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Capítulo 26: Doctrina y Convenios 71–75


Capítulo 26

Doctrina y Convenios 71–75

Introducción y cronología

En el otoño de 1831, Ezra Booth y Symonds Ryder, que anteriormente habían sido miembros de la Iglesia, intentaron desacreditar a la Iglesia y a sus líderes y procuraron disuadir a las personas de hacerse miembros de la Iglesia. Para lograrlo, hablaron en contra de la Iglesia en reuniones públicas y activamente publicaron críticas antimormonas en los diarios locales, lo cual llevó a un antagonismo generalizado. El 1º de diciembre de 1831, el profeta José Smith dictó la revelación que está registrada en Doctrina y Convenios 71, en la cual el Señor mandó a José Smith y a Sidney Rigdon defender la Iglesia y disipar falsedades mediante la proclamación del Evangelio basándose en las Escrituras y de acuerdo con la guía del Espíritu.

El rápido crecimiento de la Iglesia en Kirtland, Ohio, y el traslado del obispo Edward Partridge a Misuri requirió que se llamara a un nuevo obispo para servir en Ohio. El 4 de diciembre de 1831, José Smith recibió las tres revelaciones que actualmente están agrupadas en Doctrina y Convenios 72 (versículos 1–8, 9–23 y 24–26). En ellas, el Señor llamó a Newel K. Whitney a prestar servicio como obispo en Ohio y detalló sus responsabilidades.

Después de un mes de predicar el Evangelio a fin de disipar las falsedades que diseminaron Ezra Booth y Symonds Ryder, José Smith y Sidney Rigdon regresaron a Hiram, Ohio. El 10 de enero de 1832, José Smith recibió la revelación que está registrada en Doctrina y Convenios 73, donde el Señor mandó a José y a Sidney que reanudaran la traducción de la Biblia.

La revelación que está registrada en Doctrina y Convenios 74 se recibió en 1830, antes de que José Smith se trasladara a Ohio, y contiene la explicación del Señor de 1 Corintios 7:14.

En una conferencia de la Iglesia que se llevó a cabo el 25 de enero de 1832, José Smith recibió las dos revelaciones que están registradas en Doctrina y Convenios 75 (versículos 1–12 y 13–36). En esas revelaciones el Señor dio instrucciones a los élderes en cuanto a sus deberes misionales y les asignó compañeros de misión.

1830

Se recibe Doctrina y Convenios 74.

Octubre de 1831

El periódico Ohio Star comienza a publicar nueve cartas del apóstata Ezra Booth, en las que critica la Iglesia y a sus líderes.

1 de noviembre de 1831

Una conferencia de la Iglesia aprueba una resolución de publicar las revelaciones de José Smith como el Libro de Mandamientos.

1 de diciembre de 1831

Se recibe Doctrina y Convenios 71.

4 de diciembre de 1831

Se recibe Doctrina y Convenios 72.

10 de enero de 1832

Se recibe Doctrina y Convenios 73.

25 de enero de 1832

Se recibe Doctrina y Convenios 75.

Doctrina y Convenios 71: Antecedentes históricos adicionales

En octubre de 1831, el periódico Ohio Star comenzó a publicar cartas en las que se criticaba la Iglesia y a sus líderes. Las cartas fueron escritas por Ezra Booth, un expredicador metodista que se convirtió en miembro de la Iglesia después de haber leído el Libro de Mormón y de haber visto al profeta José Smith sanar milagrosamente el brazo reumático de Alice (Elsa) Johnson. Sin embargo, el orgullo llevó a Ezra a criticar al Profeta y la Iglesia. Había viajado a Misuri como misionero en el verano de 1831, pero se desilusionó por los rigores del viaje. También se decepcionó cuando la tierra de Sion y el liderazgo de José Smith no cumplieron con sus expectativas (véanse Matthew McBride, “Ezra Booth e Isaac Morley”, en Revelaciones en contexto, editado por Matthew McBride y James Goldberg, 2016, págs. 131–132, o bien, history.lds.org; Mark Lyman Staker, Hearken, O Ye People: The Historical Setting for Joseph Smith’s Ohio Revelations, 2009, pág. 296).

