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Temas suplementarios D: La conquista asiría y las tribus perdidas
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Temas suplementarios D

La conquista asiría y las tribus perdidas

(D-l) Los asirios: Amós de la guerra

En el año 721 a. C. Asiría avanzó desde el norte, tomó el reino de Israel y llevó al cautiverio a las diez tribus. De allí se perdieron en la historia.

Asiría, nombre derivado de Asur (la máxima deidad en el panteón de los dioses asirios), se levantaba en la llanura de la Mesopotamia. Estaba rodeada al oeste por el desierto de Siria, al sur por Babilonia y al norte y este por los montes persas y urarcianos (véase J. D. Douglas, ed. The Illustrated Bible Dictionary, s.v. "Assyria", 1:137.) Esta región es hoy día, en su mayor extensión, la nación de Irak.

Es posible que los primeros habitantes hayan sido los subareanos y los sumerios. Tres mil años a. C. llegaron los semitas, quienes, con el correr del tiempo, se mezclaron con los habitantes de la región. "Los asirios adoptaron el lenguaje y las artes de Sumeria, pero los modificaron posteriormente hasta que se asemejaron casi totalmente a los de Babilonia. Su forma de ser, no obstante, les impidió ceder a las costumbres poco viriles de los hombres de Babilonia; por principio eran una raza de guerreros. Se los veía con fuertes músculos y valor, con cabellera y barba abundantes, de pie firme y determinado, bien plantados en sus monumentos, y cruzando con pasos gigantescos el mundo oriental del Mediterráneo. Su historia es una historia de reyes y esclavos, guerras y conquistas, sangrientas victorias y repentina derrota." (Will Durant, Our Oriental Heritage, The Story of Civilization, 1:266.)

El surgimiento de Asiría como una potencia formidable en el Cercano Oriente se debió en gran medida a los fuertes reyes que ampliaron sus fronteras y subyugaron a otras naciones como tributarias. Asiría llegó a ser una nación independiente entre 1813 y 1781 a. C. bajo el cetro de Samsi-Adad (véase LaMar C. Berrett, Discovering the World of the Bible, pág. 180.) Otros poderosos reyes que dejaron su huella en la historia asiría incluyen a Tiglat-pileser I (1115-1077 a. C), Asurnasirpal II (883-859 a. C), Salmanasar III (858-824 a. C), Sansi-Adad V (824U811 a. C), Tiglat-pileser III {744-727 a. C), Salmanasar V (726-722 a. C), Sargón II (721-705 a. C), Senaquerib (704-681 a. C), Esaradón (680-669 a. C.) y Asurbanipal (668-627 a. C), (véase Berrett, World of the Bible, pág. 180; véase también Douglas, Illustrated Bible Dictionary, s.v. "Assyria", 1:139).

Bajo el mandato de estos reyes, Asiría alcanzó su mayor poder, controlando la zona que incluía no solamente a Asiría sino también a Babilonia, Armenia, Media, Palestina, Siria, Fenicia, Sumeria, Elam y Egipto. Este imperio "sin duda fue la organización administrativa más extensa que hasta entonces se había visto en el Mediterráneo o en el Cercano Oriente; solamente Hammurabi y Tutmosi III se habían aproximado a tanto, y Persia fue el único que la igualaría antes del surgimiento de Alejandro" (Durant, Our Oriental Heritage, 1:270).

(D-2) Un ejército de terror

La parte vital del gobierno asirio era su ejército, y la guerra era una ciencia para sus caudillos. La infantería, los carros, la caballería (introducida por Asurnasirpal para ayudar a la infantería y a los carros), los zapadores (expertos en fortificaciones), las armaduras de metal, las máquinas de sitio y los arietes (máquinas para derribar muros y puertas), todo ello fue perfeccionado por los asirios. La estrategia y la táctica también eran bien comprendidas por los oficiales de las fuerzas asirías. (Véase Durant, Our Oriental Heritage, 1:270-71.)

Pero no fue solamente la eficacia asiría en la ciencia de la guerra lo que engendraba el terror en el corazón de los habitantes del Cercano Oriente, sino también el hecho de que los asirios eran salvajes y brutales.

