Llamamiento de Orson Pratt a servir
    Notas al pie de página

    Llamamiento de Orson Pratt a servir

    D. y C. 34

    Retrato de Orson Pratt

    Orson Pratt fue un niño inquisitivo y curioso. Recordaba que, a temprana edad, “tenía muchas serias impresiones en cuanto a Dios y a un futuro estado”1. Aunque sus padres, Jared y Charity Pratt, no estaban afiliados a ninguna iglesia en particular, alentaron a su hijo a leer la Biblia en busca de respuestas a sus muchas preguntas. Su lectura únicamente despertó más preguntas.

    Como Pratt diría más tarde, la familia “se contaba entre los pobres de este mundo”. Recordaba que “una serie de desgracias los mantuvo en los abismos de la pobreza”2. Debido a su situación precaria, los padres de Pratt lo enviaron a la edad de once años a trabajar en los campos de otros granjeros a cambio de alojamiento y alimentos. Durante casi nueve años, Pratt trabajó como jornalero para varios granjeros en diversos lugares que abarcaban un extenso territorio desde Ohio hasta Long Island. Aunque se sentía “zarandeado de un lado a otro sin un lugar permanente para vivir”, señaló que las “primeras impresiones de la moralidad y la religión que mis padres me habían inculcado siempre permanecieron conmigo”3 y le sirvieron de ancla.

    Pratt siguió sintiendo “la preocupación de estar preparado para un futuro estado”, pero no fue sino hasta el otoño de 1829 que comenzó a orar sinceramente para recibir guía espiritual en su vida. Más tarde escribió: “En las silenciosas sombras de la noche, mientras que otros descansaban sobre la almohada, solía retirarme a un lugar secreto en los campos o praderas solitarias y me inclinaba ante el Señor y oraba durante horas”. Resumió lo que sentía en aquel momento así: “El mayor deseo de mi corazón era que el Señor manifestara Su voluntad concerniente a mí”4.

    Una visita inesperada

    Él persistió en sus oraciones mientras trabajaba en granjas a cambio de alojamiento y alimentos, cerca de la casa de su familia en Canaan, Nueva York, hasta septiembre de 1830. Ese mes recibió la visita de su hermano mayor, Parley.

    Sólo unas semanas antes, Parley P. Pratt había encontrado el Libro de Mormón y se había convertido a la iglesia que había fundado su traductor, José Smith. Habiéndose bautizado hacía poco y habiendo sido ordenado a predicar, Pratt, ya mayor, viajó al este a Canaan, resuelto a compartir su entusiasmo por su nueva fe con su familia. Aunque sus padres creían “en parte”, Parley más tarde señaló: “Mi hermano Orson, un joven de diecinueve años, lo recibió de todo corazón”5.

    Lo que Orson Pratt oyó en el mensaje de su hermano satisfizo sus anhelos espirituales, y se bautizó el 19 de septiembre, cuando cumplió diecinueve años. Unas semanas después de su bautismo, se marchó a Fayette, Nueva York, ansioso por conocer a José Smith.

    Un llamado a predicar

    Después de un viaje de más de trescientos kilómetros, Pratt llegó a la casa de Peter Whitmer, padre, donde residía José Smith en aquel entonces. Allí conoció a José y se enteró de que su hermano Parley había sido llamado por revelación para “ir a los lamanitas, para proclamarles alegres nuevas de gran gozo”6. Orson Pratt, aún ansioso por conocer la voluntad del Señor con respecto a él, le pidió a José “si él podría determinar cuál era su misión”7. ¿Había una revelación para él como la había habido para su hermano?

    José Smith invitó a Orson Pratt y a John Whitmer a la planta de arriba, al salón donde José había terminado hacía poco la traducción del Libro de Mormón8. En ese espacio más privado, José le preguntó a Pratt si estaría dispuesto a escribir la revelación a medida que él la dictaba. “Por ser en aquel entonces joven y tímido, y al sentir su falta de dignidad”, Pratt preguntó si John Whitmer podría actuar como escriba en lugar de él. José Smith estuvo de acuerdo y “sacó una pequeña piedra llamada piedra vidente y, poniéndola en un sombrero, comenzó a hablar”9.

    En la revelación, el Señor elogió a Pratt por su fe y lo llamó al ministerio: “…bendito eres, porque has creído; y más bendito eres, porque te he llamado a predicar mi evangelio”10 (véase D. y C. 34:4–5). Orson Pratt describió más tarde sus sentimientos al oír al Señor hablarle por medio de José: “Consideré que se trataba de un llamamiento muy grande e importante, y me sentía totalmente incompetente a menos que el Señor me preparara por medio de Su Espíritu”11.

    El 1º de diciembre, José Smith lo ordenó élder y Pratt inmediatamente hizo los preparativos para embarcarse. Aunque la revelación no había especificado a dónde iría, se decidió que debía predicar en Colesville, Nueva York12. Pratt confiaba en esta promesa de la revelación: “…alza tu voz sin cesar, porque ha hablado Dios el Señor; profetiza, pues, y te será dado por el poder del Espíritu Santo”13 (véase D. y C. 34: 10). Más tarde reflexionó: “Pensé que, a menos que el Señor derramara Su Espíritu sobre mí más plenamente de lo que hasta ese momento había recibido, nunca podría cumplir con esos deberes de manera aceptable ante Su vista”14.

    Llevando consigo una carta de presentación firmada por José Smith15, Pratt llegó a Colesville, donde obedientemente “comenzó a abrir la boca en reuniones públicas y a enseñar las cosas de Dios, según el Espíritu Santo me permitía expresarlas”. La pequeña rama de la Iglesia en Colesville lo recibió con calidez16 y regresó a Fayette más tarde ese mismo mes.

    Pratt confesó que “con frecuencia sentía que temblaba y se desalentaba por temor a que nunca fuera capaz de cumplir y llevar a cabo una obra tan grandiosa”17. Sin embargo, la revelación le aclaró la voluntad del Señor, y salió a servir como misionero y apóstol durante más de sesenta años en respuesta a ese llamado.