El don de Oliver Cowdery
    Notas al pie de página

    El don de Oliver Cowdery

    D. y C. 6, 7, 8, 9, 13

    Retrato de Oliver Cowdery

    Oliver Cowdery estaba acostado pensando. ¿Acaso eran verdaderas las historias que oía? El maestro de escuela, de veintidós años de edad, estaba hospedado en Palmyra, Nueva York, en casa de Joseph Smith, padre, en el otoño de 1828. Poco después de llegar a ese lugar empezó a oír relatos sobre José, el hijo de la familia Smith, de sus encuentros con ángeles y del descubrimiento que hizo de las planchas de oro.

    Motivado por la curiosidad, y ansioso por saber más, había colmado de preguntas al arrendador. Al principio, Joseph, padre, estaba reacio a compartir lo que sabía, pero finalmente cedió a la súplica de su huésped y le habló sobre las experiencias de José. Si tales cosas maravillosas eran verídicas, Oliver necesitaba saber. Él oró; una paz descendió sobre él y lo convenció de que Dios había hablado y confirmado las historias que había escuchado1.

    No le contó esa experiencia a nadie, aunque a menudo hablaba de las planchas de oro y poco a poco llegó a creer que Dios lo estaba llamando para que fuera escriba de José Smith, mientras éste traducía2. Cuando finalizó el período escolar en la primavera de 1829, Oliver viajó a Harmony, Pensilvania, donde José vivía con su esposa, Emma, trabajando las tierras de Isaac Hale, el padre de Emma.

    La traducción de las planchas se había interrumpido por un tiempo después de que Martin Harris, el escriba de José, perdiera el manuscrito el verano anterior. A pesar de ese revés, José había tranquilizado a su madre, diciéndole que un ángel le había dicho que “el Señor me enviaría a un escriba, y confío en que su promesa se cumplirá”3. En verdad, el Señor enviaría un escriba y, para sorpresa de su padre y de su madre, fue Cowdery, el mismo hombre a quien habían ayudado a prepararse. Oliver Cowdery llegó a casa de José y Emma Smith el 5 de abril de 1829.

    José y Oliver no perdieron mucho tiempo; después de pasar el 6 de abril atendiendo algunos asuntos, el día siguiente comenzaron juntos su labor de traducción.

    Una revelación para Oliver

    La traducción continuó durante varios días; entonces, José recibió una revelación para su escriba. Se abordaron las dudas constantes que Oliver tenía sobre el don profético de José Smith, ya que las palabras de la revelación mencionaban experiencias que Oliver no había compartido con nadie. “…piensa en la noche en que me imploraste en tu corazón, a fin de saber tocante a la verdad de estas cosas”, le recordó el Señor. “¿No hablé paz a tu mente en cuanto al asunto? ¿Qué mayor testimonio puedes tener que de Dios?… no dudes; no temas”4 (véase D. y C. 6:22–23).

    Oliver llegó a Harmony con la creencia de que había sido llamado a escribir para José; ahora se encontraba allí y quería saber qué más tenía el Señor reservado para él. “He aquí, tienes un don”, decía en la revelación, “y bendito eres a causa de tu don. Recuerda que es sagrado y viene de arriba”. Su don era el don de la revelación, y por medio de él podría conocer “misterios, a fin de traer a muchos al conocimiento de la verdad, sí, de convencerlos del error de sus caminos”5 (véase D. y C. 6:10–11). El Señor también ofreció a Oliver otro don: “…si lo deseas de mí… un don para traducir, igual que mi siervo José” (véase D. y C. 6:25).

    Mientras tanto, Oliver continuó siendo testigo de José Smith empleando su don de traducir. En algún momento, ese mismo mes, los dos hombres hablaban sobre el destino del apóstol Juan, un tema de interés en aquel entonces. En la historia de José se registra que ambos diferían en sus opiniones y que “acordaron mutuamente aclararlo con el Urim y Tumim”6. La respuesta se recibió en la visión de un pergamino que José tradujo, que actualmente es Doctrina y Convenios 7.

    Oliver desea traducir

    Mientras José y Oliver continuaban su trabajo, Oliver estaba ansioso por tener una mayor participación en la traducción. El Señor le había prometido que tendría la oportunidad de traducir y él quería que se le diera. José dictó otra revelación. La palabra del Señor le aseguró a Oliver que podría tener el don que deseaba. Los requisitos eran: fe y un corazón sincero (véase D. y C. 8:1).

    La revelación continuó e informó al aspirante a traductor la forma en que habría de funcionar el proceso. El Señor dijo: “…hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en tu corazón”. La revelación siempre se había recibido de esa manera. La revelación declaró que ése era el medio, o “el espíritu mediante el cual Moisés condujo a los hijos de Israel a través del Mar Rojo sobre tierra seca”7 (véase D. y C. 8:2–3).

    Oliver Cowdery vivía en una cultura impregnada de ideas, lenguaje y prácticas bíblicas. La referencia sobre Moisés que se hacía en la revelación probablemente le pareció familiar. El relato del Antiguo Testamento sobre Moisés y su hermano Aarón relataba varios casos en que se utilizaron varas para manifestar la voluntad de Dios (véase Éxodo 7:9–12; Números 17:8). Muchos cristianos de la época de José Smith y de Oliver Cowdery también creían en varas como instrumentos de revelación. Cowdery se encontraba entre aquellos que creían en las varas y utilizaba una8.

