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Jeremías 1-19: Lo que se siembra se cosecha
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Lo que se siembra se cosecha

Jeremías 1-19

(23-1) Introducción

Fue privilegio de Jeremías, y su pesar también, predecir la caída de Judá ante Babilonia y luego vivirla. Es uno de los pocos profetas que han podido ver el cumplimiento de sus profecías principales. Una de las primeras cosas que el Señor le dijo fue: "Yo apresuro mi palabra para ponerla por obra" (Jeremías 1:12). Jeremías, igual que Mormón, fue llamado a trabajar entre un pueblo para el cual no había esperanza porque rehusaba arrepentirse y "el día de gracia había pasado para ellos, tanto temporal como espiritualmente" (Mormón 2:15). Mormón, después de ser testigo ocular de la destrucción de la nación nefita, clamó por su pueblo (véase Mormón 6:17-19). Este hombre justo, uno de los mejores, se lamentaba por su pueblo por ser tan ciego, tan enloquecido y tan muerto espiritualmente. Jeremías también lamentó la maldad de su pueblo. Tal vez, mientras lee las ardientes acusaciones que hizo al pueblo judío y a la forma en la que ese pueblo vivía, piense en Jeremías como un hombre severo y duro, pero no lo era. Fue motivado, como Mormón, por el amor.

Un profeta no elige dónde y cuándo servirá al Señor. Dios elige el momento y el grupo al que los profetas serán mandados. Uno puede ser un Enoc y edificar Sión, o un David O. McKay y presidir la Iglesia en tiempos de paz y prosperidad. Otro puede ser un Mormón o un Jeremías y tratar en vano de salvar a un pueblo rebelde y reincidente. Cada uno nos enseña su llamamiento. Cada uno tiene su época. Cada uno tiene su lección para que la aprendamos. Examinemos la lección que nos enseña Jeremías mientras estudiamos este gran profeta.

COMENTARIOS SOBRE JEREMIAS 1-19

(23-2) Jeremías 1:1-3. Jeremías: consideraciones generales sobre su ministerio y su época

Jeremías era un levita proveniente de Anatot, pueblo de sacerdotes que estaba a pocos kilómetros al nordeste de Jerusalén, en el territorio tribal de Benjamín. Trabajó en su llamamiento profético durante el reinado de por lo menos cuatro reyes de Judá: Josías, Joacaz, Joaquín y Sedequías (Sedecías). Comenzó sus labores cuando era todavía un joven, aproximadamente en el año 627 a. C. Fue el profeta principal en Jerusalén; sirvió junto a Habacuc, Sofonías, Lehi y otros (véase 1 Nefi 1:4). Es bastante seguro suponer que Lehi y Nefi se referían a los pergaminos y profecías de Jeremías porque algunos de ellos quedaron registrados en las planchas de bronce (véase 1 Nefi 5:14).

"Con la excepción de Josías, todos los reyes de Judá que reinaron durante el ministerio de Jeremías eran hombres indignos bajo cuya dirección el país sufrió seriamente. Durante el reinado de un rey anterior, el inicuo Manasés, el culto a Baal fue restaurado entre los judíos y se introdujo la adoración de los planetas de acuerdo con la religión asirio-babilónica. Por lo tanto, Jeremías encontró en pleno auge la idolatría, la adoración en lugares altos y las prácticas religiosas paganas. Los ídolos de ese culto pagano se hallaban hasta en el templo [Jeremías 32:34]; se sacrificaban niños a Baal-Moloc (7:31; 19:5; 32:35); y Baal era invocado especialmente como la deidad común. La adoración de la 'reina de los cielos' también debe ser mencionada (7:18; 44:19). La corrupción de la adoración religiosa de la nación fue, naturalmente, acompañada por toda suerte de inmoralidad e injusticia, contra lo que el profeta continuamente tuvo que testificar. Los pobres eran olvidados. Jeremías estaba rodeado por todas partes por una apostasía casi total. Pero abundaban los profetas profesionales. Dice el Dr. H. L. Willett:

" 'Estaba rodeado por abundancia de profetas, pero eran los predicadores complacientes con quienes es fácil convivir, populares y profesionales, cuyas palabras no despertaban conciencia alguna y aseguraban al pueblo que la nación estaba a salvo bajo el cuidado protector de Dios. Este fue el mensaje dado en los días de Isaías, pero esa época había pasado hacía mucho tiempo, y Jerusalén ya estaba destinada al cautiverio. Así Jeremías no tuvo más remedio que predicar un mensaje que fue mal recibido, en tanto que los profetas falsos persuadían al pueblo de que no era patriota, y decían que no tenía inspiración y que era pesimista (14:13, 14).' " (Sidney B. Sperry, The Voice of Israel's Prophets, pág. 153.)

(23-3) Jeremías 1:4-5. El llamado de Jeremías

El pasaje de Jeremías 1:4-5 es una firme evidencia de la existencia premortal de los hombres como individuos. El Señor le aseguró a Jeremías que su llamamiento a una misión como profeta para las naciones antecedía a su nacimiento. La frase "te conocí" (Jeremías 1:5) significa mucho más que un conocimiento fortuito. El vocablo hebreo yada, que aparece traducido como conocí, connota una relación muy personal e íntima. (Véase J. A. Thompson, The Book of Jeremiah, The New International Commentary on the Old Testament, pág. 145.) En verdad, el llamamiento premortal de Jeremías consistió en ser preordinado, santificado y enviado a la obra (comparar con Abraham 3:23).

(23-4) Jeremías 1:6-10. La tarea

Jeremías, como otros llamados por el Señor a tales asignaciones pesadas y que hacen que quien las recibe se humille, expresó sus sentimientos de incapacidad. Compare los sentimientos de Jeremías con los de Enoc (Moisés 6:31), de Moisés (Exodo 4:10) y Gedeón (Jueces 6:15).

