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CAPÍTULO SIETE: LA NUEVA IGLESIA EMPIEZA A EXTENDERSE
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CAPÍTULO SIETE

LA NUEVA IGLESIA EMPIEZA A EXTENDERSE

Desde principios de 1830 los Santos de los Últimos Días han reconocido al indio americano como un resto de la casa de Israel a quien se le han hecho grandes promesas. Refiriéndose a ellos como “lamanitas”, un profeta del Libro de Mormón dijo: “Y un día se les persuadirá a creer en su palabra [la de Dios], y a saber de la incorrección de las tradiciones de sus padres; y muchos de ellos se salvarán…” (Alma 9:17). Los santos de 1830 creyeron en estas promesas y, desde los primeros días de la Iglesia, se sintieron inspirados a hacer lo posible porque se cumplieran.

LLAMAMIENTO PARA ENSEÑAR A LOS LAMANITAS

La Iglesia llevaba apenas seis meses de organizada cuando se llamó a Oliver Cowdery, por revelación, para que fuera a los lamanitas y les enseñara el Evangelio (véase D. y C. 28:8). Un tiempo después, Peter Whitmer, hijo, Ziba Peterson y Parley P. Pratt recibieron el llamamiento de ir a ayudarle (véase D. y C. 30:5; 32:1–3). El lugar de destino de los misioneros era “en las fronteras cerca de los lamanitas” (D. y C. 28:9), frase que se interpretó como referente a la línea divisoria entre el estado de Misuri y el territorio de los indios que estaba hacia el oeste. Durante más de veinte años muchas personas habían organizado movimientos de agitación para expulsar a los indios de los estados del este y llevarlos a un lugar que se estableciera como territorio indio permanente en las llanuras que había hacia el oeste. Como resultado de esa agitación, el presidente Andrew Jackson [Presidente del país] había firmado el “Acta de traslado de los indios” menos de cuatro meses antes del llamamiento de los misioneros. Las tribus de los “shawnees” y los “delawares”, del estado de Ohio, previendo esa acción, se habían trasladado ya por sus propios medios alrededor de 1828 ó 1829 y se habían establecido al oeste del límite de Misuri, cerca del río Kansas.

Inmediatamente después de la segunda conferencia de la Iglesia, se comenzaron con ahínco los preparativos para el viaje de los misioneros. Emma Smith y otras hermanas hicieron los arreglos para confeccionarles la ropa que iban a necesitar. Aun cuando la hermana Smith no estaba bien de salud, pasó muchas horas cosiendo ropa apropiada para cada uno de ellos. Los santos de la región de Fayette proveyeron alimentos generosamente; y Martin Harris donó ejemplares del Libro de Mormón para que los misioneros los distribuyeran. Antes de partir, éstos firmaron un acuerdo escrito de que prestarían “atención a todas las palabras y los consejos” de Oliver Cowdery, y se comprometieron a proclamar “la plenitud del Evangelio” a sus hermanos lamanitas1. El 18 de octubre de 1830 partieron en su jornada de más de 2.400 km hacia el oeste.

ÉXITO DE LOS MISIONEROS EN LA RESERVA DEL OESTE

Los misioneros fueron a visitar una tribu de indios “seneca”, muy amistosos, que vivía en la Reserva Cattaraugus, cerca de Buffalo, estado de Nueva York, y estuvieron con ellos lo necesario para darles a conocer el Libro de Mormón y explicarles que era un registro de sus antepasados. “Nos recibieron amablemente y manifestaron gran interés en las nuevas que les comunicamos”, dijo Parley P. Pratt2. Dejándoles dos ejemplares del libro, los misioneros continuaron su camino. Por lo que se sabe, aquellos fueron los primeros indios americanos de esta dispensación que escucharon el mensaje de la Restauración.

