Historia de la Iglesia
42 Inspiración de la fuente divina
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“Inspiración de la fuente divina”, capítulo 42 de Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días, tomo II, Ninguna mano impía, 1846–1893, 2020

Capítulo 42: “Inspiración de la fuente divina”

Capítulo 42

Inspiración de la fuente divina

Angel Moroni

Los primeros días de enero de 1892, Zina Young y Emmeline Wells se reunieron en Salt Lake City con otras miembros de la mesa directiva general de la Sociedad de Socorro para planear un “jubileo” en conmemoración del quincuagésimo aniversario de la Sociedad de Socorro. La mesa directiva deseaba que las mujeres Santos de los Últimos Días de todo el mundo se unieran a la celebración, por lo que enviaron una carta a todas las Sociedades de Socorro de la Iglesia y las animaron a tener su propia celebración del jubileo1.

Luego de extender “un saludo sincero” a todas las hermanas, la carta pedía a la presidencia de cada Sociedad de Socorro que invitara a sus miembros y a los líderes del sacerdocio a celebrar localmente el jubileo y que nombrara y organizara un comité para planificar el evento. Cada celebración debería comenzar a las 10:00 de la mañana del día 17 de marzo, que fue el día en que se organizó la Sociedad de Socorro en Nauvoo y, dos horas después debían unirse en una “oración universal de alabanza y agradecimiento a Dios”2.

Zina delegó en Emmeline la mayor parte de la tarea de organizar el jubileo en Salt Lake City a la entera satisfacción de todos; para comienzos de marzo, Emmeline se hallaba muy ocupada con la planificación. “Estoy procurando hacer todo lo posible con los preparativos del jubileo”, escribió en su diario. “Estoy más ocupada que nunca”3.

La mesa directiva de la Sociedad de Socorro planeó hacer la celebración del jubileo de Salt Lake City en el tabernáculo. Como elementos decorativos, ellas quisieron colgar grandes retratos de José Smith, Emma Smith, Eliza R. Snow y Zina Young detrás del púlpito4.

Debido a que Emma Smith, la primera presidenta de la Sociedad de Socorro, había permanecido en Illinois y se había unido a la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, algunas personas pensaban que no era correcto colgar su retrato en el tabernáculo. Como la controversia a este respecto se fue intensificando, Zina acudió al presidente Wilford Woodruff para conocer su parecer en cuanto a si debían exhibir el retrato. “Todo el que se oponga a ello”, le dijo él, “ha de ser una persona muy intolerante”5.

El día del jubileo, los cuatro retratos lucían colgados de los tubos del órgano en el tabernáculo. A su lado había un arreglo floral en forma de llave que simbolizaba la llave a la que José Smith dio vuelta para las mujeres en 18426. Zina y Emmeline se hallaban sentadas en el estrado junto con Bathsheba Smith, Sarah Kimball, Mary Isabella Horne y otras mujeres que habían impulsado la labor de la Sociedad de Socorro en esos cincuenta años. El tabernáculo estaba repleto con la presencia de miles de miembros de la Sociedad de Socorro. Había también muchos hombres, entre ellos Joseph F. Smith y dos miembros de los Doce7.

Zina dio comienzo al jubileo teniendo presente que todas las mujeres de la Iglesia estaban celebrando la ocasión. “Oh, que todas las personas pudiesen escuchar mis palabras”, dijo, “y no solo ustedes, mis hermanos y hermanas en este tabernáculo y por todo Utah, sino que también las oyeran y comprendieran todas las personas en este continente, y no solo en este continente, sino en los continentes de Europa, Asia, África y en las islas del mar”.

“Como hermanas, miembros de esta organización, hemos sido apartadas para el propósito de reconfortar y consolar a los enfermos y afligidos, a los pobres y los acongojados”, agregó. “Si continuamos haciendo estas cosas con este espíritu, cuando el Señor venga para integrar Sus joyas, nos dará Su aprobación”.

