Es preciso que todas las cosas se hagan con orden
    Notas al pie de página

    Es preciso que todas las cosas se hagan con orden

    D. y C. 28, 43

    José Smith

    En el verano de 1830, Oliver Cowdery escribió a José Smith desde la casa de Peter Whitmer, donde la Iglesia se había organizado a principios de ese año: “Te mando, en el nombre de Dios, que borres esas palabras, para que no haya superchería sacerdotal entre nosotros”1. Su pasión era evidente, pero ¿qué es lo que tanto había alarmado al segundo élder de la Iglesia para que fuese tan contundente en su comunicación con el Profeta?

    Bajo mandato divino, Oliver había escrito un documento llamado los Artículos de la Iglesia de Cristo, que más tarde fue reemplazado por un segundo documento escrito por José, titulado Artículos y Convenios de la Iglesia de Cristo. El documento de José utilizaba gran parte de las mismas expresiones, pero añadió pasajes significativos aclarando y ampliando el original de Oliver. El documento de José fue aceptado por la Iglesia con carácter vinculante en su conferencia de junio de 1830. A pesar de la aceptación de la Iglesia, Cowdery desaprobó una frase de la lista de los requisitos para el bautismo: “…y verdaderamente manifiesten por sus obras que han recibido del Espíritu de Cristo para la remisión de sus pecados”2.

    Tal vez Oliver pensó que su participación en el desarrollo del documento le daba derecho a hacer exigencias en cuanto al texto. José, sin embargo, no estuvo de acuerdo, insistiendo que el requisito se había recibido por revelación. Al responder, José preguntó “con qué autoridad [Oliver] tomó sobre sí mandarme que modificara, borrara, agregara o quitara de una revelación o mandamiento del Dios Todopoderoso”3.

    Unos días más tarde, José comenzó un viaje desde su casa en Harmony, Pensilvania, para ver a Oliver en casa de los Whitmer, en Fayette, Nueva York. En la historia de José se registra: “Descubrí que la familia [Whitmer] era en general de la opinión de él [de Oliver]… y no fue sino con trabajo y perseverancia que pude persuadir a cualquiera de ellos a fin de razonar calmadamente sobre el tema”. Al final, “tuve éxito en lograr que no sólo la familia Whitmer, sino también Oliver Cowdery, reconocieran que habían estado en error”4.

    Con el beneficio de varios años de experiencia, José reflexionó más tarde sobre el incidente, y escribió: “Y así se erradicó este error, el cual, habiendo surgido de la suposición y de un dictamen prematuro, era el que se había dispuesto más particularmente (cuando se entendía debidamente) que nos enseñara a todos y a cada uno de nosotros la necesidad de la humildad y la mansedumbre ante el Señor, para que Él nos enseñara Sus caminos; para que anduviéramos en Sus senderos y viviésemos de toda palabra que procede de Su boca”5.

    La lección, sin embargo, no parece haberse aprendido tan fácilmente. En pocos meses, José tuvo que imponer otra vez su autoridad como el portavoz de la revelación. La persecución alrededor de su casa, en Harmony, Pensilvania, había obligado a José y a su esposa, Emma, a residir con la familia Whitmer en agosto de 1830. Al llegar, José se enteró de que Hiram Page, el esposo de una de las hijas de los Whitmer, había utilizado una piedra para recibir dos revelaciones concernientes a la Iglesia6.

    Tal vez al recordar el éxito que tuvo para convencer a Oliver Cowdery y a los Whitmer de sus errores en cuanto a los Artículos y Convenios, José se propuso razonar con ellos durante una conferencia que se llevaría a cabo en septiembre. Sin embargo, no tardó en descubrir que la creencia en las supuestas revelaciones de Hiram Page se había extendido más de lo que pensaba, así que buscó revelación7.

    La revelación iba dirigida a Oliver Cowdery. A Oliver se le aseguró que se oiría su voz, pero se le advirtió que “nadie será nombrado para recibir mandamientos y revelaciones en esta iglesia sino mi siervo José… porque los recibe así como Moisés. Y tú has de ser obediente a las cosas que le dé”8 (véase D. y C. 28: 2).