Cuando los élderes llegaron a la parte noreste del estado de Ohio, se encontraron en una región conocida como la Reserva del Oeste porque en la época colonial se le había adjudicado al estado de Connecticut con ese nombre. Parley P. Pratt estaba bien familiarizado con ella, pues antes de su conversión a la Iglesia había vivido cuatro años en Amherst, a unos 80 km de Kirtland. Allí, había estudiado religión con Sidney Rigdon, que era un prominente ministro religioso del lugar y presidía un grupo de buscadores, que deseaban retornar al cristianismo del Nuevo Testamento. El señor Rigdon había unido sus esfuerzos a los de Alexander Campbell, un hombre con intereses similares, y ambos habían fundado una secta llamada “Discípulos de Cristo”, conocida también como “campbellitas”. Pero, después que surgieron desacuerdos entre los señores Campbell y Rigdon en cuanto a asuntos doctrinales, éste se apartó y formó su propio grupo religioso, la Sociedad Bautista Reformada. Debido a la amistad que tenía con él, el élder Pratt convenció a sus compañeros de que fueran todos a visitar a Sidney Rigdon, que vivía en Mentor, Ohio; allí, le testificó que la Restauración, en efecto, había tenido lugar, y que incluso se había restaurado la autoridad divina. Oliver Cowdery, que era testigo de la restauración del sacerdocio, le expresó su testimonio de ese acontecimiento que él mismo había presenciado.

El señor Rigdon trató a los misioneros con cordialidad y respeto, pero su conversión no fue inmediata sino que les dijo: “Leeré su libro y veré qué efecto tiene en mi fe”. A continuación, los élderes le pidieron permiso para predicar su mensaje en la iglesia de él. Recibieron el consentimiento, “se publicaron la fecha y la hora de la reunión, y se juntó un considerable número de personas”. Al terminar la reunión, Sidney Rigdon, con una imparcialidad digna de encomio, dijo a la congregación que el mensaje que acababan de escuchar “era de una naturaleza extraordinaria y exigía ciertamente su más seria consideración”; también les recordó la admonición del apóstol Pablo cuando dijo: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21)3.

Los misioneros continuaron en sus labores diligentemente. Amenos de ocho kilómetros de la casa del señor Rigdon estaba el pueblo de Kirtland, donde vivían varios miembros de su congregación. Los élderes fueron al pueblo y predicaron de casa en casa; en todos lados los recibieron con respetuosa atención. Al poco tiempo, algunos feligreses ya estaban convencidos de que ninguno de ellos poseía la autoridad divina indispensable para administrar las ordenanzas del Evangelio y que, por lo tanto, no habían sido bautizados con esa autoridad. Después de mucho estudiar y orar, varias personas, incluso Sidney Rigdon, pidieron a los misioneros que las bautizaran. La noticia de sus prédicas se esparció rápidamente. El élder Pratt relata lo siguiente: “La gente nos acosaba día y noche, hasta el punto de que no teníamos tiempo de descansar ni de estar solos. Se convocaba a reuniones en diversos vecindarios, y a éstas acudían multitudes que solicitaban nuestra presencia; además, miles de personas nos rodeaban diariamente, algunas para que les enseñáramos, otras por curiosidad, unas dispuestas a obedecer el Evangelio, otras para disputar o resistir sus enseñanzas”4.

En las tres semanas siguientes al arribo de los misioneros se bautizaron ciento veintisiete personas. Entre las más prominentes estaban Isaac Morley, Levi Hancock, Lyman Wight y John Murdock, hombres muy conocidos en el lugar y que tendrían una función muy importante en los asuntos futuros de la Iglesia. Al recordar su bautismo y el efecto que había tenido en él, John Murdock escribió: “La presencia del Espíritu del Señor se hizo evidente durante la ordenanza, y salí del agua regocijándome y cantando alabanzas a Dios y al Cordero”5.

Otro de los primeros conversos de Ohio, Philo Dibble, que vivía a unos ocho kilómetros de Kirtland, oyó hablar de una “Biblia de oro” y, por curiosidad, se puso en contacto con los misioneros; después de oír hablar a Oliver Cowdery, creyó y pidió que lo bautizaran. La descripción que él hizo del poder espiritual que se puso de manifiesto al momento de recibir el Espíritu Santo quizás dé la clave del gozo que sintieron tantos de los primeros miembros al aceptar la Restauración:

“Cuando salí del agua, supe que había nacido del agua y del Espíritu, porque mi mente se vio iluminada por el Espíritu Santo.

“…Esa noche, ya en la cama, sentí como si una mano me tocara el hombro izquierdo, e inmediatamente como filamentos de fuego que me invadían todo el cuerpo… Me sentía envuelto en una influencia celestial y no pude dormir por causa del gozo”6.

