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CAPÍTULO VEINTIOCHO: UTAH, UN PUEBLO EN EL AISLAMIENTO
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CAPÍTULO VEINTIOCHO

UTAH, UN PUEBLO EN EL AISLAMIENTO

Poco después de haber llegado los santos al Valle del Lago Salado, se sintieron satisfechos por hallarse aislados de sus enemigos y por poder edificar el reino de Dios en paz y a salvo. El 24 de julio de 1847, Brigham Young dijo a los pioneros de la compañía principal: “Si la gente de los Estados Unidos nos dejara tranquilos diez años, no tendríamos que pedirles favor alguno”1. Con el sostén del Señor y mediante su propia industriosidad, los santos establecieron allí un lugar seguro en esos diez años. No obstante, el éxito no fue fácil; surgieron conflictos con funcionarios gubernamentales, y, por otra parte, fue grande el sacrificio que se requirió para congregar a los miembros de la Iglesia en Sión y para colonizar esas regiones.

SE ORGANIZA EL TERRITORIO DE UTAH

En 1848 los líderes de la Iglesia hicieron planes de negociar con el gobierno de los Estados Unidos para que concediera a la región la condición de estado o de territorio. En marzo de 1849 se llevó a cabo una elección con el fin de ratificar a los oficiales para el territorio propuesto, y a principios de mayo ya habían enviado a Washington D.C. una petición de casi siete metros de largo, con 2.270 firmas, proponiendo la creación de un inmenso territorio compuesto de lo que en la actualidad son los estados de Utah y Nevada, porciones de Arizona, Nuevo México, Colorado, Wyoming y Oregón, y una tercera parte de California, incluso una franja angosta sobre el Pacífico que contenía la ciudad portuaria de San Diego.

John M. Bernhisel, que era médico de profesión y un político hábil, fue elegido para llevar a la capital la petición de Deseret. En camino a la ciudad de Washington, se encontró con varios políticos influyentes en el Este y logró que le prestaran considerable apoyo al proyecto. En noviembre de 1849, el hermano Bernhisel se reunió con Wilford Woodruff y con el coronel Thomas L. Kane, buen amigo de la Iglesia. Un año antes, a solicitud de Brigham Young, el coronel había estado en Washington para hablar con el presidente James K. Polk y con otros funcionarios importantes sobre un gobierno territorial para Deseret; pero encontró que la gente de allá tenía una actitud hostil hacia los mormones, y, por lo tanto, recomendó que Deseret solicitara la condición de estado puesto que los funcionarios gubernamentales de los territorios eran nombrados por el presidente.

En consecuencia, le dijo a Wilford Woodruff: “Están en mejores condiciones sin ningún gobierno que se origine en el Congreso que con un gobierno territorial; los oficiales gubernamentales pondrán en juego intrigas políticas para perjudicarlos. Ustedes pueden gobernarse mucho mejor de lo que ellos los gobernarían… No les hace falta tener políticos corruptos de Washington pavoneándose entre ustedes con sus uniformes y sus charreteras para sacarles todo el provecho que puedan”. Y recomendó que Brigham Young fuera el gobernador, porque “no tiene la cabeza llena de libros de leyes ni de tácticas de abogados, sino que posee el poder de analizar correctamente a los hombres y las circunstancias”2.

Cuando el doctor Bernhisel se reunió con el coronel Kane, ya los líderes de Salt Lake City también habían llegado a la conclusión de que debían esforzarse por conseguir que declararan a Utah un estado en lugar de un territorio. Bosquejaron una constitución oficial para el estado de Deseret y un gobierno formado por los funcionarios electos apropiados, entre ellos los integrantes de la Primera Presidencia: Brigham Young para gobernador, Heber C. Kimball para vicegobernador y Willard Richards para secretario de estado. Se eligió a Almon W. Babbitt como delegado ante el Congreso, y él partió en julio con una copia de la constitución; al llegar a Kanesville, Iowa, hizo imprimir el documento, y en el mes de diciembre se encontró con el hermano Bernhisel en la ciudad de Washington.

Lamentablemente, en las esferas gubernamentales nunca se consideró seriamente la solicitud de dar a Deseret la categoría de estado. Tal como lo percibieron inmediatamente el coronel Kane y el doctor Bernhisel, los funcionarios de Washington tenían toda la atención concentrada en el conflicto entre los estados del norte y los del sur, que surgió sobre la cuestión de extender la esclavitud al territorio obtenido en la guerra con México. Desde diciembre de 1849 hasta septiembre de 1850, el Congreso debatió con vigor los asuntos relacionados con la esclavitud y no prestó ninguna atención a la colonia mormona de la Gran Cuenca.

El mejor amigo que tenía la Iglesia en el Congreso era el senador Stephen A. Douglas, de Illinois, que había demostrado amistad a José Smith y a los santos durante el período de Nauvoo. El senador, que era presidente del comité del Senado para asuntos territoriales, recibió amablemente al hermano Bernhisel y le prometió presentar la petición ante la legislatura. El Congreso accedió prontamente a conceder a California, región que progresaba rápidamente, la condición de estado; pero la controversia sobre la esclavitud hacía difícil que se considerara seriamente la misma condición para las regiones de Deseret y de Nuevo México, que contaban con una población muy escasa. Con el fin de apaciguar a los del Sur, que no estaban dispuestos a aceptar más senadores de estados abolicionistas, el senador Douglas decidió solicitar la condición de territorio; también cambió el nombre de Deseret a Utah (por los indios utes que lo habitaban) para no ofender a sus colegas, particularmente al senador Thomas Benton, de Misuri, que decía que el nombre Deseret sonaba muy parecido a “desierto” [“desert”, en inglés]3.

Después de un prolongado debate, el Congreso puso los toques finales a un tratado que se conoció con el nombre de “Compromiso de 1850”, por el cual, entre otros asuntos, se admitía a California en la Unión como “estado libre” (abolicionista) y se daba a Utah y Nuevo México la categoría de territorios con el derecho de decidir por voto de soberanía si llegarían a ser esclavistas o abolicionistas. El 9 de septiembre de 1850, el presidente Millard Fillmore firmó el decreto por el que se creaba el Territorio de Utah. Ni los Santos de los Últimos Días ni los funcionarios federales tenían entonces la menor idea de que ese hecho iba a dar comienzo a cuarenta y seis años de recelos y conflictos antes de que se le concediera por fin a Utah la categoría de estado4.

La habilidad del hermano Bernhisel para ejercer influencia política fue fundamental cuando el presidente Fillmore empezó a considerar el nombramiento de los funcionarios para el nuevo territorio. Al reunirse con el Presidente, le dijo lo siguiente: “Los residentes de Utah no pueden menos que considerar que tienen el derecho, como ciudadanos de los Estados Unidos, de ser gobernados por hombres de su elección, en quienes puedan tener confianza y con quienes tengan unidad de opinión y de sentimientos”5. El presidente Fillmore, por temor a que el Senado no aprobara la lista de funcionarios si todos eran mormones, transigió en elegir para los cargos federales a cuatro miembros de la Iglesia (los hermanos Young, Snow, Blair y Heywood) y a cuatro que no lo eran. Los funcionarios nombrados para el nuevo territorio de Utah fueron: Brigham Young, como gobernador y superintendente de asuntos indígenas; Broughton D. Harris, de Vermont, como secretario; Joseph Buffington, de Pensilvania, como magistrado de la Corte Suprema del Territorio; Zerubbabel Snow, de Ohio, y Perry E. Brocchus, de Alabama, como jueces adjuntos; Seth M. Blair, de Utah, como fiscal general; Joseph L. Heywood, de Utah, como jefe de policía; y Henry R. Day, como agente de los indios.