En Jeremías 1:9 se describe brevemente la función de un profeta. El profeta no dice necesariamente lo que él quiere decir, pues el Señor pone sus palabras en la boca del profeta. De ahí que no importe que la palabra venga directamente de Dios o a través de su siervo; "es lo mismo" (D. y C. 1:38).

(23-5) Jeremías 1:11-16. "¿Qué ves tú?"

La primera visión de Jeremías fue de una rama de almendro (véase El Antiguo Testamento: Génesis—2 Samuel (Religión 301), Manual para alumno, para aprender el significado de la vara de Aarón que era una rama de almendro). Se eligió una rama de almendro porque este árbol es el primero que brota en la primavera. De la misma manera que el almendro se apresura a brotar y florecer, así la palabra del Señor mediante Jeremías se apresura a su cumplimiento. Luego, la visión de "la olla que hierve" le fue mostrada, simbolizando el desastre y el dolor que, como el contenido de una olla que hierve, se derramaría desde los cielos del norte hasta llegar a Judá (véase C. F. Keil y F. Delitzsch, Commentary on the Old Testament, 8:1:43-44).

La quema de incienso (véase Jeremías 1:16) es un símbolo de oración (véase Apocalipsis 5:8; 8:3). La acusación del Señor implicaba mucho más que un reproche por quemar incienso a los ídolos (dioses extraños). La gente estaba buscando la ayuda y la guía de dioses falsos en lugar de pedirlas al Señor.

(23-6) Jeremías 1:17-19. "Levántate, y háblales"

A Jeremías se le ordenó levantarse con firmeza, ceñirse y declarar la palabra del Señor sin temor al hombre. El Señor lo comparó con una ciudad invencible, preparándolo para ser firme contra el ataque que se desataría contra él desde todos los ángulos una vez que iniciara su ministerio y condenara los pecados del pueblo.

(23-7) Jeremías 2:2-19. Las aguas de vida son olvidadas

La secuencia del desarrollo espiritual de Israel está bosquejada en el capítulo 2 de Jeremías.

La antigua devoción y rectitud de Israel (véase vers. 2-3).

La apostasía de la nación (véase vers. 4-13). El Señor preguntó qué falta encontraban en El como para justificar el alejamiento del pueblo.

Los trágicos resultados de la apostasía (véase vers. 14-19). El pueblo del Señor se había alejado de El (véase vers. 5), y "trocado su gloria por lo que no aprovecha" (véase vers. 11).

En el versículo 13 los dos males cometidos por Judá se expresan en términos figurados: (1) Han olvidado a la fuente (Jehová) de agua viva (vida) y (2) Y han cavado cisternas (dioses) que no pueden retener el agua (vida). Luego esa imagen cambia, y el Señor declara que Israel había participado de las aguas del Nilo y del Eufrates (vers. 18). En otras palabras, bebieron las aguas espirituales de Egipto y Babilonia y fueron satisfechos con el agua sin vida de la idolatría.

El versículo 19 enseña la importante verdad de que somos castigados mediante nuestras transgresiones así como por causa de ellas. La frase "mi temor en ti" (vers. 19) se refiere al temor a Dios. Temor en hebreo denota un sentimiento de reverente contemplación y profundo respeto. Si los judíos hubiesen tenido este temor en ellos, no hubieran necesitado aprender por medio de las consecuencias de sus transgresiones.

(23-8) Jeremías 2:20-37. Judá es denunciada

Jeremías empleó imágenes vívidas al denunciar a Judá:

"Rompiste tu yugo y tus ataduras" (vers. 20). El Señor los había liberado del cautiverio en Egipto.

"Te echabas como ramera" (vers. 20). Judá había caído en la idolatría, o adulterio espiritual, con dioses falsos, y había participado también en prácticas inmorales.

"…sarmiento de vid extraña" (vers. 21). Esta vid silvestre producía fruto venenoso, o malas obras.

"Aunque te laves con lejía y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá delante de mí" (vers. 22). El medio más poderoso de purificación no podía borrar los pecados de Judá.

"En el valle" (vers. 23). Probablemente este valle fuera el Valle de Hinom, donde los niños eran sacrificados a Moloc (véase Jeremías 7:31).

"…dromedaria ligera que tuerce su camino, asna montés… que en su ardor olfatea el viento" (vers. 23-24). La imagen indica que, de la misma manera que el dromedario o el asna montés en época de celo corre de un lado a otro buscando pareja, así Israel corría detrás de dioses falsos.

"Guarda tus pies de andar descalzos, y tu garganta de la sed" (vers. 25). En su ansiedad por ir tras los pueblos del mundo y adorar a dioses falsos, salieron descalzos de la casa y ni siquiera se detuvieron para apagar su sed.

"Dicen a un leño: Mi padre eres tú; y a una piedra: Tú me has engendrado" (vers. 27). Israel adoraba imágenes de madera y piedra como dioses a los que debían la vida y el ser.

"¿Dónde están tus dioses?" (vers. 28). El Señor desafió a Judá a pedir ayuda a los ídolos ahora que la destrucción la amenazaba.

"En vano he azotado a vuestros hijos" (vers. 30). Aun los juicios del pasado, tales como la caída del reino del norte y el sitio de Judá por Asiria, no fueron suficientes para hacer que el pueblo se arrepintiera.

"Vuestra espada devoró a vuestros profetas" (vers. 30). El pueblo mató a los profetas enviados por Dios para advertirles.

"¿Se olvida la virgen de su atavío?" (vers. 32; véase también vers. 33-34). A diferencia de la novia que se adorna con castidad y fidelidad a su esposo, esta novia de Judá se encontraba con las faldas manchadas, las que eran tan obvias que no se necesitaba buscar para encontrarlas. Israel se había vuelto tan experta en el mal que podía enseñar acerca de la idolatría aun a las rameras experimentadas (véase vers. 33).

(23-9) Jeremías 3:1-11. "Has fornicado"

El profeta continuó con el simbolismo del casamiento, el que comenzó a usar en el capítulo 2, versículo 32 (véase Comentarios sobre Oseas en cuanto al empleo de este mismo simbolismo).

