¡Él vive!
    Notas al pie de página

    ¡Él vive!

    “Él [Jesucristo] ha dado Su vida para que, aun con nuestras debilidades, podamos superar nuestros errores por medio del arrepentimiento y la obediencia a Su Evangelio”.

    Hemos sentido conmovido el corazón, vivificada la imaginación y fortalecida nuestra determinación de llevar una vida mejor como resultado de los mensajes que hemos escuchado en las sublimes sesiones de esta conferencia. Muchas personas se han sentido motivadas, como yo, a mejorar su estilo de vida de manera que nuestras acciones estén más de acuerdo con nuestros sueños y metas. Quizás te hayas sentido inspirado a abandonar algún aspecto debilitante de tu vida actual o a corregir algún hábito malo que haya comenzado a arraigarse para producir amargo fruto más adelante. Probablemente haya algunos que han resuelto arrepentirse y volver a las refrescantes aguas de la rectitud. Estas impresiones provienen del Salvador por medio del Espíritu Santo.

    De Él hablaré. Puesto que los pensamientos sobre el Salvador inspiran sentimientos tan conmovedores, citaré Sus propias palabras y el testimonio de otros profetas.

    A fin de llevarnos a tomar las decisiones correctas, Él ha dicho lo siguiente:

    “…hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en tu corazón”1.

    “Y se os dará el Espíritu por la oración de fe…”2.

    “…te digo: Pon tu confianza en ese Espíritu que induce a hacer lo bueno, sí, a obrar justamente, a andar humildemente, a juzgar con rectitud; y éste es mi Espíritu.

    “…Te daré de mi Espíritu, el cual iluminará tu mente y llenará tu alma de gozo;

    “… por este medio sabrás, todas las cosas que de mí deseares, que corresponden a la rectitud, con fe, creyendo en mí que recibirás”3.

    “Ora siempre, y derramaré mi Espíritu sobre ti, y grande será tu bendición, sí, más grande que si lograras los tesoros de la tierra y corrupción en la medida correspondiente”4.

    Con el don del Espíritu Santo, viene la aptitud de desarrollar una capacidad fuertemente sensible para tomar las decisiones correctas. Cultiva ese don. Como el Señor lo ha dicho, eso se logra con una vida invariable y recta. Al incrementar tu capacidad de percibir la dirección de esa influencia infalible, evitarás la desilusión, el desaliento e incluso la tragedia.

    El Señor ha puesto en tu vida corrientes de influencia divina que te conducirán de acuerdo con el plan particular que Él quiere que cumplas en la tierra. Por medio del Espíritu, trata de reconocer y seguir cuidadosamente esa dirección; encamínate por ella; decídete, voluntariamente, a ejercer tu albedrío para seguirla. No te dejes abrumar por concentrarte exclusivamente en el hoy con sus desafíos, sus dificultades y sus oportunidades; esas preocupaciones no deben recibir toda tu atención, hasta el punto de consumir tu vida. ¡Ah, cómo quisiera exhortarte a grabar profundamente en tu alma el reconocimiento de qtie ahora tu vida forma parte de un plan mucho más grande que el Señor tiene para ti. Viviste parte de él en la vida premortal; allí fuiste valiente y viniste acá porque querías progresar y disfrutar de mayor felicidad. Lo que decidas hacer ahora afectará el cumplimiento de ese plan divino que Él tiene para ti.

    No entiendo completamente cómo se lleva esto a cabo, pero esa dirección divina no te quita el albedrío; puedes tomar las decisiones que quieras. Y si las decisiones no son correctas, hay una senda para volver: el arrepentimiento. Cuando se cumplen sus condiciones, la expiación del Salvador libera de las exigencias de la justicia por los errores cometidos. Él dijo: “…yo, el Señor, no puedo considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia. No obstante, el que se arrepienta y cumpla los mandamientos del Señor será perdonado”5.

    Es maravillosamente sencillo e incomparablemente hermoso. Al continuar viviendo con rectitud, siempre sabrás qué hacer; el saberlo puede a veces exigirte gran esfuerzo y confianza. Sin embargo, al cumplir las condiciones para recibir esa guía divina, reconocerás lo que tienes que hacer: obedecer los mandamientos del Señor, confiar en Su plan y evitar cualquier cosa que sea contraria a Él. Cuanto más amoldes tu manera de vivir a la doctrina del Señor, más capacidad tendrás de hacer lo que el Espíritu te inspire6.