CONFLICTOS CON LOS QUE NO ERAN MIEMBROS DE LA IGLESIA

En los últimos meses de 1850 y los primeros de 1851, llegaron al Valle del Lago Salado rumores fragmentados de la decisión del gobierno federal. Después de enterarse de que lo habían nombrado gobernador y que tenía la responsabilidad de llevar a cabo un censo y de establecer distritos legislativos, Brigham Young prestó juramento de su nuevo cargo el 3 de febrero de 1851 y puso manos a la obra. En agosto tuvo lugar una votación para elegir a otros funcionarios, entre los cuales el cargo más importante fue el de John M. Bernhisel, como delegado territorial ante el Congreso.

Los nuevos oficiales que no eran mormones llegaron a mediados del año siguiente. El primero fue el magistrado de la Corte Suprema, Lemuel D. Brandebury, que iba en reemplazo de Joseph Buffington después que éste rechazó el cargo; los miembros de la Iglesia lo recibieron amablemente y lo agasajaron con un banquete y algunos bailes, e hicieron lo mismo con los demás funcionarios a medida que fueron llegando. El último en llegar fue el juez adjunto Perry E. Brocchus, que viajó con Orson Hyde y le habló de sus deseos de que lo consideraran para el cargo de delegado territorial de Utah ante el Congreso; al llegar, el 17 de agosto, se quedó decepcionado al enterarse de que el Dr. Bernhisel ya había sido elegido para esa posición.

Casi inmediatamente, empezaron a surgir conflictos entre los funcionarios mormones y los “gentiles”. El secretario territorial, Broughton Harris, acusó a Brigham Young de irregularidades en el proceso del censo y de la elección, los cuales técnicamente no se podían certificar sin la aprobación del secretario. La esposa de Harris, por su parte, se refería groseramente a los hombres mormones y a sus varias esposas diciendo que estaban a la altura de los animales. A causa de su antagonismo, el señor Harris se negó a entregar al gobernador Young el sello territorial y los veinticuatro mil dólares que se habían apropiado para gastos del gobierno.

En septiembre, el juez Perry Brocchus le pidió permiso al presidente Young para hablar en la conferencia general de la Iglesia. Cuando llegó el momento, después de expresar gratitud por la amabilidad y la hospitalidad de los santos, se lanzó en un ataque a los mormones acusándolos de falta de patriotismo y de inmoralidad entre las mujeres (por la pluralidad de esposas). El discurso enfureció a la congregación. A continuación, el presidente Young tomó la palabra y le reprochó al señor Brocchus sus imprudentes comentarios. Más tarde, los dos hombres intercambiaron correspondencia que, en lugar de contribuir a un acuerdo, reveló las diferencias irreconciliables que había entre ambos. En la opinión de los que no eran miembros de la Iglesia, los mormones eran sediciosos por criticar a los Estados Unidos y sus funcionarios, eran extraños e inmorales por sus chocantes ideas sobre el matrimonio, y estaban bajo la dominación política “antiamericana” de sus líderes. Los Santos de los Últimos Días, a su vez, consideraban que era justificado que criticaran al gobierno de los Estados Unidos por no haberlos indemnizado de los daños sufridos en Misuri y por no haber llevado a la justicia a los asesinos de José y Hyrum Smith; no obstante, aclaraban que, a pesar de esas injusticias, continuaban siendo leales a la Constitución.

Los señores Brocchus, Harris, Brandebury y Day partieron de Utah el 28 de septiembre de 1851. Estos “funcionarios fugados”, como les llamaban los santos, fueron a la ciudad de Washington llevando cuentos exagerados sobre los mormones y sobre la práctica de la pluralidad de esposas. Afirmaron que se habían visto forzados a salir de Utah por las acciones ilegales y las tendencias sediciosas de Brigham Young y de la mayoría de los residentes. Previendo esas acusaciones, el gobernador Young escribió al presidente Fillmore explicándole su punto de vista en cuanto a los asuntos del territorio; además, mandó a Jedediah M. Grant a unir sus esfuerzos con los del hermano Bernhisel y el coronel Kane en la ciudad de Washington a fin de representar los intereses de la Iglesia. Después de leer la carta del Gobernador y de llevar a cabo una investigación preliminar, Daniel Webster, el secretario de estado de la nación, ordenó a los funcionarios “fugados” que retornaran o renunciaran a sus respectivos cargos; todos renunciaron6.

Los asuntos territoriales en Utah continuaron progresando; las leyes que previamente había decretado el estado provisional de Deseret se incorporaron oficialmente a la ley territorial. La legislatura creó el condado de Millard, y en honor del Presidente de los Estados Unidos, le dio el nombre de Fillmore a la sede del condado y la designó para ser la futura capital territorial. El acto legislativo más importante, que se votó el 4 de febrero de 1852, le daba jurisdicción, tanto en lo civil como en lo criminal, a los tribunales oficiales de la localidad, que estaban presididos por autoridades de la Iglesia. En consecuencia fue posible, en la mayoría de los casos, que estos tribunales locales substituyeran a los federales, los cuales eran presididos por jueces nombrados por el Presidente de los Estados Unidos. Esa situación continuó en Utah hasta 1874, fecha en que el Congreso revocó el estatuto territorial. Mientras tanto, el presidente Fillmore nombró funcionarios que resultaron más simpáticos a los miembros de la Iglesia porque no los criticaban7.

En el otoño de 1853 ocurrió una tragedia que afligió por igual a los santos y a los gentiles. El capitán John W. Gunnison dirigió a un grupo de agrimensores en un reconocimiento del terreno de Utah para el proyecto de la línea ferroviaria transcontinental. En octubre, una banda de indios vengativos, enardecidos porque los individuos de una caravana de emigrantes que iba a California habían matado a uno de la tribu y herido a otros dos, atacaron a la partida de Gunnison matando a su comandante y a otras siete personas. “Esta tragedia afectó profundamente a las colonias de los mormones, porque todos respetaban y querían” al capitán Gunnison “por su bondad y amabilidad”; y, aun cuando los miembros de la Iglesia no tuvieron nada que ver con las muertes, se corrieron rumores de que los mormones habían planeado y ordenado la ejecución de los asesinatos, lo cual fue en detrimento de la reputación de la Iglesia8.

En 1854, al terminar el período de cuatro años de Brigham Young como Gobernador, el presidente Franklin Pierce se negó a escuchar las solicitudes de los habitantes de Utah para que lo nombrara nuevamente al cargo, y, en su lugar, eligió al coronel E. J. Steptoe para ocupar esa posición. El Coronel se hallaba entonces en Utah con la asignación de estudiar la posibilidad de abrir una ruta militar a través del territorio y de ayudar a capturar a los asesinos de la partida de Gunnison. En lugar de aceptar el puesto de gobernador, el coronel Steptoe firmó una petición para que se volviera a nombrar a Brigham Young, y luego se fue a California. El Presidente ofreció el cargo a otros pero como nadie quiso aceptarlo, al fin volvió a nombrar Gobernador al presidente Young9.

