerras y rumores de guerras, y toda la tierra estará en conmoción” (D. y C. 45:26)

  • Será restaurada la plenitud del Evangelio (véase D. y C. 45:28)

  • “… una enfermedad desoladora cubrirá la tierra” (D. y C. 45:31)

  • Los discípulos del Señor “estarán en lugares santos y no serán movidos” (D. y C. 45:32)

  • “… terremotos en diversos lugares, y muchas devastaciones” (D. y C. 45:33)

  • “… señales y maravillas… se manifestarán arriba en los cielos y abajo en la tierra” (D. y C. 45:40)

  • “… el sol se obscurecerá, y la luna se tornará en sangre” (D. y C. 45:42)

  • El Señor vendrá “revestido de poder y gran gloria, con todos los santos ángeles” (D. y C. 45:44)

  • “… los santos que hayan dormido saldrán” (D. y C. 45:45)

  • El Señor aparecerá en el Monte de los Olivos y conversará con los judíos (véase D. y C. 45:48, 51–53)

Doctrina y Convenios 45:32. “… mis discípulos estarán en lugares santos”

Uno de los propósitos de la revelación que está registrada en Doctrina y Convenios 45 fue la de ayudar a los hijos del Padre Celestial a prepararse para la segunda venida de Jesucristo. Mientras que los inicuos padecerán y serán destruidos, los discípulos del Señor hallarán paz y bendiciones si “est[án] en lugares santos y no [son] movidos” (D. y C. 45:32).

La hermana Ann M. Dibb, que prestó servicio como consejera de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes, explicó cómo podemos estar en lugares santos: “El presidente Ezra Taft Benson aconsejó: ‘Entre los lugares santos están nuestros templos, nuestras capillas, nuestros hogares y las estacas de Sion, que son “para defensa y para refugio” [D. y C. 115:6]’ [‘Prepare Yourself for the Great Day of the Lord’, New Era, mayo de 1982, pág. 50]. Además de ellos, creo que cada uno puede hallar muchos otros lugares. Tal vez consideremos la palabra lugar como un entorno físico o ubicación geográfica; sin embargo, un lugar se puede referir a una condición, posición o estado mental definidos [véase Diccionario Merriam-Webster en línea, ‘place’, merriam-webster.com/dictionary/place]. Eso significa que los lugares santos también pueden incluir momentos en el tiempo, momentos en que el Espíritu Santo nos testifica, momentos en que sentimos el amor del Padre Celestial o recibimos respuestas a las oraciones. Es más, creo que cada vez que demuestran el valor de defender lo correcto, especialmente en situaciones cuando nadie más está dispuesto a hacerlo, crean un lugar santo” (“Sus lugares santos”, Liahona, mayo de 2013, pág. 115).

Así como las hojas que comienzan a aparecen en la higuera indican el comienzo del verano, la aparición de las señales profetizadas significarán que la segunda venida del Señor se aproxima (véase D. y C. 45:36–38).

Doctrina y Convenios 45:35. Las promesas se cumplirán

Aun cuando muchas de las señales de la Segunda Venida incluyen calamidades y acontecimientos aterradores, para calmar a Sus seguidores el Salvador explicó que esas señales serán una indicación de que “se cumplirán las promesas que os han sido hechas” (D. y C. 45:35). Es posible que esas promesas se refieran a las bendiciones que aguardarán a los justos cuando comience el Milenio.

Doctrina y Convenios 45:56–59. Los prudentes reciben la verdad y toman al Santo Espíritu por guía

La parábola de las Diez Vírgenes se dio originalmente cuando Jesús dio instrucciones a sus discípulos en el Monte de los Olivos (véase Mateo 25:1–13). Doctrina y Convenios nos brinda cierta interpretación de esa parábola y explica que las bendiciones prometidas a los que son prudentes incluyen la promesa de estar con el Señor durante Su reino milenario en la tierra (véase D. y C. 45:56–59). Se describe a los prudentes como los que “han recibido la verdad, y han tomado al Santo Espíritu por guía, y no han sido engañados” (D. y C. 45:57).

Cinco de ellas eran prudentes, por Walter Rane. La parábola de las Diez Vírgenes se cumplirá en la segunda venida de Jesucristo (véase D. y C. 45:56–57).

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó que cada miembro de la Iglesia tiene la oportunidad de tomar al Espíritu Santo por guía: “Es posible tomar ‘al Santo Espíritu por guía’ (D. y C. 45:57), y es esencial tomarlo para nuestro progreso espiritual y para sobrevivir en un mundo cada vez más inicuo. En ocasiones, como Santos de los Últimos Días, hablamos y nos comportamos como si el darnos cuenta de la influencia del Espíritu Santo en nuestra vida fuese un acontecimiento poco común y excepcional. Debemos recordar, sin embargo, que la promesa del convenio es que siempre podamos tener Su Espíritu con nosotros. Esa bendición celestial se aplica a todo miembro de la Iglesia que ha sido bautizado, confirmado y a quien se le ha dicho: ‘Recibe el Espíritu Santo’” (véase “Para que siempre podamos tener Su Espíritu con nosotros”, Liahona, mayo de 2006, pág. 30).