    Oliver habría de ser para José como Aarón lo fue para Moisés, sirviendo como maestro y portavoz. Su primera asignación en esa función fue convencer a Hiram Page de su error en cuanto a las revelaciones de la piedra. Segundo, habría de emprender una misión a los amerindios, a quienes la revelación señalaba como descendientes de los lamanitas del Libro de Mormón9.

    Cuando se convocó la conferencia a finales de septiembre, la historia retrospectiva de José Smith registra que “se trató el tema de la piedra arriba mencionada, y después de considerable investigación, el hermano Page, así como los de toda la Iglesia que estaban presentes, renunciaron a dicha piedra, y todas las cosas relacionadas con la misma, todo ello para nuestra mutua satisfacción y felicidad”10. Las breves minutas de Oliver Cowdery registran que José Smith “fue nombrado por la voz de la conferencia para recibir y escribir las revelaciones y los mandamientos para esta Iglesia”11.

    José recibía con frecuencia revelaciones y mandamientos, pero la mayoría de ellos permanecieron inéditos durante varios años, limitando su disponibilidad entre los miembros de la Iglesia. Al mismo tiempo, las labores misionales de la Iglesia dieron fruto a un gran número de nuevos prosélitos. Muchos miembros no estaban al tanto, malinterpretaron o decidieron hacer caso omiso de las revelaciones que aclaraban la función de José Smith, y en ocasiones surgían afirmaciones falsas de que se había recibido revelación para la Iglesia.

    No mucho después de la reubicación de la Iglesia en Kirtland, Ohio, se presentó una “Sra. Hubble”, que afirmaba haber recibido sus propias revelaciones12. Una vez más, una revelación, ahora de Doctrina y Convenios 43, confirmó que José era el “nombrado para recibir mandamientos y revelaciones de mi mano” y agregó “que ningún otro será nombrado a este don sino por medio de él”13 (véase D. y C. 43:2, 4).

    La doctrina de los santos sobre renovadas manifestaciones del Espíritu Santo, semejantes a las que se dieron en el Nuevo Testamento, alentó a los miembros a buscar el don de revelación por sí mismos. Sin embargo, para la Iglesia en general la estructura y la práctica en desarrollo señalaba a José Smith como la única voz de autoridad para pronunciar revelación que fuera vinculante para todos los miembros. “Porque”, como se le dijo a Oliver Cowdery en la revelación de septiembre de 1830, “es preciso que todas las cosas se hagan con orden”14.

    1. History, 1838–1856, tomo A-1, págs. 50–51, Joseph Smith Papers.

    2. History, 1838–1856, tomo A-1, pág. 51, josephsmithpapers.org.

    3. History, 1838–1856, tomo A-1, pág. 51, josephsmithpapers.org.

    4. History, 1838–1856, tomo A-1, pág. 51, josephsmithpapers.org.

    5. History, 1838–1856, tomo A-1, pág. 51, josephsmithpapers.org.

    6. History, 1838–1856, tomo A-1, págs. 53–54, josephsmithpapers.org.

    7. History, 1838–1856, tomo A-1, pág. 54, josephsmithpapers.org.

    8. Revelation, septiembre de 1830-B, josephsmithpapers.org.

    9. Revelation, septiembre de 1830-B, josephsmithpapers.org.

    10. History, 1838–1856, tomo A-1, pág. 58, josephsmithpapers.org.

    11. Minutas, 26 de septiembre de 1830, josephsmithpapers.org.

    12. John Whitmer, History, pág. 18, en Joseph Smith Papers, Histories. Tomo II, pág. 29. Ésta es probablemente Louisa Hubbell, una conversa de los Discípulos de Cristo que volvió a unirse a los Discípulos en mayo de 1831 (Hayden, Early History of the Disciples in the Western Reserve, pág. 472.) También podría ser Laura Hubbell, otra conversa de Ohio (Staker, Hearken, O Ye People, págs. 79–80, 111–114.)

    13. Revelation, febrero de 1831-A, josephsmithpapers.org.

    14. Revelation, septiembre de 1830-B, josephsmithpapers.org.