SE APRESURA EL RECOGIMIENTO EN SIÓN

A pesar de la tremenda tarea que significaba edificar una ciudad modelo en su nueva Sión, los líderes de la Iglesia emprendieron otras igualmente difíciles. Pocas eran más importantes que la prédica del Evangelio de Jesucristo y los preparativos para el arribo de los nuevos conversos. La Iglesia tenía la meta de congregar en el Oeste a todos los miembros. Pero la obra misional tuvo tanto éxito en Gran Bretaña primero, y después en otras partes de Europa, que a principios de la década de 1850 los miembros europeos eran más numerosos que los de Utah; por ejemplo, en 1850 había 30.747 miembros en las Islas Británicas y 11.380 en Utah. Al continuar el progreso de la obra misional, la tarea de hacer los arreglos para la emigración de tanta gente se convirtió en una labor de proporciones formidables, especialmente porque la mayoría de los conversos nuevos eran pobres.

No obstante esas dificultades, con la organización del Fondo Perpetuo para la Emigración en 1849, para 1852 ya se habían llevado al valle al resto de los santos que quedaban en los campamentos de Iowa. Después de eso, estuvieron en condiciones de prestar atención a los muchos miles de miembros de la Iglesia que había en Europa; los familiares y amigos de éstos que ya estaban en Utah tuvieron una importante función en la congregación de los santos europeos. Los líderes de la Iglesia exhortaron a parientes y amigos a llevar a las oficinas del Fondo Perpetuo de Emigración, en Salt Lake City, contribuciones de dinero o de artículos para vender; la oficina, a su vez, comunicaba a los agentes del extranjero que mandaran a las personas mencionadas con los gastos pagados por la compañía. Sin embargo, la mayoría de los emigrantes no viajaban con la ayuda del fondo exclusivamente; muchos se pagaban todos los gastos o parte de ellos10.

Con objeto de ayudar a los inmigrantes, el Fondo Perpetuo de Emigración tenía varios agentes a lo largo de la ruta hacia la Gran Cuenca. El agente que estaba en Liverpool, Inglaterra, se encargaba de conseguir los barcos, reunir a los que querían emigrar y darles las debidas instrucciones. En los primeros años, los emigrantes navegaban hasta Nueva Orleans, Louisiana, donde los recibía un representante (agente) y les conseguía pasaje por el río Misisipí hasta la ciudad de Saint Louis, Misuri; allí, otro agente hacía los arreglos para que navegaran por el Misuri una distancia de alrededor de ochocientos kilómetros hasta un puesto intermedio, donde había también un agente que los preparaba para el recorrido por tierra hasta Utah. En 1855 se abandonó la ruta Nueva Orleans–río Misisipí por razones de salubridad a cambio de otra que tenía como puertos de entrada a los Estados Unidos las ciudades de Filadelfia, Nueva York o Boston, y desde allí los inmigrantes viajaban por tren a Saint Louis o a algún otro punto más occidental. En su totalidad, la jornada llevaba entre ocho y nueve meses11.

Durante más de medio siglo de travesías marítimas, los santos “sólo tuvieron un desastre oceánico, el naufragio del buque estadounidense Julia Ann12. Había veintiocho miembros de la Iglesia a bordo del barco, que se hizo a la mar en Australia con rumbo a San Francisco. Al encontrar fuertes vientos que empujaron la embarcación contra un arrecife de coral, cinco personas perdieron la vida. “Los santos y algunos expertos atribuyeron ese extraordinario récord de seguridad a la mano de la Providencia y al hecho de que muchas veces los barcos se dedicaban y se bendecían antes de hacerse a la mar para un viaje de emigración. Varias de esas embarcaciones naufragaron al fin en alta mar, pero nunca mientras llevaban pasajeros mormones”13.

En el verano de 1855 hubo una plaga de langostas que perjudicó seriamente la economía de Utah y, aun con las donaciones de los miembros, el Fondo Perpetuo para la Emigración se vio en graves dificultades. Por consiguiente, los líderes de la Iglesia buscaron la forma de disminuir los costos de inmigración14. En septiembre de 1855, Brigham Young escribió lo siguiente a Franklin D. Richards, Presidente de la Misión Europea: “No nos es posible ahora comprar carromatos y animales de tiro como lo hicimos en el pasado. Por lo tanto, me veo forzado a volver a mi plan anterior, el de hacer carros de mano y dejar que los emigrantes los tiren llevando consigo los suministros necesarios, con una vaca por cada diez personas. Pueden venir casi tan rápidamente, si no más, y a un costo mucho más barato; pueden salir temprano y evitar las enfermedades comunes que llevan al sepulcro a tantos de nuestros hermanos”15. En la conferencia general de octubre de 1855 se leyó una carta de la Primera Presidencia a los miembros dando instrucciones detalladas sobre el viaje con carros de mano, pero éstas no se pusieron en práctica hasta 1856. Se calculaba que el empleo de los carros de mano reduciría los costos de inmigración entre un tercio y la mitad por persona, lo que haría posible que muchos más miembros se trasladaran a Sión con la ayuda del Fondo Perpetuo para la Emigración.

En el transcurso de 1856, la inmigración fue excepcionalmente numerosa; por primera vez, muchos miembros atravesaron las planicies con carros de mano. Llegaban a los puertos del este de los Estados Unidos y desde allí viajaban por tren hasta el final de la línea ferroviaria en Iowa City, Iowa. Después, los agentes encargados hacían los arreglos preparando los carros de mano, que se empujaban o se tiraban, con una carga de entre cuarenta y cinco y doscientos veinticinco kilos de provisiones y ropa. Las tres primeras compañías, dirigidas por hermanos que regresaban de su misión, cruzaron heroicamente a pie las llanuras y llegaron al Valle del Lago Salado entre el 26 de septiembre y el 2 de octubre16. El élder J.D.T. McAllister, que ayudó en los preparativos de la primera compañía, compuso esta alegre canción que los pioneros cantaban mientras llevaban sus carros de mano a través de las planicies:

Oíd, santos de naciones europeas,

disponeos todos a dejar atrás,

junto con otros, vuestra amada tierra,

pues los juicios de Dios pronto vendrán.

Aprestaos a cruzar el agitado mar

antes que el hermoso valle podáis ver;

y con los carros de mano caminar

por las planicies que debemos recorrer.

Estribillo

Unos los empujan y otros de ellos tiran,

y marchamos firmes, subiendo la cuesta,

hacia el valle, alegres por la nueva vida

que tras la jornada allá nos espera.17

Lo mismo que aquellos que los habían precedido, las compañías de carros de mano tuvieron que enfrentar aventuras y pruebas; una de ellas fue el salvamento de Arthur Parker, un niñito de seis años, que ocurrió mientras la primera compañía recorría una ruta entre Iowa City y Florence, Nebraska, que pasaba por bosques. Un día, el pequeño Arthur, que había estado enfermo, se sentó a descansar en el camino sin que nadie lo notara; la compañía siguió su viaje hasta que se topó con una tormenta; entonces se tomó la decisión de acampar rápidamente. Al darse cuenta de que Arthur no estaba con los demás niños, se organizó una búsqueda. Después de dos días de buscar inútilmente, la compañía se vio obligada a seguir adelante debido a que las provisiones ya escaseaban; pero el hermano Parker volvió atrás por el camino en busca de su hijo. Antes de que se fuera, la esposa le dio un chal de color rojo vivo y le pidió que si encontraba al niño muerto, lo envolviera en el mantón, pero que si lo hallaba con vida, cuando estuviera cerca de la caravana, agitara el chal en el aire para que la familia supiera la buena nueva.