    Te sugiero que memorices pasajes de las Escrituras que te conmuevan y te llenen el alma de comprensión. Cuando las Escrituras se emplean de la fomia en que el Señor ha mandado que se registren, tienen un poder intrínseco que no se comunica si se parafrasean. A veces, si siento gran necesidad, repaso mentalmente pasajes de las Escrituras que me han fortalecido antes. Las Escrituras emanan gran solaz, guía y fuerza, especialmente cuando son las palabras del Señor. Estos dos ejemplos ilustran ese punto: “Consuélense, pues, vuestros corazones… toda carne está en mis manos; quedaos tranquilos y sabed que yo soy Dios”7.

    “Las obras, los designios y los propósitos de Dios no se pueden frustrar ni tampoco pueden reducirse a la nada.

    “Porque Dios no anda por vías torcidas, ni se vuelve a la derecha ni a la izquierda, ni se aparta de lo que ha dicho; por tanto, sus sendas son rectas y su vía es un giro eterno.

    “Recuerda, recuerda que no es la obra de Dios la que se frustra, sino la de los hombres”8.

    David se regocijó, diciendo:

    “Jehová es mi pastor; nada me faltará.

    “En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará.

    “Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

    “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

    “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

    “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”9.

    A veces, quizás quieras quejarte al Señor por algún problema que tienes sin haberlo buscado. Jacob enseñó lo siguiente: “…no procuréis aconsejar al Señor, antes bien aceptad el consejo de su mano. Porque he aquí, vosotros mismos sabéis que él aconseja con sabiduría, con justicia y con gran misericordia sobre todas sus obras”10.

    Dios sabe lo que es mejor para nosotros. Aunque tal vez no entendamos el porqué de algunas cosas que nos suceden, en Su debido tiempo lo sabremos y lo agradeceremos.

    Él ha prometido ayudarnos a sobrellevar nuestras cargas: “Y… aliviaré las cargas que pongan sobre vuestros hombros, de manera que no podréis sentirlas sobre vuestras espaldas… para que sepáis de seguro que yo, el Señor Dios, visito a mi pueblo en sus aflicciones”11.

    Se nos aconseja lo siguiente: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará…“12. Me ha ayudado muchísimo el poner a Sus pies un asunto difícil por un tiempo. Al volver a tomarlo, ha sido más liviano y fácil de manejar.

    Toda doctrina de las Escrituras puede beneficiarnos, aun cuando se haya dirigido a una persona determinada, porque Dios ha dicho muchas veces: “…lo que digo a uno lo digo a todos…”13.

    A Emma Smith se le dijo: “Continúa con el espíritu de mansedumbre y cuídate del orgullo… Guarda mis mandamientos continuamente, y recibirás una corona de justicia…”14.

    Después, el Señor agregó: “…ésta es mi voz a todos”15.

    Nefi confirmó esa doctrina al escribir: “…apliqué todas las Escrituras a nosotros mismos para nuestro provecho e instrucción”16.

    En ese espíritu el Señor ha dicho: “Mas en todo se os manda pedir a Dios, el cual da liberalmente; y lo que el Espíritu os testifique, eso quisiera yo que hicieseis con toda santidad de corazón, andando rectamente ante mí, considerando el fin de vuestra salvación, haciendo todas las cosas con oración y acción de gracias…”17.

    “Elevad hacia mí todo pensamiento; no dudéis; no temáis.

    “Mirad las heridas que traspasaron mi costado, y también las marcas de los clavos en mis manos y pies; sed fieles; guardad mis mandamientos y heredaréis el reino de los cielos”18.

    José Smith recibió ayuda para llevar a cabo obras que estaban muy por encima de su propia capacidad. En ocasiones, lo hizo por guía e intervención directas. Pero también muchas veces por la serena inspiración del Espíritu y el sostén que recibió a causa de su obediencia, su fe en el Maestro y su inquebrantable determinación de hacer la voluntad de Él. ¿Por qué tuvo tanto éxito? En parte, por lo que él mismo dijo: “He hecho de esto mi regla: cuando el Señor lo manda, hazlo”19.

