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CAPÍTULO CUARENTA Y TRES: UNA ERA DE CORRELACIÓN Y UNIFICACIÓN
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CAPÍTULO CUARENTA Y TRES

UNA ERA DE CORRELACIÓN Y UNIFICACIÓN

1Con el paso de los años, las Autoridades Generales han tomado medidas para asegurarse de que la Iglesia y sus programas cumplieran la función de perfeccionar a los santos y preparar a un pueblo digno para establecer Sión en la tierra. Sus preocupaciones aumentaron al duplicarse el número de miembros de la Iglesia en apenas quince años y sobrepasar los dos millones de miembros en 1963. Los líderes de la Iglesia estaban cada vez más convencidos de que las diversas organizaciones tenían que funcionar en armonía unas con otras bajo la dirección del sacerdocio, de que era preciso fortalecer a las familias, y de que había que simplificar y hacer más eficaz la administración a fin de atender mejor a las complejas necesidades de los santos. De ahí que el crecimiento sin precedentes que tuvo la Iglesia en la década de los cincuenta creara una situación en que se hicieron imprescindibles la correlación y la unificación que se destacaron durante los años sesenta y principios de los setenta. A fin de lograrlo, se llevaron a cabo revisiones periódicas para asegurarse de que todas las organizaciones de la Iglesia y sus actividades estuvieran adecuadamente correlacionadas.

SE HACE HINCAPIÉ EN LA CORRELACIÓN DEL SACERDOCIO

En 1960 tuvo sus comienzos un serio plan de correlación cuando la Primera Presidencia pidió al Comité General del Sacerdocio, dirigido por Harold B. Lee, del Quórum de los Doce Apóstoles, que realizara “un estudio y un escrutinio profundo y guiado por la oración” de todos los programas y cursos de estudio considerando los objetivos de la Iglesia, “a fin de que la Iglesia recoja la máxima cosecha producida por la devoción de la fe, la inteligencia, la aptitud y el conocimiento de los varios comités que tenemos del sacerdocio y las organizaciones auxiliares”2. El élder Lee y su comité reconocieron que se requería algo más que limitarse a la seguridad de que todos los temas del Evangelio se enseñaban en forma adecuada en los cursos de estudio de la Iglesia; se dieron cuenta entonces de que era preciso contar con una organización general de la Iglesia que correlacionara la enseñanza de la doctrina en los quórumes del sacerdocio y las organizaciones auxiliares.

En la conferencia general que tuvo lugar en el otoño de 1961, el élder Lee bosquejó los principios fundamentales que iban a regir lo que se conoció después como “correlación del sacerdocio”; citó la comparación que hizo Pablo de la Iglesia con un cuerpo que funciona perfectamente (véase 1 Corintios 12:14–28), y luego una revelación de los últimos días que dice: “…ocupe cada hombre su propio oficio, y trabaje en su propio llamamiento; y no diga la cabeza a los pies que no tiene necesidad de ellos; porque sin los pies, ¿cómo podrá sostenerse el cuerpo? También el cuerpo tiene necesidad de cada miembro…” (D. y C. 84:109–110).

El élder Lee recalcó que “cada organización debía tener su función específica sin usurpar lo que correspondía a las demás, lo cual hubiera sido como si el ojo le dijera a la mano: ‘No te necesito’ ”. También puso de relieve las palabras de la Primera Presidencia en 1940 en las que se afirmaba “que el hogar es la base de una vida de rectitud, que ninguna otra institución puede tomar su lugar ni cumplir sus funciones esenciales, y que lo más que las organizaciones auxiliares pueden hacer es ayudar al hogar a resolver sus problemas, ofreciendo asistencia y auxilio dondequiera que éstos se necesiten”. Los líderes de la Iglesia se referían a menudo a la familia diciendo que es la unidad central de la organización de la Iglesia.

En esa oportunidad, el élder Lee anunció que se iba a formar un consejo de coordinación para toda la Iglesia, compuesto de algunas Autoridades Generales y de directores de las diversas organizaciones, con el propósito de formular normas que rigieran el planeamiento y el funcionamiento de todos los programas de la Iglesia. Bajo la dirección de dicho consejo habría comités independientes que se encargarían de los materiales para los niños, los jóvenes y los adultos y que escribirían los cursos de estudio y coordinarían las actividades de los grupos, según la edad. Las organizaciones auxiliares pondrían en práctica después los programas preparados por los tres comités. Había cuatro comités generales del sacerdocio, dirigidos por ese consejo coordinador, que dieron guía e hicieron destacar la importancia de los programas de orientación familiar, genealogía y obra del templo, obra misional y bienestar en toda la Iglesia. El élder Lee explicó: “Al adoptar ese programa, contemplamos con gran expectativa la posibilidad de unificar y simplificar los cursos de estudio, las publicaciones, las construcciones y las reuniones de la Iglesia, así como muchos otros aspectos importantes de la obra del Señor”3.

En 1962, el élder Richard L. Evans, miembro del Consejo de los Doce que trabajaba en los planes de la correlación, explicó el propósito del programa:

“Que el Evangelio se enseñe tan completamente como sea posible por lo menos en cada una de estas tres etapas de la edad de las personas: la infancia, la adolescencia y la edad adulta.

“Dentro de esas categorías principales habrá muchas otras agrupaciones menores en las que se tendrán en cuenta las relaciones escolares, los intereses sociales, las edades para recibir el sacerdocio, la misión, el matrimonio y otros factores…

“El programa básico para cada grupo según la edad será adaptable, de manera que llene las diversas necesidades y se ajuste a las circunstancias de las personas, individualmente así como en los barrios y en las estacas, en las ramas y en las misiones”4.

Aunque ya se había hecho un gran esfuerzo por coordinar la planificación de los programas generales, era preciso hacer algo más por los barrios y por las estacas; en 1964 se dieron los primeros pasos en esa dirección: en los barrios, en las reuniones semanales del comité ejecutivo del sacerdocio, el obispado y los líderes del Sacerdocio de Melquisedec dirigían la coordinación de todas las actividades del barrio; las reuniones del consejo del barrio también incluían a los líderes de las organizaciones auxiliares y a otros, y ahí podían correlacionar las actividades y las fechas y, lo más importante, analizar la forma de adaptar mejor los programas del barrio a los intereses de los miembros, tanto individualmente como en familia. Tres años después, se pusieron en efecto organizaciones similares en las estacas.

Uno de los puntos principales de la correlación del sacerdocio a nivel local fue el comienzo de la orientación familiar en 1964. Los maestros orientadores se convirtieron en el medio más seguro de llevar a las familias los diversos programas de la Iglesia; hacían los contactos que hasta entonces habían hecho separadamente los maestros de barrio, los representantes de quórumes del sacerdocio y los miembros de clase de las organizaciones auxiliares. Las visitas que los maestros orientadores hacían con regularidad, al menos una vez por mes, proveían una vía de comunicación entre la familia y los líderes del sacerdocio del barrio, y viceversa.

