Institute
CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO: LA IGLESIA ALARGA EL PASO
anterior siguiente

CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO

LA IGLESIA ALARGA EL PASO

1Después de la muerte inesperada y súbita del presidente Harold B. Lee, ocurrida el 26 de diciembre de 1973, el élder Spencer W. Kimball pasó a ser el duodécimo Presidente de la Iglesia. En esa oportunidad, dijo humildemente: “En gran parte, continuaremos con el mismo programa que de manera insignificante hemos ayudado a preparar, y, hasta el punto que nuestro talento y habilidades nos lo permitan, le daremos mayor ímpetu para llevar adelante la obra”2. A pesar de sus modestas palabras, la administración del presidente Kimball se iba a destacar en forma sobresaliente por la cantidad de innovaciones de largo alcance que se llevaron a cabo.

LA PREPARACIÓN DE UN PROFETA

Spencer W. Kimball nació en Salt Lake City, el 28 de marzo de 1895. Cuando tenía tres años, su familia se mudó a la parte sudeste del estado de Arizona, donde vivió hasta que recibió el llamamiento de Autoridad General. Desde pequeño aprendió de sus padres la importancia de pagar el diezmo y de ser obediente. A muy temprana edad demostró interés en los asuntos espirituales: memorizó los Artículos de Fe mientras ordeñaba las vacas, leyó las Escrituras a la luz de una lámpara de queroseno y tuvo una asistencia casi perfecta a las reuniones de la Iglesia. Siendo niño todavía, se estableció el hábito de trabajar arduamente, y cargaba el heno junto a los hombres con una horquilla que su padre le había preparado especialmente para él y que tenía el mango corto. En la infancia, tuvo una parálisis facial que se curó con una bendición del sacerdocio; una vez se ahogó, mientras nadaba en el canal, pero pudieron hacerlo revivir; la madre murió cuando él tenía nada más que once años. Las experiencias como éstas le enseñaron paciencia, valor y fe.

Después de ser misionero en la Misión de los Estados del Centro (Estados Unidos), contrajo matrimonio con Camilla Eyring; la pareja tuvo cuatro hijos. El presidente Kimball, que era banquero y hombre de negocios, no tardó en convertirse en uno de los líderes de la comunidad. Cuando lo llamaron como secretario de la estaca, tenía veintitrés años, y apenas unos años más tarde fue consejero en la presidencia de la estaca. En 1938, al crearse la nueva Estaca Mount Graham, él fue su primer presidente, y todavía ocupaba ese cargo cinco años después, cuando recibió el llamamiento al apostolado.

Una llamada telefónica que recibió de Salt Lake City en 1943 cambió completamente el rumbo de su vida. El presidente J. Reuben Clark, hijo, le habló para notificarle que lo habían llamado a integrar el Quórum de los Doce Apóstoles. El élder Kimball comentó después: “Sentí de inmediato mi inhabilidad y limitaciones, y exclamé: ‘¡…hermano Clark! ¡Me parece imposible!’ “Pero en las semanas siguientes arregló sus asuntos, tomando las medidas necesarias para que no hubiera nadie que pensara que él había sido injusto en sus tratos.

El élder Kimball continuó diciendo: “Recuerdo haber leído que Jacob luchó ‘hasta que rayaba el alba’ para recibir una bendición, y les aseguro que durante ochenta y cinco noches he tenido una experiencia similar, luchando por una bendición; ochenta y cinco veces me ha encontrado el alba de rodillas, suplicándole al Señor que me fortalezca y me haga capaz de cumplir esta grandiosa responsabilidad que me ha sobrevenido”3.

Como miembro del Consejo de los Doce, al poco tiempo el élder Kimball dejó sentir su influencia en toda la Iglesia. Fue un miembro destacado del comité que estaba encargado de considerar, valiéndose de la oración, cómo debían emplearse los fondos de los diezmos de la Iglesia. Acausa del interés que desde hacía mucho tenía en los pueblos indios, su nombramiento como presidente del comité de asuntos indios de la Iglesia le era particularmente preciado. Sus magníficos discursos tenían fuerte efecto en los Santos de los Últimos Días; hacía uso de un vívido lenguaje figurado para enseñarles la importancia de la pureza personal, y para suplicarles que cumplieran sus responsabilidades hacia los diversos grupos a los que se conocía como lamanitas.

El élder Kimball se vio aquejado por serios problemas de salud. En 1957, un cáncer de garganta amenazó robarle la voz, y se preguntaba angustiado: “¿Volveré a hablar en la dedicación de otro templo? ¿Volveré algún día a predicar?” No obstante, después de mucho ayuno y oraciones, no fue necesario hacerle una operación tan radical como se había pensado, a pesar de lo cual perdió la mayor parte de las cuerdas vocales; a medida que iba aprendiendo a hablar otra vez, se preguntaba continuamente: “Esta voz tan áspera, ¿no resultará ofensiva para la gente?”4. Pero, al poco tiempo, los santos llegaron a amar, respetar y escuchar la “nueva voz” del élder Kimball.

