Estudio de Doctrina y Convenios
‘Una Casa a nuestro Dios’
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“Una Casa a nuestro Dios”

D. y C. 88, 94, 95, 96, 97, 109, 110, 137

El 1 de junio de 1833, José Smith recibió una revelación que contenía una severa reprimenda: “… habéis cometido un pecado muy grave contra mí”, declaró el Señor, “al no haber considerado en todas las cosas el gran mandamiento que os he dado concerniente a la edificación de mi casa”1. Ese “gran mandamiento” se había dado cinco meses antes en una extensa revelación que José llamó la “hoja del olivo” (actualmente Doctrina y Convenios 88). En ella se mandaba a los santos “[organizarse]” y establecer “una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios”2.

Junto con las instrucciones de “[enseñarse] el uno al otro” y “[buscar] conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”, José Smith y los élderes en Kirtland entendieron que en esta revelación se daba un doble mandato3: Habían de “construir una casa de Dios y establecer una escuela para los profetas”4. José Smith y los santos de Kirtland comenzaron a cumplir las instrucciones casi de inmediato pero, tal como indicaba la revelación del 1 de junio, aún no tenían más que una vaga comprensión de lo que finalmente significaría, o de los enormes sacrificios que requeriría.

“No habéis considerado”

A las pocas semanas de la revelación de la hoja del olivo, la Escuela de los Profetas estaba en funcionamiento con hasta veinticinco hombres que se reunían en un pequeño cuarto en la segunda planta de la tienda de Newel K. Whitney. (Véase Nathan Waite, “Una escuela y una investidura”). En abril de 1833, la escuela se suspendió una temporada, y José y los hermanos centraron su atención en los aspectos prácticos del cumplimiento de la revelación. Pronto se completó la compra de terrenos y se nombró a varios hermanos para que supervisaran las diversas labores en esas propiedades5. El 4 de mayo, una conferencia de sumos sacerdotes se reunió para considerar “la necesidad de construir un edificio para la escuela con el propósito de dar cabida a los élderes que habrían de ir a recibir su educación para el ministerio”. Hyrum Smith, Jared Carter y Reynolds Cahoon fueron nombrados al “comité para conseguir las suscripciones [donaciones], con el propósito de levantar dicho edificio”6.

Aunque el edificio llegaría a conocerse como el Templo de Kirtland, los santos en 1833 todavía no sabían que estaban construyendo un templo. Habían leído acerca de los templos en la Biblia y en el Libro de Mormón, pero aún sabían poco sobre ellos. Dos años antes, una revelación indicó que se edificaría un templo en el condado de Jackson, Misuri7. El mismo José Smith había ayudado a colocar la piedra angular en 1831, pero casi no se había hecho ningún progreso, y las revelaciones posteriores ofrecían solo una vaga visión de cuál había de ser el propósito de los templos.

Los registros de la primavera de 1833 muestran que los santos consideraban la “casa” de Kirtland fundamentalmente una “escuela”, y no relacionaban necesariamente ese mandato con el templo en Sion. Ahora bien, la revelación del 1 de junio declaraba que José Smith y los santos no habían “considerado” suficientemente la urgencia o la importancia del mandamiento.

Esta revelación (actualmente Doctrina y Convenios 95) daba algunos indicios de una perspectiva más amplia. Revelaba que, en la “casa”, el Señor “[investiría] con poder de lo alto a los que [había] escogido”8 —relacionando la construcción de la casa con la investidura de poder que se había prometido—9. En ella se especificaban las dimensiones del interior del edificio —cincuenta y cinco pies de ancho por sesenta y cinco de largo—, y se describían las funciones de los pisos superior e inferior del “salón interior”, una expresión que evocaba imágenes del templo bíblico de Jerusalén. La revelación también prometía mayor instrucción. La casa debía construirse “no según la manera del mundo”, sino “de acuerdo con el modelo que mostraré a tres de vosotros, a quienes nombraréis y ordenaréis a este poder”10.