El nuevo manual de instrucciones del Sacerdocio de Melquisedec publicado en 1964 afirmaba que la Iglesia tenía tres objetivos:

“1. Perfeccionar a los santos. Mantener a los miembros de la Iglesia en el total cumplimiento de sus deberes y ayudarles a andar con rectitud ante el Señor.

“2. Hacer obra misional. Enseñar el Evangelio a aquellos que todavía no lo hayan oído o que no lo hayan aceptado.

“3. Efectuar la obra del templo. Que todo miembro sea digno de ir al templo para recibir su propia investidura y sellarse con su familia. Además, llevar a cabo la investigación genealógica y las ordenanzas vicarias del templo, a fin de que los que han muerto y sean dignos tengan participación en las bendiciones del Evangelio”5.

Se continuó tomando medidas para correlacionar las actividades de la Iglesia. En 1967 hubo un cambio importante al adoptarse un calendario anual uniforme para toda la Iglesia; hasta entonces, algunas organizaciones habían comenzado su año de estudios al mismo tiempo del comienzo del año escolar del país, mientras que otras seguían el año calendario; pero de allí en adelante todas las organizaciones auxiliares y del sacerdocio empezaron sus cursos al mismo tiempo; más aún, los grupos por edades se hicieron uniformes en todas las organizaciones, lo que permitió a los maestros de todas ellas trabajar más unidos para llenar las necesidades de cada grupo determinado de niños o jóvenes.

Durante la década de 1960, los jóvenes Santos de los Últimos Días se ocuparon cada vez más en dar a conocer el Evangelio a sus amigos, por lo que se formaron comités misionales de la juventud; en 1967, el alcance de estos comités se extendió y se formaron los comités del obispado para la juventud, los cuales se reunían mensualmente con líderes adultos de barrio a fin de considerar lo que les hiciera falta a los jóvenes y coordinar las actividades. Por otra parte, las colecciones de ayudas visuales que hasta entonces había mantenido por separado cada organización se juntaron en una sola biblioteca del centro de reuniones; además, los programas de capacitación de maestros, que también habían estado a cargo de cada organización, se combinaron con un solo director de capacitación de maestros del barrio.

SE PROCURA FORTALECER A LA FAMILIA

Uno de los objetivos más importantes de la correlación del sacerdocio era fortalecer a las familias de los Santos de los Últimos Días. Los líderes de la Iglesia hicieron renovado hincapié en la importancia de la noche de hogar. A partir de 1965, la Iglesia publicó manuales con lecciones semanales que las familias de todo el mundo podían utilizar. Mientras que en las clases del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares se presentaban principios del Evangelio, las actividades de la noche de hogar se concentraban en la aplicación práctica y diaria de esos principios. Aparte de los manuales para la noche de hogar, publicados por la Iglesia, las organizaciones ofrecían sugerencias para las actividades familiares; la Sociedad de Socorro proporcionaba ayuda especial a las madres y los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec capacitaban a los padres.

El élder Harold B. Lee testificó con estas palabras que el programa era inspirado: “Todo mi ser se ha llenado con la comprensión de que en 1964 y el año anterior hemos estado recibiendo, por medio del Profeta y líder que dirige ahora como Presidente de esta Iglesia, una dirección divina tan oportuna e importante como cualquiera que se haya dado a la Iglesia en un período similar de su historia”6.

En el prefacio del primer manual para la noche de hogar, el presidente David O. McKay escribió: “Los problemas de estos tiempos difíciles no pueden resolverse mejor en ningún otro lugar, con la ayuda de ninguna otra agencia, por ningún otro medio, sino en el hogar, por medio del amor y de la rectitud, del precepto, del ejemplo y de la devoción al deber”7.

Otro manual que salió más adelante contenía esta promesa: “La familia que se prepare mediante la oración y tenga regularmente sus noches de hogar semanales, cuyos miembros se esfuercen juntos durante la semana por aplicar las lecciones, será bendecida: habrá mejores sentimientos entre marido y mujer, entre padres e hijos y entre los hermanos. En tal hogar se manifestará el Espíritu del Señor”8.

Con el aliento de esas promesas, los Santos de los Últimos Días de todo el mundo con gratitud pusieron en práctica este nuevo programa. Ya fuera que la noche de hogar se llevara a cabo en un apartamento de la ciudad de Nueva York , en un “hogan” de navajos o en una choza polinesia de techo de paja, generalmente tenía ciertos elementos comunes: los miembros de la familia se turnaban para dirigir el programa, para ofrecer la oración, para dirigir la música y para presentar la lección; muchas veces las familias combinaban esos elementos con actividades recreativas de su gusto y casi siempre se servía algún refrigerio. En 1970, los líderes de la Iglesia anunciaron que se apartaría la noche del lunes para esas reuniones familiares y que en esa noche no habría ninguna otra actividad de la Iglesia.

Incluso la obra misional se vio favorablemente afectada por el hincapié de la Iglesia en la importancia de la familia. Una serie de anuncios que se produjeron para radio y televisión tomaba como tema las relaciones familiares sanas y sólidas; hubo grupos religiosos y de radiocomunicación que otorgaron premios a la excelencia a muchos de esos mensajes enfocados en la importancia del hogar. El demostrar a las familias cómo llevar a cabo la noche de hogar resultó un medio eficaz para que los misioneros presentaran el Evangelio a los que no eran miembros de la Iglesia; después de ese primer contacto, muchos recibían una invitación de volver y ofrecer las charlas sobre el Evangelio.

El presidente David O. McKay destacó muchas veces la importancia de la familia. En una cita que oímos a menudo en la Iglesia afirmó: “Ningún éxito puede compensar el fracaso en el hogar9… La choza más humilde que sea un hogar en el que prevalezca el amor entre una familia unida es de mayor valor ante Dios y para la humanidad futura que el banco más rico de la tierra. En un hogar como ése Dios puede hacer milagros, y los hará… Los corazones puros en un hogar puro están siempre muy cerca del cielo”10. Después de la muerte del presidente McKay, ocurrida a principios de la década de los setenta, sus sucesores continuaron poniendo de relieve la correlación del sacerdocio y la importancia de la familia.

LOS PRESIDENTES JOSEPH FIELDING SMITH Y HAROLD B. LEE

A principios de la década de 1970, la Iglesia fue dirigida por dos Profetas extraordinarios de los últimos días. Joseph Fielding Smith fue Presidente de la Iglesia durante dos años y medio, y Harold B. Lee ocupó la Presidencia sólo dieciocho meses, pero en cada caso esas breves presidencias fueron la culminación de un largo y significante servicio a la Iglesia.