El hermano Parker se pasó horas recorriendo de nuevo el camino andado, llamando a su hijo indefenso, buscándolo por todas partes y orando por él; al llegar a un puesto de trueque y correspondencia, se enteró de que la esposa de un granjero lo había encontrado y auxiliado. Durante tres días Ann Parker y sus otros hijos esperaron y velaron, y toda la compañía oró por el niñito; al tercer día, mientras miraba hacia el camino, la hermana Parker divisó al esposo en la distancia y al ver que agitaba el chal, se dejó caer en la arena. Esa noche, durmió por primera vez en seis días18.

Twiss Birmingham, que iba también con esa primera compañía, anotó que la caravana recorría un promedio de cuarenta kilómetros por día tirando de los carros. El 3 de agosto de 1856, escribió lo siguiente en su diario: “Salimos a las cinco, sin haber desayunado, y tuvimos que tirar de los carros a través de unos diez kilómetros de arenales; en algunas partes las ruedas se hundían hasta la caja [del carro]; estaba tan débil de sed y de hambre y tan agotado por el sufrimiento de los forúnculos [abscesos, granos] que tuve que acostarme en el suelo varias veces, y muchos otros tuvieron que hacer lo mismo. Algunos se caían. Me sentí atormentado hoy, tanto, que me parecía que el corazón me iba a estallar; estaba enfermo; y al mismo tiempo, la pobre Kate andaba arrastrándose a cuatro pies, y los niños lloraban de hambre y fatiga. Me vi forzado a poner a unos niños en el carro y a animar a los otros por el camino para que no se quedaran atrás”19.

En octubre de 1856, mientras los miembros de la Iglesia se estaban preparando para la conferencia general, todo el mundo daba por sentado que el arribo de la tercera compañía de carros de mano había sido el último de la inmigración de ese año; pero cuando llegó Franklin D. Richards al valle, dos días antes de la conferencia, les dio la noticia de que había otras dos compañías similares y dos caravanas de carretas tiradas por bueyes, que llevaban suministros, que tenían desesperada necesidad de alimentos y ropa para terminar la jornada. Ambas compañías, la de Willie y la de Martin, habían salido atrasadas de Liverpool, Inglaterra, y se demoraron más en Iowa City esperando que les terminaran los carros de mano; además, como en la construcción de los carros no se había utilizado madera adecuadamente curada, fue necesario hacerles reparaciones mayores en Florence, Nebraska, lo que los demoró aún más.

Uno de los líderes, Levi Savage, había instado a los santos a quedarse en Winter Quarters hasta la primavera, pero los inmigrantes, entusiasmados y al mismo tiempo ignorantes de lo que tenían por delante, votaron por el emprendimiento del viaje. El hermano Savage les dijo: “Hermanos y hermanas, sé que lo que les he dicho es verdad; pero, viendo que quieren continuar, seguiré con ustedes, les ayudaré en todo lo posible, trabajaré con ustedes, descansaré con ustedes, sufriré con ustedes y, si es necesario, moriré con ustedes. Que Dios, con Su misericordia, nos bendiga y nos preserve”20. A principios de octubre los inmigrantes se hallaban haciendo un difícil recorrido en medio de Wyoming, donde las pocas prendas de ropa que llevaban les servían de escaso abrigo en las mañanas heladas21.

Cuando Brigham Young se enteró de que las compañías estaban todavía en las planicies, habló a los miembros que se preparaban a congregarse para la conferencia general, en una reunión que tuvo lugar el 5 de octubre, un día antes de la conferencia, y les dijo:

“El tema es: ‘Hay que traerlos aquí’…

“Pido a los obispos en este día, y no esperaré a mañana ni al día siguiente, que consigan sesenta yuntas buenas de mulas y doce o quince carromatos…

“Os diré que toda vuestra fe, vuestra religión, vuestras declaraciones religiosas no salvarán ni a una sola de vuestras almas en el Reino Celestial de nuestro Dios, a menos que pongáis en práctica estos principios que os enseño. Id y traed a esa gente que se encuentra en las planicies”22. Los miembros respondieron de forma extraordinaria: rápidamente se juntaron dieciséis carretas cargadas de alimentos y otros suministros, y el 7 de octubre partieron hacia el este veintisiete hombres jóvenes y fuertes, con dieciséis tiros de cuatro mulas, llevando las primeras provisiones. Se hicieron otros pedidos de ayuda y ésta se consiguió en todas partes del territorio. Para fines de octubre, se habían despachado doscientos cincuenta tiros que estaban en camino para llevar auxilio a los necesitados23.

Entretanto, las nevadas tempranas habían atrapado a la compañía de Willie a unos cuantos kilómetros de South Pass (paso del Sur), y a la compañía de Martin más atrás, cerca del paso del río North Platte. Al fin, las compañías de rescate encontraron a la de Willie el 19 de octubre, y nueve días más tarde a la de Martin; algunos de los de las partidas de salvamento que buscaban a la compañía de Martin habían regresado, pensando que los inmigrantes tenían que haber hallado algún refugio para pasar el invierno. Los viajeros de ambas compañías estaban helados, abatidos y a punto de morir de inanición; muchos habían muerto ya y, aun después de haberles llegado el socorro, todavía murieron cerca de cien personas más24.

Uno de los primeros en encontrar a la atribulada compañía de Martin fue Ephraim Hanks, un hombre fuerte y resistente que en el camino había matado y carneado un búfalo. Más adelante comentó lo siguiente: “Llegué adonde estaba la desafortunada caravana en el momento en que los inmigrantes acampaban para pasar la noche. La escena que contemplé al entrar al campamento nunca se me borrará de la memoria. Las figuras enflaquecidas y los semblantes demacrados de las pobres víctimas, moviéndose lentamente, mientras tiritaban de frío, para preparar la escasa comida de esa noche era suficiente para conmover el corazón más duro. Cuando me vieron llegar, me recibieron con inexpresable regocijo; y al ver después la provisión de carne fresca que les llevaba, su gratitud no tuvo límites”25.

El traslado de los afligidos inmigrantes al valle fue difícil; muchas de las mujeres eran viudas y muchos niños huérfanos; varios no podían caminar porque se les habían congelado las piernas y los pies. Maggie Pucell, de catorce años, y su hermanita Ellen, de diez, estaban en un estado tal que cuando les quitaron los zapatos y las medias, se les arrancó también la piel; a Maggie pudieron rasparle los pies para sacar todos los tejidos muertos, pero los de Ellen estaban tan congelados que fue necesario amputarle las piernas por debajo de las rodillas. La compañía de Willie llegó a Salt Lake City el 9 de noviembre; la de Martin entró en la ciudad lenta y penosamente el 30 de ese mes y fue recibida por los vítores de los miembros que habían salido a esperarlos. En diciembre llegaron al valle los de las caravanas independientes, que se habían detenido a descansar en Fort Bridger26.

Más de doscientos miembros de las dos infortunadas compañías quedaron enterrados en sepulcros congelados, sin haber podido llegar a Sión. En estas dos murieron más personas que en cualquier otro grupo de inmigrantes que hubiera en los Estados Unidos. El problema no residió en el método de viaje, sino que fue el resultado de la combinación de diversas circunstancias inusitadas e imprevistas. En años subsiguientes la Iglesia auspició el traslado de otras cinco compañías de carros de mano, todas las cuales llegaron al valle sin excesivas dificultades.