Otra vez, en 1972, volvió a tener problemas del corazón y fue necesario someterlo a una operación sumamente complicada a corazón abierto. Con la fe de muchas personas y por medio del talento extraordinario de un cirujano que era devoto Santo de los Últimos Días, el doctor Russell M. Nelson, una vez más se le salvó la vida al élder Kimball. Poco antes de la operación quirúrgica, la Primera Presidencia bendijo al doctor Nelson. “Me bendijeron para que pudiera llevar a cabo la operación sin error, que todo saliera bien… porque el Señor me había preparado para hacer esa operación”. La intervención fue todo un éxito y, más adelante, según comentó el élder Nelson, cuando el corazón había empezado a latir otra vez con fuerza y vigor, “El Espíritu me dijo que acababa de operar a un hombre que llegaría a ser Presidente de la Iglesia”5. Pese a los graves problemas físicos que enfrentó, el élder Kimball se convirtió en un ejemplo legendario de interminables horas de servicio devoto y abnegado en la edificación del Reino de Dios. Un lema que tenía bien a la vista sobre su escritorio consistía en la sencilla expresión “Hazlo”. Todas esas experiencias, sin duda prepararon a Spencer W. Kimball para dirigir la Iglesia cuando recibió el llamamiento de hacerlo.

EL COMETIDO DE ALARGAR EL PASO

Al asumir la Presidencia de la Iglesia, Spencer W. Kimball eligió a los mismos consejeros que ya habían prestado servicio con su predecesor; el presidente N. Eldon Tanner, Primer Consejero, había sido consejero de cuatro presidentes, un récord en la historia de la Iglesia. El presidente Tanner no sólo proporcionó inspirados consejos a los santos y una capaz dirección administrativa a la Iglesia, sino que también fue una bendición para la comunidad entera; muchos hombres de negocios y educadores prominentes de Salt Lake City que no eran miembros de la Iglesia lo honraron por su servicio eficaz y abnegado a la comunidad. El segundo consejero del presidente Kimball, el presidente Marion G. Romney, había sido Autoridad General durante más tiempo que cualquiera de los otros miembros de la Primera Presidencia; en 1941, dos años antes de que se llamara al presidente Kimball a integrar el Consejo de los Doce, había sido nombrado entre los primeros Ayudantes de los Doce. Durante más de treinta años su enérgica dirección y sus enseñanzas basadas en las Escrituras habían motivado a los santos a mejorar su bienestar temporal y espiritual.

El élder W. Grant Bangerter relató que, en un seminario para Representantes Regionales realizado en abril de 1974, el presidente Kimball apenas había comenzado a hablar cuando… “Nos dimos cuenta de una sorprendente presencia espiritual… diferente de lo que jamás habíamos escuchado; sentimos como si una corriente eléctrica recorriera nuestro cuerpo… el presidente Kimball estaba abriendo ventanas espirituales y… nos invitaba a… contemplar con él el destino del Evangelio y la visión de su ministerio”6.

En 1974 el presidente Kimball habló durante cuarenta y cinco minutos a los Representantes Regionales, pronunciando un discurso que llegó a ser de los más frecuentemente citados y que estableció el ritmo de su administración:

“…Me parece a mí que el Señor escogió Sus palabras cuando dijo: [el Evangelio debe ir a] ‘todas las naciones’, ‘toda la tierra’, ‘lo último de la tierra’, ‘toda lengua’, ‘todo pueblo’, ‘toda alma’, ‘todo el mundo’, ‘muchas tierras’.

“¡Por supuesto que Sus palabras tienen significado!

“…un mandamiento universal.

“Me pregunto si estamos haciendo todo lo que podemos. ¿Estamos satisfechos con nuestra forma de enseñar a todo el mundo?… ¿estamos preparados para alargar el paso?, ¿para ampliar nuestra visión?…

“Creo que el Señor puede hacer cualquier cosa que Él quiera.

“Mas no existe ninguna razón por la cual el Señor deba abrir puertas si no estamos preparados para pasar por ellas. ¿Para qué va a derribar la cortina de hierro o la cortina de bambú o cualquier otra si todavía no estamos preparados para entrar?

“Creo que tenemos hombres que podrían ayudar a los Apóstoles a abrirlas, hombres de estado, competentes y dignos de confianza, pero… cuando estemos listos para ellos…

“Hace un año estuve en Japón y en Corea, donde… me pareció contemplar en lo futuro un gran movimiento con miles de hombres de gran fortaleza, preparados y ansiosos por salir a la misión en el extranjero… me pareció ver en días futuros grandes cantidades de jóvenes mexicanos y latinoamericanos de América Central y del Sur preparándose para el servicio misional, tanto dentro de su país como en otras naciones, hasta que el ejército de misioneros del Señor cubra la tierra tal como las aguas cubren las grandes profundidades”7.

