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Jeremías 20-22; 24-29; 32; 34-45; 52: Lamentaciones: El cautiverio en Babilonia
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El cautiverio en Babilonia

Jeremías 20-22; 24-29; 32; 34-45; 52: Lamentaciones

(24-1) Introducción

Jeremías, abandonado en una ciudad desolada por los Invasores babilónicos, hizo algunas preguntas acertadas… ¿Cómo fue que una ciudad que había sido habitada por tan gran cantidad de gente, visitada por reyes y reinas de otras naciones, ahora quedaba desolada y vacía? No había eco de voces en sus calles. Todo lo que allí había sido de valor ahora descansaba en otras moradas, en otros templos. ¿Cómo pudo haber sucedido? ¿Por qué los grandes hombres —a semejanza de las grandes ciudades— no consiguen mantener su grandeza y quedan sin llegar a su destino?

Jeremías tenía las respuestas que buscaba. Lo que él necesitaba era alguien que realmente lo escuchara.

Este capítulo hace un repaso de las enseñanzas de Jeremías a su pueblo cuando menciona la inminente cautividad en Babilonia. (Véase 2 Reyes 24-25.) Pero Jeremías no solamente era un profeta que hablaba de calamIdades, aunque así parezca en esta lección. A semejanza de Enoc (véase Moisés 7:41-69), a Jeremías le fue permitido ver la venida del Salvador y también la restauración de la Iglesia de Dios y su pueblo en los últimos días (véase cap. 25). Al leer Lamentaciones y los capítulos históricos de Jeremías, observe la correlación entre la rectitud de una nación y su poder, la relación entre los caudillos de la nación y la justicia del pueblo, y la relación entre un profeta y los pactos de Dios con sus hijos.

COMENTARIOS SOBRE JEREMIAS 20-22; 24-29; 32; 34-45; 52

(24-2) Jeremías 20:1-6. Jeremías en el cepo

Jeremías 19:14-15 nos relata que el profeta se hallaba otra vez en el patio del templo recordando a la gente las dificultades que pendían sobre la nación por causa de la maldad de los habitantes. Cuando Pasur, que era el principal en el templo, se enteró del incidente, hizo que Jeremías fuera azotado y puesto en el cepo. El cepo era un instrumento de tortura mediante el cual el cuerpo era obligado a estar en una posición antinatural, muy semejante a los cepos de madera de la época medieval en que las diferentes partes del cuerpo —los brazos, las piernas y la cabeza— eran sujetas en determinados lugares mediante listones (vigas) de madera.

Lejos de acobardarse por este duro trato, Jeremías lo aprovechó como una oportunidad más para enseñar. Pasur, en hebreo, significa "libre". Al ser liberado el profeta, le dijo a Pasur que el Señor tenía otro nombre para él. Dijo que Dios no lo había llamado Pasur o "libre", sino Magor-misabib, que significa "terror por todas partes" (véase Jeremías 20:3-6).

(24-3) Jeremías 20:7-18. El peso de la palabra de Dios

La gran desesperación que el llamamiento profético acarreó sobre Jeremías se hace patente en Jeremías 20:7-8, 14-18. El vocablo hebreo traducido en el versículo 7 como "seducido" debe ser entendido como "persuadido". El poder que persuadió al profeta a continuar predicando la palabra de Dios a tan alto precio era como "un fuego ardiente metido en (mis) huesos" (vers. 9). No podía calmarse. Los versículos 14-18 reflejan la desesperación del profeta por el solitano ministerio que recibió. Algunos eruditos se inclinan a creer que estos versículos originalmente antecedieron a los versículos 7-13 porque el tono del lamento cambia en los versículos 11-13, en los que Jeremías comienza a alabar al Señor.

(24-4) Jeremías 21; 22:1-9. ¿Hará el Señor aquello que ha dicho?

Pasur no estaba complacido con lo que Jeremías le había dicho (véase Jeremías 20:1-6), mas cuando el rey Sedequías mandó a Pasur a consultar al Señor por medIO del profeta, éste obedeció. La respuesta de Jeremías tenía tres partes: (1) La respuesta a la esperanza del rey de que el Señor interviniera para salvar a Jerusalén de la inminente invasión de los caldeos (véase Jeremías 21:4-7) fue clara: No había esperanza. (2) Consejo en cuanto a cómo el pueblo y la familia real podrían preservar su vida rindiéndose a los caldeos en lugar de luchar contra ellos (véase vers. 8-10). (3) Profecía concerniente a la casa de David (véase 21:11-14; 22:1-9), a la que Jeremías dio una alternativa: Si el rey y su pueblo se volvían a la rectitud, el trono de David sería preservado (véase Jeremías 22:4), pero si no, sería "casa… desierta" (vers. 5).

Galaad representaba el terreno más fértil de Israel; y el Líbano, la montaña más elevada y los mejores arboles (vease vers. 6). Pero el Señor envió destructores, y las mejores tierras quedaron desoladas. Se da razón con toda claridad en el versículo 9.