Joseph Fielding Smith nació en 1876, un año antes de la muerte de Brigham Young. La variada gama de experiencias y asignaciones que tuvo en su larga vida lo prepararon bien para hacer una considerable contribución al progreso de la obra de Dios en la tierra. En 1910 fue sostenido como miembro del Quórum de los Doce y fue ordenado Apóstol por su padre, el presidente Joseph F. Smith, ocupando ese cargo en el Quórum durante sesenta años, más que cualquier otro de sus miembros. En 1921, el élder Smith fue también nombrado historiador y registrador de la Iglesia, posición que desempeñó medio siglo, hasta que fue sostenido Presidente de la Iglesia.

Lo mismo que ha sucedido con otros presidentes, Joseph Fielding Smith hizo sus contribuciones más importantes en los años anteriores a ocupar la Presidencia de la Iglesia. Todo su ministerio apostólico se caracterizó por la forma sobresaliente en que siempre defendió las enseñanzas y las doctrinas establecidas por el profeta José Smith y el mensaje de la Restauración.

Joseph Fielding Smith recibió la bendición patriarcal en 1913, del patriarca Joseph D. Smith. En ella se le prometía que jamás fracasaría al defender la divinidad de la misión del profeta José Smith: “Se te ha bendecido con la habilidad de comprender, analizar y defender los principios de verdad, más que a muchos de tus conocidos, y llegará el momento en que toda la evidencia que habrás acumulado se erigirá como un muro de defensa contra aquellos que procuran y procurarán destruir la evidencia de la divinidad de la misión del profeta José; y en esa defensa jamás te verás derrotado”11.

No tenemos más que considerar el impacto que ha tenido uno solo de los veinticinco libros que él escribió, Enseñanzas del Profeta José Smith, en la comprensión y la claridad de la doctrina de la Iglesia. En su diario, Joseph Fielding Smith explicó que la compilación de ese libro se debió a que había en la Iglesia muchos maestros “que aceptaban de buen grado los puntos de vista de educadores sin inspiración”13. Desde su primera edición, Enseñanzas del Profeta José Smith ha sido un libro de referencia elemental para la interpretación de doctrina, para las normas y el gobierno de la Iglesia.

Refiriéndose a lo que había escrito y enseñado en los cincuenta años en que había sido Apóstol, el presidente Joseph Fielding Smith dijo en su primer mensaje como Presidente de la Iglesia:

“Durante toda mi vida he estudiado las Escrituras y he buscado la guía del Espíritu del Señor para lograr comprender su verdadero significado. El Señor ha sido bondadoso para conmigo, y me regocijo por el conocimiento que Él me ha dado y por el privilegio que he tenido y tengo de enseñar Sus principios salvadores.

“…Lo mismo que he enseñado y escrito en el pasado, volvería a enseñarlo y a escribirlo en circunstancias similares”14.

En los dos años y medio que ocupó la Presidencia, el presidente Smith continuó proclamando los principios básicos de la Restauración tal como se le revelaron al profeta José Smith; durante su gobierno de la Iglesia en los años setenta, él hizo hincapié en las enseñanzas y las doctrinas eternas que el Profeta explicó, y las interpretó, poniéndolas al alcance de la Iglesia que se extendía y se hacía internacional. Los siguientes párrafos, tomados de discursos que dio siendo Presidente de la Iglesia, demuestran la forma en que el presidente Smith ponía de relieve e interpretaba las enseñanzas del profeta José Smith para los miembros:

“Dios es nuestro Padre… Él es Omnipotente y Omnisciente; tiene absoluto poder y absoluta sabiduría…

“…Estoy agradecido de que sepamos que Él es un Ser infinito y eterno, que sabe todas las cosas y tiene todo poder y cuya progresión no consiste en obtener más conocimiento ni más poder, ni en perfeccionar más sus atributos divinos, sino en el aumento y la multiplicación de Sus reinos. Esto, también lo enseñó el Profeta”15.

“El profeta José Smith enseñó que el hombre sólo puede salvarse al mismo paso con que adquiera el conocimiento de Jesucristo y de las verdades salvadoras del Evangelio, y que ninguna persona que ignore estas cosas puede salvarse”16.

El presidente Smith tomó la dirección de la Iglesia a la avanzada edad de noventa y tres años. Con la ayuda de sus dos capaces consejeros, Harold B. Lee y N. Eldon Tanner, puso en efecto diversas mejoras en actividades y programas de la Iglesia; viajó extensamente, dirigió conferencias, dedicó edificios e hizo mucho por fortalecer a la Iglesia y a sus miembros. Después de prestar servicio como Presidente de la Iglesia durante casi treinta meses, Joseph Fielding Smith falleció pacíficamente sólo dos semanas antes de cumplir los noventa y seis años.

Después de la muerte del presidente Smith, Harold B. Lee fue sostenido como undécimo Presidente de la Iglesia. Al igual que su predecesor, el presidente Lee ya había hecho con sus labores una contribución importante, que había tenido un profundo efecto en la Iglesia y en sus programas; posiblemente sus labores más conocidas hayan sido las innovaciones en trabajos que influyeron en el Plan de Bienestar que él mismo ayudó a poner en práctica en toda la Iglesia, y su dirección en el desarrollo del programa de correlación del sacerdocio. A fines de la década de 1930, viajó por todas partes dando instrucciones a los líderes de estaca para poner en efecto el nuevo programa de bienestar.

El élder Lee fue sostenido como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles en abril de 1941. Después de estallar la Segunda Guerra Mundial, en 1942 lo nombraron presidente del nuevo “Comité de la Iglesia para los soldados”. En 1960 desempeñaba el cargo de presidente del Comité General del Sacerdocio, y cuando ocupaba esa posición recibió la asignación de llevar a cabo un examen concienzudo de los cursos de estudio y los programas de la Iglesia. Durante varios años después de eso, en las conferencias generales él dio un informe del progreso de la correlación del sacerdocio y de la introducción de ciertos elementos importantes como la orientación familiar, los comités ejecutivos del sacerdocio, los consejos de correlación de barrio y las noches de hogar. La experiencia que obtuvo en todos esos programas le proveyeron una base excelente para su servicio como Presidente de la Iglesia.

En una conferencia de prensa que hubo cuando asumió la Presidencia de la Iglesia, el presidente Lee dijo: “La seguridad de la Iglesia depende de que los miembros cumplan los mandamientos. Nada puedo decir que sea más importante que eso. Al obedecer ellos los mandamientos, vendrán las bendiciones”17. El presidente Lee dirigió la Iglesia solamente un año y medio; el 26 de diciembre de 1973 murió inesperadamente. Aunque su liderazgo fue breve, continuó las importantes directivas iniciadas por sus antecesores, particularmente en la unificación y simplificación de los programas de la Iglesia en medio de su constante crecimiento.

