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CAPÍTULO VEINTIDÓS: EL MARTIRIO
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CAPÍTULO VEINTIDÓS

EL MARTIRIO

Ya desde el principio de su ministerio el profeta José Smith sabía que tal vez tuviera que dar la vida por su religión. Mientras se encontraba haciendo la traducción del Libro de Mormón, el Señor le prometió la vida eterna si era “firme en guardar los mandamientos… aun cuando [le quitaran] la vida” (D. y C. 5:22). Un mes después el Señor le habló de la posibilidad de una muerte violenta, diciéndole: “Y aun cuando hicieren con vosotros lo que hicieron conmigo, benditos sois, porque moraréis conmigo en gloria” (D. y C. 6:30). Sin embargo, el Profeta recibió también importantes promesas con respecto a su misión terrenal. Y años más tarde, mientras se hallaba en la cárcel de Liberty, el Señor le prometió lo siguiente: “…Tus días son conocidos y tus años no serán acortados; no temas, pues, lo que pueda hacer el hombre, porque Dios estará contigo para siempre jamás” (D. y C. 122:9).

En 1840, su padre moribundo le dio una bendición en la que le dijo: “‘Vivirás hasta que acabes tu obra’. Al oír esas palabras, José exclamó sollozando: ‘¡Padre mío! ¿Viviré?’ ‘Sí’, le respondió su padre, ‘vivirás para establecer el plan de toda la obra que Dios te ha dado para hacer’ ”1. Siguiendo las impresiones del Espíritu, José Smith terminó su misión valerosamente, sufrió el martirio y se hizo así merecedor de una recompensa eterna; de ese modo se cumplieron las profecías mencionadas.

LOS PRESENTIMIENTOS DE SU MUERTE

Mientras continuaba su ministerio durante el período de Nauvoo, el Profeta sintió cada vez más los presentimientos que le inspiraba el Espíritu de que su misión en la tierra estaba llegando a su fin; los expresó a aquellos que estaban más cerca de él, y, de vez en cuando, habló del asunto a los miembros en general. El 22 de enero de 1843, dirigió la palabra a una vasta congregación que se había reunido en el Templo de Nauvoo, todavía incompleto; se refirió a que el poder del sacerdocio se estaba empleando para establecer el reino de Dios en los últimos días, y les explicó que la investidura del templo iba a “preparar a los discípulos para su misión en el mundo”. Hablando de sus propias responsabilidades, el Profeta dijo: “Entiendo la misión y los asuntos que me corresponden. Dios Todopoderoso es mi escudo, ¿y qué me puede hacer el hombre si Dios es mi amigo? No seré sacrificado hasta que me llegue la hora. Entonces seré entregado como ofrenda sin reservas”2.

Una de las profecías más directas e impresionantes que hizo José Smith de su martirio fue ante el Consejo de los Doce Apóstoles en la primavera de 1844. Orson Hyde la relató con estas palabras: “Nos reunimos en consejo con el hermano José casi todos los días, durante varias semanas. En una de esas reuniones, nos dijo, ‘Algo está por suceder; no sé qué es, pero el Señor me induce a que me apresure a daros la investidura antes de que se termine el templo’. Nos dirigió a través de cada una de las ordenanzas del Santo Sacerdocio, y una vez que terminó todas las ordenanzas se regocijó en extremo y dijo: ‘Ahora, si me matan, ya tenéis todas las llaves y todas las ordenanzas y podéis conferirlas a otros; y las huestes de Satanás no podrán destruir el reino con la misma rapidez con que vosotros seréis capaces de edificarlo’ ”3.

Igual que cualquier otra persona, el Profeta deseaba vivir; quería disfrutar de la compañía de su esposa, jugar con sus hijos, hablar a los santos y gozar de la hermandad de la gente buena. A pesar de saber que quizás moriría pronto, era un hombre que amaba la vida. Continuó reuniéndose a menudo con los miembros, y pronunció algunos de sus mejores discursos pocas semanas antes de ser asesinado.

LA CONSPIRACIÓN CONTRA EL PROFETA

La apostasía que iba extendiéndose en medio de los santos que vivían en la progresista Nauvoo ofrecía un gran contraste con la rectitud de la mayoría de ellos. Wilson Law y su hermano William, este último, ex segundo consejero de José Smith, dirigieron la conspiración en contra del Profeta. En el transcurso de los primeros meses de 1844, el número de sus seguidores aumentó a aproximadamente doscientas personas. Entre los otros líderes que se les unieron estaban los hermanos Robert y Charles Foster, y Chauncey y Francis Higbee, además de dos hombres de mucha influencia, que no eran mormones: Sylvester Emmons, uno de los integrantes del consejo municipal de Nauvoo, y Joseph H. Jackson, un conocido criminal.

El domingo 24 de marzo de 1844, José Smith habló en el templo sobre esa conspiración, de la que se había enterado por un informante, revelando los nombres de algunos de sus enemigos y diciendo: “Las mentiras que ha inventado [el hermano] Higbee para usar como cimiento para su obra son, según él dice, que hubo hombres en Misuri a los que les corté la cabeza, y que atravesé con una espada el corazón de las personas a las que quería matar y quitar de en medio. No voy a firmar una orden de detención contra ellos porque no les tengo miedo. Ellos no asustarían ni siquiera a una gallina que estuviera empollando”4.

