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Capítulo 13: Doctrina y Convenios 30–34


Capítulo 13

Doctrina y Convenios 30–34

Introducción y cronología

Inmediatamente después de la segunda conferencia de la Iglesia, que tuvo lugar a finales de septiembre de 1830 en Fayette, Nueva York, el profeta José Smith recibió revelaciones para David Whitmer; Peter Whitmer, hijo, y John Whitmer. Esas revelaciones se encuentran registradas en Doctrina y Convenios 30. Casi al mismo tiempo, el Señor llamó a Thomas B. Marsh a predicar el Evangelio y a ayudar a establecer la Iglesia. Ese llamamiento, registrado en Doctrina y Convenios 31, también incluía promesas y consejos para guiarlo como misionero y en su vida personal.

En octubre de 1830, el profeta José Smith recibió la revelación registrada en Doctrina y Convenios 32, en la que el Señor llamó a Parley P. Pratt y a Ziba Peterson a unirse a Oliver Cowdery y a Peter Whitmer, hijo, en una misión a los lamanitas en la región oeste de Misuri. En otra revelación que se encuentra en Doctrina y Convenios 33, el Señor llamó a Ezra Thayre y a Northrop Sweet a proclamar el Evangelio. La revelación, registrada en Doctrina y Convenios 34, fue dada en noviembre de 1830. En ella el Señor elogió a Orson Pratt por su fe y le mandó predicar el Evangelio en preparación para la segunda venida de Jesucristo.

Verano de 1830

Parley P. Pratt lee el Libro de Mormón y es bautizado.

Septiembre de 1830

Thomas B. Marsh y su familia se mudan desde cerca de Boston, Massachusetts, hasta Palmyra, Nueva York, y es bautizado.

19 de septiembre de 1830

Orson Pratt es bautizado por su hermano mayor Parley.

26–28 de septiembre de 1830

La segunda conferencia de la Iglesia tiene lugar en Fayette, Nueva York.

Finales de septiembre de 1830

Se reciben Doctrina y Convenios 30 y 31.

Octubre de 1830

Se reciben Doctrina y Convenios 32 y 33.

Octubre de 1830

Oliver Cowdery y sus compañeros salen a una misión entre los lamanitas.

4 de noviembre de 1830

Se recibe Doctrina y Convenios 34.

Doctrina y Convenios 30: Antecedentes históricos adicionales

La segunda conferencia de la Iglesia, que tuvo lugar en Fayette, Nueva York, en septiembre de 1830, duró tres días. La conferencia incluyó análisis respecto a la piedra que Hiram Page usaba para recibir sus supuestas revelaciones (véase el comentario sobre Doctrina y Convenios 28, en este manual). El profeta José Smith registró que “el hermano Page, así como toda la Iglesia presente, renunciaron a dicha piedra y a todo lo que estuviera relacionado con ella, lo cual fue motivo de mutua satisfacción y felicidad” y que los santos “participaron de la Santa Cena, confirmaron y ordenaron a muchos, y se ocuparon de una gran variedad de asuntos de la Iglesia en ese día y el siguiente. Durante ese tiempo se manifestó entre nosotros mucho del poder de Dios; el Espíritu Santo vino sobre nosotros y nos llenó de un gozo indescriptible; y paz, fe, esperanza y caridad abundaron en medio de nosotros” (en The Joseph Smith Papers, Histories, tomo I, Joseph Smith Histories, 1832–1844, ed. por Karen Lynn Davidson y otros, 2012, pág. 452). Antes de que los santos partieran de la conferencia, se dieron revelaciones para los hermanos David Whitmer; Peter Whitmer, hijo, y John Whitmer. En un principio, esas revelaciones se publicaron separadamente en el Libro de Mandamientos, pero José Smith las combinó en una sola sección en la edición de Doctrina y Convenios de 1835.

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Doctrine and Covenants Student Manual 2017 (Religion 324-325)
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Doctrine and Covenants Student Manual 2017 (Religion 324-325)

Doctrina y Convenios 30

El Señor enseña a David; Peter, hijo, y John Whitmer respecto a su papel en la obra de Dios

Doctrina y Convenios 30:1–4. “… has temido al hombre, y no has confiado en [mí]”

Como uno de los Tres Testigos, David Whitmer había visto un ángel, y había visto y palpado las planchas del Libro de Mormón. También había recibido otras revelaciones dadas por medio del profeta José Smith (véanse D. y C. 14, 17, 18). Pero, cuando su cuñado Hiram Page profesó estar recibiendo revelaciones para la Iglesia, David fue engañado. El Señor reprendió a David por temer al hombre en vez de confiar en Dios (véase D. y C. 30:1).

El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) explicó cómo el orgullo puede hacer que temamos al hombre:

“Los orgullosos temen más al juicio de los hombres que al juicio de Dios (véanse D. y C. 3:6–7; 30:1–2; 60:2). La idea ‘¿Qué pensarán los demás de mí?’ pesa más para ellos que la de ‘¿Qué pensará Dios de mí?’.