La breve estadía de los misioneros en la Reserva del Oeste ese mes de noviembre dio frutos inmediatos y duraderos. Las conversiones que tuvieron lugar en Ohio hicieron sobrepasar del doble el número de miembros de la Iglesia en sólo tres semanas. Tal como el Señor lo había prometido en una revelación, diciendo: “Pues he aquí, el campo blanco está ya para la siega; y he aquí, quien mete su hoz con su fuerza atesora para sí, de modo que no perece, sino que trae salvación a su alma “(D. y C. 4:4; véase también 11:3; 12:3). Los élderes ordenaron a Sidney Rigdon y a otros, y los dejaron a cargo del ministerio en ese lugar. Luego, continuaron su viaje hacia las “fronteras de los lamanitas”, acompañados en esa jornada por Frederick G. Williams, que había sido médico en Kirtland antes de su conversión.

UNA VISITA AL PROFETA EN NUEVA YORK

Poco después que los misioneros partieron de Kirtland, Sidney Rigdon y uno de sus amigos, Edward Partridge, decidieron viajar al estado de Nueva York para “averiguar más” sobre los orígenes del Evangelio restaurado que acababan de conocer y aceptar. Lydia Partridge escribió lo siguiente: “Mi esposo creía en parte, pero tenía que ir al estado de Nueva York y ver al Profeta” antes de quedar completamente convencido7. El señor Partridge fue también en representación de otras personas, según Philo Dibble, a quien un vecino le comentó: “Hemos mandado al estado de Nueva York a un hombre para que averigüe si esta obra es verdad; es un hombre que no miente”8.

Al llegar a Manchester, Nueva York, en diciembre de 1830, Sidney Rigdon y Edward Partridge se enteraron de que José Smith vivía con los Whitmer en Fayette, que estaba a poco más de treinta kilómetros de allí. Hablando con los vecinos sobre la familia Smith supieron que la reputación de esa familia había sido impecable hasta el momento en que José Smith dio a conocer su descubrimiento del Libro de Mormón; también se fijaron en el “estado de orden e industria” de la granja de los Smith. Finalmente, encontraron al Profeta en Waterloo, en casa de sus padres, donde Edward Partridge le pidió que lo bautizara. Cuatro días después fue ordenado élder por Sidney Rigdon, su amigo y compañero de viaje9.

Desde el principio, José Smith quedó bien impresionado con Sidney Rigdon y Edward Partridge, y de éste último dijo que era “un modelo de piedad y uno de los grandes hombres del Señor”10. A los pocos días de haberlo bautizado, el Profeta recibió revelaciones con respecto a los deberes y llamamientos de ambos hombres. Debido a la influencia que Sidney Rigdon tenía en sus seguidores, el Señor lo comparó con Juan el Bautista, quien preparó el camino para Jesucristo; su nueva responsabilidad era servir de escriba a José Smith (véase D. y C. 35:4, 20). Y a Partridge lo llamó para predicar el “Evangelio como con voz de trompeta” (D. y C. 36:1). Además, se amonestó a José Smith y a Sidney Rigdon a fortalecer a la Iglesia dondequiera que estuviera, pero “más especialmente en Colesville, porque, he aquí, me suplican con mucha fe” (D. y C. 37:2).

La fe de los santos de Colesville se vio recompensada con una visita del Profeta y de su nuevo amigo, Sidney Rigdon, que en ese lugar manifestó por primera vez el talento de orador que poseía al pronunciar un magnífico discurso, obedeciendo el mandamiento que había recibido por revelación en estas palabras: “…predicarás mi Evangelio y citarás a los santos profetas para comprobar las palabras de él [de José Smith]” (D. y C. 35:23).

Los miembros de Nueva York tuvieron la bendición también de recibir revelaciones doctrinales importantes por medio de José Smith. De junio a octubre de 1830, el Profeta había estado trabajando en una revisión inspirada del libro de Génesis. Él hizo el siguiente comentario: “Entre los santos había mucha conversación y conjeturas sobre libros que se mencionaban y de los cuales aparecían referencias en varios lugares del Antiguo y del Nuevo Testamento, pero que no estaban en ninguna parte. Lo que se comentaba con mayor frecuencia era que se trataba de ‘libros perdidos’; pero parece que la Iglesia Apóstolica [la de Cristo cuando aún vivían los apóstoles] tenía algunos de esos escritos, pues Judas menciona o cita la Profecía de Enoc, séptimo desde Adán”11. Para gran regocijo de la Iglesia, que ya contaba con setenta miembros en el estado de Nueva York, el Señor reveló una porción del antiguo libro de Enoc, en la que aparece una larga profecía sobre el futuro. En ese relato, que se encuentra ahora en el capítulo 7 de Moisés, en la Perla de Gran Precio, el Señor “alentó a su pequeño rebaño y les fortaleció la fe… dándoles en las Escrituras más conocimiento” del que habían recibido hasta entonces12.