En la conferencia general de abril, los conspiradores se propusieron arruinar al Profeta; seguros de que la mayoría de los miembros se opondrían al principio de la pluralidad de esposas, hicieron planes de sacar a colación el tema en la sesión en que se tratarían los asuntos de la Iglesia; también se prepararon para afirmar que José Smith era un profeta caído por el hecho de que no se había hecho publicar ni circular entre los santos ninguna o casi ninguna revelación en los últimos meses. En un esfuerzo por desbaratar los planes de los conspiradores, al principio de la conferencia el Profeta testificó que él no era un profeta caído, que jamás se había sentido tan cerca de Dios como en esa época y que antes de llegar al fin de la conferencia iba a demostrar a la gente que Dios estaba con él5. Al día siguiente pronunció ante la congregación un discurso de dos horas que llegó a conocerse con el título de “Discurso de José Smith en los funerales de King Follett”. En esa oportunidad, los fieles fueron testigos de la majestad de su Profeta.

EL PROBLEMA CON EL NAUVOO EXPOSITOR

Los líderes del movimiento de conspiración fueron acusados públicamente en el Times and Seasons y excomulgados de la Iglesia. Al ver frustrados sus planes, los disidentes decidieron publicar un periódico de oposición al que titularon Nauvoo Expositor; en el primero y único número, que apareció el 7 de junio de 1844, acusaban al Profeta de enseñar principios inmorales, de practicar fornicaciones, de fomentar la llamada “relación con esposas espirituales”, de tratar de obtener influencia política, de predicar que había muchos dioses, de emplear blasfemias para hablar de Dios y de promover una inquisición [para los disidentes].

El consejo municipal se reunió en sesiones de larga duración el sábado 8 de junio y otra vez al lunes siguiente; suspendieron a uno de sus miembros, Sylvester Emmons, que no era mormón y era el editor del Nauvoo Expositor; y hablaron sobre la identidad y las intenciones de los publicadores. Después de examinar varios códigos municipales, y guiándose por la autoridad legal de un famoso jurista inglés llamado William Blackstone, el consejo decretó que el periódico era un perjuicio para el público por calumniar a los residentes de la ciudad; más aún, llegaron a la conclusión de que si no se hacía nada para detener la difamatoria publicación, ésta agitaría los ánimos de los enemigos de la Iglesia y los llevaría a formar populachos.

Por ser el alcalde, José Smith ordenó a John Greene, que era el jefe de policía de la ciudad, que destruyera la imprenta, desparramara los tipos y quemara todos los números del periódico que encontrara; a las pocas horas ya se habían cumplido esas órdenes. El consejo municipal estaba en su derecho de eliminar algo que era una amenaza pública, pero la opinión jurídica de la época era que debía permitirse sólo la destrucción de los números ya publicados del periódico ofensor. La destrucción de la imprenta fue una violación del derecho a la propiedad6.

Después de los sucesos mencionados, los editores del periódico se apresuraron a ir a Carthage y obtener allí una orden de arresto para los que integraban el consejo municipal de Nauvoo, acusándolos de agitadores por lo que habían hecho; pero el 13 y 14 de junio, después de una audiencia de habeas corpus ante el tribunal municipal de Nauvoo, José Smith y los demás miembros del consejo quedaron en libertad; esto enfureció más aún a sus opositores. Además, aun cuando en Illinois habían ocurrido unas veinte destrucciones similares de imprentas en las dos décadas anteriores sin que se hubieran suscitado tales reacciones, los enemigos de la Iglesia declararon que lo sucedido con el Expositor era una violación de los derechos a la libertad de prensa.

Esas acciones incitaron a los grupos civiles que se habían formado en el condado de Hancock a exigir que se expulsara a los miembros de la Iglesia del estado de Illinois. Thomas Sharp expresó elocuentemente la opinión de muchos de los enemigos de la Iglesia en un editorial que escribió en el Warsaw Signal, y que decía: “¡La guerra y la exterminación son inevitables! Ciudadanos, ¡LEVANTAOS, UNO A UNO Y TODOS VOSOTROS! ¡Cómo podéis quedaros tranquilos y permitir que tales DIABLOS INFERNALES ROBEN a los hombres sus propiedades y sus DERECHOS sin tomar venganza! No tenemos tiempo para opiniones; cada hombre dará la suya, ¡Y QUE SEA CON PÓLVORA Y BALAS!7

La situación era tan peligrosa que José Smith le escribió al gobernador Ford explicándole las circunstancias en que se hallaban y adjuntando varias declaraciones juradas en las que se detallaban las amenazas hechas a los santos. Hyrum Smith le escribió a Brigham Young diciéndole que los Doce y los demás élderes que se encontraban en misiones políticas debían regresar de inmediato a Nauvoo; y agregaba: “No estamos asustados, pero creemos que lo mejor es estar bien preparados y listos para lo que pueda acontecer”8. El Profeta movilizó a sus guardias y a la Legión de Nauvoo, y el 18 de junio declaró la ley marcial en la ciudad. Mientras tanto, los habitantes del condado de Hancock habían solicitado al gobernador Ford que mandara a la milicia del estado para llevar a los delincuentes de Nauvoo ante la justicia.

La agitación era tan intensa que el gobernador hizo publicar una carta abierta instando al público a conservar la calma, después de lo cual fue a Carthage con la intención de apaciguar una situación que amenazaba provocar una guerra civil9. Escribió también a José Smith una carta en la que insistía que lo único que calmaría los ánimos sería un juicio de los funcionarios municipales de Nauvoo en Carthage, ante un jurado que no fuera mormón; prometía a los acusados que si se entregaban, les daría protección total. Pero el Profeta no creyó en esas promesas, escribiendo lo siguiente como parte de su respuesta: “Se nos ha asegurado que se han expedido órdenes judiciales contra nosotros en varias partes del país. ¿Y para qué? Para arrastrarnos de sitio en sitio, de tribunal en tribunal, a través de los ríos y las llanuras, hasta que algún villano sediento de sangre encuentre su oportunidad de matarnos. No nos atrevemos a ir”10.