Jeremías 3:1, 6, 9, 14 y 20 muestran que los hijos de Israel habían violado sus votos con el Señor y habían "fornicado" (vers. 1) con otros dioses. Israel, el reino del norte (las diez tribus), hermana de Judá, también había cometido adulterio (idolatría) con dioses falsos, y el Señor le había dado carta de divorcio y la había desterrado del territorio (fue llevada cautiva por los asirios).

(23-10) Jeremías 3:12-19. Profecía con respecto a los últimos días y una promesa

En medio de la condena de Judá por la apostasía, Jeremías dirigió su atención al futuro cuando Israel nuevamente sería fiel esposa y sería reclamada. El Señor hizo recordar a Israel que El es misericordioso y que todo lo que hay que hacer para ser reclamado es volverse a El. Las promesas del Señor incluyen lo siguiente:

Obra misional y recogimiento en Sión (véase vers. 14).

Conocimiento y entendimiento enseñados por fieles pastores (líderes de la Iglesia) (véase vers. 15).

Cumplimiento del antiguo convenio y establecimiento de un convenio nuevo (véase vers. 16).

La restauración de Jerusalén a la justicia (véase vers. 17).

El recogimiento de Israel, incluyendo el retorno de las tribus perdidas desde el norte y la reunión de los hijos de Judá en las tierras de su herencia (véase vers. 18-19; véase también Isaías 11:16; 35:8-10; 51:9-11; D. y C. 133:26-35).

(23-11) Jeremías 4:1-4. "Circuncidaos a Jehová"

La circuncisión fue dada a Abraham como señal de que la criatura era nacida en el convenio y que no era responsable del pecado hasta los ocho años de edad. El Señor enseñó en numerosos pasajes de las Escrituras que la verdadera circuncisión, después que un individuo es responsable, es la del corazón (véase Deuteronomio 10:16; 30:6; Jeremías 9:25-26; Romanos 2:25-29). Debemos aceptar el convenio de corazón, y llegar a ser sin pecado mediante la fe, el arrepentimiento y el bautismo.

(23-12) Jeremías 4:5-31. Los desastres que vienen

El Señor empleó el simbolismo en Jeremías 4:5-31 para anunciar la catástrofe que estaba por caer sobre Judá.

El león (vers. 7). Reconocido por su poder de destruir y matar, el león, Babilonia, estaba por salir de la espesura donde había estado escondido hasta que se dio a la caza.

Viento seco (vers. 11). Los vientos ardientes provenientes del desierto eran devastadores para Palestina si soplaban demasiado tiempo o con demasiada fuerza, pues absorbían la humedad de las plantas, los animales y las personas con un efecto terrible. Este viento no era la brisa suave que se aprovechaba para aventar los cereales cuando se limpiaba el grano, sino un viento fuerte y devastador (véase vers. 13).

Nube y torbellino (vers. 13). Las tropas de Babilonia serían como una enorme nube de tormenta que cubre el cielo, y su efecto sería el de un tornado.

La tierra asolada y vacía (vers. 23). Véase Génesis 1:2. Tan grande sería la destrucción que parecería como si la Creación se hubiera deshecho y la tierra no tuviera forma.

Vestida de grana (vers. 30). En su condición extrema, como una ramera rechazada por sus antiguos amantes, Judá buscaría ayuda en sus dioses falsos en una forma aún más desesperada, pero no la encontraría.

(23-13) Jeremías 5:1-31. Corrupción nacional

Jerusalén había llegado a un punto del cual no se podía volver atrás. En un ofrecimiento semejante al que le hizo a Abraham para la salvación de Sodoma y de Gomorra (véase Génesis 18:23-33), el Señor prometió perdonar a Judá si se encontraba a alguien que viviera con justicia o buscara la verdad (véase Jeremías 5:1).

Pero en una cortante condenación de Judá, Jeremías mostró que no había tal posibilidad. En lugar de hacer obras buenas, el pueblo juraba falsamente (véase vers. 2); sus rostros eran duros como la roca -no mostraban ni arrepentimiento ni compasión (véase vers. 3); se dirigían a las casas de prostitución en una interminable fila (véase vers. 7); como caballos en celo, relinchaban salvajemente tras las esposas de sus semejantes (véase vers. 8); tenían "corazón falso y rebelde" (vers. 23); como quienes atrapan pájaros, ponían trampas para los demás y se hacían prósperos (véase vers. 26-28).

En el Libro de Mormón se define la plenitud de iniquidad como el punto alcanzado por la sociedad donde "los que escogieron lo malo eran más numerosos que los que eligieron lo bueno (Helamán 5:2). Era ya malo que la sociedad de Judá estuviera llena de profetas y sacerdotes corruptos, pero la verdadera tragedia nacional, que comenta Jeremías como resumen, consistía en que el "pueblo así lo quiso" (Jeremías 5:31). Además, en Jeremías 8:10, el profeta dijo: "Porque desde el más pequeño hasta el más grande cada uno sigue la avaricia; desde el profeta hasta el sacerdote todos hacen engaño".

¿Es de sorprenderse que Judá no tuviera esperanza? ¿Nos sorprende acaso que Jeremías haya sido tan severo en la denuncia que hizo?

(23-14) Jeremías 6:14-15. "Paz, paz"

Hablando de los falsos profetas y de los sacerdotes corruptos de la época de Jeremías, un erudito dijo: "Los profetas y sacerdotes de la época curaban las heridas de la nación, pero solamente a flor de piel. No tenían sentido de la vergüenza ni sabían cómo ruborizarse. Habían llegado a ser completamente insensibles a los males en los que, junto con su nación, estaban inmersos. Pero la continua participación activa en el mal tiene una forma tal de adormecer la conciencia, que por fin el hombre pierde toda noción de él. En consecuencia, los líderes caen junto con los demás. En el día de la cuenta divina, ellos también caerán, pues será el día de su propia condena." (Thompson, Book of Jeremiah, pág. 258.)