    Testifico que dentro de tu propia esfera de actividad y de responsabilidades el Señor te proporcionará esa misma ayuda. Si lo necesitas y lo mereces, disfrutarás de inspiración divina para saber qué hacer, y, si es necesario, de la potestad y la capacidad para lograrlo20. Por medio de la disciplina personal y aplicada, José Smith aprendió a perfeccionar su capacidad de seguir la guía del Señor; él no dejó que sus propios deseos, su conveniencia ni las persuasiones de los hombres impidieran ese cumplimiento al progresar y ser adiestrado por el Señor para llevar a cabo las tareas que se le encomendaron. Sigamos su ejemplo.

    Ennoblece tu vida con la belleza que te rodea y que es abundante: el alba esplendorosa recibiendo a un nuevo día; los frondosos brazos de un abeto adornado con los dorados medallones de un álamo vecino; las plateadas ondas de un lago de montaña transformadas por el brillo del sol; la silenciosa quietud de un pequeño valle bañado por la luz de la luna; la exuberancia de un niño que juega y el amor en los ojos de su madre, “…regocijaos para siempre, y en todas las cosas dad gracias”21. “Y el que reciba todas las cosas con gratitud será glorificado; y le serán añadidas las cosas de esta tierra, hasta cien tantos, sí, y más”22.

    Expresa gratitud por todas las bendiciones, porque “en nada ofende el hombre a Dios, ni contra ninguno está encendida su ira, sino contra aquellos que no confiesan su mano en todas las cosas y no obedecen sus mandamientos”23.

    Dentro de un momento el presidente Hinckley dará su mensaje de clausura de la conferencia. Lo amo. A causa de su humildad y su esfuerzo incansable, el Señor ha magnificado sus extraordinarias aptitudes naturales para bendecir a millones de personas por todo el mundo. Sigamos sus inspirados consejos. Él ha testificado que no es la cabeza de esta Iglesia. Esa cabeza es nuestro Señor y Maestro, Jesucristo, el Redentor.

    Él la guía. Él ha dado Su vida para que, aun con nuestras debilidades, podamos superar nuestros errores por medio del arrepentimiento y la obediencia a Su Evangelio. ¡Ah!, qué gente tan favorecida somos de tener esa luz, ese conocimiento, esas oportunidades de felicidad en la tierra y a través de las eternidades. Que podamos comprometernos a dar a conocer esta magnífica obra, personalmente o por medio de los misioneros, a nuestros amigos y vecinos, a fin de que ellos puedan unirse a este reino de Dios en la tierra y recibir las bendiciones supremas y eternas que están a su disposición.

    Si es necesario que te arrepientas, hazlo ahora.

    Si te has desviado y te has enredado en la telaraña del mundo, vuelve. Te amamos. Te necesitamos. Te ayudaremos.

    Para terminar, quiero citar el testimonio de Alma como si fuera el mío propio, porque tengo la misma convicción que él:

    “…hablo con la fuerza de mi alma…

    “Porque soy llamado para hablar de este modo, según el santo orden de Dios que está en Cristo Jesús; sí, se me manda que me levante y testifique…

    “…que yo sé que estas cosas de que he hablado son verdaderas…

    “…os digo que el Santo Espíritu de Dios me las hace saber… he ayunado y orado muchos días para poder saber estas cosas por mí mismo. Y ahora sé por mí mismo que son verdaderas; porque el Señor Dios me las ha manifestado por su Santo Espíritu…”24.

    Como uno de Sus Apóstoles, autorizado para testificar de Él, testifico solemnemente que sé que el Salvador vive, que es un Personaje resucitado y glorificado, de amor perfecto. Testifico que Él dio Su vida para que podamos vivir con Él eternamente. Él es nuestra esperanza, nuestro Mediador, nuestro Redentor. Yo sé que Él vive. Yo sé que Él te ama y que te ayudará a tener gozo y felicidad si vives digno de recibir esa ayuda. En el nombre de Jesucristo. Amén.