LA UNIFICACIÓN A PRINCIPIOS DE LA DÉCADA DE LOS SETENTA

Durante los cuatro años en que Joseph Fielding Smith y Harold B. Lee dirigieron la Iglesia la cantidad de miembros aumentó de 2.800.000 a 3.300.000. A principios de 1970, el mismo día en que murió el presidente David O. McKay, se había organizado la estaca número quinientos, y ese mismo año se formaron otras sesenta y cuatro (la mayor cantidad de estacas organizadas en un año había sido veintinueve), entre las cuales se contaban estacas en Tokyo, Japón, la primera de Asia; en Johannesburgo, África del Sur, la primera de África; y en Lima, Perú, la primera en la costa oeste de Sudamérica. Además, se continuó en el esfuerzo por dar a conocer el Evangelio a fin de mantener ese crecimiento. En Osaka, Japón, más de seis millones de personas visitaron el pabellón de la Iglesia en la feria “Expo 70”; esto hizo que los programas y las enseñanzas de los Santos de los Últimos Días se conocieran más ampliamente en Japón y en otros países de Asia Oriental. En 1972, la Iglesia abrió un centro de visitantes en San Diego, California, en el sitio donde el Batallón Mormón dio por finalizada su marcha; también abrió una oficina de relaciones públicas en la ciudad de Nueva York. Al año siguiente, se dedicó en Nauvoo un complejo de edificios renovados; y en el centro de visitantes del Templo de Laie, Hawai, comenzaron a ofrecer giras en japonés.

Los primeros años de la década de 1970 no fueron solamente una era de crecimiento y expansión, sino que en ellos también tuvo lugar una unificación de responsabilidades administrativas en la sede de la Iglesia, continuó el esfuerzo por mejorar los diversos programas de ésta y se intensificó la determinación de ayudar a los miembros individualmente a enfrentar los problemas cada vez mayores del mundo moderno.

Con algunas de las reorganizaciones importantes que se llevaron a cabo en la sede de la Iglesia, se combinaron agencias y actividades relacionadas formando varios departamentos grandes; en uno de éstos se unificaron las responsabilidades de escribir, editar y traducir las revistas, los manuales de lecciones y otros materiales de instrucción; el Departamento de Comunicaciones Públicas, a su vez, se encargó de coordinar las transmisiones, los centros de visitantes y otras funciones pertinentes; los bienes inmuebles, la construcción y el mantenimiento de edificios pasaron a ser responsabilidades del Departamento de Propiedades; el Departamento Histórico recibió la asignación de reunir registros y preservarlos, y tenerlos disponibles para trabajos de investigación. Un elemento tangible de la unificación en la administración de la Iglesia fue la construcción de un edificio de oficinas, de veintiocho pisos, que se encuentra al norte de las Oficinas de Administración de la Iglesia, en la misma manzana que ese edificio, en Salt Lake City. En 1972, cuando se terminó de construir y se inauguró, diversas oficinas que se hallaban esparcidas en otros tantos edificios de alquiler del centro pasaron a estar bajo un mismo techo.

En el intento de correlacionar y unificar los programas, se combinaron varias actividades que hasta entonces se habían llevado a cabo separadamente; por ejemplo, se combinaron los programas de los jóvenes del Sacerdocio Aarónico y los de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de Hombres Jóvenes, y los asesores de quórumes pasaron a formar la presidencia de la organización de Hombres Jóvenes. Un plan similar de simplificación redujo la cantidad de oficiales y maestras de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de Mujeres Jóvenes. A partir de 1971, la Iglesia empezó a publicar sólo tres revistas en inglés: Ensign para los adultos, New Era para los jóvenes y Friend para los niños; hasta entonces, las organizaciones auxiliares y otras de la Iglesia habían publicado sus propias revistas; con la nueva directiva, se estableció un solo personal para encargarse de la producción y de la circulación de todas, bajo la dirección de las Autoridades Generales.

Los cambios que se hicieron durante ese período incluyeron, en algunos casos, la substitución de los nombres tradicionales de algunos programas de la Iglesia; por ejemplo, después de noventa y nueve años se cambió el nombre de la “Unión Deseret de la Escuela Dominical” al de “Escuela Dominical de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”; otros que se eliminaron en esos años fueron el de la clase de los niños de nueve a once años de la Primaria, el de los Hombres M y las Espigadoras (jóvenes adultos solteros), e incluso el de la Asociación de Mejoramiento Mutuo (AMM). El cambio de “adulto del Sacerdocio Aarónico” a “candidato a élder”, para los varones adultos que todavía no habían recibido el Sacerdocio de Melquisedec, indicaba la renovada importancia que se daba a este programa, puesto que el título anterior hasta cierto punto reflejaba el fracaso de un hombre de avanzar más allá del Sacerdocio Menor, mientras que el nuevo daba énfasis a la posibilidad de un futuro progreso. Al asignar al quórum de élderes la responsabilidad de reactivar a esos hombres, se les colocaba en plena corriente de actividad y hermanamiento del sacerdocio; por otra parte, los misioneros que acababan de regresar, y que por lo general eran miembros del quórum de élderes, podían utilizar con esos hermanos inactivos las mismas habilidades que habían empleado para enseñar a los investigadores18.

El interés que tenía el presidente Joseph Fielding Smith en el conocimiento profundo del Evangelio se reflejó en otro cambio que se efectuó en la Iglesia: en 1972, en la clase de Doctrina del Evangelio para adultos, de la Escuela Dominical, se dio comienzo a un estudio sistemático de los libros canónicos; hasta ese momento, se habían preparado diversos manuales para esa clase, pero a partir de 1972, las Escrituras mismas se convirtieron en el texto de estudio; el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios se estudiaban uno por uno, en ese orden, y se dedicaban dos años a cada uno (últimamente se estudia uno por año); la Perla de Gran Precio se estudiaba en conexión con partes relacionadas de las otras Escrituras. Los líderes de la Iglesia esperaban que ese mayor contacto con las Escrituras diera como resultado un aumento notable en la espiritualidad de los santos.

Con la dirección de los presidentes Smith y Lee, continuó acentuándose el impulso que se había dado a la actividad en el templo. En 1972 se dedicaron los templos de Ogden y Provo, Utah; debido a la utilización de los avances técnicos y a que ambos se encontraban en zonas de mucha población de miembros de la Iglesia, inmediatamente los dos templos fueron los más fructíferos en el número de ordenanzas que se efectuaban. En 1971, se había comenzado la construcción del Templo de la ciudad de Washington, el más grande edificado por la Iglesia; también se anunció la renovación de cinco templos que ya existían. Además, se concedió permiso para enviar nombres individuales para las ordenanzas del templo, en lugar de los de hoja de grupo familiar solamente, lo cual hizo resurgir el entusiasmo por la obra genealógica y por la asistencia al templo.