"Por lo general toda ciudad vencida era asolada y quemada hasta los cimientos, y la zona era deliberadamente barrida; incluso se cortaban todos sus árboles. Se aseguraba la lealtad de las tropas repartiéndoles gran parte del botín. Debido a la costumbre que imperaba en el Cercano Oriente de que todos los cautivos eran hechos esclavos o se les mataba, peleaban con más furor. A los soldados se les recompensaban por toda cabeza que traían del campo de batalla, de manera que luego de la victoria era común decapitar a todos los enemigos caídos. A menudo a los prisioneros, que hubieran podido consumir buena parte de las provisiones en una campaña prolongada, representando además un peligro y molestia en la retaguardia, se les asesinaban después de la batalla; se arrodillaban dando la espalda a sus captores quienes les golpeaban en la cabeza con grandes mazos o los decapitaban con machetes. Los escribas se hacían presentes para contar el número de prisioneros tomados y muertos por cada soldado, y repartían el botín de acuerdo con las estadísticas. El rey, si el tiempo lo permitía, presidía la matanza. Los nobles de entre los vencidos recibían un tratamiento especial: Se les cortaban las orejas, la nariz, las manos y los pies, o eran arrojados al vacío desde torres altas, o, junto con los hijos, eran decapitados o eran asados vivos sobre un fuego lento…

"En todas las fases de la vida asiría encontramos una severidad patriarcal natural para una nación que vivía de la conquista y en todo sentido al borde de la barbarie. Así como los romanos en sus victorias tomaron miles de prisioneros para someterlos a una esclavitud perpetua, y a otros los arrastraron al Circo Máximo de Roma para ser despedazados por animales hambrientos, del mismo modo los asirios parecían encontrar satisfacción —o una enseñanza necesaria para sus hijos— en la tortura de los cautivos, en cegar a los hijos en presencia de los padres, en desollarlos vivos, en asarlos en hornos, en encadenarlos en jaulas para diversión del populacho, y luego terminar ejecutando a los sobrevivientes. Asurnasirpal cuenta como a Todos los jefes que se rebelaron, los desollé vivos y con su piel cubrí el pilar, a otros los encerré dentro de los muros, a otros empalé sobre estacas, y a otros hice atar a estacas alrededor del pilar… En cuanto a los capitanes y oficiales reales que se habían rebelado, les corté los miembros'. Asurbanipal se vanagloriaba de haber quemado con fuego 'a tres mil cautivos y no haber dejado ni uno vivo para que sirviera de rehén'. Otra de sus inscripciones dice: 'Estos guerreros que habían pecado contra Asur y se habían complotado contra mí… de sus bocas hostiles arranqué las lenguas y completé su destrucción. En cuanto a otros que quedaron vivos, los ofrecí como sacrificio funerario… sus miembros lacerados he dado a los perros, a los cerdos, a los lobos… Haciendo esto he alegrado el corazón de los grandes dioses.' Otro monarca instruyó a sus artesanos a grabar sobre los ladrillos estas expresiones con lo que esperaba ganar la admiración de la posteridad: 'Mis carros de guerra destrozan tanto a hombres como a bestias… Los monumentos que he levantado se componen de cadáveres humanos de los cuales he cortado la cabeza y los miembros. Corté las manos de todos los que capturé vivos.' Los bajorrelieves de Nínive muestran a los hombres siendo empalados o desollados, o en el acto de arrancárseles la lengua; uno muestra a un rey sacándoles los ojos a los prisioneros con una lanza mientras les mantenía quieta la cabeza mediante una cuerda que les atravesaba los labios." (Durant, Our Oriental Heritage, 1:271, 275-76.)

(D-3) Asiría vino a la tierra de Israel

El profeta Isaías advirtió a Israel que si no se arrepentía, el Señor emplearía a Asiría como "vara… de mi furor" (Isaías 10:5). Asiría estaba en el apogeo de su poder y la reputación que tenían por el terror que sembraban a su paso y su brutalidad debían haber sido suficientes para hacer que Israel volviera a su Dios, pero no quisieron escuchar. Durante el reinado de Tiglat-pileser II, Asiría comenzó a consolidar su poder en la parte occidental del imperio. Aproximadamente en el año 738 a. C. demandó y recibió tributo de Damasco, capital de Siria, y de Samaría, capital de Israel (véase 2 Reyes 15:19-20). Pero cuatro años más tarde, los dos estados sirios se rebelaron, y una vez más Tiglat-pileser avanzó. Damasco fue conquistada así como también parte del territorio del reino del norte, y el pueblo fue llevado al cautiverio (véase 2 Reyes 15:29).

