‘De gobiernos y leyes’
    Notas al pie de página

    “De gobiernos y leyes”

    D. y C. 134

    Lyman Wight

    Lyman Wight se sentía orgulloso del servicio militar que su padre prestó durante la Revolución de los Estados Unidos. Para Wight, la victoria estadounidense en ese conflicto había servido más que para asegurar la independencia de los Estados Unidos; había asegurado el derecho a la vida y a la libertad del pueblo norteamericano. Wight creía que esos valores eran el perdurable legado de la Revolución de los Estados Unidos, y se alistó para luchar en la Guerra de 1812 a fin de protegerlos.

    Sin embargo, las experiencias de Wight como miembro de la Iglesia residente en Misuri durante la década de 1830 pusieron duramente a prueba su percepción optimista de esos ideales estadounidenses. Cuando él y más de mil Santos de los Últimos Días se trasladaron al condado de Jackson, Misuri, entre 1831 y 1832, a muchos habitantes del condado les desagradaban las creencias de los mormones, y temían su potencial influencia en los asuntos políticos. Sin embargo, en lugar de honrar los derechos de los miembros de la Iglesia a adorar y votar conforme a los dictados de su propia conciencia, los habitantes del condado de Jackson emplearon una violencia fuera de la legalidad para obligar a los santos a renunciar a su fe o abandonar el condado. Al actuar como patrullas de agresores, esos ciudadanos de Misuri abusaron y maltrataron físicamente de los miembros de la Iglesia que vivían en el condado, destruyeron sus propiedades y finalmente los expulsaron1.

    Wight se sentía consternado a causa de los oficiales de los gobiernos estatal y federal que consentían, e incluso alentaban, tales actos contra los miembros de la Iglesia. Varios años después, en una petición al Senado de los Estados Unidos, declaró que su “padre fue un soldado de la Revolución”, y que esas violaciones de los derechos civiles de los miembros de la Iglesia “no [eran] las libertades que él nos [brindó] a mí y a mi posteridad”2. La petición de Wight revelaba la tensión que había entre la lealtad que sentía hacia su país, su desprecio a los actos de muchos de los hombres elegidos para gobernar el país y su devoción a la fe que él creía sobrepujaría todos los gobiernos de la tierra.

    Enmienda

    Al igual que Lyman Wight, los líderes de la Iglesia tenían una relación complicada tanto con el gobierno local como con el nacional. Cuando los miembros de la Iglesia del condado de Jackson fueron echados de sus casas en noviembre de 1833, los líderes de la Iglesia consideraron que los gobiernos de Misuri y de los Estados Unidos no habían protegido los derechos civiles de los santos de Misuri, y se sintieron compelidos a protestar por las acciones (o la inacción) de los oficiales elegidos que habían llevado a la expulsión de los santos. Al mismo tiempo comenzaron a hacer alegaciones legales y políticas a esos mismos gobiernos para que se les restaurasen sus propiedades y sus derechos civiles en el condado de Jackson.

    Varios ciudadanos prominentes sentían compasión por los apuros que pasaban los santos, pero muchos desconfiaban de sus intenciones. El compromiso de la Iglesia hacia la autoridad de la revelación, y el rápido recogimiento de los miembros de la Iglesia en Ohio y Misuri, hicieron que a algunos estadounidenses les preocupara que el objetivo de la Iglesia fuera establecer su propia sociedad que ignorase las leyes y la autoridad de los Estados Unidos. ¿Cómo podrían los líderes de la Iglesia denunciar los malos tratos a los que les sometía el gobierno y expresar al mismo tiempo su apoyo al gobierno e incluso solicitar la ayuda del mismo?

    La declaración

    El 17 de agosto de 1835, en medio de los esfuerzos de los santos por pedir ayuda al gobierno, Oliver Cowdery y Sidney Rigdon presentaron un documento titulado “Declaration of Government and Law” [Declaración acerca del Gobierno y la Ley] a los miembros de la Iglesia en Kirtland, Ohio. La declaración —actualmente Doctrina y Convenios 134— trataba de abordar todas las preocupaciones de los santos3. Al afirmar que “Dios instituyó los gobiernos para el beneficio del hombre” y que, como oficiales del gobierno, Dios haría a las personas “responsables de sus hechos”4, la declaración describía los gobiernos civiles como instituciones seculares cuyas acciones tenían consecuencias espirituales. Al explicar que todo oficial del gobierno “debe ser respetado en su posición” y “debe respeto y deferencia a las leyes”5, la declaración hacía hincapié en la enseñanza de la Iglesia de que sus miembros debían ser ciudadanos que sostuvieran la ley y contribuyeran a la “paz y la armonía”6 en las sociedades en las que residían. Insistía en que el gobierno debía garantizar el derecho de los ciudadanos a adorar conforme a los dictados de su propia conciencia, y que estaba justificado que los grupos religiosos que experimentaran abusos por causa de sus prácticas religiosas hicieran al gobierno una solicitud de enmienda. Refiriéndose indirectamente a las recientes experiencias de los santos en el condado de Jackson, la declaración insistía en el derecho de los ciudadanos a defenderse a sí mismos frente a la persecución religiosa si el gobierno no respondía a sus recursos de amparo.

