Estudio de Doctrina y Convenios
Paz y guerra
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Paz y guerra

D. y C. 87

Andrew Jackson

Unos cuantos días antes de la Navidad de 1832, los Santos de los Últimos Días entraron a su casa para resguardarse del aire frío y húmedo y sentarse a la luz cálida y centelleante de la chimenea. Abrieron el diario local, el Painesville Telegraph y se encontraron con noticias alarmantes. A unos 1.100 km hacia el sur, la asamblea legislativa de Carolina del Sur, un estado de los Estados Unidos, había declarado que los impuestos por bienes importados que el gobierno federal imponía eran “nulos y sin efecto”. Ese movimiento creó una “crisis de la anulación” que cuestionó el derecho del gobierno federal de hacer cumplir sus propias leyes. La guerra se cernía en el horizonte1.

Los aranceles se habían fijado para proteger a los fabricantes del norte en contra de la competencia extranjera, pero los agricultores del sur consideraban que eran injustos. ¿Por qué debían pagar más por bienes que su región ni siquiera producía?2. Andrew Jackson, Presidente de los Estados Unidos, emitió una proclamación en la que advertía que el rechazo de los aranceles federales por parte de Carolina del Sur era un acto de rebelión que podía terminar en la efusión de sangre. La respuesta de Carolina del Sur fue prepararse sin demora para la guerra3. No se veía arreglo alguno por ninguna parte. Los informes que los residentes de Kirtland leyeron sonaban el tambor de guerra: “Si una bayoneta federal reluce dentro de nuestras fronteras”, decía uno de los informes, será una “guerra de soberanos4.

La revelación del día de Navidad

José Smith siguió muy de cerca el conflicto por medio de los periódicos que llegaban a Kirtland. Agregó una nota a su historia [personal] en cuanto a la gente de Carolina del Sur, “declarando [el] estado [de ellos] una nación libre e independiente”, y [también incluyó en la nota] la “proclamación en contra de esa rebelión” dada por el presidente Jackson5. Y entonces, después de esas líneas, José insertó lo que llamó “una profecía de guerra”, una revelación que dictó a su secretario Frederick G. Williams el día de Navidad de 1832, apenas unos días después de que la sorprendente noticia apareció en los periódicos de Kirtland. Esa revelación se conoce actualmente como Doctrina y Convenios 87.

Sin mencionar al presidente Jackson por nombre, la profecía de guerra hizo que las promesas condicionales del presidente fueran inevitables. El presidente Jackson había predicho que habría un conflicto armado si Carolina del Sur seguía insistiendo que era un estado soberano. Según el presidente Jackson, por medio de sus actos Carolina del Sur había dicho: “La paz y la prosperidad desfiguraremos; este libre intercambio interrumpiremos; estos campos fértiles inundaremos de sangre”6. Pero si Carolina del Sur daba marcha atrás, la inundación podía evitarse. Sin embargo, en la profecía de José Smith, la efusión de sangre era una conclusión inevitable. “Las guerras que pronto acaecerán, comenzando por la rebelión de Carolina del Sur”, decía la revelación, “finalmente resultarán [en] la muerte y la miseria de muchas almas”7. La revelación no presagiaba ninguna resolución pacífica.

La destrucción no era un tema nuevo en las revelaciones de José Smith. El Señor ya había advertido del tiempo en que el hambre, la pestilencia y las tempestades sobrevendrían a los habitantes del mundo8. Las revelaciones enseñaban que la destrucción generalizada precedería la segunda venida del Señor, y la frecuencia de las referencias a la destrucción en las revelaciones causaron que muchos Santos de los Últimos Días llegaran a la conclusión de que la Segunda Venida seguramente era inminente9.

Doctrina y Convenios 87 solo intensificó las expectativas de que no faltaba mucho para la Segunda Venida. Otras revelaciones situaban la destrucción en un tiempo y un lugar indeterminados: La destrucción ocurriría “antes que llegue este gran día”, refiriéndose a la Segunda Venida, o tendría lugar entre “todas las naciones”10. Las revelaciones decían que las guerras y rumores de guerras serían “en vuestras propias tierras” y “en países extranjeros”11. Por el contrario, Doctrina y Convenios 87 ligaba la destrucción a lugares específicos y a acontecimientos en un panorama contemporáneo: Carolina del Sur y su rebelión se nombraron específicamente. El conflicto involucraba más que solo naciones en guerra. También involucraría a grupos oprimidos —“esclavos” y “el resto”— que se sublevarían contra sus amos y capataces12.

La referencia a los esclavos insertó Doctrina y Convenios 87 directamente en el conflicto por el poder federal. En el periodo previo a la crisis, los de Carolina del Sur habían argumentado que los aranceles federales se habían diseñado intencionalmente para subvertir la economía agrícola cuya fuerza laboral se componía de esclavos y que era predominante en la región sur de los Estados Unidos. Todos los estados que se beneficiarían de los aranceles, incluso Ohio, habían prohibido la esclavitud. La profecía de José Smith en cuanto a la guerra reconocía esas divisiones geopolíticas y las ligaba a las guerras que inevitablemente seguirían: “los estados del sur se dividirán en contra de los del norte, y los estados del sur llamarán a otras naciones, aun el país de la Gran Bretaña”13. En 1832, Europa dependía del algodón del sur para sus industrias textiles. Gran Bretaña parecía ser un aliado probable para la causa de Carolina del Sur.

La crisis queda atrás

Para gran sorpresa de todos, la crisis de la anulación llegó a su fin casi antes de haber empezado. En febrero de 1833, el presidente Jackson hizo los arreglos para un arancel de concesión más bajo, reafirmando los derechos del gobierno federal y al mismo tiempo satisfaciendo las demandas de los secesionistas a favor de los derechos de los estados. La crisis quedó atrás, la paz regresó a la tierra y el presidente Jackson disfrutó lo que quizá fue su mayor triunfo como presidente14.

