Historia de la Iglesia
12 Tienen la mira puesta en Sion
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“Tienen la mira puesta en Sion”, capítulo 12 de Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días, tomo II, Ninguna mano impía, 1846–1893, 2019

Capítulo 12: “Tienen la mira puesta en Sion”

Capítulo 12

Tienen la mira puesta en Sion

En la mañana del 6 de abril de 1853, Brigham Young y sus consejeros, Heber Kimball y Willard Richards, fueron al terreno del templo, el cual estaba parcialmente excavado para los cimientos del nuevo templo en Salt Lake City. Él había estado aguardando ese día por meses, si no por años, y no habría podido pedir un cielo más azul y despejado para la ocasión. Se cumplía el vigésimo tercer aniversario de la Iglesia y era el primer día de la conferencia general de abril. Miles de santos habían llegado a la manzana del templo, como lo hacían dos veces al año, para escuchar la voz de sus líderes; pero hoy era diferente. Hoy también habían venido para presenciar la colocación de las piedras angulares del templo1.

Brigham se sentía muy dichoso. Dos meses y medio antes, él había dado la palada inicial y Heber había dedicado el sitio. Desde esa fecha, los obreros no habían tenido tiempo suficiente para excavar completamente el espacio para los grandes cimientos, pero habían excavado trincheras profundas a lo largo de las paredes como para dar cabida a las enormes piedras angulares de arenisca; para terminar la excavación se requerirían otros dos meses de trabajo2.

En presencia de los santos allí reunidos, Brigham y sus consejeros colocaron la piedra angular en la esquina sureste de los cimientos3. Cada piedra angular pesaba más de dos mil doscientos kilogramos4. El templo tendría seis agujas y sería mucho más alto que los templos de Kirtland y Nauvoo, por lo que requería de cimientos sólidos para soportar el peso. En una reunión con el arquitecto Truman Angell, Brigham hizo un bosquejo del templo sobre una pizarra y explicó que sus tres agujas al este representarían al Sacerdocio de Melquisedec, mientras que las tres agujas occidentales representarían al Sacerdocio Aarónico5.

Luego de colocadas las piedras angulares, Thomas Bullock, secretario de la Iglesia, leyó un sermón preparado por Brigham Young sobre el propósito de los templos. Si bien muchos santos habían recibido sus investiduras en el Templo de Nauvoo o en la Casa del Consejo —una edificación en Salt Lake City que Brigham Young había autorizado provisionalmente para efectuar parte de la obra del templo—, la mayoría de ellos había experimentado la ordenanza solo una vez y probablemente no había captado plenamente su belleza y significado. Otros santos, entre ellos muchos de los nuevos santos europeos, no habían tenido ocasión de recibir la investidura; para ayudarles a entender las sagradas ordenanzas y su importancia, Brigham ofreció una descripción6.

“Su investidura consiste”, explicaba el sermón, “en recibir, en la Casa del Señor, todas las ordenanzas que les son necesarias, después que hayan salido de esta vida, para permitirles volver a la presencia del Padre, pasando por los ángeles que están allí de centinelas, capacitados para darles las palabras claves, las señas y los signos pertenecientes al Santo Sacerdocio, y lograr su exaltación eterna a pesar de la tierra y del infierno”7.

Aun antes de llegar al valle, Brigham había planeado edificar otro templo tan pronto como la Iglesia encontrara un nuevo lugar de recogimiento; y una vez que llegaron al valle, Brigham vio el templo en una visión. “El pasado mes de julio se cumplieron cinco años de cuando vi la piedra angular del templo a menos de 3 metros de donde la hemos colocado hoy”, testificó él a los santos en la conferencia. “Nunca contemplo este terreno sin que la visión [del templo] esté allí ante mí”8.

Conforme los santos se dedicaran al proyecto y pagaran sus diezmos, les prometió Brigham, el templo se erigiría en belleza y majestuosidad y superaría todo lo que hubieran visto o imaginado9.