Parece haber sido Tiglat-pileser quien inició las deportaciones a gran escala entre los pueblos conquistados. Al deportar a todo el pueblo conquistado a una tierra extraña, Tiglat-pileser esperaba romper su unidad y destruir su identidad nacional (véase The Interpreter's Dictionary of the Bible, s. v. "Assyria and Babylonia", 1:272).

La práctica de las grandes deportaciones continuó con Salmanasar y posteriormente con Sargón II, sucesores de Tiglat-pileser, quienes también desempeñaron un importante papel en la historia del reino de Israel, o reino del norte. Por causa del levantamiento de Oseas, rey de Israel, Salmanasar puso sitio a Samaria, capital del reino del norte. El sitio se prolongó tres años, tiempo en el que murió Salmanasar y fue sucedido por Sargón II. Este finalmente destruyó a Samaría y llevó cautivos a los sobrevivientes hasta el territorio de Asiría (véase 2 Reyes 17:1-6), dando fin así a la historia de Israel en el Antiguo Testamento y preparando el escenario para la desaparición de las diez tribus.

No mucho tiempo después de la destrucción del reino del norte (Israel), el del sur (Judá) también se vio amenazado por la destrucción por parte de Asiría. Senaquerib, sucesor de Sargón II, atacó a Judá durante el reinado del rey Ezequías y destruyó la mayoría de sus ciudades principales. Mediante la intervención del Señor, sin embargo, Senaquerib no pudo tomar a Jerusalén (véase Comentarios sobre 2 Reyes 19:35). Habiendo fracasado en la conquista de Judá, Senaquerib volvió a su hogar, Nínive, en aquel entonces capital de Asiría.

(D-4) Asiría sale de escena

Nínive, ciudad en la que Jonás había predicado el arrepentimiento, fue la última capital del Imperio Asi-rio (Asur y Calá fueron las dos primeras). Senaquerib reconstruyó la ciudad, fortaleció sus murallas y construyó un sistema de canales para el agua. Pero Sofo-nías y Nahum profetizaron que Nínive sería destruida (véase Sofonías 2:13-15; Nahum 3). La destrucción de Nínive en el año 612 a. C. dio cumplimiento a las palabras de estos dos profetas del Antiguo Testamento.

El Imperio Asirio también fue destruido, en parte, porque tal como lo hizo notar Durant: "Las cualidades físicas y de carácter, que habían contribuido a hacer que los ejércitos asirios fueran invencibles, se habían debilitado a causa de las mismas victorias que habían tenido; en cada una habían muerto los más fuertes y más bravios, en tanto que los débiles y cautos sobrevivían para multiplicar su raza; fue un procedimiento de retroceso genético que posiblemente fomentó a la civilización al eliminar a los individuos más brutales, pero debilitó la base biológica sobre la cual Asiría había subido al poder. La extensión de sus conquistas había ayudado a debilitarla como nación; no solamente habían despoblado sus campos para alimentar al insaciable Marte (el dios de la guerra), sino que habían llevado cautivos a Asiría a millones de nombres y mujeres de otros pueblos, quienes, al multiplicarse en grandes cantidades, destruyeron toda unidad nacional de carácter y sangre, y llegaron a ser, por causa de sus grandes números, una fuerza hostil y desintegrante en el seno de sus conquistadores. Más y más estos hombres de otras tierras se fueron infiltrando en el ejército mismo, en tanto que los merodeadores semibárbaros acosaban por todos lados, y el ejército gastaba los recursos del país en la defensa interminable de sus débiles fronteras". (Our Oriental Heritage, 1:283.)

Finalmente, bajo el mando de Nabopolasar, los caldeos y los babilonios expulsaron a los asirios de Babilonia en el año 625 a. C. Entonces los medos se unieron con los babilonios y capturaron a Asur en el año 614 a. C. Dos años después, Nínive, capital de Asiría, cayó. Con la destrucción de Asiría, Babilonia llegó a ser el imperio del Cercano Oriente al que todos los países temían y pagaban tributo.

(D-5) ¿Qué sucedió con las tribus de Israel?

