Historia de la Iglesia
27 Fuego en hierba seca
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“Fuego en hierba seca”, capítulo 27 de Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días, tomo II, Ninguna mano impía, 1846–1893, 2020

Capítulo 27: “Fuego en hierba seca”

Capítulo 27

Fuego en hierba seca

Los rumores sobre el regreso de Brigham Young a Salt Lake City abundaron durante las semanas previas al día en que debía presentarse ante el tribunal en enero de 1872. Los fiscales del territorio estaban seguros de que Brigham preferiría convertirse en fugitivo de la justicia antes que comparecer ante un juez1.

Sin embargo, a fines de diciembre, Daniel Wells recibió una carta urgente del profeta. “Estaremos disponibles en la fecha indicada para presentarnos ante el tribunal”, le dijo Brigham2. El día después de la Navidad, viajó más de ciento diez kilómetros a través de tormentas de nieve a fin de reunirse con Daniel en Draper, una localidad situada a unos treinta kilómetros al sur de Salt Lake City. Allí abordaron un tren que se dirigía al norte y Brigham llegó a casa poco antes de la medianoche.

Una semana después, un alguacil de los Estados Unidos arrestó al profeta y lo llevó bajo custodia al tribunal del juez McKean. Brigham se mantuvo sereno y confiado durante todo el proceso judicial. Debido a su avanzada edad y mala salud, los abogados del profeta solicitaron al juez la libertad bajo fianza. McKean denegó la solicitud y puso a Brigham bajo arresto domiciliario3.

El inicio del juicio se había fijado para poco tiempo después y el periódico Salt Lake Tribune anticipó que todos los periódicos de los Estados Unidos y Gran Bretaña publicarían las instancias del proceso judicial. Sin embargo, el “gran juicio” se pospuso y los días pronto se tornaron en semanas. Brigham permanecía en casa la mayor parte del tiempo, por lo general bajo la custodia de alguaciles. No obstante, en ocasiones asistía a eventos sociales, como cuando él y un auxiliar de alguacil fueron a una fiesta sorpresa de cumpleaños que se ofreció a Eliza Snow en el centro de reuniones del Barrio 144.

Desde Washington, D. C., George Q. Cannon envió informes periódicos a Brigham sobre un caso que los santos habían presentado ante la Corte Suprema de los Estados Unidos, la máxima corte del país. En el caso se argumentaba que la práctica del juez McKean de excluir deliberadamente a los santos de los jurados indagatorios en el territorio de Utah era ilegal. Si la Corte Suprema fallaba en contra de la práctica del juez, todos los cargos emitidos por un jurado indagatorio formado incorrectamente en Utah, incluidos los cargos en contra del profeta, se desestimarían de inmediato5.

La Corte Suprema dictó sentencia en el mes de abril; tanto el juez McKean como George se hallaban en el tribunal para escuchar el fallo. Aunque algunos de sus colegas estaban seguros de que el tribunal fallaría a su favor, McKean se veía ansioso conforme el presidente del tribunal leía la sentencia de la corte6.

El presidente del tribunal declaró: “En cuanto a la totalidad del asunto, somos de la opinión de que el jurado de este caso no se ha seleccionado ni convocado de conformidad con la ley”7.

El juez McKean abandonó la sala maldiciendo el fallo e insistiendo en que no había hecho nada incorrecto. Pronto llegaron las noticias a Utah vía telégrafo; se habían desestimado todas las acusaciones penales que habían presentado los grandes jurados que se habían formado de manera ilegal en el territorio. Brigham Young era libre8.

George se alegró de este modo en una carta que envió a Brigham más tarde aquel día: “La Corte Suprema ha ignorado los prejuicios religiosos y las influencias políticas”. Sin embargo, le inquietaba la decisión del tribunal, pues tenía la certeza de que esta exasperaría aún más a los enemigos de los santos.

George escribió: “Me sorprendería que no se hicieran grandes esfuerzos por procurar que se promulguen leyes adversas a nosotros”9.


Aquel mes de abril, los santos de todas las regiones cercanas a Hawái acudieron a Oahu, a una conferencia que se celebró en Laie, su sitio de recogimiento durante los últimos siete años. Alrededor de cuatrocientos santos vivían en el poblado durante todo el año. Allí había una capilla pequeña, una escuela y una granja grande en la que los miembros locales y los misioneros de Utah cultivaban caña de azúcar.