EL VIAJE A MISURI

Mientras eso sucedía en Nueva York, los cinco misioneros que iban a predicar a los indios continuaron predicando a todos los que los escucharan en su camino hacia el oeste. Parley P. Pratt escribió: “Algunos sentían el deseo de aprender la plenitud del Evangelio y obedecerlo… Otros estaban llenos de envidia, cólera y mentiras”13.

A unos ochenta kilómetros de Kirtland, en Amherst, estado de Ohio, arrestaron a Parley P. Pratt con una acusación ridícula, lo llevaron a juicio, lo condenaron y le ordenaron pagar una multa. Como no tenía dinero para pagarla, lo encerraron en una posada para pasar la noche. A la mañana siguiente, sus compañeros lo visitaron brevemente y él los alentó a seguir el viaje, prometiéndoles que se reuniría con ellos pronto. El élder Pratt relató lo siguiente de esta experiencia: “Después de estar un rato junto al fuego, vigilado por el oficial de policía, le pedí permiso para salir y me dirigí hacia la plaza pública acompañado por él. ‘Señor Peabody’, le pregunté, ‘¿es usted bueno para las carreras?’ ‘Yo no’, me contestó. ‘Pero tengo un perro buldog grande que corre muy bien y, además, fue adiestrado y me ha ayudado en este trabajo durante varios años. Él derribará a cualquier hombre apenas yo se lo mande’. ‘Bueno, señor Peabody, usted me ha pedido que vaya con usted una milla y le he acompañado en dos. Me ha dado la oportunidad de predicar y de cantar, y me ha proporcionado alojamiento y desayuno. Ahora, debo continuar mi jornada; si usted es buen corredor, puede acompañarme. Le agradezco mucho todas sus bondades, señor. Tenga usted muy buenos días’.

“Así reanudé mi jornada, mientras él se quedaba allí, tan atónito que no fue capaz ni siquiera de mover los pies… No salió de su asombro lo suficiente para ir en mi persecución hasta que yo había recorrido ya como unos doscientos metros… Entonces salió detrás de mí a los gritos, al mismo tiempo que azuzaba al perro para que me atrapara. El mastín, que era uno de los más grandes que he visto en mi vida, salió persiguiéndome enfurecido a toda carrera con el policía tras él, golpeando las manos y azuzándolo, mientras señalaba con el dedo en mi dirección: ‘¡Sca, perro, sca! ¡Agárralo! ¡Túmbalo, te digo! ¡Túmbalo!’ El can estaba a punto de alcanzarme, aprestándose ya para saltarme encima, cuando de pronto, como un rayo, me cruzó por la mente el pensamiento de que debía ayudar al policía dirigiendo al animal, con toda su ferocidad, hacia el bosque que estaba muy cerca de allí. Señalé con el dedo en esa dirección y, golpeando las manos, imité la forma en que el oficial lo azuzaba. El perro redobló la velocidad y pasó a toda carrera junto a mí encaminándose al bosque, mientras tanto yo como el policía, los dos llevando la misma trayectoria, lo apurábamos a grandes voces”.

Después de eludir al oficial y a su perro, el élder Pratt volvió a reunirse con sus compañeros yendo por otro camino. Más tarde, se enteró de que Simeon Carter, a quien le había dejado un ejemplar del Libro de Mormón, así como otras sesenta personas de esa región, se habían bautizado y habían formado una rama de la Iglesia14.

Los misioneros no habían olvidado el cometido que llevaban de enseñar el Evangelio a los indios, y en Sandusky, estado de Ohio, se quedaron varios días con los indios “wyandot”; el hermano Pratt dijo de esa experiencia: “Se regocijaron con las buenas nuevas, nos desearon buen viaje y nos pidieron que les escribiéramos para decirles si habíamos tenido éxito con las tribus que estaban más hacia el oeste”15.