Reunido en consejo con sus hermanos, José Smith leyó en voz alta una carta del gobernador en la que no se expresaba nada de misericordia hacia ellos; luego, consideraron lo que debían hacer. En medio de sus conversaciones, se le iluminó la expresión del rostro al Profeta que entonces les dijo: “Se nos ha abierto el camino y se me ha presentado claramente qué debemos hacer. Lo que ellos quieren es apresarnos a Hyrum y a mí; así que avisen a todos que continúen con sus labores, sin reunirse en grupos sino más bien manteniéndose separados… Esta noche nosotros cruzaremos el río y nos iremos hacia el Oeste”11. Stephen Markham, que era amigo íntimo de José Smith y estuvo presente en el consejo que duró toda la noche, dijo que le había oído decir que “la voz del Espíritu [le indicaba] que fuera entre los indios, llevando consigo a Hyrum y a algunos otros, y buscara un lugar para establecer la Iglesia”12.

Ya tarde en la noche del 22 de junio, José y Hyrum Smith se despidieron de sus respectivas familias en medio de las lágrimas, y, junto con Willard Richards y Orrin Porter Rockwell, se embarcaron para cruzar el río Misisipí. El bote tenía tantos agujeros y el río estaba tan crecido que les llevó casi toda la noche llegar hasta la otra ribera. Ese día, temprano por la mañana, llegó a Nauvoo una cuadrilla armada para arrestar a los Smith, pero no los encontraron; después de amenazar a los miembros con una invasión militar si ellos no se entregaban, la cuadrilla regresó a Carthage. En la mañana del mismo día, algunos hermanos que habían ido para ver a José Smith le dijeron que los populachos iban a expulsar a los miembros a pesar de que él se había ido. El Profeta contestó: “Si mi vida no es de ningún valor para mis amigos, tampoco lo es para mí”. Después, los dos hermanos hicieron planes de regresar a Nauvoo y entregarse al día siguiente para que los arrestaran13.

JOSÉ Y HYRUM SMITH VAN A CARTHAGE

A su regreso a Nauvoo, el hermano Hyrum ofició en la ceremonia de boda de su hija Lovina, que se casó con Lorin Walker; fueron momentos de gozo que precedieron las aflicciones que les sobrevendrían muy pronto. José Smith quería hablar a los miembros una vez más, pero no había tiempo para ello; por ese motivo, fue a su casa, a reunirse con su familia, completamente consciente de que tal vez aquella fuera la última noche que pasaría con sus seres queridos.

El lunes 24 de junio, a las seis y media de la mañana, José y Hyrum Smith, John Taylor y otros quince integrantes del consejo municipal de la ciudad partieron para Carthage a caballo, acompañados de Willard Richards y de varios amigos más. Había estado lloviendo desde hacía semanas, pero esa mañana era hermosa y brillaba el sol. El Profeta se detuvo un momento frente al terreno del templo y, mirando primero al sagrado edificio y luego hacia la ciudad, dijo: “Este es el lugar más hermoso y ésta la mejor gente que existe bajo los cielos; pero no tienen la menor idea de las pruebas que les aguardan”14 Y a los santos que se habían reunido allí, les dijo lo siguiente: “Si no voy [a Carthage], el resultado será la destrucción de esta ciudad y de sus habitantes; y no quiero pensar en mis queridos hermanos y en sus hijos sufriendo otra vez en Nauvoo las mismas escenas de Misuri. No, es mejor que vuestro hermano José muera por sus hermanos, pues estoy dispuesto a morir por ellos. Mi obra ha llegado a su fin”15

Alrededor de las diez de la mañana el grupo llegó a una granja que estaba a unos seis kilómetros al oeste de Carthage, donde se encontraron con una compañía de sesenta hombres a caballo, de la milicia de Illinois. El capitán Dunn les presentó una orden del gobernador Ford en la que se les mandaba entregar todas las armas que la Legión de Nauvoo tuviera en su posesión. A petición del capitán Dunn, José Smith accedió a regresar para prevenir que surgieran trastornos; al mismo tiempo, envió al gobernador, que se hallaba en Carthage, una nota explicándole su demora. Antes de volver a Nauvoo, el Profeta hizo esta predicción: “ ‘Voy como cordero al matadero; pero me siento tan sereno como una mañana veraniega; mi conciencia se halla libre de ofensas contra Dios y contra todos los hombres. Moriré inocente, y aún se dirá de mí: Fue asesinado a sangre fría’ ”16

A su regreso en Nauvoo, José Smith mandó que se entregaran tres cañones pequeños y unas doscientas armas a los soldados, lo cual despertó en la gente penosos recuerdos de la entrega de las armas que había precedido la masacre de los mormones en Misuri. En ese viaje el Profeta tuvo otra oportunidad de ver a su familia y volver a despedirse; y a las seis de la tarde partió para Carthage.

El 24 mismo, cinco minutos antes de medianoche, el capitán Dunn entró en Carthage con su tropa de sesenta hombres de la milicia llevando a sus cautivos voluntarios: José y Hyrum Smith y los demás funcionarios del municipio de Nauvoo. Las figuras de los hermanos Smith, el Profeta de treinta y ocho años, y su hermano Hyrum de cuarenta y cuatro, se distinguían al entrar al pueblo montados a caballo, a pesar de hallarse fatigados de tanto huir, esconderse y soportar las amenazas de muerte de sus enemigos; ambos hombres, de alta estatura, se destacaban claramente entre los demás.