Después de regresar de Misuri en septiembre de 1831, Ezra Booth comenzó a criticar la Iglesia y al profeta José Smith. En una conferencia de élderes llevada a cabo el 6 de septiembre, a Ezra se le prohibió “predicar como élder en esta Iglesia” (en The Joseph Smith Papers, Documents, Volume 2: July 1831–January 1833, editado por Matthew C. Godfrey y otros, 2013, pág. 61). Más tarde ese mes, él y otro disidente, Symonds Ryder, renunciaron a su membresía en la Iglesia. En sus cartas al periódico Ohio Star, Ezra Booth denunció a José Smith como impostor, afirmando que sus revelaciones eran una estratagema para estafar a las personas. En la historia de José Smith se registra que las cartas de Booth, “por su tono, falsedad e intenciones vanas de derrocar la obra del Señor, pusieron al descubierto la debilidad, iniquidad e insensatez [de Booth], y constituyeron un monumento ante todo el mundo de su propia vergüenza” (en Manuscript History of the Church, tomo A-1, página 154, josephsmithpapers.org).

Symonds Ryder (o Simonds Rider) conoció el Evangelio restaurado por medio de Ezra Booth. Symonds llegó a ser miembro de la Iglesia después de haber presenciado lo que él consideró ser un milagro. Poco después de su bautismo, fue ordenado élder en la Iglesia. Los relatos posteriores sugieren que cuando recibió una comisión oficial para predicar el Evangelio, se dio cuenta de que su nombre no se había escrito correctamente en el certificado. Suponiendo que un llamamiento revelado hubiera estado libre incluso de pequeños errores, Symonds comenzó a cuestionar el alcance de la inspiración profética de José Smith. Symonds también se vio influenciado por la debilitada fe de su buen amigo Ezra Booth, quien regresó decepcionado de su misión a Misuri. Más que cualquier otra cosa, sus preocupaciones en cuanto al principio de consagración parecen haberlo llevado a distanciarse (véase A. S. Hayden, Early History of the Disciples in the Western Reserve, Ohio, 1875, págs. 220–221, 251–252). Después de separarse de la Iglesia en el otoño de 1831, Symonds Ryder entregó copias de unas de las revelaciones inéditas del profeta José Smith al periódico Western Courier con la intención de disuadir a las personas de unirse a la Iglesia. Ryder más adelante afirmó que los nuevos conversos podrían darse cuenta en esas revelaciones que “se había tramado una conspiración para quitarles sus propiedades y ponerlas bajo el control de José Smith, el profeta” (en Joseph Smith Papers, Documents, Volume 2: July 1831–January 1833, págs. 144–145; véase también Hayden, Early History of the Disciples, pág. 221).

La revelación del Señor que está registrada en Doctrina y Convenios 71 se recibió como resultado de la agitación y la publicidad negativa causadas por Ezra Booth y Symonds Ryder.

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Doctrina y Convenios 71

El Señor manda a José Smith y a Sidney Rigdon responder a los críticos de la Iglesia

Doctrina y Convenios 71:1. Proclamar el Evangelio “por medio de las Escrituras, de acuerdo con [el] Espíritu”

El Señor les dijo al profeta José Smith y a Sidney Rigdon que, para responder a las críticas de la Iglesia, enseñaran las verdades del Evangelio “por medio de las Escrituras, de acuerdo con la porción del Espíritu y del poder que se os dará” (D. y C. 71:1). Ese consejo sirve como modelo para todos los miembros de la Iglesia cuando respondan a los que critiquen la Iglesia y sus enseñanzas. El profeta Alma, en el Libro de Mormón, enseñó que predicar la palabra de Dios tiene un “efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa” (Alma 31:5). El élder Neal A. Maxwell (1926–2004), del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “El Señor nos ha dicho que ‘la espada del Espíritu… es la palabra de Dios’ (Efesios 6:17); puede facilitar la comunicación y penetrar como ninguna otra cosa. Por lo tanto, las Sagradas Escrituras y las palabras de los profetas vivientes ocupan una posición privilegiada; estas son la clave para enseñar por el Espíritu a fin de poder comunicarnos por lo que el profeta José Smith llamó ‘el lenguaje de la inspiración’ (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 61)” (véase “La enseñanza por el Espíritu: ‘El lenguaje de la inspiración’”, en “La enseñanza en Seminario: Lecturas de preparación para el maestro”, pág. 37).