Poco después de la ceremonia de la piedra angular, Ann Eliza Secrist recibió en el mismo día cuatro cartas de su esposo, Jacob. Cada carta relataba una etapa diferente de su viaje al campo misional. La carta más reciente, fechada el 28 de enero de 1853, indicaba que él había llegado finalmente a Hamburgo, una ciudad de la Confederación Germánica10.

Ocho meses después de su partida, Ann Eliza se sentía más conforme con su ausencia. El periódico Deseret News a menudo imprimía cartas de los élderes de todo el mundo, que brindaban información a los santos acerca de la obra misional en lugares tan remotos como Australia, Suecia, Italia e India. A veces, esas cartas informaban de una intensa oposición a los misioneros. De hecho, dos días antes de recibir las cartas de Jacob, Ann Eliza había leído en Deseret News acerca de los esfuerzos que hacía el gobierno por expulsar a un misionero de Hamburgo.

En lugar de sentir miedo por Jacob, Ann Eliza le escribió una carta alentándolo. “Es inútil que intenten detener esta obra”, ella le testificó, “porque seguirá su curso a pesar de todos los diablos de la tierra o el infierno, y nada podrá detener su progreso”11.

En cada carta que Ann Eliza escribía a su marido, ella le informaba de la salud de sus hijos. El invierno anterior, ellos habían contraído escarlatina pero, para la primavera, todos se habían recuperado de la enfermedad. Luego enfermaron de varicela, que los afligió durante un mes. Durante ese tiempo, los niños hablaban con frecuencia de su padre, en especial cuando se sentaban y comían algo que sabían que a su padre le hubiera encantado.

También le escribía sobre la granja de la familia, que estaba ubicada a unos 32 kilómetros al norte de Salt Lake City. Jacob y Ann Eliza habían contratado a unos hombres para mantenerla operativa mientras ellos vivían en la ciudad, y hacía poco que uno de los trabajadores le había pedido vidrio, clavos y madera para terminar de construir una casa en la propiedad. Ella proveyó esos materiales tomándolos de su propia casa, la cual también estaba inconclusa. El mismo hombre, posteriormente, había exigido paga por una labor que originalmente había acordado hacer sin cobrar. No teniendo a la mano ni efectivo ni trigo, Ann Eliza había vendido una vaca para pagarle12.

Sin embargo, en la siguiente carta a Jacob, Ann Eliza se complacía en informarle que la granja estaba prosperando con una buena cosecha. También señaló que estaba sintiendo con fuerza que ella y los niños debían volver a la granja, construir una pequeña casa en la propiedad y vivir allí; pero no quería tomar una decisión tan importante sin primero consultar la opinión de Jacob. “Deseo saber lo que piensas sobre el tema”, le manifestó, “y quisiera que me escribas al respecto lo más pronto que puedas”.

Junto con su petición, ella le expresó su amor y confianza. “Aunque estemos muy, muy distantes el uno del otro, separados por grandes océanos, extensas planicies y montañas nevadas, yo pienso en ti continuamente y en tu bienestar”, le escribió. “No permitas que nada te inquiete en cuanto a mí, porque yo creo que Dios, a quien tú estás sirviendo, me protegerá”13.


Esa primavera, en la isla de Maui, los informes de prensa acerca del sermón sobre el matrimonio plural que Orson Pratt había dado en agosto de 1852 estaban causando gran revuelo. Los hawaianos habían practicado la poligamia en el pasado, pero el gobierno había prescrito la práctica y perseguía a quienes infringían la ley. Los misioneros protestantes tomaron rápidamente las enseñanzas del sermón de Orson para desvirtuarlas, a fin de ridiculizar a los santos y poner en duda a la Iglesia14.

Convencido de que la verdad y la franqueza eran la mejor forma de responder a las mentiras y a los malentendidos acerca de la Iglesia, George Q. Cannon interrumpió la traducción del Libro de Mormón para traducir la revelación sobre el matrimonio plural, y fue y predicó acerca de la práctica a una multitud de mil personas. El sermón de George disipó la confusión sobre el matrimonio plural y aclaró que no se esperaba que los miembros lo practicaran a menos que el Señor les mandase hacerlo15.