La resolución pacífica de la crisis complació a todos, excepto a los instigadores más apasionados. Como seguidor de Cristo, José Smith amaba la paz y le placía la conciliación, y esperaba con anhelo el regreso del Príncipe de Paz y Su pacífico reino milenario. Sin embargo, las funestas predicciones contenidas en la profecía sobre la guerra, ligadas como estaban a acontecimientos contemporáneos, deben haber desconcertado a José. La muerte y miseria de muchas almas no ocurrió. Los estados del sur seguían divididos en contra de los del norte en la cuestión de la esclavitud, pero los esclavos no se sublevaron contra sus amos y Carolina del Sur no solicitó la ayuda de Gran Bretaña15. Cualquiera que hubiera estado buscando el cumplimiento de la revelación de 1833 se habría sentido decepcionado.

José Smith parecía estar renuente a diseminar ampliamente las noticias de su profecía sobre la guerra. Incluso antes de que la crisis quedara atrás, le dijo a un editor de un diario que estaba seguro de que “no pasarán muchos años antes de que Estados Unidos presente una escena tal de efusión de sangre que no tiene paralelo en la historia de nuestra nación”16. Pero no dio detalles más específicos. No mencionó a Carolina del Sur en sus enseñanzas y sermones posteriores. Cuando en 1835 compiló sus revelaciones para que fueran publicadas, José no incluyó Doctrina y Convenios 87 en la colección. Después de que la crisis de la anulación terminó en forma pacífica, pareció ser mejor dejar de lado la revelación durante su vida17.

José estaba seguro de sus revelaciones anteriores. Había sentido la voz de Dios hablar por medio de él anteriormente y había visto esas palabras cumplirse. Debió haberse preguntado si esta revelación era un caso de profecía falsa. O bien, si la profecía era verdad, ¿qué deseaba Dios que José hiciera ahora que la paz, aunque fuera temporaria, se había logrado?

Lugares santos

Doctrina y Convenios 87 no surtió un efecto radical en la forma en que José Smith abordaba la vida. No se escondió en un refugio subterráneo ni desapareció de la vista del público para esperar el final. Incluso antes de que el presidente Jackson lograra una resolución satisfactoria de la crisis, cuando la guerra todavía parecía ser probable, José calladamente abrió una escuela para élderes que dentro de poco saldrían al mundo como misioneros. La Escuela de los Profetas, como José la llamó, se reunía con un pequeño grupo de hombres Santos de los Últimos Días en la tienda de Newel K. Whitney en Kirtland.

En ella, José enseñó a los alumnos la forma de “[hablar] en el nombre de Dios”18. Instó a los hombres a purificarse para que el Espíritu de Dios pudiera ayudarles a encontrar y enseñar a los elegidos. José enseñó que los que guardaran la Palabra de Sabiduría correrían sin fatigarse y andarían sin desmayar19. El presidente Jackson había procurado evitar la destrucción por medio de la diplomacia. José enseñó que el “ángel destructor” podía evitarse al vivir con rectitud20.

José nunca evitó advertir al mundo de los cataclismos por venir, pero su mensaje no se trataba de eso. No era un profeta fatalista que se contentaba con solo predecir miseria e infortunio21. Al final de Doctrina y Convenios 87, el Señor dijo a los santos cómo debían responder ante tales profecías tan inquietantes. No debían vivir temerosos ni abandonar sus proyectos actuales. Debían “[permanecer] en lugares santos y no [ser] movidos”22.

Unos cuantos días después de que se recibió Doctrina y Convenios 87, José Smith recibió otra revelación en la que el Señor mandó a los santos construir un templo en Kirtland (Doctrina y Convenios 88). Esa revelación, al igual que la profecía sobre la guerra, hablaba de las destrucciones por venir, pero también hablaba de una obra importante que los santos habían de realizar. No debían sentarse pasivamente, esperando que Cristo regresara mientras que el mundo se venía abajo a su alrededor. Tampoco debían simplemente predicar, como los fatalistas lo hacían. Debían edificar nuevas estructuras, nuevas instituciones, nuevos “lugares santos”. Siempre obediente a sus revelaciones, José abrió la Escuela de los Profetas, tal como la revelación le indicó que hiciera. Más tarde ese verano empezó a construir el templo.

Hasta el final de la vida de José, fueron los “lugares santos”, templos y escuelas, que captaron más su atención. La experiencia le enseñó a tener poca fe en el poder de la diplomacia, como la tuvo Andrew Jackson. José sabía, a causa de las demasiadas veces que los santos se habían visto forzados a mudarse, cuán frágil puede ser la paz. A pesar del conflicto que los rodeaba, los santos siempre podían hallar paz en el proceso de crear y habitar lugares santos.

Conclusión

Tres décadas después de que se recibió Doctrina y Convenios 87, Carolina del Sur volvió a rebelarse. Convencidos de que la elección de Abraham Lincoln como presidente de los Estados Unidos significaría problemas para la institución de la esclavitud, la asamblea legislativa del estado votó a favor de separarse de Estados Unidos. El movimiento de Carolina del Sur desencadenó una guerra entre el norte y el sur, de la cual resultó mucha muerte y miseria. Los estados del sur solicitaron la ayuda de Gran Bretaña y los esclavos se sublevaron contra sus amos. Al mismo tiempo, los santos, ahora en su nuevo hogar en el oeste, se afanaban por poner los cimientos de un lugar santo más: el Templo de Salt Lake.