Restauración e Historia de la Iglesia
‘También el hombre fue en el principio con Dios’
Notas al pie de página
Tema

“También el hombre fue en el principio con Dios”

D. y C. 93

Vintage photo of Newell K Whitney store

Desde finales de enero hasta abril de 1833, José Smith y otros quince o veinte hombres asistieron a la Escuela de los Profetas en la tienda de Newel K. Whitney en Kirtland, Ohio. En sus reuniones cantaban, oraban, estudiaban diversas materias tanto pertenecientes al mundo como sagradas, y ejercían los dones espirituales. Durante una de aquellas sesiones, que tuvo lugar el 27 de febrero —el mismo día en que se reveló la Palabra de Sabiduría—, David W. Patten fue inspirado por el Espíritu Santo a cantar un himno en una lengua desconocida. Uno de los presentes, tal vez Sidney Rigdon, interpretó para los demás del himno de Patten: hablaba sobre la visión de Enoc tal como se encuentra en la revisión de José Smith del libro de Génesis1.

Probablemente la mayoría de los hombres de la Escuela conocía la visión de Enoc. Redactada unos dos años antes y publicada en el “Evening and Morning Star” (uno de los primeros periódicos de la Iglesia) en agosto de 1832, la visión ofrecía una grandiosa perspectiva de la historia de la humanidad; en las palabras del himno de Patten que se había interpretado, se le mostró a Enoc “lo que había pasado y entonces era, el presente y lo que habría de venir”2. La visión daba también a los miembros de la Iglesia uno de los primeros destellos de la idea de una existencia preterrenal3. “Yo hice el mundo y a los hombres antes que existiesen en la carne”, dijo el Señor al profeta de antaño (Moisés 6:51). La interpretación del himno que se dio en el aula se hacía eco del texto revelado: “Él vio los días en que Adán, su padre, fue creado, y vio que existía en la eternidad antes de que se pusiera una partícula de polvo en la balanza”4.

Las revisiones que hizo José Smith de la Biblia, incluso la visión de Enoc, contenían profundas ideas sobre la vida preterrenal y la relación de la humanidad con lo divino; pero solo se hacía alusión a ellas, no se explicaban en detalle. En el himno que se interpretó podemos percibir la emoción que esos primeros miembros de la Iglesia sintieron al contemplar lo que aquellos indicios podían significar; pero solo podemos imaginar las preguntas que esos indicios pueden haber sembrado en la mente de José Smith y sus compañeros de la Escuela.

El 6 de mayo, solo unas semanas después del aplazamiento de la Escuela con motivo de la temporada estival, José Smith recibió una revelación en la que ofrecía más detalles acerca de la existencia preterrenal. La revelación, que actualmente se encuentra en Doctrina y Convenios 93, se alejaba de las tradicionales ideas cristianas sobre la naturaleza del género humano, abriendo una nueva perspectiva asombrosa sobre nuestro pasado preterrenal, nuestro potencial futuro y nuestra relación con Dios.

Desde el siglo quinto, la ortodoxia cristiana había abierto una brecha prácticamente infranqueable entre el Creador y Sus creaciones5. Los cristianos llegaron a creer que el género humano había sido creado de la nada. Dios no era el artesano que remodeló la materia existente, sino que era completamente ajeno y se hallaba lejos de Su creación, misterioso e inescrutable. La descripción paternofilial que hace la Biblia de la relación que Dios tiene con nosotros se entendía en gran medida como una metáfora, en lugar de un parentesco literal. A juicio de los pensadores cristianos, sugerir otra cosa degradaba a Dios de manera blasfema o elevaba peligrosamente al género humano.

La revelación del 6 de mayo era nueva y denodada, pero también antigua y familiar. Como tantas de las revelaciones de José Smith, esta recuperaba verdades perdidas que los personajes bíblicos, en este caso Juan el Bautista, parecían conocer. Declaraba que, al igual que Cristo “fue en el principio con el Padre”, también “el hombre fue en el principio con Dios”, y desestimaba la arraigada creencia en una creación a partir de la nada: “La inteligencia, o sea, la luz de verdad, no fue creada ni hecha, ni tampoco lo puede ser”6.

La revelación proporcionaba verdad adicional acerca de Dios y la naturaleza humana, y se hacía eco tanto del texto del Libro de Mormón como del himno de David Patten, al definir la verdad como “el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser”. Este entendimiento en cuanto al pasado, el presente y el futuro se dio “para que comprendáis y sepáis cómo adorar, y sepáis qué adoráis”7. La revelación trataba particularmente del pasado de Dios y del futuro potencialmente glorioso de la humanidad. Se le dijo a José que Jesucristo había progresado hasta llegar a ser como Su Padre y “no recibió de la plenitud al principio”, sino que “continuó de gracia en gracia” hasta que recibió la plenitud de Su Padre. Del mismo modo, el género humano tiene potencial divino. El hombre y la mujer que guardan los mandamientos de Dios “[reciben] gracia sobre gracia” hasta que también ellos [recibirán] de su plenitud y [serán] glorificados en mí como yo lo soy en el Padre”8. Estos destellos de conocimiento de “las cosas como [realmente] son” recuperaban el antiguo entendimiento de la relación que existe entre Dios y Sus hijos, y reducía el enorme abismo entre Creador y creación que los mormones habían heredado de la tradición cristiana.

José Smith pasó el resto de su vida meditando en las implicaciones de estas enseñanzas asombrosamente reveladoras. Años después, en Nauvoo, dio a estas verdades su más completa expresión en el último sermón que pronunció en una conferencia. Haciéndose eco de las palabras de la revelación, enseñó que el hombre y la mujer son coeternos con Dios y pueden llegar a ser como Él al “avanzar… de una capacidad pequeña a una mayor”, hasta que finalmente moren “en fulgor eterno”. Hablando con la seguridad de la revelación, él enseñó: “El alma, la mente del hombre, ¿de dónde vino? Los instruidos dicen que Dios la creó en el principio; pero no es así. Lo sé. Dios me lo ha revelado”9.