Estudio de Doctrina y Convenios
Leman Copley y los tembladores
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Leman Copley y los tembladores

D. y C. 49

Shaker Dance

En la primavera de 1831, un próspero granjero llamado Leman Copley se unió a la joven Iglesia de Cristo (como en aquel entonces se conocía la Iglesia SUD). Su granja, ubicada en Thompson, Ohio, se encontraba a sólo unos kilómetros al noreste de la aldea de Kirtland, que hacía poco se había establecido como la nueva sede de la Iglesia.

Durante muchos años antes de su conversión, Copley había sido miembro de la Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo. A los miembros de esa secta comúnmente se les conocía como tembladores, ya que su adoración incluía una forma de bailar eufórica. Las muchas similitudes que había entre la doctrina de los mormones y la de los tembladores sin duda atrajeron a Copley: las dos religiones compartían la creencia en una apostasía general, la profecía moderna, el libre albedrío del hombre y el ideal de una vida comunitaria. Sin embargo, diferían enormemente en otros puntos importantes.

Los tembladores no consideraban que el bautismo ni cualquier otra ordenanza fuera esencial para la salvación; creían que Jesucristo ya había realizado Su segunda venida en la forma de la Madre Ann Lee (1736–1784), una de las primeras líderes de los tembladores. Algunos practicaban el vegetarianismo. Los mormones y los tembladores también diferían en sus puntos de vista en cuanto al matrimonio y las relaciones sexuales, ya que los creyentes devotos (como se llamaban los tembladores a sí mismos) insistían en el celibato absoluto, lo que ellos describían como “tomar la cruz”.

Estos dos grupos religiosos primeramente habían cruzado sus caminos durante el invierno anterior, cuando un grupo de misioneros mormones, que incluía a Oliver Cowdery y Parley P. Pratt, se detuvo brevemente en el asentamiento de los tembladores de North Union, Ohio, en camino a Misuri. La comunidad North Union estaba ubicada a tan sólo veinticinco kilómetros al suroeste de Kirtland.

Cowdery se presentó al líder de los tembladores, Ashbel Kitchell, como “ayudante en la traducción de la Biblia de oro” y como uno de los tres que había visto a un ángel dar testimonio de su veracidad. Kitchell le permitió a Cowdery compartir su mensaje en una de las reuniones de la comunidad1.

Después de dos noches en North Union, Cowdery y sus compañeros emprendieron su marcha, pero no sin antes dejarle a Kitchell siete ejemplares del Libro de Mormón. Los misioneros tenían plena confianza “en la virtud de sus libros, de que todo aquel que los leyera, se sentiría… plenamente convencido de la veracidad de lo que contenían”. Después de aquel primer encuentro, los tembladores y los mormones de Ohio permanecieron en buenos términos, participando en “comercio y otros actos de buenos vecinos”, según Kitchell; sin embargo, su intercambio amigable estaba a punto de ser puesto a prueba.

Una revelación para los tembladores

Antes de unirse a los mormones, Leman Copley se relacionó con los tembladores de North Union, y quizás asistió a sus reuniones, aunque no se enfrascó totalmente en su estricta vida comunitaria. El hecho de que viviera a cincuenta kilómetros de distancia de la comunidad y permaneciera casado indica su nivel de compromiso a los principios de los tembladores. Aunque era obvio que se sentía atraído a algunas de sus enseñanzas, y tal vez a su modo de adoración, no era participante pleno. De hecho, Kitchell lo reprendió por rechazar la vida de celibato y por haberse “adherido al mormonismo por ser el plan más fácil”.

Al igual que todos los primeros conversos mormones, Copley trajo consigo tradiciones y actitudes adquiridas de su experiencia religiosa anterior. José Smith habló con Copley poco después de su conversión y destacó que era “aparentemente sincero de corazón, pero todavía conservaba la idea de que los tembladores estaban en lo correcto en algunos detalles de su fe”2. Además, John Whitmer señaló que Copley “estaba ansioso de que algunos de los élderes fueran a sus antiguos hermanos y les predicaran el Evangelio”; incluso “bromeaba para ser ordenado para ir él mismo a predicar”3.

Copley decidió visitar a José Smith, que en ese tiempo vivía en casa de su amigo Isaac Morley, cerca de Kirtland, el sábado 7 de mayo de 18314. Aunque no tenemos registro de su conversación, tal vez Copley esperaba que le aclarara ciertas creencias de los tembladores y quizás sugirió la idea de ir en una misión a North Union. Como resultado de esa reunión, José recibió la revelación que actualmente forma parte de las Escrituras en Doctrina y Convenios 49. Esa revelación abordaba con autoridad las diferencias doctrinales entre las dos religiones. Dio comienzo reprendiendo a los tembladores: “…desean conocer la verdad en parte”, decía, “pero no toda, porque no son rectos delante de mí y es necesario que se arrepientan”.

Reafirmando que el bautismo es indispensable, la revelación procedió a censurar varias de las amadas creencias de los tembladores, declarando que el matrimonio es ordenado por Dios, que los animales fueron dados al hombre como alimento y vestido y que “…el Hijo del Hombre no viene en forma de mujer, ni de hombre que viaja por la tierra”5 (véase D. y C. 49:22).