Cuando el presidente Kimball concluyó su discurso, el presidente Ezra Taft Benson se puso de pie y, con la voz llena de emoción, “expresó los sentimientos de todos los presentes al decir, en resumen: ‘Presidente Kimball… nunca hemos escuchado un discurso como el que acaba de pronunciar usted. En verdad, ¡hay un Profeta en Israel!’ “8

PARA LLEGAR A TODO EL MUNDO

A fin de promover esa expansión del Evangelio por todo el mundo, la Primera Presidencia llamó a David M. Kennedy como consultor especial en asuntos diplomáticos; el hermano Kennedy, que había sido miembro de una presidencia de estaca en Chicago, tenía amplia experiencia para esta importante asignación; había sido presidente de la mesa directiva y funcionario ejecutivo de uno de los bancos de los Estados Unidos que más participaban en negocios internacionales; había sido también Ministro de Hacienda de Estados Unidos, embajador en la Organización del Tratado del Atlántico Norte y embajador general de Estados Unidos. En los años siguientes, cumplió una función vital tratando con los gobiernos de muchas naciones a fin de resolver los problemas que obstaculizaban las actividades de la Iglesia en esos lugares9. Su labor fue fundamental en los arreglos para que los matrimonios maduros prestaran servicio como representantes especiales de la Iglesia en los países donde no era posible todavía realizar la obra misional acostumbrada. Uno de sus logros sobresalientes fue conseguir, en 1977, la personería jurídica y el reconocimiento oficial de la Iglesia en Polonia; esto abrió el camino para que el presidente Kimball hiciera una visita a Varsovia, donde “dedicó la tierra de Polonia y bendijo a su pueblo para que la obra del Señor avanzara allí”10.

En esos mismos años, había otras personas que estaban en negociaciones con el gobierno de Israel, las que llevaron a la Iglesia a hacer el Parque Conmemorativo Orson Hyde, de dos hectáreas, en la ladera oeste del Monte de los Olivos, a cuyo pie está la antigua ciudad de Jerusalén11.

El presidente Kimball recalcó repetidamente la importancia de que todo varón joven fuera digno y se preparara para cumplir una misión. En 1976, la Misión de Capacitación de Lenguas se trasladó a un nuevo complejo edilicio, cerca de la Universidad Brigham Young. En 1978 se cerró la casa de la misión de Salt Lake City y, a partir de entonces, los misioneros de habla inglesa, principalmente los de Estados Unidos y Canadá, recibieron instrucciones en el nuevo local, que recibió un nuevo nombre, Centro de Capacitación Misional; a partir de 1978, se establecieron también centros de capacitación en muchos otros países a fin de mejorar la preparación de los jóvenes locales a los que se llamara para cumplir una misión.

Los grupos de Santos de los Últimos Días de diferentes instituciones universitarias que presentaban espectáculos fueron otro medio eficaz de despertar la buena voluntad de la gente hacia la Iglesia. En 1978, un grupo de la Universidad Brigham Young presentó espectáculos de música y danzas en Polonia y en la Unión Soviética; antes de la gira, los artistas pasaron varias semanas estudiando las costumbres y el idioma de los lugares que iban a visitar a fin de anunciar los números y saludar personalmente a los espectadores después de la presentación, y poder hacerlo en el idioma local. Tenían el deseo de comunicar el espíritu del Evangelio dejando un buen ejemplo e irradiando amor hacia la gente. En ambos países fueron bien recibidos y los espectáculos se grabaron para transmitirlos después por las estaciones de televisión nacionales. Al año siguiente, otro grupo se preparó en forma similar para hacer una gira por la China continental; en este caso, sus presentaciones en los auditorios de concierto más prestigiosos del país, así como otras espontáneas en algunas fábricas, también recibieron demostraciones de mucho aprecio. Otras giras que se llevaron a cabo en los años subsecuentes continuaron sembrando simpatía por todo el mundo12.

Además, los equipos deportivos de la Universidad Brigham Young contribuyeron a ganar amigos para la Iglesia. En el otoño de 1984, los “Pumas” (“Cougars”) de la universidad fueron el único equipo de la liga de fútbol (americano) universitario que permanecía invicto en todo el país, y al final de la temporada los entrenadores de los equipos universitarios y los reporteros deportivos lo clasificaron número uno en la nación. Varios artículos que aparecieron en publicaciones nacionales hablaban favorablemente de los jugadores, de la universidad y de su religión.