No se sabe cuánto tiempo el pueblo de Israel permaneció cautivo en Asiría después que fue llevado por Sargón II. Es probable que muchos aceptaran la vida y cultura de sus captores y perdieran su identidad. Habían ido al cautiverio por causa de su extrema maldad, de manera que no es de sorprenderse que aceptaran la cultura pagana de los asirios. Uno de los libros apócrifos informa que un grupo de cautivos reconoció que su cautiverio era el resultado de su propia maldad y, arrepentido, buscó al Señor (véase Bible Dictionary, s. v. "Apocrypha"). El Señor escuchó sus lamentos y los llevó hacia los países del norte.

En otro de los libros apócrifos, Esdras describió la siguiente visión que recibió del Señor: "Aconsejáronse empero entre sí que se apartarían de la multitud de los paganos e irían a una tierra más lejana, donde jamás ha morado hombre alguno, a fin de guardar allí sus estatutos que nunca observaron en su propio país. Y entraron en el paso estrecho de Eufrates. Porque el Altísimo entonces les manifestó señales y detuvo las fuentes de las aguas hasta que pasaron. Emprendieron, pues, una larga jornada por el país, aun de año y medio, y esa región se llama Arsaret. Y allí morarán hasta los postreros tiempos, y cuando vengan de nuevo, el Altísimo volverá a detener las fuentes del río para que pasen." (2 Esdras 13.)

El élder George Reynolds comentó en cuanto a la dirección de los viajes de las tribus de Israel: "Determinaron irse a una región 'jamás habitada por hombres' a fin de estar libres de toda influencia contaminadora. Tal lugar podría hallarse solamente hacia el norte. El sur de Asia era ya el centro de una civilización comparativamente antigua; Egipto florecía en el norte de Africa, y los pueblos que serían los futuros amos del mundo estaban poblando rápidamente el sur de Europa. De manera que no tenían más alternativa que volver sus caras hacia el norte. La primera parte de su viaje no fue, sin embargo, hacia el norte, pues según la relación de Esdras, parece que primeramente viajaron hacia su antiguo hogar; es posible que originalmente emprendieran la marcha con la intención de volver allí, y probablemente a fin de desorientar a los asirios, iniciaron el viaje como si fueran a volver a Canaán. Pero cuando hubieron pasado el Eufrates y se hallaron a salvo de las huestes de los ruedos y persas, entonces dirigieron sus pasos hacia la estrella polar." (Véase James E. Talmage, Los Artículos de Fe, pág. 566.)

El relato de Esdras es respaldado por lo que el Señor enseñó a los nefitas, pues les dijo que "el Padre ha conducido fuera de su tierra" a las tribus perdidas (3 Nefi 15:15). La explicación dada por el élder Reynolds considera las numerosas profecías que indican que cuando las diez tribus perdidas regresen, lo harán saliendo del norte (véase, por ejemplo, Jeremías 3:18; 16:15; 31:8; D. y C. 110:11; 133:26). No se sabe adonde fueron, y este hecho ha creado muchas especulaciones en cuanto a su paradero actual. El Señor no ha considerado propicio revelar el lugar donde se encuentran, y mientras no lo haga, es inútil tratar de identificar ese lugar.

Ciertos detalles en cuanto a este grupo han sido revelados mediante las Escrituras modernas y los escritos de los profetas vivientes. Comentaremos los mismos a continuación (véase 3 Nefi 15:15).

(D-6) El retorno de las diez tribus

Los profetas de la antigüedad vieron que en la última dispensación, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, se produciría un recogimiento y restauración de la casa de Israel. Con la organización de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, el 6 de abril de 1830, comenzó esta gran restauración. El pendón (véase Isaías 11:12) ha sido desplegado a las naciones, y el pueblo de Israel queda invitado por su Rey a congregarse nuevamente en preparación para el gran día cuando El reinará personalmente entre ellos.