SE EXPANDE LA COLONIZACIÓN

Cuando los inmigrantes llegaban a Salt Lake City, por lo general los recibían al salir del Cañón de la Emigración y los llevaban a una manzana de la ciudad a la que se había dado el nombre de Plaza de la Emigración. Allí, Brigham Young u otro líder de la Iglesia les daba la bienvenida, y a continuación los barrios los agasajaban con un banquete bien merecido de celebración. Después de unos días en que los miembros locales los atendían, esos recién llegados eran enviados a otras comunidades o se les daba tierra y trabajo en la zona de Salt Lake City. Especialmente en los primeros años, se les asignaba una localidad determinada, que por lo general se basaba en la relación que hubiera entre las habilidades que poseían ellos y la necesidad que hubiera en cierto lugar de esa aptitud particular. Entre 1847 y 1857 se fundaron y colonizaron más de cien poblaciones27.

Después del trabajo que realizó la compañía exploradora de Parley P. Pratt entre 1849 y 1850, los líderes de la Iglesia empezaron a establecer comunidades a lo largo de lo que se llamó más adelante el “corredor mormón”, sobre la línea de montañas que va en dirección sudoeste hacia el sur de California. Las primeras de esas poblaciones fueron Parowan, una colonia agrícola, y Cedar City, centro de la zona de minas de hierro, ambas fundadas en 1851. Para 1853 ya se habían colonizado casi todos los lugares que la compañía de exploración había recomendado.

La actual ciudad de San Bernardino, en el sur de California, también se fundó en 1851, con el objeto de que sirviera como base de suministros y sitio cerca de un puerto del Pacífico para recibir a los inmigrantes que llegaran por mar. Los élderes Amasa Lyman y Charles C. Rich, del Quórum de los Doce Apóstoles, presidían la colonia, que en 1857 había crecido hasta tener cerca de siete mil habitantes. Los planes que tenían de que los santos europeos viajaran alrededor del Cabo de Hornos, rodeando América del Sur, y pasaran por San Bernardino y el “corredor mormón” hasta llegar a Salt Lake City, nunca se llevaron a cabo, pues no se pudieron contratar barcos para ese recorrido. Sin embargo, hubo algunos miembros de la Iglesia provenientes de Australia, Nueva Zelanda y las islas del Pacífico que pasaron por San Bernardino. Al cabo de un tiempo, Brigham Young pensó que no era prudente tener en California una colonia tan grande de miembros de la Iglesia. En 1857 se pidió a los colonos de San Bernardino que regresaran a Utah, en parte porque se acercaban al territorio tropas federales y en parte porque en la colonia había problemas internos de disensión y conflictos con los vecinos que no eran mormones. Hubo algunos de los residentes que no respondieron a la instrucción del Profeta y se quedaron en California.

La expansión de las colonias se debió también a la obra misional que se realizó entre los indios. Poco después de haberse fundado Cedar City, se mandó algunos grupos para explorar los ríos Virgin y Santa Clara, y en 1854 se enviaron hombres a trabajar entre los indios de esa región. Los misioneros no se limitaron a enseñarles el Evangelio solamente, sino que les ayudaron a edificar casas y a aprender mejores métodos agrícolas. También se asignaron misioneros para establecer misiones entre los indios en Las Vegas, Nevada; en Elk Mountain, sobre el río Colorado y cerca de lo que es hoy la ciudad de Moab, Utah; y en Fort Lemhi, sobre el río Salmon, en la región central del estado de Idaho. La misión de Elk Mountain, aunque gozó de algún éxito entre los indios utes, tuvo que abandonarse en 1855 por una pelea que hubo entre éstos y los navajos, a causa de lo cual unos indios atacaron a los misioneros. En 1858, Brigham Young llamó a los colonos que estaban en Las Vegas y Fort Lemhi para que regresaran; la razón principal para cerrar el fuerte fue un ataque de los indios shoshones en el que mataron a varios misioneros.

La Iglesia estableció dos puestos cerca del lugar en donde se separaban la ruta de Oregón y la ruta mormona, con objeto de vigilar el acceso a Utah desde el Este y de servir como puestos de suministros para los inmigrantes. Brigham Young quería adquirir Fort Bridger, que pertenecía a Jim Bridger, un montañés explorador; pero cuando Orson Hyde fue al fuerte con un grupo de colonos, en 1853, el señor Bridger y sus camaradas se negaron a venderlo. Desilusionados, pero no desalentados, los hermanos establecieron una colonia nueva, Fort Supply, a una distancia de menos de veinte kilómetros al sur de allí; en ese lugar realizaron obra misional entre los indios. En 1855, la Iglesia pudo por fin convencer a los dueños de Fort Bridger, Jim Bridger y Louis Vásquez, que se lo vendieran. Los dos puestos proveían mercancías tanto para los viajeros miembros de la Iglesia como para los que no eran mormones28.

El último sitio distante que se colonizó en esos primeros diez años fue el valle Carson, en el oeste de lo que es actualmente el estado de Nevada (en la década de 1850 era todavía parte del Territorio de Utah). En 1855, Brigham Young mandó al élder Orson Hyde como juez y para que organizara un gobierno de condado, y en 1856 se llamó a unas doscientas cincuenta personas para que fueran a colonizar el hermoso valle y a predicar el Evangelio a los indios y civilizarlos. No obstante, pronto surgieron dificultades con los que no eran miembros de la Iglesia, a quienes les molestaba el predominio político y la influencia cultural de ésta; el descubrimiento de oro en la región fue otro problema que se agregó a los ya mencionados, y en 1857 se disolvió la colonia.

A pesar de las dificultades que había con las colonias distantes, hubo varios factores que influyeron en el éxito que tuvo la Iglesia con la colonización. No era común que las personas, ya fuera en grupo o individualmente, se establecieran por sus propios medios, sino que los lugares se seleccionaban y colonizaban con el auspicio de la Iglesia. El sitio se elegía cuidadosamente para asegurar que los colonos tuvieran agua apropiada, suelo fértil, acceso a otros recursos importantes y protección contra los indios; más aún, los dirigentes de las colonias eran numerosos y eran hombres capaces. Cientos de obispos, élderes que presidían y presidentes de estaca dirigieron la construcción de pueblos y ciudades, actuando como funcionarios civiles al mismo tiempo que eran consejeros espirituales; muchos de ellos desempeñaron su cargo durante una, dos o más décadas. El elemento vital de las colonias eran los miles de inmigrantes que llegaban todos los años. Durante la primera década de Utah llegaron a Sión casi cuarenta mil Santos de los Útimos Días29.

Había entonces diferentes métodos de obtener el personal necesario para las colonias. Uno de ellos era que Brigham Young seleccionaba familias y presentaba sus nombres en la conferencia general, cuando se anunciaba la creación de una colonia nueva; de vez en cuando, también se asignaba a una misión o a una colonia a los hombres ociosos que se reunían en las calles. Por ejemplo, en el invierno de 1855 a 1856, mientras los tribunales estaban en sesión, una cantidad de hombres llenaron la sala del tribunal para observar; había otros por los alrededores que tampoco parecían tener nada que hacer. Cuando esto siguió repitiéndose durante varias semanas, Brigham Young envió a su secretario, Thomas Bullock, “para anotar sus nombres, con el propósito de asignarles una misión, si es que no tenían nada más importante que hacer”. De esa lista de nombres, el presidente Heber C. Kimball eligió a treinta hombres para que fueran a Las Vegas, cuarenta y ocho para Fort Bridger y Fort Supply y treinta y cinco para Fort Lemhi; a otros se les asignó trabajar en la extracción de plomo, cerca de Las Vegas, o ir a las Indias Orientales. A veces las autoridades de la Iglesia nombraban a los líderes y los facultaban para elegir y conseguir a las familias. No todos brincaban de entusiasmo ante las asignaciones, pero la mayoría aceptaban los llamamientos y los recibían como una prueba de su dedicación religiosa30.