En la revelación, el Señor llamó a Copley —junto con Sidney Rigdon y Parley P. Pratt— a predicar el Evangelio a sus hermanos y hermanas de North Union. Si bien los tres estaban familiarizados con los principios de los tembladores, Copley tenía mucha menos experiencia como predicador y misionero que cualquiera de sus compañeros. Su evidente interés en predicar a sus amigos tembladores significaba que llamaría al arrepentimiento a las mismas personas que lo despreciaron por lo que consideraban su falta de compromiso religioso. Tal vez él esperaba demostrar la verdadera esencia de su nueva fe. En todo caso, Copley accedió a cumplir fielmente con el mandamiento de la revelación de “razonar” con los tembladores.

La misión a North Union

Por lo tanto, con la revelación en la mano, Rigdon y Copley partieron a North Union casi de inmediato. Llegaron a North Union más tarde ese día, y Kitchell y sus compañeros los recibieron cordialmente; pasaron la noche debatiendo los méritos de sus religiones, y cada quien pensaba que se había destacado más en el debate.

A la mañana siguiente, Kitchell le propuso a Rigdon y a Copley que ninguna de las partes debía “imponer su doctrina en el otro en este momento”. Rigdon había planeado leer la revelación a los tembladores en su servicio del día de reposo ese día, pero decidió mantener la paz por el momento y “sujetarse al orden del lugar”.

En el momento antes de que comenzara la reunión, Parley P. Pratt llegó a North Union a caballo. Al enterarse de la respuesta sumisa de Rigdon a la propuesta de Kitchell, el audaz Pratt insistió en que “no le hicieran caso, porque ellos habían ido con la autoridad del Señor Jesucristo, y la gente debía escucharlo”.

Los misioneros se sentaron en silencio hasta que terminó la reunión. Cuando la gente se disponía a marcharse, Rigdon “se puso de pie y dijo que tenía un mensaje del Señor Jesucristo a este pueblo; ¿se le concedería el privilegio de darlo?” Con la autorización de Kitchell, leyó la revelación en su totalidad y preguntó si se les permitiría continuar predicando como decía en la revelación.

Kitchell, controlando su indignación, respondió que no aceptaba el mensaje y que “los libraría a ellos y a su Cristo de cualquier otra carga con respecto a nosotros, y tomo sobre mí toda la responsabilidad”. Rigdon respondió: “Eso no lo puede hacer; deseo oír la voz de la gente”. Pero cuando Kitchell permitió que los que estaban presentes expresaran su punto de vista, también afirmaron “que estaban completamente satisfechos con lo que tenían”.

De manera estoica, Rigdon dejó de lado la revelación y se resignó a que la misión no había logrado su cometido. Pratt, por el contrario, no se dio por vencido tan fácilmente; se puso de pie, contó Kitchell, se sacudió el polvo de la chaqueta “como testimonio contra nosotros, de que habíamos rechazado la palabra del Señor Jesús”. Al hacerlo, Pratt estaba siguiendo el mandato que dio Jesús a Sus discípulos en los Evangelios.

Pero Kitchell no lo toleraría. La paciencia del líder de los tembladores llegó al límite y censuró a Pratt a plena vista de su congregación: “Bestia inmunda, ¡cómo te atreves a venir aquí y tratar de imitar a un hombre de Dios agitando la cola inmunda de la chaqueta! Confiesa tus pecados y purga tu alma de tus concupiscencias y abominaciones antes de que te atrevas a volver a hacerlo”.

Kitchell entonces volvió su ira hacia Copley, que había comenzado a llorar, y dio esta hiriente reprimenda: “Hipócrita, bien lo sabías. Conocías dónde estaba la obra viviente de Dios; pero a fin de ser tolerante, consentiste en engañarte a ti mismo”.

Lo que siguió

Kitchell despidió a la congregación de inmediato. El frustrado Pratt montó su caballo y regresó inmediatamente a Kirtland. Más tarde resumió su visita: “Cumplimos esta misión, como se nos había mandado, en un asentamiento de gente extraña, cerca de Cleveland, Ohio; pero ellos se negaron rotundamente a oír o a obedecer el Evangelio”6. Tras ese incidente, el contacto entre la Iglesia y los tembladores fue escaso y por lo general tenso.

Rigdon se quedó a cenar antes de regresar a Kirtland esa noche, dejando a Kitchell un ejemplar de la revelación. Copley, mientras tanto, permaneció en North Union esa noche y partió hacia su granja al día siguiente, y sus esperanzas de convertir a algunos de sus hermanos se esfumaron. El encuentro había tenido tal efecto en él que al regresar a Thompson anuló un acuerdo que había hecho previamente de permitir que los miembros de la Iglesia de Colesville, Nueva York, vivieran en su granja.

Después de su misión entre los tembladores, el vacilante Copley siguió titubeando respecto a su devoción a la Iglesia restaurada. Finalmente dejó definitivamente la Iglesia alrededor de 1838, y permaneció en Ohio el resto de su vida.