Antes de su sermón, George le mostró su traducción de la revelación a Jonathan Napela. A Napela le agradó la revelación. Antes de su bautismo en 1852, Napela había sentido la presión de sus amigos protestantes que lo instaban a dejar la Iglesia. El trabajar en la Iglesia en estrecha colaboración con George había fortalecido su fe. Aunque la traducción del Libro de Mormón era una tarea difícil, de vez en cuando él y George se detenían para analizar el libro. Napela sentía los cambios que ocurrían en su vida. Era tal como se describía en el pasaje del libro de Alma: se había plantado una semilla y ahora estaba creciendo. El evangelio restaurado de Jesucristo se sentía como algo correcto y bueno, y ahora él deseaba compartirlo con otras personas16.

Napela comenzó a acompañar a los misioneros en sus visitas y predicó el Evangelio con poder y elocuencia. Incluso, un día le escribió a Brigham Young para relatarle la historia de su conversión. “Es muy claro para nosotros que esta es la Iglesia de Dios”, testificó Napela, “y me siento optimista con respecto a ir al sitio donde están ustedes, cuando llegue el momento adecuado”17.

Cuando llegaron nuevos misioneros a las islas, la torpeza de estos con el lenguaje era casi cómica. Napela se ofreció a darles clases del idioma y ellos aceptaron de buen grado su propuesta. Él les proveía de biblias en hawaiano, diccionarios, un lugar donde estudiar y algo para comer. Cada mañana y cada tarde, los élderes recitaban pasajes de la Biblia en hawaiano y Napela los ejercitaba en los aspectos básicos de su idioma. Al finalizar el día, sus alumnos estaban exhaustos.

“Siempre me esfuerzo mucho en mi trabajo”, decía uno de los misioneros, “pero este es el trabajo más difícil que he realizado jamás”18.

Luego de un par de días recibiendo clases de Napela, los élderes podían pronunciar algunas palabras, aun cuando no entendían nada de lo que leían. En el lapso de un mes, los élderes se iban con sus libros a un sitio tranquilo en los bosques para practicar el idioma traduciendo capítulos de la Biblia del inglés al hawaiano sencillo19.

Cuando Napela terminó su instrucción, los élderes salieron por todas las islas, estaban mejor preparados para cumplir sus misiones. En corto tiempo, Napela fue ordenado élder, convirtiéndose en uno de los primeros hawaianos en poseer el Sacerdocio de Melquisedec. El Evangelio se había arraigado en él y, gracias en parte a sus propios esfuerzos, comenzaba a echar raíces en Hawái20.


William Walker avistó por primera vez Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, el 18 de abril de 185321. La ciudad se hallaba al extremo sudoeste de una bahía ubicada al pie de una meseta. Del lado occidental de la ciudad, se alzaba otro pico casi de la misma altura que la otra montaña. Desde la ubicación de William, de pie sobre la cubierta de un barco a 1600 metros de la costa, el pico tenía el aspecto de un gigantesco león echado sobre su vientre22.

Unos ocho meses antes, William y sus compañeros, Jesse Haven y Leonard Smith, habían formado parte del grupo de 108 hombres llamados al servicio misional en la conferencia especial de agosto de 1852. Cuando se anunció su llamamiento, William se hallaba en las montañas al sureste de Salt Lake City cortando madera para construir un aserradero. Unos días después, él fue a la ciudad a contratar hombres que lo ayudaran con el aserradero y, cuando iba de camino, se enteró sobre su nueva asignación23.

William había formado parte del Batallón Mormón y se sentía profundamente comprometido con la causa de Sion, por lo que inmediatamente comenzó a hacer preparativos para su misión. Tenía 32 años, y dejaba atrás dos esposas, dos niños pequeños y una casa de adobe de dos pisos en la ciudad. Vendió su participación en el aserradero, compró suficientes provisiones para que su familia se sostuviera durante un año y partió de Salt Lake City quince días después24.

