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Capítulo 5: Doctrina y Convenios 6; 8–9
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Capítulo 5

Doctrina y Convenios 6; 8–9

Introducción y cronología

Al no haber un escriba en forma regular, la traducción del Libro de Mormón prosiguió de manera esporádica hasta marzo de 1829, cuando se mandó al profeta José Smith que se detuviese y esperara (véase D. y C. 5:30–34). En cumplimiento de la promesa del Señor de que Él “[proporcionaría] los medios” (D. y C. 5:34), Oliver Cowdery llegó a la casa del Profeta en Harmony, Pensilvania, y ofreció su ayuda. Con renovado esfuerzo, José Smith comenzó a traducir de nuevo el 7 de abril de 1829, con Oliver como escriba. A finales de ese mes, el Profeta recibió la revelación que se halla en Doctrina y Convenios 6. En esa revelación, Oliver recibió consejo y confirmación en cuanto a su función en la obra del Señor.

A medida que procedía la traducción del Libro de Mormón, Oliver deseó traducir. En una revelación recibida en abril de 1829 y registrada en Doctrina y Convenios 8, el Señor prometió a Oliver el don de revelación y la capacidad para traducir anales antiguos.

Oliver lo intentó y comenzó a traducir, pero no pudo continuar. A petición de Oliver, José Smith consultó al Señor y recibió la revelación registrada en Doctrina y Convenios 9, en la que el Señor explicó por qué Oliver tuvo dificultades para traducir y además, impartió principios con respecto a la revelación.

Finales de 1828

Oliver Cowdery oye hablar de José Smith mientras vive en Manchester, Nueva York.

Abril de 1829

Oliver Cowdery viaja a Harmony, Pensilvania, para conocer a José Smith.

Abril de 1829

La traducción del Libro de Mormón progresa diligentemente y Oliver Cowdery actúa como escriba.

Abril de 1829

Se reciben Doctrina y Convenios 68.

Abril de 1829

Oliver Cowdery intenta traducir.

Abril de 1829

Se recibe Doctrina y Convenios 9.

Doctrina y Convenios 6: Antecedentes históricos adicionales

A principios de 1829, el profeta José Smith y su esposa, Emma, vivían en una pequeña casa cerca de la casa de los padres de ella, en Harmony, Pensilvania. José continuó traduciendo las planchas del Libro de Mormón durante ese tiempo con la ayuda de Emma, pero la obra progresaba lentamente. En marzo, José le suplicó al Señor que lo ayudara y, en respuesta, el Señor prometió: “… te proporcionaré los medios para que cumplas lo que te he mandado” (D. y C. 5:34). Al poco tiempo llegó Oliver Cowdery y se convirtió en escriba a tiempo completo de José.

Oliver Cowdery era un maestro de escuela que se hospedaba en el hogar de los padres del profeta José Smith (Joseph Smith y Lucy Mack Smith) durante el invierno de 1828–1829. Mientras se encontraba en la región de Palmyra, Nueva York, Oliver oyó hablar de las planchas de oro. Preguntó a la familia Smith sobre lo que había oído y, después de ganarse la confianza de Joseph Smith, averiguó más sobre los esfuerzos de José Smith por traducir las planchas. Más tarde, el profeta José Smith recordó que “el Señor apareció a un joven, de nombre de Oliver Cowd[e]ry, y le mostró las planchas en una visión… Por tanto, él deseaba venir y escribir para mí” (en The Joseph Smith Papers, Histories [Los Documentos de José Smith], Volume 1:Joseph Smith Histories, 1832–1844, editado por Karen Lynn Davidson y otros, 2012, pág. 16; se estandarizaron la ortografía, la puntuación y el uso de las mayúsculas).

Oliver creía firmemente que era la voluntad del Señor que él fuera para estar con José Smith y ayudarlo, de modo que viajó con el hermano de este, Samuel, a Harmony, Pensilvania, llegando allí el 5 de abril de 1829. José y Oliver empezaron a traducir el 7 de abril de 1829. No mucho después de que comenzaron a trabajar juntos, el Profeta recibió instrucciones del Señor que proporcionaban orientación a Oliver y aclaraban su función como ayudante de José.