Era pleno invierno cuando los misioneros salieron de Sandusky rumbo a Cincinnati, estado de Ohio, y recorrieron toda la distancia a pie. En los anales de los estados del Medio Oeste norteamericano ese invierno de 1830–1831 [diciembre a marzo en el hemisferio norte] se conoce como “el de la nieve profunda”. Se ha escrito que, a fines de diciembre de 1830, “el frío intenso, los cegadores remolinos de nieve y el cielo plomizo y amenazador se combinaron en esta tormenta paralizando la vida de las praderas. Y así continuó día tras día, implacable, portentosa al principio, aterradora después, convirtiéndose en algo pavoroso al amenazar la vida de hombres y bestias”16. En Cincinnati, Ohio, cinco días antes de Navidad, los élderes abordaron un barco de vapor que iba a Saint Louis. Pero el río Ohio estaba lleno de trozos de hielo que impidieron el avance del buque, obligándolos a desembarcar en Cairo, estado de Illinois, y continuar su camino a pie. “A más de 30 km de distancia de Saint Louis… una terrible tormenta de lluvia y nieve” causó otro atraso de una semana y dejó una capa de nieve que, “en algunas partes, llegaba a casi un metro de altura”.

Los misioneros continuaron lentamente su ardua marcha hacia el oeste, avanzando penosamente a través de la nieve, en la que se enterraban hasta las rodillas, y andando durante días enteros sin techo que los cobijara ni fuego que los calentara, “con el viento helado del noroeste siempre soplándonos en la cara, tan penetrante que parecía que nos arrancaba la piel”, según escribió el hermano Pratt. “El frío era tan intenso que la nieve del lado sur de las casas no se derritió durante seis semanas, ni siquiera en donde daba el sol del mediodía”. Recorrieron cerca de 500 km cargando a la espalda una mochila en la que llevaban la ropa, los libros y algunos víveres; todo lo que tenían para alimentarse era pan de maíz congelado y carne de cerdo cruda. El hermano Pratt comentó que el pan “estaba tan helado que era imposible morder un trozo, sólo se podía roer la corteza”. Durante un mes y medio los élderes tuvieron que soportar agotamiento y penurias en ese viaje desde Kirtland, Ohio, hasta Independence, Misuri. El 13 de enero de 1831, llegaron a Independence, que era la ciudad que estaba más al oeste de toda esa región colonizada de los Estados Unidos17.

LA ENSEÑANZA DEL EVANGELIO

Cerca de la ciudad, los misioneros se alojaron en la casa del coronel Robert Patterson, que estaba en el límite oeste del estado de Misuri, mientras esperaban que el tiempo mejorara. Alrededor del 1º de febrero, Peter Whitmer y Ziba Peterson abrieron una sastrería en Independence con el fin de ganar lo necesario para mantenerse; al mismo tiempo, Oliver Cowdery, Parley P. Pratt y Frederick G. Williams fueron a las tierras de los indios para predicar el Evangelio y presentar el Libro de Mormón18.

Los élderes encontraron una persona interesada en escucharlos: William Anderson, anciano cacique de los “delawares”, que era hijo de un escandinavo y una india; no había querido prestar oído a otros cristianos, pero los misioneros lo persuadieron a que los escuchara a ellos. Unos cuarenta jefes de tribus, sentados cómodamente en la vivienda del cacique, se dispusieron a oír a Oliver Cowdery, a quien se había invitado a dirigirles la palabra. El hermano Cowdery se ganó la confianza de los jefes contándoles del largo y penoso viaje que habían hecho desde el este para llevarles las buenas nuevas del Libro de Mormón; reconoció la situación difícil en que se encontraban por haber sido tiempo atrás muy numerosos y haber quedado reducidos a unos pocos, por haber contado con valiosas posesiones en el pasado, mientras que en el presente tenían escasos bienes. Con gran habilidad, mezcló en la narración la historia del Libro de Mormón, diciéndoles: “Hace ya miles de lunas, cuando los antepasados de los pieles rojas vivían en paz y poseían toda esta tierra, el Gran Espíritu les habló, y les reveló Su ley y Su voluntad y mucho conocimiento a los hombres sabios y a los Profetas que había entre ellos”. Después, les dijo que su historia y las profecías de “los hechos que les acontecerían a sus hijos en los días postreros” estaban escritos en un libro, y les prometió que si recibían ese libro y obedecían sus preceptos, el “Gran Padre” de ellos los haría prosperar otra vez y volver a su pasada grandeza; les explicó que él y sus compañeros habían ido a llevarles ejemplares del libro, que contenía la clave para el éxito futuro de su pueblo. El cacique Anderson les expresó la gratitud que sentía por la bondad de los hombres blancos:

“ ‘Nos da felicidad aquí’, dijo, poniéndose la mano sobre el corazón.