Cuando el barco en el que iban atracó en Ciudad del Cabo, William y sus compañeros desembarcaron para hallarse al otro lado del mundo de Utah25. Ciudad del Cabo era un antiguo asentamiento holandés que ahora se hallaba bajo dominio británico. Los colonos blancos británicos y los afrikaners (descendientes de los antiguos colonos holandeses) constituían una parte de la población de treinta mil habitantes, mientras que la mitad de la población era negra o mestiza, entre ellos muchos musulmanes y personas que habían sido esclavas26.

En la tarde del 25 de abril, los misioneros efectuaron su primera reunión en el ayuntamiento. Jesse abrió el Nuevo Testamento y predicó de Gálatas a una congregación que daba muestras de aceptación. Le siguió Leonard con un sermón sobre José Smith, el Libro de Mormón y la revelación. Algunas personas en la audiencia comenzaron a hacer ruidos y a interrumpir a los misioneros. Se desató una revuelta y la reunión acabó en forma caótica. Al día siguiente, los misioneros regresaron al ayuntamiento para efectuar otra reunión, mas hallaron las puertas cerradas27.

Los misioneros ayunaron y oraron pidiendo al Señor que abriera el corazón de las personas para recibir la verdad y que mostraran algo de hospitalidad hacia los élderes. La mayoría de las noches, los élderes se iban a la cama hambrientos. “Nuestros amigos parecen ser muy pocos”, escribió William en su diario. “El diablo está decidido a matarnos de hambre”28.

Otro factor que complicaba su labor era la raza. El año anterior, la legislatura de Utah había debatido el estado de la esclavitud de los negros en Utah. Ni Brigham Young ni los legisladores deseaban que se extendiera la esclavitud en la región, pero varios santos provenientes de los estados del sur de Estados Unidos ya habían traído personas esclavizadas al territorio. Brigham creía en la condición humana de todas las personas y se oponía a la esclavitud como existía en los estados del sur del país, donde los esclavos y las esclavas eran considerados una propiedad y no tenían derechos elementales; pero al igual que la mayoría de las personas del norte de Estados Unidos, él pensaba que las personas negras eran adecuadas para la servidumbre29.

Durante esos debates, Brigham declaró públicamente por primera vez que las personas negras de ascendencia africana ya no podían ser ordenadas al sacerdocio. Anteriormente, se había ordenado a algunas personas negras y no había restricciones entonces ni las hubo después con otras razas o grupos étnicos. Cuando explicó la restricción, Brigham se hizo eco de una noción muy extendida pero errónea según la cual Dios había maldecido a las personas negras de ascendencia africana. No obstante, él también afirmó que, en un tiempo futuro, los santos negros “tendrían todos los privilegios, y más” que disfrutaban los demás miembros de la Iglesia30.

El apóstol Orson Pratt, quien prestó servicio en la legislatura, se opuso a que se permitiese la esclavitud en el territorio y advirtió a los legisladores que no podían imponer la esclavitud sobre un pueblo sin la autoridad de Dios. “¿Hemos de tomar al africano inocente que no ha cometido pecado y condenarlo a la esclavitud y al cautiverio sin haber recibido autoridad del cielo para hacerlo?”, preguntó él31.

De igual modo, Orson Spencer, quien había sido presidente de misión y prestaba servicio en la legislatura, había preguntado de qué modo impactaría la restricción en la obra misional. “¿Cómo se podrá llevar el Evangelio a África?”, había preguntado él. “No podemos conferirles el sacerdocio. ¿De qué modo lo van a tener?”32.

Sin embargo, tales preguntas sobre la restricción del sacerdocio quedaron sin resolver; y la legislatura finalmente votó para crear un sistema de “servidumbre” negra en el territorio33.

Si el discurso de Brigham influyó directamente en las acciones de William y sus compañeros misioneros en Sudáfrica, sus escritos no lo mencionan. El discurso no prohibía ni a las mujeres ni a los hombres negros unirse a la Iglesia, pero mientras otras iglesias procuraron hacer conversos entre las poblaciones negras, William, Jesse y Leonard centraron sus esfuerzos primordialmente en la población blanca de la ciudad34.