“El rey Noé estaba a punto de liberar al profeta Abinadí, pero sus malvados sacerdotes apelaron a su orgullo y esto envió a Abinadí a la hoguera (véase Mosíah 17:11–12). Herodes se entristeció ante la exigencia de su esposa de que le cortara la cabeza a Juan el Bautista, pero su orgulloso deseo de quedar bien ante los ojos ‘de los que estaban juntamente con él a la mesa’ le hizo mandar matar a Juan (Mateo 14:9; véase también Marcos 6:26).

“El temor de los juicios de los hombres se manifiesta en la competencia que tiene lugar para lograr la aprobación de los demás. Los orgullosos aman ‘más la gloria de los hombres que la gloria de Dios’ (Juan 12:42–43). El pecado se manifiesta en los motivos que tenemos para hacer lo que hacemos. Jesús dijo que Él hacía siempre lo que le agradaba al Padre (véase Juan 8:29). ¿No sería mejor que nuestro motivo fuera agradar a Dios en lugar de tratar de colocarnos por encima de nuestros hermanos y tratar de superarlos?” (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Ezra Taft Benson, 2014, págs. 255–256).

El élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó cómo los Santos no deben ser influenciados por las cosas del mundo: “No servimos bien a nuestro Salvador si tememos al hombre más que a Dios. Él reprendió a algunos líderes de Su Iglesia restaurada por buscar las alabanzas del mundo y por poner sus pensamientos en las cosas de la tierra más que en las cosas del Señor (véanse D. y C. 30:2; 58:39). Esas reprimendas nos recuerdan que somos llamados a establecer las normas del Señor, no a seguir las del mundo. El élder John A. Widtsoe declaró: ‘No podemos andar como los demás hombres, ni hablar como los demás hombres, ni hacer lo que hacen los demás hombres, pues tenemos un destino, una obligación y una responsabilidad diferentes, y debemos ajustarnos [a ellos]’ [en Conference Report, abril de 1940, pág. 36]. Esa realidad se aplica en la actualidad a cada actitud que esté de moda” (véase “El servicio desinteresado”, Liahona, mayo de 2009, pág. 95).

Doctrina y Convenios 30:5–8. “… decla[ra] mi evangelio”

En junio de 1829, el Señor dijo a Peter Whitmer, hijo, que declarar el arrepentimiento sería la cosa de “mayor valor” que él haría (véase D. y C. 16:4, 6). En septiembre de 1830, Peter fue designado para servir en una misión como compañero de Oliver Cowdery, a fin de establecer la Iglesia entre los lamanitas. El énfasis en la importancia de la obra misional ha continuado a través de la historia de la Iglesia.

El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó la razón por la que los santos siempre se enfocarán en declarar el Evangelio a los demás: “La obra misional no es lo único que tenemos que hacer en esta grande, amplia y maravillosa Iglesia; pero casi todo lo demás que hay que hacer depende de que las personas primero escuchen el evangelio de Jesucristo y se unan a nuestra fe. Seguramente por eso el mandato final de Jesús a los Doce fue así de básico: ‘Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo’ [Mateo 28:19]. Entonces, y solo entonces, se podrán recibir por completo el resto de las bendiciones del Evangelio: la solidaridad familiar, los programas para los jóvenes, las promesas del sacerdocio y las ordenanzas que nos llevan hacia el templo. Pero, como testificó Nefi, nada de eso ocurrirá hasta haber ‘entra[do] por la puerta’ [2 Nefi 33:9]. Con todo lo que hay que hacer en el sendero a la vida eterna, necesitamos muchos misioneros más que abran esa puerta y ayuden a las personas a pasar por ella” (véase “Somos los soldados”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 46–47).

Doctrina y Convenios 30:6. “… edificar mi iglesia entre los lamanitas”

Para obtener información respecto al uso del término lamanitas en Doctrina y Convenios, consulta el comentario sobre Doctrina y Convenios 28:8–10, 14–16, en este manual.

Doctrina y Convenios 30:9–11. “… proclamar mi evangelio como con la voz de trompeta”

John Whitmer fue uno de los Ocho Testigos de las planchas del Libro de Mormón y también sirvió por un corto tiempo como escriba del profeta José Smith durante la traducción inspirada de la Biblia. En una revelación recibida mediante el Profeta en junio de 1829, el Señor le dijo: “… lo que será de mayor valor para ti será declarar el arrepentimiento a este pueblo, a fin de que traigas almas a mí” (D. y C. 15:6). Después de la conferencia de la Iglesia en septiembre de 1830, el Señor mandó a John seguir adelante y trabajar en Su obra, comenzando con el área en la que vivía Philip Burroughs, en Seneca Falls, Nueva York, no lejos de la familia Whitmer (véase D. y C. 30:9–10). Solo un par de semanas antes de que se recibiera esa revelación, Parley P. Pratt había predicado un sermón a un grupo que se había reunido en el hogar de Philip Burroughs, y algunas de las personas se convirtieron. Aunque se llama “hermano” a Philip Burroughs en Doctrina y Convenios 30:10, no hay registro de que en alguna ocasión llegara a ser miembro de la Iglesia. Sin embargo, su esposa fue bautizada.