(23-15) Jeremías 7:1-28. El templo no salvaría a Judá

La osadía de la declaración de Jeremías puede llegarse a comprender sólo al recordar la importancia que las reformas de Josías dieron al templo en el año 621 a. C. En un intento de erradicar la adoración de ídolos, Josías había hecho del templo el único lugar de adoración donde los judíos podían hacer sacrificios a Jehová. El templo y sus sacerdotes habían adquirido así, a esta altura de los acontecimientos, mayor importancia que en cualquier época anterior. Entonces, en nombre de Jehová, Jeremías les hizo una advertencia que sacudió hasta el mismo templo. Sencillamente dijo a los judíos que si enderezaban sus sendas y se volvían justos, serían perdonados; de otro modo, ni siquiera el templo los salvaría porque ellos habían hecho del templo "cueva de ladrones" (vers. 11). Por motivo de la gran reverencia que el pueblo tenía por el templo, aunque era una reverencia falsa, no nos sorprende que Jeremías fuera arrestado inmediatamente y puesto en la prisión (véase Jeremías 26).

Las palabras que aparecen en Jeremías 7:11, junto con las que están escritas en Isaías 56:7, fueron empleadas por Jesucristo cuando limpió el templo (véase Mateo 21:13).

(23-16) Jeremías 7:12. ¿Por qué el Señor les dijo que fueran a Silo?

Después que los israelitas conquistaron la tierra de Canaán, bajo el mando de Josué, el tabernáculo (equivalente al templo) fue llevado a Silo. Finalmente el pueblo de Israel se tornó tan malvado que hizo imágenes grabadas y las adoró en competencia abierta con el tabernáculo (véase Jueces 18:30-31). Poco tiempo después los filisteos atacaron a los israelitas y los vencieron. Tomaron Silo y capturaron el arca del pacto en la batalla (véase 1 Samuel 4:10-12).

El paralelo entre Israel y Judá debía resultar evidente, pues era una tontería que la gente considerara el templo como fuente de protección. Las palabras de Jeremías 7:21-23 sirven para que recordemos que la obediencia es más importante para Dios que los ritos externos del sacrificio, tal como los que se efectuaban en el templo.

(23-17) Jeremías 7:29. "Corta tu cabello"

"Por sus pecados el pueblo debía lamentarse. El corte del cabello era señal de pesar (Job 1:20; Miqueas 1:16). El texto hebreo dice literalmente 'Corta tu corona (nezer)'. El cabello era considerado, en un sentido, como una diadema. Cortarlo era aplastar el orgullo de Israel. Pero aquí puede haber una insinuación de algo más. El cabello largo del nazareno era señal de su consagración a Jehová (Números 6:2-8). Cortárselo significaba el abandono de su voto de consagración (Jueces 16:15-22). A la vista de Jeremías, Israel, ahora representada solamente por Judá y Jerusalén, había abandonado su consagración a Jehová y no era digna de usar la corona del cabello largo." (Thompson, Book of Jeremiah, pág. 293.)

(23-18) Jeremías 8:1-3. "Sacarán los huesos"

"A fin de expresar el más total menosprecio sobre la tierra, los enemigos victoriosos sacaron de las tumbas y sepulcros los huesos de los reyes, príncipes, profetas, sacerdotes y habitantes principales, y los dejaron expuestos; de ese modo llegaron a ser, en el orden de los juicios de Dios, un reproche para ellos en la vana confianza que tenían en el sol, la luna y las huestes de los cielos —todos los planetas y estrellas cuya adoración se había afirmado en oposición a la de Jehová. Esta costumbre de sacar los restos de los muertos y esparcirlos parece haber sido general. Era la máxima expresión de odio y desprecio." (Adam Clarke, The Holy Bible… with a Commentary and Critical Notes, 4:276.)

(23-19) Jeremías 8:22. "¿No hay bálsamo en Galaad?"

Galaad era una región famosa por su bálsamo de unción (véase Génesis 37:25). Sin embargo, no había disponibilidad de bálsamo para unción de los enfermos, ni remedio para la rebelde nación. El bálsamo de la salvación se podía dar solamente por medio del Salvador de Israel, Jehová, al cual habían rechazado.

(23-20) Jeremías 9. Lamento de Jeremías

Con excepción del llanto de David por Absalón, su hijo (véase 2 Samuel 18:33), lo del lamento profético de Jesucristo por Jerusalén (véase Mateo 23:37), o el lamento de Mormón por la destrucción de la nación nefita (véase Mormón 6:16-22), pocos pasajes son tan conmovedores como los de Jeremías 9. En Jeremías 9:17-22, el Señor hizo referencia a la costumbre del antiguo Israel de contratar a plañideras profesionales, mujeres que eran pagadas para llorar y lamentar durante largo tiempo por la muerte de algún pariente del contratista. Jeremías recibió el mandamiento de contratar lloronas profesionales para lamentarse por Judá.

(23-21) Jeremías 9:16. ¿Iba a ser completamente consumida la nación de Judá?

Ser consumida no significa ser completamente extinguida. Ser consumida y destruida, en el contexto de las profecías del esparcimiento de Israel, significaba ser desorganizada totalmente y dispersa de manera que el poder, la influencia y la organización de Israel como nación desaparecerían. Moisés, en Deuteronomio 4:26, le dijo a todo Israel que como pueblo serían totalmente destruidos. Sin embargo, los versículos siguientes muestran que Israel existía como un pueblo de personas sin hogar.

(23-22) Jeremías 10:1-16. Algunos conceptos de lógica común con respecto a los ídolos

En una cadena profunda y a la vez sencilla de razonamiento, Jeremías mostró la estupidez y la falta total de lógica que acompañaban a la adoración de ídolos. Los hombres toman materiales tales como la madera y los metales, y los trabajan y les dan forma a su propio gusto, haciendo toda clase de objetos útiles. Luego toman esos mismos materiales, les dan forma de ídolos mediante la obra de sus propias manos, y repentinamente esperan que el ídolo se llene de poder sobrenatural y sea capaz de proporcionar ayuda milagrosa para la persona que lo hizo.

