Estudio de Doctrina y Convenios
La restauración del antiguo orden
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La restauración del antiguo orden

D. y C. 102, 107

Joseph Smith with Church Leaders in Nauvoo

En mayo de 1829, José Smith y Oliver Cowdery se arrodillaron cerca del río Susquehanna. Hacía poco habían leído acerca del bautismo en Tercer Nefi y querían saber dónde encontrar la autoridad que Jesús había dado a Sus discípulos. En respuesta a sus oraciones, se les apareció Juan el Bautista, quien les puso las manos sobre la cabeza para conferirles la autoridad que necesitaban para bautizarse el uno al otro. “Piensa por un momento”, instó Cowdery a su amigo, W. W. Phelps, “en el gozo que llenó nuestros corazones y la sorpresa con la que nos habremos arrodillado… cuando recibimos el Santo Sacerdocio bajo su mano”1.

No obstante, la restauración de la autoridad del sacerdocio no trajo consigo la restauración inmediata de la organización del sacerdocio. Cada uno de los poseedores del sacerdocio podía llevar a cabo las ordenanzas, pero, ¿cómo habían de trabajar juntos para hacer la obra del Señor?

Gobierno por medio de conferencias

Muchas de las iglesias activas en el norte del estado de Nueva York durante la década de 1830 administraban sus asuntos por medio de conferencias de élderes trimestrales, así que en su primer año, la Iglesia restaurada siguió ese conocido modelo. Después de organizarse en abril, se llevaron a cabo conferencias en junio y septiembre a fin de dar informe del progreso de la Iglesia y tratar asuntos. Ese sistema de conferencias trimestrales se incluyó en los Artículos y Convenios de la Iglesia (ahora D. y C. 20) cuando se registraron éstos en los manuscritos del libro de revelaciones de la Iglesia2.

Sin embargo, para el año 1831 llegó a ser cada vez más evidente que las conferencias de la Iglesia serían más que reuniones de rutina. Durante la primera conferencia de ese año se recibió una revelación (ahora D. y C. 38) que detallaba proyectos y metas específicos en los que la Iglesia trabajaría. Muy pronto, el número de conferencias que se llevaban a cabo a fin de mantenerse al ritmo con la obra del Señor aumentó drásticamente: desde agosto hasta diciembre de 1831 se registraron minutas de veintiséis conferencias, con un promedio de más de una conferencia a la semana.

En una de esas conferencias, el Profeta hizo hincapié en la necesidad de ir más allá de los patrones conocidos y de “comprender la antigua manera de dirigir las reuniones que eran guiadas por el Espíritu Santo”3. Los diversos aspectos de planificación y de disciplina que enfrentaba la joven Iglesia requerían esfuerzo e inspiración en conjunto. Sin embargo, dado que habían muchos asuntos en los cuales ocuparse en las conferencias de todos los élderes, ¿quién debería ser el responsable de algún asunto en concreto?

El sistema de consejos

Una revelación recibida el 11 de noviembre de 1831 (ahora D. y C. 107: 60–100) ayudó a los santos a entender la forma de aprovechar el poder de la inspiración compartida al dividir las complejas exigencias de la administración de la Iglesia. Ciertos tipos de casos eran asignados al obispo, quien a su vez podía llamar a miembros de un consejo para que le ayudaran en sus deberes. El presidente del sumo sacerdocio consideraría las cuestiones más difíciles, con la ayuda de doce sumos sacerdotes como miembros de otro consejo. También se llamaría a los presidentes de los élderes, de los presbíteros, de los maestros y de los diáconos para “sentarse en concilio” con sus respectivos grupos.

La labor de complementar el conocido sistema de conferencias con un desconocido sistema de consejos resultó ser un proceso gradual. No se escogieron de inmediato a los presidentes de cada grupo y a los secretarios se les dificultaba distinguir entre lo que era una conferencia y lo que era un consejo. En julio de 1832, los miembros de Misuri “decidieron que el modo y la manera de regular la Iglesia de Cristo”, tal como se indicaba en la revelación de noviembre, “tendría efecto a partir de ese momento”4. Sin embargo, no se eligió a un presidente de los élderes hasta septiembre5. Aunque se sostuvo a José Smith como presidente del sumo sacerdocio y se escogieron dos consejeros, él tenía que reunir a los sumos sacerdotes que estaban disponibles para servir en un consejo completo del presidente cada vez que surgía una necesidad6.

También hubo problemas con el comportamiento de los participantes en las reuniones. Al parecer, algunos se susurraban el uno al otro, se alteraban notablemente o incluso se salían a la mitad de una sesión de consejo. Los prejuicios y las debilidades personales también dificultaban procurar la voluntad del Señor7.

