Institute
CAPÍTULO TREINTA Y UNO: LA IGLESIA PROCURA SER AUTOSUFICIENTE
anterior siguiente

CAPÍTULO TREINTA Y UNO

LA IGLESIA PROCURA SER AUTOSUFICIENTE

Después de la guerra civil, los líderes de la Iglesia reconocieron más que nunca la prudencia de ser autosuficientes y la fortaleza, tanto económica como espiritual, que esto daría a los santos, particularmente con la llegada de la vía ferroviaria transcontinental, lo cual sacó a Utah de su aislamiento. En esa época, se decidió tomar medidas para lograr que la Iglesia fuera independiente de las influencias contaminadoras del mundo.

LAS PRIMERAS MEDIDAS

Brigham Young comprendía la gran ventaja que ofrecería la vía ferroviaria, facilitando a los inmigrantes la llegada a la Gran Cuenca, y ya en la década de 1850 empezó a fomentar su construcción. Los principales funcionarios públicos que no eran miembros de la Iglesia también tenían interés en que el tren pasara por Utah, no sólo por la ganancia monetaria que podrían sacar para sí sino también porque estaban convencidos de que cuando la vía transcontinental llegara a Utah, la Iglesia iba a fracasar. Esa convicción provenía de la equivocada idea de que Brigham Young era un dictador malvado que mantenía a su gente subyugada en la cautividad y que cuando el tren llegara, eso les ofrecería a los oprimidos Santos de los Últimos Días un medio conveniente de escapar hacia la libertad del Este; no obstante, uno de ellos reconoció que cuando el presidente Young se enteró de esa idea, comentó que su religión debía ser “ciertamente, una religión muy débil si no [podía] soportar una vía férrea”1.

Los dirigentes de la nación estaban muy lejos de imaginar que Brigham Young y sus seguidores esperaban con gran expectativa y entusiasmo mientras los trabajadores iban colocando los rieles a toda marcha. No obstante, debido a las experiencias que habían tenido en el Este, los miembros de la Iglesia se daban cuenta de que en las vías y los durmientes que se iban colocando de ambos extremos del continente para juntarse por fin en Promontory Summit, Utah, existían problemas latentes que no eran producto de su imaginación.

Al comprender que la vía férrea iba a llevar a la región a muchas personas que no eran miembros de la Iglesia, Brigham Young reorganizó la Escuela de los Profetas, fomentó cooperativas y fortaleció las organizaciones auxiliares; ya en 1867 se restableció la Escuela de los Profetas con el objeto de reforzar los conocimientos de las autoridades en doctrina y normas de la Iglesia. El presidente Young quería que los hermanos le ayudaran en materia de economía a tomar las decisiones que promovieran la industria y las empresas cooperativas entre los santos, a fin de que éstos pudieran mantenerse económicamente independientes. La escuela tenía por objeto también refinar las reuniones de la Iglesia y reducir la promulgación de doctrinas falsas2.

Esta escuela se organizó en Salt Lake City, en Logan, Ogden, Brigham City, Provo, Parowan y otras colonias importantes. Brigham Young quería que se lograra una economía autosuficiente y, a través de esa organización, instó a los miembros a comerciar entre sí comprándose unos a otros los artículos que les hicieran falta. Por otra parte, se estimuló la industria casera para que los miembros confeccionaran su propia ropa, produjeran los alimentos que iban a consumir y se hicieran ellos mismos los trabajos de herrería que necesitaran; también producían seda, algodón y lino para su propio consumo, trabajaban en minería para conseguir carbón y hasta fabricaban papel, parte del cual se hacía con trapos viejos.

Además, la Escuela de los Profetas se encargó de reunir fondos para el Fondo Perpetuo para la Emigración, de instar a la gente a hacer el boicot a los comerciantes que se oponían a la Iglesia, de fundar la “Provo Woolen Mills” [fábrica de tejidos de lana], de reducir el salario de los obreros a fin de que los artículos manufacturados en Utah pudieran competir en precio con los que ahora llegarían del Este; también promovió la construcción de la vía férrea entre Salt Lake City y Ogden.

Esta organización instaba a los miembros de la Iglesia a mantener limpios la casa, el jardín y los lugares públicos. Se fomentaban la honradez, la pulcritud personal y el orden, a fin de que la gente de Sión fuera en verdad una luz para el mundo. Al mismo tiempo que los santos hacían más segura su economía, más pulcras sus propiedades y su vida más similar a la de Cristo, la vía ferroviaria empezó a atravesar las montañas que los rodeaban.

En 1868, Brigham Young firmó un contrato con los funcionarios de la compañía ferroviaria Union Pacific para construir una vía desde la entrada del cañón Echo [Eco] hasta Salt Lake City o desde el cañón hasta Ogden, según la ruta que se resolviera elegir. La Escuela de los Profetas consideraba ventajoso ese contrato por varios motivos: primero, se evitarían los problemas que siempre existían con los campamentos de obreros ferroviarios; la moralidad de la población se veía amenazada por los jugadores, las prostitutas y los rufianes que acompañaban a los obreros para sacar ventaja de ellos y sus salarios; segundo, el contrato sería un medio “seguro de que las ganancias por el trabajo contratado fueran a la Iglesia y a sus miembros”; tercero, “el restar importancia a los rumores de las riquezas minerales de Utah” sería una forma de “reducir la invasión de forasteros indeseables, disminuyendo así la afluencia excesiva de mineros”; y cuarto, proveería una fuente de trabajo esencial para los Santos de los Últimos Días3.