PAUTAS PARA EL SISTEMA DE EDUCACIÓN DE LA IGLESIA

De acuerdo con el nuevo objetivo de unificar todas las actividades que estuvieran relacionadas, la Iglesia simplificó también su Sistema Educativo. En 1970, Neal A. Maxwell, que era administrador en la Universidad de Utah, fue llamado para ser Comisionado de Educación; él y su personal examinaron concienzudamente lo que la Iglesia había hecho en cuanto a la educación, y en 1971 presentaron un informe en el que se describían tres principios fundamentales:

(1) “La alfabetización y la enseñanza básica son esenciales en el Evangelio… La educación no sólo es la clave para el futuro económico de todo miembro, sino que también lo es para sus oportunidades de realizar todo su potencial, de prestar servicio a la Iglesia y de hacer contribuciones al mundo que le rodea”. A fin de llenar esa necesidad, la Iglesia tenía en funcionamiento setenta y cinco escuelas de enseñanza primaria y secundaria en Latinoamérica y en el sur del Pacífico; sin ellas los miembros de esas zonas habrían tenido muy pocas posibilidades de lograr una educación. No obstante, al empezar los gobiernos locales a proveer más instituciones de enseñanza pública, más tarde algunas de esas escuelas se cerraron.

(2) “Los programas de la Iglesia no deben duplicar oportunidades que estén disponibles en otras instituciones, especialmente en la educación superior”. El comisionado señaló que la educación superior estaba al alcance de la mayoría de los miembros de la Iglesia. “Entre más de 200.000 miembros… matriculados en universidades y colegios universitarios, sólo hay 32.000 que asisten a una institución de la Iglesia. Sin embargo, hay 50.000 estudiantes universitarios Santos de los Últimos Días en trescientos veintiuna instituciones de enseñanza que están inscritos en Instituto de religión de la Iglesia para recibir instrucción religiosa y disfrutar de las oportunidades sociales y culturales que éstos les ofrecen”.

(3) “Finalmente, todos los estudiantes Santos de los Últimos Días en edad de enseñanza secundaria y universitaria deben tener acceso a una educación religiosa diaria, combinada con la secular. Si se tiene en cuenta al número de personas a las cuales benefician los programas educativos de la Iglesia, el efecto mayor lo tienen los programas de Seminario e Instituto en los cuales hay inscritos 190.000 alumnos”, terminó diciendo el comisionado19.

La formación de la Asociación de Estudiantes Santos de los Últimos Días, que comenzó en 1966 en instituciones universitarias de Utah y del sur de California, era un ejemplo claro de la forma en que se aplicaba la correlación al programa educativo de la Iglesia. Bajo la dirección de los líderes del sacerdocio, esta asociación coordinaba las acciones de los barrios o ramas de estudiantes, así como de los institutos de religión y de las organizaciones sociales relacionadas con la Iglesia. En lugar de competir unos con otros, esos programas tenían por objeto funcionar unidos para promover el desarrollo espiritual e intelectual de los jóvenes. La asociación auspiciaba también sus propias actividades y a veces servía de conexión oficial entre los programas de la Iglesia y las organizaciones estudiantiles en los planteles universitarios.

La convención internacional que llevó a cabo la Asociación de Estudiantes SUD en 1969, y que tuvo lugar en el Instituto de religión de la Universidad de Utah, fue una experiencia espiritual memorable para los estudiantes que asistieron, que sobrepasaban los trescientos. Los líderes de la Iglesia deseaban fortalecer a esos dirigentes estudiantiles que se habían escogido cuidadosamente en las instituciones de los Estados Unidos y de Canadá, a fin de que ellos fueran como faros que iluminaran una era de agitación y de confusión general entre los estudiantes universitarios. El élder Harold B. Lee fue el discursante principal de la convención.

El élder Lee “relató experiencias personales de milagros actuales que él mismo había tenido…

“Luego, cuando estaba a más de la mitad de su discurso de una hora y quince minutos, el ánimo del público cambió…

“…El élder Lee concluyó su discurso con gran emoción, testificando firme y fervientemente de la verdad de sus convicciones, tal como las había expresado, y dando un testimonio personal y sincero de que Dios vive. Y dijo cómo había llegado al conocimiento de esa verdad siendo uno de Sus testigos especiales en la tierra. ¡Todos los que estaban allí supieron que eso era verdad!” Después de la oración final, la gente permaneció sentada por un rato en silencio, sin que hubiera nadie que quisiera disipar el Espíritu que allí se sentía. El élder Marion D. Hanks, que había dirigido la reunión, pasó luego con el élder y la hermana Lee al vestíbulo. “El élder y la hermana Lee estrecharon las manos de un grupo de jóvenes que pasó en fila, en absoluto silencio y casi todos con lágrimas en los ojos”20.

SE ENFRENTAN NUEVOS PROBLEMAS

Las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial trajeron consigo la desintegración general de instituciones y de tradiciones que en otros tiempos habían brindado estabilidad y seguridad social. La proporción de crímenes subió; el aumento en la cantidad de divorcios destrozó más y más familias; había más gente viviendo en las zonas urbanas que en las regiones rurales, y la vida de la ciudad era agitada y ofrecía una cantidad de atracciones que llevaban a los miembros de la familia en distintas direcciones. A pesar de que el Evangelio proporcionaba defensas de todos esos problemas sociales, los Santos de los Últimos Días no eran inmunes a sus ataques. Al presidente Harold B. Lee le preocupaban esas dificultades y puso de relieve la importancia de bendecir a todo miembro con el programa completo de la Iglesia. Entre los peores problemas que algunos miembros enfrentaban estaban los relacionados con la salud física y el bienestar emocional; a fin de ayudar a resolverlos, la Iglesia estableció programas de salud y de servicios sociales.

A través de los años, se establecieron tres programas para resolver determinados problemas sociales: el departamento de bienestar social de la Sociedad de Socorro tenía un servicio de adopción y de hogares tutelares para niños con desventajas sociales; el programa de colocación de alumnos indios, ya desde la década de los cincuenta, había ayudado a miles de niños y jóvenes a obtener una educación mejor; y un programa de guía para niños y jóvenes ofrecía servicios de consejo, de hogares tutelares y de campamentos diarios para los que lo necesitaran. La ley requería que los tres programas emplearan trabajadores sociales profesionales (certificados). En 1969 se unieron los tres para formar el Departamento de Servicios Sociales.

A partir de esos comienzos, el programa se expandió hasta ofrecer una gran gama de servicios. Había hogares tutelares especiales para asistir a las madres solteras, a las cuales los líderes de la Iglesia aconsejaban casarse siempre que fuera apropiado hacerlo; la agencia de adopciones de la Iglesia ayudaba a encontrar niños a los matrimonios que no podían tener hijos y buscaba hogares de Santos de los Últimos Días para los niños que estaban para adopción. Había servicios especiales para los miembros de la Iglesia que estuvieran en la cárcel y para su familia, en los que se incluían el consejo y la rehabilitación; también se organizaban noches de hogar para los presos. Para atender a los miembros que tenían problemas de drogas o alcoholismo, los Servicios Sociales de la Iglesia coordinaban su labor con las agencias públicas y proveían a los líderes locales de la Iglesia instrucción pertinente. En las regiones donde había más miembros, particularmente en el oeste de los Estados Unidos y en Canadá, la Iglesia estableció agencias de servicios sociales que empleaban personal profesionalmente capacitado y certificado, y operaban de acuerdo con los reglamentos gubernamentales21.