“¿Qué significa este jubileo de la mujer?”, preguntó Emmeline a la congregación al cierre de la reunión. “No significa solamente que hace cincuenta años un profeta de Dios fundó esta organización, sino que la mujer está siendo emancipada del error, la superstición y la oscuridad; que ha llegado luz al mundo y el Evangelio la ha hecho libre; que se ha dado la vuelta a la llave del conocimiento y que la mujer ha bebido inspiración de la fuente divina”8.


En esa época, Charles Eliot, el rector de la Universidad de Harvard, realizó una gira por los estados occidentales de Estados Unidos y visitó Salt Lake City. Charles había recibido una buena impresión del pequeño grupo de Santos de los Últimos Días que había ingresado en Harvard el año anterior y había aceptado una invitación a hablar en el tabernáculo.

Siete mil personas asistieron para escuchar el breve discurso. Charles era un defensor de la libertad religiosa y elogió la diligencia y laboriosidad de los santos, comparándolos favorablemente con los primeros colonos ingleses que fundaron Harvard9. Más tarde, luego que el Salt Lake Tribune y otros periódicos expresaran críticas hacia su visión positiva de los santos, Charles continuó defendiéndolos.

“Pienso que en lo que respecta a sus derechos a la propiedad y a su libertad de pensamiento y adoración, ahora se les debe tratar precisamente igual que a los católicos romanos, los judíos, los metodistas y cualquier otra denominación religiosa”, declaró él10.

Sentadas entre la audiencia se hallaban Anna Widtsoe, su hermana Petroline y Osborne, el hijo de Anna de catorce años. Ya había transcurrido casi un año desde que John, el hijo mayor de Anna, se había ido a estudiar a Harvard y Anna estaba impresionada de que el distinguido discursante tuviese una opinión tan alta de los estudiantes Santos de los Últimos Días11.

Los Widtsoe vivían ahora con Petroline en el Barrio 13 de Salt Lake City, el cual tenía tantos santos escandinavos que las reuniones de testimonios eran auténticos eventos multiculturales. Osborne trabajaba en la tienda de Zion’s Cooperative Mercantile Institution en la calle Main Street en tanto que Anna y Petroline trabajaban de costureras. Osborne y su madre asistían también a las clases semanales en la academia local de la estaca12.

Durante el primer fin de semana de abril nevó en Salt Lake City como si estuviesen en pleno invierno. No obstante, la mañana del miércoles 6 de abril estuvo soleada y despejada, y Anna y Osborne se unieron a las más de cuarenta mil personas que acudieron a la Manzana del Templo para presenciar la colocación de la piedra de coronamiento sobre la cima de la torre central de la fachada este del Templo de Salt Lake. La piedra, con forma de cúpula, fue diseñada para soportar la escultura de un ángel de 3,60 m, hecha por Cyrus Dallin, la cual sería colocada más tarde ese mismo día. Una vez que la piedra de coronamiento y el ángel estuvieran en su sitio, se habría completado el exterior del templo y solo restaría la obra en el interior para poder proceder a su dedicación13.

Las calesas o coches de un caballo colmaban todas las calles en torno al templo. Algunos espectadores se pusieron de pie sobre sus carromatos, otros treparon los postes de los cables del telégrafo o los techos de las casas para tener una mejor vista14. Rodeados de una numerosa multitud, los Widtsoe podían ver al presidente Wilford Woodruff y a otros líderes de la Iglesia de pie sobre una plataforma junto a la base del templo.

Una banda tocó y seguidamente el Coro del Tabernáculo cantó, tras lo cual Joseph F. Smith ofreció la primera oración. Entonces, el arquitecto de la Iglesia, Joseph Don Carlos Young, el hijo de Brigham Young y Emily Partridge, quien se hallaba sobre el andamio en la parte más alta del templo, gritó, diciendo: “¡La piedra de coronamiento ya está lista para su colocación!”15.

El presidente Woodruff se adelantó hasta el borde de la plataforma, miró a los santos, levantó en alto sus brazos y dijo: “¡Vosotras, todas las naciones de la tierra! ¡Colocaremos ahora la piedra de coronamiento del templo de nuestro Dios!”. Presionó un botón y una corriente eléctrica accionó el mecanismo que colocó en su sitio la piedra de coronamiento16.