    Los miembros de la Iglesia aceptaron la declaración y la incluyeron en la primera edición de Doctrina y Convenios. A diferencia de otras secciones de este libro en las que Dios reveló Su voluntad a los santos, en esta sección los santos explicaban su punto de vista y sus creencias al público en general. Lo más probable es que fuera escrita por Oliver Cowdery, quien había escrito editoriales en periódicos recientes sobre muchos de los temas que se abordaban en ella7. Aunque José Smith se encontraba en el Territorio de Michigan cuando se presentó la declaración a la Iglesia, él la aceptó y más tarde hizo referencia a ella en sus discursos y escritos8.

    Cómo se usó la declaración

    Sobre todo después de 1838, cuando los santos fueron expulsados de Misuri por la orden ejecutiva emitida por el gobernador, José y otros líderes de la Iglesia invocaron los principios de la declaración al tiempo que luchaban por los derechos civiles de los miembros de la Iglesia. Por ejemplo, en 1840, mientras José se hallaba en los Estados Unidos del Este solicitando una enmienda al gobierno federal tras la confiscación de las propiedades de los miembros de la Iglesia en Misuri, escribió una carta al editor de un periódico en Pensilvania en la que respondía a las declaraciones que habían hecho algunos detractores de la Iglesia en aquella región. No obstante, para redactar la carta José simplemente copió el texto de la declaración sobre los gobiernos, poniendo “Yo creo” en todas las frases en las que la declaración contenía la forma “Creemos”9.

    Unos meses después, José, Sidney Rigdon y Elias Higbee lograron una audiencia ante una comisión de senadores de los Estados Unidos para tratar el tema de las persecuciones en Misuri. En esa audiencia, el congresista de Misuri, John Jameson, trató de justificar la violencia del pasado contra los miembros de la Iglesia afirmando que José había dado a sus seguidores libertad para ignorar las leyes del país. Elias Higbee negó rotundamente esta afirmación, argumentando que la Iglesia “no sostenía dicha doctrina ni creía tal cosa” y remitió al comité a la “Declaration of Government and Law” [Declaración acerca del Gobierno y la Ley] de 1835, en Doctrina y Convenios, como prueba de que ellos “habían publicado mucho tiempo atrás [su] postura en cuanto a ese asunto”10. En 1840, esta comisión de senadores declinó otorgar a la Iglesia una enmienda por las persecuciones, pero los líderes de la Iglesia se sujetaron a los valores que se describen en la declaración.

    Dos años más tarde, cuando los líderes de la Iglesia escribieron su hoy en día conocida “Carta de Wentworth” como una breve descripción de la historia de la Iglesia y sus creencias, los principios descritos en la declaración sobre los gobiernos parecieron inspirar el contenido de dos de sus enunciados. Esos enunciados, actualmente conocidos respectivamente como el undécimo y duodécimo artículo de fe, confirman la postura de la Iglesia en cuanto a la libertad de todos los hombres y mujeres de adorar a Dios conforme a los dictados de su propia conciencia, y sus enseñanzas de que los miembros de la Iglesia están sujetos a los oficiales del gobierno y deben obedecer las leyes del país en el que residen11.

    Dar a César

    En la década de 1830, los líderes de la Iglesia tuvieron que hacer frente a un complicado panorama político, pero su situación apenas tenía precedentes. Los grupos religiosos que procuran establecer el Reino de Dios sobre la tierra siempre han tenido que tratar cuidadosamente con las “potestades [seculares] existentes”12. Jesucristo hizo frente a desafíos similares durante Su ministerio terrenal. Cuando fue acusado de tratar de usurpar el poder político de los oficiales judíos y romanos, Él declaró que Su “reino no es de este mundo”13 y dio instrucciones a Sus discípulos de que “[dieran], pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”14. En este sentido, la “Declaration of Government and Law” [Declaración acerca del Gobierno y la Ley] de 1835 se hacía eco del modo en que Jesús trató de edificar Su Iglesia dentro de los límites que establecían las naciones soberanas.

    “Me ofrecí como voluntario para defender a mi país en la última guerra [la Guerra de 1812]”, escribió Lyman Wight en una solicitud de 1839 al Senado de los Estados Unidos, “y sin embargo [no puedo vivir] en el estado de Misuri sin renunciar a mi religión”. De este modo, el autodeclarado patriota lamentaba no “[sentirse] orgulloso de vivir siendo esclavo bajo un gobierno que se denomina libre”15. La solicitud de Wight encarnaba uno de los principios fundamentales de la “Declaration of Government and Law” [Declaración acerca del Gobierno y la Ley], de que los miembros de la Iglesia deben lealtad a sus respectivos países, pero simultáneamente deben trabajar para edificar gobiernos que aseguren la libertad y los derechos de todos los ciudadanos.