Estudio de Doctrina y Convenios
Una misión a Canadá
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Una misión a Canadá

D. y C. 100

En el otoño de 1833, un miembro de la Iglesia de cincuenta y cuatro años de edad, llamado Freeman Nickerson, llegó a Kirtland, Ohio, en carromato, y buscó a José Smith. Nickerson y su esposa, Huldah, que provenían de Perrysburg, Nueva York, habían sido bautizados unos meses antes. Nickerson le pidió al Profeta que fuera con él a Mount Pleasant, en el Alto Canadá, para predicar el Evangelio a dos de sus hijos, Moses y Eleazer Freeman. Mount Pleasant era un pueblecito a unos ciento sesenta kilómetros al oeste de Buffalo, Nueva York, en la región que se encuentra entre el lago Erie y el lago Ontario1.

Posteriormente, Moses Nickerson recordó que fue él el causante de la petición de su padre: “En el mes de junio [de 1833], durante una visita que hice a casa de mis padres, escuché por primera vez hablar de lo que se conocía como mormonismo; me sentí inclinado favorablemente por la doctrina predicada y les pedí a mis padres que pidieran a algunos de los élderes que nos visitaran en Canadá… En septiembre de ese mismo año 1833, mi padre y mi madre visitaron Kirtland, Ohio, donde se encontraba la sede de esas personas, y persuadieron a José Smith y a Sidney Rigdon para que los acompañaran a Canadá”2.

Las preocupaciones apremiantes de José

En septiembre de 1833, José Smith vivía en Kirtland con su esposa, Emma, y dos niños pequeños: Julia, de dos años, y Joseph III, que estaba a punto de cumplir un año. Anteriormente habían perdido a cuatro niños, que habían fallecido3. El Profeta, que entonces tenía veintisiete años, había predicado el mensaje del Evangelio en muchos viajes anteriores, pero hasta ese momento no había servido una misión de proselitismo más oficial.

En ese momento, el Profeta estaba preocupado al menos por dos asuntos que le habrían hecho difícil marcharse de casa y dejar a su familia durante un largo periodo. El 9 de agosto de 1833, se enteró de que los esfuerzos de la Iglesia por edificar la ciudad de Sion en Independence, condado de Jackson, Misuri, habían sufrido un duro golpe. Un populacho había forzado a los miembros de la Iglesia a comprometerse a salir del condado de Jackson, como muy tarde en la primavera de 1834. José envió una correspondencia directa a los santos que estaban sufriendo en Misuri: “Hermanos, si estuviera con ustedes, participaría activamente en sus sufrimientos y, aunque mi naturaleza me llevara a evitar el sufrimiento, mi espíritu no me permitiría abandonarlos aunque ello me llevara a la muerte, con la ayuda de Dios. ¡Oh, sean de buen ánimo, porque se acerca nuestra redención! ¡Oh, Dios, salva a mis hermanos de Sion”4.

Mientras tanto, José también estaba lidiando con una amenaza más cerca de casa. Un antiguo miembro de la Iglesia, llamado Doctor Philastus Hurlbut, tras ser excomulgado en junio de 1833 por conducta inmoral, comenzó una agresiva campaña de desprestigio contra José y la Iglesia. Dicha campaña incluía incitar a la persecución a nivel local, desplazarse a grandes distancias para obtener declaraciones críticas con respecto a José y amenazar con quitarle la vida a José5. Los papeles de esa época del Profeta que se han conservado reflejan la gran ansiedad que provocaron las actividades de Hurlbut. En una carta de agosto de 1833 dirigida a los miembros de Misuri, José informó que Hurlbut estaba “mintiendo de forma portentosa y la gente corre tras él para darle dinero para debilitar el mormonismo, lo que supone un gran peligro para nuestras vidas”6. En una anotación de su diario unos meses después, el Profeta declaró que Hurlbut había “procurado la destrucción de los santos en este lugar y, en particular, la mía y la de mi familia”7. La situación era amenazante y el resultado incierto.