Carthage se encontraba en estado de disturbios; había populachos, formados por hombres del pueblo y por granjeros de todo el oeste del estado de Illinois, que vociferaban exigiendo el arresto del Profeta mormón. Al llegar la comitiva al pueblo, todos querían ver a los cautivos. Entre los de la turba había más de mil cuatrocientos soldados revoltosos, incluso los integrantes del batallón local llamado “Carthage Greys”. Los populachos habían pasado todo el día vagando por el pueblo, bebiendo y metiéndose en altercados; lo que querían era echarles mano a los hermanos Smith. Gracias a los esfuerzos del capitán Dunn, los prisioneros terminaron alojados sanos y salvos en el hotel “Hamilton House”. Los soldados locales siguieron armando alboroto y exigiendo que les mostraran a José Smith; al fin, el gobernador Ford se asomó por una ventana y calmó a la multitud prometiendo que al día siguiente presentarían al señor Smith delante de las tropas.

Al otro día, temprano por la mañana, José Smith y los otros hermanos se entregaron al oficial de policía David Bettisworth, acusados todavía de subversión. A José y Hyrum Smith se les imputó de inmediato el cargo de traición al estado de Illinois por haber declarado la ley marcial en Nauvoo. Esa misma mañana, a las 8:30, el gobernador mandó que se juntaran las tropas en la plaza pública, y allí les dirigió la palabra diciéndoles que los prisioneros eran hombres peligrosos, y que quizás fueran culpables, pero que estaban en manos de la justicia y que la ley debía respetarse. Sus comentarios sólo sirvieron para enfurecer más aún a los soldados. Después, llevaron a los hermanos Smith para que las tropas los vieran, y ambos tuvieron que soportar los insultos y las amenazas de muerte que les profirieron.

A las cuatro de la tarde, se llevó a cabo una audiencia preliminar ante el juez de paz Robert F. Smith, que era a la vez capitán de los “Carthage Greys” y activo en el partido antimormón. Cada uno de los hombres fue puesto en libertad bajo una fianza de quinientos dólares y se les mandó presentarse al período siguiente de sesiones del tribunal de distrito; a continuación, la mayoría de los acusados regresaron a Nauvoo, pero José y Hyrum Smith se quedaron para una audiencia con el gobernador Ford. Al anochecer apareció un oficial de policía con una orden de arresto firmada por el juez Smith con el fin de poner en la cárcel al Profeta y a Hyrum Smith hasta que se les pudiera hacer un juicio por traición, una ofensa penada con la muerte. José Smith y sus abogados protestaron diciendo que el auto de prisión era ilegal, puesto que no se había mencionado ese cargo durante la audiencia preliminar. Estas quejas se presentaron al gobernador, pero él dijo que no podía estorbar a un oficial civil en el cumplimiento de sus deberes.

A continuación, el juez Smith, como capitán de los “Greys”, mandó a sus soldados para que cumplieran la orden de arresto que había expedido. En medio de una turbulenta multitud, transportaron a José y Hyrum Smith hasta la cárcel de Carthage; los acompañaban ocho amigos, entre ellos John Taylor y Willard Richards; Dan Jones, llevando un cayado en el que se apoyaba, y Stephen Markham con su bastón al que llamaba “el palo para golpear bribones”, iban a cada lado del Profeta y su hermano manteniendo a raya a los agitadores borrachos. De hecho, la cárcel de paredes de piedra era el lugar más seguro del pueblo. Se permitió a varios de los amigos que se quedaran con ellos.

Al día siguiente, 26 de junio, les hicieron una audiencia preliminar acusándolos de traición. Los acusados no tenían testigos para presentar en su defensa; y, por tratarse de un crimen para el cual no había fianza, era necesario que permanecieran en la cárcel hasta el 29 de junio, cuando habría otra audiencia. Algunos de los hermanos hablaron con el gobernador Ford y le dijeron que si él se iba a Nauvoo, José y Hyrum Smith no estarían a salvo en Carthage; el gobernador les prometió que los llevaría consigo. Esa tarde, el Profeta pasó dictándole a su escriba, Willard Richards, mientras Dan Jones y Stephen Markham trataban de emparejar la puerta de la celda con un cortaplumas a fin de poder cerrarla y asegurarla con el cerrojo para el caso de que hubiera un ataque.

Esa noche Willard Richards, John Taylor y Dan Jones se quedaron en la cárcel con los dos hermanos; todos oraron juntos y leyeron el Libro de Mormón. José Smith expresó su testimonio a los guardias. Mucho más tarde, el Profeta estaba acostado en el suelo junto al hermano Jones, y ambos hombres hablaron. “José Smith le preguntó en voz baja: ‘¿Le tienes miedo a la muerte?’ Dan Jones le respondió: ‘¿Piensas que nos ha llegado la hora? Embarcados como estamos en esta causa, no creo que la muerte deba causarnos mucho temor’. El Profeta le contestó: ‘Todavía volverás a ver Gales [la tierra natal del hermano Jones] y cumplirás la misión que te será señalada antes de morir’ ”17. El élder Jones vio más tarde realizarse esa profecía cumpliendo una gran misión en el país de Gales.

Alrededor de la medianoche varios hombres rodearon la cárcel y se lanzaron escaleras arriba hacia el cuarto donde estaban los prisioneros. Uno de los hermanos tomó un arma que alguien les había pasado durante el día, a escondidas de los guardias. Los del populacho se detuvieron cerca de la puerta y, al oír los movimientos en el cuarto, vacilaron. “El Profeta exclamó, con ‘voz de Profeta: ¡Venid, asesinos! ¡Os estamos esperando, y estamos tan dispuestos a morir ahora como a la luz del día!’ ”18. El populacho emprendió la retirada.