El élder L. Tom Perry (1922–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles, recordó a los miembros de la Iglesia por qué deben hacer oír su voz para compartir el Evangelio: “Debemos llevar la luz del Evangelio ‘con gran diligencia’ (D. y C. 123:14) a los que buscan las respuestas que ofrece el Plan de Salvación. Muchas personas están preocupadas por su familia. Algunas buscan seguridad en un mundo de valores cambiantes. Nuestra oportunidad es darles esperanza y ánimo e invitarlas a venir con nosotros y unirse a los que aceptan el evangelio de Jesucristo. El evangelio del Señor está sobre la tierra y bendecirá sus vidas aquí y en las eternidades venideras” (véase “Traer almas a Mí”, Liahona, mayo de 2009, pág. 110).

Doctrina y Convenios 31: Antecedentes históricos adicionales

Mientras era un joven casado que vivía cerca de Boston, Massachusetts, Thomas B. Marsh había leído la Biblia e investigado religiones, pero sintió la impresión de que “surgiría una nueva iglesia, la que tendría la verdad en su pureza” (Thomas B. Marsh, “History of Thos. Baldwin Marsh [escrita por él mismo en Great Salt Lake City, noviembre de 1857]”, Deseret News, 24 de marzo de 1858, pág. 18). El Señor lo inspiró a viajar a la región occidental de Nueva York. Ahí escuchó acerca de José Smith y las planchas de oro, y buscó saber más. Se reunió con Martin Harris en Palmyra y también con Oliver Cowdery, ya que José Smith en ese momento estaba viviendo en Harmony, Pensilvania. Thomas regresó a casa en Boston y continuó aprendiendo acerca de la obra de Dios al mantener correspondencia con Oliver Cowdery. Tras saber que la Iglesia de Jesucristo había sido organizada, se mudó junto con su familia a Palmyra, Nueva York, adonde llegó en septiembre de 1830. Poco depués fue bautizado por David Whitmer y asistió a la segunda conferencia de la Iglesia ese mismo mes. Thomas Marsh tuvo el privilegio de recibir dirección personal del Señor mediante una revelación dada a través del profeta José Smith durante esa conferencia.

Doctrina y Convenios 31

El Señor llama a Thomas B. Marsh, Parley P. Pratt y Ziba Peterson a predicar el Evangelio

Doctrina y Convenios 31:1–6. A medida que servimos fielmente al Señor, nuestras familias son bendecidas

Como padre de una familia joven, seguramente Thomas Marsh tenía preocupaciones respecto a su esposa e hijos al mudarse de Massachusetts a Nueva York. En la revelación registrada en Doctrina y Convenios 31, se le prometió que, mediante su fe y servicio al Señor, su familia algún día creería y estaría con él en la Iglesia. En ese momento, Thomas y su esposa, Elizabeth, tenían tres hijos: de nueve, siete y tres años de edad. Más adelante, en 1831, Elizabeth se convirtió (véase The Joseph Smith Papers, Documents, tomo I, julio de 1828–junio de 1831, ed. Michael Hubbard MacKay y otros, 2013, pág. 194, nota 412). La promesa del Señor de bendecir a la familia Marsh debió haber fortalecido a Thomas al ser llamado para ayudar en la obra de Dios.

En la actualidad hay promesas similares disponibles para aquellos que se esfuerzan por dedicarse al servicio del Señor. El élder Robert D. Hales, del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió la siguiente experiencia:

“[Un matrimonio misionero de tiempo completo] estaba preocupado por dejar a su hija más joven, que no estaba activa en la Iglesia. El fiel padre escribió: ‘Orábamos por ella constantemente y ayunábamos con regularidad. Entonces, durante una conferencia general, el Espíritu me susurró: “Si prestas servicio, no tendrás que preocuparte por tu hija nunca más”. Nos reunimos con el obispo y a la semana siguiente de haber recibido el llamamiento, nuestra hija y su novio se comprometieron. Antes de marcharnos a África, se celebró la boda en nuestra casa. [Luego, reunimos a nuestra familia y] tuvimos una reunión de consejo familiar… Les di testimonio del Señor y de José Smith… y les dije que me gustaría darle a cada uno una bendición de padre. Comencé por nuestro hijo mayor; después bendije a su esposa, y así seguí hasta llegar a la hija menor… [incluso a nuestro nuevo yerno]’…

“Cuando el fiel padre del caso que les he contado bendijo a los miembros de su familia, su yerno sintió la influencia del Espíritu Santo. El padre escribió: ‘Para finales de nuestro primer año, [el] corazón [de nuestro yerno] empezó a ablandarse en cuanto a la Iglesia y justo antes de que regresáramos a casa de la misión, él y nuestra hija vinieron a visitarnos. En la maleta de mi yerno estaba la primera ropa de domingo que tuvo en su vida. Fueron a la Iglesia con nosotros y después de volver a casa, se bautizó. Un año más tarde, se sellaron en el templo’” (véase “Los matrimonios misioneros: Las bendiciones del sacrificio y del servicio”, Liahona, mayo de 2005, pág. 40).