En una conferencia realizada entre el 3 y el 6 de junio de 1831, en Kirtland, Ohio, José Smith el Profeta explicó que Juan el Amado estaba entonces ministrando entre las tribus perdidas de Israel, preparándolas para que pudieran regresar y poseer nuevamente la tierra de sus padres (véase History of the Church, 1:176; D. y C. 77:14). Cinco años después, Moisés se manifestó en el Templo de Kirtland ante José Smith y Oliverio Cowdery y les entregó las llaves del sacerdocio para el "recogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra, y de la conducción de las diez tribus desde el país del norte" (D. y C. 110:11). En este pasaje es evidente que, aunque el cuerpo principal de las diez tribus está perdido, hay representantes de las doce tribus esparcidos por la tierra. Esto se puede explicar en la forma siguiente:

  1. Cuando Asiría atacó el reino del norte, muchos huyeron a la seguridad que ofrecía el reino del sur.

  2. Cuando el Señor sacó a Israel de Asiría, algunos quedaron allí (véase Talmage, Los Artículos de Fe, págs. 328-61.)

  3. En su viaje hacia el norte, algunas personas se establecieron en las regiones por donde iban pasando —muchas tal vez se diseminaron por Europa y Asia.

  4. De vez en cuando el Señor ha llevado grupos de israelitas a otras regiones de la tierra: Los nefitas y los mulekitas eran dos de esos grupos (véase 1 Nefi 22:3-5). Concerniente a este esparcimiento, el élder Joseph Fielding Smith escribió:

  5. "Una de las parábolas más interesantes y significativas es la que fue revelada a Zenós y que encontramos en el capítulo cinco del libro de Jacob, en el Libro de Mormón. Es una parábola sobre la dispersión de Israel. Si tuviéramos la clave completa de la interpretación, podríamos saber en detalle la forma en la que Israel fue transplantada a todas partes de la tierra." (Answers to Gospel Questions, 2:56-57.)

    Las Escrituras ensenan que integrantes de todas las tribus de Israel fureon esparcidos entre las naciones de la tierra y que en los últimos días serán recogidos de entre estas naciones y de los cuatro cabos de la tierra. Aquellos conocidos como las diez tribus perdidas retornarán en masa viniendo de los países del norte. (Véase 3 Nefi 21:26-29; D. y C. 110:11; 133:26-32; 1 Nefi 22:3-4; 19:16; 3 Nefi 5:23-24; Deuteronomio 4:27; 28:29, 64; Jeremías 16:14-15; 31:8; Ezequiel 11:15-17; Oseas 9:16-17; Daniel 9:7.)

    Doctrina y Convenios claramente predice la época en que los profetas que se encuentren entre estas tribus conducirán al pueblo en su camino de regreso en una demostración de poder grande y maravillosa (véase D. y C. 133:26-34). Jeremías prometió que este acontecimiento sería tan maravilloso que Dios ya no sería llamado el "Señor que sacó a Israel de Egipto", sino "el Señor que trajo de la tierra del norte a los hijos de Israel" (véase Jeremías 16:14-15). La época señalada será cuando las tribus perdidas de Israel regresen a Sión para recibir sus bendiciones de manos de Efraín. "Este gran recogimiento tendrá lugar bajo la dirección del Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, pues él tiene las llaves" (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, pág. 458). Las tribus perdidas, así como todos los demás que quieran ser contados entre la casa de Israel para recibir las bendiciones del sacerdocio, deben venir a Efraín, el que tiene las bendiciones de primogenitura (véase Génesis 48:15-22; 1 Crónicas 5:1-2; Jeremías 31:9).

    El élder Wilford Woodruff enseñó que cuando las diez tribus regresen, vendrán a Efraín para recibir el sacerdocio así como sus investiduras y sellamientos (véase Journal of Discourses, 4:231-32; 18:127). El élder Orson Pratt declaró: "Dios tiene la determinación de levantar profetas entre aquel pueblo, pero no les otorgará la plenitud de las bendiciones del sacerdocio. La plenitud será reservada para serles dada después que vengan a Sión." (En Journal of Discourses, 18:25.)

(D-7) Las tribus perdidas vendrán a Sión

Cuando regresen las diez tribus, traerán sus ricos tesoros a los hijos de Efraín (véase D. y C. 133:30). Parte de este rico tesoro consistirá en los registros que han guardado durante todos estos siglos. En ellos se encontrará el relato de su escapatoria milagrosa de Asiría, su viaje a la tierra del norte, su historia, sus profetas y la visita que el Señor les hizo después de su resurrección (véase 2 Nefi 29:12-13; 3 Nefi 16:1-3).