(23-23) Jeremías 11:1-14. Nadie escapará

Jeremías 11:1-14 se refiere al convenio que el Señor hizo con la casa de Israel en la época del éxodo. "Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios" (Exodo 6:7). De la misma manera que los progenitores de los judíos quebrantaron el pacto, así también lo hicieron sus hijos en Judá (véase Jeremías 11:10). Por lo tanto, nadie escaparía al castigo decretado, y no servirían ni las oraciones de Jeremías ni las del pueblo (véase vers. 11-14).

Sperry escribió: "La advertencia de Jeremías fue en vano. El Señor señaló que había una conspiración entre los judíos y que habían retornado a las iniquidades de sus padres. Sus dioses eran tan numerosos como sus ciudades, y el número de altares levantados a Baal igualaba al número de calles en Jerusalén. Pero el Señor advirtió que sus dioses no los salvarían en tiempos de dificultad. En vista de su condición espiritual, el profeta recibió el mandamiento de no orar por el pueblo. Ni el Señor quiso escuchar los clamores del pueblo (11:9-14)." (Voice of Israel's Prophets, págs. 165-66; cursiva agregada.)

(23-24) Jeremías 12:1-4. ¿Por qué prosperan los malvados?

Jeremías levantó preguntas muy antiguas: ¿Por qué los malvados a veces prosperan en tanto que los justos no? (Véase Jeremías 12:1.) ¿Cuánto tiempo pasará antes de que su maldad sea castigada? (Véase vers. 4; Malaquías 3:13-18.)

"La enemistad que Jeremías experimentó de sus coterráneos de Anatot excitó su disgusto por la prosperidad de los malvados que parecen progresar y vivir sin problemas. Por lo tanto, comienza a exponer sus interrogantes al Señor y a demandar a la justicia de Dios que los malvados sean quitados de la nación (vers. 1-4). El Señor lo reprende por su arrebato de enojo e impaciencia diciéndole que debe perseverar aún más. Esta sección, cuya relación con la anterior es inconfundible, muestra, mediante un caso concreto, la extrema corrupción del pueblo; y se ha incluido entre sus profecías porque nos expone la grandeza de la longanimidad de Dios hacia un pueblo maduro para la destrucción." (Keil y Delitzsch, Commentary, 8:1:219.)

(23-25) Jeremías 12:5. "¿Cómo contenderás con los caballos?"

A la pregunta de Jeremías en cuanto a la razón por la que los malvados prosperan, el Señor dio una respuesta vívida que ha ayudado a muchos a sentir más valor. El pasaje también tuvo significado especial para Jeremías y su pueblo. Clarke escribió lo siguiente: "Si los males más pequeños a los cuales estás expuesto te llevan a tantas quejas amargas, ¿cómo te vas a sentir cuando, en el curso de tu ministerio profético, seas expuesto a males mucho más grandes, y a enemigos mucho más poderosos? Los de a pie aquí pueden ser el símbolo de males comunes; los caballos, de males más terribles. Si te has hundido bajo dificultades pequeñas, ¿qué harás cuando vengan las más grandes?

"Creo que éste es el significado: 'Si en un país que ahora goza de paz apenas te consideras seguro, ¿qué harás ante la crecida del Jordán? ¿Y cuando el enemigo, como un torrente que se desborda, inunde toda la tierra?'

"La crecida del Jordán, que generalmente acontecía en la época de la cosecha, hacía salir de la espesura a los leones y a otras bestias de presa, las que, diseminándose por la región, producían un caos terrible, matando a los hombres y llevándose el ganado." (Commentary, 4:287.)

(23-26) Jeremías 12:9. ¿En qué forma Judá es como "un ave de rapiña de muchos colores"?

Thompson explicó el símbolo de las aves de muchos colores en esta forma:

"Israel, con su orgulloso plumaje, ha atraído la atención de las aves de presa (sus enemigos) que se adelantan a atacarla. Otra posible traducción surge cuando sabua es traducido como el sustantivo 'hiena'.

Esta comprensión del vocablo, combinado con la substitución que la Septuaginta hace del vocablo 'cueva' por 'ave de presa', nos lleva a la siguiente traducción:

" '¿Es esta tierra mía una guarida de hiena

" 'con aves de presa volando sobre ella?'

"El cuadro resultante es el de la guarida de la hiena con buitres que revolotean esperando descender rápidamente sobre lo que queda de la res muerta después que la hiena ha comido. En todo caso, el pueblo y la nación están bajo ataque enemigo. Hay un festín para todos los animales salvajes (literalmente, 'bestias del campo'). La destrucción de Judá proporcionará bocados para todos." (Book of Jeremiah, pág. 358.)

(23-27) Jeremías 12:14-17. ¿Pueden los saqueadores de Judá ser bendecidos por el Señor?

"Los saqueadores de la herencia del Señor también deben ser expulsados de la tierra, pero después que, como Judá, hayan sido castigados, el Señor tendrá piedad de ellos y los traerá de vuelta a su propia tierra. Y si los paganos, que ahora seducen al pueblo de Dios llevándolo a la idolatría, aprenden las sendas del pueblo de Dios y se convierten al Señor, recibirán ciudadanía entre el pueblo de Dios y serán contados entre los de este pueblo; pero si no lo hacen, serán destruidos. Así el Señor se manifestará delante de toda la tierra como juez justo, y a través de su juicio asegurará la prosperidad no sólo de Israel sino también de los pueblos paganos. Por esta exposición de su plan para todo el mundo, el Señor da una respuesta tan clara a la súplica del profeta concerniente a la prosperidad de los impíos (véase vers. 1-6) que en ella se puede ver la justicia del gobierno de Dios en la tierra." (Keil y Delitzsch, Commentary, 8:1:228.)