“ ‘Estamos en invierno y somos nuevos en este lugar. La nieve es profunda, nuestros caballos y ganado se mueren, nuestras viviendas son pobres. En la primavera tendremos mucho que hacer: construir casas y cercar tierras para las granjas; pero haremos una casa de consejo y nos reuniremos en ella, y ustedes nos leerán y nos enseñarán más sobre ese Libro de nuestros padres y sobre la voluntad del Gran Espíritu’ ”.

Los élderes continuaron “varios días enseñando al anciano jefe y a muchos más de su tribu”. Día a día aumentaba el interés de sus anfitriones por saber más del Libro de Mormón y, habiéndose enterado de que varios de ellos sabían leer, los misioneros les dieron ejemplares del libro y estos lectores siguieron diseminando la palabra de Dios19.

En esa región, había agentes del gobierno que se encargaban de los asuntos de los indios. Lamentablemente, los misioneros no habían solicitado el permiso que se requería para entrar en los territorios indios y predicar el Evangelio. El agente local (de asuntos indios) les informó inmediatamente que estaban violando la ley, mandándoles cesar en sus prédicas hasta que hubieran obtenido el permiso del general William Clark, que era Superintendente de los Asuntos de los Indios en Saint Louis20. Sin embargo, Parley P. Pratt dijo después que, cuando las nuevas del éxito que tenían los misioneros entre los indios se extendieron por las colonias de Misuri, esto “causó tal envidia y celos en los agentes de los indios y en los misioneros sectarios que se nos mandó salir del territorio indio acusándonos de perturbar la paz e incluso amenazándonos con el ejército si no obedecíamos”21.

En una carta de fecha 14 de febrero de 1831, Oliver Cowdery le explicaba al general Clark que representaba una sociedad religiosa con sede en el estado de Nueva York y deseaba establecer “escuelas para la instrucción de los niños [indios] y también para enseñarles [a los mayores] la religión cristiana”. Esto lo harían, según decía, “sin entrometer[se] ni molestar a ninguna otra misión [religiosa] ya establecida”22. No se sabe si Clark respondió a la carta ni si concedió el permiso, pero los misioneros se establecieron en Independence y predicaron el Evangelio a los colonos que estaban interesados en escuchar.

Entretanto, a Parley P. Pratt se le había dado la asignación de volver al este y conseguir más ejemplares del Libro de Mormón. Después de su partida, los otros misioneros se enteraron de la existencia de los navajo, una tribu grande de indios industriosos que vivían a unos 500 km al oeste de la ciudad de Santa Fe, estado de Nuevo México, y su interés en los indios aumentó23. Pero las circunstancias los obligaron a abandonar los intentos de llevar el Evangelio a otras tribus indígenas.

EVALUACIÓN DE LA MISIÓN

A pesar de que la “misión lamanita” no tuvo mucho éxito en la conversión de los nativos, tuvo en cambio un efecto importante en la historia de la Iglesia; no sólo dio a conocer el Evangelio por primera vez a ese resto de la casa de Israel, sino que también dio una nueva perspectiva a la gran importancia que tenía esa gente a los ojos del Señor.

En cuanto a las conversiones y el efecto inmediato de la misión, el éxito de ésta fue mayor entre los colonos blancos de la “Reserva del Oeste”. Muchas personas que iban a tener una función preponderante en la nueva Iglesia se dejaron atraer hacia la red del Evangelio en Ohio; al cabo de pocos meses, había más miembros de la Iglesia allí que en Nueva York, motivo por el cual, cuando las condiciones en Nueva York empeoraron, el Señor designó Ohio como el lugar para congregarse y para establecer la sede de la Iglesia.

En otro sentido, la misión demostró el poder motivador del Libro de Mormón como medio de convertir almas y como prueba de la fortaleza que la conversión brinda; este libro de Escrituras fue el instrumento para cambiar el curso de la vida de muchas personas.