(24-5) Jeremías 22:10-30. Condenación clara para los gobernantes de Judá

"No lloréis al muerto" (Jeremías 22:10; véase también vers. 11-12) se refiere a Josías, rey de Israel, el cual murió por causa de una herida que recibió en la batalla de Meguido. "Llorad amargamente por el que se va"(vers. 10) se refiere a Salum, o Joacaz, hijo de Josías y sucesor del trono, quien fue llevado a Egipto. (Vease Temas suplementarios, sección G.)

La enseñanza principal que se halla en Jeremías 22:10-30 es que el pueblo más bello y amado del Señor, Judá, enfrentaba una gran tragedia por causa de la iniquidad de sus habitantes. La gente no debía la mentarse por sus reyes difuntos. Más bien debía lamentarse por la inminente tragedia y apartarse de sus malas sendas.

El profeta reprende a Joacim por su vida egoísta y por su injusticia para con el pueblo (véase vers. 13-19), la que era particularmente evidente al compararlas con las buenas obras de su difunto padre, Josías (véase vers. 15-16).

Como "sepultura de asno" (vers. 19) significaba que quedaría insepulto, a campo abierto. Esta profecía probablemente se cumplió cuando Joacim fue llevado cautivo durante el sitio impuesto por Nabucodonosor sobre Jerusalén (véase Comentarios sobre 2 Reyes 24:5-7).

Los nombres Líbano y Basán (véase Jeremías 22:20) fueron empleados para describir el viaje de Israel desde Judá hasta Babilonia. Así como el viento seco destruye la tierra de pastoreo secando la hierba (véase versículo 22), de la misma manera Babilonia destruiría a los pastores y caudillos de Judá.

El versículo 23 es algo mordaz. Por motivo de su altura y belleza, los cedros del Líbano a menudo eran empleados como símbolo de orgullo. Aquí son símbolo de los caudillos de Judá, a los que se les dice que consideren cuán grandes serán una vez que los dolores de la guerra los acosen.

(24-6) Jeremías 22:24-30. Joaquín no retornará

Joaquín, hijo de Joacim, es llamado Conías por Jeremías. Conías fue comparado con un anillo, el cual, aparte de ser una joya, lleva el sello o símbolo de poder. Conías, o Joaquín, recibe el anuncio de que si él fuera el único de valor que tuviera Dios, por causa del estado de maldad en que se encontraba, igualmente sería entregado en manos de Nabucodonosor para no volver jamás. (Véase vers. 25-27.)

Los Comentarios sobre Jeremías 23 se encuentran en el capítulo 25 de este manual.

(24-7) Jeremías 24. ¿Cuál es el significado de la parábola de los higos?

Era voluntad del Señor que Judá se sometiera a Babilonia, que recibiera su castigo y se arrepintiera. Los que así lo hicieron fueron llevados "para bien" (Jeremías 24:5). Sin embargo, Sedequías y otros rehusaron someterse. Adam Clarke dijo:

"En el símbolo de los higos buenos y malos, Dios representa el estado de las personas que ya habían sido llevadas cautivas a Babilonia con su rey, Jeconías, comparadas con el estado de las que serían llevadas con Sedequías. Las que ya habían sido llevadas, siendo personas escogidas, fueron representadas por los higos buenos; las que quedaron y poco después llevaron cautivas fueron representadas por los higos malos que para nada servían. La condición de los primeros, aun estando en cautiverio, era mucho mejor que la de los que ahora iban a ser puestos en manos del rey de Babilonia. Los últimos serían tratados como dos veces rebeldes; los primeros, siendo los más respetables de los habitantes, bien tratados; y, aun en cautiverio, se haría entre ellos una marcada distinción, por disposición de Dios mismo. Pero el profeta saca sus propias conclusiones…

"[El Señor dice]: Los que ya fueron llevados al cautiverio estimo como más excelentes que los que quedan en la región. No han pecado tan profundamente, y ahora están arrepentidos; por lo tanto, 'pondré mis ojos sobre ellos para bien' (vers. 6); esto es, los cuidaré mediante una providencia especial y serán restaurados a su tierra." (The Holy Bible… with a Commentary and Critical Notes, 4:316-17; véase también Temas suplementarios, secciones G y A.)

(24-8) Jeremías 25:16-29. ¿Quién beberá la copa de la ira de Dios?

La explicación de la frase "la copa del vino de este furor" se encuentra en Comentarios sobre Isaías 51:17-23. Comenzando con Jerusalén y las ciudades de Judá, la amarga copa será bebida por Egipto, las naciones del occidente y del oriente, y por Babilonia.

La última parte del capítulo 25 proféticamente pasa hasta la época de la futura batalla de Armagedón. Aquí la batalla se describe para mostrar a Judá que las naciones malvadas no escaparán de los juicios del Señor. El lenguaje de estos pasajes muestra que lo que Jeremías vio fue la época en la que todas las naciones se reunirán contra el pueblo del Señor y serán llevadas a juicio. El élder Joseph Fielding Smith específicamente relacionó la controversia del Señor con las naciones de los últimos tiempos (véase The Signs of the Times, págs. 138-75). Y el lenguaje empleado en Jeremías 25:32-33 es semejante a otros pasajes que hacen referencia a la batalla de Armagedón. (Véase Comentarios sobre Ezequiel 38-39; Temas suplementarios, sección I.)

