La experiencia de los Tres Testigos
    Notas al pie de página

    La experiencia de los Tres Testigos

    D. y C. 17

    Más de medio siglo después del acontecimiento, David Whitmer recordaba cómo oyó hablar por primera vez del Libro de Mormón: “Hice un viaje de negocios a Palmyra, Nueva York [en 1828], y mientras me encontraba allí me alojé con un tal Oliver Cowdery. Muchas personas del vecindario hablaban de un tal José Smith, hijo, un joven de ese barrio, que había encontrado ciertas planchas de oro. Cowdery y yo, así como los demás, hablamos del asunto”. Los detalles exactos de cómo se conocieron Whitmer, de veintitrés años, y Cowdery, de veintidós, se desconocen, pero rápidamente entablaron una amistad.

    “Cowdery decía que conocía a la familia Smith”, prosiguió Whitmer, “y creía que debía de haber algo de verdad en la historia de las planchas, y tenía la intención de investigar el asunto”. Whitmer, que da a entender que hizo más de un viaje a Palmyra, llevó a cabo su propia investigación y “mantuvo conversaciones con varios jóvenes que dijeron que José Smith ciertamente tenía planchas de oro… Estos grupos hacían afirmaciones tan rotundas que comencé a creer que debía de existir algún fundamento en las historias que circulaban en ese entonces”1.

    Whitmer, granjero del municipio de Fayette, Nueva York (a unos cincuenta kilómetros al sudeste de Palmyra) y Cowdery, oriundo de Vermont, quien recientemente había sido contratado por Hyrum Smith y otros administradores escolares para enseñar en el distrito de Manchester, se comprometieron a informarse el uno al otro lo que descubrieran. En ese momento, ninguno de ellos había conocido a José Smith, quien entonces vivía en Harmony, Pensilvania, con su esposa, Emma.

    Cowdery, quien tenía como alumnos a los hijos de Joseph y Lucy Mack Smith, entre otros, llegó a alojarse en la casa de esa familia. Lucy escribió que Cowdery “pronto comenzó a importunar al Sr. Smith en cuanto al tema [de las planchas], pero durante un tiempo considerable no logró obtener ninguna información. No obstante, terminó por ganarse la confianza de mi esposo, hasta el punto de que consiguió que le describiera brevemente los hechos relativos a las planchas”.

    La conversación con Joseph, padre, surtió un potente efecto en Cowdery. “El tema… parece estremecerme hasta los huesos”, le dijo a la familia Smith. “He estado orando al respecto, y creo firmemente que es la voluntad del Señor que yo vaya [a Harmony para ayudar a José con la traducción]”2.

    Cowdery también le dio la noticia (al parecer, en una carta) a Whitmer. “Cowdery me dijo que iba a ir a Harmony, Pensilvania… y ver [a José Smith] para hablar al respecto”, escribió Whitmer. “Así lo hizo, y de camino se detuvo en casa de mi padre y me dijo que tan pronto como descubriera algo, ya fuera verdadero o falso, me lo notificaría”.

    José Smith y Oliver Cowdery comenzaron su proyecto de traducción el 7 de abril de 1829 y trabajaron intensamente durante las siguientes ocho semanas. Durante ese tiempo, Cowdery escribió tres epístolas a Whitmer, en las que analizaba el proceso de traducción y le daba información específica sobre el contenido del Libro de Mormón. “Cuando Cowdery me escribió estas cosas y me dijo que había recibido un conocimiento revelado concerniente a la veracidad de ellas, le mostré estas cartas a mis padres, hermanos y hermanas”, recordaba Whitmer3.

    En su última carta, Cowdery pidió a Whitmer que fuera a Harmony y que les ayudara a los dos a mudarse al hogar de los Whitmer. “Yo tenía unas ocho hectáreas para arar”, escribió Whitmer, “de modo que decidí que terminaría de arar y luego iría”. Cuando se levantó a la mañana siguiente, sin embargo, se dio cuenta de que había entre cinco y siete hectáreas de su tierra que habían sido aradas durante la noche. Cuando se le preguntó quién aró esta tierra, Whitmer respondió: “No sé, no tengo idea, sólo sé que estaba arada… Fue un testimonio para mí de que no debía postergar el ir a ver a José. Preparé mis caballos y… emprendí el viaje a Pensilvania”4.

    El traslado a Nueva York tuvo lugar en la primera quincena de junio, y en un plazo de un mes José y sus escribas terminaron la traducción del Libro de Mormón. Cerca de ese mismo periodo, los padres de José y Martin Harris, quienes se habían enterado de que la traducción estaba llegando a su fin, llegaron de Palmyra5.

    Lucy Mack Smith escribió que Harris “se regocijó inmensamente” cuando se enteró del avance de la traducción6. Ahora bien, aunque posiblemente fuera la primera vez que Harris haya visto a Cowdery y a Whitmer, los tres hombres quedaron unidos por el vínculo de su devoción en común por ayudar a sacar a luz el Libro de Mormón. Les interesaron ciertos pasajes del Libro de Mormón en particular.

    “En el transcurso de la obra de la traducción”, se explica en la historia de José Smith, “comprobamos que el Señor proporcionaría Tres Testigos especiales, a quienes les concedería que vieran las planchas a partir de las cuales se debería traducir esta obra (el Libro de Mormón)”.