José Smith asumió la responsabilidad de esas deficiencias que todos compartían. “Nunca he estado en ningún consejo en el cual se pueda llevar a cabo todo el orden de los consejos”, dijo durante una reunión de consejo de febrero de 1834, “lo cual, tal vez, ha privado al consejo de algunas o muchas bendiciones”8. A continuación intentó “mostrar el orden de los consejos de los días antiguos, como se le había mostrado a él en visión”. La visión que el Profeta tuvo de un consejo de Jerusalén, el cual era presidido por el apóstol Pedro y dos consejeros, se convirtió en un modelo para la organización del primer sumo consejo regular9, que a su vez serviría de modelo para los demás consejos en toda la Iglesia. Las minutas que indicaban algunas de las características importantes del consejo, tales como el derecho de un acusado a tener a la mitad del consejo como parte defensora, más tarde se incluyeron en los libros canónicos, en la sección 102 de Doctrina y Convenios10.

Antes de que el sumo consejo tuviera su primer caso, José Smith bendijo a sus dos consejeros. A continuación, dos padres: Joseph Smith, padre, y John Johnson, bendijeron a sus hijos11. Del mismo modo en que las conferencias coexistieron con el sistema en desarrollo de los consejos, la organización administrativa del sacerdocio de la Iglesia coexistiría con el sacerdocio centrado en la familia.

Los quórumes

Una semana después de la organización del sumo consejo de Kirtland, Parley P. Pratt y Lyman Wight llegaron de Misuri con el fin de pedir instrucción en nombre de los santos que habían sido expulsados de sus hogares12. En respuesta a su visita, José Smith y el sumo consejo planearon una expedición para ayudarlos.

Tanto al reunir a los hombres y los fondos entre las ramas de la Iglesia del este, lo cual llegó a conocerse como el Campo de Sion, como al viajar desde Ohio hasta Misuri, José Smith pasó una cantidad considerable de tiempo en las ramas más pequeñas de la Iglesia. El sistema de consejos había ayudado a dividir las exigencias de los asuntos de la Iglesia según el tiempo de los poseedores del sacerdocio en las sedes de la Iglesia, pero no se había hecho mucho para organizar el sacerdocio en relación al espacio físico, a fin de brindar uniformidad entre las dos principales sedes de la Iglesia o de abordar las necesidades de las ramas más alejadas. Se necesitaba más revelación.

En Misuri, donde muchos miembros de la Iglesia se habían reunido cerca del lugar previsto para Sion, se organizó otro sumo consejo siguiendo el modelo del primero. Una vez más, José Smith bendijo al presidente del consejo y a sus dos consejeros, y otra vez dos padres, en esta ocasión Peter Whitmer, padre, y Joseph Knight, padre, bendijeron a sus hijos13. Sin embargo, ¿qué debía hacerse en las ramas más pequeñas de la Iglesia? Después de regresar de Misuri, al finalizar el Campo de Sión, se crearon dos nuevos grupos del sacerdocio: los Doce Apóstoles, cuyo deber incluiría servir como “Sumo Consejo Presidente Viajante” en las ramas de la Iglesia, y los Setenta, quienes ayudarían a los Doce Apóstoles14. Además de prestar servicio a las ramas de la Iglesia ya establecidas, los Doce y los Setenta salieron a predicar el Evangelio a todo el mundo y a organizar nuevas ramas.

Durante la primavera de 1835, los recién llamados Doce Apóstoles fueron enviados a una misión con el fin de “regular” las ramas del este de la Iglesia15. Antes de que se fueran, José Smith les dio instrucciones detalladas sobre la organización del sacerdocio, las cuales ahora se encuentran en D. y C. 107. Esas instrucciones que se dieron a los Doce aclararon las relaciones que existen dentro del sacerdocio. Arrojaron luz en cuanto a la historia y las funciones de los órdenes del Sacerdocio de Melquisedec y del Sacerdocio Aarónico. En esas instrucciones se presentó el concepto de “quórum” que explica las funciones exclusivas y superpuestas de la autoridad de la Primera Presidencia, los Doce Apóstoles, los Setenta y los sumos consejos. También señalan el llamamiento de patriarcas16 para perpetuar el orden familiar del sacerdocio junto al orden administrativo.

El sostenimiento de la nueva organización

Durante la primavera y el verano de 1835, se recopilaron cuatro secciones en cuanto a la organización del sacerdocio al comienzo de la nueva publicación de Doctrina y Convenios, justo después del prefacio recibido por revelación. La primera sección fueron los Artículos y Convenios de la Iglesia (ahora D. y C. 20). A continuación estaba el nuevo material de instrucción para los Doce, que había sido combinado con una versión actualizada de la revelación de noviembre de 1831 en cuanto a los consejos del sacerdocio en una sola sección (ahora D. y C. 107). La revelación que contenía el juramento y convenio del sacerdocio (ahora D. y C. 84) estaba en tercer lugar. Después estaban las minutas de la organización del primer sumo consejo, actualizadas con una referencia que esclarecía la función del Quórum de los Doce Apóstoles. En conjunto, esas secciones servían como una especie de manual para la administración de la Iglesia.

El 17 de agosto de 1835, los miembros de la Iglesia aprobaron formalmente la publicación de Doctrina y Convenios y aceptaron la organización del sacerdocio que se había revelado17. Durante los siguientes siete meses, siguieron los pasos para llenar los cargos a fin de que los quórumes del sacerdocio pudieran estar plenamente organizados para su sostenimiento en la dedicación del Templo de Kirtland.