(24-9) Jeremías 26:1-9. Jerusalén como Silo

El libro de Jeremías no está en orden cronológico. Por ejemplo, Jeremías 25 habla del cuarto año del reinado de Joacim, y luego Jeremías 26:1-9 hace un relato del primer año de su reinado.

Jeremías compara Jerusalén con Silo, que fue el primer lugar donde descansó el tabernáculo y el lugar donde las tribus echaron suertes para sus herencias. Silo fue parte de la herencia de Efraín, y fue el lugar a donde llevó Ana a Samuel para servir a Elí. El Señor dice en Jeremías 26:1-9 que tal como dejó que los filisteos profanaran el tabernáculo, así dejaría a los babilonios profanar el templo. Y tal como Silo fue nivelado por su iniquidad, de la misma manera sería destruida Jerusalén. (Véase Jeremías 7:12, 14.)

(24-10) Jeremías 26:14-15. "Haced de mí como mejor os parezca"

Compare las palabras de Jeremías en los versículos 14 y 15 con los de Abinadí en Mosíah 17:9-10. Como el de Abinadí, el mensaje de Jeremías a sus enemigos fue: "Haced lo que queráis, mi palabra tiene validez. Si escogéis matarme, derramaréis sangre inocente, mas esto no suprime mis palabras".

(24-11) Jeremías 26:20-24. El caso de Urías

El caso de Urías, repetido aquí durante el juicio a Jeremías, muestra la iniquidad del rey Joacim. Cuando Urías supo que el rey quería darle muerte, huyó a Egipto. Pero, evidentemente, Egipto no le dio asilo. Por el contrario, aceptó el pedido de extradición, y Joacim lo mató personalmente. Esa es la única mención que se hace de Urías, y su ministerio sugiere que probablemente hubo muchos profetas de los que nada sabemos.

El versículo 24 implica que Jeremías, aunque absuelto, hubiera corrido igual suerte que Urías en manos del populacho si no hubiera sido por Ahicam, quien lo protegió.

(24-12) Jeremías 27. El yugo de la servidumbre

Aunque Jeremías 27:1 indica que es probable que la profecía sobre la servidumbre de Judá fue dada durante el reinado de Joacim, los versículos 3 y 12 sugieren que ésta se dio durante el reinado de Sedequías.

Habían llegado a Sedequías embajadores de varios países vecinos con la propuesta de unirse para vencer a Babilonia. Jeremías recibió del Señor el mandato de poner sobre su cuello coyundas (ataduras) y yugos y usarlos en público para simbolizar que era voluntad del Señor que se sometieran a sus futuros conquistadores. El mensaje de que no trataran de cambiar los decretos de Dios también fue dado por Jeremías. Las tierras de Judá fueron asignadas a Babilonia hasta que aquel país maduró en iniquidad y cosechó su propia recompensa. Una promesa bien definida, dirigida a Judá, fue dada en el versículo 11, indicando que la sumisión era la única esperanza que tenía de retener sus tierras.

No es de Dios todo mensaje que reclama serlo (véase vers. 15), ni todo mensajero porta la palabra de El. Jeremías le advirtió a Sedequías que los profetas que proclamaban que Babilonia no tomaría a Judá debían tratar de preservar el resto de los tesoros del templo que había quedado de la primera y segunda conquistas de Nabucodonosor. Jeremías estaba señalando que sus promesas de cautiverio eran realistas, en tanto que las promesas de liberación hechas por los profetas falsos hacían caso omiso de la realidad, puesto que los babilonios ya habían demostrado que podían conquistar con impunidad a Judá.

(24-13) Jeremías 28. La contraposición de Hananías

La intensidad del debate que se desató en Jerusalén está bien clara en el capítulo 28. Hananías dijo que Dios había manifestado que el pueblo de Sede quías no iría al cautiverio y que el poder de Babilonia (el yugo) había sido quebrantado y los tesoros del templo y los cautivos serían devueltos en el término de dos años (véase vers. 1-4).

En el versículo 6, el "Amén, así lo haga Jehová" expresado por Jeremías es sarcástico, como diciendo que el futuro haría saber cuál de las profecías se cumpliría. Moisés enseñó que una prueba para conocer al verdadero profeta es ver si sus palabras se cumplen (véase Deuteronomio 18:22). Jeremías había profetizado destrucción y cautiverio; Hananías, retorno y restauración. La respuesta de Jeremías fue sencillamente que el profeta cuyas palabras se cumplieran era el elegido por el Señor (véase vers. 9). Para hacer destacar sus palabras, Hananías quitó el yugo que estaba sobre los hombros de Jeremías y lo rompió, anunciando que Dios haría lo mismo con el yugo de Judá impuesto por Babilonia. La respuesta del Señor fue sencilla y poderosa: El yugo de madera se tornaría en yugo de hierro (véase vers. 13). La muerte de Hananías, profetizada por Jeremías (véase vers. 15-17), debería haber convencido a Sedequías y al pueblo de que Jeremías era el profeta verdadero, pero estaban demasiado endurecidos para ver la realidad.