Los líderes para dirigir las nuevas colonias se elegían concienzudamente y se seleccionaban los colonos de acuerdo con el talento y las habilidades que se necesitaran para construir un pueblo; los granjeros eran el elemento humano principal en la mayor parte de las colonias, pero también se necesitaban carpinteros, constructores de molinos, mecánicos, ebanistas, revocadores, pintores, ladrilleros, albañiles, constructores de represas, tejedores, sastres, curtidores, agrimensores, carniceros, panaderos, maestros, músicos, constructores de carretas, carreteros y otros oficios. La colonia se planeaba de manera que fomentara la vida social y la actividad religiosa; la manzana central se apartaba para un centro de reuniones, que servía al mismo tiempo de iglesia y de escuela; generalmente las poblaciones se delineaban con manzanas cuadradas separadas por anchas calles. Toda familia contaba con un terreno en el pueblo para tener un jardín, un pequeño huerto y galpones (cobertizos) para aves y ganado, pero las labores principales de agricultura y ganadería se realizaban fuera de la población31.

Las mujeres que iban a las poblaciones nuevas fueron las heroínas anónimas de la obra de colonización. En la mayoría de las comunidades de miembros de la Iglesia, había un número casi igual de hombres y de mujeres; éstas tenían la habilidad de hacer la mayor parte de las tradicionales tareas de los hombres, además de las acostumbradas tareas domésticas. Las hermanas trabajaban junto a su marido construyendo viviendas, haciendo chimeneas, remendando rajaduras, cubriendo de barro el exterior de las casas de troncos, y revocando y pintando las paredes interiores. Cavaban para abrir canales de irrigación, araban los campos, sembraban, cosechaban, cortaban leña, emparvaban heno y cuidaban y ordeñaban las vacas.

Muchas veces, la mujer mormona tenía una carga mayor que la de otras pioneras de la época, porque era frecuente que los hombres (maridos, padres, hermanos) estuvieran lejos cumpliendo una misión u otra asignación de la Iglesia, y la administración de las propiedades familiares recaía sobre la mujer y los hijos mayores; todo ello agregado a las obligaciones normales de cocinar y envasar, de secar fruta, moler trigo, lavar ropa, planchar, hacer acolchados, coser, remendar, hilar, tejer, hacer jabón y azúcar, preparar bodas, asistir a funerales, mantener en buen estado la casa y embellecerla, criar a los hijos y atender a los deberes de la Iglesia. Algunas incluso hacían trabajos particulares en su casa para ayudar a la economía del hogar: cosían, lavaban ropa, y hacían mantequilla, quesos, fruta desecada, alfombrillas, zapatos, sombreros, hilo géneros, pabilos y velas para vender; otras trabajaban de maestras o de parteras. Puesto que muy pocas familias se bastaban a sí mismas, las hermanas cooperaban unas con otras en las colonias32.

EL CRECIMIENTO DE LA IGLESIA EN LOS PRIMEROS TIEMPOS DE UTAH

Durante toda la primera década que pasaron los santos en Utah, mientras se establecían alrededor de cien colonias nuevas, Salt Lake City se fue convirtiendo en un centro importante. Se había planeado y diseñado para ser el foco de una mancomunidad religiosa en la Gran Cuenca, y era única en su género en el Oeste por la distribución equitativa de sus tierras, por sus granjas y manadas comunitarias, por las obras públicas, lo organizado de la inmigración y el empleo prudente y controlado de los recursos naturales. Se distinguía también porque, al dar prioridad a la conveniencia del público sobre la ganancia de dinero en la venta de terrenos públicos selectos, se había hecho posible la construcción de calles de una anchura poco común.

Las conferencias generales se llevaban a cabo dos veces por año en Salt Lake City, y muchos miembros viajaban cientos de kilómetros para asistir. Esas conferencias les daban la oportunidad de reunirse y de hacer vida social, y con el tiempo se convirtieron en uno de los símbolos destacados de la unidad de los Santos de los Últimos Días; se llevaban a cabo en el viejo tabernáculo, que dedicó el presidente Willard Richards el 6 de abril de 1852; este edificio también se utilizaba para reuniones dominicales a las que asistían Brigham Young y otros líderes de la Iglesia. La mayoría de los discursos pronunciados en la conferencia general y en las reuniones de los domingos se publicaban en el periódico oficial de la Iglesia, el Deseret News, fundado en 1850; después de 1854, muchos de esos discursos se recopilaban anualmente en Inglaterra, en el Journal of Discourses.

Para contribuir a la autosuficiencia de los santos, que era su objetivo, Brigham Young hizo construir casas de diezmo o almacenes del Señor en todas las comunidades; éstos servían como tiendas de suministros generales para los miembros. Muchas personas donaban un día de labor por cada diez para trabajar en diversos proyectos de obras de la Iglesia; pero lo más común era el pago del diezmo en especie: los granjeros llevaban aves, huevos, ganado, verduras y artículos de fabricación casera a la casa del diezmo, y unos dos tercios de lo que se recibía en las oficinas locales se enviaba a la oficina del diezmo en Salt Lake City donde se utilizaba para lo que se pudiera necesitar en general en la Iglesia.

Desde que se establecieron en la Gran Cuenca, los miembros demostraron el interés que tenían en la educación y la cultura. Durante el primer invierno que pasaron en el valle, se dio una clase escolar a los niños en una tienda de campaña. Más adelante, los líderes de la Iglesia aconsejaron a los barrios que cada uno fundara una escuela. En 1850, la legislatura del estado provisional de Deseret creó la Universidad Deseret; ese mismo año se organizó la Asociación Teatral Deseret, que presentaba varias obras anualmente. En 1852, Lorenzo Snow organizó la Sociedad “Polisófica” con el fin de animar a la gente a estudiar y desarrollarse en todos los aspectos del intelecto y de la acción; al no ocurrírsele un nombre apropiado para la organización, él mismo inventó la palabra “polisófica”.

“La sociedad se reunía semanalmente en la casa del hermano Snow, donde se ofrecía a los miembros una vasta gama de instrucción intelectual en la que se incluían comentarios sobre temas científicos y filosóficos, selecciones de música vocal e instrumental, lecturas, poemas y ensayos. Y no era raro que algunas partes del programa se presentaran en otro idioma que no fuera el inglés”33. En general, el centro de la vida social era el barrio; las reuniones sociales, los bailes, las obras de teatro y en algunos lugares los clubes musicales del barrio contribuían a crear un sentido de unidad entre los santos. En la década de 1850 se organizaron también otras asociaciones como la Sociedad Deseret de Agricultura y Manufactura, la Asociación Teológica Deseret y la Sociedad de Horticultura.

La organización de la Iglesia, por su parte, también se adaptó a la creciente comunidad de los miembros de Utah. Todas las colonias tenían por lo menos un barrio presidido por un obispo, que era quien supervisaba las actividades temporales y las espirituales de la comunidad. Los domingos se llevaban a cabo las reuniones de predicación, y un jueves por mes tenía lugar la reunión de ayuno, ocasión en la cual se pedía a los miembros que donaran lo que hubieran ahorrado ayunando. Se empezó a hacer la “enseñanza vecinal”; los maestros de vecindario eran adultos del Sacerdocio Aarónico o maestros en funciones del Sacerdocio de Melquisedec que visitaban a las familias del barrio y las exhortaban a las buenas obras. Por aquella época, generalmente los jovencitos no se habían ordenado al Sacerdocio Aarónico, pero en enero de 1854 Wilford Woodruff escribió lo siguiente: “Acá en Sión hemos comenzado ahora a ordenar a nuestros hijos jovencitos al Sacerdocio Menor”34.