Doctrina y Convenios 71:2–7. “Confundid… a vuestros enemigos”

El Señor mandó al profeta José Smith y a Sidney Rigdon predicar el Evangelio a los santos y a las personas de la región circundante (véase D. y C. 71:2). Además, el Señor les mandó “confun[dir]… a [sus] enemigos” (D. y C. 71:7), o en otras palabras, refutar sus afirmaciones falsas invitándolos a reunirse con ellos y hablar sobre sus acusaciones. En obediencia al mandato del Señor, Sidney Rigdon invitó a Ezra Booth a asistir a una ponencia el 25 de diciembre de 1831, “en la que [Sidney Rigdon] ‘repasaría’ las cartas de Booth y demostraría que eran ‘una representación injusta y falsa de los temas que tratan’” (en Joseph Smith Papers, Documents, Volume 2: July 1831–January 1833, pág. 145). También le pidió a Symonds Ryder que asistiera a una reunión pública en la que podrían hablar sobre el Libro de Mormón. Ninguno de los dos hombres aceptó la invitación.

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El profeta José Smith y su esposa, Emma, se mudaron a Hiram, Ohio, a la casa de John Johnson, a fin de que el Profeta pudiera continuar su labor de traducción de la Biblia (véanse D. y C. 64; 71, encabezamientos de las secciones).

Durante el siguiente mes, el profeta José Smith y Sidney Rigdon trabajaron para disipar los sentimientos hostiles hacia la Iglesia que resultaron de los artículos en el periódico escritos por Ezra Booth. Los dos hombres predicaron en todo el norte de Ohio, enseñando el Evangelio y refutando las alegaciones dirigidas a la Iglesia y a sus líderes. Según el Profeta, sus empeños por seguir el consejo del Señor y responder por medio de la predicación de las verdades del Evangelio mediante el poder del Espíritu, “ayudó mucho a calmar los sentimientos que se habían agitado a causa de las escandalosas cartas que el apóstata Ezra Booth había publicado en el Ohio Star de Ravenna” (en Manuscript History of the Church, tomo A-1, página 179, josephsmithpapers.org).

El élder Robert D. Hales, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó que cuando afrontamos críticas en contra de la Iglesia y sus enseñanzas, es esencial que respondamos de manera cristiana, de acuerdo con la guía del Espíritu Santo:

“Al responder a nuestros acusadores como lo hizo el Salvador, no solo somos más como Cristo, sino que invitamos a los demás a sentir Su amor y a seguirlo.

“Para responder como Cristo lo haría no hay un texto fijo ni una fórmula. El Salvador respondió de manera diferente en cada situación…

“Al responder a los demás, cada circunstancia será diferente. Afortunadamente, el Señor conoce el corazón de nuestros acusadores y cómo podemos responderles de la manera más eficaz. A medida que los verdaderos discípulos buscan la guía del Espíritu, reciben inspiración específica para cada situación; y en cada situación los verdaderos discípulos responden de un modo que invita al Espíritu del Señor” (“Valor cristiano: El precio del discipulado”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 72–73).

Doctrina y Convenios 71:9. “… no hay arma forjada en contra de vosotros que haya de prosperar”

El profeta José Smith y Sidney Rigdon recibieron la promesa del Señor de que si permanecían fieles, sus enemigos serían humillados (véase D. y C. 71:7). El Señor entonces reiteró la promesa que había hecho al antiguo Israel mediante el profeta Isaías de que ‘ninguna arma forjada contra ti prosperará’ (Isaías 54:17; véase D. y C. 71:9). En otras palabras, Dios y Su obra siempre triunfarán, independientemente de los ataques de los críticos de la Iglesia. A pesar de la apostasía y los ataques de Ezra Booth y Symonds Ryder, los misioneros siguieron teniendo éxito al predicar el Evangelio. Ira Ames, que vivía en Nueva York, recordó que cuando leyó las cartas de Booth en el periódico, “tuvo la impresión de que había algo bueno en el mormonismo. Se hablaba mucho del tema en los alrededores” (en Hayden, Early History of the Disciples, pág. 302). Cierto tiempo después de que Ira Ames leyera las cartas de Booth, llegaron misioneros al poblado de Ira y fue bautizado miembro de la Iglesia (véase Hayden, Early History of the Disciples, pág. 303). De ese modo, mientras que Booth y Ryder esperaban disuadir a las personas de aceptar el Evangelio restaurado, su influencia hizo que la Iglesia estuviera más expuesta al público y, en algunos casos, contribuyó a que hubiera más conversiones.

