Historia de la Iglesia
23 Un todo armonioso
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“Un todo armonioso”, capítulo 23 de Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días, tomo II, Ninguna mano impía, 1846–1893, 2019

Capítulo 23: “Un todo armonioso”

Capítulo 23

Un todo armonioso

Susie Young siempre había sido una niña enfermiza; para cuando cumplió los nueve años, en la primavera de 1865, ya había sobrevivido a una neumonía, tos ferina y otras enfermedades graves. Ella respiraba con dificultad cuando corría demasiado rápido o jugaba muy bruscamente. A veces, su padre, Brigham Young, la tomaba con dulzura en sus brazos, la abrazaba y le decía suavemente: “Espera un momento, hija. No te apresures tanto. Tómate un momento para respirar”1.

Susie rara vez quería esperar un momento. Constantemente ocurrían cosas en la casa que compartía con muchas de las esposas de su padre y la mayoría de sus hijos más pequeños. Era una espaciosa casa de dos pisos, que era llamada la Casa del León y estaba al lado de la oficina de su padre, a una cuadra al este del sitio del templo en Salt Lake City. El piso superior de la Casa del León tenía muchos dormitorios y salas de estar para los miembros de la familia. En la planta baja había más habitaciones y un gran salón para agasajar a los invitados y efectuar las oraciones familiares. En el sótano había cuartos de almacenamiento, bodegas, un cuarto para la lavandería, una cocina y un comedor lo suficientemente grande como para albergar a toda la familia.

En el balcón del frente de la casa, vigilando la calle, se agazapaba la regia estatua de un león2.

Cerca de treinta de los cincuenta y cinco hermanos y hermanas de Susie vivían allí al mismo tiempo. A veces la familia también acogía a huérfanos, entre ellos Ina Maybert, una niña de la India. Un niño del barrio, llamado Heber Grant, a menudo jugaba en la casa con los hermanos de Susie y se unía a los Young para las oraciones familiares. Él era el único hijo de Rachel Irvins y el exconsejero de Brigham Young, Jedediah Grant. En el invierno, a Heber le gustaba sujetarse del trineo de Brigham y dejar que este lo hiciera deslizarse sobre el hielo3.

La familia Young trataba de mantener su hogar ordenado, con un horario estricto para las comidas, los estudios y las oraciones. Mas eso no impedía que Susie y sus hermanos subieran corriendo las escaleras, bajaran deslizándose por las barandillas y jugaran al escondite4. Siendo una niña pequeña, Susie pensaba que era perfectamente normal tener una familia tan grande y que su padre viviera con más de una docena de esposas. De hecho, su familia no era un caso típico, incluso entre las familias plurales; estas, en comparación, solían ser mucho más pequeñas. A diferencia de su padre, la mayoría de los hombres de la Iglesia que practicaban el matrimonio plural solo tenían dos esposas5.

Su propia madre, Lucy Bigelow Young, era una madre devota que le prodigó mucho amor y cuidados. Zina Huntington Young y Emily Partridge Young, dos de las esposas de su padre que vivieron un tiempo en la Casa del León, fueron como madres para ella. También lo fue la esposa de su padre Clara Decker Young, quien a menudo se quedaba hasta tarde para conversar y darles consejos a Susie y sus hermanas6.

Otra esposa, Eliza Snow, era una poetisa que estudiaba libros en su tiempo libre y alentaba la creatividad incipiente de Susie. Eliza era inteligente, elocuente y de férrea disciplina personal. Su dormitorio, sala de estar y escritorio estaban ordenados y cuidadosamente organizados. Algunas personas pensaban que Eliza era fría y distante, pero Suzie sabía que ella era amable y tierna, en especial cuando cuidaba a los enfermos7.

La Casa del León no siempre estaba libre de conflictos, pero la familia se esforzaba por hacer que su organización familiar tuviese éxito. A Brigham no le gustaba comparar el matrimonio plural con las costumbres del mundo. “Es del cielo”, dijo a los santos. “El Señor lo ha instituido para el expreso propósito de levantar una nación real, un sacerdocio santo, una nación adquirida por Dios para Sí mismo, una que Él pueda poseer y bendecir”8.