(24-14) Jeremías 29. Carta a los cautivos

"Así como sucedió en Jerusalén, en Babilonia también las predicciones hechas por los profetas falsos alimentaron una viva esperanza de que el dominio de Nabucodonosor no duraría mucho y que el retorno de los exiliados a su madre tierra se produciría pronto. El espíritu de descontento así alimentado debe haber ejercido una influencia dañina en la suerte de los cautivos y no pudo dejar de frustrar el propósito que el castigo infligido por Dios quería alcanzar, esto es, el progreso moral del pueblo. En consecuencia, Jeremías aprovechó la oportunidad proporcionada por unos embajadores enviados del rey Sedequías a Babel, para dirigir una carta a los exiliados exhortándolos a someterse con humildad a la suerte que Dios les había asignado. Les aconsejó que se prepararan para una larga estancia en Babel y buscaran el bienestar de esa nación como condición necesaria para su propio bienestar. Les dijo que no debían permitir que los profetas falsos los engañaran con promesas vanas de un pronto retorno, puesto que Dios no los llevaría de vuelta para cumplir sus promesas gloriosas sino hasta después de haber transcurrido setenta años (vers. 4-14)." (C. F. Keil y F. Delitzsch, Commentary on the Old Testament, 8:1:408-9.)

Los Comentarios sobre Jeremías 30-31 aparecen en el capítulo 25 de este manual.

(24-15) Jeremías 32:1-5. Jeremías es encarcelado

Desde un punto de vista político, es fácil comprender por qué los caudillos judíos reaccionaron tan firmemente contra Jeremías. En una época de crisis nacional, él proclamó la rendición y sumisión a Babilonia. Pero, naturalmente, Jeremías no hablaba desde un punto de vista político; hablaba por el Señor. Sedequías lo aisló del pueblo por haber profetizado durante el sitio sobre la inminente cautividad y el derrocamiento del rey (véase vers. 2). Para informarse en cuanto a la aparente contradicción de la profecía de Jeremías con la de Ezequiel, véase Ezequiel 12:13 (véase también Commentarios sobre 2 Reyes 25:1-7).

(24-16) Jeremías 32:6-44. ¿Por qué enterró Jeremías la evidencia de su compra?

Jeremías compró la heredad de su primo porque tenía derecho a ella como pariente más próximo (véase Levítico 25:25; Rut 4). Entonces selló la carta de compra en un cántaro (véase Jeremías 32:11-12) como evidencia de su fe en la promesa de Dios de que "se comprarán casas, heredades y viñas en esta tierra" (vers. 15). Después de la muerte del profeta, el derecho de propiedad pasaría al pariente más cercano de Jeremías. El resto del capítulo 32 es la aseveración, de parte del Señor a Jeremías, de que los hombres verdaderamente retornarían de Babilonia para heredar la tierra (véase vers. 26-44).

(24-17) Jeremías 32:36-41. Restauración y pacto sempiterno

Jeremías claramente señaló un pleno retorno de todo el pueblo del Señor y el establecimiento de un convenio eterno con ese pueblo. Esta promesa todavía está por cumplirse plenamente en la dispensación del cumplimiento de los tiempos. (Véase 3 Nefi 20: 29-46; 21.)

Los comentarios sobre Jeremías 33 se encuentran en el capítulo 25 de este manual.

(24-18) Jeremías 34:1-7. La conquista de Jerusalén

Jeremías 34:1-7 trata la conquista de la ciudad por parte de Nabucodonosor y también el cautiverio y muelle de Sedequías (véase Comentarios sobre 2 Reyes 25:1-7).

(24-19) Jeremías 34:8-22. ¿En qué forma rompió Sedequías su pacto con el pueblo?

"Durante la primera parte del sitio de Jerusalén, los habitantes de la ciudad dieron libertad a sus esclavos hebreos. Esto pudo haberse hecho en parte porque la ley antigua requería que los esclavos fueran liberados según Exodo 21:1 y Deuteronomio 15:2, y en parte por la necesidad de hombres para ayudar a defender la ciudad. En cualquier caso, esta liberación de los esclavos fue garantizada por un pacto solemne. Entonces el avance de los egipcios parece haber hecho que los babilonios levantaran el sitio. A pesar de su juramento solemne y haciendo caso omiso de las demandas del amor fraternal y de la justicia, los hombres de la ciudad procedieron a tomar por esclavos otra vez a sus hermanos más desafortunados. Esta conducta injusta acarreó la inmediata acusación del Señor y una condena terrible." (Sidney B. Sperry, The Voice of Israel's Prophets, págs. 182-83.)

(24-20) Jeremías 35. El ejemplo de los recabitas

Este capítulo retrocede al tiempo del reinado de Joacim, hijo de Josías (véase Jeremías 25). En él Jeremías expuso ante los judíos el recto ejemplo de los recabitas, quienes, habiendo hecho un pacto de nunca beber vino, rehusaron beberlo cuando Jeremías se lo ofreció en la casa de Dios. (Estos hombres se habían mudado a Jerusalén y habían escapado así de los invasores babilonios.)

Jeremías recibió el mandamiento de citar el ejemplo de los recabitas al pueblo de Judá (véase vers. 13-14). El mensaje era claro: Los recabitas observaron fielmente sus convenios, aunque no eran el pueblo del convenio del Señor. Los judíos eran transgresores de los mandamientos del Señor y quebrantaron sus promesas a Dios en toda ocasión. Así sobre los judíos vendría "todo el mal que contra ellos he hablado" (vers. 17).