LA TRAGEDIA EN CARTHAGE

El jueves 27 de junio, por la mañana, sucedió lo siguiente: “José Smith le pidió a Dan Jones que bajara y preguntara a los guardias cuál había sido la causa de los disturbios durante la noche. Frank Worrell, el oficial a cargo de los guardias, que era soldado en los “Carthage Greys”, respondió con muy malos modos: ‘Hemos tenido muchos problemas para pescar a ese pajarraco José y traerlo acá, y no lo vamos a dejar escapar con vida; y a menos que usted quiera morir con él, bien haría en salir de aquí antes de que se ponga el sol… y ya verá que yo profetizo mejor que ese pajarraco…’

“El Profeta envió al hermano Jones a ver al gobernador para informarle de lo que le había dicho el jefe de los guardias. Mientras iba en camino, Dan Jones vio a un grupo de hombres reunidos y oyó a uno de ellos, aparentemente un líder, que decía: ‘Nuestras tropas emprenderán la retirada esta mañana obedeciendo órdenes, y fingiremos salir del pueblo; pero por la tarde, cuando el Gobernador y las tropas del condado de McDonough se vayan para Nauvoo, ¡volveremos y mataremos a esos hombres aun si tenemos que echar abajo la cárcel!’ Esas palabras recibieron el entusiasta aplauso de la multitud.

“El capitán Jones fue a hablar con el Gobernador y le contó lo ocurrido durante la noche, lo que el jefe de la guardia le había dicho y lo que había oído cuando iba en camino a verlo, rogándole con vehemencia que evitara la tragedia.

“Su Excelencia respondió: ‘Usted se alarma innecesariamente por la seguridad de sus amigos, señor; la gente no es tan cruel’.

“Fastidiado por el comentario, el hermano Jones insistió en la urgencia de poner hombres mejores para protegerlos que aquellos que habían manifestado sus intenciones asesinas…

“…El hermano Jones exclamó: ‘Si no lo hace, no tengo más que un deseo…

“…que el Todopoderoso me preserve la vida hasta que lleguen el momento y el lugar adecuados para que yo pueda testificar que usted fue debidamente advertido del peligro en que se encuentran’…

“…A Dan Jones se le amenazó de muerte, y Chauncey L. Higbee le dijo al encontrarse ambos en la calle: ‘Estamos decididos a matar a José y a Hyrum, y usted haría bien en alejarse y salvar la vida’ ”19.

Esa mañana José Smith le escribió lo siguiente a su esposa Emma: “Estoy completamente resignado a mi suerte, sabiendo que estoy justificado y que he hecho lo mejor que podía hacerse. Exprésales mi amor a los niños y a todos mis amigos… Que Dios os bendiga a todos”20. También envió una carta al abogado Orville H. Browning, muy conocido en esa época, pidiéndole que fuera a defenderlo. Poco después obligaron a salir de la prisión a todos sus amigos, con excepción de Willard Richards y John Taylor.

A pesar de lo que había prometido, el gobernador Ford partió esa mañana para Nauvoo sin los hermanos Smith pero llevando consigo a los Dragones del capitán Dunn, las tropas del condado de McDonough, que eran los únicos de la milicia que habían permanecido neutrales en el conflicto. En camino, envió una orden para que todas las unidades militares de Carthage y Warsaw se dispersaran, excepto una compañía de los “Carthage Greys” que debía vigilar la cárcel; pero éstos eran los adversarios más hostiles que tenía José Smith y, por supuesto, no se podía depender de ellos para protegerlo; además, habían conspirado para fingir que defendían a los prisioneros cuando los enemigos del Profeta fueran más tarde a atacar la prisión.

En Nauvoo, el gobernador Ford pronunció un discurso sumamente ofensivo, diciendo: “Se ha cometido un gran crimen al destruir la imprenta del Expositor y al implantar la ley marcial en esta ciudad, y es imprescindible que se aplique una pena, por lo que debéis prepararos para lo que va a suceder. Otro motivo de agitación ha sido el hecho de que poseáis tantas armas de fuego; el público tiene miedo de que hagáis uso de ellas para atacar al gobierno. Sé que hay serios prejuicios hacia vosotros por causa de vuestra extraña religión, pero deberíais ser santos que oraran y no santos militares”21.

Entretanto, el coronel Levi Williams, de la milicia de Warsaw, había leído a sus tropas las órdenes del gobernador para que se dispersaran. Después, Thomas Sharp les dirigió la palabra incitándolos a marchar hacia Carthage; a continuación se oyeron gritos pidiendo voluntarios para matar a los Smith. Algunos hombres se untaron la cara con barro mezclado con pólvora con el fin de cubrirse las facciones; luego, todos se pusieron en camino a Carthage.

En la cárcel, los cuatro hermanos estaban sofocados por el calor de la tarde. José Smith le dio a su hermano una pistola y se preparó él mismo para defenderse con un revólver de seis tiros que le había pasado clandestinamente Cyrus Wheelock esa mañana. Hallándose muy deprimidos, los hermanos le pidieron a John Taylor que cantara una canción muy popular en esos días, titulada “Un pobre forastero”, en la que se habla de un extraño que sufre y que al fin revela ser el Salvador. El Profeta le pidió que lo cantara de nuevo, a lo cual él accedió. En vista de la situación, una de las estrofas resulta sumamente conmovedora:

Lo vi esperando en prisión

la muerte como un vil traidor.

De la calumnia defendí

a mi amigo con valor.

En prueba de mi amistad

me suplicó por él morir;

la carne quiso rehusar,

mas mi alma libre dijo “¡Sí!”22.