“Si alguna vez he sido probado en mi fe, fue cuando José Smith me reveló esta doctrina”, testificaría él adicionalmente. “Tuve que orar sin cesar, tuve que ejercer fe y el Señor me reveló la verdad sobre ella y calmó mis inquietudes”9.

El gozo que él experimentó al criar a sus muchos hijos en el evangelio de Cristo fue producto de esa fe10. Por las noches, él tocaba una campana para convocar a todos para la oración familiar. “Te damos gracias por nuestros hogares en estos valles apacibles y por la fortaleza en estas montañas que Tú has preservado como lugar de recogimiento para Tu pueblo”, oraba a menudo, hablándole suavemente al Señor con verdadero amor en su voz. “Bendice a los pobres, a los necesitados, a los enfermos y afligidos. Consuela el corazón de los que lloran. Sé un apoyo y soporte para los ancianos y una guía para los jóvenes”11.

Brigham reflexionaba a menudo sobre el bienestar de los santos. Los tiempos estaban cambiando y ahora estaba en marcha la construcción de un ferrocarril que cruzaría América del Norte12. Brigham había invertido dinero en la empresa, convencido de que el ferrocarril haría que venir a Utah, y viajar desde allí, fuese más rápido, más barato y menos agotador para los misioneros y los emigrantes. Sin embargo, él sabía que eso traería más tentaciones al territorio, y quería preparar a los santos espiritual y económicamente para su llegada13.

También quería fortalecer a su propia familia por lo que, en la primavera, Susie y sus hermanos se enteraron de que había contratado a Karl Maeser para que fuera su maestro de escuela particular. A algunos de los hermanos de Susie no les gustó la enseñanza del profesor Maeser y abandonaron la escuela; pero Susie quedó cautivada por sus lecciones.

Los libros, en especial las Escrituras, cobraban vida en el aula. El profesor Maeser alentaba a los niños Young a hacer preguntas y encontrar soluciones a los problemas. Aunque ella siempre estaba ansiosa por aprender algo nuevo, Susie a veces se frustraba cuando cometía errores en sus tareas escolares14.

El profesor Maeser era paciente. “Solo aquellos que tienen el valor de cometer errores”, le dijo, “realmente aprenden lecciones y verdades valiosas”15.


Johan Dorius estaba trabajando esa primavera de zapatero en el fuerte Ephraim. Él y su hermano Carl llevaban ya dos años en casa, desde que volvieran de sus misiones en Escandinavia. Antes de partir de Dinamarca, habían esperado poder traer a su madre con ellos, pero como el nuevo esposo de Ane Sophie no estaba dispuesto a dejar Copenhague, ella había decidido quedarse. Decepcionados, los hermanos habían zarpado de Dinamarca unos días después con una compañía de trescientos santos.

Desde que llegó a Utah, Johan había estado tratando de ganar dinero. Durante su ausencia, su esposa, Karen, había construido una casa de dos habitaciones en su lote vacío de Spring Town, había plantado cultivos y había criado ganado en su patio. Karen había esperado con ansias poder pasar días felices con su esposo y sus hijos en el nuevo hogar, pero poco después del regreso de Johan, se le permitió casarse con una segunda esposa, una conversa noruega llamada Gunild Torgersen. Para Karen este nuevo arreglo fue muy difícil de aceptar, pero fue sostenida por su fe en el Señor. Como su casa era ahora demasiado pequeña, la familia se mudó en el transcurso de un año a un gran lote urbano en Ephraim16.

Alrededor de esa época, aumentaron las tensiones entre los santos y los indios utes en el valle de Sanpete. Al haber más inmigrantes que se congregaban en Utah, las ciudades crecieron rápidamente y los nuevos asentamientos a menudo aislaban a los utes de sus fuentes tradicionales de alimentos y agua. Algunos colonos también tenían grandes rebaños de ganado en hectáreas de pastizales del centro de Utah, empujando a los utes aún más afuera de la región17.