Un día, luego de un mes de predicar sin éxito, William anduvo varios kilómetros fuera de la ciudad en busca de nuevos lugares donde pudieran predicar. Llovía torrencialmente y pronto William tenía los pantalones y los zapatos empapados. Se detuvo en una posada y se presentó como misionero Santo de los Últimos Días.

El posadero se le quedó viendo impávido. “Me importa muy poco quién sea usted, siempre que me pague”, le dijo el posadero.

“Nosotros viajamos y predicamos el Evangelio sin bolsa ni alforja”, comenzó a explicarle William, pero el posadero lo despidió rápidamente.

William siguió andando pesadamente a través de la lluviosa noche, le dolían los pies ampollados. El viento arreció y él comenzó a rogar en cada casa por la que pasaba que le dieran albergue; para cuando llegó al pueblo de Mowbray, a unos siete kilómetros de Ciudad del Cabo, lo habían rechazado unas 16 veces.

En Mowbray, llamó a la puerta de una casa y dos hombres atendieron. William le preguntó al más joven de ellos si tenía una habitación o una cama disponible. El joven quería ayudarle pero no tenía sitio para que él pasara la noche.

Desilusionado, William volvió a caminar bajo la lluvia. Enseguida, el hombre mayor lo alcanzó y le ofreció un lugar para dormir en su casa. Mientras caminaban, se presentó como Nicholas Paul, el socio de negocios del otro hombre que conoció en la puerta, Charles Rawlinson. Ambos eran contratistas de obras, provenían de Inglaterra y se habían mudado a Sudáfrica por motivos de trabajo.

William y Nicholas llegaron a la casa de Nicholas un poco después de las 9:00 de la noche. La ropa de William estaba totalmente empapada; por ello, la esposa de Nicholas, Harriet, encendió rápidamente una hoguera. Ella le sirvió comida caliente y William cantó un himno y ofreció una oración. Luego conversaron durante dos horas hasta que el sueño los venció y se fueron a dormir35.


Pocos días después de conocer a Nicholas y Harriet Paul, William hizo arreglos para predicar a unos convictos de una prisión que estaba cerca de la casa de los Paul. Nicholas escuchó el sermón junto con su amigo Charles Rawlinson y ambos quedaron muy impresionados por el mensaje que compartió William. Harriet le dijo al misionero que él era bienvenido a quedarse con ellos cuando quisiera. Poco después, los Paul ofrecieron su casa para hacer una reunión de la Iglesia.

Nicholas empleaba entre cuarenta y cincuenta personas en Mowbray y gozaba de buena reputación. Sin embargo, unas personas del pueblo que supieron de la reunión amenazaron con romper sus ventanas y puertas e interrumpir la reunión. Nicholas dijo que todos eran bienvenidos a la reunión, pero amenazó con dispararle a quien intentara insultar a William o a otra persona en la casa. Cuando llegó el día de la reunión, William predicó sin interrupciones en una casa repleta de gente36.

Con la ayuda de Nicholas, la Iglesia en Ciudad del Cabo comenzó a crecer. Una noche, no mucho después de la primera reunión en la casa de los Paul, William le dijo a Nicholas que no pospusiera su bautismo si estaba convencido de la verdad. Nicholas dijo que estaba listo para bautizarse, pero ya estaba oscuro y llovía, por lo que no pensaba que William quisiera salir afuera en una noche así.

“Sí, me gustaría”, respondió William. “Nunca me detengo por la lluvia o la oscuridad”.

William bautizó a Nicholas inmediatamente y en los días siguientes también bautizó a Harriet, así como a Charles y su esposa, Hannah37. Entre tanto, Jesse Haven escribió varios panfletos acerca de la doctrina de la Iglesia y el principio del matrimonio plural y los misioneros los distribuyeron por la ciudad38.