Algunos miembros prominentes de la Iglesia, entre ellos el élder Ezra Taft Benson, del Quórum de los Doce Apóstoles, el obispo Chauncy West y el presidente de la Estaca de Ogden, Lorrin Farr, también firmaron contratos para construir 320 km de vía férrea, desde un punto al este de Humboldt Wells, Nevada, hasta Ogden, Utah. De ese modo, hubo cientos de habitantes del territorio que consiguieron trabajo. El 8 de marzo de 1869, cuando la vía de la Union Pacific llegó a Ogden, los residentes celebraron alborozadamente y recibieron a los trabajadores con muchos estandartes, uno de los cuales decía: “¡SALVE, CAMINO DE LAS NACIONES! ¡UTAH TE DALABIENVENIDA!”4.

El 10 de mayo de ese mismo año, las dos líneas ferroviarias se juntaron en Promontory Summit, lugar que queda a 85 km al noroeste de Ogden, Utah. El último durmiente que se colocó estaba hecho de madera de laurel de California y tenía una placa de plata con una inscripción conmemorativa de este gran acontecimiento en la historia de la nación. A las 12:47 de la tarde, Leland Stanford, presidente de la compañía Central Pacific, y Thomas C. Durant, vicepresidente de la Union Pacific, hicieron caer sendos mazos para hundir una escarpia de hierro y erraron el golpe, pese a lo cual se envió un mensaje por telégrafo al presidente de los Estados Unidos, Ulysses S. Grant, comunicándole que se había clavado la última escarpia, mientras dos supervisores de construcción llevaban a cabo la tarea. En San Francisco se dispararon armas de fuego y todo el resto de la nación se unió para celebrar tan histórico acontecimiento5. Brigham Young se hallaba en el sur del territorio, haciendo una larga visita a los miembros, y se perdió las celebraciones.

En un esfuerzo por mejorar aún más el transporte dentro del territorio y por proveer empleos para los miembros de la Iglesia, la Primera Presidencia, con la colaboración de los obispos y del agrimensor territorial Jesse W. Fox, empezó a hacer planes de construir en Utah una vía férrea central que conectara Salt Lake City con la vía transcontinental de Ogden. El 17 de mayo de 1869 se inició la primera excavación, no con un pico de minero sino con una pala de granjero para simbolizar la determinación de los santos de dedicarse a la agricultura. La vía ferroviaria se terminó el 10 de enero de 1870, y miles de espectadores se reunieron para presenciar cuando el presidente Brigham Young clavó la última escarpia, que se había hecho con hierro de Utah.

Después de la construcción de esa línea, la Iglesia colaboró con la empresa Utah Southern Railroad en la colocación de vías férreas que pasaban por Provo y otras comunidades del sur, así como con la compañía ferroviaria Utah Northern en la construcción de vías que llegaban hasta Butte, estado de Montana, una distancia considerable hacia el norte.

Durante muchos años el gobierno federal había negado a la gente de Utah títulos de propiedad para sus tierras; por consiguiente, con la llegada de la vía férrea, los habitantes empezaron a preocuparse respecto a sus propiedades pensando que, si el ferrocarril hacía que aumentara en Utah el número de residentes que no eran mormones, existía una fuerte posibilidad de que los residentes, al no contar con un título legal de propiedad, se vieran despojados de sus tierras y de las mejoras que habían hecho en ellas. El hecho de que hubieran vivido todos esos años en paz sin tener título de las tierras que trabajaban es un tributo a la capacidad de cooperación mutua que había entre ellos. Incluso con la llegada de algunos gentiles se habían producido muy pocas disputas en cuanto a propiedades, en contraste con los numerosos conflictos que existían en California entre los hacendados y los forasteros que sin tener título se habían establecido en esas tierras.

La preocupación de los santos con respecto a ese problema era tan grande que en 1869 la Escuela de los Profetas nombró un comité que se encargara de informarse sobre “la cuestión de las tierras y de explicar a la gente qué pasos debían dar a fin de preservar sus propiedades que las compañías ferroviarias reclamaran”6. (Esto se aplicaba también a otras personas que quisieran establecerse en la Gran Cuenca.) “El comité presentaba informes periódicos a la Escuela; también mandó hombres en misión con el objeto de ayudar a los colonos de todo el territorio a llenar los formularios de solicitud de título”7. Gracias a los esfuerzos de dicho comité, las injusticias se redujeron a un mínimo.

Por decreto del Congreso, se había concedido tierra para la vía férrea donde tenía derecho de paso, excepto en los casos en que los terrenos eran ya propiedad de alguna persona. El comité visitó las comunidades del territorio, ayudando a los residentes a preparar las solicitudes de título de tierras.

En la conferencia general de octubre de 1865, Brigham Young anunció que los Santos de los Últimos Días debían prestarse mutua ayuda económica. Y dijo: “Que todo Santo de los Últimos Días, hombre o mujer, determine en su corazón no comprar nada a nadie que no sean sus hermanos fieles, quienes emplearán bien el dinero que así obtengan. Sé que la voluntad de Dios es que nos sostengamos entre nosotros, porque si no lo hacemos, pereceremos, en cuanto que recibamos ayuda de cualquier fuente que no sea Dios o nosotros mismos… Debemos preservarnos nosotros, pues nuestros enemigos están determinados a destruirnos”8.

Más tarde, en 1868, el presidente Young explicó detalladamente que nuestra norma “debe ser abandonar ese comercio [con personas de afuera] y reservar nuestros medios para utilizarlos en otro fin que no sea el de enriquecer a los forasteros; debemos emplearlos en diseminar el Evangelio, en juntar a los pobres, en construir templos, en sostener a nuestros necesitados, en edificarnos casas y dar a esos bienes un uso mejor que el de entregarlos a aquellos que los utilizarán en contra de nosotros”9. A fin de prevenir la amenaza que se cernía sobre la estabilidad económica de los santos, los líderes de la Iglesia empezaron a promover cooperativas que fueran de propiedad de los residentes y que la Iglesia supervisaba.