Doctrine and Covenants Student Manual 2017 (Religion 324-325)

Doctrina y Convenios 6:1–24

El Señor instruye a Oliver Cowdery en cuanto a su función en la obra de Dios

Doctrina y Convenios 6:6. “… procurad sacar a luz y establecer la causa de Sion”

El Señor invitó al profeta José Smith y a Oliver Cowdery a “[guardar Sus] mandamientos y [procurar] sacar a luz y establecer la causa de Sion” (D. y C. 6:6). Esta es la primera vez que se menciona Sion en Doctrina y Convenios. “[Sacar] a luz y establecer la causa de Sion” se podría entender como la obra de restaurar el evangelio de Jesucristo, organizar de nuevo la Iglesia de Jesucristo en nuestros días y predicar el Evangelio para congregar a otras personas en Sion.

Doctrina y Convenios 6:7, 11. “… los misterios de Dios”

El Señor prometió a Oliver Cowdery que si procuraba sabiduría, “los misterios de Dios [le serían] revelados” (D. y C. 6:7). En las Escrituras, la frase “misterios de Dios” se refiere a las “verdades espirituales que se dan a conocer solamente por medio de la revelación. Dios revela Sus misterios a los que son obedientes al Evangelio” (Guía para el Estudio de las Escrituras, “Misterios de Dios”, scriptures.lds.org). Aunque estas verdades mayormente se desconocen y el mundo no las comprende ni las estima, los seguidores de Jesucristo pueden adquirir conocimiento y comprensión de las verdades del Evangelio mediante el estudio de las Escrituras y las palabras de los profetas vivientes, y por la revelación personal que se recibe mediante el Espíritu Santo. Doctrina y Convenios alienta a los lectores a guardar lo mandamientos y suplicar a Dios con fe a fin de adquirir un mayor conocimiento espiritual de los misterios de Dios (véanse D. y C. 8:11; 42:61, 65; 63:23; 76:5–10, 114–17).

Doctrina y Convenios 6:10–12. El don de Oliver Cowdery

El don que poseía Oliver Cowdery, que se describe en Doctrina y Convenios 6:10–12, es el don de la revelación (véase D. y C. 8:2–5). Todos los hijos de nuestro Padre Celestial pueden recibir guía espiritual cuando oran y buscan Su ayuda. Aquellos que son bautizados, que reciben el don del Espíritu Santo y que guardan diligentemente los mandamientos pueden recibir el don de la revelación.

Doctrina y Convenios 6:14–17. “… cuantas veces lo has hecho”

Oliver Cowdery fue una de las primeras personas en preguntarle a Dios sobre la obra del profeta José Smith. Oliver necesitaba aprender a reconocer las manifestaciones del Espíritu, tal como cada uno de nosotros debe hacerlo. De las palabras del Señor que se encuentran en Doctrina y Convenios 6:14–15, Oliver aprendió que había recibido guía divina cuantas veces había orado por ello. El Señor le recordó a Oliver que en respuesta a sus oraciones, el Espíritu lo había instruido y le había iluminado la mente (véase D. y C. 6:14–15). El Señor también señaló que el testimonio de la veracidad del Evangelio restaurado, que Oliver había recibido de esa manera, lo había llevado desde Palmyra hasta Harmony, a la obra en la que ahora participaba. Al hacer recordar a Oliver las experiencias reveladoras previas, el Señor lo ayudó a aumentar su capacidad para reconocer en el futuro la revelación mediante el Espíritu.

El élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“Una de las grandes lecciones que cada uno de nosotros debe aprender es la de pedir. ¿Por qué desea el Señor que oremos a Él y le pidamos? Porque así es como se recibe la revelación…

“Si piensas que Dios no ha contestado tus oraciones, medita en estas Escrituras [D. y C. 6:14–15]; después, busca detenidamente evidencias en tu propia vida de que tal vez Él ya te haya contestado” (véase “Cómo obtener revelación e inspiración en tu propia vida”, Liahona, mayo de 2012, págs. 45, 47).