Consciente de estos problemas, Brigham Young instó a los santos a que alimentaran a los indios y los trataran con amabilidad. “Estamos asentados en sus tierras, lo que materialmente impide que puedan tener éxito en la caza, la pesca, etc.”, le escribió a un líder de la Iglesia. “Por esas razones, nos corresponde a nosotros demostrar hacia ellos toda la amabilidad, libertad, paciencia y tolerancia posibles”18.

Aunque Brigham esperaba inspirar una mayor compasión por los indios, los alimentos ya escaseaban en algunos asentamientos y pocos santos estaban ansiosos por compartir sus provisiones. Cuando los colonos se negaban a compartir su comida, los utes a menudo recurrían al robo de ganado para su sustento19.

La violencia finalmente estalló en la primavera de 1865 luego que las conversaciones de paz entre los santos y los utes del valle de Sanpete terminaran mal. En pocas semanas, una banda de utes liderada por un hombre llamado Black Hawk comenzó a robar ganado y a matar a los colonos20. El conflicto empeoró a medida que la primavera daba paso al verano. En junio, Brigham y el gobierno de los Estados Unidos intentaron persuadir a los líderes de los utes de que trasladaran a la tribu a una reserva —tierras reservadas por el gobierno para que los indios las habitaran— pero los ataques a los asentamientos continuaron. Brigham entonces ordenó que la milicia detuviera a los asaltantes sin hacer daño a las mujeres, los niños o los hombres ute pacíficos. Sin embargo, ambos bandos se atacaron con más brutalidad.21

En la tarde del 17 de octubre, Johan Dorius observó con horror cómo Black Hawk y sus hombres atacaban a una joven pareja danesa, a su hijo pequeño y a una joven sueca en los campos fuera de Ephraim. Después de que los hombres de Black Hawk se marcharon para robar el ganado del asentamiento, Johan y varios santos se apresuraron a salir a los campos. La pareja estaba muerta y la mujer sueca estaba muriendo, pero de alguna manera el niño estaba ileso. Johan lo recogió y lo llevó de vuelta al poblado22.

Con la milicia en busca de la banda de Black Hawk, los líderes de la Iglesia dieron órdenes a los santos del valle de Sanpete y las zonas circundantes que actuaran con cautela y a la defensiva, pero, abrumados por el miedo y la desconfianza, algunos de los santos más afectados por el conflicto hicieron caso omiso de sus palabras23.

Seis meses después del ataque al fuerte Ephraim, los miembros de la Iglesia de una comunidad pequeña y poco fortificada llamada Circleville capturaron a una veintena de paiutes pacíficos, bajo la sospecha de ser espías de Black Hawk. Los colonos ataron a los hombres y los mantuvieron bajo custodia en el centro de reuniones local. Mientras tanto, las mujeres y los niños fueron colocados en una bodega vacía. Cuando algunos de los hombres paiute intentaron escapar, los colonos les dispararon y ejecutaron a los cautivos restantes, uno por uno, incluidas las mujeres y los niños mayores24.

Brigham condenó la violencia enérgicamente. “Cuando un hombre le dispara a un indio inocente, es culpable de asesinato”, dijo25. Brigham culpaba a los santos, no a los utes, por el conflicto. “Si los élderes de Israel siempre hubieran tratado a los lamanitas como debían”, declaró, “no creo que hubiéramos tenido dificultad alguna con ellos”26.

La violencia generalizada continuó propagándose entre los santos y los indios en el centro de Utah durante un año más. Los santos de las comunidades más pequeñas se mudaron a ciudades más grandes, y los colonos colocaron guardias para proteger su ganado. Después de que los santos contuvieron un importante asalto indio en julio de 1867, Black Hawk y dos jefes se rindieron ante los agentes del gobierno. Algunos utes continuaron atacando el ganado de los santos, pero el conflicto prácticamente había terminado27.