La primera institución cooperativa de los Santos de los Últimos Días fue fundada en 1864, en Brigham City, por el élder Lorenzo Snow, que era entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles; tuvo tanto éxito que sirvió de modelo para el sistema cooperativo de la Iglesia que se puso en funcionamiento más adelante en esa década. En 1854, Brigham Young había enviado al élder Snow a Box Elder para supervisar a los miembros (esa población recibió el nombre de Brigham City en 1864). En el otoño de 1864, el presidente Young y el élder Snow tuvieron una larga conversación con respecto a poner en práctica los principios de la orden unida en Brigham City. El Presidente había tenido durante mucho tiempo grandes deseos de aplicar los principios de la ley de consagración, que está en Doctrina y Convenios, y, en ese momento en que se hacía hincapié en la autosuficiencia, Brigham City parecía ser el lugar ideal para comenzar.

En una carta que escribió al presidente Young en 1875, el élder Snow explicaba que su principal objetivo para esa cooperativa había sido “unir los sentimientos de la gente, haciendo que operen juntamente sus intereses con sus medios para lograr que sean autosuficientes, de acuerdo con el espíritu de las enseñanzas de usted, y que sean independientes de los comerciantes gentiles”10.

Primero, Lorenzo Snow supervisó la organización de una tienda cooperativa de ramos generales, con la intención de emplearla como base para organizar toda la economía de la comunidad y el desarrollo de las industrias que hacían falta para que Brigham City fuera autosuficiente; se formó una empresa de capital en sociedad y se invitó a todos los miembros de la población a comprar acciones. Por ser la única tienda del pueblo, muy pronto la sociedad empezó a producir dividendos a sus accionistas; pero la mayor parte de las ganancias se volvió a invertir en industrias locales. La primera fue una curtiembre que se inició con labor cooperativa y estaba supervisada por un converso inglés que tenía gran experiencia en ese trabajo; a ésta le siguieron una fábrica de calzado y una industria de cuero. En los años siguientes se emprendieron otras industrias hasta que toda la comunidad fue autosuficiente. La noticia de la fama y el éxito de esa cooperativa se extendió por toda la nación, y Edward Bellamy, conocido escritor que estaba estudiando los movimientos cooperativos de los Estados Unidos, viajó hasta Brigham City donde pasó varios días con Lorenzo Snow observando el sistema de trabajo de la organización11.

En 1868, el presidente Young estableció otro sistema económico al que se denominó “Zion’s Cooperative Mercantile Institution” [Institución mercantil cooperativa de Sión], y que después se abrevió en la sigla “ZCMI”; el propósito era llevar artículos al territorio, venderlos al precio más bajo que fuera posible, y “que las ganancias se dividieran con el pueblo en general”12. Más aún, los directores tenían autoridad para establecer los precios de venta al por menor, los que debían cobrarse a todos las empresas cooperativas; esos precios tenían que ser “razonables” y “tales, que su resultado sea la satisfacción y el beneficio tanto de los comerciantes como de todo el público”13. El objeto de establecer precios uniformes de venta al público no era evitar la competencia sino prevenir los precios exorbitantes. La primera lista de precios se puso en práctica en el invierno de 1869, “con el acuerdo de que el superintendente de ‘Zion’s Cooperative Mercantile Institution’ tenía la autoridad de variarlos según las circunstancias”14. “ZCMI” tuvo con el tiempo su propia fábrica de botas y zapatos, de pantalones de trabajo, chaquetas, chalecos, camisas, camisetas y otras prendas interiores de hombre15.

A las seis semanas de haberse abierto la institución principal en Salt Lake City, había en operación ochenta y una tiendas cooperativas por todo el territorio. En las comunidades, se instaba a los miembros a comprar una o más acciones en la empresa. Con el tiempo, hubo más de ciento cincuenta tiendas en Utah y en el sur de Idaho, en las cuales se concentraba casi todo el comercio de los Santos de los Últimos Días.

En la zona metropolitana de Salt Lake City, la mayoría de los barrios tenían su propia cooperativa y en muchos se establecieron empresas manufactureras, la mayor parte de las cuales producían dividendos a sus accionistas. Los ganaderos también administraban el ganado vacuno, equino y bovino en cooperativas y mejoraron la calidad de sus animales importando buenos reproductores16. Por ese sistema, se alcanzaron con éxito las metas de autosuficiencia que los líderes habían establecido para la Iglesia, hasta que los santos empezaron a sentir los efectos de la gran depresión económica que cundió por toda la nación en 1873. Algunas de las empresas cooperativas se mantuvieron en pie incluso hasta el siglo veinte.

SE FORTALECE LA SOCIEDAD DE SOCORRO

En 1867, al mismo tiempo que se reorganizó la Escuela de los Profetas, el presidente Brigham Young reorganizó también la Sociedad de Socorro de la Iglesia y procuró interesar a las hermanas en fomentar la industria casera y la autosuficiencia, exhortándolas a enseñarse unas a otras a resistir las tentaciones de la vida y a crear su propia moda confeccionándose la ropa a fin de que el capital local se conservara dentro del territorio y se estimulara el progreso económico. La importancia de la Sociedad de Socorro se puso de relieve cuando Brigham Young llamó como su presidenta a Eliza R. Snow, que era probablemente la mujer más respetada en toda la Iglesia. El Presidente quería que las hermanas fueran “a visitar al enfermo, al desamparado y al necesitado, a enterarse de sus carencias, y, dirigidas por el obispo, reunir los fondos necesarios para auxiliarlos”17. Además, debían evitar y disminuir la extravagancia entre las mujeres, mantenerse informadas de los asuntos políticos y tratar de influir en los legisladores para evitar las leyes que estaban en contra de los mormones18.