Una oración para obtener consuelo

A pesar de esas inquietudes, José aceptó la invitación de Nickerson de predicar el Evangelio a sus familiares en Canadá, y Sidney Rigdon accedió a acompañarlos. En el diario de José hay una nota muy sobria al respecto que data del 4 de octubre: “…haciendo preparativos para ir hacia el este con Freeman Nickerson”. El 5 de octubre se registró lo siguiente: “El día de hoy comenzó con un viaje hacia el este”. Esta misión de un mes a través del noroeste de Pensilvania y el sudoeste de Nueva York, en dirección al Bajo Ontario, Canadá, cubrió unos ochocientos kilómetros en total e incluyó paradas en diez poblaciones como mínimo, en muchas de las cuales se predicó. El Profeta llevó su diario de bolsillo, y él y Sidney se turnaron para escribir breves notas a modo de crónica de sus viajes y su predicación8.

El 12 de octubre, el pequeño grupo había cruzado la punta noroeste de Pensilvania en dirección Nueva York y llegó al hogar de Freeman y Huldah Nickerson en Perrysburg. José Smith escribió que se sentía “muy bien” mentalmente, pero que sentía “mucha ansiedad” acerca de su familia9, probablemente debido en parte a la oposición que Hurlbut había levantado en Kirtland. Esa ansiedad pudo haber llevado a José y Sidney a orar para pedir consuelo. En una revelación recibida ese día (en la actualidad Doctrina y Convenios 100) se declaraba: “De cierto, así os dice el Señor a vosotros, mis amigos Sidney y José, vuestras familias están bien; están en mis manos y haré con ellas como me parezca bien, porque en mí se halla todo poder”10 (véase D. y C. 100: 1). La preocupación del Profeta, al parecer, no se calmó por completo (al día siguiente pidió al Señor que “bendijera a [su] familia y la protegiera”), pero es obvio que halló consuelo en esas palabras, como lo demuestra la nota que registró en su diario al volver a casa en Kirtland el 4 de noviembre, al final de la misión: “Encontré a mi familia bien, de acuerdo con la promesa del Señor. Y por esas bendiciones deseo agradecer a Su santo nombre. Amén”11.

La revelación del 12 de octubre abordaba dos asuntos más. Dado que “…yo, el Señor, os he permitido venir a este lugar; pues así me era conveniente para la salvación de almas” (véase D. y C. 100:4), la revelación prometía a José y a Sidney que “…se [abriría] una puerta eficaz en las regiones circunvecinas en [las] tierras del Este” (véase D. y C. 100:3). Si los misioneros “alzaban” sus voces con “solemnidad de corazón, con el espíritu de mansedumbre” y declaraban las palabras que Dios pusiera en su corazón, “se [derramaría] el Espíritu Santo para testificar de todas las cosas” que hablaran (véase D. y C. 100:7–8). La revelación también garantizaba a José y a Sidney que Sion sería redimida, aunque “afligida por un corto tiempo”12 (véase D. y C. 100:13).

Llegada a Mount Pleasant

El 18 de octubre, el grupo llegó a su destino, al pueblecito de Mount Pleasant, Alto Canadá. Sidney Rigdon aportó detalles al respecto en el diario de José Smith: “Llegamos a casa de [Eleazer] Freeman Nickerson en el Alto Canadá. Tras cruzar a Canadá, pasamos por una tierra muy hermosa y bien cultivada, y tuvimos muchos sentimientos singulares, tanto en relación con el país como con las personas, y fuimos recibidos con amabilidad”.

José y Sidney dedicaron la siguiente semana y media a predicar en Mount Pleasant y en varias poblaciones cercanas, ante congregaciones grandes y atentas. El diario del Profeta parece reflejar la urgencia y el entusiasmo asociados a su ocupado itinerario. El 24 de octubre, después de que José y Sidney llevaran a cabo una reunión en Mount Pleasant, Eleazer Freeman Nickerson “declaró creer plenamente en la verdad de la obra”. Según registra el diario, se encontraba “con su esposa, que también está convencida de bautizarse el domingo. Prevalece un gran entusiasmo en todos los lugares en los que hemos estado”. Ese domingo, el 27 de octubre, se bautizaron doce personas. Al día siguiente se bautizaron dos más. Entre los bautizados se encontraban Eleazer Freeman Nickerson, su esposa Eliza y Moses Nickerson.

