Estudio de Doctrina y Convenios
Traducción de José Smith de la Biblia
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Traducción de José Smith de la Biblia

D. y C. 45, 76, 77, 86, 91

A medida que José Smith traducía el Libro de Mormón a finales de la década de 1820-1830, iba descubriendo algo más que la historia de los lamanitas y nefitas.

Más de una vez, el texto del Libro de Mormón indicaba que se habían perdido “muchas partes claras y preciosas” de la Biblia1. En el verano de 1830, sólo unos meses después de la publicación del Libro de Mormón, José Smith comenzó una nueva traducción de la Biblia, con el fin de restaurar algunas de esas partes claras y preciosas. Esa labor desafiaba la opinión predominante de aquellos días: Que la Biblia contiene la palabra infalible de Dios, según se halla en el venerado texto de la versión en inglés del Rey Santiago.

La traducción no se llevó a cabo de la forma tradicional. José no consultó textos griegos y hebreos ni utilizó obras lexicológicas para crear una nueva versión en inglés. Más bien, utilizó una versión del Rey Santiago de la Biblia como punto de partida e hizo adiciones y modificaciones siguiendo la guía del Espíritu Santo.

Aunque José hizo muchas pequeñas correcciones gramaticales y modernizó parte del lenguaje, estas mejoras técnicas le preocupaban menos que la restauración, mediante la revelación, de las verdades importantes que no estaban incluidas en la Biblia contemporánea. El historiador Mark Lyman Staker describió la traducción como una de “ideas más bien que de lenguaje”2.

José Smith trabajó diligentemente en su traducción desde el verano de 1830 hasta julio de 1833. Consideraba que este proyecto era un mandato divino, refiriéndose a él como “una ramificación de mi llamamiento”3. No obstante, aunque se imprimieron fragmentos en publicaciones de la Iglesia antes de su muerte, la traducción de José Smith de la Biblia no se publicó durante su vida.

Aun así, el esfuerzo que dedicó el Profeta a esa obra se evidencia en las páginas de Doctrina y Convenios; el proceso de traducción sirvió como catalizador directo de muchas revelaciones que figuran en ese libro, el cual contiene más de doce secciones que surgieron directamente del proceso de traducción o que contienen instrucciones para José y otras personas en cuanto a ella4.

El proceso de traducción

Fue mientras se estaba imprimiendo el Libro de Mormón en la imprenta de E.B. Grandin, en octubre de 1829, cuando Oliver Cowdery obtuvo de parte de Grandin la Biblia del Rey Santiago que José Smith utilizó en la traducción.

Una revelación que José recibió en junio de 1830 en Colesville, Nueva York, que él describió como “las visiones de Moisés”5, pudo haber servido como catalizador para la obra de José en la traducción. Esa revelación ahora aparece como el capítulo 1 del libro de Moisés, en la Perla de Gran Precio. Los primeros manuscritos de la traducción de la Biblia, desde Génesis 1 (ahora Moisés 2), se crearon en Harmony, Pensilvania, aproximadamente un mes más tarde, con Oliver Cowdery y John Whitmer actuando como escribientes. Poco tiempo después, en una revelación dirigida a la esposa de José, Emma Hale Smith, el Señor mandó que Emma sirviera como escribiente de José6 para la traducción, lo cual aparentemente hizo durante un breve periodo7 (véase D. y C. 25: 6). Durante los meses siguientes, la traducción avanzó a lo largo del libro de Génesis.

En diciembre de ese año, después que Sidney Rigdon fue bautizado en Ohio y viajó a Fayette, Nueva York, para reunirse con el líder de su nueva fe, José Smith recibió una revelación que mandaba que Rigdon sirviera como su escribiente: “…que escribas por él; y se darán las Escrituras, tal como se hallan en mi propio seno, para la salvación de mis escogidos”8 (D. y C. 35:20).

Rigdon comenzó a prestar servicio como escribiente y, poco después de que él y José registraran el relato de Enoc, José recibió la asignación de dejar de traducir por un tiempo y llevar a la Iglesia a Ohio (véase D. y C. 37: 1). Lo hizo, y poco después de establecerse en Kirtland, la traducción volvió a ser una de sus tareas principales. A principios de febrero de 1831, José Smith recibió una revelación que mandaba que se edificara una casa en la que él pudiera “vivir y traducir”9 (véase D. y C. 41:7). Unos días más tarde, otra revelación aseguró a José que, según lo pidiera, “…se darán… Escrituras”10 (véase D. y C. 42:56).

Sección 45

La primera parte de la obra de la traducción se centró en el texto de Génesis, pero una revelación del 7 de marzo de 1831 modificó el rumbo de José. En la revelación, que pasó a formar parte de los libros canónicos en Doctrina y Convenios 45, José recibió la asignación de dejar de lado el Antiguo Testamento durante un tiempo y centrarse en traducir el Nuevo Testamento.

“…os concedo traducirlo”, se le dijo, “a fin de que estéis preparados para las cosas que vendrán. Porque de cierto os digo que os esperan grandes cosas”11 (véase D. y C 45:61–62).