A continuación, los santos dieron la Exclamación de Hosanna y cantaron “El Espíritu de Dios”. Luego, el apóstol Francis Lyman se puso de pie ante la multitud y dijo: “Propongo que esta congregación se comprometa, colectiva e individualmente, a proporcionar con la rapidez que se necesite todo el dinero que se requiera para terminar el templo en la fecha más cercana posible, a fin de que la dedicación pueda tener lugar el 6 de abril de 1893”.

La fecha propuesta sería el cuadragésimo aniversario de cuando Brigham Young colocó las piedras angulares. George Q. Cannon pidió el voto de sostenimiento para la propuesta y los santos levantaron la mano derecha y gritaron: “¡Sí!”17.

Francis ofreció una gran suma de su propio dinero para la terminación del templo. Anna ofrendó cinco dólares en su nombre y diez a nombre de Osborne. Sabiendo que John hubiera querido aportar también dinero, ella contribuyó diez dólares más en su nombre18.


Esa primavera, Joseph F. Smith fue a visitar a James Brown en su casa; James tenía ahora sesenta y tres años. Cuando James era joven, había formado parte del Batallón Mormón y servido una misión en Tahití y las islas circunvecinas junto con Addison y Louisa Pratt, Benjamin Grouard y otros. Mientras servía en el atolón de Anaa, en 1851, James había sido arrestado, acusado falsamente de sedición y llevado a Tahití, donde estuvo encarcelado y, posteriormente, fue expulsado de las islas19. El Gobierno también había obligado a los demás misioneros a que partieran y la misión se había cerrado desde entonces.

Habían pasado unos cuarenta años y los líderes de la Iglesia comenzaban a expandir la obra misional en el Pacífico Sur. En julio de 1891, la Misión Samoana había enviado a dos jóvenes élderes, Brigham Smoot y Alva Butler, a comenzar la predicación en Tonga. Seis meses más tarde, otros dos misioneros de la Misión Samoana, Joseph Damron y William Seegmiller, reabrieron la obra misional en la Polinesia Francesa, para ministrar a los santos de Tahití y sus alrededores, quienes habían estado aislados por largo tiempo20.

Sin embargo, Joseph Damron no se sentía bien y él y William habían hallado que casi todos los Santos de los Últimos Días de la región se habían unido a la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la cual había enviado misioneros al Pacífico Sur hacía varios años. Ambos élderes pensaban que la misión necesitaba de alguien con más experiencia que dirigiera la obra en esa área21.

En la casa de James, en Salt Lake City, Joseph F. extrajo una carta que había recibido de los misioneros en Tahití. “¿Qué le parecería servir otra misión en las Islas de la Sociedad?”, le preguntó a James.

“No deseo que hombre alguno me llame a una misión”, le dijo James22. Él era ahora un hombre mayor, con tres esposas y muchos hijos y nietos. Su salud era endeble y había perdido una pierna hacía unos años en un accidente con un arma de fuego. Para alguien en su condición, ir al Pacífico Sur representaría un esfuerzo titánico.

Joseph F. le entregó la carta a James y le pidió que la leyera. Joseph se marchó prometiendo regresar al día siguiente para conocer lo que pensaba James al respecto23.

James leyó la carta. Era evidente que los misioneros se enfrentaban a muchos problemas. De los primeros misioneros que habían servido allí, James era el único con vida; él conocía a las personas y sabía su idioma, lo que le permitiría hacer mucho bien. Tomó una decisión, si la Primera Presidencia le estaba pidiendo ir al Pacífico, él iría. Él tenía fe en que Dios no le pediría hacer una tarea sin prepararlo para poder cumplirla24.

Al regresar Joseph F. Smith al día siguiente, James aceptó el llamamiento misional. Pocas semanas más tarde, se despidió de su familia y salió de la ciudad junto con su hijo Elando, quien había sido llamado a servir con él.

James, Elando y otro misionero llegaron a Tahití al mes siguiente. Los élderes Damron y Seegmiller llevaron a los nuevos misioneros a la casa de un hombre tahitiano llamado Tiniarau, quien proporcionó una cama para que James y su hijo pudiesen dormir. Agotado a causa del viaje, James no salió de su habitación en varios días25.