La condición mundial de la Iglesia se reflejó en el hecho de que el grupo de Autoridades Generales era cada vez más internacional; entre los que fueron llamados al Primer Quórum de los Setenta por el presidente Spencer W. Kimball había cinco europeos: los élderes Charles A. Didier, de Bélgica; Jacob de Jager, de los Países Bajos; F. Enzio Busche, de Alemania; Derek A. Cuthberth, de Inglaterra; y Hans B. Ringger, de Suiza; el primero de ascendencia oriental, el élder Adney Y. Komatsu; el primero de Asia, el élder Yoshihiko Kikuchi; y dos de Sudamérica, los élderes Ángel Abrea, de Argentina, y Helio da Rocha Camargo, de Brasil. Estos líderes llevaron a los consejos que presiden la Iglesia una percepción directa de los problemas y oportunidades internacionales que la Iglesia enfrenta en las regiones de donde provenían.

EL SACERDOCIO AL ALCANCE DE TODAS LAS RAZAS

Habrá quizás pocos acontecimientos que hayan tenido el impacto que tuvo en la expansión del Evangelio por todo el mundo, la revelación que recibió el presidente Spencer W. Kimball en 1978 por la cual se extendía el sacerdocio a todo varón digno, fuera cual fuera su raza. Desde hacía tiempo, las Autoridades Generales habían estado tratando ese asunto a fondo en las reuniones regulares que se realizaban en el templo. El presidente Kimball iba también al templo con frecuencia, especialmente los sábados y domingos porque podía estar a solas, donde oraba suplicando guía. “Quería estar seguro”, explicó él después13.

El 1º de junio de 1978, el presidente Kimball se reunió con sus consejeros y el Consejo de los Doce y les habló otra vez de la posibilidad de conferir el sacerdocio a los varones de toda raza que fueran dignos; también les expresó la esperanza de recibir una respuesta clara, ya fuera afirmativa o negativa. El élder Bruce R. McConkie, del Quórum de los Doce Apóstoles, relató lo siguiente: “Dicho esto, el presidente Kimball preguntó a los hermanos si alguien deseaba expresar sus sentimientos y opinión. Todos lo hicieron, libre y extensamente. Cada quien expuso su punto de vista y manifestó el sentir de su corazón. Hubo maravillosas expresiones de unidad, solidaridad y acuerdo en el consejo”14.

Después de deliberar durante dos horas, el presidente Kimball pidió al grupo que se uniera con él en una oración y sugirió humildemente que se le dejara ser el portavoz. Él describió así aquel momento:

“Le dije al Señor que si no estaba bien, si Él no quería que ocurriera ese cambio en la Iglesia, yo seguiría siendo leal a Su voluntad todo el resto de mi vida, y que pelearía contra el mundo, si eso era lo que Él deseaba.

“ Pero la revelación y la seguridad me sobrevinieron con tanta claridad que no hubo lugar a dudas”15.

El presidente Gordon B. Hinckley estaba presente en aquella histórica reunión y la describió así: “En la sala se percibía una atmósfera venerable y sagrada. A mí me pareció como si se hubiera abierto un conducto de comunicación entre el trono celestial y el suplicante Profeta de Dios arrodillado y rodeado de sus hermanos…

“Por el poder del Espíritu Santo, todos los hombres que nos hallábamos en aquel círculo sentimos y supimos la misma cosa…

“…Ninguno de los que estábamos presentes en aquella ocasión volvió a ser la misma persona después de eso. Tampoco la Iglesia ha vuelto a ser exactamente la misma…

“De aquella manifestación están surgiendo enormes y eternas consecuencias para millones de personas por toda la tierra…

“…Ello ha abierto grandes regiones del mundo para la prédica del Evangelio sempiterno. Ha hecho posible que ‘todo hombre hable en el nombre de Dios el Señor, el Salvador del mundo’.

“Tenemos motivo para regocijarnos y alabar al Dios de nuestra salvación por haber presenciado este día glorioso”16.

El hermano Anthony Obinna, converso de Nigeria que había orado esperando el bautismo durante trece años, escribió lo siguiente al presidente Kimball después de enterarse de la revelación:

“Nos sentimos felices por las muchas horas que usted pasó en ese cuarto del piso superior del templo suplicando al Señor que nos trajera al redil. Agradecemos a nuestro Padre Celestial por haber escuchado sus oraciones y las nuestras, y [confirmado] por revelación el día largo tiempo prometido… de recibir todas las bendiciones del Evangelio”17.

Apenas cinco meses después de la revelación, se envió a dos matrimonios de experiencia para abrir la obra misional en Nigeria y Ghana, naciones africanas en las que predomina la raza negra.

“En el África negra… la revelación sobre el sacerdocio fue, en efecto, la restauración del Evangelio para sus habitantes… Al cabo de un año, había más de mil setecientos miembros de la Iglesia en África Occidental, distribuidos en treinta y cinco ramas”18.