A comienzos de septiembre, los misioneros Santos de los Últimos Días habían bautizado a más de cuarenta personas y habían organizado dos ramas al sureste de Ciudad del Cabo39. Entre los nuevos miembros había dos mujeres negras, Sarah Hariss y Raichel Hanable, y una mujer afrikaner llamada Johanna Provis40.

Habiendo organizado dos ramas, los misioneros convocaron a todos los santos de Sudáfrica el 13 de septiembre y asignaron a cinco hombres y tres mujeres para servir misiones en la zona de Ciudad del Cabo o para distribuir panfletos en sus vecindarios41, pero Jesse Haven pensaba que esa área requería de incluso más misioneros.

“Si tuviésemos aquí una media docena más de élderes, habría bastante labor como para que ellos la hicieran”, escribió a la Primera Presidencia. “Los que han sido bautizados están muy unidos y determinados a hacer lo correcto. Ellos se regocijan de haber vivido para ver este día y tienen la mira puesta en Sion”42.


Fue por esos días que George Q. Cannon y Jonathan Napela concluyeron su traducción del Libro de Mormón al hawaiano. George apenas podía contenerse de gozo. Nada en su misión le había producido más placer y crecimiento espiritual. Después de comenzar con el proyecto, él había sentido más el Espíritu al predicar, más poder al testificar y más fe al administrar las ordenanzas del sacerdocio. Su corazón se desbordaba de gratitud43.

Varios días después, en una conferencia con veinte misioneros en Wailuku, George y los demás élderes analizaron cuál era la mejor forma de publicar el libro. George había trabajado de aprendiz de impresor en la oficina de Times and Seasons en Nauvoo, por lo que tenía una idea de lo que se requeriría para completar el proyecto. Ellos podían contratar a un impresor en las islas, o podían adquirir una imprenta y los suministros y publicar el libro ellos mismos.

“Por mi parte”, dijo George, “no considero que cumpla totalmente mi misión hasta que vea el Libro de Mormón en la imprenta”44.

Los misioneros estuvieron de acuerdo y decidieron imprimir el libro ellos mismos. Nombraron a George y a otros dos hombres para que viajaran por las islas recolectando dinero para la publicación y recogiendo donativos de los santos, así como vendiendo ejemplares del libro por adelantado.

Luego, los hombres deliberaron en cuanto al recogimiento de los santos. Más de tres mil hawaianos se habían unido a la Iglesia en los tres años que los misioneros habían estado en las islas, pero su pobreza y las estrictas leyes de emigración les prohibían abandonar permanentemente el reino. Cuando se enteró de la situación, Brigham Young aconsejó a los santos hawaianos a que encontraran “una isla apropiada o una porción de una isla” donde ellos pudieran congregarse en paz hasta que se abriera la vía para que ellos pudieran ir a Utah45.

Francis Hammond, uno de los misioneros asignados a encontrar un lugar de recogimiento provisional, recomendó la cuenca Palawai, en Lanai, una isla justo al oeste de Maui. “Jamás he visto un lugar que estuviera mejor pensado para la colonización de los santos de estas islas que este”, comentó la primera vez que vio la zona. Su único defecto, pensaba él, es que no contaba con lluvias durante una parte del año, pero si los santos construían embalses, como lo habían hecho en Salt Lake City, dispondrían de suficiente agua durante la estación seca.

Al día siguiente, los santos votaron para sostener las decisiones de publicar el Libro de Mormón y de hallar un lugar de refugio en las islas46. Dos semanas más tarde, George, Napela y varios misioneros viajaron a Lanai para explorar la cuenca Palawai. El 20 de octubre se pusieron en camino, después del desayuno, y ascendieron la escarpada ladera rocosa de una montaña hasta que el terreno se niveló por una corta distancia, desde donde pudieron tener una vista general de la cuenca. La cuenca era de unos tres kilómetros de ancho, de hermosa formación y apartada de la vista del mar.

“Era una porción espléndida de tierra y parecía muy apropiada para un lugar de recogimiento”, escribió George en su diario. “Me hizo recordar a Deseret”47.