No obstante, las personas no tardaron en ir a verlo. Alguien que fue desde Anaa dijo que reconoció a James por su voz. Otros lo podrían identificar del mismo modo, aun cuando no lo reconocieran al verlo, dijo el hombre. Algunos de los visitantes habían nacido luego de que James había navegado de vuelta a casa, pero igual se alegraban de conocerlo. Una mujer mayor lo reconoció y comenzó a estrecharle la mano con tanta efusividad e insistencia que él ya no estaba seguro de si ella alguna vez llegaría a soltarle la mano. Él se enteró de que ella había estado en Anaa cuando los oficiales franceses lo arrestaron y sacaron del atolón en un buque de guerra.

Una noche, James conversó con otro hombre de Anaa, llamado Pohemiti, que se acordaba de él. Pohemiti se había unido a la Iglesia Reorganizada, pero se alegraba mucho de volver a ver a James y le llevó alimentos. Si usted va a Anaa, él le prometió al misionero, las personas de allí lo escucharán26.


En la Universidad de Harvard, John Widtsoe recibía carta tras carta de su madre y de su hermano en Salt Lake City. Sus escritos siempre contenían palabras de aliento y consejo. “Mami dice que tengas cuidado con Química”, le escribió Osborne un día. “Ella leyó de un profesor que perdió ambos ojos por algo que explotó o algo por el estilo”27.

“Todo estará bien contigo”, le escribió Anna transmitiéndole seguridad. “Tan solo dedícate a hacer el bien a los demás con todo lo que tengas y llegues a tener, de modo que le sirvas a Él, el Creador de todas las cosas buenas, quien nunca se cansa de hacer que todo sea mejor y más hermoso para Sus hijos”28.

El año anterior, la primera vez que John llegó a Harvard en un tranvía tirado por caballos, él se había asombrado de la historia y la tradición de esa casa de estudios. Por las noches, soñaba con adquirir todo el conocimiento del mundo sin tener que preocuparse por cuánto tiempo le costaría dominar cada materia.

Cuando comenzó a estudiar para sus exámenes de admisión, que serían en el otoño, él se sintió abrumado ante la gran cantidad de temas que debía estudiar. Salía de la biblioteca de la universidad con los brazos cargados de libros, los cuales estudiaba concienzudamente; pero al darse cuenta de lo difícil que resultaría llegar a dominar perfectamente aunque solo fuese una materia, se sintió desanimado. ¿Podría acaso él, un inmigrante pobre de Noruega, competir con sus compañeros? Muchos de ellos habían recibido una educación de primera clase en las escuelas secundarias de mayor renombre de Estados Unidos. ¿Lo habría preparado su educación en Utah para lo que le esperaba?

La nostalgia que sentía aumentaba la ansiedad que John experimentaba en esos primeros meses y hasta contempló la posibilidad de regresar a casa; pero decidió quedarse y aprobó sus exámenes de admisión, incluso el examen de Inglés, aun cuando el Inglés era su segunda lengua.

Ahora, tras haber cursado un año de educación escolar, John se sentía con más confianza en sus estudios. Vivía en una casa alquilada junto con algunos de los jóvenes Santos de los Últimos Días que estudiaban en Harvard o en otras instituciones educativas de la zona. Luego de mucha oración, escogió Química como el enfoque principal de sus estudios. Algunos de los estudiantes Santos de los Últimos Días aspiraban a ser científicos, mientras que otros estudiaban Ingeniería, Abogacía, Medicina, Música, Arquitectura y Administración. Al igual que muchos otros estudiantes universitarios, estos jóvenes disfrutaban de los bulliciosos debates entre ellos en cuanto a diversos temas académicos29.

En julio de 1892, James Talmage, un colega de Química y un respetado erudito en la Iglesia, visitó Boston para investigar y recolectar instrumentos de laboratorio para una universidad de la Iglesia en Salt Lake City30. Susa Gates, amiga y compañera de estudios de James, también vino a Harvard para tomar un curso de verano en Letras.