Doctrina y Convenios 72: Antecedentes históricos adicionales

En obediencia al mandato del Señor (véase D. y C. 71:1–7), el 3 de diciembre de 1831 el profeta José Smith y Sidney Rigdon viajaron de Hiram a Kirtland, Ohio, para proclamar el Evangelio a fin de ayudar a disipar los sentimientos hostiles en contra de la Iglesia. Según la historia del Profeta, al día siguiente, el 4 de diciembre, “varios de los élderes y miembros se congregaron para aprender su deber y para ser edificados”, y después de hablar sobre su “bienestar temporal y espiritual”, el Profeta recibió tres revelaciones relacionadas, que actualmente están registradas en Doctrina y Convenios 72 (en Manuscript History of the Church, tomo A-1, página 176, josephsmithpapers.org). Con la expansión de la Iglesia a Misuri y el traslado del obispo Edward Partridge a Independence, los santos en Ohio se quedaron sin obispo. En una de las revelaciones, el Señor declaró la necesidad de llamar a un nuevo obispo en Ohio (véase D. y C. 72:2).

Doctrina y Convenios 72

El Señor llama a Newel K. Whitney como obispo en Ohio y explica los deberes de un obispo

Doctrina y Convenios 72:2–3. “… que dé cuenta de su mayordomía, tanto en el tiempo como en la eternidad”

Debido a que algunos de los miembros de la Iglesia estaban viviendo la ley de consagración, se necesitaba un obispo para recibir las propiedades consagradas, distribuir y supervisar las mayordomías individuales, recolectar los excedentes y repartir los fondos del almacén a los necesitados (véanse los comentarios sobre D. y C. 42:30–39 en este manual). El Señor requirió que los santos “[dieran] cuenta” de sus mayordomías al obispo (D. y C. 72:3). El principio de la mayordomía se basa en la enseñanza de que todas las cosas pertenecen al Señor y que nosotros somos Sus mayordomos (véase D. y C. 104:13–16). Aun cuando actualmente no se nos den mayordomías bajo la ley de consagración, el Señor sí nos confiere tanto responsabilidades espirituales como temporales de las cuales tenemos que responder ante Él.

El élder Joseph B. Wirthlin (1917–2008), del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó sobre una de esas responsabilidades de la que tendremos que dar cuenta:

“Cada uno de ustedes tiene un llamamiento eterno del cual ningún oficial de la Iglesia tiene la autoridad para relevarlos. Es un llamamiento que han recibido de nuestro Padre Celestial. En ese llamamiento eterno, tal como en todo llamamiento, poseen una mayordomía… Esa importantísima mayordomía es la responsabilidad gloriosa que nuestro Padre Celestial ha dado a cada uno de vigilar y cuidar de su propia alma.

“Algún día futuro, ustedes y yo escucharemos la voz del Señor que nos llamará para que demos cuenta ante Él de nuestra mayordomía terrenal. Ese informe deberá presentarse cuando se nos llame ‘para que todos comparezca[mos] ante [el Señor] en el gran día del juicio’ [2 Nefi 9:22]” (véase “Firmes creced en la fe”, Liahona, julio de 1997, pág. 17).

Doctrina y Convenios 72:8. “… mi siervo Newel K. Whitney es el hombre que será nombrado”

Newel K. Whitney era un empresario que era propietario de una tienda en Kirtland, Ohio, con su socio, A. Sidney Gilbert. Antes de conocer el Evangelio restaurado, Newel y su esposa, Ann, habían sido parte de la congregación de bautistas reformados de Sidney Rigdon, y “desearon las cosas que son del Espíritu. Una noche en 1829, al estar orando pidiendo guía, recibieron una potente manifestación espiritual. Ann explicó:

“‘El Espíritu descendió sobre nosotros y una nube ensombreció la casa… Un asombro solemne nos invadió; vimos la nube y sentimos el Espíritu del Señor. Entonces escuchamos una voz que salía de la nube que dijo: “Prepárense para recibir la palabra del Señor que está por venir”. Eso nos maravilló en gran manera, pero desde ese momento supimos que la palabra del Señor llegaría a Kirtland’ [Andrew Jenson, Latter-day Saint Biographical Encyclopedia, 4 tomos, 1901–1936, tomo I, pág. 223]” (“Newel K. Whitney: A Man of Faith and Service”, Museum Treasures, history.lds.org).