Más tarde ese mismo año, el 6 de octubre, los santos llevaron a cabo su conferencia general por primera vez en un amplio y nuevo tabernáculo, al oeste del sitio del templo. En 1863, la Primera Presidencia había anunciado planes para construir un lugar de reunión más grande en la manzana del templo. El edificio ovalado estaba coronado por una gran cúpula con forma de caparazón de tortuga. Cuarenta y cuatro pilares de piedra arenisca soportaban la cúpula, que el experimentado constructor de puentes Henry Grow había formado a partir de un enrejado curvo de vigas de madera unidas fuertemente con clavijas de madera y tiras de cuero crudo. Dado que el diseño innovador no usaba columnas interiores para soportar el pesado techo, los santos en la conferencia podían ver a los oradores en el púlpito sin impedimentos28.

Ese otoño, Brigham Young continuó estando al tanto del progreso del ferrocarril. La Guerra Civil de Estados Unidos había terminado con la victoria del Norte en la primavera de 1865, dando un nuevo impulso al proyecto del ferrocarril mientras la nación miraba hacia el oeste en busca de nuevas oportunidades. Brigham formó parte de la junta directiva de una de las compañías ferroviarias, pero su apoyo a la empresa no eliminó su ansiedad por los cambios que esta traería al territorio y a su economía29.

En Doctrina y Convenios, el Señor mandaba a Su pueblo “ser uno”, compartir las cargas económicas y “[sostenerse] independiente de todas las otras criaturas bajo el mundo celestial”30. A lo largo de los años, Brigham y otros líderes habían realizado varios esfuerzos para unificar a los santos y mantenerlos conectados unos con otros. Uno de ellos fue el alfabeto Deseret, un sistema fonético diseñado para solucionar los problemas percibidos con la ortografía del idioma inglés, enseñar a los jóvenes santos a leer y ayudar a los inmigrantes a aprender inglés rápidamente y sentirse como en casa en Utah31.

Además, para lograr la independencia económica de Sion, Brigham comenzó a promover un movimiento cooperativo entre los santos. En sus discursos, con frecuencia alentaba a los miembros de la Iglesia a cultivar sus propios alimentos, confeccionar ropa y hacer telas en casa, y construir molinos, fábricas y fundiciones. También criticaba a los comerciantes de dentro y fuera de la Iglesia que llegaron al territorio para vender productos del este, que eran difíciles de encontrar, a fin de obtener ganancias, y enriquecerse a sí mismos en lugar de a la causa de Sion32.

Sabiendo que el ferrocarril traería aún más mercaderes y productos para competir con las industrias domésticas de los santos, Brigham pidió a los miembros de la Iglesia que apoyaran a las empresas locales y buscaran lograr la independencia financiera de los mercados externos33. Para él, la salvación económica de los santos era tan importante como su salvación espiritual. Un ataque a la economía de Sion era un ataque a Sion en sí.

Brigham también comenzó a buscar maneras de fortalecer a los santos a través de instituciones dentro de la Iglesia. En 1849, el santo escocés Richard Ballantyne había organizado la primera Escuela Dominical del valle. Desde entonces, muchos distritos habían manejado sus Escuelas Dominicales de manera independiente unas de otras, a menudo utilizando material didáctico y libros de texto diferentes. Sin embargo, George Q. Cannon recién había fundado el Juvenile Instructor, una revista ilustrada con lecciones del Evangelio que podía usarse en las Escuelas Dominicales a un bajo costo para los maestros y los alumnos. En noviembre de 1867, Brigham y otros líderes de la Iglesia eligieron a George como presidente de la Unión de la Escuela Dominical a fin de alentar a los barrios y a las ramas de toda la Iglesia a organizar sus propias Escuelas Dominicales34.

Las clases básicas de las Escuelas Dominicales estaban dirigidas principalmente a los niños y niñas de la Iglesia. Para los hombres adultos de la Iglesia, Brigham decidió organizar una Escuela de los Profetas en cada una de las ciudades más grandes del territorio. Casi treinta y cinco años antes, el Señor le había mandado a José Smith que organizara tales escuelas en Kirtland y Misuri para fomentar la unidad y la fe entre los poseedores del sacerdocio de la joven Iglesia y para preparar a los hombres para proclamar el Evangelio35.

Brigham deseaba que la nueva Escuela de los Profetas alentara una mayor unidad espiritual y devoción entre los hombres de la Iglesia. Él creía que eso podría ayudarles a comprender la importancia de la cooperación económica, de guardar los convenios y de la edificación de Sion antes de que llegara el ferrocarril.