John quedó impresionado por la habilidad de Susa como oradora y por su talento para escribir. Por su parte, a Susa le llamaba la atención la naturaleza refinada y artística de John, y pronto se hicieron amigos. “Hay un joven aquí que es atractivo, tranquilo, estudioso y reservado”, escribió Susa en una carta a su hija Leah, quien era de la edad de John. “Tiene un excelente carácter y es, por cierto, el más erudito de todos ellos. Pienso que te gustaría conocerlo”.

“Dudo que sepa bailar”, se lamentaba Susa, “pero tiene un cerebro tan grande como el de James Talmage y, a mi parecer, tiene un rostro atractivo para acompañarlo”31.


Luego de estar oculta más de dos años en la clandestinidad, Lorena Larsen y sus hijos volvieron a tener su propia casa en Monroe, Utah, cerca de donde su esposo, Bent, vivía con su primera esposa, Julia32. Sin embargo, aun cuando Lorena era originaria de Monroe, no siempre se sentía bienvenida allí.

En toda la Iglesia, muchas familias plurales continuaron viviendo como siempre lo habían hecho, confiando en que obraban de acuerdo con la voluntad de Dios. Sin embargo, algunos miembros de la Iglesia en Monroe pensaban que era un pecado el que un hombre continuara teniendo hijos con sus otras esposas con quien se había casado en matrimonio plural. Cuando fue evidente que Lorena estaba esperando otro bebé, algunos de sus vecinos y familiares comenzaron a despreciarla abiertamente.

La madre de Bent tenía miedo de que Lorena causara que volvieran a encarcelar a su hijo. La hermana de Lorena dijo que una esposa plural embarazada no era mejor que alguien que hubiera cometido adulterio; y un día, la propia madre de Lorena, quien era además la presidenta de la Sociedad de Socorro del barrio, fue a su casa y la reprendió por seguir teniendo hijos con Bent33.

Esa noche, luego que Bent cortara leña para ella y los niños, Lorena le dijo lo que su madre le había dicho; pero en lugar de solidarizarse con Lorena, Bent le dijo que él estaba de acuerdo con su suegra. Él había estado analizando el asunto con unos amigos y ellos llegaron a la conclusión de que un hombre en matrimonio plural solo podía hacer una cosa: quedarse con su primera esposa y dejar ir a las otras. Él y Lorena permanecerían sellados, pero tendrían que esperar a la vida venidera para volver a estar juntos.

Lorena apenas podía hablar. Desde la emisión del Manifiesto, Bent le había asegurado, una y otra vez, que él jamás la abandonaría. Ahora él iba a dejarla a ella y a los niños, faltando pocas semanas para que diera a luz.

La pareja conversó toda la noche. Mientras Lorena lloraba, Bent le dijo que sus lágrimas no podían cambiar la realidad de su situación34.

“Si yo no creyera que tú piensas que estás haciendo lo correcto ante Dios, nunca podría perdonarte”, le dijo Lorena a Bent.

Cuando Bent se marchó, Lorena oró para obtener fortaleza y sabiduría. Cuando el sol comenzaba a salir sobre las montañas, Lorena encontró a Bent trabajando en un establo detrás de la casa de Julia y le dijo que él tenía que estar con ella al menos hasta que naciera el bebé de ellos. Después del nacimiento, él podría irse donde quisiera, le dijo ella. Ahora, Dios era el único amigo que ella tenía y a Él recurriría en busca de ayuda35.

Dos semanas más tarde, Lorena dio a luz a una bebé. Cinco días después del nacimiento, Lorena soñó con su propia muerte y se despertó aterrorizada. ¿Podría confiar en que Bent cuidaría de sus niños si ella muriera? Él había proveído para ella y los niños durante todo su embarazo, tal como había prometido. Sin embargo, rara vez interactuaba con los niños y, cuando lo hacía, sus breves y ansiosas visitas les dejaba el sentimiento de que un extraño los había visitado esa noche.