SIÓN ADQUIERE MÁS FORTALEZA

Consciente de que la diversidad de idiomas de los conversos que iban a establecer su hogar en las montañas hacía que la comunicación fuera difícil y que les resultaba un problema leer las publicaciones en inglés, el presidente Young promovió por un tiempo el uso de un nuevo alfabeto fonético; tenía la convicción de que ese alfabeto iba a fomentar la unidad entre los santos. Para ello, el Presidente pidió a varios de sus compañeros que crearan un nuevo alfabeto fonético, al que llamaron “Deseret”. Basándose en la taquigrafía Pitman como modelo para los sonidos y los caracteres, los hermanos terminaron pronto la tarea que se les había encomendado. A continuación, el presidente Young autorizó la impresión del Libro de Mormón y de varios libros escolares utilizando los nuevos símbolos. En 1869, Orson Pratt transcribió el Libro de Mormón en ese alfabeto y se produjo una edición de tamaño pequeño.

El presidente Young explicó los méritos del nuevo alfabeto diciendo que facilitaría a los niños la lectura y que reduciría el tiempo que tendrían que pasar en la escuela; agregó que, además, iba a contribuir para que los conversos extranjeros aprendieran más rápidamente el inglés. Después de imprimirse las cartillas, iniciaron clases e hicieron otros intentos de convencer a los miembros de poner en práctica el nuevo sistema: sin embargo, al poco tiempo se descubrió que ello causaba más dificultades que las que resolvía, y se abandonó el experimento.

Con la idea de que los santos se fortalecerían espiritualmente si tenían un edificio adecuado al cual se les pudiera convocar a una reunión y en el que recibieran instrucción de sus líderes, el presidente Brigham Young empezó a hacer planes para ese tipo de edificio. Después de varias reuniones de consejo, empezó a formarse en la mente del Presidente la clara imagen de un modelo abovedado para una grandiosa casa de adoración. A fin de convertir esa visión en realidad, llamó a su oficina a Henry Grow, que era maestro mecánico, así como un experimentado constructor de molinos. Hacía poco, Brigham Young lo había visto terminar un puente de arco sobre el río Jordán [en Utah], hecho de madera que, al no tener soportes centrales, era una estructura bastante peculiar con triángulos y arcos que se ajustaban perfectamente entre sí y la sostenían totalmente. El presidente Young opinaba que ese tipo de puente, o una serie de puentes de madera similares, era lo que se necesitaría para sostener el techo del edificio espacioso y abovedado que él tenía en proyecto.

Con la ayuda del arquitecto William H. Folsom, el presidente Young y Henry Grow prepararon un bosquejo de los planos arquitectónicos para construir el Tabernáculo propuesto, primero en su género y uno de los edificios de ese tipo más grandes del mundo, con medidas exteriores de casi 46 m de ancho por 76 m de largo y más de 24 m de altura. La parte más novedosa era que el enorme techo iba a estar apuntalado sin pilares que lo sostuvieran. Como algunos miembros dudaban del proyecto y otros discutían la posibilidad de un techo tan alto en forma de bóveda, Brigham Young supervisó la construcción de un modelo, que dio respuesta a las preguntas de la gente. La edificación del Tabernáculo dio comienzo en la primavera de 1863.

En el otoño de 1867, el edificio y su famoso órgano estaban ya bastante adelantados para utilizarse en la conferencia de octubre, a pesar de que el órgano y otras partes interiores no quedaron completamente terminadas hasta 1870. La galería —de 9 m de ancho y 146 m de largo—, que se extiende rodeando completamente tres de los lados del edificio y descansa sobre setenta y dos columnas, se empezó en 1870 y mejoró la acústica de la sala, agregándole también muchos asientos. Finalmente, John Taylor, siendo Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, dedicó el Tabernáculo terminado durante la conferencia de octubre de 1875.

Joseph Ridges, un converso de Australia, llevó consigo a Utah un órgano de tubos pequeño que él mismo había hecho; al oír hablar el presidente Young del élder Ridges y de la habilidad que tenía de hacer órganos, lo nombró para que construyera el primer órgano del Tabernáculo. Fue un gran problema encontrar la madera apropiada para el instrumento; al fin se halló en las montañas de Parowan y de Pine Valley, en Utah, a una distancia de 480 km al sur de Salt Lake City.

Las tareas de cortar y cargar los pesados troncos para ese proyecto significaban dura labor en esa época del siglo diecinueve; hubo que edificar caminos y construir puentes sobre los arroyos de los cañones; más aún, casi todo el trabajo tenía que realizarse con voluntarios. Hubo veces en que hasta veinte carreteros, con tres yuntas de bueyes en cada carreta, hicieron el viaje hasta esas remotas montañas para cortar y cargar los troncos. En menos de veinte meses, el élder Ridges había completado el órgano hasta el punto de que fue posible tocarlo en la conferencia de octubre de 1867. Los coros combinados de Payson, Springville y Spanish Fork, comunidades de Utah, proveyeron la música en parte de la conferencia; y bajo la batuta de Robert Sands, el Coro del Tabernáculo, recién organizado, hizo su presentación musical en los servicios del domingo. A partir de ese comienzo, el Coro del Tabernáculo continuó creciendo y mejorando hasta llegar a la fama mundial que tiene en la actualidad.

EL EVANGELIO SIGUE ESPARCIÉNDOSE

Mientras el presidente Young y los demás miembros se esforzaban con dedicación por establecer Sión en medio de las montañas, la Iglesia seguía creciendo también en otras partes del mundo, aunque no si encontrar oposición.

En Wellington, Nueva Zelanda, tiraron huevos podridos al élder Robert Beauchamp, misionero proveniente de Melbourne, Australia; en otra oportunidad, se salvó mediante la intervención de su Padre Celestial que lo ocultó de los ojos de unos malvados que tenían la intención de cubrirlo de brea y pegarle plumas. Apesar de los populachos y de un violento ataque publicado en el Advertiser, periódico de Wellington, se llevó a cabo una conferencia y los santos “disfrutaron de una abundante porción del Espíritu”19.