Una Escuela de los Profetas se abrió en Salt Lake City el 2 de diciembre de 1867. En las semanas que siguieron, Brigham instó a sus miembros a administrar sus negocios de maneras que beneficiaran a los santos en lugar de los comerciantes de fuera de la Iglesia. “Debemos ser uno y entendernos mutuamente”, enseñó, y condenó el que los miembros de la Iglesia compraran productos cuando y donde se les antojaba, sin tener en cuenta las necesidades de Sion.

“Eso no tiene cabida en este reino”, declaró36.


Seis días después de organizar la Escuela de los Profetas en Salt Lake City, Brigham habló con los obispos sobre cómo reorganizar las Sociedades de Socorro de barrio, que se habían disuelto en gran parte durante la amenaza de conflicto con el ejército de los Estados Unidos diez años antes. Brigham esperaba que las Sociedades de Socorro de barrio promovieran una mayor unidad entre los santos al ayudar a los miembros más necesitados37.

Dado que los obispos sabían poco sobre el propósito de las Sociedades de Socorro, le pidió a Eliza Snow que les ayudara a organizar las sociedades en sus barrios. Eliza se sintió honrada de poder ayudar. Pocas personas entendían el propósito de la Sociedad de Socorro tan bien como ella. Como secretaria de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, Eliza había escrito minuciosas actas de las reuniones, había registrado las enseñanzas de José Smith a las mujeres y había conservado todo en un libro de registro.

Eliza disfrutó de trabajar con los obispos y ellos agradecieron su ayuda38. Cuando Brigham le dijo en la primavera siguiente que tenía otra misión para ella, no le preguntó de qué se trataba, simplemente dijo: “Me esforzaré por cumplirla”.

“Quiero que instruyas a las hermanas”, le dijo Brigham. Creía que las mujeres de la Iglesia necesitaban que Eliza les ayudara a comprender la función de la Sociedad de Socorro en la edificación de Sion.

Eliza sintió que el corazón se le aceleraba. Enseñar a las mujeres de la Iglesia era una tarea enorme; las mujeres en la Iglesia no solían hablar en reuniones públicas salvo en las reuniones de testimonio. Ahora se esperaba que Eliza visitara cada asentamiento en el territorio, se reuniera individualmente con cada Sociedad de Socorro de barrio y rama, y hablara en público39.

Poco después de su reunión con Brigham, Eliza publicó un artículo en Deseret News. “¿Cuál es el objetivo de la Sociedad de Socorro Femenina?”, les preguntó a sus lectores. “Yo respondería: hacer el bien, utilizar todas las capacidades que poseemos para hacer el bien, no solo para aliviar a los pobres sino también para salvar almas”.

Basándose en los registros de la Sociedad de Socorro de Nauvoo, instó a las mujeres a dar un paso adelante y aceptar de buen grado sus deberes. “Si alguna de las hijas y madres de Israel se siente en lo más mínimo limitada en su condición actual”, escribió, “ahora encontrará un amplio campo de acción para cada poder y capacidad de hacer el bien”40.

En la tarde del 30 de abril de 1868, Eliza visitó la Sociedad de Socorro Femenina del Barrio Salt Lake City 13. Cerca de veinticinco mujeres se hallaban presentes, entre ellas Zina Huntington Young, Emily Partridge Young y Bathsheba Smith, todas las cuales habían pertenecido a la Sociedad de Socorro de Nauvoo. La recientemente llamada presidenta de la Sociedad de Socorro del barrio, Rachel Grant, dirigió la reunión con sus dos consejeras, las hermanas mellizas Annie Godbe y Margaret Mitchell41.

Ahora de cuarenta y siete años de edad, Rachel Grant había vivido en Nauvoo a principios de la década de 1840, pero no había pertenecido a la Sociedad de Socorro original. El aprender sobre el matrimonio plural había puesto a prueba su fe de manera severa, y había vuelto a vivir con su familia en los estados del este después de la muerte de José Smith. Sin embargo, se había mantenido en contacto con los misioneros y otros miembros de la Iglesia, y en 1853 había decidido ir a Utah después de mucha oración y reflexión. Dos años más tarde, se casó con Jedediah Grant como esposa plural y dio a luz a su único hijo, Heber, nueve días antes de la prematura muerte de su esposo. Desde entonces, había cuidado de Heber con los escasos ingresos que obtenía trabajando como costurera42.