Doctrina y Convenios 6:18–19. “… apoya fielmente a mi siervo José”

Por medio de la revelación que se halla en Doctrina y Convenios 6, el Señor le aseguró a Oliver Cowdery que José Smith era Su siervo. Oliver aprendió que tenía el deber de “[apoyar] fielmente” —o ser leal y prestar apoyo— al siervo del Señor (D. y C. 6:18) y que debía recibir “amonestación”, o corrección, de parte de él con paciencia (D. y C. 6:19). En su estrecha relación de trabajo con el Profeta, Oliver recibió el consejo del Señor de amonestar a José cuando fuese necesario (véase D. y C. 6:19). El Profeta tenía debilidades humanas y nunca afirmó ser infalible. Casi al final de su vida, José Smith declaró: “Nunca les dije que era perfecto; pero no hay error en las revelaciones que he enseñado” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 555). No obstante, al describir las flaquezas de su juventud, el Profeta brindó esta perspectiva de su carácter: “Esta confesión no es motivo para que se me juzgue culpable de cometer pecados graves o malos, porque jamás hubo en mi naturaleza la disposición para hacer tal cosa” (José Smith—Historia 1:28).

El élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, observó: “José Smith era un hombre mortal que se esforzaba por cumplir, pese a todo, una misión extraordinaria y divinamente señalada. La maravilla no es que haya mostrado fallas humanas, sino que tuviera éxito en su misión. Sus frutos son innegables e indiscutiblemente buenos” (“The Prophet Joseph Smith” [Devocional en la Universidad Brigham Young –Idaho, 24 de septiembre de 2013], byui.edu/devotionalsandspeeches).

La casa de madera de Joseph Smith, padre, y Lucy Mack Smith, en el condado de Manchester, Nueva York, donde Oliver Cowdery vivió mientras enseñaba en una escuela de la región.

Doctrina y Convenios 6:22–24. “¿No hablé paz a tu mente?”

La revelación se puede recibir de varias maneras. Según se registra en Doctrina y Convenios 6:22–24, el Señor ayudó a Oliver Cowdery a reconocer que había sido guiado espiritualmente al recibir un sentimiento de paz. El élder Richard G. Scott, afirmó: “El sentimiento de paz es el modo de ratificación más común que yo he experimentado. Cuando he estado preocupado acerca de un asunto muy importante, luchando sin poder resolverlo, he seguido esforzándome con fe. Más tarde, una gran paz me ha invadido, disipando mis inquietudes, tal como Él lo ha prometido” (véase “Utilizar el don supremo de la oración”, Liahona, mayo de 2007, pág. 10).

Doctrina y Convenios 6:25–37

El Señor aconseja a José Smith y a Oliver Cowdery que traduzcan y que no duden ni tengan miedo

Doctrina y Convenios 6:25–28. Dos testigos de la Restauración

El segundo don que se prometió a Oliver Cowdery era el don y las llaves de traducción. El Señor explicó que el profeta José Smith y Oliver se convertirían en dos testigos que podrían testificar que Sus palabras habían salido a luz. Es significativo que José tuvo a Oliver a su lado como testigo cuando ocurrieron otros importantes acontecimientos de la Restauración. Por ejemplo, Oliver participó en lo siguiente:

  1. La traducción del Libro de Mormón y su publicación (véase José Smith—Historia 1:71, nota).

  2. La restauración del Sacerdocio Aarónico por medio de Juan el Bautista (véase D. y C. 13).

  3. La restauración del Sacerdocio de Melquisedec por medio de Pedro, Santiago y Juan (véase José Smith—Historia 1:72).

  4. La organización de la Iglesia con dos élderes para dirigirla (véase D. y C. 20:2–3).

  5. La restauración de las llaves del sacerdocio por medio de Moisés, Elías y Elías el Profeta (véase D. y C. 110).

Doctrina y Convenios 6:32, 37. “Mirad… mis manos y pies”

No se sabe si Doctrina y Convenios 6:32, 37 se refiere a una experiencia literal o a una figurativa. Es posible que el Señor simplemente le haya estado recordando a Oliver una experiencia que había tenido anteriormente cuando oyó por primera vez sobre el profeta José Smith y las planchas de oro (véanse los comentarios sobre D. y C. 6 en los antecedentes históricos adicionales de este manual).

Doctrina y Convenios 8: Antecedentes históricos adicionales

Mientras actuaba como escriba para el profeta José Smith durante la traducción del Libro de Mormón, Oliver “se mostró sumamente ansioso de que se le concediera el poder para traducir” (José Smith, en History of the Church, tomo I, pág. 36). El Señor le había prometido a Oliver que “se [te] concederá según lo que de mí deseareis” y le dijo: “… si lo deseas de mí, te concederé un don para traducir, igual que mi siervo José” (D. y C. 6:8, 25). El interés que tenía Oliver en traducir también pudo haber aumentado a medida que él y José se familiarizaron con los relatos del Libro de Mormón relacionados con el don de traducción (véase Mosíah 8:9–16). Bajo esas circunstancias, Oliver recibió, por medio del profeta José Smith, las instrucciones que se hallan en Doctrina y Convenios 8.