Desde sus inicios, la Iglesia había recalcado la importancia de cuidar la salud, y la Palabra de Sabiduría es un ejemplo bien conocido de ello. En la segunda mitad del siglo veinte, la Iglesia tenía quince hospitales funcionando en Utah, Idaho y Wyoming. Con todo, a principios de la década de los setenta, se recalcó de manera nueva y más amplia su programa de salud.

En 1971, se llamó a los primeros misioneros de salud que, aparte de predicar el Evangelio regularmente, impartían instrucción especializada en el cuidado y en los principios de la salud, la nutrición y la higiene. Mientras que otras agencias gubernamentales y religiosas tenían clínicas médicas donde los doctores trataban a relativamente pocas personas, los misioneros de salud de la Iglesia hacían hincapié en métodos preventivos para evitar enfermedades, por medio de la educación, y de ese modo prestaban servicio a miles de personas; estos misioneros trabajaban valiéndose de las organizaciones regulares de la Iglesia: utilizando carteles (pancartas) y otras ayudas visuales, enseñaban a los niños de la Primaria la importancia de higienizarse antes de comer y a las hermanas de la Sociedad de Socorro los métodos de preservación y preparación de alimentos nutritivos. En años posteriores, esas asignaciones se ampliaron y se les llamó misioneros de los Servicios de Bienestar o misioneros de asignación especial.

Uno de los efectos de la renovada importancia que se dio al programa de salud de la Iglesia fue la decisión que se tomó en 1974 de que ésta se deshiciera de los hospitales que poseía. La Primera Presidencia dijo lo siguiente: “La responsabilidad cada vez más grande que la Iglesia tiene en todo el mundo hace que sea difícil justificar el suministro de servicios médicos en una sola localidad geográfica que no tiene problemas económicos”. En lugar de ello, la Iglesia dedicó sus recursos al mejoramiento de la salud de sus miembros de todo el mundo mediante la educación. Se estableció una corporación independiente, “Intermountain Health Care, Inc.”, para tener en propiedad y operar los hospitales que habían pertenecido a la Iglesia22.

En 1973, el programa general de bienestar, los Servicios de Salud y los Servicios Sociales se juntaron y formaron el nuevo Departamento de Servicios de Bienestar, que quedó bajo la supervisión del Obispado Presidente; esto se hizo con el fin de “unificar las labores para atender a todas las necesidades del individuo”23. A través de los años, la Iglesia ha ido publicando impresos en “braille” o materiales grabados para el uso de los miembros que sean ciegos. Se ha continuado aumentando los esfuerzos por atender las necesidades especiales de los miembros que tengan algún impedimento; se proveen seminarios de educación especial a aquellos que sufran de dificultades en el aprendizaje; los obispos han recibido instrucciones para hacer participar más a esos miembros en las actividades de la Iglesia; se ha pedido a algunas personas que ayuden a los maestros ciegos a preparar sus lecciones. Los maestros orientadores deben tratar de ayudar a asistir a la Iglesia a los miembros que están en silla de ruedas. Hay jóvenes que han aprendido el alfabeto de signos a fin de interpretar en las reuniones de la Iglesia para sus amigos sordos. Por todos los Estados Unidos se han extendido las ramas especiales para sordos. En 1972 tuvo lugar una conferencia para considerar lo que podía hacer la Iglesia por los Santos de los Últimos Días que fueran sordos. Se produjo después una película en inglés, en la que se demuestra cómo llevar a cabo las ordenanzas del sacerdocio sin hacer uso de la palabra, y se preparó un diccionario, también en inglés, para unificar los signos que se utilizan para interpretar para los sordos ciertos términos del Evangelio o relacionados con la Iglesia24.

A principios de los años setenta, también surgió un interés especial en las minorías. Los grupos étnicos se volvieron más conscientes y orgullosos de su patrimonio, y la Iglesia resolvió tomar medidas para llenar las necesidades de esos grupos. En 1970, el nombre del comité para los indios se cambió a “Comité para los lamanitas y otras culturas” a fin de que reflejara el alcance más amplio que tenía; dicho comité no administraba los programas sino que más bien se encargaba de coordinar las acciones de las organizaciones existentes en la Iglesia para el beneficio de varias minorías. También consideró las diferentes formas de enseñar con mayor eficacia los principios del Evangelio teniendo en cuenta el nivel de comprensión de los diversos grupos. Además, procuró “recoger y preservar las contribuciones de los varios grupos culturales que pudieran ser de provecho para otros miembros de la Iglesia”25.

En 1972, el presidente Harold B. Lee y sus consejeros instruyeron a los líderes locales del sacerdocio para que asumieran la responsabilidad de atender adecuadamente a las necesidades de las minorías que vivieran dentro de los límites de su unidad; se prestó atención especial a los que no hablaran el idioma de la mayoría. En consecuencia, se proporcionaron servicios de traducción, clases en el idioma de la minoría e incluso, en algunos casos, ramas o barrios separados. Aun cuando el objeto era atender aspectos especiales, el fin principal era que los miembros de la minoría participaran más completamente en las actividades regulares de la Iglesia.

Otro grupo que necesitaba atención era el de los adultos solteros, que aumentaba continuamente; las actividades preparadas para las parejas no eran totalmente adecuadas para esas personas. En 1973, se abrió una rama para adultos solteros en Salt Lake City; más adelante, los barrios se organizaron de manera que pudieran atender a los intereses de esos miembros. La Iglesia también mejoró las actividades para los solteros por medio de programas auspiciados por el Sacerdocio de Melquisedec y por la Sociedad de Socorro.

La creación de programas sociales, de salud y otros similares en el siglo veinte demuestra la forma en que la Iglesia, bajo una dirección inspirada, es capaz de responder a las nuevas necesidades que se vayan presentando.

LAS LÍNEAS DE COMUNICACIÓN EN TODO EL MUNDO

Durante esos años en que se iban refinando y correlacionando los programas existentes y creando otros a medida que las circunstancias así lo exigían, las Autoridades Generales sintieron que era preciso mejorar la comunicación existente a fin de fortalecer a los santos y a sus líderes en todo el mundo. Esto se logró por lo menos en tres aspectos.

En 1936 se había hecho una división por regiones para coordinar los esfuerzos de varias estacas por llevar a cabo proyectos de bienestar. En 1964 se amplió el alcance de esas regiones para que abarcara todas las actividades auspiciadas por el sacerdocio. Tres años después, la Primera Presidencia anunció el nombramiento de Representantes Regionales, que eran hombres de experiencia que estaban en condiciones de proporcionar mayor guía y dirección a los líderes de estaca26. Bajo la dirección de las Autoridades Generales, ellos realizaban reuniones de instrucción en sus respectivas regiones para presentar nuevos programas y actividades o hacer destacar los que ya había. Originalmente, se llamó a sesenta y nueve Representantes Regionales, pero en los años siguientes el número y los deberes de estos hermanos aumentaron considerablemente.