Después de comenzar la reunión de la Sociedad de Socorro, Rachel llamó a Eliza para que instruyera a las mujeres. “El profeta José Smith anticipó grandes resultados debido a la formación de las Sociedades de Socorro Femeninas”, les dijo Eliza a las mujeres, “que las hermanas pueden hacer mucho bien al visitar a los enfermos y afligidos”. Las alentó a llevar a cabo reuniones ordenadas, hacer buenas obras y cuidarse las unas a las otras.

“La sociedad debe ser como una madre con su hijo”, explicó. “Esta no lo mantiene a distancia sino que lo acerca y lo sostiene contra su pecho, mostrando la necesidad de unión y amor”.

Cuando Eliza terminó de hablar, Rachel dijo que estaba orgullosa de las mujeres y que esperaba que aumentaran en fortaleza al reunirse. Luego, Eliza animó a las mujeres a abrir la boca, y les testificó que podían encontrar fortaleza al hablar entre ellas.

“El enemigo siempre está complacido cuando no superamos nuestros sentimientos de timidez y evitamos que nuestra lengua hable palabras de aliento y determinación”, dijo. “Una vez que se rompe ese retraimiento, pronto ganamos confianza”.

“Llegará el momento”, prometió, “en el que tendremos que estar en lugares grandes y actuar en situaciones de responsabilidad”43.


Mientras los barrios y las ramas organizaban Sociedades de Socorro, Eliza se reunía con Sarah Kimball, otra miembro fundadora de la sociedad de Nauvoo, para describir los deberes de las oficiales de la Sociedad de Socorro44. Luego, comenzó a visitar las Sociedades de Socorro de todo el territorio, a menudo recurriendo a las actas de la Sociedad de Socorro original para instruir a las mujeres en sus deberes. “Esta organización pertenece a la organización de la Iglesia de Cristo, en todas las dispensaciones cuando existan en perfección”, les enseñó Eliza a las mujeres de la Iglesia. Cuando no podía visitar personalmente las Sociedades de Socorro, les escribía cartas45.

Mientras tanto, Brigham organizó más ramas de la Escuela de los Profetas y aconsejó a sus miembros que estudiaran todo tipo de conocimiento y se convirtieran en uno en corazón y voluntad46. En abril de 1868, fue a Provo para establecer una escuela bajo la autoridad de Abraham Smoot, a quien había enviado junto con John Taylor, Wilford Woodruff, Joseph F. Smith y otras personas para reformar la ciudad bulliciosa y rebelde. Mientras estaba allí, Brigham y Abraham instaron a los miembros de la escuela de Provo a hacer negocios principalmente entre ellos, manteniendo así sus recursos y ganancias entre los santos.

“Todo miembro tiene influencia”, dijo Abraham, “y debemos utilizarla en la dirección correcta”47.

Unas semanas más tarde, el consejero de Brigham, Heber Kimball, tuvo un accidente con el carruaje en Provo. Fue arrojado violentamente del coche y se golpeó la cabeza contra el suelo. Permaneció allí por un tiempo, expuesto al aire frío, hasta que un amigo lo encontró. Brigham esperaba que Heber, quien era uno de sus amigos más antiguos, se recuperara del accidente. Sin embargo, Heber tuvo un derrame cerebral a principios de junio y murió ese mismo mes, rodeado de familiares.

Su muerte ocurrió exactamente ocho meses después de la muerte de su esposa Vilate. “No demoraré mucho tiempo después de ella”, había profetizado Heber cuando ella falleció. En el funeral de Heber, Brigham decidió rendir un sencillo homenaje a la rectitud de su amigo y consejero.

“Era un hombre cuya integridad destacaba”, declaró, “por sobre la de los hombres que suelen vivir en la tierra”48.


