El matrimonio plural y las familias en los primeros días de Utah
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    El matrimonio plural y las familias en los primeros días de Utah

    La Biblia y el Libro de Mormón enseñan que el matrimonio entre un hombre y una mujer es la norma de Dios, salvo en periodos específicos en los que Él ha declarado que se haga de otra manera1.

    De acuerdo con la revelación de José Smith, la práctica del matrimonio plural —el matrimonio entre un hombre y dos o más mujeres—se instituyó entre los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días a inicios de los años 1840. A partir de entonces, durante más de medio siglo, algunos de los Santos de los Últimos Días practicaron el matrimonio plural. Sólo el Presidente de la Iglesia poseía las llaves que autorizaban la realización de nuevos matrimonios plurales2. En 1890, el Señor inspiró al Presidente de la Iglesia, Wilford Woodruff, a hacer una declaración que daba fin a la práctica del matrimonio plural en la Iglesia. En esta declaración, conocida como el Manifiesto, el presidente Woodruff declaró su intención de cumplir con la ley de los EE. UU., que prohibía el matrimonio plural, y de usar su influencia para convencer a los miembros de la Iglesia a hacer lo mismo3.

    Después del Manifiesto, se abogó la monogamia en la Iglesia desde el púlpito y por medio de la prensa. De forma excepcional, entre 1890 y 1904, se efectuaron algunos matrimonios plurales nuevos, especialmente en México y Canadá, fuera de la jurisdicción de la ley de EE. UU.; y un pequeño número de matrimonios plurales se llevaron a cabo en los Estados Unidos durante esos años4. En 1904, la Iglesia prohibió de forma estricta los nuevos matrimonios plurales5. Hoy en día, cualquier persona que practique el matrimonio plural no puede llegar a ser o seguir siendo miembro de la Iglesia.

    Este ensayo aborda principalmente el matrimonio plural, tal como se practicaba por los Santos de los Últimos Días entre 1847 y 1890, después de su éxodo hacia el Oeste de los EE. UU. y antes del Manifiesto.

    Los Santos de los Últimos Días no entendían todos los propósitos de Dios al instituir, a través de Sus profetas, la práctica del matrimonio plural durante el siglo XIX. El Libro de Mormón indica una de las razones por las que Dios lo mandó: Para aumentar el número de niños nacidos en el convenio del Evangelio con el fin de “levantar posteridad para [el Señor]” (Jacob 2:30). El matrimonio plural en verdad resultó en el nacimiento de un gran número de niños en hogares de fieles Santos de los Últimos Días6. También moldeó la sociedad mormona del siglo XIX de otras maneras: el matrimonio estuvo al alcance de prácticamente todo el que lo deseaba; la desigualdad de riqueza per cápita disminuyó conforme las mujeres que se encontraban en desventaja económica se casaban para formar parte de familias económicamente más estables7; y aumentaron los matrimonios interraciales, lo que ayudó a unir a una población diversa de inmigrantes. El matrimonio plural también ayudó a crear y fortalecer un sentido de cohesión y de identificación como grupo entre los Santos de los Últimos Días8. Los miembros de la Iglesia llegaron a verse a sí mismos como un “pueblo singular9, comprometido bajo convenio a llevar a cabo los mandatos de Dios a pesar de la oposición exterior, y dispuesto a soportar el ostracismo debido a sus principios10.

    Para los primeros Santos de los Últimos Días, el matrimonio plural era un principio religioso que requería sacrificio personal. Los registros que dejaron los hombres y las mujeres que practicaron el matrimonio plural atestiguan de los retos y las dificultades que experimentaron, tales como dificultades financieras, conflictos interpersonales y el anhelo de algunas esposas de la compañía constante de sus maridos11; pero también registran el amor y gozo que muchos encontraron dentro de su familia. Ellos creían que era un mandamiento de Dios en aquel momento y que la obediencia traería grandes bendiciones a ellos y a su posteridad, tanto en la Tierra como en la vida venidera. Si bien había mucho amor, ternura y afecto dentro de muchos matrimonios plurales, la práctica por lo general se basaba más en la creencia religiosa que en el amor romántico12. Los líderes de la Iglesia enseñaban que los participantes en matrimonios plurales debían procurar desarrollar un espíritu generoso sin egoísmo y el amor puro de Cristo para con todos los participantes.

    Durante los años en que el matrimonio plural se enseñaba públicamente, se esperaba que todos los Santos de los Últimos Días aceptaran el principio como una revelación de Dios13. Sin embargo, no se esperaba que todos lo pusieran en práctica. De hecho, este sistema de matrimonio no podría haber sido universal debido al índice de hombres con relación al de las mujeres14. Los líderes de la Iglesia consideraban el matrimonio plural como un mandato a la Iglesia en general, pero reconociendo que las personas que no participaran de esa práctica todavía podían tener la aprobación de Dios15. Las mujeres eran libres de escoger a su esposo, ya fuera para ser parte de una unión polígama o monógama, o de no casarse en absoluto16. Algunos hombres comenzaron la práctica del matrimonio plural debido a que líderes de la Iglesia les pidieron que lo hicieran, mientras que otras personas iniciaron el proceso por sí mismos; todos debían obtener la aprobación de los líderes de la Iglesia antes de establecer un matrimonio plural16,17.