José Smith y sus consejeros, Sidney Rigdon y Frederick G. Williams, fueron debidamente designados “para obtener un boceto o proyecto del salón interior de la casa”11. Más tarde Williams describió la subsiguiente visión: “Nos arrodillamos”, recordó, “oramos al Señor y el edificio se nos apareció a una distancia que lo podíamos ver. Yo fui el primero en descubrirlo, y luego todos nosotros lo vimos. Después que hubimos mirado bien la parte exterior, el edificio pareció venir hacia nosotros”. El edificio acabado, dijo, “parecía coincidir hasta en el más mínimo detalle con lo que yo vi allí”12.

Una cuestión fundamental que se resolvió con esta visión fue el asunto de los materiales que habían de usarse para construir la casa. Lucy Mack Smith recordaba una reunión de consejo en la que se decidió que un edificio con estructura de madera sería demasiado caro, y en su lugar se propuso que se construya de troncos. José Smith les recordó “que no estaban construyendo una casa para sí mismos ni para hombre alguno, sino una casa para Dios”. Él dijo: “Hermanos, ¿debemos construir con troncos una casa a nuestro Dios? No, yo tengo un plano mejor, tengo el plano de la Casa del Señor que Él mismo dio”. Lucy recordó que José dijo que ese plano les mostraría “la diferencia entre nuestros planes y Su idea de las cosas”. Los hermanos quedaron “encantados” cuando José describió el plano completo, que contemplaba una estructura de piedra13.

Un plano para la “ciudad de la estaca de Sion”

Estos acontecimientos ampliaron la visión que José Smith y los santos tenían del aspecto físico de la Casa del Señor que se construiría en Kirtland; otras revelaciones contribuyeron a la comprensión de Sion y su geografía. En el mes de junio, tres semanas después de que la presidencia recibiera la asignación de conocer la voluntad del Señor en cuanto al diseño de la Casa del Señor en Kirtland, elaboraron un mapa de la ciudad de Sion que se proponía en Misuri, en cuyo centro se ubicaba el templo y que incluía un bosquejo de su tamaño, su forma y sus dimensiones14. La presidencia mandó a los líderes de Misuri que construyeran “de inmediato en Sion” conforme a esos modelos15.

Mientras tanto, una revelación del 4 de junio de 1833 (actualmente Doctrina y Convenios 96), mandaba al obispo Newel K. Whitney que se encargara del terreno en el que se edificaría la Casa del Señor en Kirtland. Kirtland sería la “ciudad de la estaca de Sion” —un lugar secundario de recogimiento conforme al modelo del lugar central en Misuri—. Tal como se indicaba en una revelación con fecha 2 de agosto de 1833 (actualmente Doctrina y Convenios 94), su disposición sería a semejanza del plano de Misuri, con la Casa del Señor en el centro, al ser el templo la zona de enfoque de la prevista ciudad de Sion16. La revelación también requería la construcción de dos edificios adicionales: una “casa” para la presidencia y otra para la imprenta, que debían construirse junto al templo, en el centro de la ciudad17. Además, el 2 de agosto, una revelación (Doctrina y Convenios 97) reiteraba el mandato de que se construyera una “casa” en Sion (Misuri), “semejante al modelo que os he dado”. Había de “[edificarse] cuanto antes”, como lugar de acción de gracias e instrucción18.

Guiados por las revelaciones, los miembros de la presidencia dibujaron un mapa de Kirtland y revisaron el mapa de la ciudad de Sion en Misuri19. Ellos enviaron los planos revisados y las copias de las revelaciones a los líderes de Misuri, pero cuando la carta llegó, la violencia del populacho había estallado. En unos meses, los miembros de la Iglesia fueron obligados a desalojar el condado de Jackson y paralizar cualquier plan de edificar allí un templo.