Doctrina y Convenios 8

El Señor ayuda a Oliver Cowdery a entender el espíritu de revelación

Doctrina y Convenios 8:1, 10–11. “… [pide] con fe, con un corazón sincero”

En una revelación anterior, a Oliver Cowdery se le había prometido el don de traducir (véase D. y C. 6:25). Sin embargo, ese don requería que Oliver “[pidiera] con fe, con un corazón sincero, creyendo” (D. y C. 8:1) a fin de recibir la ayuda de Dios para traducir.

La promesa de recibir conocimiento y revelación de Dios se extiende a todos los que pidan con fe, con un corazón sincero, creyendo que recibirán. El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, recalcó la importancia de pedir a Dios cuando necesitamos conocimiento y entendimiento:

“En la actualidad, vivimos en un mundo en el que las personas no recurren a Dios; parece que quieren recurrir a Google. Aun cuando se trate de preguntas relacionadas con la fe, hay muchos que confían en que internet les proporcione respuestas acertadas, imparciales y equilibradas a sus preguntas más de lo que confían en la fuente sublime de verdad, nuestro Padre Celestial…

“En la actualidad, internet está lleno de aquellos que aguardan para engañar a los que no están bien informados y son inexpertos.

“En nuestra búsqueda de las verdades del Evangelio, no solamente necesitamos encontrar fuentes confiables, sino que también necesitamos darle al Señor un tiempo equitativo en nuestras búsquedas diarias. Necesitamos estudiar las Escrituras y las palabras de los siervos del Señor; tenemos que estar viviendo de manera recta ante a Dios; debemos hacer Su voluntad [véase Juan 7:16–17]; y nunca podemos recalcar lo suficiente la importancia de llevar nuestras preocupaciones espirituales directamente a Dios y confiar en Su inspiración y guía” (“Women of Dedication, Faith, Determination, and Action” [discurso pronunciado en la Conferencia de Mujeres, Universidad Brigham Young, 1 de mayo de 2015], págs. 5–6, womensconference.ce.byu.edu/transcripts).

Doctrina y Convenios 8:2–3. “… hablaré a tu mente y a tu corazón”

Un modo en que Dios revela Su voluntad a Sus hijos es mediante el “espíritu de revelación” (D. y C. 8:3). Tal como el Señor lo explicó a Oliver Cowdery por medio del profeta José Smith, eso requiere la mente (el intelecto) y el corazón (los sentimientos) (véase D. y C. 8:2).

Podemos recibir revelación ya sea en el corazón, en la mente o en ambos. Una forma en que podemos recibir revelación en el corazón así como en la mente es cuando nos llegan a la mente pensamientos e ideas inspirados, y los sentimientos espirituales que nos llegan al corazón confirman que son verdaderos. El élder Richard G. Scott explicó maneras adicionales en que el Espíritu podría comunicarse por medio de la mente y el corazón:

“Una impresión en la mente es muy específica. Las palabras detalladas se pueden escuchar o sentir y escribirse como si las instrucciones estuvieran siendo dictadas.

“Una comunicación al corazón es una impresión más general. El Señor con frecuencia empieza dando impresiones. Cuando se reconoce su importancia y se obedecen, uno adquiere mayor capacidad para recibir instrucción más detallada en la mente. Una impresión en el corazón, si se sigue, es reforzada por una instrucción más específica en la mente” (véase “Guía para ayudar a otros espiritualmente”, La enseñanza en Seminario: Lecturas de preparación para el maestro, 2006, pág. 59).