La noche del 28 de octubre, los misioneros llevaron a cabo su última reunión con su pequeño rebaño en Mount Pleasant. Sidney Rigdon registró lo siguiente en el diario del Profeta a la mañana siguiente: “Anoche tuvimos una reunión. Ordenamos al hermano [Eleazer] [Freeman] Nickerson al oficio de élder y tuvimos una buena reunión. Una de las hermanas recibió el don de lenguas, lo que hizo regocijarse a los santos. Que Dios aumente los dones entre ellos en nombre de Su Hijo. Esta mañana nos dirigimos a casa. Que el Señor nos favorezca en nuestro viaje. Amén”. José y Sidney regresaron cruzando el lago Erie y llegaron a Kirtland el 4 de noviembre13.

Dos semanas más tarde, José Smith envió una carta a Moses Nickerson para informarle de que habían regresado sanos y salvos y para expresar sus sentimientos por la incipiente rama de Mount Pleasant. “Espero una comunicación de su parte cuando reciba ésta y espero que me informe acerca de los hermanos, su salud, su fe, etcétera”, escribió José. Y continuaba así: “Puedo afirmar verdaderamente que he clamado al Señor con mucho fervor en nombre de nuestros hermanos de Canadá. Y cuando recuerdo la buena disposición con la que recibieron la palabra de verdad por medio del ministerio del hermano Sidney y yo mismo, siento realmente una gran obligación de humillarme en acción de gracias ante Él”. A continuación, José rogó a Nickerson que se mantuviera fiel a sus nuevas convicciones:

Recuerde el testimonio que di en nombre del Señor Jesús acerca de la gran obra que Él ha revelado en los postreros días. Usted conoce mi manera de comunicación, la forma en que, con debilidad y sencillez, le declaré lo que el Señor me reveló por medio del ministerio de sus santos ángeles, para esta generación. Ruego que el Señor lo habilite a usted para que atesore estas cosas en la mente, porque sé que Su Espíritu dará testimonio a todos los que le busquen diligentemente para obtener conocimiento de Él. Espero que escudriñe las Escrituras, para comprobar que estas cosas son coherentes con lo que escribieron los antiguos profetas y apóstoles[.]14.

La congregación de Mount Pleasant continuó creciendo después de que José y Sidney se marcharon. En diciembre de 1833, según los informes, había treinta y cuatro miembros allí15. Es posible que la congregación llegara a ser de cincuenta miembros durante los años siguientes16. Con el tiempo, la mayoría de los creyentes de ese lugar emigraron para unirse a los santos en los Estados Unidos o dejaron la Iglesia17.

Freeman Nickerson, el hombre que había viajado hasta Kirtland para pedir al Profeta que predicara a sus hijos, participó en la expedición del Campo de Sión en 1834 (dos de sus hijos, Uriel y Levi, lo acompañaron), se reunió con los santos en Nauvoo y murió a principios de 1847, en el territorio de Iowa, durante la migración hacia el oeste18.

Moses Nickerson y Eleazer Freeman Nickerson se unieron a los santos en el oeste de los Estados Unidos durante un tiempo, a finales de la década de 1830, pero ambos volvieron a Canadá durante los primeros años de la década de 1840. Parece ser que Eleazer, que murió en 1862, siguió considerándose Santo de los Últimos Días19. Moses se unió a dos denominaciones más antes de su muerte en 187120. En unas conmovedoras memorias que escribió en sus últimos años, expresó su admiración por José Smith, a quien había conocido cuando visitó Nauvoo a principios de la década de 1840: “Allí encontré a José Smith viviendo en una tienda de campaña, ¡porque había dado su casa para que se utilizara como hospital para los enfermos! Estaba haciendo todo lo que podía para aliviar el sufrimiento de ellos”21.

La misión de José Smith en Canadá abrió “una puerta eficaz” para la predicación del Evangelio y la salvación de almas de varias maneras. En 1836, el apóstol Parley P. Pratt viajó hasta el Alto Canadá a predicar el Evangelio. Durante su viaje, Pratt iba acompañado por su hermano Orson y Eleazer Freeman Nickerson. En Hamilton, en el Alto Canadá, Parley Pratt conoció a Moses Nickerson. Moses entregó a Pratt una carta de presentación dirigida a un estudioso de la religión llamado John Taylor, de Toronto22.