Los esfuerzos de José Smith por planificar una ciudad no eran excepcionales en los Estados Unidos del siglo XIX. Se les ha llamado “una gota en la tormenta de planificación de ciudades” que tuvo lugar durante esa época de rápida expansión hacia el Oeste y rápido desarrollo urbano20. Los planos de la ciudad de Sion también eran semejantes a los de muchas otras ciudades: delineadas sobre una cuadrícula y cuidadosamente dispuestas según los puntos cardinales, con calles anchas y grandes parcelas. Sin embargo, había una diferencia esencial: Sion giraba en torno a los templos, no a los mercados. Era un lugar de recogimiento, donde los conversos iban a vivir en un espacio sagrado, y desde el cual los misioneros saldrían a predicar el Evangelio, lo cual llevaría a más personas a congregarse. Este modelo espiritual y geográfico establecido en el verano de 1833 daría forma a las comunidades de Santos de los Últimos Días durante el resto del siglo y más allá21.

“Un manantial del que brotaban todos nuestros pensamientos”

Tras la violencia en Misuri, los esfuerzos por edificar la Casa del Señor en Kirtland comenzaron a acelerarse. En respuesta a las revelaciones ya mencionadas, el comité previamente designado de Hyrum Smith, Reynolds Cahoon y Jared Carter pasó a llamarse el “comité de construcción”, y su comisión se extendió de la recaudación de fondos a la construcción. Ellos debían “proceder de inmediato al comienzo de la edificación de la casa y a obtener materiales —piedra, ladrillos, maderos, etcétera—”22. El 7 de junio, Hyrum Smith registró en su diario: “En este día comenzamos a hacer los preparativos para la edificación de la Casa del Señor”23.

Edificar el templo representaría un enorme desafío para los santos. En el verano de 1833 había solo ciento cincuenta miembros de la Iglesia viviendo en esa región24. Ninguno de ellos tenía la cualificación tradicional para supervisar un proyecto de construcción tan ambicioso —no había ni un solo arquitecto o ingeniero entre ellos, ni siquiera un delineante con experiencia que dibujara los planos25. El dinero ya escaseaba, y la construcción del enorme y distinguido edificio, con un costo estimado de cuarenta mil dólares estadounidenses, comprometía los recursos financieros de la Iglesia más allá de su capacidad durante los siguientes tres años26.

Mientras que las dimensiones y funciones del edificio y algunos aspectos de su apariencia se especificaron por revelación, otros elementos quedaron a criterio de los líderes y obreros en el lugar. El diseño del edificio muestra que se valieron de su propia experiencia y del que suponían era el aspecto que debía tener un edificio de la Iglesia. Su forma refleja el popular estilo arquitectónico neogriego. Como muchos constructores de la época, también tomaron de los manuales de construcción convencionales una mezcla ecléctica de características27. Las ventanas de estilo gótico solían relacionarse con edificios religiosos, y la torre con aguja se había convertido en una característica emblemática de las iglesias en Nueva Inglaterra.

En otoño, los muros de cimentación de piedra estaban colocados, pero la construcción pronto se detuvo28. Los obreros que trabajaban en la fábrica de ladrillos que pertenecía a la Iglesia no habían podido producir suficientes ladrillos con la calidad que se requería para usarlos en la construcción29. Se decidió “interrumpir la construcción del templo durante el invierno por falta de materiales, y para preparar y tener todas las cosas listas para retomarla a principios de la primavera”30.

La siguiente fase importante de la construcción comenzó con la llegada, en abril de 1834, de Artemus Millet, un converso y experimentado albañil procedente de Canadá. La contribución esencial de Millet fue la sugerencia de emplear una técnica de construcción que aplicaba piedra triturada y se revestía con estuco en lugar de la construcción con ladrillos, que era más cara31. Al seguir este consejo, los santos construyeron los muros con piedra rugosa que acarreaban desde una cantera cercana de piedra arenisca y que luego cubrían con estuco para darle el aspecto del acabado.

La primavera y el verano de 1834 fueron épocas difíciles para la construcción del templo, porque la mayoría de los hombres de la comunidad fueron con José Smith a Misuri en el Campamento de Israel, con la esperanza de socorrer a los santos que habían sido expulsados de sus hogares por la violencia del populacho. Al faltar los hombres, las mujeres continuaron con la labor. Algunas hacían trabajos de albañilería, otras atendían el ganado y acarreaban roca, y aún otras cosían, hilaban y tejían para hacer ropa para los obreros32.