Doctrina y Convenios 31:5. “… mete tu hoz con toda tu alma, y tus pecados te son perdonados”

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The Golden Harvest

The Golden Harvest [La cosecha dorada], por David Merrill. Las Escrituras se refieren a las gavillas del trigo cosechado que representan los frutos de la obra misional, lo que incluye a las almas que se han convertido (véanse D. y C. 31:4–5; 33:7, 9).

Entre las bendiciones prometidas a Thomas B. Marsh se encontraba la certeza de que sus pecados serían perdonados mediante sus esfuerzos diligentes para declarar el Evangelio a los demás (véase D. y C. 31:5). El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, aclaró la conexión entre compartir el Evangelio y retener la remisión de nuestros pecados:

“Una consecuencia natural de la conversión es la continua remisión de los pecados al vivir el Evangelio, lo cual incluye compartir el Evangelio con los demás. El presidente Spencer W. Kimball declaró: ‘El Señor nos ha dicho que nuestros pecados serán perdonados más fácilmente si traemos almas a Cristo y nos mantenemos firmes en dar testimonio al mundo; y [seguramente cada uno de nosotros está buscando] ayuda adicional para que sus pecados le sean perdonados’ (Liahona, noviembre de 1977, pág. 3).

“En Doctrina y Convenios leemos: ‘Porque yo os perdonaré vuestros pecados con este mandamiento: Que os conservéis firmes en vuestras mentes en solemnidad y en el espíritu de oración, en dar testimonio a todo el mundo de las cosas que os son comunicadas’ (D. y C. 84:61; cursiva agregada). Y también en Doctrina y Convenios leemos: ‘Sin embargo, benditos sois, porque el testimonio que habéis dado se ha escrito en el cielo para que lo vean los ángeles; y ellos se regocijan a causa de vosotros, y vuestros pecados os son perdonados’ (D. y C. 62:3; cursiva agregada)…

“La doctrina me parece muy clara: la remisión de los pecados es un proceso continuo. A medida que cada uno de nosotros se esfuerce por permanecer limpio, puro y aun santificado, no veo mejor manera de que lo logremos que ayudando a otros de los hijos de nuestro Padre Celestial a encontrar la verdad” (véase “Apuntad una fecha”, Liahona, enero de 1985, pág. 13).

Doctrina y Convenios 31:9–13. Advertencias y amonestaciones para Thomas B. Marsh

Mientras que Thomas B. Marsh fue elogiado por su fe (véase D. y C. 31:1) y se le prometieron grandes bendiciones, el Señor también le dio advertencias y consejos importantes. En 1835, Thomas fue llamado a servir en el primer Cuórum de los Doce Apóstoles de esta dispensación. Más adelante, fue llamado a ser el Presidente de ese Cuórum. Sin embargo, a los pocos años, en marzo de 1839, fue excomulgado por apostasía. Las instrucciones del Señor en Doctrina y Convenios 31 lo habrían bendecido con protección espiritual, si hubiera prestado atención a ellas. Thomas B. Marsh volvió a ser bautizado el 16 de julio de 1857, en Florence, Nebraska, y fue a Utah ese mismo año. Buscó el perdón de los líderes de la Iglesia, y el presidente Brigham Young le dio la oportunidad de hablar a los santos. Él dijo lo siguiente respecto a su apostasía:

“Con frecuencia he querido saber cómo comenzó mi apostasía, y he llegado a la conclusión de que debí haber perdido el Espíritu del Señor, el cual salió de mi corazón.

“La siguiente pregunta es: ‘¿Cómo y cuándo perdí el Espíritu?’ Tuve envidia del Profeta, y luego se alteró mi percepción y pasé por alto todo lo que era correcto; y dediqué todo mi tiempo a buscar errores. Después, cuando comenzó a guiarme el diablo, resultó fácil que la mente carnal tomara el control, lo cual es enojo, envidia e ira. Lo sentía en mi interior; me sentía enojado e iracundo; y una vez que se marchó el Espíritu del Señor, como dicen las Escrituras, quedé cegado” (“Remarks by Thomas B. Marsh”, Deseret News, 16 de septiembre de 1857, pág. 220; se estandarizó la ortografía).

Thomas B. Marsh vivió el resto de su vida en Utah. Falleció en enero de 1866 en Ogden, donde fue sepultado.

Doctrina y Convenios 31:10. ¿En qué sentido era Thomas B. Marsh un “médico para la iglesia”?

Thomas B. Marsh había adquirido alguna aptitud en el uso medicinal de hierbas silvestres y con ese conocimiento pudo ayudar a muchas personas. Sin embargo, su llamamiento más importante era sanar las almas (véase Thomas B. Marsh, “History of Thos. Baldwin Marsh”, pág. 18).

Doctrina y Convenios 32: Antecedentes históricos adicionales

En el verano de 1830, Parley P. Pratt y Thankful, su esposa, viajaron desde su casa en Amherst, Ohio, a visitar familiares en el estado de Nueva York. El Espíritu Santo inspiró a Parley a parar en el poblado de Newark, Nueva York, cerca de Palmyra, donde supo en cuanto al Libro de Mormón. Más tarde escribió su reacción hacia el libro:

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Pratt, Parley P.