    Casi inmediatamente después de haber hecho este descubrimiento, José escribió: “Oliver Cowdery, David Whitmer y… Martin Harris tuvieron la idea de pedirme que le preguntara al Señor para saber si Él no les concedería ser estos Tres Testigos especiales; y llegaron a insistir y a importunarme tanto, que finalmente accedí, y por medio del Urim y Tumim obtuve [una revelación] del Señor para ellos”7.

    Llamados a testificar

    La revelación, que actualmente se conoce como Doctrina y Convenios 17, hacía esta promesa a Cowdery, Whitmer y Harris: “Tenéis que confiar en mi palabra, y si lo hacéis con íntegro propósito de corazón, veréis las planchas, y también el pectoral, la espada de Labán, el Urim y Tumim… Y después de haber logrado fe, y de haberlas visto con vuestros ojos, testificaréis de ellas por el poder de Dios”8.

    Días más tarde, la profecía se cumplió de una manera impresionante. “Fue en los últimos días de junio de 1829”, escribió Whitmer. “José, Oliver Cowdery y yo estábamos juntos, y el ángel mostró [las planchas] a nosotros… [Estábamos] sentados sobre un tronco cuando nos vimos cubiertos por una luz más gloriosa que la del sol. En medio de esa luz, pero más o menos a un metro de nosotros, apareció una mesa sobre la cual se encontraban muchas planchas de oro, además de la espada de Labán y los directores. Los vi tan claramente como los veo a ustedes ahora y escuché con nitidez la voz del Señor que declaraba que los registros de las planchas del Libro de Mormón fueron traducidos por el don y el poder de Dios”9.

    José Smith y Martin Harris tuvieron una experiencia similar, y al preparar el manuscrito para su impresión, Cowdery, Whitmer y Harris firmaron una declaración conjunta que se ha incluido en cada uno de los más de ciento veinte millones de ejemplares del Libro de Mormón que se han impreso desde entonces. Una parte de ella parte dice:

    “Y declaramos con palabras solemnes que un ángel de Dios bajó del cielo, y que trajo las planchas y las puso ante nuestros ojos, de manera que las vimos y las contemplamos, así como los grabados que contenían; y sabemos que es por la gracia de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo, que vimos y testificamos que estas cosas son verdaderas10”.

    1. David Whitmer, entrevista con Kansas City Journal, 1 de junio de 1881, citado en Lyndon Cook, editor, David Whitmer Interviews: A Restoration Witness, Orem, Utah: Grandin Book, 1991, pág. 60.

    2. Lucy Mack Smith, Biographical Sketches of Joseph Smith the Prophet and His Progenitors for Many Generations, Liverpool, Inglaterra: S. W. Richards, 1853, pág. 129.

    3. David Whitmer, entrevista con Kansas City Journal, 1 de junio de 1881, en Lyndon Cook, editor, David Whitmer Interviews: A Restoration Witness, Orem, Utah: Grandin Book, 1991, pág. 61.

    4. David Whitmer, entrevistas con Orson Pratt y Joseph F. Smith, septiembre de 1878, en Lyndon Cook, editor, David Whitmer Interviews: A Restoration Witness, Orem, Utah: Grandin Book, 1991, págs. 41, 51.

    5. Según se detalla en “La contribución de Martin Harris”, Martin tuvo una participación larga y complicada con el Libro de Mormón. Cuando la persecución de los vecinos obligó a José y Emma a marcharse del hogar de Joseph y Lucy en Harmony (a finales de 1827), Martin le dio a José cincuenta dólares estadounidenses para ayudarle a costear la mudanza. La primavera siguiente, Martin dejó su granja al cuidado de otras personas y prestó servicio como escriba de José durante dos meses; pero justo cuando la traducción empezó a avanzar maravillosamente, Martin tomó prestadas y luego perdió el total de las ciento dieciséis páginas que José y él habían producido, hundiendo a José y a su familia en la desesperación y haciendo que José se preguntara si había perdido toda oportunidad para traducir. Sin embargo, durante el año que siguió a la pérdida del manuscrito, Martin se arrepintió de sus errores y demostró una determinación renovada por ayudar a José en todo lo que pudiera.

    6. Lucy Mack Smith, Biographical Sketches of Joseph Smith the Prophet and His Progenitors for Many Generations, Liverpool, Inglaterra: S. W. Richards, 1853, pág. 138.

    7. Joseph Smith, History, 1838–1856, tomo A-1, pág. 23, Joseph Smith Papers. Véase Book of Mormon, edición de 1830, págs. 110–111, 548 [2 Nefi 27:12–14 y Éter 5:2-4] para ver los pasajes que mencionan a los Tres Testigos.

    8. Revelation, junio de 1829-E, josephsmithpapers.org.

    9. David Whitmer, entrevista con Kansas City Journal, 1 de junio de 1881, en Lyndon Cook, editor, David Whitmer Interviews: A Restoration Witness, Orem, Utah, Grandin Book, 1991, pág. 63.

    10. “El Testimonio de Tres Testigos”, El Libro de Mormón.