En consecuencia, José y Sidney comenzaron a trabajar en la traducción del Nuevo Testamento al día siguiente. Prosiguieron hasta que partieron hacia Misuri aquel verano y después reanudaron la traducción en otoño, una vez que José y Emma se mudaron unos cuarenta y ocho kilómetros al sur de Kirtland, a Hiram, Ohio, para vivir en la casa de John Johnson. Esta mudanza era, en parte, un intento de José para encontrar un lugar “para trabajar en paz y tranquilidad en la traducción de la Biblia”. José Smith más tarde recordaba que la mayor parte de su tiempo después de llegar a la casa de John Johnson lo dedicó a prepararse para continuar con su labor de traducción12.

También se dedicó a supervisar la Iglesia y a predicar en la región; después, en enero de 1832, recibió una revelación en la que se le mandaba una vez más centrar su obra en la traducción “hasta que se haya terminado”13 (véase D. y C. 73:4). Fue mientras él y Sidney Rigdon lo hacían cuando, el 16 de febrero, recibieron una revelación clave en la casa de John Johnson; mientras trabajaban en la traducción del libro de Juan, las preguntas de estos hombres condujeron a una visión de los reinos de gloria que fue una fuente de nuevas doctrinas significativas para la joven Iglesia. En la actualidad, esta visión figura en Doctrina y Convenios 76.

Las secciones 77 y 86

Del mismo modo, una explicación de pasajes del libro de Apocalipsis, ahora Doctrina y Convenios 77, también surgió directamente de la traducción de la Biblia. El texto, que constaba de una serie de preguntas y respuestas, fue considerado un texto inspirado y se incluyó en un libro de revelaciones que existió en los primeros tiempos.

José y Emma dejaron la granja de Johnson y regresaron a Kirtland en septiembre de 1832; durante los meses siguientes José siguió trabajando diligentemente en la traducción, ahora con la ayuda de Frederick G. Williams como escribiente. En diciembre se recibió otra revelación que surgió de la traducción, esta vez con la explicación de la parábola del trigo y la cizaña que se encuentra en Mateo 13. La revelación, que ahora está en Doctrina y Convenios 86, señala el cuerpo del sacerdocio en los últimos días como “…un salvador para mi pueblo Israel”14 (véase D. y C. 86:11).

En julio de 1832, José escribió lo siguiente a W. W. Phelps: “Ya hemos terminado la traducción del Nuevo Testamento”.

“Se revelan cosas grandes, maravillosas y gloriosas”, escribió, añadiendo que estaban dando “pasos agigantados con este antiguo libro, y con la fuerza de Dios podemos hacer todas las cosas según Su voluntad”15.

El trabajo en la traducción del Antiguo Testamento siguió adelante y José registró en enero de 1833: “Este invierno se dedicó a la traducción de las Escrituras, a la escuela de los profetas y a presidir conferencias. Tuve muchos momentos gloriosos de renovación”16. En marzo de 1833, José recibió la instrucción para cuando se terminara la traducción: “…habéis de presidir los asuntos de la iglesia” (D. y C. 90:13); así que siguió adelante con entusiasmo.

Sección 91

José Smith pronto llegó a una sección de su Biblia del Rey Santiago que contenía una colección de catorce libros conocidos como los libros apócrifos. Si bien la mayoría de las Biblias de los días de José Smith contenían esos libros, había un movimiento cada vez más significativo en aquel momento que cuestionaba su condición de Escrituras17. Dada esta disputa, José deseaba saber si debía procurar traducir esos libros y dirigió la pregunta al Señor. La revelación resultante, ahora Doctrina y Convenios 91, enseñó a José: “Contienen muchas cosas verdaderas, y en su mayoría se han traducido correctamente; hay muchas cosas en ellos que no son verdaderas, que son interpolaciones de los hombres. De cierto os digo, que no es necesario que los libros apócrifos sean traducidos”18 (véase D. y C. 91:1–3).

Omitiendo esa parte, José siguió trabajando en la traducción del Antiguo Testamento durante varios meses más hasta que, el 2 de julio de 1833, una carta de la Primera Presidencia (formada por José Smith, Sidney Rigdon y Frederick G. Williams) a los santos de Sion en Kirtland informó: “…hoy finalizamos la traducción de las Escrituras, por lo cual expresamos gratitud a nuestro Padre Celestial”19.

El legado de la traducción

Después de la muerte de José, su viuda, Emma, conservó los manuscritos de la traducción, los cuales fueron publicados por la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en 1867. Para la Iglesia SUD moderna, la traducción de José Smith aporta fragmentos de la Perla de Gran Precio (el libro de Moisés y Mateo 24) y proporciona información en muchas notas al pie de página de la edición SUD en inglés de la Biblia del Rey Santiago, que también figuran en la versión Reina-Valera 2009 en español.

Sin embargo, la traducción tuvo una influencia significativa en la Iglesia, por la manera en que dio forma al contenido de Doctrina y Convenios. Más de la mitad de la actual Doctrina y Convenios consta de revelaciones recibidas durante el periodo de tres años en el que José Smith trabajó en la traducción de la Biblia20. Muchas surgieron directamente de preguntas que José se sintió inspirado a formular a medida que se ampliaba su comprensión del Evangelio durante la labor de la restauración de las partes claras y preciosas de la Biblia.