Joseph Smith: Harmony Pennsylvania Home

Panorama de la región de Harmony, Pensilvania (fotografía de aproximadamente 1897–1927)

Cortesía de la Biblioteca y los Archivos de Historia de la Iglesia

Doctrina y Convenios 8:3. Moisés y el espíritu de revelación

El Señor explicó que “el espíritu de revelación” que se prometió a Oliver Cowdery, y que el profeta José Smith poseía, es el mismo espíritu que dirigió a Moisés cuando condujo a los hijos de Israel al atravesar el mar Rojo (véase D. y C. 8:3). El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó algunas maneras mediante las cuales el ejemplo de Moisés puede ayudarnos a comprender mejor el espíritu de revelación:

“¿Por qué utilizó el Señor el ejemplo de cruzar el Mar Rojo como un ejemplo típico del ‘espíritu de revelación’? ¿Por qué no empleó la Primera Visión?… ¿O la visión del hermano de Jared? Bueno, podría haber empleado cualquiera de ellos, pero no lo hizo. En esta revelación tenía en mente otra finalidad…

“En primer lugar, la revelación casi siempre se recibe en respuesta a una pregunta, generalmente una pregunta urgente; no siempre, pero sí por lo general… El desafío de Moisés consistía en cómo hacer que él mismo y los hijos de Israel saliesen del apremio terrible en el que se encontraban…

“También ustedes necesitarán información, pero es poco probable que en asuntos de gran trascendencia la reciban a menos que la deseen con urgencia y sean fieles y humildes. Moroni lo llama buscar ‘con verdadera intención’ (Moroni 10:4). Si pueden buscarla de ese modo y seguir haciendo las cosas de esa manera, es poco lo que el adversario puede hacer para apartarlos del camino correcto…

“El Mar Rojo se partirá para el que busca la revelación con sinceridad. El adversario tiene poder para obstruir el camino, para reunir las fuerzas de Faraón y perseguirnos en nuestra huida hasta el borde de las aguas, pero… no puede vencer, a menos que nosotros se lo permitamos… Esta es la lección número uno con respecto a cruzar el Mar Rojo por medio del espíritu de revelación…

“Durante el proceso de revelación y al tomar decisiones importantes, el temor juega un papel destructivo y, a veces, paralizador…

“Este es el problema mismo que enfrentaron los hijos de Israel a orillas del Mar Rojo. Esa es la lección número dos; y está todo relacionado con aferrarse a la revelación que hayamos recibido previamente. El registro dice: ‘Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos, por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera’ (Éxodo 14:10).

“… nuestra fe será probada en la lucha contra la incertidumbre y las dudas. Habrá días en los que seremos milagrosamente conducidos fuera de Egipto, aparentemente libres y aparentemente en nuestro camino, solo para tener que enfrentar otra prueba, con toda esa agua que está delante de nosotros. En esos momentos debemos resistir la tentación de caer presos del pánico y rendirnos.

“‘Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes y ved la salvación que Jehová hará hoy… Jehová peleará por vosotros’ (Éxodo 14:13–14)…

“Esta es la segunda lección del espíritu de revelación. Después de haber recibido el mensaje, después de haber pagado el precio para sentir Su amor y oír la palabra del Señor, marchen adelante, no teman, no vacilen, no sean sofistas, no se quejen…

“La tercera lección que aprendemos sobre el espíritu de revelación en el milagro de cruzar el Mar Rojo es que, si Dios les ha dicho que algo es correcto, que de hecho algo es verdadero para ustedes, Él preparará el camino para que lo obtengan” (véase “No perdáis, pues, vuestra confianza”, Liahona, junio de 2000, págs. 38–40).

Doctrina y Convenios 8:4–5. “… este es tu don; empéñate en él”

Todos los que procuran seguir a Jesucristo pueden disfrutar del don de revelación que se prometió a Oliver Cowdery (véase D. y C. 6:10–12). El Señor enseñó que para recibir ese don debemos “[empeñarnos] en él” (D. y C. 8:4). El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, habló sobre la forma en que podemos “empeñarnos” en el espíritu de revelación:

“El deseo sincero y la dignidad invitan al espíritu de revelación a nuestra vida…

“En las Escrituras, con frecuencia se describe la influencia del Espíritu Santo como ‘una voz apacible y delicada’ (1 Reyes 19:12; 1 Nefi 17:45; véase también 3 Nefi 11:3) y ‘una voz… de perfecta suavidad’ (Helamán 5:30). A causa de que el Espíritu nos susurra tierna y delicadamente, es fácil comprender por qué debemos rechazar los medios de comunicación inapropiados, la pornografía y las substancias y conductas perjudiciales y adictivas. Esas herramientas del adversario pueden dañar y, con el tiempo, destruir nuestra capacidad para reconocer los sutiles mensajes de Dios por medio del poder de Su Espíritu, y responder a ellos. Cada uno de nosotros debe considerar seriamente y meditar con espíritu de oración cómo rechazar las tentaciones del diablo, y en rectitud ‘empeñarnos’ en el espíritu de revelación en nuestra vida y en la de nuestra familia” (“El espíritu de revelación”, Liahona, mayo de 2011, págs. 87–88).