En Escandinavia, el élder Knud Peterson informó que durante el año de 1871 se habían bautizado 1.021 personas en la Iglesia. Y continuaba diciendo que “muchos de los élderes nativos han sido llamados a cumplir misiones este invierno”. Se informaba que en Suecia las reuniones se llenaban de gente, aunque en ese país y en Noruega los élderes de la Iglesia “todavía reciben multas y sufren encarcelamiento por administrar las ordenanzas del Evangelio. En Noruega hay libertad religiosa para todas las denominaciones cristianas, pero el tribunal supremo ha promulgado un extraño decreto diciendo que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no es una religión cristiana”, motivo por el cual se negaba la libertad religiosa a los miembros de la Iglesia. Los santos de Noruega eran también gente muy pobre, pero ese año hubo seiscientos treinta miembros que juntaron fondos suficientes para emigrar a Sión20

Edward Schoenfeld describió a los misioneros de Suiza, diciendo que eran “tan unidos como una hoja de trébol”, y que estaban haciendo un sacrificio para publicar un folleto que explicara claramente los principios del Evangelio a fin de combatir las tergiversaciones que los periódicos populares publicaban sobre la Iglesia21.

A fines de 1872, uno de los élderes de Suiza informó que los miembros de allá se esforzaban por vivir su religión y hacían todo lo que podían por sostener a los misioneros. Decía también que en poco tiempo él había bautizado a veintisiete personas y bendecido a diez niños.

Mientras trabajaba en Hawai, el élder George Nebeker dijo que se habían bautizado más de cien conversos y que el centro de reuniones les resultaba muy pequeño; por ese motivo, los santos se hallaban sumamente ocupados en construir uno nuevo. En los últimos seis meses de 1872, hubo en las Islas Hawaianas más de seiscientas personas que se unieron a la Iglesia; y más de setecientos santos asistieron a la conferencia que tuvo lugar en la primavera de ese año; hubo enfermos que fueron sanados, y se hizo hincapié en la importancia de obedecer la Palabra de Sabiduría22.

Por otra parte, desde 1869 la Iglesia había empezado a requerir a los miembros que emigraban que pagaran por adelantado todo su viaje a Sión; hasta entonces, en la mayoría de los casos, la porción del recorrido que se hacía en las caravanas de la Iglesia (los carromatos tirados por bueyes que recogían a los inmigrantes en Winter Quarters y los trasladaban hasta Salt Lake City) se había dado a crédito. A fin de ayudar a sus familiares y amigos en la emigración, los santos de la Gran Cuenca establecieron un Fondo Galés, un Fondo Escocés, y otros destinados a determinadas regiones, los cuales entregaban a los oficiales de la Iglesia como contribución para los que se congregaban en Sión provenientes de esas partes de las Islas Británicas. Las Primarias de los barrios contribuían para la emigración de los niños; pero tal vez el medio más popular de asistencia fue el que enviaban amistades y parientes depositando dinero en efectivo en las oficinas de la Iglesia, de donde se enviaba un giro destinado a los futuros emigrantes junto con una notificación a éstos de que los fondos para su viaje estaban disponibles.

SE ENFRENTA LA APOSTASÍA

Lamentablemente, no todos los miembros de la Iglesia apoyaban a los líderes con su concepto de la autosuficiencia económica, y algunos cayeron en la apostasía. Cuando Brigham Young empezó a promover el sistema de cooperativas, ciertos hombres de negocios e intelectuales mormones, que se proclamaban “liberales”, cuestionaron públicamente sus normas; ese grupo, conocido como “los godbeitas” porque los dirigía un hombre llamado William S. Godbe, pidió la cooperación de los comerciantes gentiles de toda la nación, arguyendo que era preciso que Utah se concentrara en la minería como fuente natural de riqueza en lugar de explotar la agricultura y la ganadería. El medio de comunicación para dar a conocer sus opiniones era una revista titulada Utah Magazine, fundada por el grupo en 1868.

Los líderes de la Iglesia trataron por todos los medios de llevarlos otra vez al redil y hasta llamaron a algunos a cumplir una misión; pero rechazaron el llamamiento y sus protestas públicas se volvieron aún más agrias. Al fin, los convocaron a la Escuela de los Profetas para tratar los asuntos en cuestión; esa reunión sólo dio como resultado una confrontación desagradable. Después de otros intentos vanos de reconciliación, el sumo consejo de la Estaca de Salt Lake presentó acusaciones contra los líderes del llamado también “Nuevo Movimiento” y dichos hombres fueron excomulgados de la Iglesia. En 1870, organizaron su propia religión, a la que llamaron la Iglesia de Sión, y convirtieron su publicación en un diario antimormón, el Salt Lake Tribune. Se unieron a los dirigentes de Salt Lake City que no eran mormones y formaron el Partido Liberal con el fin de oponerse a las actividades políticas de la Iglesia.

En 1870, el Nuevo Movimiento había reclutado en sus filas al ex Apóstol y colonizador Amasa M. Lyman, que en 1867 había sido relevado del Consejo de los Doce por enseñar falsa doctrina con respecto a la Expiación y por promulgar ideas espiritistas. El señor Lyman, junto con otros de la Iglesia de Sión, empezó a tener reuniones de espiritismo. Para 1873, ya la religión se desintegró por falta de adeptos, pero el Partido Liberal continuó y fue una influencia agitadora en la política de Utah hasta 1893.

LA ORDEN UNIDA

El éxito obtenido con el sistema de cooperativas despertó en Brigham Young y en otros líderes de la Iglesia el deseo de implantar un procedimiento económico aún mejor. En la conferencia general de octubre de 1872, el élder George Q. Cannon explicó que los tres años y medio de éxito con las instituciones cooperativas indicaban que con “el orden de Enoc” se obtendrían buenos resultados. Ese orden se necesitaba, afirmó, para lograr un período “en el que no haya ricos ni pobres entre los Santos de los Últimos Días; en el que las riquezas no sean una tentación; en el que todo hombre ame a su prójimo como a sí mismo; en el que hombres y mujeres trabajen por el bien de todos igual que por el propio”. El sistema de cooperativas no era más que “un peldaño hacia algo más elevado y más perfecto”, y el orden superior “que existe en el cielo se pondrá en práctica y los hombres de la tierra disfrutarán de él”23.