El regreso de José Smith y de la mayor parte de los hombres del Campamento de Israel supuso que la construcción del templo volviera a ser el principal foco de actividad en Kirtland. El mismo José “actuaba como capataz en la cantera del templo” y trabajaba en la construcción “cuando otros deberes se lo permitían”33. En febrero de 1835, los muros estaban colocados y había comenzado el trabajo en el techo. El 7 de marzo de 1835 tuvo lugar una reunión en la que José Smith expresó su aprecio por aquellos “que se habían distinguido hasta el momento por consagrarse a la edificación de dicha casa y por trabajar [en su construcción]”. A continuación, Sidney Rigdon bendijo a ciento veinte personas que habían ayudado en la edificación de la Casa del Señor mediante su trabajo y su consagración34.

En el otoño, la urgencia por acabar el templo era aun mayor. Lucy Mack Smith habló de la dedicación de los miembros de la Iglesia a ese empeño. “No había sino un manantial del que brotaban todos nuestros pensamientos”, dijo, “y era edificar la Casa del Señor”35. Truman Angell, un aprendiz de carpintero de Providence, Rhode Island, se puso al frente de los trabajos de carpintería en el piso superior36. Brigham Young y su hermano Joseph emplearon su destreza maestra para construir e instalar las ventanas37. Otro de los hermanos Young, Lorenzo, trabajó con Artemus Millet en el estuco del exterior, una exigente tarea en el frío clima invernal. El enlucido del interior estuvo supervisado por Jacob Bump, un hábil carpintero que también había construido los púlpitos y confeccionado las bellas molduras en el salón de la parte inferior. Se colocaron estratégicamente estufas que calentaran el interior y ayudaran a secar el yeso38.

Las mujeres trabajaron en los velos que colgarían del techo para subdividir el salón de la planta baja, e hicieron otros muebles para el templo. Más tarde, José Smith “pronunció una bendición sobre las hermanas por la generosidad con que habían prestado servicio con tanto ánimo a fin de confeccionar el velo para la Casa del Señor”39. Incluso los niños ayudaron juntando platos y objetos de cristal rotos que se añadían al estuco para hacerlo brillar al sol40.

“Un lugar para manifestarse a su pueblo”

El interior del templo se completó por etapas y, a medida que las salas se iban finalizando, los líderes y los miembros de la Iglesia comenzaron a usarlas con diversos fines. Mientras tanto, José Smith trabajaba incansablemente a fin de preparar espiritualmente a los santos para recibir las manifestaciones que se prometían en las revelaciones. “Regresé a casa agotado por la continua ansiedad y el esfuerzo de poner a todas las autoridades en orden y de tratar de purificarlos para la asamblea solemne, conforme al mandamiento del Señor”, anotó en su diario el 30 de enero de 183641. Solo unos días antes, en medio de tales preparativos, José había recibido una visión del Reino Celestial (Doctrina y Convenios 137); otras manifestaciones espirituales durante este periodo permitieron vislumbrar experiencias aun mayores que estaban por llegar.

La dedicación de la Casa del Señor fue un momento de celebración y satisfacción para los primeros santos. Las revelaciones recibidas tres años antes habían tomado forma gracias al incalculable sacrificio de trabajo y recursos. En la oración dedicatoria, que actualmente se encuentra en Doctrina y Convenios 109, José Smith suplicó: “… te pedimos, oh Señor, que aceptes esta casa, la obra de las manos de nosotros tus siervos, la cual nos mandaste edificar. Porque tú sabes que hemos hecho esta obra en medio de gran tribulación; y de nuestra pobreza hemos dado de nuestros bienes para construir una casa a tu nombre, a fin de que el Hijo del Hombre tenga un lugar para manifestarse a su pueblo”42.

Las manifestaciones prometidas llegaron. El Salvador se apareció y manifestó su aceptación del templo, y otros seres celestiales confiaron llaves del sacerdocio a José Smith y Oliver Cowdery43. Esas manifestaciones abrieron el camino para futuras revelaciones y ordenanzas del templo. Habiendo demostrado su voluntad de edificar una Casa al Señor, los Santos de los Últimos Días solo habían comenzado a entender el propósito de los templos.