Elder James E. Talmage

El élder James E. Talmage

En la Conferencia de abril de 1916, el élder James E. Talmage, miembro del Quorum de los Doce, habló de las tribus perdidas y de sus registros: "Entre los hombres existe la tendencia a justificar lo que no desean comprender en sencillez literal, y nosotros, como Santos de los Ultimos Días, no estamos enteramente libres de esa tendencia… Hay quienes dicen que esa predicción se explica en esta forma: Un recogimiento está en marcha, y ha estado en marcha desde los primeros días de la Iglesia. De ahí que piensan que las Tribus perdidas' ahora están recogiéndose; pero que nosotros no debemos esperar el regreso de un gran grupo de gente del que ahora se desconoce dónde se encuentra. Cierto es que el recogimiento está en marcha, pues ésta es una dispensación de congregación; pero la profecía dice que las tribus serán traídas del lugar donde se hallan escondidas [y sus] Escrituras serán una con las de los judíos, la Santa Biblia, y con las de los nefitas, el Libro de Mormón, y con las de los Santos de los Ultimos Días tal como se encuentran en los anales de revelación moderna." (En Conference Report, abril de 1916, pág. 130.)

Luego, en la conferencia de octubre, el élder Talmage habló otra vez en cuanto a las tribus perdidas e hizo esta predicción notable: "Las tribus vendrán; no están perdidas para el Señor; serán traídas tal como se ha predicho. Y os digo que ahora viven algunos —sí, se hallan aquí presentes— que vivirán para leer los registros de las tribus perdidas de Israel, los que serán uno con el registro de los judíos, o la Santa Biblia, y con el de los nefitas, o el Libro de Mormón, tal como ha sido predicho". (En Conference Report, oct. de 1916, pág. 76; cursiva agregada.)

Las diez tribus quedarán en la tierra de Sión entre los de la tribu de Efraín durante algún tiempo. El élder Orson Pratt explicó: "¿Cuánto tiempo quedarán en la tierra de Sión los que vengan de los países del norte? Algún tiempo. Tienen que cultivar el trigo, la uva, preparar el vino y el aceite, criar rebaños y manadas; su alma tendrá que ser como un huerto regado. Morarán en Sión durante un buen tiempo, y en ese período habrá doce mil que serán escogidos de cada una de esas tribus, además de los doce mil que serán elegidos de Judá, de José y de las tribus restantes —ciento cuarenta y cuatro mil en total (véase Apocalipsis 7:4-8; D. y C. 77:11). ¿Elegidos para qué? Para ser sellados en sus frentes. ¿Con qué fin? Para que el poder de la muerte, la peste y la plaga que predominarán en esa época y que barrerán a las naciones de la tierra no tenga poder sobre ellos. Estos grupos que serán sellados en sus frentes irán entre todos los pueblos, naciones y lenguas, para recoger y buscar a la casa de Israel, dondequiera que se encuentren los de esta casa, y para traer tantos como puedan a la Iglesia del Primogénito, en preparación para el gran día de la venida del Señor. ¡Ciento cuarenta y cuatro mil misioneros! ¡Toda una hueste! Todo eso tiene que ocurrir. " (En Journal of Discourses, 18:25.)

Las diez tribus finalmente recibirán su tierra de herencia con Judá y no con Efraín (véase Eter 13:11), y habrá una época, después que hayan recibido sus bendiciones en el sacerdocio, en que irán a Jerusalén. En ese día se cumplirá la palabra de Jeremías: "En aquellos tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y vendrán juntamente de la tierra del norte a la tierra que hice heredar a vuestros padres" (Jeremías 3:18).

El élder Orson Pratt declaró, además: "Poco a poco, cuando todo esté preparado —una vez que los judíos hayan recibido su castigo y Jesús haya descendido sobre el Monte de los Olivos, las diez tribus dejarán Sión e irán a Palestina para heredar la tierra que se les dio a sus antiguos padres, y la tierra será repartida entre los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob por la inspiración del Espíritu Santo. Irán allí para morar en paz en su propia tierra, desde ese tiempo hasta que la tierra deje de ser. Pero Sión, después de su partida, permanecerá aún en el hemisferio occidental y será coronada con gloria así como lo será la antigua Jerusalén y, como dice David el salmista, será el gozo de toda la tierra. 'Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sión, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey (véase Salmo 48:2)'. " (En Journal of Discourses, 18:68.)