En la conferencia, trece misioneros locales testificaron sobre sus experiencias recientes. Bajo la dirección de Jonathan Napela, a quien se había llamado a supervisar la labor de proselitismo en las islas, los misioneros habían bautizado a más de seiscientas personas. La cantidad de santos de Hawái ya se hallaba bastante por encima de las dos mil personas10.

Cada élder dio testimonio de los milagros que había visto en el campo misional. Hacía poco tiempo, el Señor había sanado a un hombre paralítico después de que los misioneros habían ejercido fe y orado a su favor11. Otro hombre, que se había fracturado el brazo tras caerse de una mula, sanó por completo después de que dos misioneros lo bendijeron. Otros élderes habían dado bendiciones de salud en repetidas ocasiones a una niña que no podía caminar; esta mejoró poco a poco luego de cada bendición, hasta que pudo correr y jugar de nuevo12.

Después de la conferencia, los misioneros continuaron predicando el Evangelio y sanando a los enfermos. Una de las personas que procuró ayuda fue Keʻelikōlani, la gobernadora de la “Isla Grande” de Hawái, quien pidió a los santos que oraran por su medio hermano, el rey Kamehameha V, que estaba a punto de morir. Napela conocía bien al rey, de modo que él y otro experimentado élder de la Iglesia, H. K. Kaleohano, acudieron al palacio y se ofrecieron para orar por él.

“Hemos sabido de su gran aflicción y deseamos sinceramente el restablecimiento de su salud”, dijeron. El rey aceptó su ofrecimiento y los misioneros se inclinaron con respeto; acto seguido, Kaleohano ofreció una ferviente oración.

Cuando el misionero finalizó, Kamehameha lucía mucho mejor. Este dijo a los élderes que algunas personas del gobierno lo habían presionado para que impidiera que los santos predicaran en las islas, pero él se había negado a escucharlos. La Constitución de Hawái concedía la libertad de culto al pueblo y él se empeñaba en defenderla.

El rey conversó de manera amena con Napela y Kaleohano durante un largo rato; cuando los élderes estaban a punto de irse, llegaron algunos hombres con pescado para la familia del rey. Cuando Kamehameha los vio, señaló a Napela y Kaleohano. “No olviden a estos reyes”, dijo.

Le entregó a cada uno de los élderes una canasta de pescado y se despidió de ellos13.


Más o menos en la época en que se celebró la conferencia de abril en Laie, los periódicos de todos los Estados Unidos hablaban con gran fervor acerca de la denuncia recientemente publicada por Fanny Stenhouse sobre el matrimonio plural; ella se había convertido en la mujer más prominente del Nuevo Movimiento. En el libro, Fanny describía a las mujeres Santos de los Últimos Días como personas oprimidas y descontentas14.

Las mujeres de la Iglesia se horrorizaron ante tal descripción. Al creer que era mejor que las mujeres Santos de los Últimos Días se describieran a sí mismas en vez de que las describieran erróneamente otras personas, Lula Greene, de veintitrés años, comenzó a publicar un periódico para mujeres en Utah. Tituló al periódico Woman’s Exponent 15.

Lula era una talentosa escritora que prestaba servicio como presidenta de una pequeña rama de la Asociación de Mujeres Jóvenes por la Moderación. Tras publicar poesías de Lula, el editor de Salt Lake Daily Herald había querido que ella escribiera para su periódico. Sin embargo, debido a que su personal se mostró reticente a que se la contratara, el editor le había sugerido que fundara su propio periódico.

A Lula le pareció una idea fascinante. Las recientes reuniones de protesta habían demostrado la poderosa influencia que podían tener las mujeres Santos de los Últimos Días al defender las cuestiones que eran importantes para ellas. No obstante, las mujeres, tanto dentro como fuera de la Iglesia, rara vez tenían oportunidades de expresar sus opiniones de manera tan pública. Además, mucho de lo bueno que decían y hacían las Sociedades de Socorro y la Asociación de Mujeres por la Moderación no se mencionaba y pasaba desapercibido, en especial para las personas que estaban afuera del territorio.