(24-21) Jeremías 36:1-8. La palabra del Señor queda registrada

"En el cuarto año del reinado de Joacim vino palabra del Señor a Jeremías, instándolo a que hiciera escribir todos los discursos que previamente había dado, para que Judá pudiera, si era posible, considerar las amenazas y el retorno a las sendas del bien (vers. 1-3). De acuerdo con este mandamiento, hizo escribir todas las palabras del Señor en un libro que escribió su ayudante, Baruc, con instrucciones de que durante el día de ayuno se leyeran en el templo al pueblo que viniera de todo el país a Jerusalén (vers. 4-8). Después de esto, en el noveno mes del quinto año de Joacim, se convocó un ayuno. Barucleyó las profecías ante el pueblo reunido en el aposento de Camarías, en el templo. Micaías, hijo de Camarías, mencionó el asunto a los príncipes que estaban reunidos en el palacio real; los príncipes mandaron buscar a Baruc con el rollo, e hicieron que lo leyera delante de ellos. Pero tuvieron tanto temor por lo que les fue leído que decidieron informar al rey en cuanto al asunto (vers. 9-19). Por consejo de ellos, el rey hizo traer el rollo y que se le leyera parte del mismo; pero apenas hubo oído algunas partes, cuando cortó el rollo en pedazos y los arrojó en el fuego que ardía en la sala, al mismo tiempo que daba orden de que Baruc y Jeremías fuesen llevados ante él; pero Dios los escondió (vers. 20-26). Después que este rollo fue quemado, el Señor mandó al profeta reunir todas sus palabras en otro rollo y profetizar un ignominioso destino sobre el rey Joacim; por este motivo Jeremías una vez más dictó sus discursos a Baruc (vers. (27-32)." (Keil y Delitzsch, Commentary, 8:2:93.)

Jeremiah’s record

Baruc leyó el registro de Jeremías

(24-22) Jeremías 37-39. "Recompensa" de un profeta

Cuando el rey Joacim se rebeló contra Babilonia, fue depuesto, y su tío, Sedequías, fue puesto en su lugar. En este momento de la historia debe haber sido evidente que las profecías de Jeremías pronto se iban a cumplir. Dos veces había venido Nabucodonosor y dos veces había humillado a Judá sin que nadie se lo impidiera. Pero Sedequías no fue más prudente que su hermano, Joaquín, ni que su sobrino, Joacim. El también comenzó a buscar formas para destruir el yugo impuesto por Babilonia. Sin prestar atención a las repetidas advertencias de Jeremías, se rebeló, y una vez más los invasores llegaron contra Jerusalén. (Véase Temas suplementarios, sección G.)

Fue sobre este escenario que los acontecimientos de estos capítulos tuvieron lugar. Jerusalén estaba bajo sitio, y el consejo de Jeremías de que debían rendirse no fue bien acogido. El profeta fue considerado traidor y subversivo. En este momento un ejército de Faraón se dirigía hacia el norte para enfrentarse con las fuerzas de Nabucodonosor (véase Jeremías 37:5). Nabucodonosor temporariamente se apartó de Jerusalén para enfrentar la amenaza del sur. Las esperanzas de los judíos renacieron, pero nuevamente Jeremías las hizo trizas. Profetizó que el ejército egipcio retornaría a Egipto (véase vers. 7) y que el sitio sería establecido nuevamente. Tan desvalida se vería Judá, de acuerdo con Jeremías, que aunque todo el ejército caldeo fuera herido en la batalla con Egipto, igual tendría éxito para destruir a Jerusalén (véase vers. 8-10).

Cuando el sitio se levantó, Jeremías decidió regresar a la tierra de Benjamín, probablemente para visitar su ciudad natal. Sus enemigos aprovecharon la oportunidad para actuar en contra de él. Acusándolo de huir para unirse a los caldeas, los caudillos judíos hicieron que Jeremías fuera arrestado, azotado y arrojado en la prisión (véase vers. 11-15).

El carácter débil e indeciso de Sedequías se volvió a manifestar. En secreto mandó buscar a Jeremías para preguntarle si había palabra del Señor concerniente al destino de Jerusalén (véase vers. 16-17); sin embargo, cuando los otros líderes demandaron la muerte del profeta por predicar la rendición (véase Jeremías 38:1-4), Sedequías respondió débilmente: "He aquí que él está en vuestras manos; pues el rey nada puede hacer contra vosotros" (véase vers. 5). Pero cuando los amigos de Jeremías intercedieron por su vida, Sedequías se aplacó y lo dejó en libertad secretamente (véase vers. 7-13).

La pregunta aguda y sarcástica dirigida al rey por el profeta aparece en Jeremías 37:19. Los profetas falsos habían prometido que los babilonios no atacarían Jerusalén y que los que habían sido llevados cautivos volverían. En ese momento Jeremías citó las palabras de Moisés en cuanto a cómo discernir entre un profeta verdadero y uno falso. Ahora bien, con los babilonios rodeando la ciudad, Jeremías preguntó dónde estaban aquellos profetas. La palabra de Jeremías había demostrado ser la verdadera, y él se encontraba en prisión. La palabra de los otros había sido expuesta como falsa, ¿y dónde se encontraban ellos?