Al día siguiente, Brigham Young tocó el mismo tema en su discurso, y durante los próximos meses las Autoridades Generales dieron mensajes con el fin de preparar a los santos para el establecimiento de la orden unida.

Hubo diversos factores que contribuyeron a la organización de la orden unida en 1874. Brigham Young y otras autoridades que habían estado en contacto cercano con el Profeta José Smith procuraban una reforma entre los santos y el restablecimiento de los principios y las prácticas de la ley de consagración. En 1873, cuando la depresión económica hizo sentir sus efectos en los Estados Unidos, los miembros se encontraron con que, a pesar de sus esfuerzos por ser independientes, era obvio que su economía se veía afectada por los sucesos económicos de toda la nación. Por ese motivo, los líderes de la Iglesia empezaron a establecer el orden de Enoc a fin de disminuir los efectos que los futuros altibajos económicos pudieran tener en los Santos de los Últimos Días24.

Además, la vida en los pueblos del sur de Utah había estado desde hacía unos años perturbada por la industria minera, cuya sede se hallaba en la cercana localidad de Pioche, Nevada. Los mineros habían adquirido materiales de construcción y alimentos provocando la escasez de esos artículos en las comunidades mormonas. Por otra parte, varios jóvenes se habían ido a trabajar en las minas con el fin de cobrar salarios en efectivo, y allí se hallaban expuestos a las influencias mundanas; eso también reducía la mano de obra en sus pueblos25.

El pueblo de Saint George tenía especial necesidad de recibir un refuerzo económico, y allí fue donde Brigham Young organizó por primera vez la orden unida26. La mesa administrativa estaba compuesta en su mayor parte de oficiales eclesiásticos de la estaca y de los obispos de los barrios; una de las primeras acciones de la orden fue dirigir el transporte de artículos hacia las colonias del norte y desde éstas al pueblo. Poco después, establecieron gallineros y manadas de cerdos que eran propiedad de la comunidad; también ayudaron a edificar el Templo de Saint George, Utah. Los miembros de la orden acordaron seguir una lista de catorce reglas espirituales, como no tomar en vano el nombre de la Deidad, obedecer mejor la Palabra de Sabiduría, tratar a los miembros de la familia con bondad y cariño, vivir la ley de castidad, santificar el día de reposo y vestirse con ropa que no fuera extravagante; cada uno de ellos se volvió a bautizar como símbolo de su determinación de cumplir las reglas.

Con la convicción de que las condiciones eran favorables para establecer la orden unida por toda Sión, Brigham Young mandó a los líderes de la Iglesia que organizaran todas las colonias del sur de acuerdo con el modelo de Saint George. Debido a los temporales y a los malos caminos, el presidente Young no pudo llegar a Salt Lake City a tiempo para la conferencia general de abril, en la cual pensaba explicar la orden unida a toda la Iglesia; por ese motivo, se pospuso la conferencia hasta la primera semana de mayo. Al llegar a Salt Lake City, el Profeta puso de inmediato manos a la obra para llevar a efecto la orden unida en los barrios de esa ciudad. Durante los cuatro días de la conferencia general se predicaron más de una docena de sermones que explicaron todos los aspectos favorables de la orden unida27.

A fines de 1874 había más de doscientas organizaciones de la orden unida establecidas en las colonias de los Santos de los Últimos Días, incluso en las de Idaho, Nevada y Arizona. En las comunidades más grandes, como Ogden, Provo y Logan, había más de una organizada, cada una especializada en un proyecto de producción diferente; Salt Lake City tenía una para cada uno de sus veinte barrios. Siguiendo ese mismo modelo, Brigham City y otras comunidades mantenían una red de industrias cooperativas. De acuerdo con ese sistema, toda persona retenía su propiedad privada además de tener acciones en la cooperativa.

Otra variante de la orden unida era lo que se había establecido en las poblaciones pequeñas, que no tuvieran más de setecientos cincuenta habitantes; en ese sistema, cada uno tenía igual participación en la producción de la comunidad, y todos vivían y comían juntos, como una familia bien organizada. La más conocida de éstas era Orderville, población del condado de Kane, en el sur de Utah, que fue fundada en 1875 por veinticuatro familias; a los cinco años, el número de habitantes había aumentado a setecientos. Cooperando en el trabajo, los moradores “construyeron casas de apartamentos, hechos a la manera de un fuerte, alrededor de una plaza, e hicieron un gran salón comedor en el centro”28. También construyeron talleres, panaderías y graneros, y establecieron granjas, huertos, lecherías, cría de ganado y varias empresas manufactureras, incluso una fábrica de muebles. Toda la gente usaba el mismo estilo de vestimenta, confeccionada en Orderville, y la única forma en que una persona podía mejorar su situación era que la de todos mejorara. Durante diez años, esta población fue un modelo de cooperación y amor, y el sistema se disolvió sólo debido a la renovada persecución lanzada en 1885 en contra de la poligamia. Los que habían trabajado para establecer Orderville continuaron recordando con sincera nostalgia los sentimientos de felicidad que habían experimentado viviendo en una ordenada comunidad cristiana.

En general, se puede decir que la mayoría de estas organizaciones de la orden no tuvieron el mismo éxito. A causa del egoísmo y la mala administración de algunos, así como las difíciles presiones económicas de toda la nación, para 1877 ya se había abandonado el sistema en casi todos los casos. Algunos continuaron hasta que los problemas políticos de la década de 1880 los forzaron a poner fin al programa.