Lula compartió primeramente los planes en cuanto al periódico con Eliza Snow, quien luego consultó a Brigham Young, el tío abuelo de Lula. Ambos brindaron apoyo a la empresa. A petición de Lula, Brigham la designó en una misión especial a fin de que prestara servicio como editora del periódico16.

El primer ejemplar de Woman’s Exponent se publicó en junio de 1872. El periódico ofrecía noticias locales, nacionales y mundiales, así como editoriales, poesía e informes de las reuniones de la Sociedad de Socorro y de la Asociación por la Moderación17. Lula también publicaba las cartas a la editora, para brindar a las mujeres Santos de los Últimos Días un sitio donde compartir sus historias y expresar sus opiniones.

En julio, publicó una carta de una mujer inglesa llamada Mary, que explicaba el contraste entre su difícil vida como empleada doméstica en Londres y Nueva York con su vida en Utah. “Nosotras, ‘las mujeres mormonas’, debemos escribir y decir al mundo —ya sea que les plazca creernos o no— que no somos los pobres seres oprimidos que se dice que somos”, dijo Mary. “No se me ha oprimido aquí, sino que he sido libre de venir y libre de irme; libre de trabajar o de dejar el trabajo”.

“Hasta el momento, me agrada muchísimo el periódico Exponent”, agregó. “Lo que dice es de una gran sensatez”18.


Mientras tanto, en la región norte de Utah, los grupos del noroeste de la Nación Shoshón estaban al borde de la inanición. Casi diez mil colonos blancos, en su mayoría Santos de los Últimos Días, vivían en las tierras indígenas de los shoshones del valle de Cache y las zonas circunvecinas, lo cual consumía las fuentes naturales de alimentos de la región19.

Cuando los santos llegaron por primera vez al valle de Cache, a mediados de la década de 1850, un líder shoshón de nombre Sagwitch había desarrollado una buena relación con los oficiales de la Iglesia locales, en particular con el obispo Peter Maughan, quien a veces proporcionaba ayuda de la oficina de diezmos a los shoshones. Sin embargo, a fines de dicha década había aumentado la tensión entre los dos pueblos al irse asentando más santos en el valle y escasear la caza.

Para procurarse alimentos para sí mismos y sus familias, algunos shoshones empezaron a hurtar el ganado de los santos, considerando ese proceder como una compensación por las tierras perdidas y los recursos agotados. Tal vez con la esperanza de detener dichos robos, los santos, a regañadientes, intentaron alimentar a los shoshones obsequiándoles harina y carne de res. No obstante, tales obsequios no compensaban las privaciones que los colonos habían creado al mudarse al valle de Cache20.

Durante ese tiempo, los shoshones también habían tenido enfrentamientos repetidas veces con el gobierno de los Estados Unidos. El coronel Patrick Connor, comandante de las tropas del ejército de EE. UU. apostadas en Salt Lake City, usó el conflicto como excusa para atacar a los shoshones. Una mañana de enero de 1863, mientras Sagwitch y su pueblo acampaban cerca del río Bear, despertaron y hallaron soldados que avanzaban sobre ellos. Los shoshones se retiraron hasta sus defensas y trataron de repeler a los soldados. Sin embargo, el ejército los rodeó rápidamente y disparó sin misericordia a sus posiciones.

Aproximadamente, unos cuatrocientos hombres, mujeres y niños shoshones murieron en el asalto al campamento. Sagwitch sobrevivió al ataque, así como su hija pequeña y tres hijos varones. No obstante, su esposa, Dadabaychee, y dos hijastros se hallaban entre las mujeres y los niños muertos21.

Tras la masacre, los santos de los asentamientos cercanos acudieron a atender a los shoshones heridos. Sin embargo, el ataque había dejado a Sagwitch muy desconfiado de los santos. Porter Rockwell, un Santo de los Últimos Días que a veces trabajaba como guía del ejército, había conducido a los soldados hasta el campamento de los shoshones. Además, algunos santos del valle de Cache habían observado cómo se había desarrollado la masacre desde la cima de una colina cercana, y otros habían brindado refugio y alimentos al ejército después del ataque. Incluso Peter Maughan, quien describió las acciones de los soldados como “inhumanas”, creía que los shoshones habían provocado la violencia. Algunos santos llegaron al extremo de llamar al ataque “un acto de intervención divina”22.