Parley P. Pratt fue llamado como misionero a los lamanitas y después como Apóstol.

“Lo abrí ansiosamente y leí la portada. Después, leí el testimonio de varios testigos de la manera en que fue hallado y traducido. A continuación, comencé a leer el contenido desde la primera página. Leí todo el día; tener que comer era una molestia, pues no sentía deseos de alimentarme; y cuando llegó la noche, me agobiaba tener que ir a dormir, pues prefería seguir leyendo en lugar de dormir.

“A medida que leía, el Espíritu del Señor me inundó y supe y comprendí que el libro era verdadero con la misma claridad con que un hombre comprende y sabe que existe” (Autobiografía de Parley Parker Pratt, ed. por Parley P. Pratt, 1938, pág. 37).

Parley viajó a Palmyra, donde conoció a Hyrum Smith, quien le enseñó. Al poco tiempo, Hyrum y Parley viajaron a Fayette, Nueva York, para reunirse con miembros de la creciente rama de la Iglesia. Parley se bautizó y fue ordenado élder por Oliver Cowdery en septiembre de 1830.

Se conoce poco de la conversión de Ziba Peterson. Sabemos que Oliver Cowdery lo bautizó en abril de 1830, y fue ordenado élder en junio del mismo año. Poco antes de que Oliver Cowdery y Peter Whitmer, hijo, salieran a su misión, el profeta José Smith preguntó al Señor a fin de saber si otras personas debían acompañarlos. Recibió la revelación registrada en Doctrina y Convenios 32, en la que llamó a Parley P. Pratt y a Ziba Peterson a ir.

Durante el otoño de 1830 y el invierno de 1830–1831, el pequeño grupo de misioneros que incluía a Oliver Cowdery, Peter Whitmer, hijo, Parley P. Pratt y Ziba Peterson (a quienes más tarde se unió un converso de Ohio de nombre Frederick G. Williams), viajaron cerca de 2400 kilómetros desde Fayette, Nueva York, hasta Independence, Misuri; gran parte del camino, a pie. En el camino, esos misioneros predicaron el Evangelio en Mentor y Kirtland, Ohio, a una congregación de personas que buscaban la restauración del cristianismo del Nuevo Testamento. Sidney Rigdon, el líder del grupo, y muchos en la congregación, fueron convertidos al Evangelio restaurado. Los misioneros finalmente llegaron a Independence a mediados de enero de 1831. Durante parte del viaje, sufrieron un frío intenso, fuertes vientos y agotamiento, viviendo en mayor parte de pan de maíz congelado y cerdo crudo. En algunos lugares, la nieve sobre la que caminaron llegaba a un metro de profundidad. A pesar de esas dificultades, los misioneros lograron llevar el Evangelio a los indígenas nativos que vivían en el Territorio Indio cercano a la frontera occidental de Misuri. El Señor cumplió Su promesa de que estaría con los misioneros y de que nada prevalecería en contra de ellos (véase La historia de la Iglesia en el cumplimiento de los tiempos, 2da. edición [manual del Sistema Educativo de la Iglesia, 2003], págs. 81–84).

Doctrina y Convenios 32

El Señor llama a Parley P. Pratt y a Ziba Peterson a predicar a los lamanitas

Doctrina y Convenios 32:1–3. “… y yo mismo los acompañaré y estaré entre ellos”

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Go Into the Wilderness

Go into the Wilderness [Ve al desierto], por Robert Theodore Barrett. Oliver Cowdery, Parley P. Pratt, Peter Whitmer, hijo, y Ziba Peterson fueron llamados a predicar el Evangelio “entre los lamanitas” (D. y C. 32:2).

Parley P. Pratt y Ziba Peterson fueron designados para acompañar a Oliver Cowdery y a Peter Whitmer, hijo, en su misión a los lamanitas (véanse D. y C. 28:8–9; 30:5–8). El Señor prometió a esos misioneros que, si predicaban el Evangelio con mansedumbre, Él “los acompaña[ría] y esta[ría] entre ellos” (véase D. y C. 32:3). El presidente Henry B. Eyring, de la Primera Presidencia, compartió la siguiente experiencia para enseñar algunas de las maneras en las que el Señor puede estar con nosotros mientras servimos en nuestros llamamientos:

“Dios magnifica a los que Él llama, incluso en lo que para usted parezca un servicio pequeño e insignificante. Usted tendrá el don de ver que su servicio es magnificado; dé las gracias mientras sea suyo…

“El Señor no solo magnificará el poder de sus esfuerzos, sino que trabajará a su lado. Sus palabras, dirigidas a cuatro misioneros llamados por medio del profeta José Smith a realizar una tarea difícil, dan valor a todo el que Él llama en Su reino: ‘… y yo mismo los acompañaré y estaré entre ellos; y soy su intercesor ante el Padre, y nada prevalecerá en contra de ellos’ [D. y C. 32:3]…

“Puede tener la total certeza de que El Señor multiplicará muchas veces el poder que usted tiene. Todo lo que Él le pide es que dé el mejor de sus esfuerzos y le entregue todo su corazón. Hágalo con buen ánimo y con oración de fe. El Padre y Su Hijo Amado enviarán el Espíritu Santo para ser su compañero y guiarle; sus esfuerzos se magnificarán en la vida de la gente a la que usted sirva y, cuando mire hacia atrás a lo que ahora pueden parecer momentos difíciles de servicio y sacrificio, el sacrificio se habrá convertido en una bendición y usted sabrá que ha visto el brazo de Dios dando ayuda a los que usted ha servido en Su nombre, y ayudándole también a usted” (véase “Elévense a la altura de su llamamiento”, Liahona, noviembre de 2002, págs. 77–78).