Las conferencias de área, que empezaron en 1971, también fueron un medio de mejorar las comunicaciones con los miembros de la Iglesia por todo el mundo. La primera de ellas tuvo lugar en Manchester, Inglaterra, en agosto de ese año. Al acercarse la fecha de la conferencia, los medios nacionales de comunicación proveyeron amplia información; hubo artículos largos en periódicos británicos de mucha circulación, como el Guardian, el Times y el Sunday Telegraph, en los que se hablaba del progreso de la Iglesia en Gran Bretaña y se hacían comentarios favorables sobre principios como la Palabra de Sabiduría y las profecías de los últimos días. Además, la cadena de televisión de la BBC de Londres transmitió un programa documental de cincuenta y cinco minutos de duración sobre los mormones. Las sesiones principales de la conferencia se llevaron a cabo en el centro de exhibiciones Belle Vue, de King’s Hall, que tenía el aspecto del Tabernáculo con las Autoridades Generales sentadas en el estrado, en sillones de respaldo alto, tapizados de rojo. Hubo una asistencia de entre doce y catorce mil personas a estas sesiones, cantidad que se acercaba a un quinto del total de miembros de la Iglesia en Gran Bretaña. Al dirigirse a ese inmenso auditorio, el presidente Joseph Fielding Smith dijo:

“Somos miembros de una iglesia mundial, la Iglesia que tiene el plan de vida y salvación, la Iglesia establecida por el Señor mismo en estos últimos días para llevar Su mensaje de salvación a todos Sus hijos en toda la tierra.

“Ha quedado muy lejos la época en que la gente instruida pensaba que éramos un grupo peculiar de personas que vivían en las Montañas Rocosas de América…

“Pero ahora estamos llegando a la madurez como Iglesia y como pueblo”27.

En su discurso durante la última sesión del domingo por la tarde, Derek A. Cuthbert, Representante Regional que se había encargado de coordinar todos los arreglos para la conferencia, dijo: “Ya no hay necesidad de que los miembros de la Iglesia británicos abandonen su tierra natal a fin de participar de las bendiciones de ser miembros de la Iglesia”28.

Al terminar la conferencia, toda la congregación se puso de pie cuando el presidente Joseph Fielding Smith se preparó para salir del estrado; nadie se movía y sólo se oían murmullos. “Era como si no desearan abandonar el ambiente que prevalecía en la reunión. Había en King’s Hall una atmósfera sagrada y, como testimonio de ese espíritu que sentía, la gente rompió a cantar espontáneamente ‘Te damos, Señor, nuestras gracias’ ”. Después, todos cantaron “Para siempre Dios esté con vos”29.

Al año siguiente, apenas un mes después que se sostuvo a Harold B. Lee como Presidente de la Iglesia, se convocó a una conferencia similar en la ciudad de México. Haciendo grandes sacrificios, hubo algunos santos que viajaron hasta cerca de cinco mil kilómetros para asistir; un grupo de la ciudad de Tijuana [en la frontera con Estados Unidos] viajó cincuenta y tres horas en autobús, turnándose para ir de pie porque el número de pasajeros excedía en diez el de los asientos. El viernes por la noche hubo un programa cultural folklórico en el que participaron talentosos músicos y bailarines de todas partes de México y América Central; el sábado por la noche, el presidente Lee habló a los grupos del Sacerdocio Aarónico, las Mujeres Jóvenes, la Sociedad de Socorro y el Sacerdocio de Melquisedec, que se hallaban reunidos al mismo tiempo en varias partes de la ciudad; el Presidente visitó alternativamente cada reunión, en la que habló e inspiró a los asistentes. El domingo por la mañana, el Coro del Tabernáculo presentó su programa dominical regular, transmitido desde el auditorio nacional del Parque Chapultepec; esta presentación provocó las lágrimas de muchos de los espectadores al cantar varios de sus números en español. Durante la sesión matinal, la nueva Primera Presidencia, con sus tres miembros presentes, fue sostenida por primera vez en una conferencia general de área.

En esa conferencia, el élder Bruce R. McConkie explicó claramente el concepto actualizado del principio del recogimiento: “El lugar de recogimiento para los santos mexicanos es México; el lugar de recogimiento para los santos guatemaltecos es Guatemala; el lugar de recogimiento para los santos brasileños es Brasil; y así es por todas partes de esta tierra: Japón para los japoneses, Corea para los coreanos, Australia para los australianos. Cada nación es el lugar de recogimiento para su propio pueblo”30.

En años posteriores, se realizaron conferencias similares en Alemania, Suecia y otras partes del mundo; los santos de esos lugares, al igual que sus otros hermanos, se vieron ennoblecidos y elevados por ellas.

En 1972 se organizó la Misión Internacional, un tercer medio de mantener comunicación con los miembros de la Iglesia de todo el mundo, particularmente con aquellos que vivían lejos de los límites de las estacas o misiones. Miles de miembros estaban esparcidos en lugares alejados como Tanzania, Zambia, Marruecos, Las Guayanas, Nueva Guinea, Hungría y la Unión Soviética; por lo general, eran diplomáticos o agentes extranjeros, representantes de empresas importantes o asesores agrícolas o de otros proyectos de desarrollo; a veces, estaban allí acompañados de su familia, otras veces estaban solos. La mayoría provenía de los Estados Unidos, pero también los había de Inglaterra, Francia, Alemania, Escandinavia y muchas otras partes del mundo.

Dondequiera que vivieran, en general esos santos valoraban su condición de miembros de la Iglesia y su actividad en ella. El élder Bernard P. Brockbank, del Primer Quórum de los Setenta y primer Presidente de la Misión Internacional, explicó:

“La organización de esta misión fue muy sabia porque, gracias a ella, ese miembro no tenía por qué sentirse solo; podía ponerse en contacto con alguien para pedir materiales, para hacer preguntas o consultas, para recibir consejos, o simplemente para relacionarse con la Iglesia…

“…dondequiera que esté [el miembro]… tiene a su alcance la Iglesia en el buzón de correos más cercano”31.

Valiéndose principalmente del servicio postal, la Misión Internacional facilitaba el pedido de materiales de la Iglesia, mantenía las cédulas de miembro al día, recibía y enviaba recibos de diezmos y otras donaciones, y coordinaba las entrevistas cuando había que hacer avances en el sacerdocio y dar recomendaciones para el templo. Más adelante, esta misión también tuvo una función muy importante cuando se abrieron nuevas zonas del mundo a la prédica del Evangelio y la actividad en la Iglesia. Al contar con esas líneas de comunicación y tener sus programas mejor correlacionados, la Iglesia estuvo lista para alargar el paso en el cumplimiento de su misión mundial.