Ahora, una década después de la masacre, Sagwitch y su pueblo seguían resentidos con los colonos blancos. Aunque la disposición de los santos de utilizar recursos de la Iglesia para proporcionar alimentos y provisiones a los shoshones había recuperado algo de la confianza, la pérdida de vidas inocentes, de tierras y de recursos había dejado a los shoshones en una situación desesperada23.

En la primavera de 1873, un respetado líder shoshón llamado Ech-up-wy tuvo una visión en la que tres indígenas entraban en su tienda. El más corpulento de ellos —un hombre bien parecido y de espalda ancha— le decía que el Dios de los santos era el mismo Dios que adoraban los shoshones. Con ayuda de los santos, ellos iban a construir casas, cultivarían la tierra y recibirían el bautismo.

En la visión, Ech-up-wy también veía a shoshones que trabajaban en pequeñas granjas con algunos hombres blancos a su lado. Uno de ellos era George Hill, un Santo de los Últimos Días que había servido una misión entre los shoshones quince años antes. Él era un hombre que hablaba su idioma y que a veces distribuía alimentos y otras provisiones entre ellos.

Después de enterarse de la visión de Ech-up-wy, un grupo de shoshones partió hacia la casa de George, en Ogden24.


Poco tiempo después, George Hill se despertó y se enteró de que un grupo de indios shoshones estaba fuera de su casa, esperando hablar con él. Cuando George saludó a sus visitantes, uno de los líderes de ellos explicó que habían llegado a saber, por inspiración, que los santos eran el pueblo del Señor. “Queremos que venga a nuestro campamento y nos predique y nos bautice”, dijo.

George no pensaba que pudiera bautizarlos sin el permiso de Brigham Young. Decepcionados, los shoshones partieron a casa, pero regresaron más adelante y volvieron a pedir el bautismo. De nuevo, George les dijo que tenía que esperar las instrucciones del profeta25.

Poco después, George se reunió con Brigham en Salt Lake City. “He llevado una carga sobre los hombros durante algún tiempo”, dijo Brigham. “He intentado quitármela. Ahora se la daré a usted; de ahora en adelante, será su carga. Quiero que se haga cargo de la misión a los indígenas en toda esa región del norte”.

Aconsejó a George que estableciera un lugar de recogimiento para los shoshones y que les enseñara a cultivar la tierra. “No sé exactamente cómo debe hacerlo, pero usted encontrará una manera”, dijo26.

El 5 de mayo de 1873, George viajó en tren hasta una localidad situada a unos cincuenta kilómetros al norte de Ogden. De allí, partió a pie hacia el campamento de Sagwitch, que estaba a diecinueve kilómetros de distancia. No había andado sino un kilómetro, cuando un anciano shoshón, de nombre Tig-we-tick-er, se le acercó riéndose. Aquella mañana, le dijo, Sagwitch había profetizado que George visitaría su campamento.

Tig-we-tick-er indicó a George cómo llegar al campamento y prometió regresar pronto para oírlo predicar. George continuó caminando y se encontró con dos shoshones más que le repitieron las palabras de Sagwitch. Asombrado, George se preguntó cómo conocía Sagwitch el día y la hora exactos de su llegada. Para él, eso era una señal de que la obra del Señor verdaderamente comenzaba entre los shoshones.

Pronto George divisó que Sagwitch se acercaba a caballo llevando otro caballo de las riendas, detrás de él. “Imaginé que estaría cansado, así que le traje un caballo para que lo montara”, dijo Sagwitch.

Entraron cabalgando juntos en el campamento; había veintenas de personas que aguardaban que se les enseñara. George predicó durante una o dos horas y encontró muchos que querían unirse a la Iglesia. Aquella tarde, bautizó a 101 shoshones, entre ellos a Sagwitch, y los confirmó a orillas del agua. Luego, dejó el campamento con apenas tiempo suficiente para alcanzar el último tren a Ogden27.

Al día siguiente, George envió una carta a Brigham Young: “Jamás me he sentido mejor en la vida, ni jamás he pasado un día más feliz”, escribió. Los shoshones también parecían estar felices, señaló, y pensaban realizar reuniones de oración todas las noches. Mencionó la desesperada necesidad de provisiones que tenía el pueblo y solicitó sacos de harina28.