A las cuatro de la tarde hubo un cambio de guardia y Frank Worrell, el que había amenazado a José Smith esa mañana, quedó al mando. Poco después de las cinco, llegó al pueblo un populacho compuesto de unos cien hombres con las caras ennegrecidas y se dirigió a la cárcel. Los prisioneros oyeron una refriega abajo, seguida por un grito exigiendo que se rindieran y tres o cuatro disparos. El Profeta y sus amigos corrieron hacia la puerta entreabierta para rechazar a los atacantes que ya metían las armas a través de la abertura; John Taylor y Willard Richards trataron de desviar los fusiles con sus bastones. Una bala que pasó por el panel de la puerta hirió a Hyrum Smith en la cara, del lado izquierdo, y cayó al suelo diciendo: “¡Soy hombre muerto!” El Profeta, inclinándose sobre su hermano, exclamó: “¡Oh, mi querido hermano Hyrum!” John Taylor comentó después que jamás se le borraría de la memoria la imagen del dolor que se reflejó en el rostro de José Smith. A continuación, el Profeta fue hasta la puerta y, colocando el arma por entre el marco, disparó los seis tiros en el pasillo lleno de hombres; sólo tres de las cámaras dispararon, hiriendo a tres de los atacantes.

Los disparos detuvieron un momento a los asesinos, y John Taylor aprovechó para tratar de saltar por la ventana, pero fue recibido con una descarga de fuego. Una de las balas que vino desde abajo se estrelló en el reloj que llevaba en el bolsillo del chaleco, deteniéndolo a las 17:16 [5:16 PM]; el impacto lo hizo caer otra vez dentro del cuarto. En el suelo, otras balas lo hirieron en la muñeca izquierda y debajo de la rodilla izquierda; mientras rodaba por el piso tratando de meterse debajo de la cama, fue herido nuevamente por un disparo proveniente de la escalera y la bala le arrancó un trozo de carne sobre la cadera izquierda haciendo brotar la sangre, que salpicó el piso y la pared. “José Smith, al ver que no estaban a salvo en el cuarto”, trató de buscar la misma vía de escape; pero al instante el populacho le disparó, y cayó por la ventana abierta, mortalmente herido, exclamando: “¡Oh, Señor, Dios mío!” Los del populacho que estaban todavía en la escalera corrieron afuera para asegurarse de que José Smith hubiera muerto23.

El único que salió ileso fue Willard Richards, aunque una bala le rozó una oreja. Tiempo atrás, José Smith había profetizado en su presencia que un día estaría en medio de las balas que pasarían silbando junto a él, pero que escaparía sin sufrir daño. Y no fue sino hasta ese momento que el hermano Richards entendió lo que el Profeta había querido decir. Seguidamente, arrastró al mal herido hermano Taylor hasta el cuarto vecino, donde lo acostó sobre la paja que cubría el suelo y lo tapó con un colchón sucio y viejo. El élder Taylor estaba después convencido que la paja le salvó la vida al contribuir a detener la hemorragia. Por su parte, Willard Richards, que esperaba que en cualquier momento lo mataran, se quedó muy sorprendido al ver que el populacho emprendía la retirada dejándolo a solas con sus amigos muertos y su compañero herido.

Samuel Smith, hermano del Profeta, habiendo oído sobre las amenazas de muerte a sus hermanos, se apresuró a ir a Carthage; llegó ese día por la noche, exhausto después de haber sido perseguido por los de la chusma. Debido a los esfuerzos y a la fatiga de la huida por salvar la vida, el joven contrajo una fiebre que lo llevó a la muerte poco después, el 30 de julio. Una vez en Carthage, ayudó al hermano Richards a transportar los cuerpos de sus hermanos mártires hasta el hotel Hamilton House. Después del fallo del juez de primera instancia, Willard Richards escribió a los miembros de Nauvoo, diciéndoles: “José y Hyrum Smith han muerto”24.

Los de la turba escaparon a Warsaw, de donde procedían, y desde allí a Misuri a través del río, temiendo represalias de los mormones. El gobernador Ford se enteró de los asesinatos poco después de haber partido de Nauvoo en dirección a Carthage; al llegar, aconsejó a los pocos residentes que quedaban que abandonaran el pueblo y mandó llevar los registros del condado a Quincy para que estuvieran seguros. En realidad, ninguna de esas medidas era necesaria: cuando los santos supieron de la muerte de sus amados líderes, se quedaron abrumados de dolor en lugar de sentir deseos de vengarse.

En la mañana del 28 de junio, Willard Richards, Samuel Smith y Artois Hamilton colocaron suavemente en dos carretas los cuerpos de los hermanos asesinados, los cubrieron con ramas para protegerlos del ardiente sol de verano y los transportaron a Nauvoo; salieron de Carthage a eso de las ocho de la mañana y llegaron a las tres de la tarde a su destino, donde los esperaba una gran congregación. Allí llevaron los cuerpos a la “Mansión”, donde yacieron todo el día siguiente mientras miles de personas pasaban silenciosas junto a los ataúdes para ver a sus líderes por última vez. El enorme impacto que su muerte causó en las familias de los mártires fue devastador. José y Hyrum Smith fueron sepultados secretamente en el sótano del Mesón de Nauvoo para que los que codiciaban la recompensa que se había ofrecido por la cabeza del Profeta no pudieran encontrarlos. Se llevó a cabo un funeral público, después de lo cual los ataúdes que se habían llenado previamente de arena se enterraron en el cementerio de Nauvoo. Durante mucho tiempo la tragedia de Carthage causó profundo pesar a los santos.

LA GRANDEZA DE JOSÉ SMITH

El élder John Taylor, que sobrevivió milagrosamente en Carthage, escribió un relato de los acontecimientos y un tributo al Profeta, que se encuentran en la sección 135 de Doctrina y Convenios: “José Smith, el Profeta y Vidente del Señor, ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él, exceptuando sólo a Jesús…” (vers. 3). Agregó que los nombres de José y Hyrum Smith “serán contados entre los de los mártires de la religión; y el lector de toda nación tendrá presente que costó la mejor sangre del siglo diecinueve publicar el Libro de Mormón y este libro de Doctrina y Convenios de la Iglesia, para la salvación de un mundo perdido…” (vers. 6). Con el martirio, según dijo, se cumplió un propósito espiritual importante: José Smith “vivió grande y murió grande a los ojos de Dios y de su pueblo; y como la mayoría de los ungidos del Señor en tiempos antiguos, ha sellado su misión y obras con su propia sangre; y lo mismo ha hecho su hermano Hyrum. ¡En vida no fueron divididos, y en su muerte no fueron separados!” (vers. 3).