El acontecimiento religioso más notable de la década de 1850 fue la reforma de 1856–1857. Mientras se establecían las comunidades nuevas, en medio de la lucha que tenían por la supervivencia en esas regiones deshabitadas, muchos miembros de la Iglesia se habían abandonado a una especie de letargo espiritual; durante los primeros diez años en el Oeste, la mayoría de ellos se concentraron en los problemas temporales, descuidando los asuntos espirituales. En 1856, cuando se combinaron los efectos de la incesante inmigración, de la terrible sequía y de la plaga de langostas de 1855 para amenazar la estabilidad económica de Utah, se hizo muy evidente lo importante que era hacer una reforma; muchos miembros andaban vestidos de andrajos y se hallaban al borde de la inanición. Los líderes de la Iglesia explicaron que esas condiciones se debían en parte al descuido de los santos en obedecer los mandamientos35.

En 1856, la Primera Presidencia inició un movimiento de reforma, por el cual los líderes de la Iglesia recorrían el territorio predicando el arrepentimiento con un fervor nunca visto. Jedediah M. Grant, el Segundo Consejero, conmovió particularmente a muchas congregaciones con sus discursos entusiastas; había misioneros especiales de la reforma que predicaban y llamaban a la gente al arrepentimiento; los “maestros vecinales” llevaban a los hogares una lista de preguntas sobre la conducta moral. Por todas partes se instaba a los santos a renovar su dedicación al Señor y a Sus mandamientos, y lo demostraran volviendo a bautizarse. Los líderes de la Iglesia dirigían el movimiento. El presidente Wilford Woodruff describió así esa reforma:“El Espíritu de Dios es como un fuego entre los líderes de este pueblo, que están arrojando entre la gente las flechas del Todopoderoso. J.M. Grant va podando con una aguzada espada de dos filos y llamando a la gente a grandes voces para que despierte y se arrepienta de sus pecados. Los élderes que han regresado están llenos del Espíritu Santo y del poder de Dios”36.

La reforma tuvo un efecto beneficioso sobre los miembros de la Iglesia, pues la religión y la moral volvieron a ocupar un lugar preponderante entre ellos. Cuando rescataron a las compañías de carros de mano que estaban en dificultades, demostraron que se interesaban y se preocupaban sinceramente los unos por los otros y que les era posible organizarse para ayudar en casos de emergencia. Al llegar el verano de 1857 (a mediados del año), diez años después de haber llegado a la Gran Cuenca, la Iglesia estaba otra vez sobre un fundamento sólido e iba logrando los objetivos por los cuales había sido restaurada.

NOTAS

  1. En Journal of Discourses, 5:226.

  2. Citado en Wilford Woodruff Journals, después de lo escrito el 31 de diciembre de 1849, Departamento Histórico de la Iglesia, Salt Lake City.

  3. Véase “Journal History of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints”, marzo 5, 21 y 27 de 1850, Departamento Histórico de la Iglesia, Salt Lake City.

  4. Párrafo tomado de la obra de Eugene E. Campbell, “Governmental Beginnings”, citado por Richard D. Poll y otros ed. en Utah’s History, 2a ed. Logan, Utah: Utah State University Press, 1989, pág. 157.

  5. En “Journal History of the Church”, 16 de septiembre de 1850.

  6. Véase de Joseph Fielding Smith, Elementos de la historia de la Iglesia, págs. 50–506.

  7. Tomado de la obra de Campbell, “Governmental Beginnings”, págs. 163–164.

  8. Véase de Smith, Elementos de la historia de la Iglesia, pág. 522, Nota.

  9. Tomado de la obra de Campbell, “Governmental Beginnings”, págs. 164–165.

  10. Tomado de la obra de Gustive O. Larson, “Mormon Gathering”, citado por Poll en Utah’s History, pág. 180.

  11. Tomado de la obra de Larson, “Mormon Gathering”, pág. 180; James B. Allen y Glen M. Leonard, The Story of the Latter-day Saints. Salt Lake City: Deseret Book Co., 1976, pág. 284.

  12. Conway B. Sonne, Saints on the Seas: A Maritime History of Mormon Migration, 1830–1890; Salt Lake City, University of Utah Press, 1983, pág. 78.

  13. Sonne, Saints on the Seas, pág. 58.

  14. Tomado de la obra de Allen y Leonard, The Story of the Latter-day Saints, pág. 284.

  15. “Foreign Correspondence”, Millennial Star, 22 de diciembre de 1855, pág. 813.

  16. Tomado de la obra de Larson, “Mormon Gathering”, pág. 181.

  17. Citado por LeRoy R. Hafen y Ann W. Hafen, en Handcarts to Zion; Glendale, California: Arthur H. Clark Co., 1960, pág. 272.

  18. Véase Treasures of Pioneer History, 6 tomos; Salt Lake City: Daughters of Utah Pioneers, 1952–1957, 5:240–241.

  19. “To Utah—By Hand”, American Legion Magazine, citado por Eliza M. Wakefield, en The Handcart Trai;, Sun Valley Shopper, 1949, pág. 13.

  20. Citado por Hafen y Hafen, en Handcarts to Zion, págs. 96–97.

  21. Tomado de la obra de Larson, “Mormon Gathering”, pág. 182.

  22. “Remarks”, Deseret News, 15 de octubre de 1856, pág. 252.

  23. Tomado de la obra de Hafen y Hafen, Handcarts to Zion, págs. 124–125.

  24. Tomado de la obra de Hafen y Hafen, Handcarts to Zion, pág. 135.

  25. Hafen y Hafen, Handcarts to Zion, pág. 135.

  26. Tomado de la obra de Hafen y Hafen, Handcarts to Zion, pág. 138.

  27. Tomado de la obra de Allen y Leonard, The Story of the Latter-day Saints, págs. 285–286.

  28. Los cuatro párrafos anteriores se tomaron de la obra de Allen y Leonard, The Story of the Latter-day Saints, págs. 266–267.

  29. Los dos párrafos anteriores se tomaron de la obra de Eugene E. Campbell, “Early Colonization Patterns”, citado por Poll en Utah’s History, págs. 144, 149.

  30. Carta de Heber C. Kimball a su hijo William, en “Foreign Correspondence”, Millennial Star, junio 21 de 1856, pág. 397.

  31. Tomado de la obra de Allen y Leonard, The Story of the Latter-day Saints, pág. 269.

  32. Véase de Ann Vest Lobb y Jill Mulvay Derr, “Women in Early Utah”, citado por Poll en Utah’s History, págs. 337–356.

  33. Francis M. Gibbons, Lorenzo Snow: Spiritual Giant, Prophet of God; Salt Lake City: Deseret Book Company, 1982, pág. 73.

  34. Wilford Woodruff Journals, 31 de enero de 1854.

  35. Los seis párrafos anteriores se tomaron de la obra de Allen y Leonard, The Story of the Latter-day Saints, págs. 272, 275–279.

  36. Wilford Woodruff Journals, 9 de octubre de 1856.

Historia

Fecha

 

Acontecimientos importantes

1847–1857

Los santos establecen más de cien colonias en el Oeste.