Doctrina y Convenios 33: Antecedentes históricos adicionales

Ezra Thayre estaba viviendo cerca de Palmyra, Nueva York, cuando se enteró de la restauración del evangelio de Jesucristo. Con anterioridad había contratado a miembros de la familia Smith para ayudarlo en proyectos de construcción. Finalmente se sintió convencido de asistir a una reunión en la que Hyrum Smith predicó el Evangelio. Más tarde escribió acerca de su reacción a lo que Hyrum enseñó: “Cada palabra me llegó a lo más profundo del alma. Pensé que cada palabra iba dirigida a mí… Las lágrimas me corrían por las mejillas; yo era muy orgulloso y testarudo. Muchos de quienes estaban allí me conocían… Me senté para recuperarme antes de atreverme a levantar la mirada” (citado en Matthew McBride, “Ezra Thayre: de escéptico a creyente”, en Revelaciones en Contexto, ed. por Matthew McBride y James Goldberg, 2016, pág. 67 o history.lds.org).

Ezra recibió un poderoso testimonio de la verdad del Libro de Mormón. También tuvo una visión en la que “vino un hombre y me trajo un rollo de papel y me lo mostró, y también una trompeta, y me dijo que la hiciera sonar. Le dije que yo nunca había tocado una trompeta. Me dijo: ‘Tú puedes, inténtalo’. Me la puse en la boca y soplé, y emitió el sonido más hermoso que jamás he escuchado. El pergamino era la revelación para mí y para Northrop Sweet. Oliver [Cowdery] era el hombre que traía el pergamino y la trompeta. Cuando me trajo la revelación para mí y para Northrop Sweet, dijo: ‘Aquí se encuentra una revelación de Dios para usted’” (en The Joseph Smith Papers, Documents, tomo I, julio de 1828–junio de 1831, pág. 206). Ezra Thayre fue bautizado por Parley P. Pratt, y en octubre de 1830, en la revelación registrada en Doctrina y Convenios 33, él y Northrop Sweet fueron llamados a la obra del Señor.

Northrop Sweet fue bautizado como miembro de la Iglesia por Parley P. Pratt en octubre de 1830, en Palmyra, Nueva York. Contrajo matrimonio con la sobrina de Martin Harris. Al poco tiempo de su bautismo, como se registra en Doctrina y Convenios 33, se le asignó servir una misión. Northrop se había mudado a Kirtland, Ohio, para junio de 1831, donde fue ordenado élder; sin embargo, dejó la Iglesia poco después e intentó, junto con otras personas, formar otra iglesia, profesando que José Smith era un profeta falso.

Doctrina y Convenios 33

El Señor llama a Ezra Thayre, Northrop Sweet y a Orson Pratt a declarar el Evangelio

Doctrina y Convenios 33:4. “… yerran en muchos casos a causa de las supercherías sacerdotales”

El simbolismo de la viña corrupta en Doctrina y Convenios 33:4 se refiere a la condición de apostasía que corrompe al mundo debido al pecado de la superchería sacerdotal. El élder Dallin H. Oaks explicó el significado de superchería sacerdotal:

“En las Escrituras, el servicio en el Evangelio efectuado ‘por causa de las riquezas y los honores’ se denomina ‘superchería sacerdotal’. (Alma 1:16). Nefi dijo: ‘… son supercherías sacerdotales el que los hombres prediquen y se constituyan a sí mismos como una luz al mundo, con el fin de obtener lucro y alabanza del mundo; pero no buscan el bien de Sion’ (2 Nefi 26:29). En estos últimos días, se nos ha mandado ‘sacar a luz y establecer la causa de Sion’ (D. y C. 6:6). Desgraciadamente, no todos los que obran en dicha causa tienen verdadera intención de edificar Sion ni de fortalecer la fe del pueblo de Dios; puede que haya en juego otros motivos.

“El servicio que a los ojos del mundo se ve abnegado, pero que en realidad se efectúa para obtener riquezas u honores, ciertamente merece la condenación que el Salvador dirigió a aquellos que ‘se [muestran] justos a los hombres, pero por dentro es[tán] llenos de hipocresía e iniquidad’ (véase Mateo 23:28). Un servicio así no merece galardón en el Evangelio” (véase “¿Por qué servimos?”, Liahona, enero de 1985, pág. 10).