Aunque José Smith vivió sólo treinta y ocho años y seis meses, todo lo que llevó a cabo en bien de la humanidad es incalculable. Aparte de traducir el Libro de Mormón, recibió cientos de revelaciones, muchas de las cuales se encuentran en Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio; explicó principios eternos en un legado de cartas, discursos, poesía y otros escritos inspirados que llenan incontables volúmenes; estableció la Iglesia restaurada de Jesucristo sobre la tierra, fundó una ciudad y supervisó la construcción de dos templos; dio a conocer la obra vicaria de ordenanzas por los muertos y restauró las ordenanzas del templo por las cuales las familias dignas pueden ser selladas por el sacerdocio para la eternidad. Fue candidato a la presidencia de los Estados Unidos, fue juez, alcalde de Nauvoo y teniente general de la Legión de Nauvoo.

Josiah Quincy, distinguido residente de Nueva Inglaterra que después fue alcalde de la ciudad de Boston, fue a visitar a José Smith dos meses antes del martirio. Muchos años más tarde escribió un libro sobre las personas que había conocido y cuyo carácter le habían impresionado más. Este fue el comentario que hizo refiriéndose a José Smith: “No sería nada extraño que en algún libro de texto futuro, que vayan a usar generaciones que todavía no han nacido, apareciera una pregunta como ésta: ¿Qué figura histórica americana del siglo diecinueve ha ejercido una influencia más potente en los destinos de sus coterráneos? Y no sería nada extraño que la respuesta a esa pregunta fuera: José Smith, el Profeta mormón25.

NOTAS

  1. Lucy Mack Smith, History of Joseph Smith, ed. por Preston Nibley; Salt Lake City: Bookcraft, 1958, págs. 309–310.

  2. Wilford Woodruff Journals, enero 22 de 1843, Departamento Histórico de la Iglesia, Salt Lake City; véase también de Richard Lloyd Anderson, “Joseph Smith´s Prophecies of Martyrdom”, en Sidney B. Sperry Symposuim, 1980; Provo: Brigham Young University, 1980, págs. 1–14.

  3. “Trial of Elder Rigdon”, Times and Seasons, 15 de septiembre de 1844, pág. 651.

  4. Wilford Woodruff Journals, 24 de marzo de 1844.

  5. Véase Wilford Woodruff Journals, 6 de abril de 1844.

  6. Véase de Dallin H. Oaks, “The Supression of the Nauvoo Expositor”, Utah Law Review, invierno de 1965, págs. 890–891.

  7. Warsaw Signal, 12 de junio de 1844, pág. 2.

  8. History of the Church, 6:487.

  9. Los seis párrafos anteriores se tomaron de la obra de James B. Allen y Glen M. Leonard, The Story of the Latter–day Saints. Salt Lake City: Deseret Book Co., 1976, págs. 191–193.

  10. History of the Church, 6:540.

  11. History of the Church, 6:545–646.

  12. Carta de Stephen Markham a Wilford Woodruff, en Fort Supply, Wyoming, 20 de junio de 1856; Departamento Histórico de la Iglesia, Salt Lake City, pág. 1.

  13. History of the Church, 6:547–549; véase también de William E. Berrett, La Iglesia Restaurada, pág. 177.

  14. History of the Church, 6:554; véase también La Iglesia Restaurada, pág. 177.

  15. Dan Jones, “The Martyrdom of Joseph Smith and His Brother Hyrum”, traducción de Ronald D. Dennis, en Brigham Young University Studies, invierno de 1984, pág. 85.

  16. History of the Church,6:555; véase también La Iglesia Restaurada, pág. 177, y Doctrina y Convenios 135:4.

  17. History of the Church, 6:601; véase también “El galés Dan Jones”, Liahona, diciembre de 1987, págs. 25–30.

  18. Carta de Dan Jones a Thomas Bullock, fechada el 20 de enero de 1855, en “The Martyrdom of Joseph and Hyrum Smith”, citado en Brigham Young University Studies, invierno de 1984, pág. 101.

  19. History of the Church, 6:602–604.

  20. History of the Church, 6:605.

  21. History of the Church, 6:623.

  22. History of the Church, 6:615; Himnos, No 16.

  23. History of the Church, 6:617–618.

  24. History of the Church, 6:621–622; véase también de Dean Jarman, “The Life and Contibutions of Samuel Harrison Smith”, tesis para la maestría, Universidad Brigham Young, 1961, págs. 103–105.

  25. Josiah Quincy, Figures of the Past from the Leaves of Old Journals, 5a ed.; Boston: Robert Brothers, 1883, pág. 376.

mob standing over body of Joseph Smith

Las fuerzas del mal, por Gary Smith.

Historia

Fecha

 

Acontecimientos importantes

24 de marzo de 1844

José Smith revela a los miembros que hay una conspiración contra él.

6 de abril 1844

José Smith frustra los planes de los conspiradores en la conferencia general.

7 de junio de 1844

Los conspiradores publican el único número del periódico Nauvoo Expositor.

10 de junio de 1844

El consejo municipal de Nauvoo ordena la destrucción de la imprenta del Expositor.

18 de junio de 1844

El Profeta declara a Nauvoo bajo ley marcial.