Doctrina y Convenios 8:6–9. ¿Qué era “el don de Aarón”?

Cuando la revelación que se encuentra en Doctrina y Convenios 8 se publicó por primera vez en el Libro de Mandamientos de 1833, el don de Oliver Cowdery se describió como “el don de trabajar con la vara” (véase “Book of Commandments, 1833”, pág. 19, josephsmithpapers.org; véase también Jeffrey G. Cannon, “El don de Oliver Cowdery”, nota al pie 9, en Revelaciones en Contexto, editado por Matthew McBride y James Goldberg, 2016, pág. 21, véase también history.lds.org). Eso quizás se refería a un objeto que Oliver Cowdery usaba a veces, conocido como vara adivinatoria. Sin embargo, el profeta José Smith y Oliver Cowdery no dejaron ninguna explicación en cuanto a cómo se podría haber usado esa “vara”. En la versión de Doctrina y Convenios de 1835 [en inglés], la frase “el don de trabajar con la vara” se cambió a “el don de Aarón” (véase “Doctrine and Covenants, 1835”, pág. 161 [sección XXXIV, versículo 3], josephsmithpapers.org; véase también Melvin J. Petersen, “Preparing Early Revelations for Publication”, Ensign, febrero de 1985, pág. 20). Esa modificación demuestra que el mensaje central es el don de recibir revelación y también el poder divinamente guiado para traducir anales antiguos.

En la Biblia leemos de “personas que recibían manifestaciones espirituales por medio de objetos tales como varas, una serpiente de bronce sobre un asta… un efod (parte de la vestimenta sacerdotal que incluía dos piedras preciosas) y el Urim y Tumim” (Richard E. Turley Jr., Robin S. Jensen y Mark Ashurst-McGee, “José el vidente”, Liahona, octubre de 2015, pág. 11). Los relatos bíblicos de Moisés y su hermano Aarón describen que usaban varas como instrumentos y manifestaciones externas de la voluntad y del poder de Dios (véanse Éxodo 4:1–5, 17; 7:9–12; 14:15–18; Números 17:1–10). Por lo tanto, la frase “el don de Aarón” (D. y C. 8:6) puede ser una manera más general de referirse al don que tenía Oliver de “trabajar con la vara”, así como confirmar la conexión que el profeta José Smith y Oliver Cowdery tenían con los roles de Moisés y de Aarón. Después de reconocer el “don de Aarón” que tenía Oliver, el Señor le volvió a asegurar que el don de traducción se agregaría a los dones de revelación que ya poseía si actuaba con fe y “no [jugaba]” con esos dones sagrados (véase D. y C. 8:8–11).

Pennsylvania. Susquehanna Co. Oakland Township. Home and Farm of Joseph and Emma Smith

Interior de la casa reconstruida de José y Emma Smith, en Harmony, Pensilvania, donde se tradujo gran parte del Libro de Mormón.

Doctrina y Convenios 9: Antecedentes históricos adicionales

Al igual que José Smith, Oliver Cowdery solo hablaba inglés y no podía traducir un registro antiguo a menos que tuviera ayuda mediante el poder de Dios. Oliver Cowdery empezó a tratar de traducir las planchas del Libro de Mormón mediante el don y el poder de Dios, pero “no [continuó] como al comienzo”, de modo que el privilegio le fue quitado (D. y C. 9:5). En una revelación que se dio por medio del profeta José Smith, el Señor le prometió a Oliver que tendría una oportunidad futura para traducir otros anales. El Señor le aconsejó que siguiera sirviendo como escriba para el Profeta hasta que se terminara la traducción de las planchas.

Doctrina y Convenios 9

El Señor revela principios en cuanto a la revelación

Doctrina y Convenios 9:1–11. El intento que hizo Oliver de traducir

No disponemos de muchos detalles sobre el intento que hizo Oliver Cowdery de traducir. Seguramente tenía un gran deseo de traducir los anales del Libro de Mormón, pero después de que empezó, no pudo continuar. El Señor explicó que Oliver “no [continuó] como al comienzo” (D. y C. 9:5), y dijo que si hubiese aplicado los principios para recibir revelación, “[habría] podido traducir” (D. y C. 9:10). El Señor dio fin a la oportunidad que tuvo Oliver de traducir, pero le dijo que había “otros anales” que se le permitiría ayudar a traducir (D. y C. 9:2).