Al poco tiempo de esa experiencia, los Whitney escucharon la palabra del Señor cuando Sidney Rigdon invitó a los misioneros a predicar a sus congregaciones. Los Whitney se hicieron miembros de la Iglesia en noviembre de 1830 y unos meses después José y Emma Smith llegaron a Kirtland. El Profeta escribió: “Mi esposa y yo vivimos varias semanas con la familia del hermano Whitney y recibimos todas las bondades y atenciones que se podrían esperar, especialmente de parte de la hermana Whitney” (en Manuscript History of the Church, tomo A-1, página 93, josephsmithpapers.org). Tiempo después, en septiembre de 1832, los Whitney invitaron a José y a Emma Smith a vivir en la vivienda que era parte de su tienda, la cual se convirtió en la cabecera de la Iglesia por un tiempo.

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Newel K. Whitney fue llamado a ser obispo. Su tienda con el tiempo llegó a ser un almacén desde el cual él podía ayudar a satisfacer las necesidades de los pobres (véase D. y C. 72:8–12).

Cuando Newel fue llamado en diciembre de 1831 a prestar servicio como obispo en Ohio, expresó sus sentimientos de ineptitud al profeta José Smith. El nieto del obispo Whitney, el élder Orson F. Whitney (1855–1931), del Cuórum de los Doce Apóstoles, relató cómo se sintió su abuelo cuando fue llamado como obispo, así como el consuelo que recibió:

“La idea de asumir esa importante responsabilidad (el oficio de obispo) era casi más de lo que podía soportar. A pesar de estar dotado de habilidades naturales para tal puesto, más que la mayoría de los hombres, aun así dudaba de su aptitud y se consideraba incapaz de cumplir con la excelsa y santa comisión. En su desconcierto, recurrió al Profeta:

“‘Hermano José, yo no me veo como obispo. Sin embargo, si usted dice que es la voluntad del Señor, trataré’.

“‘No tiene por qué creer en mi palabra solamente’, le contestó el Profeta con bondad; ‘vaya y pregúntele usted mismo al Padre’.

“Newel… decidió hacer lo que [el Profeta] le había aconsejado. Su humilde y sincera oración fue contestada. En el silencio de la noche y la soledad de su aposento, escuchó una voz de los cielos que decía: ‘Tu fortaleza radica en mí’. Las palabras eran pocas y sencillas, mas contenían un universo de significado; las dudas se habían disipado cual rocío ante el alba. De inmediato buscó al Profeta y le dijo que estaba satisfecho y dispuesto a aceptar el oficio al cual se le había llamado” (en B. H. Roberts, A Comprehensive History of the Church, tomo I, pág. 271).

Newel K. Whitney sirvió como obispo hasta que murió en 1850.

Doctrina y Convenios 72:9–19. Los deberes del obispo

Durante esa era temprana de organización, la Iglesia no estaba dividida como lo está ahora en barrios o ramas, con obispos o presidentes de rama que los presidan. Para el 4 de diciembre de 1831, solo había dos obispos: el obispo Edward Partridge en Misuri, y el obispo Newel K. Whitney en Ohio. Las responsabilidades detalladas por el Señor tal como se registran en Doctrina y Convenios 72:9–19 se relacionaban principalmente con la función del obispo Whitney bajo la ley de consagración.

Aun cuando no vivimos la ley de consagración de la misma manera en que lo hacían los primeros santos, muchos de los deberes detallados en Doctrina y Convenios 72 también se aplican a los obispos actualmente. Los obispos son responsables de supervisar la distribución de alimentos y provisiones de los almacenes del obispo a los miembros que tengan necesidad, y reciben los fondos de la Iglesia en forma de diezmos, ofrendas de ayuno y otros donativos, y son responsables de ellos (véase D. y C. 72:10). Los obispos prestan servicio como representantes del Señor cuando los miembros dan cuenta de sus responsabilidades y llamamientos (véase D. y C. 72:11); velan por el bienestar espiritual y temporal de los santos y, en particular, tienen el deber de buscar a los pobres y necesitados dentro de los límites de su barrio, y de cuidar de ellos (véase D. y C. 72:11–12). Como jueces en Israel, los obispos también tienen la solemne responsabilidad de determinar y certificar la dignidad de los miembros para ser bautizados, recibir el sacerdocio, servir en misiones, entrar a la Casa del Señor y servir en llamamientos en el barrio (véase D. y C. 72:17). Además, como jueces comunes son responsables de convocar y dirigir consejos disciplinarios en su barrio en casos de transgresiones graves (véase D. y C. 58:17–18).