El élder Marlin K. Jensen, de los Setenta, habló acerca de la diferencia entre las supercherías sacerdotales y el servir con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios:

“Aquellos que buscan honor y lucro personal por hacer la obra del Señor son culpables de lo que las Escrituras llaman ‘supercherías sacerdotales’…

“Los Santos de los Últimos Días cuyos ojos están puestos en la gloria de Dios ven la vida en una perspectiva muy diferente que aquellos que prestan atención a otras cosas. A esos miembros, por ejemplo, poco les importa que se les reconozca por sus obras buenas; están más interesados en ‘pastorear las ovejas’ que en contarlas. De hecho, a menudo encuentran la mayor felicidad en servir en el anonimato, dejando así a los beneficiados de sus bondades sin nadie más que el Señor a quien agradecer o alabar” (véase “La única mira de glorificar a Dios”, Liahona, enero de 1990, pág. 28).

Doctrina y Convenios 33:8–10. “Abrid vuestra boca”

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Nephi writing on the gold plates.

Nephi Writing on the Gold Plates [Nefi escribe en las planchas de oro], por Paul Mann. El Señor instruyó a Sus siervos que abrieran sus bocas con el mensaje de arrepentimiento, y que llegarían a ser “como Nefi el de antaño” (véase D. y C. 33:8–10).

En tres versículos (véase D. y C. 33:8–10) se mandó a Ezra Thayre y a Northrop Sweet en tres ocasiones que abrieran sus bocas y declararan el arrepentimiento. El Señor necesita siervos que sean valientes y que tengan la disposición de proclamar el Evangelio. El presidente Henry B. Eyring compartió el siguiente ejemplo de la razón por la que es importante abrir nuestra boca y compartir el Evangelio con todos los que conocemos:

“En algún momento de la vida venidera, todas aquellas personas a las que lleguen a conocer sabrán lo que ustedes saben ahora. Sabrán que la única manera de vivir para siempre con nuestras familias y en la presencia de nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo era escoger entrar por la puerta del bautismo bajo las manos de aquellos que poseen la autoridad de Dios. Sabrán que la única forma en que las familias pueden vivir juntas para siempre es al aceptar y cumplir los sagrados convenios que se ofrecen en los templos de Dios sobre la tierra; sabrán que ustedes lo sabían; y recordarán si les ofrecieron lo que a ustedes se les ofreció.

“Es muy fácil decir: ‘El momento no es oportuno’. Pero existe el peligro de la postergación. Hace años trabajé con un hombre en California que me empleó, fue bondadoso conmigo y parecía respetarme mucho. Quizás yo haya sido el único Santo de los Últimos Días que él haya conocido bien. No sé cuáles fueron todas las razones por las que esperé un momento más oportuno para hablarle acerca del Evangelio. Solo recuerdo los sentimientos de pesar que experimenté cuando, después de haberse jubilado y mudado a un lugar distante, me enteré de que él y su esposa habían muerto en un accidente automovilístico una noche en que se dirigían a su casa en Carmel, California. Él amaba a su esposa y a sus hijos; había amado a sus padres; amaba a sus nietos, y amará a los hijos de estos y querrá vivir con ellos para siempre.

“Ahora bien, no sé cómo se relacionarán las multitudes en la vida venidera, pero supongo que lo encontraré, que me mirará a los ojos y que percibiré en los de él la pregunta: ‘Tú lo sabías. ¿Por qué no me lo dijiste?’” (véase “Una voz de amonestación”, Liahona, enero de 1999, pág. 38).

Doctrina y Convenios 34: Antecedentes históricos adicionales

Orson Pratt era el hermano de Parley P. Pratt. Orson describió sus esfuerzos para acercarse al Señor en su juventud: “A menudo sentí gran ansiedad de estar preparado para un estado futuro, pero nunca comencé a buscar con empeño al Señor sino hasta el otoño de 1829. Fue entonces que comencé a orar fervientemente, arrepintiéndome de cada pecado. En las silenciosas sombras de la noche, mientras otros dormían sobre la almohada, a menudo me retiraba a algún lugar secreto en los campos solitarios o en la desolada naturaleza y me inclinaba ante el Señor, orando por horas con un corazón quebrantado y un espíritu contrito; esto era mi consuelo y mi gozo. El mayor deseo de mi corazón era que el Señor manifestara Su voluntad para mí” (en The Orson Pratt Journals, comp. por Elden J. Watson, 1975, págs. 8–9). En septiembre de 1830, Orson estaba visitando a uno de sus hermanos mayores, Parley P. Pratt, quien recién se había bautizado. Como Parley, Orson se convirtió a la verdad y fue bautizado el 19 de septiembre de 1830, el día en que cumplió diecinueve años. Entonces viajó 322 kilómetros para reunirse con el profeta José Smith en Fayette, Nueva York. Pidió conocer la voluntad del Señor para él, y José Smith recibió la revelación registrada en Doctrina y Convenios 34.

Doctrina y Convenios 34

Se llama a Orson Pratt a predicar el Evangelio

Doctrina y Convenios 34:10. “… te será dado por el poder del Espíritu Santo”

Orson Pratt tenía diecinueve años y había sido miembro de la Iglesia solo unas pocas semanas cuando el Señor le dio, por medio del profeta José Smith, la revelación registrada en Doctrina y Convenios 34. En esa revelación, el Señor prometió a Orson que podría testificar con el espíritu de profecía (véase D. y C. 34:10).