“Después de sólo nueve años y medio de obra misional, el 15 de mayo de 1988, el élder Neal A. Maxwell organizó la Estaca Aba, en Nigeria, la primera estaca en la cual todos los líderes del sacerdocio eran negros. El élder Maxwell comentó que aquél había sido ‘un día histórico de la Iglesia en esta dispensación…’ (citado en ‘Nigerian Stake’, Church News, 21 de mayo de 1988, pág. 7)”19.

Al considerar cuántas personas se vieron “afectadas por esa revelación —lo que incluye a millones de seres humanos en esta tierra y a billones del otro lado del velo— entendemos por qué dijo el presidente Kimball que había traído ‘cambios y bendiciones de los más grandiosos que hasta ahora se hayan visto’ [Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 451]”20.

LA VOZ DE AMONESTACIÓN

Por ser el Profeta del Señor, Spencer W. Kimball sentía cada vez más que tenía la obligación de levantar una voz de amonestación con respecto a una amplia variedad de temas. Por ejemplo, en las dos primeras conferencias que presidió como Presidente de la Iglesia, recalcó las responsabilidades políticas que tenían los santos de elegir dirigentes prudentes y de obedecer la ley constitucional; aconsejó a los miembros limpiar y reparar sus casas y granjas, plantar huertos, almacenar alimentos (siempre que la ley lo permitiera) y evitar el derroche; también les recordó las virtudes del trabajo, la industria y la economía. Los exhortó a guardar santo el día de reposo y refrenarse de tomar el nombre del Señor en vano; les aconsejó no jugar a las cartas; y les advirtió que no se juntaran con grupos de apóstatas.

Muchas de las enseñanzas del presidente Kimball se concentraban en el tema de la familia; él aconsejó a todos los jóvenes Santos de los Últimos Días que debían casarse y tener hijos, diciendo: “Instamos a todas las personas a que acepten el matrimonio normal como la base de la felicidad verdadera”. Le afligía el creciente número de divorcios y estaba seguro de que el egoísmo era la causa principal de la destrucción de las familias; consideraba el aborto como un mal relacionado con esto. “…Ciertamente, sería difícil justificar el terrible pecado de un aborto premeditado… Colocamos este pecado entre los primeros de la lista de transgresiones sobre las cuales amonestamos vigorosamente a la gente”.

Volvió a afirmar que “la Iglesia continuamente se ha opuesto al uso indebido y perjudicial de las drogas o substancias similares que puedan conducir al enviciamiento, al daño físico o mental, o menoscabar las normas morales”.

El presidente Kimball consideraba que servirse del cuerpo en forma inmoral o impropia es una terrible amenaza a la felicidad familiar. “El cuerpo humano es el hogar sagrado del espíritu que es hijo de Dios, y la manipulación injustificada o la profanación de este sacro tabernáculo sólo pueden causar remordimiento y pesar. Os instamos a que permanezcáis limpios, sin contaminación, inmaculados”. El Presidente habló también condenando el pecado de la homosexualidad, la tendencia “unisex” que intentaba borrar las diferencias entre lo masculino y lo femenino, y la práctica de que las parejas vivieran juntas sin casarse. A pesar de la energía con que denunció esos males, ofreció también esperanza a los que se vieran atrapados en sus redes; ese es el mensaje principal de su conocido libro El Milagro del Perdón, que se había publicado hacía pocos años.

Además, el presidente Kimball hizo particular hincapié en la importancia que tiene la función de la madre: “ ‘La maternidad está casi al nivel de lo divino. Es el servicio más alto y sagrado que pueda prestar el género humano, y coloca a aquella que honre su santo llamamiento a la par de los ángeles…’[“Message of the First Presidency”, Deseret News Weekly Church Edition, oct. de 1942, pág.5]”21. También recalcó la responsabilidad que tienen los padres de enseñar el Evangelio de Jesucristo a sus hijos y de inculcarles las virtudes inherentes del honor, la integridad y la honestidad. “El hogar es el lugar de enseñanza por excelencia. Todo padre debe hablar… a su hijo; toda madre debe hacerlo con la hija. Eso los dejará sin ninguna excusa si llegan a hacer caso omiso al consejo recibido”22.