Joseph Smith: Harmony Pennsylvania Home

La casa de José y Emma Smith, en Harmony, Pensilvania; la casa original es la sección del centro (fotografía de aproximadamente 1907).

Cortesía de la Biblioteca y los Archivos de Historia de la Iglesia

Doctrina y Convenios 9:2. “… otros anales que tengo”

Aunque el Señor informó a Oliver Cowdery que Él tenía “otros anales” que se tendrían que traducir (D. y C. 9:2; véase también D. y C. 6:26), no sabemos si en realidad Oliver ayudó a traducir alguno de ellos. Sin embargo, Oliver sí actuó como escriba del profeta José Smith durante la traducción inspirada de la Biblia. Además, José Smith posteriormente poseyó algunos objetos egipcios que contenían papiros, y el análisis que el Profeta hizo de los papiros lo llevó a recibir revelación sobre la vida y las enseñanzas de Abraham. Aunque no sabemos exactamente cómo tradujo José Smith el libro de Abraham, sabemos que Oliver lo ayudó como escriba.

Doctrina y Convenios 9:5–9. “… no pensaste sino en pedirme”

Recibimos revelación personal de acuerdo con la voluntad y el tiempo del Señor. Entre las maneras en que podemos prepararnos para recibir revelación personal está el albergar deseos justos (véase D. y C. 6:8, 20), pedir con fe (véase D. y C. 8:1) y obedecer los mandamientos de Dios (véase D. y C. 63:23). Oliver Cowdery aprendió que antes de pedir a Dios respuestas sobre un asunto, él debía “estudiarlo en [su] mente” (D. y C. 9:8).

El élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, aclaró la necesidad que tenía Oliver de combinar tanto el estudio como la fe: “La correcta relación que existe entre el estudio y la fe para recibir el conocimiento sagrado se refleja en la ocasión en que Oliver Cowdery trató de traducir registros antiguos. El no pudo hacerlo porque ‘no pensó’, sino solo pidió a Dios. (D. y C. 9:7). El Señor le dijo que tenía que ‘estudiarlo en [su] mente’ y después preguntar si estaba bien. (D. y C. 9:8). Solo entonces, el Señor le revelaría si la traducción era correcta o no; y solo al recibir esa revelación se podría escribir el texto, porque ‘no puedes escribir lo que es sagrado a no ser que lo recibas de mí’ (D. y C. 9:9). En la adquisición de conocimiento sagrado, la erudición y la razón no reemplazan la revelación. Estos son medios para lograr un fin, y el fin es la revelación de Dios” (véase “Las voces distintas”, Liahona, julio de 1989, pág. 38).

El proceso de obtener revelación personal muchas veces puede requerir esfuerzo e incluso una lucha por parte nuestra. El élder Richard G. Scott enseñó por qué tenemos que hacer más que simplemente pedir respuestas: “Estoy convencido de que no existe una fórmula o técnica sencilla que te permita dominar de inmediato la habilidad de recibir la guía del Espíritu. Nuestro Padre espera que aprendas la forma de obtener esa ayuda divina al ejercer la fe en Él y en Su Santo Hijo Jesucristo. Si recibieras guía inspirada solo con pedirla, te convertirías en un ser débil y más dependiente de Ellos. Ellos saben que el crecimiento personal esencial vendrá a medida que te esfuerces por saber cómo dejarte guiar por el Espíritu” (“Cómo obtener guía espiritual”, Liahona, noviembre de 2009, págs. 6–7).

Doctrina y Convenios 9:8–9. “… tu pecho [arderá] dentro de ti… [o] te sobrevendrá un estupor de pensamiento”

Por medio del consejo del Señor que se halla registrado en Doctrina y Convenios 8:2–3, Oliver Cowdery aprendió que el Señor habla a la mente y al corazón de sus hijos por el poder del Espíritu Santo. En Doctrina y Convenios 9:8–9, el Señor recordó a Oliver que podría reconocer la revelación mediante sus sentimientos y pensamientos. El Señor le enseñó que si la traducción era correcta, “sentirás que está bien” (D. y C. 9:8). El Señor también utilizó la frase “tu pecho [arderá] dentro de ti” (D. y C. 9:8) para describir la forma en que opera el Espíritu.