Sin embargo, hubo varios resultados buenos de este sistema de cooperativas y orden unida que se puso en práctica en Sión durante una década: Los santos aprendieron a depender menos de los productos importados, los cuales, en consecuencia, disminuyeron notablemente; la producción en el hogar y las inversiones en las manufacturas y los comercios locales aumentaron considerablemente; la desigualdad económica entre los miembros de la Iglesia disminuyó, y se desarrollaron nobles cualidades de economía e industriosidad, las que fueron de beneficio para varias generaciones de la Iglesia. Y además, los programas económicos y de autosuficiencia contribuyeron grandemente a la edificación de los templos de Saint George, Logan, Manti y Salt Lake City al proveer mano de obra y materiales para la construcción29.

NOTAS

  1. Citado por Samuel Bowles, en Our New West; Hartford, Conn.: Hartford Publishing Co., 1869, pág. 260.

  2. Véase, de Leonard J. Arrington, Great Basin Kingdom: An Economic History of the Latter-day Saints, 1830–1900; Cambridge: Harvard University Press, 1958, págs. 245–251.

  3. Arrington, Great Basin Kingdom, págs. 246–247.

  4. Joseph Hall, “Railway Celebration at Ogden”, Deseret Evening News, 9 de marzo de 1869, pág. 2.

  5. Véase, de John J. Stewart, The Iron Trail to the Golden Spike; Salt Lake City: Deseret Book Company, 1969, págs. 225–227; de LeRoy R. Hafen, W. Eugene Hollon y Carl Coke Rester, Western America, 3ª ed.; Englewood Cliffs: Prentice Hall, 1970, págs. 405–406.

  6. Journal History of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 20 de marzo de 1869, Departamento Histórico de la Iglesia, Salt Lake City.

  7. Arrington, Great Basin Kingdom, pág. 249.

  8. En Journal of Discourses, 11:139; véase de Leonard J. Arrington, Feramorz Y. Fox y Dean L. May, Building the City of God, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1976, pág. 85.

  9. En Journal of Discourses, 12:301; véase de Arrington, Fox y May, Building the City of God, pág. 90.

  10. Citado por Thomas C. Romney, en The Life of Lorenzo Snow; Salt Lake City: Deseret News Press, 1955, pág. 317; véase de Arrington, Fox y May, Building the City of God, pág. 111.

  11. Este párrafo se ha tomado de la obra de Arrington, Fox y May, Building the City of God, págs. 112–113; véase también la pág. 123.

  12. Brigham Young, en ZCMI First Record Book, Libro de Actas A, pág. 17; citado por Arden Beal Olsen, en “History of Mormon Mercantile Cooperation in Utah”, dis. para doctorado, Universidad de California, 1935, pág. 80.

  13. First Record Book, pág. 19, citado por Olsen, en “History of Mormon Mercantile Cooperation…”, pág. 81.

  14. Olsen, “History of Mormon Mercantile Cooperation…”, pág. 93.

  15. Véase, de Arrington, Great Basin Kingdom, págs. 308–309.

  16. Véase, de Arrington, Fox y May, Building the City of God, págs. 108–109.

  17. “Female Relief Societies”, Deseret Evening News, 6 de diciembre de 1867, pág. 2

  18. Tomado de la obra de Leonard J. Arrington, Brigham Young: American Moses. Nueva York: Alfred A. Knopf, 1985, pág. 351.

  19. “The Church in New Zealand”, Millennial Star, 9 de enero de 1872, pág. 25.

  20. Millennial Star, 30 de enero de 1872, págs. 75–76.

  21. Millennial Star, 20 de febrero de 1872, pág. 125.

  22. Véase Millennial Star, 5 de noviembre de 1872, pág. 714.

  23. En Journal of Discourses, 15:207, 209; tomado de la obra de Arrington, Fox y May, Building the City of God, pág. 135.

  24. Tomado de la obra de James B. Allen y Glen M. Leonard, The Story of the Latter-day Saints. Salt Lake City: Deseret Book Co., 1976, pág. 359.

  25. Tomado de la obra de Arrington, Fox y May, Building the City of God, pág. 137.

  26. Tomado de la obra de Allen y Leonard, The Story of the Latter-day Saints, pág. 362.

  27. Los dos párrafos anteriores se tomaron de la obra de Arrington, Fox y May, Building the City of God, págs. 143, 146, 158–159.

  28. Arrington, Great Basin Kingdom, pág. 334.

  29. Los cuatro párrafos anteriores se tomaron de la obra de Allen y Leonard, The Story of the Latter-day Saints, págs. 363–366.

celebration at wedding of rails

Las locomotoras de las dos compañías ferroviarias, la “Union Pacific” (a la derecha) y la “Central Pacific” (a la izquierda), se encontraron en Promontory Summit, Utah, el 10 de mayo de 1869, para celebrar la finalización de la vía férrea transcontinental colocando una escarpia de oro en la unión.

Estrechándose las manos, en el centro, aparecen Samuel S. Montague (a la izquierda), ingeniero en jefe de la “Central Pacific”, y Grenville M. Dodge (a la derecha), ingeniero en jefe de la “Union Pacific”. Los cálculos que se hicieron de los asistentes varían entre quinientos y tres mil, pero las fotografías indican que habría entre quinientos y seiscientos presentes.

Lorin Farr, alcalde de Ogden, Utah, fue en representación de Brigham Young, que en esa fecha se hallaba en el sur del estado.

Colección propiedad del Museo Union Pacific Railroad.

Historia

Fecha

 

Acontecimientos importantes

1864

Se establece una cooperativa en Brigham City.

1867

Se fortalece la Sociedad de Socorro.

Dic. 1867

Se organiza en Salt Lake City la Escuela de los Profetas.