Doctrina y Convenios 73: Antecedentes históricos adicionales

Después de dedicar un mes a predicar el Evangelio en el este de Ohio, tratando de contrarrestar los efectos de las cartas de Ezra Booth en contra de la Iglesia y sus líderes, el profeta José Smith y Sidney Rigdon regresaron a la casa de John Johnson en Hiram, Ohio. Unos días más tarde, el 10 de enero de 1832, el Profeta dictó la revelación que está registrada en Doctrina y Convenios 73, “dando a conocer la voluntad del Señor” para los élderes de la Iglesia hasta que se convocara la siguiente conferencia, que se llevó a cabo dos semanas después (en Manuscript History of the Church, tomo A-1, página 179, josephsmithpapers.org).

Doctrina y Convenios 73

El Señor manda a José Smith y a Sidney Rigdon reanudar la traducción de la Biblia

Doctrina y Convenios 73:3–4. “… es menester reanudar la traducción”

El Señor mandó al profeta José Smith y a Sidney Rigdon que continuaran trabajando en la traducción inspirada de la Biblia y que siguieran predicando localmente hasta la siguiente conferencia de la Iglesia (véase D. y C. 73:3–4). Sin embargo, después de la conferencia debían dedicar su tiempo completamente al “trabajo de la traducción hasta terminarla” (D. y C. 73:4). El Profeta y Sidney Rigdon trabajaron diligentemente en la traducción de la Biblia desde ese entonces hasta el 2 de julio de 1833, cuando los traductores escribieron a los hermanos en Misuri que ese día habían completado la traducción de la Biblia. Partes de la traducción de José Smith están contenidas actualmente en la Perla de Gran Precio (el libro de Moisés y José Smith—Mateo) y en la edición Santo de los Últimos Días de la Biblia en cada vez más idiomas. La Traducción de José Smith de la Biblia tuvo “una influencia significativa en la Iglesia, por la manera en que dio forma al contenido de Doctrina y Convenios. Más de la mitad de la actual Doctrina y Convenios consta de revelaciones recibidas durante el periodo de tres años en el que José Smith trabajó en la traducción de la Biblia. Muchas surgieron directamente de preguntas que José se sintió inspirado a formular a medida que se ampliaba su comprensión del Evangelio durante la labor de la restauración de las partes claras y preciosas de la Biblia” (Elizabeth Maki, “Traducción de José Smith de la Biblia”, en Revelaciones en contexto, pág. 108, o history.lds.org).

Para una explicación adicional de la traducción de José Smith de la Biblia, consulta los comentarios sobre Doctrina y Convenios 35:20 en este manual.

Doctrina y Convenios 74: Antecedentes históricos adicionales

Cuando John Whitmer, historiador y registrador de la Iglesia, copió la revelación que está registrada en Doctrina y Convenios 74 en el libro de registro oficial, anotó la fecha como 1830 (véase The Joseph Smith Papers, Documents, Volume 1: July 1828–June 1831, editado por Michael Hubbard MacKay y otros, 2013, pág. 228). Años después, quienes editaron la historia del profeta José Smith erróneamente escribieron que el Profeta recibió esa revelación en enero de 1832 mientras estaba haciendo revisiones inspiradas al Nuevo Testamento. Sin embargo, John Whitmer indicó que el lugar en el que José Smith dictó la revelación fue el condado de Wayne, Nueva York, y que la fecha en que se recibió fue 1830. La historia posterior del Profeta describe esa revelación como “una explicación de la primera epístola a los Corintios, capítulo 7, versículo 14” (en Manuscript History of the Church, tomo A-1, página 178, josephsmithpapers.org). El pasaje en 1 Corintios 7:14 se citaba a menudo en la época de José Smith para justificar el bautismo de los niños pequeños.