Septiembre de 1850

Utah pasa a ser un territorio y se nombra gobernador del mismo a Brigham Young.

Septiembre de 1851

Los funcionarios “fugados” nombrados por el gobierno abandonan sus puestos y se van de Utah.

Verano de 1855

La sequía y una plaga de langostas perjudican la economía de Utah.

Otoño de 1856

Comienza la “reforma” religiosa.

Octubre a noviembre de 1856

En un rescate heroico se salva a las compañías de carros de mano de Willie y de Martin.

John M. Bernhisel

John M. Bernhisel (1799–1881) nació y se crió en Pensilvania, en cuya universidad estudió medicina. Después de convertirse a la Iglesia, en 1841 recibió el llamamiento de obispo en Nueva York.

Una vez que los miembros de la Iglesia se establecieron en las Montañas Rocosas, el hermano Bernhisel fue elegido para representarlos como delegado ante el Congreso de los Estados Unidos, cargo que desempeñó durante cuatro períodos electorales consecutivos (de 1851 a 1859). En 1861 volvieron a elegirlo, y ocupó el puesto hasta 1863, año en que se retiró como funcionario público.

Thomas L. Kane

Thomas Leiper Kane (1822–1883) fue durante casi cuarenta años un gran filantropista que ayudaba a los que estaban en prisión, a los cuáqueros y a los miembros de la Iglesia. De 1861 a 1863 peleó en la guerra civil, del lado de la Unión (los estados abolicionistas), y fue herido varias veces.

Cuatro meses después del fallecimiento de Thomas L. Kane, causado por una pulmonía, el élder George Q. Cannon efectuó por él la obra del templo en el Templo de Saint George, Utah.

map of Deseret

El proyectado estado de Deseret.

Oregon

Idaho

Wyoming

California

Utah

Colorado

Arizona

Nuevo México

Reducción de 1861 (entregado a Nevada)

Reducción de 1862 (entregado a Nevada)

Reducción de 1866 (entregado a Nevada)

Reducción de 1868 (entregado a Wyoming)

Reducción de 1868 (entregado a Wyoming)

Reducción de 1866

Río Colorado

Estado de Deseret, 1849.

Territorio de Utah, 1850.

Reducciones posteriores, hast

old state capitol in Fillmore, Utah

Al principio, los líderes de la Iglesia preferían tener la capital del territorio en una localidad central, por lo que en octubre de 1851 eligieron Fillmore. El edificio del capitolio, diseñado por Truman O. Angell, comenzó a construirse en diciembre de ese año, pero en marzo de 1857 sólo se había terminado el ala sur.

La legislatura territorial se reunió por primera vez en este edificio, en diciembre de 1855, pero solamente esa sesión se llevó a cabo en Fillmore pues se decidió continuar las sesiones en Salt Lake City hasta que el gobierno federal proveyera los fondos necesarios para terminar la construcción.

Si se hubiera conseguido el dinero y se hubieran puesto en práctica los planes del presidente Young, el edificio habría tenido cuatro alas conectadas por una rotonda con cúpula. La parte construida se ha utilizado como lugar de reuniones religiosas, escuela, centro cívico de la ciudad y el condado, como teatro, cárcel, sala de bailes y, finalmente, museo.

Courtesy of Utah State Historical Society

world map with sea routes

Rutas marítimas de la emigración de los mormones.

Asia

América del Norte

América del Sur

África

Europa

Australia

Calcuta

Sydney

Melbourne

Auckland

Naufragio del Julia Ann

Islas de la Sociedad

Honolulu

San Francisco

Viaje del Brooklyn

San Pedro

Islas Juan Fernández

Nueva Orleans

Filadelfia

Nueva York

Boston

Quebec

Reikiavik

Grimsby

Hull

Oslo

Liverpool

Bristol

Copenhague

Hamburgo

Londres

St. Helena

Ciudad de El Cabo

Port Elizabeth

Rutas marítimas principalesen

Viaje en una sola dirección

Ephraim K. Hanks

Ephraim Knowlton Hanks (1826–1896) fue ordenado setenta mientras vivía en Nauvoo, donde trabajó en el templo. Más adelante prestó servicio en el Batallón Mormón. Después de trasladarse a Utah, se encargó de llevar la correspondencia entre Salt Lake City y el río Misuri, un recorrido de más de 1.900 km. El hermano Hanks cruzó las planicies más de cincuenta veces en siete años. Tres años antes de morir fue ordenado patriarca por Brigham Young, hijo.

Las compañías de carros de mano

Director Año del viaje

1. Edmund L. Ellsworth

1856

2. Daniel D. McArthur

1856

3. Edward Bunker

1856

4. James G. Willie

1856

5. Edward Martin

1856

6. Israel Evans

1857

7. Christian Christiansen

1857

8. George Rowley

1859

9. Daniel Robinson

1860

10. Oscar O. Stoddard

1860

map of Mormon Corridor

La ruta que pasaba por el sur de Utah, atravesaba Nevada y entraba en el sur de California se conocía con el nombre de “corredor mormón”; una serie de colonias o fuertes que había a lo largo de esta ruta proveía refugio y protección al viajero en todo el recorrido hasta la costa del Pacífico.

El “corredor mormón”

El estado de Deseret

Los Angeles

San Diego

San Pedro

San Bernardino

Paso del Cajón

Las Vegas

Cedar City

St. George

Parowan

Fillmore

Manti

Nephi

Provo

Salt Lake City

stone wall at Cove Fort

El fuerte Cove (Cove Fort) comenzó a construirse en 1867. Ese año, Ira Nathaniel Hinckley recibió de Brigham Young el llamamiento para salir de su hogar en Coalville a construir el fuerte junto al arroyo Cove, entre las colonias de Fillmore al norte y Beaver al sur; el fuerte, cuya distancia a ambas poblaciones era de un día de jornada, proveía protección a los viajeros.

Los muros medían 30 m de longitud cada uno, tenían una anchura de 1,20 m en la base e iban angostándose hasta medir 60 cm en la parte superior y tenían 5,5 m de altura.

El 13 de agosto de 1988 se presentó a la Iglesia el título de escritura del histórico fuerte, que actualmente se utiliza como centro de visitantes.

Thomas Bullock

Thomas Bullock (1816–1885) ocupó durante muchos años distintos puestos de secretario en la Iglesia. Fue secretario de José Smith y después de Brigham Young; también prestó servicio en ese cargo con la compañía de pioneros que entró en el Valle del Lago Salado el 24 de julio de 1857. Había sido ordenado setenta y cumplió dos misiones en Inglaterra, una en 1842 y otra en 1856.

Deseret News

El Deseret News se publicó por primera vez el 15 de junio de 1850, en Salt Lake City, Utah; fue un semanario hasta el 10 de diciembre de 1898. Desde el 8 de octubre de 1865 hasta el 12 de junio de 1922 se publicó el Deseret Semi Weekly News (dos veces por semana). El 2 de noviembre de 1867 se comenzó la publicación del diario, The Deseret Evening News; y el 15 de junio de 1920 se suprimió del título la palabra “Evening” (vespertino) y, desde entonces hasta ahora, pasó a llamarse Deseret News.

schoolhouse

La “escuela de Brigham Young”, situada cerca de la “Casa de la colmena”, era la escuela a la que asistían los hijos del presidente Young y algunos niños de la vecindad.

printed list of worthiness questions

Preguntas que hacían los maestros “vecinales” a las familias Santos de los Últimos Días a las que visitaban.