(23-28) Jeremías 13:1-11. Parábola del cinlo podrido

El cinto de lino representa a la nación sacerdotal de Judea, ya que el lino era usado para la ropa de los sacerdotes (véase Levítico 16:4). Sperry escribió: "La parábola, me parece, no debe ser demasiado exprimida por los occidentales racionalistas. Sus líneas generales y su explicación parecen razonablemente claras. El cinto representa a toda la casa de Israel, incluyendo a Judá. 'Porque como el cinto se junta a los lomos del hombre, así hice juntar a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá, dice Jehová… ' (13:11.) En razón de las iniquidades del pueblo del Señor (en este caso de los judíos), ellos se verán separados de El. El inminente cautiverio de la nación en Babilonia bien podría estar representado en el hecho de esconder el cinto cerca del Eufrates. El hecho de que el cinto se pudriera en el escondite sencillamente significa que la relación entre Dios y los judíos había llegado al punto de ruptura." (Voice of Israel's Prophets, pág. 167.)

(23-29) Jeremías 13:22-27. ¿Puede el leopardo cambiar sus manchas?

El color de la piel, como las manchas del leopardo, no puede ser cambiado. ¿Qué decir de los pecados de Israel?

"La gente se ha tornado tan firme en su conducta corrompida que está como sujeta, sin esperanza, a la misma. Ya no pueden cambiar sus pasos así como un etíope no puede cambiar el color de su piel ni el leopardo puede cambiar sus manchas. Por lo tanto, serán esparcidos, porque olvidaron al Señor y 'confiaron en lo que era falso' (Moffatt).

"No es necesario señalar que en el versículo 23 Jeremías no estaba hablando del 'mal natural' ni de ningún 'defecto radical en la naturaleza humana'. No está diciendo que los hombres son de naturaleza tan pecadores, que son como el etíope o el leopardo que no pueden hacer nada al respecto. Sin embargo, sí está diciendo que, sea el pueblo totalmente negro o sea sólo manchado por el mal, está tan aferrado al pecado que no puede hacer nada para mejorar. La causa de ello es lo que sirve de base: Se han olvidado del Señor. Por lo tanto, vendrán los desastres." (The Interpreter's Bible, 5:928.)

(23-30) Jeremías 14-15. Oración de un profeta

Jeremías, capítulos 14 y 15, presenta una conversación entre Jeremías y el Señor concerniente a una gran sequía y los efectos de la misma. Tanto el hombre como las bestias fueron grandemente afectados, como Keil y Delitzsch escribieron: "Las dificultades que resultan de una sequía prolongada [Jeremías 14:2-6] dan al profeta ocasión de orar sin demora en bien de su pueblo [Jeremías 14:7-9, 19-22]; pero el Señor rechaza toda intercesión y notifica al pueblo que por haber apostatado de El, pronto serían destruidos por la espada, el hambre y la pestilencia [Jeremías 14:10-18; 15:1-9]. Luego, el profeta se queja de la persecución que tiene que soportar y es corregido y consolado por el Señor [Jeremías 15:10-21]. Entonces se le indica el curso que debe tomar en el futuro, puesto que Judá, por sus pecados, será destruida y borrada, pero un día será restaurada [Jeremías 16:1-17:4]. Y la instrucción concluye con un comentario sobre las raíces del mal, junto con una oración por la seguridad del profeta y una declaración en cuanto a la forma en que puede evitarse el juicio." (Commentary, 8:1:242-43.)

(23-31) Jeremías 14:1-6 ¿Fue grave la sequía?

Todos, aun los ricos, fueron afectados por la sequía, una calamidad a la que Judá a menudo se había enfrentado. Por regla general, los veranos de Judá, aun en tiempos modernos, son secos, pues caen pocas lluvias desde abril hasta mediados de octubre. Esta escasa lluvia hace bajar los ríos y algunos hasta se secan; la hierba es escasa.

Refiriéndose a la sequía en tiempos de Jeremías, Keil y Delitzsch escribieron que "el país y la ciudad, los ciudadanos destacados y los pobres, el campo y el agricultor, todo cae en un profundo lamento, y las bestias del campo languidecen porque no hay pasto ni hierbas. Esta descripción presenta un cuadro conmovedor de las dificultades que tienen la tierra y sus habitantes por falta de lluvia. Judá es el reino o el país con sus habitantes; las puertas se emplean poéticamente para representar a las ciudades y a sus habitantes. No solamente el género humano desfallece, sino la tierra misma y los animales;… " (Commentary, 8:1:244.)

(23-32) Jeremías 14:7-18. Intercesión de Jeremías por Israel

Jeremías clamó a Dios para que desviase su ira, aunque no fuera más que "por amor de su nombre" (14:7). El Señor rehusó hacerlo y le dio instrucciones de no rogar "por este pueblo para bien" (14:11). Pero Jeremías se negó a desistir porque los falsos profetas habían empujado al pueblo al pecado asegurándoles la paz (véase vers. 13). El Señor rechazó esta excusa para los pecados del pueblo, y no había esperanza de que apartara su ira (véase vers. 14-18). Aun así, Jeremías persistió (véase vers. 19-22). Compare el amor constante de Jeremías hacia su pueblo rebelde con el de Moisés (véase Exodo 32:31-32) y el de Mormón (véase Mormón 2:10-14).

(23-33) Jeremías 15:1-14. "Estoy cansado de arrepentirme"

Claramente Judá había llegado a un punto tal, que el Señor ya no quería perdonarlo más. Jeremías representó al Señor diciendo "Estoy cansado de arrepentirme" (15:6), esto es, cansado de aplacar el enojo y dar otra oportunidad a Israel. Nada de lo hecho por Dios había dado resultado, más demora era inútil.