NOTAS

  1. Este capítulo se escribió para el Sistema Educativo de la Iglesia; también se publicó en la obra de Richard O. Cowan, The Church in the Twentieth Century. Salt Lake City: Bookcraft, 1985, págs. 254–255, 305–308, 310–312, 315–316, 324–326, 333, 336, 338–357, 414–415, 417–418, 421.

  2. Harold B. Lee, en “Conference Report”, abril de 1963, pág. 83.

  3. En “Conference Report”, septiembre de 1961, págs. 77, 79, 81.

  4. En “Conference Report”, octubre de 1962, págs. 74, 76.

  5. Melchizedec Priesthood Handbook, 1964, págs. 18–19.

  6. En “Conference Report”, octubre de 1964, pág. 137.

  7. Family Home Evening Manual, 1965, pág. iii.

  8. Family Home Evening Manual, 1967, págs. iii–iv.

  9. David O. McKay mencionó esta frase por primera vez en la conferencia general de abril de 1935 (“Conference Report”, pág. 116), citando la obra de J. E. McCulloch, Home: The Savior of Civilization; Washington D.C.: Southern Cooperative League, 1924, pág. 42.

  10. En “Conference Report”, abril de 1935, pág. 116.

  11. Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith; Salt Lake City: Deseret Book Co., 1972, pág. 195.

  12. “Joseph Fielding Smith—Our New President”, Instructor, marzo de 1970, pág. 78.

  13. Citado por Smith y Stewart, en Life of Joseph Fielding Smith, pág. 212.

  14. En “Conference Report”, octubre de 1970, pág. 5; véase también “Para que la plenitud de mi Evangelio sea proclamada”, Liahona, mayo de 1971, interior de la cubierta.

  15. Joseph Fielding Smith, “The Most Important Knowledge”, Ensign, mayo de 1971, pág. 3.

  16. Citado en los libros de recortes de Joseph Fielding Smith, 1970–1972; discurso pronunciado en el Colegio “Southern Utah State”, el 28 de mayo de 1971, Departamento Histórico de la Iglesia SUD, Salt Lake City, pág. 5; véase también Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 264.

  17. En “Presidency Meets the Press”, Church News, 15 de julio de 1972, pág. 3.

  18. Véase “Elders Presidency Magnified”, Church News, 29 de enero de 1972, pág. 3.

  19. “Seek Learning Even By Study and By Faith”, informe para 1971 del Comisionado de Educación de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pág. 1.

  20. L. Brent Goates, Harold B. Lee, Prophet and Seer; Salt Lake City: Bookcraft, 1985, págs. 394, 396.

  21. Véase, de Marvin J. Ashton, “The Church Focuses on Social and Emotional Problems”, Ensign, enero de 1971, págs. 30–31; “Help Available Here”, Ensign, diciembre de 1973, págs. 54–56.

  22. “Church Divests Self of Hospitals”, Church News, 14 de septiembre de 1974, pág. 3.

  23. “Three Welfare Units Joined”, Church News, 7 de abril de 1973, pág. 4.

  24. Véase “Needs Identified at Seminar for LDS Deaf”, Church News, 19 de agosto de 1972, págs. 7, 12.

  25. “New Name, More Duties Given Church Indian Committee”, Church News, 27 de junio de 1970, pág. 6.

  26. Véase “Conference Report”, octubre de 1967, págs. 25–26.

  27. En informe de la conferencia de área de Manchester, Inglaterra, 1971, pág. 5.

  28. “No Longer Need to Leave Homeland, Members Told”, Church News, 4 de septiembre de 1971, pág. 13.

  29. “Prophet Leads Conference; British Saints Rejoice”, Church News, 4 de septiembre de 1971, pág. 3.

  30. En informe de la conferencia de área de México y América Central, 1972, pág. 45.

  31. “Unique Mission Serves World”, Church News, 1º de febrero de 1975, pág. 3.

Historia

Fecha

 

Acontecimientos importantes

1961

Se establece un consejo de la Iglesia para correlacionar cursos de estudio y actividades para niños, jóvenes y adultos.

1964

Se organizan la orientación familiar, el comité ejecutivo del sacerdocio y el consejo de barrio.

1965

Se publica el primer manual para la noche de hogar.

Octubre de 1967

Se llama a los primeros Representantes Regionales.

Octubre de 1969

Se forma un Departamento de Servicios Sociales unificado.

23 de enero de 1970

Joseph Fielding Smith pasa a ser Presidente de la Iglesia.

1971

Se publican las revistas Ensign, New Era y Friend.

1971

El total de miembros de la Iglesia sobrepasa los tres millones.

1971

Se realiza la primera conferencia de área en Manchester, Inglaterra.

Julio de 1972

Harold B. Lee pasa a ser Presidente de la Iglesia.

26 de diciembre de 1973

Muere el presidente Harold B. Lee.

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Escenas de uno de los mensajes de la serie sobre la importancia del hogar, “Siempre tendré tiempo para ti”, producidos por la Iglesia.

Siempre tendré tiempo para ti;
no hay deseo mayor para mí
que sentarme contigo y hablar;
nada que más pueda anhelar
que disponible para ti pueda estar.
Nada hay que no podamos enfrentar
si nos sentamos juntos para hablar
y te escucho, y me escuchas a mí.
Sí, siempre tendré tiempo para ti.

Las familias se acercan y se unen para hablar… una y otra vez.

Joseph Fielding Smith

Joseph Fielding Smith (1876–1972). Al poco tiempo de que el presidente Smith pasara a ser el Presidente de la Iglesia, el élder Bruce R. McConkie dijo: “Nuestro nuevo Presidente es un maestro de doctrina, un teólogo, un erudito de las Escrituras, un predicador de la rectitud en el pleno y verdadero sentido de la expresión”12.

books by Joseph Fielding Smith

Estos libros, escritos por Joseph Fielding Smith, son apenas una porción de los veinticinco que escribió.

Harold B. Lee

El presidente Harold B. Lee (1899–1973).

Washington D.C. Temple

En 1968, el presidente Hugh B. Brown dedicó el sitio para edificar el Templo de la ciudad de Washington. El presidente Spencer W. Kimball dedicó el templo terminado en noviembre de 1974.

Mary Jane Pulley

Mary Jane Pulley (1900–1997) empezó en 1957 su trabajo en la escuela de capacitación para personas discapacitadas, en American Fork, Utah. En 1967 recibió un llamamiento para organizar un seminario en la escuela; ese fue el primer seminario para personas discapacitadas que hubo en la Iglesia.

Howard W. Hunter at England area conference

La primera conferencia de área de la Iglesia se realizó en Inglaterra, en agosto de 1971, bajo la dirección del presidente Joseph Fielding Smith. Asistieron a esa conferencia catorce Autoridades Generales que participaron en las sesiones. En la foto, se ve al entonces élder Howard W. Hunter dirigiendo la palabra a la congregación.

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