Luego, George escribió en cuanto a los bautismos en una carta dirigida a su amigo Dimick Huntington, quien también hablaba el idioma de los shoshones: “Mi único deseo es tener el Espíritu de Dios para que me ayude, a fin de que pueda efectuar la obra que se requiere de mis manos”, decía.

“Dimick, ayúdame todo lo que puedas”, le suplicó. “La obra se extiende como fuego en hierba seca”29.


Aproximadamente en la época en que los shoshones del noroeste aceptaron el Evangelio restaurado, Jonathan Napela se enteró de que a Kitty, su esposa, se le había ordenado trasladarse a la isla de Molokai, tras haber contraído la enfermedad de Hansen o lepra. Con la esperanza de detener la propagación de la enfermedad en Hawái, el rey Kamehameha V había establecido una colonia en la península Kalaupapa de Molokai para poner en cuarentena a las personas que mostraban señales de contagio. Dado que la lepra se creía incurable, el destierro a la colonia por lo general era una sentencia de por vida.

Deseoso de no apartarse de Kitty, Napela consiguió trabajo en Kalaupapa como ayudante del supervisor de la colonia. Sus nuevos deberes incluían la distribución de raciones y presentar informes con regularidad a la mesa directiva de salud pública. Ya que el empleo lo puso en estrecho contacto con las personas infectadas, aumentaron sus probabilidades de contraer la enfermedad.

Cuando él y Kitty llegaron a la colonia en la primavera de 1873, Napela comenzó a predicar el Evangelio y a celebrar reuniones todos los domingos con los santos afligidos por la lepra. También entabló amistad con el padre Damien, un sacerdote católico que servía en Kalaupapa, y con Peter Kaeo, un miembro de la familia real hawaiana que había contraído la enfermedad y que había llegado poco después de que lo hiciesen Kitty y Napela30.

En la colonia, Peter vivía con relativa comodidad en una cabaña con vista a la península; contrató siervos, recibía presentes de su adinerada familia y tenía poco contacto con los sufrimientos de la isla. Al enterarse de que había muerto un hombre en la colonia, Peter pareció sorprendido y habló con Kitty al respecto.

“No es nada nuevo”, le respondió ella, “mueren casi todos los días”31.

El 30 de agosto de 1873, Peter acompañó a Napela mientras este evaluaba las necesidades de las personas de la colonia. El cielo matinal estaba nublado conforme atravesaban la península en dirección a las chozas y los cobertizos donde vivían algunos de los residentes. Napela se detuvo primeramente en una cueva y habló con tres hombres, tres mujeres y un muchachito sobre sus raciones. Peter estaba horrorizado; la enfermedad les había desfigurado completamente el rostro a algunos de ellos; a otros, les faltaban dedos.

Más tarde, Napela y Peter vieron a una mujer que tenía una pierna gravemente inflamada; había estado en Molokai durante tres años y sus vestidos y ropa interior se habían deteriorado por completo. Napela le dijo que, si acudía a la tienda de la colonia el lunes, recibiría prendas nuevas.

En octubre, la mesa directiva de salud pública se enteró de que Napela entregaba alimentos a las personas necesitadas de la colonia que no estaban autorizadas para recibirlos. Lo destituyeron de su puesto y le ordenaron que partiera de Kalaupapa. Napela comunicó la noticia a Kitty de inmediato. Cuando Peter encontró a la pareja poco tiempo después, se hallaban llorando. Kitty había estado desmejorada últimamente y Napela no quería dejarla32.

Este solicitó a la mesa directiva de salud pública que le permitiera quedarse como cuidador de Kitty. “Hice votos ante Dios de que cuidaría de mi esposa en la salud y la enfermedad, y hasta que la muerte nos separe”, escribió. “Tengo sesenta años de edad y no me queda mucho más de vida. Durante el breve tiempo restante, quiero estar con mi esposa”.

La mesa directiva aprobó la solicitud33.


En diciembre de 1873, después de años de ejercer presión política en favor de la Iglesia y de Utah en Washington, D. C., George Q. Cannon fue investido como delegado del territorio ante la Cámara de Representantes de los Estados Unidos34. George se había preparado espiritualmente para ese momento. Se había sentido solo y débil la noche anterior, pero después de orar por ayuda, se sintió bendecido con alegría, consuelo y fortaleza.