Doctrina y Convenios 45:60–75

El Señor describe la Nueva Jerusalén, o Sion

Doctrina y Convenios 45:60–61. “… hasta que sea traducido el Nuevo Testamento”

La traducción inspirada de la Biblia, que el profeta José Smith comenzó en Nueva York en junio de 1830, continuó después de que llegó a Kirtland, Ohio. Desde que había comenzado la traducción, el Profeta había trabajado exclusivamente en el Antiguo Testamento. Para el 7 de marzo de 1831, cuando se recibió la revelación registrada en Doctrina y Convenios 45, había traducido hasta Génesis 19:35. El Señor entonces le indicó a José Smith que comenzara a traducir el Nuevo Testamento (véase D. y C. 45:60–61). El Profeta y Sidney Rigdon comenzaron a trabajar en el Evangelio de Mateo al día siguiente. “La página 1 del manuscrito lleva fecha del 8 de marzo de 1831, seguida de la anotación: ‘Una traducción del Nuevo Testamento, traducido por el poder de Dios’. Ese comentario demuestra lo que esos hermanos de la entonces Primera Presidencia sentían en cuanto a la obra que estaban llevando a cabo” (Robert J. Matthews, A Plainer Translation: Joseph Smith’s Translation of the Bible, A History and Commentary, 1985, pág. 73).

Doctrina y Convenios 45:62–71. Se manda a los santos edificar la Nueva Jerusalén

Tal como se registra en Doctrina y Convenios 45:62–71, el Señor enseñó a los santos cómo preparase para los problemas y las calamidades que se profetizó que aumentarían antes de la segunda venida del Señor. Específicamente, se les dijo que se congregaran y que establecieran una ciudad de Sion siguiendo el modelo de la ciudad de Enoc (véase Moisés 7:18–20). Se la llamaría la “Nueva Jerusalén” y sería “una tierra de paz, una ciudad de refugio, un lugar de seguridad” (D. y C. 45:66). La palabra Sion a veces se usa para describir cosas un poco diferentes. En ocasiones, la palabra hace referencia al pueblo de Sion, y lo describe como “los puros de corazón” (D. y C. 97:21). En otras partes, Sion se refiere a toda la Iglesia y a sus estacas en todo el mundo (véase D. y C. 82:14). La palabra Sion también se puede referir a lugares geográficos específicos. En esta revelación, Sion se refiere a una ciudad física que los santos establecerían y en la cual se congregarían.

El profeta José Smith (1805–1844) hizo las siguientes declaraciones en cuanto a Sion en los últimos días:

“La edificación de Sion es una causa que ha interesado al pueblo de Dios en todas las edades; es un tema que los profetas, reyes y sacerdotes han tratado con gozo particular. Han mirado adelante, con gloriosa expectativa, hacia el día en que ahora vivimos; e inspirados por celestiales y gozosas expectativas, han cantado, escrito y profetizado acerca de esta, nuestra época; pero murieron sin verla. Nosotros somos el pueblo favorecido que Dios ha elegido para llevar a cabo la gloria de los últimos días; a nosotros nos es permitido verla, participar en ella y ayudar a extender esta gloria de los últimos días.

“Cualquier lugar donde los santos se congreguen es Sion, la cual edificará todo hombre justo como lugar de seguridad para sus hijos.

“Aquí y allí habrá una estaca [de Sion] para el recogimiento de los santos… Allí los hijos de ustedes serán bendecidos, y ustedes se hallarán en medio de amigos donde podrán ser bendecidos. La red del Evangelio recoge toda clase de personas…

“Nuestro objetivo principal debe ser la edificación de Sion… El tiempo viene pronto en que ningún hombre gozará de paz sino en Sion y sus estacas” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 195–196).

El presidente Brigham Young (1801–1877) centró la atención de los santos en la importancia de establecer una Sion de los últimos días:

“El propósito de nuestra vida debe ser edificar la Sion de nuestro Dios, recoger la Casa de Israel… acumular tesoros de conocimiento y sabiduría en nuestro propio entendimiento, purificar nuestro corazón y preparar un pueblo que reciba al Señor cuando Él venga…

“No estamos aquí sino para edificar y establecer la Sion de Dios. Esto debe hacerse de acuerdo con la voluntad y la ley de Dios [véase D. y C. 105:5], basándose en el modelo y el orden con los que Enoc edificó y perfeccionó la antigua Sion que fue arrebatada a los cielos… [Nosotros], mediante nuestra fidelidad, debemos prepararnos para recibir a Sion de las alturas cuando regrese a la tierra y para que podamos soportar el brillo y la gloria de su venida” (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, 1997, págs. 119, 121).