El capítulo 39 detalla la caída de Jerusalén y el trágico final de Sedequías y de su familia. Por motivo de que Jeremías había anunciado el éxito final de Babilonia, fue dejado libre por los caldeas y tuvo permiso de quedar en Jerusalén como hombre libre (véase vers. 11-14).

(24-23) Jeremías 40-44. Después de la caída de Judá

"Anteriormente mencionamos el hecho de que después de la caída de Jerusalén, Jeremías fue liberado y se le permitió permanecer en Palestina. De hecho, primero fue llevado encadenado con todos los demás cautivos y llegó hasta Ramá, pueblo a unos ocho kilómetros al norte de Jerusalén. Aquí el capitán de la guardia de los babilonios le quitó las cadenas y le dio provisiones y un presente, y lo mandó de vuelta a Gedalías, nuevo gobernador de Judá, con instrucciones de que le permitieran vivir entre el pueblo o ir donde quisiera (40:1-6).

"Luego del nombramiento de Gedalías como gobernador de Judá, muchos judíos en las regiones circunvecinas recuperaron la confianza y regresaron a su país natal. Pero uno de ellos, Ismael, el hijo de Netanías, parece haber sido enviado por Baalis, rey de Amón, con el propósito expreso de matar a Gedalías (40-14). El buen gobernador fue advertido de esto, pero no quiso creer a quienes lo pusieron al tanto del complot. El resultado fue que él, los judíos y los caldeos que estaban con él en Mizpa fueron asesinados a sangre fría por Ismael y los otros conspiradores (41:1-3). Otros judíos encontraron la muerte en manos de Ismael, y éste escapó a Amón antes de ser capturado (41:4-15).

"Después de este incidente, Jeremías recibió algunos del pueblo de Judá, quienes le pidieron que orara a Dios en bien de ellos y pidiera consejo y asesoramiento. El profeta oró, y el Señor aconsejó a los del pueblo que se quedaran en Judá para ser bendecidos. Se les dijo que no temieran al rey de Babilonia, que el Señor los salvaría y los liberaría de la mano de aquel monarca y tendría compasión de ellos. Por otra parte, si iban a Egipto para escapar de la guerra y del hambre, se sentirían sumamente desilusionados. Se les dijo que el hambre, la pestilencia y la espada serían su terrible destino (42:1-22). Pero los tercos judíos rehusaron escuchar la palabra del Señor dada a través de Jeremías y se fueron a la tierra de Egipto, llevando consigo al desafortunado profeta y a Baruc (43:1-7).

"En Tafnes vino al profeta la palabra del Señor anunciando la destrucción de Egipto en manos del mismo Nabucodonosor que había destruido a Jerusalén (Jeremías 43:8-13).

"Así los judíos desobedientes que habían huido de las dificultades en Judá las encontraron frente a ellos en Egipto. (Véase también 44:12-14.) Jeremías continuó fustigándolos por la adoración idólatra de la 'reina de los cielos', pero ellos rehusaron escuchar sus palabras (44:15-30)." (Sperry, Voice of Israel's Prophets, págs. 184-85.)

(24-24) Jeremías 45. Baruc

"Este pasaje es una especie de apéndice que corresponde al capítulo 36, y tiene mucho valor por motivo de los detalles que aporta con respecto a la vida de Baruc. El también estuvo acosado por la desesperación como lo estuvo Jeremías y bien pudo decir: 'Ay de mí' (vers. 3). Es posible que al escribir las palabras de juicio pronunciadas por Jeremías, sabiendo en su corazón que las mismas eran verdaderas y que todo sucedería tal como se decía, se haya sentido deprimido y se haya llenado de incertidumbre con respecto a su propio futuro. Sabía mucho de los asuntos de Jeremías: Escribió los oráculos pronunciados por el profeta para el primer y segundo rollo en el año 605 y 604 a. C. y ciertamente continuó escribiendo los dichos del profeta posteriores a esa fecha y lo acompañó a Egipto, donde probablemente continuó su obra como escriba. Tal vez Baruc finalmente regresó a Judá o viajó hasta Babilonia para reunirse con los expatriados allí, y pudo relatarles los acontecimientos en Egipto, aunque no hay evidencia que demuestre una cosa u otra. En algunas ocasiones compartió con Jeremías situaciones peligrosas (36:19, 26; 43:3). Gran parte de lo que conocemos hoy día como el libro de Jeremías se remonta directa o indirectamente a él." (J. A. Thompson, The Book of Jeremiah, The New International Commentary on the Old Testament, pág. 683.)

(24-25) Jeremías 52. Apéndice histórico

El último capítulo de Jeremías es un resumen del material histórico previamente comentado (véase Jeremías 39) y un registro de acontecimientos futuros, tales como la buena situación de Joaquín en Babilonia (véase Jeremías 52:31-34). Puesto que Jeremías no fue a Babilonia sino que fue llevado a Egipto, se duda de que este capítulo haya sido escrito por él. Tal vez haya sido agregado por su escriba, Baruc (véase 2 Reyes 24-25; Jeremías 39).

COMENTARIOS SOBRE LAMENTACIONES

(24-26) Lamentaciones 1:1-11. ¿Quién escribió las Lamentaciones y por qué?