Oct. 1868

Se inicia el movimiento de cooperativas en toda la Iglesia.

Mayo 1869

Tiene lugar la apertura oficial de la “Zion’s Cooperative Mercantile Institution” [“ZCMI”].

10 de mayo de 1869

Se completa la vía férrea transcontinental en Promontory Summit, Utah.

1869–1870

Se establece la secta apóstata de “godbeitas” o “Nuevo Movimiento”.

Febrero de 1874

Se da comienzo al sistema de la orden unida.

Golden Spike

La famosa escarpia ceremonial de oro para utilizarse en la unión de las secciones de vía férrea fue donada por el señor David Hewes, de San Francisco, y tiene inscripciones en los cuatro lados, con los nombres de los funcionarios ferroviarios y del donador, y con una salutación. Después de la ceremonia, se la devolvieron al señor Hewes, que en 1892 la donó a la Universidad de Stanford.

Foto cortesía de la Sociedad Histórica de Utah.

tithing office

Durante el siglo diecinueve, la oficina de diezmos fue una institución de importancia económica entre los Santos de los Últimos Días. Como en general el diezmo se pagaba en especies o con trabajo, estas oficinas hacían las veces de una tienda de ramos generales donde se podían adquirir productos agrícolas y de manufactura local. La foto muestra la “Tienda y oficina de diezmos Deseret”, de Salt Lake City, en la década de 1860. Se hallaba en el lugar que luego ocupó el edificio conmemorativo José Smith, al este de la Manzana del Templo.

ZCMI

La “Zion’s Cooperative Mercantile Institution” (ZCMI) de Salt Lake City fue la compañía original distribuidora de lo que llegó a ser una operación comercial de todo el territorio. Hace pocos años, la empresa restauró la fachada del edificio original, hecha de hierro forjado.

Eliza R. Snow

Eliza R. Snow (1804–1887) aceptó el Evangelio en 1835. Durante toda su vida fue conocida como la “poetisa de Sión”, pues con sus escritos de inquebrantable fidelidad al Evangelio brindó a los santos consuelo, solaz y esclarecimiento.

La hermana Snow fue la primera secretaria de la Sociedad de Socorro, cuando ésta se organizó en Nauvoo. En Utah, presidió la obra de las hermanas en la Casa de la Investidura. Además, fue la segunda presidenta general de la Sociedad de Socorro, cargo que desempeñó durante veinte años desde 1867.

Deseret alphabet reader

Cubierta de un libro de lectura del segundo año escolar, publicado en el alfabeto Deseret, en la que se ven ejemplos del alfabeto. Un comité compuesto de Heber C. Kimball, Parley P. Pratt y George D. Watt dio comienzo a ese tipo de escritura en 1853, aunque el alfabeto en sí era principalmente obra del hermano Watt. Este libro y otros, incluso el Libro de Mormón, se publicaron antes de 1870.

the old Tabernacle

Antes de la construcción del Tabernáculo abovedado, con el que están familiarizados la mayoría de los Santos de los Últimos Días en la actualidad, los miembros de la Iglesia se reunían en el “viejo tabernáculo”, que aparece en primer plano en la foto. A la derecha estaba la “Enramada del norte”, que cuando hacía buen tiempo daba cabida a una audiencia más numerosa. El 21 de mayo de 1851 comenzó la construcción del primer Tabernáculo, que se terminó y fue dedicado el 6 de abril de 1852 por el presidente Willard Richards; este edificio se demolió en 1870 y en su lugar se construyó el actual Salón de Asambleas.

Henry Grow

Henry Grow (1817–1891), constructor de molinos y de puentes, se convirtió a la Iglesia en 1842. Él fue quien construyó la armazón de la cúpula que forma el techo del Tabernáculo.

Joseph Harris Ridges

Joseph Harris Ridges (1827–1914), artífice que construyó el órgano del Tabernáculo, nació y se crió en Inglaterra, cerca de una fábrica de órganos (su familia se mudó a Australia en noviembre de 1851). La curiosidad que sentía sobre la construcción de dicho instrumento resultó ser una bendición para la Iglesia. El hermano Ridges se bautizó en Australia, el 15 de noviembre de 1853, y luego se trasladó a Utah.

Cuando se inauguró el Tabernáculo, sólo una tercera parte del órgano se había terminado. A través de los años, el órgano se ha reconstruido, se ha convertido a la electricidad y se ha ampliado.

Tabernacle dome under construction

El Tabernáculo, mientras se hallaba en construcción y después de terminado. El techo en cúpula, de estructura única, era resultado de las grandes armazones en forma de puente que se utilizaron para sostenerlo en su ancho de casi 46 m; el edificio tenía una altura de 24 m y medía 76 m de largo.

Tabernacle
William Harrison Folsom

William Harrison Folsom (1815–1901) se convirtió al Evangelio en Nueva York, en 1842. Después de llegar a Nauvoo con los santos, trabajó como ebanista en el Templo de Nauvoo. En la conferencia general de octubre de 1861, en Salt Lake City, fue sostenido como arquitecto de la Iglesia, posición que ocupó hasta abril de 1867 en que él mismo solicitó el relevo; sin embargo, continuó como arquitecto ayudante.

Él fue el arquitecto de edificios como el Teatro de Salt Lake, el municipio, el Tabernáculo y el Templo de Manti, Utah. Fue setenta, miembro del sumo consejo de la Estaca de Salt Lake, consejero en la presidencia de esa estaca, misionero y patriarca.

William S. Godbe

William S. Godbe (1833–1902) se convirtió al Evangelio en Inglaterra, cuando era muy joven. En Utah llegó a ser un comerciante prominente y uno de los hombres más ricos del territorio. Fue concejal de la ciudad y, en la Iglesia, presidente de un quórum de setentas y consejero en el obispado del Barrio Trece.

Cortesía de la Sociedad Histórica de Utah.