Hubo pocos asuntos relacionados con la familia que hayan originado más debate en Estados Unidos, tanto entre la gente de la Iglesia como en el resto, que la propuesta de la Enmienda de la Igualdad de Derechos [ERA, en inglés], que procuraba que la ley exigiera dar igual tratamiento a toda persona sin tener en cuenta su sexo. Al principio, parecía una idea muy buena; pero al hacer un análisis más profundo, surgieron ciertas dudas. En 1976, al mismo tiempo que reafirmó la determinación de la Iglesia de que la mujer tuviera iguales oportunidades que el hombre, la Primera Presidencia manifestó su oposición a la enmienda propuesta:

“Afectaría a la familia, la institución básica del género humano…

“Según arguyen algunos expertos en derecho, la aprobación de esta enmienda podría anular muchos de los beneficios que existen para la mujer en los estatutos presentes”23. La Presidencia temía también que la enmienda minara la condición particular de la mujer. A pesar de que la posición de la Iglesia contaba con la aprobación de la mayoría de los Santos de los Últimos Días, hubo una minoría, pequeña pero resonante, que la consideró un atentado contra los derechos femeninos, rehusó aceptarla e incluso organizó algunas demostraciones para perturbar las conferencias generales. Por otra parte, en diversas regiones de los Estados Unidos se formaron grupos de Santos de los Últimos Días para influir en los legisladores y, por otros medios, de conseguir que la opinión pública impidiera la aprobación de la ley.

La Enmienda de la Igualdad de Derechos no se ratificó antes del plazo final, que era en 1981, pero la atención pública siguió concentrándose en la función de la mujer. Aparecían cada vez más artículos en las publicaciones nacionales elogiando a las mujeres que hallaban satisfacción en una carrera profesional y describiendo la función tradicional de ama de casa como una tarea fatigosa y rebajante. Los líderes de la Iglesia percibían claramente la presión que esas opiniones provocaban en las mujeres que eran miembros de la Iglesia; por lo tanto, en 1978 la Iglesia inició reuniones anuales para las mujeres, antes de la conferencia general de octubre. Esas reuniones en el Tabernáculo de Salt Lake City se transmitían, igual que las sesiones del sacerdocio para los hombres, por circuito cerrado a cientos de centros de reuniones de los Estados Unidos y otros países. En la ocasión en que dirigió por primera vez la palabra en una de esas sesiones, el presidente Spencer W. Kimball exhortó a las hermanas a seguir programas de mejoramiento y a tratar de alcanzar niveles más elevados de logros y satisfacción personal, y les dijo:

“Quisiéramos que nuestras hermanas fueran eruditas en las Escrituras, al igual que lo deseamos para los hombres…

“No deben tener ninguna duda acerca de su propio valor individual…

“Mucho se ha dicho ya acerca de lo pesado y confinado del trabajo de la mujer en el hogar. No es así… En cada nueva vida se manifiesta un aspecto divino… [el] medio ambiente adecuado en el que pueda crecer y desarrollarse cada niño es un desafío. El matrimonio es una sociedad; les rogamos que contribuyan a ella en forma total”24. Por haber muchas mujeres que tendrían que enfrentar la dificultad de ganar el sustento para sí mismas o para la familia, los líderes de la Iglesia exhortaron a las hermanas a obtener una educación sin perder de vista su papel principal de madres en el hogar.

Más de veinte mil miembros de la Iglesia se reunieron para la dedicación de los monumentos de la Sociedad de Socorro a la mujer, que tuvo lugar en Nauvoo, Illinois, en 1978; las trece estatuas de bronce se levantan en un parque de casi una hectárea de superficie. “Las estatuas representan diversas facetas de la influencia de la mujer…

“El presidente Kimball hizo el siguiente comentario con respecto al jardín adornado de estatuas: ‘Al recorrerlo, ese jardín nos hace recordar la grandiosa y potente influencia que tiene la mujer en el mundo’”25.

LOS LIBROS CANÓNICOS

Durante el liderazgo del presidente Spencer W. Kimball se agregaron tres partes nuevas a las Escrituras; estas fueron las primeras adiciones que se hicieron en los Libros Canónicos en casi tres cuartos de siglo.

Dos de esas adiciones, que pasaron a ser las secciones 137 y 138 de Doctrina y Convenios, esclarecieron el concepto de la vida después de la muerte. El élder Bruce R. McConkie, del Consejo de los Doce, dijo lo siguiente sobre la importancia de ambas: “El contenido de [las dos revelaciones] ha sido conocido, sus normas se han estado cumpliendo, sus principios se han enseñado extensamente. Pero ahora, en este momento, al agregarlas a las Escrituras oficiales de los santos, se convierten en un nuevo mandamiento, un nuevo pronunciamiento divino tanto para decir como para hacer todo lo requerido en la doctrina de la salvación de los muertos”26. La tercera adición, la Declaración Oficial 2, es el texto de la carta de la Primera Presidencia anunciando que a partir de entonces el sacerdocio estaría disponible para todo varón digno, fuera cual fuera su raza.

Esas revelaciones explicaban más detalladamente el fundamento doctrinal de la obra vicaria por los muertos; de ahí que el agregarlas a las Escrituras fuera un apropiado precedente a la era incomparable de construcción de templos, cuyo resultado fue un aumento en la actividad en los templos, lo cual caracterizó los años finales de la administración del presidente Kimball.