Cuando Lorena le contó a Bent acerca de su premonición, él no la tomó en serio. “Es solo un sueño”, dijo él. Sintiéndose intranquila, ella continuó orando hasta el mes siguiente y le prometió al Señor que sobrellevaría sus pruebas y adversidades con paciencia y que haría todo lo que pudiera por hacer avanzar Su obra, incluyendo la obra del templo36.

Cinco semanas después de haber tenido el sueño, un alguacil los arrestó a ella y a Bent por cohabitación ilegal. La corte los dejó en libertad bajo fianza con la expectativa de que Lorena testificara en la corte en contra de Bent cuando se celebrara su juicio, a finales de ese año.

El arresto y el desprecio que sentía de parte de sus familiares y amigos eran demasiado grandes como para que Lorena los pudiera soportar. Sin saber qué hacer, ella derramó su alma al apóstol Anthon Lund, presidente del Templo de Manti. Anthon lloró al oír su historia. “Mantén erguida tu cabeza en medio de los desprecios y las burlas de todos los demás”, le aconsejó. “Vas a estar bien”37.

Lorena siguió el consejo del Apóstol y continuó adelante con su vida. Su sueño alarmante y las oraciones que siguieron la ayudaron a ser más paciente, más capaz de sobrellevar sus pruebas y más agradecida al Señor por su vida. Bent también se dio cuenta de que su negligencia le había ocasionado a Lorena un sufrimiento intenso, y él y Lorena decidieron continuar con su vida juntos, aunque no iba a ser fácil.

En septiembre de ese año, Bent admitió su culpabilidad en la acusación de cohabitación ilegal y un juez lo sentenció a pasar un mes en la cárcel. El castigo no fue tan severo como había sido años atrás, cuando Bent pasó seis meses de cárcel por una acusación similar. De hecho, desde el Manifiesto, las sentencias por cohabitación ilegal solían ser mucho más breves que antes. Sin embargo, era un recordatorio de que, si Lorena y Bent continuaban con su relación, las consecuencias podrían ser difíciles de sobrellevar38.

Aun así, este era un riesgo que la pareja ahora estaba dispuesta a correr.

  1. Wells, Diary, volume 15, Jan. 58, 1892. Tema: Sociedad de Socorro

  2. Zina D. H. Young, Jane S. Richards, and Bathsheba W. Smith, “Letter of Greeting”, Jan. 21, 1892, Relief Society Historical Files, Biblioteca de Historia de la Iglesia; véase también Derr and others, First Fifty Years of Relief Society, 590.

  3. Wells, Diary, volume 15, Mar. 2–4, 1892.

  4. Report of Relief Society Jubilee, Mar. 17, 1892, en Derr y otros, First Fifty Years of Relief Society, pág. 591; Wells, Diary, volume 15, Mar. 7, 1892.

  5. Wells, Diary, volume 15, Mar. 15, 1892. La cita se editó por motivos de legibilidad; “opusiera” en el original se cambió a “oponga”. Tema: Emma Hale Smith

  6. Wells, Diary, volume 15, Mar. 1417, 1892; Report of Relief Society Jubilee, Mar. 17, 1892; Nauvoo Relief Society Minute Book, Apr. 28, 1842, en Derr y otros, First Fifty Years of Relief Society, págs. 591, 559; Santos, tomo I, capítulo 37.

  7. Wells, Diary, volume 15, Mar. 17, 1892; Abraham H. Cannon, Diary, 17 de marzo de 1892; Report of Relief Society Jubilee, Mar. 17, 1892, en Derr y otros, First Fifty Years of Relief Society, pág. 591.

  8. Report of Relief Society Jubilee, Mar. 17, 1892, en Derr y otros, First Fifty Years of Relief Society, págs. 592–593, 610; Wells, Diary, volume 15, Mar. 17, 1892. La última oración de la cita fue editada para mejorar la legibilidad: “tomado” en el original fue cambiado a “bebido”. El discurso de Emmeline Wells fue leído por el apóstol Abraham H. Cannon.

  9. “Mormons at Harvard”, Provo Daily Enquirer, 14 de marzo de 1892, pág. [2]; “President Eliot’s Address”, Deseret Evening News, 17 de marzo de 1892, pág. 5; “President Eliot’s Visit”, Salt Lake Tribune, 17 de marzo de 1892, pág. 5.