    El Señor reconoció la capacidad que tenía Oliver para utilizar una vara: “tú tienes otro don que es el don de trabajar con la vara”9. Para confirmar la divinidad de ese don, la revelación declaró: “…he aquí, no hay otro poder, sino el de Dios, que haga que esta cosa de la naturaleza funcione en tus manos, porque es la obra de Dios”. Si Oliver lo deseaba, decía la revelación, el Señor agregaría el don de la traducción a los dones reveladores que Oliver ya poseía (D. y C. 8:8–11).

    Aunque conocemos muy pocos detalles sobre el intento que hizo Oliver Cowdery para traducir, aparentemente no salió bien; sus esfuerzos rápidamente quedaron en nada. A raíz del fracaso de Oliver, José Smith recibió otra revelación en la que se aconsejaba a Oliver: “Sé paciente, hijo mío, porque es según mi sabiduría, y no es oportuno que traduzcas ahora”. Además, se le dijo que no había entendido el proceso. Debía primeramente estudiarlo en su mente; “entonces has de preguntarme si está bien; y si así fuere, haré que tu pecho arda dentro de ti”10 (véase D. y C. 9:7–8).

    La autoridad restaurada

    Aunque desalentado por su intento fallido de traducir, Oliver obedientemente reanudó su función de escriba a medida que José dictaba la traducción de las planchas. “Estos fueron días inolvidables”, escribió Cowdery más tarde. “¡Estar sentado oyendo el son de una voz dictada por la inspiración del cielo despertó la más profunda gratitud en este pecho!” Cuando llegaron al relato del ministerio personal de Jesús a los nefitas, empezaron a preguntarse si alguien en su época tenía autoridad para administrar la Iglesia verdadera de Cristo. Estaban especialmente preocupados acerca del bautismo. El 15 de mayo de 1829, salieron de casa de la familia Smith donde estaban trabajando a fin de encontrar un lugar apartado para orar en una arboleda cercana.

    Cualquier duda que Oliver Cowdery todavía pudiese albergar ciertamente desapareció cuando el resucitado Juan el Bautista “descendió en una nube de luz y, habiendo impuesto las manos sobre nosotros”11 dijo: “Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados” (véase D. y C. 13). La experiencia consolidó la fe de Oliver. “¿Dónde había lugar para la duda?” Más tarde, Oliver escribió sobre el incidente. “En ninguna parte; la incertidumbre había desaparecido; la duda se había extinguido”12.

    1. Joseph Smith, History, 1838–1856, tomo A-1, pág. 15, Joseph Smith Papers.

    2. Lucy Mack Smith history, copia corregida, aprox. 1845, pág. 140, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

    3. Lucy Mack Smith, Biographical Sketches of Joseph Smith the Prophet and His Progenitors for Many Generations, Liverpool, Inglaterra: S. W. Richards, 1853, pág. 126.

    4. Revelation, abril de 1829-A, josephsmithpapers.org.

    5. Revelation, abril de 1829-A, josephsmithpapers.org.

    6. Joseph Smith, History, 1838–1856, tomo A-1, págs. 15–16, josephsmithpapers.org.

    7. Revelation, abril de 1829-B, josephsmithpapers.org.

    8. Robert Fuller, Spiritual But Not Religious: Understanding Unchurched America, Nueva York: Oxford University Press, 2001, págs. 15, 17; Mark Ashurst-McGee, “Pathway to Prophethood” (PhD., disertación, Universidad del Estado de Utah, Dpto. de Historia, 2000, págs. 126–148.

    9. El manuscrito más antiguo de esta revelación se refiere al don que tenía Oliver Cowder de “trabajar con el brote”. Sidney Rigdon cambió “brote” a “vara”, en preparación para la publicación de la revelación en el Libro de Mandamientos en 1833. La edición de 1835 de Doctrina y Convenios es la primera fuente que lo llamó “el don de Aarón”. Véase Revelation Book 1, pág. 13; Book of Commandments 7:3; Doctrine and Covenants, 1835, 34:3. El término brote significaba “el extremo de una rama o retoño” (Noah Webster, American Dictionary of the English Language, Nueva York: S. Converse, 1828).

    10. Revelation, abril de 1829-D, josephsmithpapers.org.

    11. Joseph Smith, History, 1838–1856, tomo A-1, pág. 17, josephsmithpapers.org.

    12. Oliver Cowdery, carta, William W. Phelps, 7 de septiembre de 1834, en Karen Lynn Davidson, David J. Whittaker, Mark R. Ashurst-McGee, Richard L. Jensen, eds. Histories: Joseph Smith Histories, 1832–1834. Tomo I de la serie Histories de The Joseph Smith Papers, editado por Dean C. Jessee, Ronald K. Esplin y Richard Lyman Bushman, Salt Lake City: Prensa del historiador de la Iglesia, 2012, pág. 46.