La frase "la madre y los hijos" (vers. 8) es una referencia a la ciudad madre, Jerusalén (véase Clarke, Commentary, 4:295), o a la madre de los jóvenes o jóvenes guerreros (véase Keil y Delitzsch, Commentary, 8:1:257).

Aun Jeremías mismo sería llevado a "tierra que no conocía" (Jeremías 15:14).

(23-34) Jeremías 15:15-21. El Señor sostuvo a su profeta

El profeta comenzó a rogar por sí mismo. El, al menos, había sido fiel, aunque Judá no lo fuera. "No me senté en compañía de burladores" (Jeremías 15:17), le dijo al Señor. El Señor sostuvo a su profeta: "Te libraré de la mano de los malos" (vers. 21). Y así fue. Jeremías no fue llevado a Babilonia sino que fue a Egipto y probablemente murió allí pocos años después. La promesa del Señor fue más bien una promesa de liberación espiritual, promesa de recompensa eterna por su fidelidad, pues Jeremías fue llevado a Egipto contra su voluntad.

(23-35) Jeremías 16:1-12. Prohibiciones a Jeremías

La época de Jeremías fue triste para Judá. Para simbolizar esa verdad, el Señor le dijo a su profeta tres cosas que no debía hacer:

  1. No debía casarse o engendrar hijos (véase Jeremías 16:2). Tan universal era la calamidad que pendía sobre el pueblo, que Dios no quería que los niños sufrieran las consecuencias. Este mandamiento, sin embargo, como el que fue dado a Oseas (véase Oseas 10), quien recibió el mandamiento de tomar como esposa a una ramera, probablemente no fuera literal; más bien, parece ser alegórico. Esto quiere decir que Jeremías no debía esperar que su pueblo se uniera otra vez al convenio, ni debía esperar obtener hijos espirituales (conversos) de su ministerio.

  2. No debía lamentar por los que en Judá murieran por espada o hambre (véase Jeremías 16:5), ya que ellos mismos se habían acarreado estos juicios.

  3. No debía festejar ni comer con amigos en Jerusalén (véase vers. 8), ya que el festejo era señal de celebración; y comer juntos, un símbolo de hermandad. Además, Jeremías recibió el mandamiento de explicar muy claramente al pueblo las razones de su conducta así como las razones de los castigos que vendrían.

(23-36) Jeremías 16:13-21. Condena y liberación

Elder LeGrand Richards

En un discurso dado en una conferencia general, el élder LeGrand Rlchards comentó con respecto a estos versículos:

"Meditad esta declaración… Pensad cómo los judíos y los cristianos a través de todos estos siglos pasados han alabado al Señor porque extendió su mano para liberar a Israel, mediante Moisés, sacándolo de su cautividad; y, sin embargo, viene Jeremías con su palabra de santo profeta, diciéndonos que en los últimos días ellos ya no recordarán más esto, sino que recordarán cómo Dios ha reunido a Israel disperso de las tierras a donde fueron arrojados.

"Y Jeremías vio el día en que el Señor haría esto, en que llamaría más pescadores y más cazadores: 'Y los cazarán por todo monte y por todo collado, y por las cavernas de los peñascos' (Jeremías 16:16). ¿Dónde encontráis esos cazadores y pescadores de quienes leemos en esta profecía de Jerémías? Ellos son estos [miles de] misioneros de la Iglesia y los que los precedieron desde el tiempo en que el profeta José Smith recibió la verdad y envió mensajeros para compartirla con el mundo. Así salieron ellos, cazando y pescando y reumendolos de los collados y las montañas y de las cavernas de las rocas. ¡Yo creo que esto es más literal de lo que algunos pensamos!" (En Discursos de Conferencias Generales, 1970-72, pág. 152.)

(23-37) Jeremías 17:1-18. Metáforas y símiles (comparaciones)

Este capítulo está lleno de metáforas y comparaciones con las que el profeta Jeremías ilustró el estado espiritual de Judá.

El pecado de Judá está escrito "con cincel de hierro y con punta de diamante" (Jeremías 17:1). Estas metáforas indican cuán profundamente el pecado se había arraigado en la conciencia de Judá.

"Sobre las montañas y sobre el campo" (vers. 3) es probablemente una referencia a Jerusalén, la cual se encuentra en las colinas de Judea.

Si el hombre confía en Jehová, será bendecido; y será maldecido si confía en sí mismo (véase verso 5, 7).

"La retama en el desierto" (vers. 6) representa a Judá como el árbol marchito sin humedad o sustento.

El Señor busca el corazón y pone a prueba las entrañas (el ser interior) para determinar los caminos (vers. 10).

Como un ave (la perdiz) que se sienta sobre los huevos que no empollan, de la misma forma los que en Judá se enriquecían por medios deshonestos se irían con las manos vacías (vers. 11).

Jesucristo (Jehová en el Antiguo Testamento) es la misma "esperanza de Israel", el "manantial de aguas vivas" (vers. 13; véase también Juan 4:9-14). Jesús es el buen pastor, un pastor para quienes desean seguirlo (véase vers. 16; véase también Juan 10:14; Salmo 23:1).

(23-38) Jeremías 17:19-27. ¿Qué otro grave pecado, además de la idolatría, pesaba sobre Judá?

"Viviendo como lo hacemos, en una época en la que el espíritu del día de reposo es violado de una manera tan abierta, convendría notar la destacada importancia que Jeremías le daba a la observancia de este día santo. No solamente mandó que el pueblo santificara ese día y no trabajara en él, sino que llegó a prometer que la ciudad de Jerusalén perduraría y nunca quedaría despoblada…

"Esta enseñanza de Jeremías… indica con fuerza cuán importante es para el Señor la observancia del día de reposo. (Compare con D. y C. 59:9-24.) No sólo nos da la oportunidad de meditar sobre Dios y sus bondades, sino también la de adorarlo y descansar mental y físicamente. Además, el día de reposo da a los hombres la oportunidad de afirmar el amor en sus propios hogares y de promover un buen espíritu hacia sus semejantes. Probablemente Jeremías pensaba que si su pueblo observaba el espíritu de este día, podría finalmente volverse de sus vías malvadas y ser digno de las promesas que el Señor le había hecho." (Sperry, Voice of Israel's Prophets, págs. 172-73.)