La tradición por largo tiempo ha sostenido que el libro de las Lamentaciones fue escrito por Jeremías, aunque algunos críticos modernos lo dudan. Keil y Delitzsch hicieron notar, luego de un minucioso examen de los argumentos que ponen en duda que Jeremías haya escrito el libro: "Por lo tanto, cerramos esta investigación después de haber demostrado que la tradición que sostiene que Lamentaciones fue escrito por Jeremías tiene buen fundamento, tanto como cualquier otra tradición". (Commentary, 8:2:349-50.)

El autor de Lamentaciones quiso exponer la condición patética de un pueblo despojado en manos de los babilonios. Comparó a la abandonada Jerusalén con una mujer cuyo marido ha muerto (véase vers. 1). Todos sus "amantes" (los dioses falsos que adoraban) la abandonaron a sus enemigos (véase vers. 2-3). Todo esto sucedió por causa de la iniquidad de Judá (véase vers. 5-8). Aun el Señor la abandonó en la hora de su aflicción. Sus enemigos "se burlaron de su caída" (vers. 7).

El encabezamiento del libro de Lamentaciones es, en hebreo, aychah, que se traduce como "¡Ay!" o "¡Pobre de…!" según Keil y Delitzsch en Commentary, 8:2:335. Era costumbre en la antigua Judá componer y cantar endechas (lamentaciones) en memoria de amigos o parientes fallecidos. Jeremías hizo lo mismo por su amada Jerusalén.

Las "cosas preciosas" mencionadas en los versículos 10 y 11 aluden, en parte, a los utensilios preciosos que el enemigo sacó del templo. Los pocos que quedaron se vendieron para aliviar el hambre y el infortunio desatados sobre el pueblo.

(24-27) Lamentaciones 1:12-22. "Sión extendió sus manos; no tiene quien la consuele"

Jeremías empleó imágenes vívidas para describir la gran aflicción de Judá, comparándola con fuego en los huesos, con una red para los pies, con un yugo puesto en el cuello, con la uva aplastada en el lagar. Cada alusión es muy bien empleada. Al menos una de ellas, la del yugo o las ataduras alrededor del cuello, es empleada también en Isaías 52:2. De acuerdo con la interpretación dada en Doctrina y Convenios 113:10, las ataduras en el cuello de Israel "son las maldiciones de Dios sobre ella, o el remanente de Israel en su estado de esparcimiento entre los gentiles". Los setenta años de cautiverio en Babilonia fueron como lo que se describe en estos pasajes.

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Pisando la uva en el lagar

En su condición de cautiva, nadie parece consolar a Judá. Ella extendió sus manos en súplica, pero nadie respondió (véase Lamentaciones 1:16-17). Sus falsos "amantes" y viejos aliados la abandonaron (véase vers. 19). Sión estaba en gran aflicción y supo entonces que su iniquidad era la causa de su lamentable estado (véase vers. 20-22).

(24-28) Lamentaciones 2:1-10. Como resultado de su maldad, Judá fue abandonada y castigada por el Señor

La lamentable condición de Judá, causada por sus iniquidades, se debía al poder de Dios. En Lamentaciones 2:1-10, Dios es reconocido como aquel que acarreó la calamidad.

"El escritor evidentemente no pudo quitar de su mente las desgarradoras escenas. Los ancianos o cabezas de familia que compartían el gobierno fueron impotentes ante la situación. Tanto los altos magistrados como las doncellas fueron reducidos a un doloroso silencio (vers. 10)." (D. Guthrie y J. A. Motyer, The New Bible Commentary: Revised, pág. 661.)

(24-29) Lamentaciones 2:11-22. "Oh hija de Sión, echa lágrimas cual arroyo día y noche"

Jerusalén no solamente era objeto de lástima sino de burla. Pequeños niños inocentes desfallecían en sus calles, llorando inútilmente por el sustento (véase vers. 11-12). Los profetas a los que Judá prestó atención fueron infieles a su tarea de advertirles contra la iniquidad. Hablaron palabras lisonjeras y así incitaron a Judá en sus transgresiones. "Te predicaron vanas profecías y extravíos" (vers. 14). En Jerusalén no había nada que sirviera para regocijarse. En los versículos 18 al 22 Judá llama la atención del Señor hacia su causa dolorosa. Las lágrimas de la ciudad eran lágrimas reales de pesar divino por las iniquidades así como por la pérdida de lo temporal en manos de los babilonios.

(24-30) Lamentaciones 3:1-66. ¿Hay esperanza de que Judá retorne de su estado caído, y, si la hay, cómo puede ocurrir?

Lamentaciones 3:1-66 contiene el lamento personal del autor por su condición tan deplorable así como por la de su pueblo. Sus pensamientos fueron expresados en forma poética.

"En una línea verdaderamente profética, el autor se coloca al lado de sus compatriotas y los insta a retornar al Señor y a buscar reconciliación con El. Ruega que examinen su vida personal a la luz de los mandamientos que han quebrantado, y que al elevar las manos hacia Dios también eleven el corazón, es decir, que sus oraciones en busca del perdón sean verdaderas y sinceras. Desea que sepan también cómo se siente la persona que no puede alcanzar el perdón, cómo se siente estar bajo el juicio de Dios, a fin de que puedan apreciar tanto más la maravilla del perdón." (Guthrie y Motyer, New Bible Dictionary, pág. 662.)