    El paso del tiempo moldeó la experiencia de vida dentro del matrimonio plural. Casi todos los que lo practicaron en los primeros años tuvieron que vencer sus propios prejuicios contra el matrimonio plural y ajustarse a la vida en familias polígamas. La tarea de establecerse como pioneros en una tierra semiárida durante las décadas de mitad del siglo XIX aumentó los desafíos de las familias que estaban aprendiendo a poner en práctica el principio del matrimonio plural. El lugar donde vivía la familia —ya fuera en Salt Lake City, con sus múltiples oportunidades sociales y culturales; o las tierras rurales del interior, donde esas oportunidades eran menores— marcó una diferencia en cómo se vivió el matrimonio plural; por lo tanto, es difícil generalizar con precisión la experiencia del matrimonio plural.

    Aun así, se pueden discernir algunos patrones, y ellos corrigen algunos mitos. Aunque algunos líderes tenían grandes familias polígamas, dos tercios de los hombres polígamos tenían sólo dos esposas a la vez18. Los líderes de la Iglesia reconocían que los matrimonios plurales podían ser especialmente difíciles para la mujer, por tanto, el divorcio estaba disponible para las mujeres que no eran felices en sus matrimonios; y además, también podían volver a contraer matrimonio si lo deseaban19. Las mujeres se casaban muy jóvenes en la primera década del asentamiento en Utah (16 o 17 años de edad e incluso, rara vez, más jóvenes), lo cual era típico de las mujeres que vivían en las áreas de la frontera en esa época20. Como en otros lugares, las mujeres se casaron a una edad más avanzada a medida que la sociedad maduró. Casi todas las mujeres se casaban y también un gran porcentaje de los hombres. De hecho, parece que en ese momento en Utah se casó un mayor porcentaje de hombres que en otros lugares de los Estados Unidos. Probablemente la mitad de los que vivían en el territorio de Utah en 1857 vivieron en una familia polígama como esposo, esposa o hijo en algún momento durante su vida21. Para 1870, entre un 25 y 30 por ciento de la población vivía en hogares polígamos, y parece que el porcentaje continuó decayendo durante los siguientes 20 años22.

    La experiencia del matrimonio plural hacia el final del siglo XIX fue sustancialmente diferente de las décadas anteriores. A partir de 1862, el gobierno de Estados Unidos aprobó leyes contra la práctica del matrimonio plural. Oponentes externos formaron una campaña contra la práctica, declarando que esperaban proteger a las mujeres mormonas y a la civilización estadounidense. Por su parte, muchas mujeres Santos de los Últimos Días defendían públicamente la práctica del matrimonio plural, indicando en declaraciones que participaban en ella de propia voluntad23.

    Después de que la Corte Suprema declaró que las leyes contra la poligamia eran constitucionales en 1879, los funcionarios federales comenzaron a perseguir a los esposos y esposas polígamos durante la década de 188024. Creyendo que estas leyes eran injustas, los Santos de los Últimos Días desobedecieron las leyes civiles al seguir practicando el matrimonio plural y al tratar de evitar el arresto. Cuando se les condenaba, pagaban multas y pasaban tiempo en la cárcel. Para ayudar a sus maridos a evitar la persecución, las esposas plurales a menudo se separaban en diferentes hogares o se ocultaban bajo nombres supuestos, en especial durante el embarazo o después de dar a luz25.

    En 1890, cuando el Manifiesto del presidente Woodruff revocó el mandato de practicar el matrimonio plural, la sociedad mormona había desarrollado un núcleo fuerte y fiel de miembros, en su mayoría compuesto por inmigrantes procedentes de Europa y el este de los Estados Unidos. Pero la composición demográfica de miembros de la Iglesia en todo el mundo había empezado a cambiar. A partir de la década de 1890, se pedía a los conversos fuera de los Estados Unidos que edificaran la Iglesia en su tierra natal, en vez de ir a Utah. En las décadas posteriores, los Santos de los Últimos Días emigraron fuera de la Gran Cuenca para buscar nuevas oportunidades. El matrimonio plural nunca se había alentado fuera de las poblaciones concentradas de Santos de los Últimos Días. Especialmente en esas congregaciones recién organizadas fuera de Utah, las familias monógamas llegaron a ser fundamentales para el aprendizaje y la adoración religiosa. A medida que la Iglesia crecía y se extendía más allá del oeste de Estados Unidos, la familia nuclear monógama era muy adecuada para un grupo de miembros cada vez más móvil y disperso.

    Para muchas personas que lo practicaron, el matrimonio plural fue un sacrificio significativo. A pesar de las penurias que algunos pasaron, la fidelidad de los que practicaron el matrimonio plural continúa siendo un beneficio para la Iglesia de muchas maneras. Por medio de la descendencia de estos santos del siglo XIX han llegado muchos Santos de los Últimos Días que han sido fieles a sus convenios del Evangelio como madres y padres justos, fieles discípulos de Jesucristo y miembros, líderes y misioneros devotos de la Iglesia. Aunque a los miembros de la Iglesia contemporánea se les prohíbe practicar el matrimonio plural, los Santos de los Últimos Días de la actualidad honran y respetan a esos pioneros que dieron mucho por su fe, familias y comunidad.