La “misión lamanita” preparó además el camino para las revelaciones futuras en cuanto a la tierra de Sión, aunque en ese momento no se dieron cuenta de ello. Todavía no se había revelado el lugar preciso del centro de Sión, pero el Señor ya les había indicado a los santos que Sión estaría “en las fronteras cerca de los lamanitas” (D. y C. 28:9). La misión dio experiencia a cinco miembros fieles de la Iglesia que estaban dispuestos a asegurar que aquella era buena tierra.

NOTAS

  1. Carta fechada el 17 de octubre de 1830, que apareció en el periódico Ohio Star, el 8 de diciembre de 1831, pág. 1.

  2. De Parley P. Pratt, hijo, editor, Autobiography of Parley P. Pratt, Classics in Mormon Literature Series, Salt Lake City: Deseret Book Company, 1985, pág. 35.

  3. Véase History of the Church, 1:124; “History of Joseph Smith”, Times and Seasons, agosto 15 de 1843, págs. 289–290.

  4. Pratt, Autobiography of Parley P. Pratt, págs. 35–36.

  5. “An Abridged Record of the Life of John Murdock Taken from His Journals by Himself”, Departamento Histórico de la Iglesia, Salt Lake City, pág. 16.

  6. “Philo Dibble’s Narrative”, Early Scenes in Church History, Salt Lake City: Juvenile Instructor Office, 1882, págs. 75–76.

  7. Relato de Lydia Partridge, citado en el registro genealógico de Edward Partridge, 1878, Departamento Histórico de la Iglesia, Salt Lake City, pág. 5.

  8. “Philo Dibble’s Narrative”, pág. 77.

  9. Véase de Lucy Mack Smith, History of Joseph Smith, ed. por Preston Nibley. Salt Lake City: Bookcraft, 1958, págs. 191–192.

  10. History of the Church, 1:128.

  11. History of the Church, 1:132.

  12. History of the Church, 1:131–133.

  13. Pratt, Autobiography of Parley P. Pratt, pág. 36.

  14. Pratt, Autobiography of Parley P. Pratt, págs. 36, 38–39.

  15. Pratt, Autobiography of Parley P. Pratt, pág. 39.

  16. Eleanor Atkinson, “The Winter of the Deep Snow”, Transactions of the Illinois State Historical Society for the Year 1909, pág. 49.

  17. Pratt, Autobiography of Parley P. Pratt, pág. 40.

  18. Véase, de Warren A. Jennings “Zion Is Fled: The Expulsion of the Mormons from Jackson County, Missouri”, dis. de doctorado, University of Florida, 1962, págs. 6–7; entrevista de A. W. Doniphan, en Kansas City Journal, junio 24, 1881, citado en Saint’s Herald, ago. 1º, 1881.

  19. Pratt, Autobiography of Parley P. Pratt, págs. 42–44.

  20. Véase la carta del mayor Richard Cummins al general William Clark, fechada el 13 de feb. de 1831, William Clark Letter Book, Topeka, Kansas: Kansas State Historical Society, n.d. rollo 2, vol. 6, págs. 113–114.

  21. Pratt, Autobiography of Parley P. Pratt, pág. 44.

  22. Carta de Oliver Cowdery al general William Clark, feb. 14, 1831, William Clark Letter Book, pág. 103.

  23. Véase “Oliver Cowdery”, en History of the Church, 1:182.

Historia

Fecha

 

Acontecimientos importantes

Septiembre–octubre de 1830

Se extiende el llamamiento a los misioneros para predicar a los lamanitas.

Noviembre de 1830

Los misioneros visitan la “Reserva del Oeste” (Ohio) y bautizan a 127 personas.

Diciembre de 1830

Sidney Rigdon y Edward Partridge viajan a Nueva York con el fin de conocer al Profeta.

Diciembre de 1830

Por revelación, José Smith recibe parte del antiguo Libro de Enoc.

Enero de 1831

Los misioneros llegan al oeste de Misuri y empiezan a predicar a los indios que se encuentran en el territorio todavía no organizado.

Febrero de 1831

Parley P. Pratt regresa al este y da un informe de su misión.

Indian territory

El territorio de los indios en la época en que se llevó a cabo la primera “misión lamanita”. Varias de estas “reservas” se apartaron y ocuparon antes de que se pusiera en efecto el “Acta de traslado de los indios”, promulgado en 1830 por el presidente [de los Estados Unidos] Andrew Jackson.

Límite occidental del territorio organizado de los E.U.A.