Doctrina y Convenios 74

El Señor explica el significado de 1 Corintios 7:14

Doctrina y Convenios 74:1–5. Las tradiciones falsas de nuestros padres

Doctrina y Convenios 74 brinda importante contexto histórico a las enseñanzas del apóstol Pablo en 1 Corintios 7:14. Su consejo a los santos de Corinto abordaba un problema que se produjo cuando las esposas se convertían al evangelio de Jesucristo y sus maridos todavía practicaban la ley de Moisés. En Doctrina y Convenios 74:3 leemos que surgían conflictos cuando los padres deseaban que se circuncidara a sus hijos varones y que estuvieran sujetos a la ley de Moisés, la cual se había cumplido mediante el Salvador y Su sacrificio expiatorio. Muchos niños en esa situación, criados bajo la ley de Moisés, llegaban a la mayoría de edad y “se guiaban por las tradiciones de sus padres y no creían en el evangelio de Cristo” (D. y C. 74:4). Pablo aconsejó a los santos que ya estaban casados con no creyentes que no se divorciaran de sus cónyuges, sino que permanecieran casados y vivieran fielmente. Al hacerlo, los cónyuges podían tener una influencia santificadora en su familia (véanse 1 Corintios 7:13–14; D. y C. 74:1).

El apóstol Pablo no estaba enseñando que los niños nacen impuros ni pecadores; por el contrario, enseñó que un cónyuge creyente podía tener una influencia justa que podía guiar a los hijos, cuando llegaran a la edad de responsabilidad, a obedecer el Evangelio y llegar a ser “santos” (1 Corintios 7:14; D. y C. 74:1) por medio del Salvador Jesucristo.

Según Doctrina y convenios 74:5, Pablo aconsejó a los que no estaban casados que no se casaran con no creyentes a menos que los cónyuges acordaran “que se abrogara la ley de Moisés entre ellos”. El Señor explicó que esas recomendaciones no eran mandamientos que Él hubiese dado, sino más bien un consejo de Pablo mismo.

Doctrina y Convenios 74:6–7. “… la tradición… [de] que los niños pequeños son impuros”

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El profeta José Smith aclaró 1 Corintios 7:14 al explicar que los niños pequeños son santos y que no necesitan las ordenanzas de salvación hasta que lleguen a la edad de responsabilidad (véanse D. y C. 68:27; 74:5–7).

Algunos de los judíos que seguían la ley de Moisés en la época del apóstol Pablo creían en la tradición falsa de que los niños varones nacían impuros o inmundos a menos que concertaran un convenio con Dios por medio de la circuncisión. Sin embargo, esa enseñanza estaba en conflicto con el consejo del profeta de que los niños pequeños son inocentes gracias a la expiación de Jesucristo (véase Mosíah 3:16), que “tienen vida eterna” (Mosíah 15:25) y que “viven en Cristo” (Moroni 8:12, 22). Además, el enseñar que los niños son impuros contradice el propósito por el cual el Señor instituyó la práctica de la circuncisión con Abraham. Con la perspectiva adicional que obtenemos de la Traducción de José Smith, aprendemos que la circuncisión representa un convenio entre el Señor y la posteridad de Abraham y que “los niños no son responsables ante [el Señor] sino hasta la edad de ocho años” (Traducción de José Smith, Génesis 17:11 [en el apéndice de la Biblia], escrituras.lds.org).

En los comentarios sobre Doctrina y Convenios 29:46–50, en este manual, hay enseñanzas adicionales en cuanto a la salvación de los niños pequeños.

Doctrina y Convenios 75: Antecedentes históricos adicionales

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El profeta José Smith fue ordenado el 25 de enero de 1832, en Amherst, Ohio, como Presidente del Sumo Sacerdocio, es decir, como Presidente de la Iglesia (véase D. y C. 75, encabezamiento de la sección).

El 25 de enero de 1832, la Iglesia convocó una conferencia en Amherst, Ohio, a unos 80 kilómetros al este de Kirtland. La historia del profeta José Smith indica que durante la conferencia “los élderes parecían ansiosos de que yo consultara al Señor a fin de que ellos conocieran Su voluntad, o saber qué le complacería más a Él que ellos hicieran a fin de traer a los hombres a un entendimiento de su condición” (en Manuscript History of the Church, tomo A-1, página 180, josephsmithpapers.org). Orson Pratt, que fue nombrado presidente de los élderes en la conferencia, más tarde relató: “En esa conferencia el profeta José fue reconocido como Presidente del Sumo Sacerdocio, y el élder Sidney Rigdon le impuso las manos y selló sobre su cabeza las bendiciones que previamente había recibido”. El élder Pratt también observó que “a solicitud del sacerdocio, el Profeta consultó al Señor, y se dio y se escribió una revelación en la presencia de toda la asamblea, nombrando a muchos élderes a servir misiones” (“History of Orson Pratt”, The Latter-day Saints’ Millennial Star, tomo XXVII, 28 de enero de 1865, pág. 56). El Profeta dictó dos revelaciones en la conferencia, las cuales más adelante se agruparon y están registradas en Doctrina y Convenios 75. La primera de ellas (D. y C. 75:1–22) se dio a un grupo de élderes que se habían ofrecido para el servicio misional. La segunda (D. y C. 75:23–36), se dio a un grupo de élderes que deseaba saber la voluntad del Señor con respecto a ellos.