La publicación de nuevas ediciones de las Escrituras en inglés fue el segundo gran paso relacionado con los Libros Canónicos que se dio durante el período administrativo del presidente Kimball. En 1979 apareció una nueva edición de la versión del rey Santiago de la Biblia en inglés; aunque el texto bíblico no se había cambiado, esta edición contenía un sistema mejorado de notas al pie de la página, una selección de la Traducción de José Smith de la Biblia, referencias correlacionadas con otros pasajes de los demás Libros Canónicos, mejores encabezamientos de los capítulos, una Guía Temática y concordancia de 598 páginas, un diccionario bíblico de 194 páginas con explicaciones exclusivas provenientes de la revelación de los últimos días, y un diccionario geográfico y mapas. Dos años después se publicó una edición nueva de la combinación triple —el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio— que se utilizó junto con la nueva edición de la Biblia y contenía muchas de las mismas mejoras que se habían hecho en ella.

Esas publicaciones fueron el resultado de por lo menos diez años de arduo esfuerzo. Había un comité, compuesto por los élderes Thomas S. Monson, Boyd K. Packer y Bruce R. McConkie, que dirigía el trabajo; también los élderes Marvin J. Ashton y Howard W. Hunter prestaron sus servicios por un tiempo. Estos hermanos contaban con la ayuda de un comité de tres profesores de religión de la Universidad Brigham Young, que a su vez tenían la asistencia de cientos de voluntarios. Los que trabajaron en esa tarea testificaron que, en los momentos precisos, se conseguía la persona indispensable con la erudición necesaria para que la obra siguiera adelante. El élder Packer consideraba extremadamente importantes estas ediciones nuevas de las Escrituras, con mejores referencias para el estudio:

“Con el transcurso de los años, estas Escrituras producirán generaciones sucesivas de cristianos fieles que conocerán a Jesucristo y estarán dispuestos a obedecer Su voluntad.

“…la generación futura podrá gozar de la claridad de las revelaciones como nunca nadie lo ha podido hacer…

“A medida que pasen las generaciones, y en la perspectiva de la historia, éste será considerado como el mayor logro durante [el período administrativo] del presidente Spencer W. Kimball…

Estas referencias tomadas de los cuatro Libros Canónicos constituyen la compilación más completa de información acerca de la misión y enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo que se haya realizado en la historia del mundo”28.

Con el constante crecimiento de la Iglesia, el presidente Kimball y otros líderes de la Iglesia fueron adoptando las medidas convenientes para atender a las necesidades de los santos de todo el mundo.

NOTAS

  1. Este capítulo se escribió para el Sistema Educativo de la Iglesia; también se publicó en la obra de Richard O. Cowan, The Church in the Twentieth Century. Salt Lake City: Bookcraft, 1985, págs. 330, 378–398.

  2. “First Presidency Meets with News Media”, Church News, 5 de enero de 1974, pág. 14.

  3. En “Conference Report”, octubre de 1943, págs. 15–16.

  4. Spencer W. Kimball, One Silent Sleepless Night; Salt Lake City: Bookcraft, 1975, págs. 35, 51.

  5. Russell Marion Nelson, From Heart to Heart; Salt Lake City: Russell M. Nelson, 1979, págs. 164–165; citado por Dallin H. Oaks, en “Las bendiciones del sacerdocio”, Liahona, julio de 1987, pág. 35.

  6. En “Conference Report”, oct de 1977, pág. 38; “Un momento especial en la historia de la Iglesia”, Liahona, febrero de 1978, pág. 33.

  7. Véase, de Spencer W. Kimball, “‘Id por todo el mundo’”, Liahona, noviembre de 1974, págs. 3–4; “Cuando el mundo sea convertido”, Liahona, septiembre de 1984, págs. 2–6.

  8. Citado por W. Grant Bangerter, en “Un momento especial en la historia de la Iglesia”, Liahona, febrero de 1978, pág. 34.

  9. Véase “Diplomatic Affairs Consultant Appointed”, Church News, 13 de abril de 1974, pág. 17.

  10. “Poland Dedicated by President Kimball”, Church News, 17 de septiembre de 1977, pág. 3.

  11. Véase “Gardens to Blossom in Israel”, Church News, 29 de octubre de 1977, pág. 3.

  12. Véase “Performers Tour Russia”, Church News, 15 de julio de 1978, pág. 5; “Y Students a Success in China”, Church News, 11 de agosto de 1979, pág.9.

  13. Véase “‘News’ Interviews Prophet”, Church News, 6 de enero de 1979, pág. 4.

  14. Bruce R. McConkie, “La nueva revelación concerniente al sacerdocio”, El sacerdocio; Salt Lake City: Deseret Book Company, 1982, pág. 146.

  15. “‘News’ Interviews Prophet”, Church News, 6 de enero de 1979, pág. 4.