Aun así no sería fácil alcanzar el perdón. El resto del capítulo 3 indica que a pesar del poco deseo de Dios de escuchar sus lamentos, el suplicante continuará clamando para recibir alivio. Los versículos 61 al 66 contienen un ruego de que el Señor también recompense debidamente a los enemigos de Judá por la forma dura y malvada con que tratan a esta nación.

(24-31) Lamentaciones 4. ¿Qué grupos bien definidos son responsables de la caída de Judá?

En Lamentaciones 4:1-22 el escritor vuelve a su primer tema y comienza otra vez la elegía. Varios grupos fueron responsables del sufrimiento de Jerusalén. Primero, los "hijos de Sión", que una vez fueron "preciados y estimados más que el oro puro" (vers. 2), se habían convertido en vasos inferiores como aquellos hechos de arcilla. Las madres de Judá, a diferencia de los monstruos (las ballenas y otros peces grandes) del mar que alimentaban adecuadamente a sus retoños, habían descuidado a sus hijos. La maldad reinaba en todas partes.

Los versículos 8 al 10 describen el hambre desatada durante el sitio de Jerusalén, lo que finalmente resultó en que algunos comieran a sus propios hijos.

(24-32) Lamentaciones 4:21-22. "Oh, hija de Edom; descubrirá tus pecados"

Edom había buscado, en la época de la toma de Jerusalén, enriquecerse con la tragedia de Judá (compárese con Abdías 1:10-16), y sus hechos en aquel momento fueron amargamente reprochados por los judíos (véase Ezequiel 25:12-14; Salmo 137:7-9). Pero los judíos pudieron consolarse con la idea de que después de su propio castigo vendría el castigo de Edom: "Hasta ti llegará la copa" (Lamentaciones 4:21).

(24-33) Lamentaciones 5. "Acuérdate, oh Jehová, de lo que nos ha sucedido; mira, y ve nuestro oprobio"

Lamentaciones 5:1-22 es una súplica pidiendo ayuda. Solamente el Señor era quien tenía la llave de la liberación de Judá. La situación de Judá era muy triste, y sus pecados eran causa de tal tristeza.

"El agua y la leña se mencionan en el versículo 4 como lo más necesario en la vida, sin lo cual es imposible existir. Los ciudadanos tuvieron que comprar ambas cosas porque el país, con sus aguas y bosques, estaban en poder del enemigo. Se hace énfasis en 'nuestra agua… nuestra leña'. Lo que antes habían tenido como propiedad privada, gratuitamente, ahora se debía comprar." (Keil y Delitzsch, Commentary, 8:2:448.)

RESUMEN ANALITICO

(24-34) Los profetas verdaderos nunca son populares entre los malvados

Jeremías era uno de los profetas vivientes de su tiempo. Los malos, particularmente los líderes de Judá, despreciaron las palabras del profeta como carentes de valor alguno. El presentó el mensaje que el Señor le dio, pero terminó en la prisión. Finalmente fue sacado de Israel y obligado a vivir en Egipto. El presidente Ezra Taft Benson ha dicho:

"Cuando un profeta revela la verdad, esta verdad divide a la gente. Los de corazón honesto escuchan su palabra, pero los que no son justos no prestan atención al profeta o se manifiestan en contra de él. Cuando el profeta denuncia los pecados del mundo, los que son del mundo quieren cerrarle la boca, o actúan como si el profeta no existiera, antes que arrepentirse de sus pecados. La popularidad nunca es evidencia de la verdad. Muchos profetas han recibido la muerte o han sido expulsados. Al acercarnos a la segunda venida del Señor, podéis esperar que, a medida que el mundo se torne más inicuo, el profeta será menos popular entre la gente." ("Fourteen Fundamentals in Following the Prophets", en Speeches of the Year, 1980, Provo: Brigham Young University Press.)

El profeta viviente es el que realmente conmociona al mundo. "Aun en la Iglesia", dijo el élder Spencer W. Kimball, "muchos se inclinan a adorar los sepulcros de los profetas de ayer y mentalmente apedrean a los vivientes" ("To His Servants the Prophets", Instructor, agosto de 1960, pág. 257).

¿Por qué? Porque el profeta viviente nos dice lo que tenemos necesidad de saber y hacer, y el mundo prefiere que los profetas estén muertos o que se ocupen de sus propios asuntos. Algunos que aspiran a llegar a autoridades en el campo político quieren que el profeta se mantenga en silencio con respecto a la política. Algunos que aspiran a ser autoridades en el campo de la evolución quieren que el profeta se mantenga en silencio respecto a la evolución. La lista sigue interminablemente.

"La forma en la que respondemos a las palabras del profeta viviente cuando nos dice lo que tenemos que saber, pero que preferiríamos no oír, es una prueba de nuestra fidelidad." (Benson, "Fourteen Fundamentals in Following the Prophets".)

Los hombres que pactan con Dios están obligados a El en justicia. La antigua Judá cortó ese vínculo cuando se rebeló contra el Señor y no quiso prestar oídos a las palabras de Jeremías. Como resultado, la nación fue llevada en cautiverio a Babilonia.