  10. “President Eliot Replies”, Deseret Evening News, 26 de marzo de 1892, pág. 8; “Soft Word to Mormons”, New York Sun, 25 de marzo de 1892, pág. [1]; “President Eliot’s Visit”, Deseret Evening News, 29 de marzo de 1892, pág. 5; véase también “Eliot’s Status”, Salt Lake Tribune, 18 de marzo de 1892, pág. 4.

  11. Anna Widtsoe to John A. Widtsoe, 24 de marzo de 1892; Osborne Widtsoe to John A. Widtsoe, 10 de abril de 1892, Widtsoe Family Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia; véase también Widtsoe, In a Sunlit Land, pág. 34.

  12. Osborne Widtsoe to John A. Widtsoe, 1 de noviembre de 1891; 17 de enero de 1892; 24 de abril de 1892; 8 de mayo de 1892; 7 de junio de 1892, Widtsoe Family Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia. Tema: Academias de la Iglesia

  13. Joseph H. Dean, Journal, Apr. 3, 1892; Woodruff, Journal, Apr. 611, 1892; George Q. Cannon, Journal, Apr. 6, 1892; “Temple Capstone”, Salt Lake Herald, 7 de abril de 1892, pág. 6; “The Temple”, Sunday Herald, Salt Lake City, 3 de abril de 1892, pág. 3; John Nicholson, “At the Tabernacle”, Deseret Evening News, 6 de abril de 1892, págs. 4, 8; Francis Marion Lyman, Journal, 6 de abril de 1892; Talmage, Journal, 6 de abril de 1892; Osborne Widtsoe to John A. Widtsoe, 10 de abril de 1892, Widtsoe Family Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia. Temas: Ángel Moroni; Templo de Salt Lake

  14. “Temple Capstone”, Salt Lake Herald, 7 de abril de 1892, pág. 6; John Nicholson, “At the Tabernacle”, Deseret Evening News, 6 de abril de 1892, págs. 4, 8.

  15. John Nicholson, “At the Tabernacle”, Deseret Evening News, 6 de abril de 1892, pág. 8; Osborne Widtsoe to John A. Widtsoe, 10 de abril de 1892, Widtsoe Family Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

  16. John Nicholson, “At the Tabernacle”, Deseret Evening News, 6 de abril de 1892, pág. 8; Talmage, Journal, 6 de abril de 1892; Joseph H. Dean, Journal, Apr. 6, 1892; “Temple Capstone”, Salt Lake Herald, 7 de abril de 1892, pág. 6.

  17. John Nicholson, “At the Tabernacle”, Deseret Evening News, 6 de abril de 1892, pág. 8; Francis Marion Lyman, Journal, 6 de abril de 1892; Joseph H. Dean, Journal, Apr. 6, 1892; George Q. Cannon, Journal, Apr. 6, 1892; “Temple Capstone”, Salt Lake Herald, 7 de abril de 1892, pág. 6; véase también Osborne Widtsoe to John A. Widtsoe, 10 de abril de 1892, Widtsoe Family Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

  18. Francis Marion Lyman, Journal, 6 de abril de 1892; Osborne Widtsoe to John A. Widtsoe, 10 de abril de 1892; 8 de mayo de 1892, Widtsoe Family Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

  19. Brown, Life of a Pioneer, págs. 129, 168, 204–213, 223–237, 267–270, 480. Tema: Polinesia Francesa

  20. Britsch, Unto the Islands of the Sea, págs. 16–23, 431; Damron, Diary, 29 de noviembre de 1891, pág. 6; 28 de enero de 1892, pág. 60; Seegmiller, Journal, Nov. 29, 1891Jan. 27, 1892.

  21. Abraham H. Cannon, Diary, 31 de marzo de 1892; Damron, Diary, 8 y 11 de febrero de 1892, págs. 74, 77; Joseph W. Damron y William A. Seegmiller to the First Presidency, 12 de mayo de 1892, First Presidency, Mission Administration Correspondence, Biblioteca de Historia de la Iglesia; Britsch, Unto the Islands of the Sea, págs. 21–22.

