‘Trasladaos a Ohio’
    Notas al pie de página

    ‘Trasladaos a Ohio’

    D. y C. 35, 36, 37, 38

    No mucho tiempo después de que la segunda conferencia de la nueva Iglesia de Cristo concluyera a finales de septiembre de 1830, cuatro misioneros, Oliver Cowdery, Peter Whitmer, hijo, Parley P. Pratt y Ziba Peterson, partieron desde Nueva York para predicar a los amerindios en Misuri. Después de una breve visita a los indios Seneca cerca de Buffalo, el grupo siguió la inclinación de Pratt de seguir por la orilla del lago Erie hasta Mentor, Ohio, donde vivía su antiguo líder espiritual, Sidney Rigdon.

    La conversión de Sidney Rigdon

    Siendo en aquel entonces predicador de dos congregaciones bautistas reformadas, Rigdon tenía tanta influencia que las personas de su rebaño eran conocidas por muchos como rigdonitas1. Reconociendo su influencia, Pratt y Cowdery exhortaron a Rigdon el 28 de octubre, pero su reacción a su mensaje no fue positiva. Aceptó con escepticismo un ejemplar del Libro de Mormón y un miembro de su congregación más adelante comentó que “en parte lo condenaba”2. No obstante, accedió a leerlo.

    Los misioneros dieron un sermón en Mentor con muy poco efecto y muy pronto siguieron su camino a Kirtland y a la granja de Isaac Morley, adonde llegaron el 2 de noviembre. Isaac Morley, quien también era bautista reformado, era el “padre espiritual de una gran familia comunal” que vivía en su granja y que estaba compuesta en su mayor parte por los miembros de las congregaciones de Rigdon. En grupo, esa familia tenía la intención de volver a establecer el evangelio de Jesucristo, tal como se describía en la Biblia. El mensaje de los misioneros recibió una cálida acogida entre los miembros de la familia de la granja Morley y muchos de ellos se bautizaron.

    Al día siguiente, el 4 de noviembre, Rigdon llegó a Kirtland para llevar a cabo un matrimonio y posteriormente se unió a los misioneros mientras viajaban por la zona predicando el mensaje del Evangelio restaurado. Diecisiete personas más se bautizaron al día siguiente, y aunque Rigdon no estaba entre ellos, un día más tarde se había unido a la predicación y, según un observador, “estaba muy conmovido y derramó lágrimas” durante la reunión3.

    El domingo 7 de noviembre, sus prédicas atrajeron a una multitud tan grande que los asistentes no cabían y alguien quitó tablas de la edificación para que la multitud que estaba afuera pudiera escuchar. Parley P. Pratt enseñó del Libro de Mormón, luego invitó a los demás a hablar y Sidney Rigdon rápidamente aceptó la invitación. Rigdon se puso de pie y anunció que, después de escuchar el mensaje de los misioneros, él “nunca debería intentar predicar otra vez”, y exhortó a los asistentes a no contender contra lo que habían escuchado.

    Rigdon se había convencido de que los misioneros realmente tenían la autoridad que previamente no se encontraba en la Tierra. Él deseaba ser bautizado y abordó el asunto con su esposa Phoebe, advirtiéndole en cuanto a cómo podría cambiar su vida si obedecían el Evangelio:

    “‘Mi adorada, una vez me seguiste en la pobreza, ¿estás dispuesta a volver a hacer lo mismo?’, ella respondió: ‘He meditado el asunto, he contemplado las circunstancias en las que podríamos encontrarnos, he considerado el precio y estoy totalmente convencida de seguirte. Sí, es mi deseo hacer la voluntad de Dios, aunque venga la vida o la muerte’”4.

    Viaje a Nueva York para visitar a José

    Sabiendo que su conversión probablemente les costaría su hogar y su vida, Sidney y Phoebe Rigdon se bautizaron el 8 de noviembre. Rigdon dejó de predicar y trabajó brevemente en la granja de Morley, pero pronto partió hacia Nueva York con “gran deseo de ver a José Smith, hijo, el Vidente que el Señor había levantado en estos últimos días”5. Rigdon estuvo acompañado en su viaje por uno de los miembros de su anterior congregación, Edward Partridge, cuya esposa, Lydia, creyó en el mensaje de los misioneros. Todavía escéptico, Partridge deseaba conocer a José antes de ser bautizado.

    Los dos hombres conocieron a José Smith en Nueva York a principios de diciembre de 1830 y Rigdon pronto “tuvo el deseo de que el Vidente consultara con el Señor para saber cuál era Su voluntad con respecto a él”6. En respuesta, José dictó la revelación que ahora se conoce como Doctrina y Convenios 35. Rigdon fue elogiado por sus obras durante su ministerio en Ohio y se le mandó ser compañero de José y escribiente de la traducción en curso de la Biblia. Se le dijo que, al hacerlo: “…se darán las Escrituras, tal como se hallan en mi propio seno, para la salvación de mis escogidos”7 (véase D. y C. 35:20). Por consiguiente, Rigdon se quedó en Fayette con José y comenzó su servicio como escribiente.

    A su llegada a Nueva York, Partridge conversó con los vecinos de la familia Smith en cuanto al carácter de la familia. Plenamente satisfecho con lo que escuchó, pidió que se le bautizara y José prometió hacerlo después de que Partridge hubiera reposado del viaje. Poco después, José Smith también recibió una revelación dirigida a Partridge, en la que se le encargaba “…predicar el evangelio sempiterno entre las naciones”8 (véase D. y C. 36:5). Después de su bautismo, Partridge viajó hacia el este para compartir su nueva fe con su familia.

    El llamado a congregarse

    La llegada de Rigdon y Partridge a Nueva York, trajo consigo un informe de cuán profundamente el Evangelio restaurado había echado raíces en Ohio9. Al mismo tiempo que el número de conversos en Ohio crecía rápidamente, la Iglesia enfrentaba una oposición cada vez mayor en Nueva York. Unos meses antes, José Smith había recibido una revelación donde se declaraba que la Iglesia debía reunirse en un lugar, aunque aún no se había revelado la ubicación (véase D. y C. 29: 7–8).

    La madre de José, Lucy, recordó más tarde que José había recibido el mensaje de que las congregaciones incipientes de Ohio necesitaban dirección desesperadamente, dado que el número de conversos había aumentado rápidamente a trecientos10. Mientras José y Sidney Rigdon viajaban de Fayette a Canandaigua, Nueva York, a fines de diciembre, recibieron una revelación en la que se mandaba a la Iglesia a “[trasladarse] a Ohio”11 (véase D. y C. 37:1). En la revelación, también se les instruyó que dejaran de trabajar por un tiempo en la revisión de la Biblia con el fin de fortalecer a las congregaciones de Nueva York, en preparación para su traslado.

    Tres días más tarde se celebró la tercera conferencia de la Iglesia en Fayette y José anunció a los miembros que el Señor les mandaba abandonar sus hogares y congregarse en Ohio. En relación con el anuncio, José dictó otra revelación que ahondaba en el mandato de congregarse y donde Dios les prometía a los miembros en cuanto a Ohio: “…allí os daré mi ley, y allí seréis investidos con poder de lo alto”12 (véase D. y C. 38:32).

    Más adelante, Newel Knight escribió que los miembros presentes fueron “instruidos como pueblo para comenzar el recogimiento de Israel y el Profeta recibió una revelación en cuanto al tema”13. A pesar de que algunos miembros de la Iglesia eludieron el mandamiento de abandonar sus hogares y congregarse en un nuevo lugar, después de una noche de oración y ayuno la joven Iglesia se comprometió a obedecer el mandato14.