Río Misuri

Río Arkansas

nación Cherokee

tierras neutrales Cherokee

tierra de los Cherokees

nación Chickasaw

nación Chocktaw

nación Creek

Iowa

Kansas

kickapoos

miamis

Misuri

Río Misuri

Indios de Nueva York

omahas

osages

otoe y misuris

otoes

ottawas

pawnees

peorias y Kaskaskias

potawatomis

quapaws

Río Red

Sauks y Fox, de Minnesota

Sauk y Fox, de Misisipí

nación Seminole

senecas

shawnees

Texas

Territorio no organizado

weas y Piankasha

límite occidental del territorio organizado de los EE. UU.

newspaper clipping

Poco después de haber recibido el llamamiento, los misioneros que iban a los lamanitas firmaron un convenio de cooperación mutua antes de partir de Nueva York. No se ha encontrado el documento original, pero los expertos creen que esta transcripción, que apareció en el Ohio Star de Ravenna, el 8 de diciembre de 1831, es una copia fiel del acuerdo.

Cortesía de la biblioteca de la Universidad Brigham Young.

early missionaries traveling

Cuadro de los misioneros de la “misión Lamanita” avanzando penosamente por la nieve.

map of Ohio land tracts

Algunas cartas constitucionales permitían a las colonias reclamar grandes porciones de lo que se consideraban tierras del oeste. Como se indica en el texto, la “Reserva del Oeste”, de Ohio, tomaba su nombre del hecho de ser parte de las tierras reclamadas por Connecticut en esa región occidental, y consistía en ocho condados del noreste de Ohio.

Ashtabula

Cuyahoga

Geauga

Lago Erie

Lorain

McRon

Medina

Ohio

Canal Ohio-Erie

Río Ohio

Pensilvania

Portage

Trumbull

Virginia

John Murdock

John Murdock (1792–1871) fue misionero, obispo, pionero de 1847, miembro del sumo consejo de Salt Lake y patriarca.

Frederick G. Williams

Frederick G. Williams (1787–1842) era el médico de la familia del profeta José Smith, además de consejero y amigo. Fue siempre muy generoso con sus contribuciones a la Iglesia. Después que él murió, la esposa y el hijo de ambos, con la esposa de éste, emigraron a Utah con los santos.

map of missionary journey

Los misioneros viajaron cerca de dos mil quinientos kilómetros durante el otoño y el invierno de 1830–1831 para llevar el Evangelio a los lamanitas que habían sido reubicados en el Oeste de Misuri. Con excepción de la distancia entre Cincinnati, Ohio, y Cairo, Illinois, para la que tomaron un vapor, el resto del recorrido lo hicieron a pie.

Territorio indio

Misuri

Illinois

Indiana

Kentucky

Ohio

Pensilvania

Nueva York

Río Misisipí

Llegan a Independence el 13 de enero

Independence

En 1831 comienzan la labor entre los indios

Saint Louis

Tormenta durante una semana. La nieve llega a un metro de altura en algunos lugares

Cairo

Prédica a los indios Wyandot

Río Ohio

El hielo los obliga a desembarcar en la desembocadura del río Ohio

Sandusky

Se embarcan en un vapor del río alrededor del 20 de diciembre de 1830

Cincinnati

Incidente con el perro

Amherst

Conversión de Sidney Rigdon y muchos otros

Kirtland

Painesville

Fairport

Prédica a los indios Cattaraugus

Buffalo

Fayette

Comienza el viaje, a fines de octubre de 1830

Primera noticia de la prédica del Evangelio en Ohio, el 16 de nov. de 1830

William Clark

William Clark (1770–1838). Después de regresar de sus osadas exploraciones de las tierras compradas a Francia, con Meriweather Lewis, Clark recibió del presidente Thomas Jefferson el nombramiento de agente de las tribus indígenas que se encontraban en lo que se llamaba entonces el Territorio de Louisiana. Casi todo el resto de su vida fue oficial del gobierno para los asuntos de los indios. En 1822 fue nombrado Superintendente de Asuntos Indios, y ocupaba esa posición cuando Oliver Cowdery le escribió.

Cortesía de la Biblioteca del Congreso.

handwritten letter

La carta que Oliver Cowdery escribió a William Clark el 14 de febrero de 1830, proponiéndole establecer escuelas para los niños indios.

Cortesía de la Sociedad Histórica de la Ciudad de Kansas.