  22. Brown, Reminiscences and Journal, Mar. 30, 1892; Brown, Life of a Pioneer, pág. 478. Las citas han sido editadas por motivo de legibilidad; “me preguntó cómo me parecería” en el original fue cambiado a “qué le parecería” y “no deseaba” en el original fue cambiado a “no deseo”. Se añadió el signo de interrogación para dar claridad.

  23. Brown, Life of a Pioneer, págs. 438–439, 445–446, 478; Brown, Reminiscences and Journal, Mar. 30, 1892.

  24. Brown, Reminiscences and Journal, Mar. 30, 1892; George Q. Cannon, Journal, Apr. 11, 1892; Brown, Life of a Pioneer, págs. 478–479.

  25. Brown, Life of a Pioneer, págs. 478–483; Brown, Reminiscences and Journal, June 1, 1892; Damron, Diary, 24 de mayo–1 de junio de 1892; Seegmiller, Journal, June 1, 1892; James Brown to First Presidency, 10 de junio de 1892, First Presidency, Mission Administration Correspondence, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

  26. Brown, Life of a Pioneer, págs. 483–485; James Brown to First Presidency, 10 de junio de 1892, First Presidency, Mission Administration Correspondence, Biblioteca de Historia de la Iglesia; Damron, Diary, 10 de junio de 1892; Seegmiller, Journal, June 10, 1892.

  27. Osborne Widtsoe to John A. Widtsoe, 24 de abril de 1892, Widtsoe Family Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

  28. Anna Gaarden Widtsoe to John A. Widtsoe, 9 de agosto de 1892, Widtsoe Family Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

  29. Widtsoe, In a Sunlit Land, págs. 28–32; John A. Widtsoe to John H. Squires, 22 de septiembre de 1892, John A. Widtsoe, Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia; véanse también Morison, Three Centuries of Harvard, págs. 421–422; y McLachlan, American Boarding Schools, págs. 205–206.

  30. Talmage, Journal, 29–30 de junio y 12–13 de julio de 1892; John A. Widtsoe to Anna Gaarden Widtsoe, 12 de julio de 1892, Anna K. Gaarden Widtsoe Papers, Widtsoe Family Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

  31. John A. Widtsoe to Anna Gaarden Widtsoe, 4 de julio de 1892; 17 de agosto de 1892, Anna K. Gaarden Widtsoe Papers, Widtsoe Family Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia; Susa Young Gates to Leah Dunford, 10 de julio de 1892; 7 de agosto de 1892, Widtsoe Family Papers, Biblioteca de Historia de la Iglesia; Widtsoe, In a Sunlit Land, pág. 38.

  32. Autobiography of Lorena Eugenia Washburn Larsen, págs. 57, 109, 111–112.

  33. Autobiography of Lorena Eugenia Washburn Larsen, págs. 109–111.

  34. Autobiography of Lorena Eugenia Washburn Larsen, págs. 110–112.

  35. Autobiography of Lorena Eugenia Washburn Larsen, pág. 112. La cita fue editada por motivos de legibilidad; el texto en el original dice: “Le dije que si yo no creyera que él pensaba que estaba haciendo lo correcto ante Dios, nunca podría perdonarle”.

  36. Autobiography of Lorena Eugenia Washburn Larsen, págs. 112–113, 124–125; Larsen, “Life Sketch”, págs. 254, 257; Larsen, “Memories of My Father”.

  37. “Bent Larson and His Plural”, Salt Lake Times, 28 de marzo de 1892, pág. 5; United States of America v. Bent Larsen, Case No. 1381, 1892, Territorial Case Files of the U.S. District Courts of Utah, National Archives, Washington D. C.; Autobiography of Lorena Eugenia Washburn Larsen, pág. 110.

  38. Larsen, “Story of Bent Rolfsen Larsen”, 6; Larsen, “Memories of My Father”; “Provo”, Salt Lake Herald, 23 de septiembre de 1892, pág. 3; “District Court”, Provo Daily Enquirer, 7 de noviembre de 1892, pág. [4]. Tema: Manifiesto