Doctrina y Convenios 75

El Señor llama a parejas de misioneros y los instruye

Doctrina y Convenios 75:2–5. Las recompensas de proclamar fielmente el Evangelio

El Señor prometió grandes bendiciones a quienes proclamen fielmente el Evangelio, entre ellas, honor, gloria y vida eterna (véase D. y C. 75:5). El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) enseñó sobre bendiciones adicionales que recibiremos si compartimos fielmente el Evangelio con los demás:

“Compartir el Evangelio brinda paz y gozo a nuestra vida, aumenta nuestra capacidad de amar a los demás y preocuparnos por su bienestar, aumenta nuestra propia fe, fortalece la relación que tenemos con el Señor y mejora nuestra comprensión de las verdades del Evangelio.

“El Señor ha prometido grandes bendiciones en proporción a nuestros esfuerzos de compartir el Evangelio. Recibiremos ayuda del otro lado del velo al ocurrir los milagros espirituales. El Señor nos ha dicho que nuestros pecados serán perdonados más fácilmente si traemos almas a Cristo y permanecemos firmes en dar testimonio ante el mundo” (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 285).

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Los santos fieles que prediquen el Evangelio obtendrán la vida eterna (véase D. y C. 75:1–5).

Doctrina y Convenios 75:27. “… les será revelado de lo alto… adonde han de ir”

En ambas revelaciones registradas en Doctrina y Convenios 75, el Señor hizo hincapié en la importancia de la oración en la obra misional. El Señor prometió que si quienes son llamados como misioneros lo consultan en oración, “el Consolador… les enseñará todas las cosas que les sean necesarias” (D. y C. 75:10) y los dirigirá “adonde han de ir” para proclamar el Evangelio (D. y C. 75:27). El élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, testificó que, a medida que oremos para pedir ayuda y sigamos las impresiones del Espíritu, el Señor nos guiará para compartir el Evangelio con los demás:

“Debemos pedir en oración la ayuda y la guía del Señor para que podamos ser instrumentos en Sus manos y ayudar al que esté preparado, a aquel a quien Él desee que ayudemos hoy. Entonces, debemos estar alerta y dar oído a las impresiones de Su Espíritu para saber cómo proceder.

“Las impresiones vendrán; Sabemos —gracias a incontables testimonios— que, en Su debida forma y en Su debido tiempo, el Señor está preparando a personas para que acepten Su evangelio. Esas personas están investigando y, cuando procuremos saber quiénes son, el Señor contestará sus oraciones al dar respuesta a las nuestras. Él dará inspiración y guiará a los que tienen el deseo y sinceramente buscan orientación sobre cómo, dónde, cuándo y con quién compartir el Evangelio” (véase “Compartir el Evangelio”, Liahona, enero de 2002, págs. 8–9).

Doctrina y Convenios 75:29. “Sea diligente… en todas las cosas”

El mandato del Señor de “[ser] diligente… en todas las cosas” (D. y C. 75:29) incluyó Su mandato a quienes fueron llamados a servir en misiones de que hicieran los arreglos necesarios para el sostén de su familia mientras prestaban servicio. Si no podían hacer tales arreglos, esos hombres estaban obligados a permanecer en casa, cuidar de su familia y trabajar en la Iglesia localmente (véase D. y C. 75:24–28). Ser diligente en todas las cosas significa hacer un esfuerzo persistente, cuidadoso y energético, especialmente por servir al Señor y obedecer Sus mandamientos. Las Escrituras contienen muchos ejemplos y amonestaciones en cuanto a la diligencia. El presidente Dieter F. Uchtdorf, de la Primera Presidencia, enseñó: “… el hacer con diligencia las cosas que más importan nos llevará al Salvador del mundo” (“De las cosas que más importan”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 21).