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Pratt, Orson

Orson Pratt tenía diecinueve años cuando fue llamado a “alzar [su] voz… y a proclamar el arrepentimiento” (véase D. y C. 34:6).

Muchos años después, como Apóstol del Señor, el élder Orson Pratt (1811–1881) dijo de esa promesa: “‘… alza tu voz… profetiza, pues, y te será dado por el poder del Espíritu Santo’. Ese fue un punto particular de la revelación que me parecía demasiado grande para que yo alguna vez lo pudiera a alcanzar; sin embargo, era un mandato claro de que debía hacerlo. He reflexionado con frecuencia respecto a esa revelación y a menudo me he preguntado en mi corazón: ‘¿He cumplido con ese mandato como debería haberlo hecho? ¿He buscado con toda sinceridad obtener el don de profecía, como para cumplir el requisito del cielo?’. Y en ocasiones he sentido que debía condenarme a mí mismo, a causa de mi desidia y por el poco progreso que he logrado en relación con ese gran don celestial y divino. Ciertamente no he tenido inclinación a profetizar a las personas a menos que me fuera dado por la inspiración y el poder del Espíritu Santo” (“Discourse by Elder Orson Pratt”, Deseret News, 3 de marzo de 1875, pág. 68).

El presidente Henry B. Eyring testificó que el Señor dará ayuda divina mediante el Espíritu Santo a todos Sus hijos conforme ellos busquen cumplir con sus llamamientos y responsabilidades:

“El Señor le guiará por revelación de la misma forma en que le llamó. Debe pedir con fe para recibir revelación y saber qué debe hacer. Acompaña al llamamiento la promesa de que tendrá respuestas, pero esa guía la recibirá solo cuando el Señor tenga la certeza de que usted va a obedecer. Para conocer Su voluntad, usted debe estar comprometido a obedecerla. Las palabras ‘hágase tu voluntad’, escritas en el corazón, son la puerta que conduce a la revelación.

“La respuesta se recibe por medio del Espíritu Santo, y precisará esa guía con frecuencia. Para disfrutar de la compañía del Espíritu Santo, usted debe ser digno, purificado por medio de la expiación de Jesucristo. De modo que, su obediencia a los mandamientos, su deseo de hacer Su voluntad y sus súplicas determinarán la claridad con que el Maestro podrá guiarle por conducto de las respuestas a sus oraciones.

“Con frecuencia, recibirá las respuestas durante el estudio de las Escrituras. Estas contienen relatos de lo que del Salvador hizo durante Su ministerio terrenal y la guía que ha brindado a Sus siervos. Las Escrituras contienen doctrina que se aplica a cada momento y a cada situación. El meditar en las Escrituras le ayudará a hacer las preguntas adecuadas al orar y, tan cierto como que los cielos se abrieron para José Smith tras meditar las Escrituras con fe, Dios dará respuesta a sus oraciones y le llevará de la mano…

“Puede tener la total certeza de que El Señor multiplicará muchas veces el poder que usted tiene. Todo lo que Él le pide es que dé el mejor de sus esfuerzos y le entregue todo su corazón. Hágalo con buen ánimo y con oración de fe. El Padre y Su Hijo Amado enviarán el Espíritu Santo para ser su compañero y guiarle; sus esfuerzos se magnificarán en la vida de la gente a la que sirva y, cuando mire hacia atrás a lo que ahora pueden parecer momentos difíciles de servicio y sacrificio, el sacrificio se habrá convertido en una bendición y sabrá que ha visto el brazo de Dios dando ayuda a los que haya servido en Su nombre, y elevándolo a usted” (véase “Elévense a la altura de su llamamiento”, Liahona, noviembre de 2002, págs. 76, 78).

Doctrina y Convenios 34:11. “… yo estoy contigo”

El Señor ha prometido en muchas ocasiones que Él estará con aquellos que sean fieles y que den oído a la invitación de ayudar en Su obra (véanse, por ejemplo, D. y C. 30:11; 31:13; 32:3; 33:9; 34:11). El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó cómo esa promesa puede ser consoladora:

“El hacer y guardar convenios sagrados nos ata al Señor Jesucristo y al yugo junto con Él. En esencia, el Salvador nos está invitando a depender de Él y a tirar de la carga junto con Él, aunque nuestros mejores esfuerzos no sean iguales a los de Él ni se puedan comparar. Cuando confiamos en Él y tiramos de la carga junto con Él durante la jornada de la vida terrenal, realmente Su yugo es fácil y ligera Su carga.

“No estamos solos ni es necesario que lo estemos nunca. Podemos seguir adelante en nuestra vida diaria con la ayuda del cielo. Mediante la expiación del Salvador podemos ‘recibir de [Él] la fuerza’ (“Señor, yo te seguiré”, Himnos, nro. 138) y capacidad superior a la nuestra. Tal como declaró el Señor: ‘Continuad, pues, vuestro viaje, y regocíjense vuestros corazones, porque he aquí, estoy con vosotros hasta el fin’ (D. y C. 100:12)” (véase “Soportar sus cargas con facilidad”, Liahona, mayo de 2014, pág. 88).