22 de junio de 1844

El gobernador Ford insiste en que José y Hyrum Smith vayan a Carthage para responder a los cargos que se les imputan.

24 de junio de 1844

Los hermanos Smith van a Carthage.

27 de junio de 1844

Un populacho asesina a José y Hyrum Smith en Carthage.

Nauvoo Expositor

El Nauvoo Expositor, publicado en junio de 1844, tenía por objeto unir a los enemigos de los mormones para atacar a la Iglesia en Nauvoo. La eliminación del periódico, la destrucción de la imprenta y el hecho de que, accidentalmente, el edificio quedó demolido, provocaron las acusaciones que se le imputaron a José Smith y cuya consecuencia fue su viaje a Carthage.

map of Carthage area

Territorio de Iowa

Illinois

Ciudad de Nauvoo Municipio de Nauvoo

La Harpe

Fountain Green

Macedonia

Duncan

Carthage

Augusta

Warren

Warsaw

Carthage

Camino entre Carthage y Warsaw

Camino entre Nauvoo y Carthage

map of Carthage

Camino a Nauvoo

Buchanan

Fayette

Marion

Madison

Adams

Washington

Camino estatal entre Warsaw y Carthage

Calle Main

Calle Railroad

Wabash

Cherry

Locust

Camino a Quincy

Tribunal

Cárcel

Plaza Pública

Hotel “Hamilton House”

Carthage era la sede del gobierno del condado de Hancock y el lugar donde estaba la cárcel del condado. Muchos de los del populacho eran soldados de la milicia del estado que estaban libres con permiso y fueron a Carthage por el camino de Warsaw.

Hamilton House

El hotel “Hamilton House” era una posada donde se alojaron José y Hyrum Smith la primera vez que fueron a Carthage; también fue el lugar adonde se llevaron sus cuerpos después del martirio.

diagram of Carthage Jail

La cárcel comenzó a construirse en 1839 y se terminó dos años después a un costo de $4.105 (dólares), utilizándose como tal durante veinticinco años. Más tarde pasó a ser una residencia privada y una de las mejores casas de Carthage. En 1903, bajo la dirección del presidente Joseph F. Smith, la Iglesia compró la propiedad y el terreno circundante por $4.000 (dólares), y en 1938 la restauró.

  1. Este es el lugar donde cayó Hyrum Smith herido por una bala que atravesó la puerta y le penetró por la cara. Este cuarto servía también de dormitorio del carcelero.

  2. Willard Richards se paró detrás de la puerta y trató de alejar a los atacantes con el bastón.

  3. John Taylor se arrastró hasta meterse debajo de la cama después que lo hirieron.

  4. Al haber sido herido por cuatro balas que le quitaron la vida, el Profeta se desplomó por la ventana del primer piso y cayó junto al pozo.

  5. Este cuarto contenía una celda para encerrar prisioneros; se le llamaba “calabozo” o “celda de criminales”.

  6. Ésta era la cocina de verano con un porche, que utilizaban el carcelero y su familia.

  7. La sala se encontraba en la planta baja.

  8. El comedor también estaba en la planta baja.

  9. La “celda de los deudores” estaba en el piso bajo, del lado noroeste del edificio; se empleaba para los prisioneros acusados de las ofensas leves.

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Dan Jones

Dan Jones (1811–1862) nació en Flintshire, Gales, y emigró a los Estados Unidos donde se convirtió a la Iglesia. En cumplimiento de una promesa profética que le había hecho el profeta José Smith en la cárcel de Carthage, el hermano Jones fue misionero en Gales desde 1845 hasta 1849. Escribió en galés y tradujo a ese idioma publicaciones de la Iglesia, y contribuyó a la conversión de más de dos mil personas.

En 1852 lo llamaron por segunda vez para que fuera a Gales y llegó a ser presidente de la misión en 1854; nuevamente llevó a cabo una gran obra entre la gente de su tierra natal.

two pistols

Este (el de arriba) es el revólver de seis balas que utilizó el Profeta para defenderse a sí mismo y a sus compañeros de prisión.

John S. Fullmer llevó esta pistola (abajo) de un solo tiro a la cárcel, pero los prisioneros nunca la usaron.

painting of Joseph being shot

El martirio de José y Hyrum Smith, por Gary Smith.

painting of men carrying Joseph’s body

La muerte del Profeta, por Gary Smith.

watch and cane

El reloj y el bastón de John Taylor.

Willard Richards

Willard Richards (1804–1854) fue ordenado Apóstol en 1840 y fue uno de los secretarios personales de José Smith. Además, en 1842 lo nombraron historiador y en 1845 registrador general de la Iglesia. El hermano Richards escribió un conmovedor relato de sus experiencias en Carthage al que tituló “Dos minutos en la cárcel”. En 1847 fue elegido Segundo Consejero del presidente Brigham Young, posición que ocupó hasta el día de su muerte.

John Taylor

John Taylor (1808–1887), miembro del Quórum de los Doce Apóstoles desde el 19 de diciembre de 1838, quedó gravemente herido en la cárcel de Carthage. Él y Willard Richards fueron los testigos apostólicos del derramamiento de la sangre inocente de José y Hyrum Smith. John Taylor presidió la Iglesia desde el fallecimiento de Brigham Young, el 29 de agosto de 1877, hasta su propia muerte, ocurrida el 25 de julio de 1887.

Mansion House

José Smith y su familia se mudaron para la “Mansión” en agosto de 1843. Después se le agregó otra ala al edificio, dejándolo en forma de L y con un total de veintidós cuartos. A principios de enero de 1844, se le convirtió en un hotel, administrado por Ebenezer Robinson, y el Profeta conservó seis cuartos para él y su familia.

Joseph Smith death mask
Hyrum Smith death mask

Mascarillas de muerte de José y Hyrum Smith.