En la época de la muerte de Heber, los trabajadores del ferrocarril, entre ellos muchos inmigrantes chinos, exesclavos y veteranos de la Guerra Civil, se apresuraban para completar la línea transcontinental. En agosto, Brigham alentó a los hombres de la Iglesia a que ayudaran en la construcción. Una vez que las dos líneas de ferrocarril se unieran en el norte del Gran Lago Salado, él esperaba construir una línea de conexión a través de Salt Lake City y otros lugares al sur para acelerar el viaje entre los asentamientos y transportar piedras para el templo49.

Sin embargo, una noche, después de las oraciones familiares, Brigham compartió su ansiedad por el ferrocarril con algunas de sus esposas, amigos e hijos mayores. “Hemos abandonado al mundo, pero el mundo está viniendo a nosotros”, dijo. La Escuela Dominical, la Escuela de los Profetas y la Sociedad de Socorro se encontraban establecidas para apoyar y fortalecer a los santos. Pero ¿habían hecho él y su generación lo suficiente para preparar a los jóvenes para lo que se venía?

“No tendrán el mismo tipo de pruebas que sus padres y madres han pasado”, dijo. “Serán probados por el orgullo, las insensateces y los placeres de un mundo pecaminoso”. Si su generación no ayudaba a los jóvenes a desarrollar la fe en Jesucristo, las tentaciones mundanas podrían llevarlos por mal camino50.

En última instancia, Brigham confiaba en que el evangelio de Jesucristo continuaría uniendo y protegiendo al pueblo de Dios, incluso a los jóvenes.

El Evangelio restaurado, reflexionaba a principios de 1869, “ha enviado a sus maestros a los confines de la tierra, ha reunido a personas de casi todas las lenguas y credos bajo el cielo, con la formación más variada y las tradiciones más opuestas, y las ha unificado en un todo armonioso.

“Un credo que puede tomar a las masas heterogéneas de la humanidad y hacerlas un pueblo feliz, contento y unido, tiene un poder dentro de él del cual las naciones saben poco. Ese poder es el poder de Dios”.51


En marzo de 1869, los pobladores de Ogden se amontonaron sobre altos peñascos para poder ver a los asentadores de vías del ferrocarril. La vía finalmente había llegado al corazón del territorio, un durmiente y un tramo de acero a la vez. Pronto llegarían los trenes, arrojando humo negro y vapor gris al firmamento52.

Más tarde, ese mismo año, Brigham visitó a los santos en los asentamientos del sur. Ahora había Escuelas Dominicales, Escuelas de los Profetas y Sociedades de Socorro en muchas de las ciudades que visitaba. A petición suya, los santos también estaban abriendo nuevas tiendas, llamadas “cooperativas”, para promover la cooperación económica en lugar de la competencia entre los santos. Brigham deseaba que todas las ciudades tuvieran una tienda cooperativa para proporcionar a los santos sus necesidades básicas a un precio justo53.

A principios de mayo, aconsejó a los santos del centro de Utah que vivieran de acuerdo con toda palabra de Dios. “El que alguien viva en estos valles no prueba que sea un santo de Dios”, dijo. “Si queremos probarle a Dios o a los hombres que somos santos, entonces debemos vivir para Dios y para nadie más”54.

Las líneas ferroviarias este y oeste finalmente se reunieron al día siguiente, el 10 de mayo de 1869, en un valle al oeste de Ogden. Las compañías ferroviarias conectaron cables telegráficos a los martillos que golpeaban los últimos clavos dentro de los durmientes del ferrocarril. Cada golpe de los martillos enviaba un pulso eléctrico por el cable del telégrafo a Salt Lake City y a otras ciudades de la nación, proclamando que un ferrocarril conectaba ahora las orillas del Atlántico y el Pacífico de los Estados Unidos de América55.

Los santos de Salt Lake City celebraron el acontecimiento en el nuevo tabernáculo de la manzana del templo. Esa noche, todas las oficinas y edificios públicos mantuvieron sus luces encendidas hasta mucho después del horario habitual para iluminar la ciudad. En una colina al norte de la ciudad, los santos encendieron una enorme hoguera que se podía ver a kilómetros de distancia56.