El élder Dallin H. Oaks aclaró cómo el Espíritu puede comunicarse con nosotros por medio de un ardor en el pecho: “¿Qué significa que ‘tu pecho arda dentro de ti’? ¿Tiene que ser un sentimiento de calor físico como el calor que produce la combustión? Si ese es el significado, nunca he experimentado ese ardor en el pecho. Seguramente, la palabra ‘arda’ en este pasaje de las Escrituras significa un sentimiento de consuelo y serenidad. Esa es la confirmación que muchos reciben; así es como funciona la revelación” (“La enseñanza y el aprendizaje por medio del Espíritu”, Liahona, mayo de 1999, pág. 22).

Es importante recordar que las declaraciones del Señor “tu pecho arda” (D. y C. 9:8) y “te sobrevendrá un estupor de pensamiento” (D. y C. 9:9) se dieron específicamente al profeta José Smith y a Oliver Cowdery para guiarlos a medida que traducían el Libro de Mormón. Cuando buscamos guía espiritual, tal vez sea imprudente esperar que el Espíritu Santo siempre se comunique con nosotros de esa manera específica. Las Escrituras nos recuerdan que el Espíritu Santo puede comunicarse con nosotros de diversas maneras (véanse D. y C. 6:23; 8:2–3; 9:8; 11:12–13; 85:6; 128:1).

El élder Richard G. Scott explicó lo que significa el “estupor de pensamiento” que se describe en Doctrina y Convenios 9:9: “… el Señor aclaró: ‘Mas si [lo que has propuesto] no estuviere bien… te sobrevendrá un estupor de pensamiento’. Para mí, [el estupor de pensamiento] es un sentimiento inquietante y de desasosiego” (“Utilizar el don supremo de la oración”, pág. 10).

El presidente Spencer W. Kimball, (1895–1985), enseñó:

“En la actualidad, al igual que en tiempos pasados, muchas personas tienden a creer que si hubiera revelación, tendría que venir acompañada de asombrosas y espectaculares manifestaciones…

“Si uno espera algo espectacular, puede que no esté plenamente alerta al flujo constante de comunicación revelada” (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 265).

Doctrina y Convenios 9:8–9. ¿Qué pasa si piensas que no has recibido una respuesta?

Cuando planteamos preguntas importantes al Señor en oración, tenemos Su promesa que “si está bien… sentirás que está bien. Mas si no estuviere bien, no sentirás tal cosa” (D. y C. 9:8–9). Sin embargo, a veces es difícil distinguir si hemos recibido una respuesta.

El élder Richard G. Scott enseñó lo que debemos hacer cuando pensamos que no hemos recibido una respuesta de Dios: “¿Qué puedes hacer cuando te has preparado cuidadosamente, has orado con fervor y has esperado un tiempo razonable para recibir una respuesta, y sigues sin sentirla? Tal vez desees dar gracias cuando esto ocurra, pues es una muestra de Su confianza. Cuando vives dignamente y lo que has elegido está de acuerdo con las enseñanzas del Salvador y necesitas actuar, sigue adelante con confianza. Si eres receptivo a los susurros del Espíritu, con seguridad sucederá, en el momento apropiado, una de dos cosas: o recibirás el estupor de pensamiento que te indicará que lo que has escogido no es correcto, o sentirás paz o que tu pecho arde confirmándote que tu elección ha sido correcta. Cuando tú vives con rectitud y actúas con confianza, Dios no permitirá que sigas adelante por mucho tiempo sin hacerte sentir una impresión de advertencia si tú has hecho una mala decisión” (véase “Utilizar el don supremo de la oración”, pág. 10).

El presidente Brigham Young dio la siguiente perspectiva: “Si le pido que me dé sabiduría en cuanto a cualquier exigencia en la vida o con respecto a mi curso de acción o el de mis amigos, mi familia, mis hijos o aquellos sobre quienes presido y Él no me contesta, y entonces yo hago lo que la razón me aconseje, el Señor está obligado a aceptar y a honrar tal acción, y lo hará en todo sentido” (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, 1997, pág. 50).