  16. “Priesthood Restoration”, Ensign, octubre de 1988, págs. 70–71.

  17. E. Dale LeBaron, “African Converts without Baptism: A Unique and Inspiring Chapter in Church History”, Brigham Young University 1998–1999 Speeches, 3 de noviembre de 1998, pág. 6.

  18. LeBaron, “African Converts without Baptism…”, págs. 5–7.

  19. LeBaron, “African Converts without Baptism…”, pág. 7.

  20. LeBaron, “African Converts without Baptism…”, pág. 5.

  21. “Pautas para efectuar la obra de Dios con pureza”, Liahona, agosto de 1974, págs. 35, 36.

  22. “Dios no será burlado”, Liahona, febrero de 1975, págs. 30–34.

  23. “First Presidency Opposes ERA”, Church News, 30 de octubre de 1976, pág. 2.

  24. Véase “Privilegios y responsabilidades de la mujer de la Iglesia”, Liahona, febrero de 1979, págs. 140, 146–147.

  25. “Nauvoo Park Honors Women”, Church News, 8 de julio de 1978, pág. 3.

  26. Bruce R. McConkie, “Un nuevo mandamiento: Sálvate y salva a los tuyos”, Liahona, agosto de 1977, págs. 5–6.

  27. “Las Escrituras”, Liahona, enero de 1983, pág. 101.

  28. “Las Escrituras”, Liahona, enero de 1983, págs. 101, 102.

Historia

Fecha

 

Acontecimientos importantes

30 de diciembre de 1973

Spencer W. Kimball pasa a ser el duodécimo Presidente de la Iglesia.

1974

Se da a la Iglesia el desafío de “alargar el paso”.

1976

Se agregan dos revelaciones a los Libros Canónicos.

1976

Se abre en Provo el Centro de Capacitación Misional.

1º de junio de 1978

Una revelación pone el sacerdocio al alcance de todo varón digno.

16 de septiembre de 1978

Se lleva a cabo la primera reunión anual para mujeres.

24 de octubre de 1979

Se dedica en Jerusalén el Jardín Conmemorativo Orson Hyde.

1979

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días publica la nueva edición en inglés de la Biblia, versión del rey Santiago.

1981

Se publica en inglés la nueva edición de la Combinación Triple.

1981

Se establece una red para transmisión por satélite con el fin de emitir los programas de la Iglesia.

Spencer W. Kimball

El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985).

Spencer W. Kimball in Poland

El presidente Spencer W. Kimball dedicó Polonia para la prédica del Evangelio en Varsovia, el 24 de agosto de 1977.

Cortesía de Deseret News.

Orson Hyde Memorial Garden

El 24 de octubre de 1979 fue dedicado el Jardín Conmemorativo Orson Hyde por el presidente Spencer W. Kimball en honor a Orson Hyde, que el 24 de octubre de 1841 ascendió al Monte de los Olivos y ofreció una oración dedicatoria, suplicando que se congregara a Israel para recibir su herencia. Había un cartel que indicaba el lugar antes de que se comenzara el trabajo del parque.

map of Jerusalem

Mapa de Jerusalén.

Camino a Tel Aviv-Jaffa

Camino a Nablus y a Galilee

Sepulcro del Jardin

La nueva puerta

Puerta de Damasco

Pórtico de Herodes

Puerta de Jaffa

Monte Moríah

Puerta del León

Jerusalén(La ciudad vieja)

Puerta de Sión

Puerta del Estiércol

Jardín de Getsemaní

Sitio del jardín conmemorativo Orson Hyde

Monte Scopus

Monte de los Olivos

Camino a Belén y Hebrón

Valle de Cedron

Camino a Betania y Jericó

statue of woman with son
statue of woman praying
statue of woman

El monumento de la Sociedad de Socorro a la mujer consiste en trece estatuas de tamaño natural y está situado en un hermoso jardín que se halla detrás del centro de visitantes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en Nauvoo, Illinois. Ese monumento fue dedicado del 28 al 30 de junio de 1978.

Boyd K. Packer

El élder Boyd K. Packer dijo lo siguiente de las nuevas Escrituras: “El palo o registro de Judá, el Antiguo y el Nuevo Testamento, y el palo o registro de Efraín, el Libro de Mormón (el Otro Testamento de Jesucristo), están ahora entrelazados de tal manera que el estudiar uno nos insta a estudiar el otro; el aprender de uno aclara el conocimiento del otro. Son, sin duda, uno en nuestras manos. La profecía de Ezequiel se ha cumplido”27.

LDS edition of Bible, award certificate

El 15 de octubre de 1982, Max Chopnick, vicepresidente del Comité Secular Nacional Bíblico, presentó a la Iglesia un premio en reconocimiento a su destacado servicio a la causa bíblica. El reconocimiento fue aceptado por el presidente Gordon B. Hinckley.