(23-39) Jeremías 18:1-10. ¿En qué sentido Judá era arcilla en manos del alfarero?

"El élder Heber C. Kimball predicó en casa del presidente José Smith sobre la parábola que se encuentra en el capítulo 18 de Jeremías, referente a la arcilla (barro) en manos del alfarero, que cuando se estropea en manos de éste es sacada de la rueda y echada otra vez en la mezcladora. Esta arcilla sale otra vez en la porción siguiente, habiendo sido anteriormente una mala vasija. Pero toda la arcilla que se formaba bien en manos del alfarero y era maleable, era una vasija de honor; y así fue con la familia humana, y siempre lo será: Todos los que son maleables en manos de Dios, y son obedientes a sus mandamientos, son vasijas de honor, y Dios los recibirá.

"El presidente José se puso de pie y dijo: 'El hermano Kimball os ha dado una verdadera explicación de la parábola'." (History of the Church, 4:478.)

(23-40) Jeremías 18:17-23. "Hirámoslo"

Por motivo de la osadía de Jeremías, el pueblo conspiró para castigar al profeta. La frase "hirámoslo de lengua" (vers. 18) sería más clara si lo interpretáramos como "hirámoslo en la lengua". El castigo por la mentira en algunos países del Medio Oriente, aún hasta hoy, se da golpeando al reo en la boca con un trozo de cuero, tal como la suela de un zapato. (Véase Clarke, Commentary, 4:303.)

(23-41) Jeremías 19:1-15. Judá será herida y esparcida

El discurso que se encuentra en Jeremías 19:1-15 fue presentado cuando Joacim era rey. Con la rotura de la vasija del alfarero, Jeremías representó el saqueo y cautiverio de Judá. Una vez rota la vasija, "no se puede restaurar más". Aunque los judíos retornaron del cautiverio en Babilonia al final de los setenta años, han pasado casi mil novecientos años desde que Jerusalén fue destruida y sus habitantes esparcidos por los romanos, y sólo ahora Israel finalmente se está recogiendo en el convenio.

La terrible predicción de canibalismo (véase vers. 9) se cumplió en ocasión del sitio de Jerusalén durante el reinado de Nabucodonosor (véase Lamentaciones 4:4-10).

Judah

Judá fue desarraigada como nación y llevada a Babilonia

RESUMEN ANALITICO

(23-42) Advertencias sempiternas a los malvados

En el último discurso pronunciado antes de su partida, Moisés expuso ante Israel una bendición y una maldición: "Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos… tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra… Pero… si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos… Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro". (Deuteronomio 28:1, 15, 20.)

La palabra del Señor dada mediante Jeremías es la misma que ha dado por medio de otros profetas del pueblo de Dios a lo largo de su historia. Contiene la promesa de un destino triste o feliz, castigo o prosperidad, todo dependiendo de la fidelidad a las leyes irrevocablemente decretadas por Dios (véase D. y C. 130:19-20).

Lea y considere las siguientes referencias: D. y C. 63:58-64; 64:34-43; 101:7-16; 103:7-18.

Luego lea las palabras que un profeta moderno dio a su pueblo:

"El aumento desmedido de libertinaje en la sociedad moderna nos preocupa sobremanera. Ciertamente nuestro Padre Celestial está afligido porque sus hijos están participando cada vez más en pecados insinuosos tales como el adulterio, la fornicación, la homosexualidad, el lesbianismo, el aborto, la pornografía, el control de la natalidad, el alcoholismo, la crueldad expresada en los malos tratos a la esposa e hijos, la falta de honradez y vandalismo, la violencia y los delitos en general, incluyendo el pecado de vivir en concubinato.

"Solicitamos a nuestros miembros de la Iglesia que renueven sus esfuerzos por fortalecer el hogar y honrar a sus padres, y por establecer mejor comunicación entre padres e hijos.

"A pesar de lo importante que es el establecer hogares firmes, no es suficiente cuando se trata de luchar contra el creciente libertinaje en las costumbres. Por lo tanto, pedimos a los miembros de la Iglesia que como ciudadanos, en sus comunidades o en otros lugares eleven sus voces, se unan con otros en una lucha sin cuartel para combatir la pornografía y la ostentación general del libertinaje. Opongámonos vigorosamente al desarrollo alarmante de los viejos pecados de Sodoma y Gomorra, y a los que profanan al cuerpo humano que es templo de Dios…

"Dios no será burlado. Sus leyes son inmutables. El verdadero arrepentimiento es recompensado por el perdón, mas el pecado acarrea el aguijón de la muerte…

"Al considerar las experiencias de Nínive, Babilonia, Sodoma y Gomorra, nos preguntamos: ¿Se repetirá la historia? ¿Qué sucederá con nuestro mundo? ¿Estamos olvidando en nuestros grandes países los principios elevados que pueden preservar a las naciones?…

"…entre nosotros existen los mismos vicios que han sido la causa del naufragio de imperios, y los vemos tornarse cada vez más evidentes en todas las naciones. ¿Sucederá con nosotros como con Belsasar, que sembraremos el viento y recogeremos el torbellino? ¿Permitiremos que el hogar se deteriore y el casamiento sea una burla? ¿Continuaremos maldiciendo a Dios, odiando a nuestros enemigos y profanando nuestros cuerpos en prácticas adúlteras y sensuales? Y cuando la paciencia del Señor se haya agotado para con nosotros, ¿quedaremos temblando mientras la destrucción se derrama sobre nosotros? ¿O veremos prudentemente la escritura sobre la pared y aprovecharemos la triste experiencia del pasado y nos volveremos al Señor para servirlo?" (Spencer W. Kimball, en Conference Report, octubre de 1977, págs. 5-7.)