“Estoy aquí sin ningún hombre que me apoye, pero tengo un Amigo más poderoso que todos ellos”, reflexionó en su diario personal. “En ello me regocijo”35.

A principios de la década de 1870, la opinión pública sobre la Iglesia era peor de lo que jamás había sido en los Estados Unidos. El presidente Ulysses Grant tenía la determinación de poner fin al matrimonio plural en Utah; ya había prometido detener las iniciativas de otorgar la condición de estado a Utah hasta que aquello ocurriera. En la primavera de 1874, el senador Luke Poland presentó otro proyecto de ley destinado a afianzar la Ley de Antibigamia de Morrill mediante la obtención de un mayor control sobre los tribunales de Utah36.

Mientras tanto, Fanny y T. B. H. Stenhouse continuaron escribiendo de manera crítica sobre la Iglesia y hablando en contra del matrimonio plural ante audiencias de todo el país37. Del mismo modo, Ann Eliza Young, una esposa que se había separado de Brigham Young y a quien ella había demandado por divorcio, había comenzado a dar discursos públicos condenando a la Iglesia. Después de un espectáculo en Washington, D. C., durante el cual Ann Eliza condenó la elección de George Q. Cannon al Congreso, el presidente Grant habló con ella y efusivamente estuvo de acuerdo con los puntos de vista de ella38.

George ayunó y oró para pedir guía, e intentó usar su influencia para frenar el proyecto de ley de Poland; además, procuró ayuda de algunos aliados. Recientemente, Thomas Kane y su esposa, Elizabeth, habían pasado el invierno con Brigham Young en Utah. Influenciada por libros e informes periodísticos hostiles, Elizabeth había llegado al territorio esperando encontrar mujeres que estuvieran oprimidas y desesperanzadas. En vez de ello, conoció mujeres bondadosas y sinceras que eran dedicadas a su religión. Poco después del viaje, la impresión de Elizabeth sobre los santos se publicó en un libro. En este, Elizabeth describía a los santos de manera justa, aunque seguía oponiéndose al matrimonio plural.

En parte gracias al libro de ella, George persuadió a sus colegas legisladores de flexibilizar algunos aspectos del proyecto de ley de Poland. No obstante, ninguno de sus esfuerzos impidió que el presidente Grant lo firmara, convirtiéndolo en ley a mediados de junio39.

En el verano y el otoño, William Carey, fiscal de los Estados Unidos en Utah, tomó medidas para comenzar a procesar a santos prominentes que practicaban el matrimonio plural. George regresó a Utah durante aquel tiempo y en octubre se lo arrestó por acusaciones relacionadas con sus matrimonios plurales. Al afrontar la posibilidad de más arrestos entre los santos, los líderes de la Iglesia decidieron sentar un caso testigo para cuestionar la legalidad de la ley antipoligamia de Morrill.

Llegaron a un acuerdo con Carey y accedieron a permitirle declarar culpable a un hombre de poligamia de modo que los abogados de la Iglesia pudieran apelar el fallo ante un tribunal superior. A cambio, el fiscal federal prometió que no procesaría a nadie más hasta que concluyera el proceso de apelación del caso testigo. Al hacer dicho acuerdo, los líderes de la Iglesia esperaban que el tribunal superior resolviera que la ley antipoligamia violaba los derechos religiosos de los santos y que revocara la condena.

George Q. Cannon fue liberado bajo fianza poco después de su arresto. Esa noche, se encontró con George y Amelia Reynolds que paseaban a lo largo de la pared sur de la manzana del templo. George Reynolds era un joven santo británico que prestaba servicio como secretario de Brigham Young. Ese verano se había casado en matrimonio plural con Amelia, su segunda esposa. Conociendo bien a Reynolds, George Q. Cannon lo recomendó como el candidato ideal para impugnar la ley antipoligamia.

Reynolds accedió. Ya que el caso testigo podría avanzar solo si se lo condenaba, Reynolds pronto proporcionó una lista de personas que podían comparecer como testigos en su contra en el tribunal. Se lo arrestó por bigamia poco después. Luego, el juez lo liberó bajo fianza y fijó la fecha del juicio40.