Escuela Dominical: Doctrina del Evangelio
‘Yo soy la luz del mundo’


Lección 15

“Yo soy la luz del mundo”

Juan 7–8

Objetivo

Fortalecer el testimonio de los miembros de la clase de que Jesucristo es nuestro Salvador y de que al seguirle a Él podremos obtener la verdadera libertad.

Preparación

  1. Lea los siguientes pasajes de las Escrituras, y medite y ore al respecto.

    1. Juan 7. Jesús asiste a la fiesta de los tabernáculos y enseña en el templo. Algunas personas creen que él es el Cristo, mientras que otras piensan que es un fraude.

    2. Juan 8:1–11. Una mujer sorprendida en adulterio es llevada ante Jesús. Él la trata con compasión.

    3. Juan 8:12–36. Jesús declara: “Yo soy la luz del mundo”. Enseña a los judíos creyentes que al seguirlo a Él quedarán libres de la esclavitud espiritual.

  2. Sugerencia didáctica: Siempre repase sus lecciones por lo menos con una semana de anticipación. Cuando estudie por adelantado la asignación de lectura y el material de la lección, acudirán a su mente pensamientos e impresiones durante la semana que le ayudarán a impartir la lección. Durante la semana, al meditar en la lección, ore pidiendo la guía del Espíritu. Tenga fe en que el Señor le bendecirá. (Consulte La enseñanza: el llamamiento más importante, págs. 51–52.)

Desarrollo que se sugiere para la lección

Actividad para despertar el interés

Si lo desea, utilice la siguiente actividad (o una de su preferencia) para comenzar la lección. Escoja la actividad que sea más apropiada para su clase.

Haga que el salón quede lo más obscuro posible; para ello apague la luz y cierre las cortinas o persianas, si las hay. Pida a un miembro de la clase que lea en voz alta Doctrina y Convenios 93:1–2. Cuando el miembro de la clase haya leído (o intentado leer) los versículos, hágale las siguientes preguntas:

• ¿Fue difícil leer estos versículos? ¿Cómo se le facilitaría? (Con más luz.)

Encienda las luces y abra las cortinas o persianas. Pida al mismo alumno que vuelva a leer Doctrina y Convenios 93:1–2. Explique que en las Escrituras se usa la luz como un símbolo de Jesucristo. Jesús mismo usó este símbolo cuando enseñó en el templo. En esta lección se hablará de las formas en que Jesucristo es una luz para nosotros.

Si no puede obscurecer el salón, dibuje en la pizarra un faro (o muestre la lámina de uno). Explique que el propósito del faro es advertir del peligro a los barcos y guiarlos hacia un puerto seguro. Después explique que la luz fue uno de los símbolos que usó Jesús al enseñar acerca de Su misión y Su relación con nosotros. En esta lección se hablará de la forma en que Jesús es una luz que nos muestra el camino a la seguridad espiritual.

Análisis y aplicación de las Escrituras

Al enseñar los relatos de las Escrituras que se encuentran a continuación, dé testimonio de Jesucristo cuando sienta que es apropiado, y anime a los miembros de la clase a hacerlo también cuando sientan la inspiración.

1. Jesús asiste a la fiesta de los tabernáculos y enseña en el templo.

Analicen Juan 7. Pida a varios miembros de la clase que lean en voz alta los versículos que usted haya seleccionado. Explique que la fiesta de los tabernáculos era una fiesta judía anual que se celebraba seis meses después de la fiesta de la pascua. Duraba ocho días y conmemoraba las bendiciones del Señor a los hijos de Israel durante sus viajes por el desierto. También se celebraba la cosecha del año y marcaba el final de la temporada de cosecha. Los judíos consideraban esta fiesta la más grande y alegre de todas. (Véase Levítico 23:34–43.)

Haga notar que Jesús viajó de Galilea a Jerusalén para asistir a esta fiesta en el templo (Juan 7:1–10).

• ¿Qué dijeron los asistentes a la fiesta acerca de Jesús mientras esperaban Su llegada? (Véase Juan 7:12.) ¿Por qué se maravilló la gente cuando Jesús comenzó a enseñar? (Véase Juan 7:14–15.)

• ¿Qué dijo Jesús a las personas que estaban en el templo acerca de Sus enseñanzas? (Véase Juan 7:16.) ¿Qué instrucciones les dio para obtener un testimonio de Sus enseñanzas? (Véase Juan 7:17.) ¿Cómo podemos poner en práctica esas instrucciones en nuestra vida?

El élder John K. Carmack, de los Setenta, dijo: “Jesús explicó: ‘El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta’ (Juan 7:17). En otras palabras, al poner la doctrina a prueba, se sabrá que es verdadera. Para probarla se requiere fe, pero esto lleva a una evidencia espiritual. El discípulo que ponga a prueba el experimento recibirá convicción, conocimiento y luz” (Liahona, enero de 1989, pág. 29).

Invite a los miembros de la clase a expresar cómo, al vivir un principio del Evangelio, se fortaleció su testimonio de éste (si lo desea, puede relatar una experiencia propia). Señale que lo opuesto a la promesa de Juan 7:17 también es cierto: si no vivimos los principios del Evangelio, nuestro testimonio se debilitará.

• Mientras Jesús enseñaba, la gente seguía dividida en su opinión en cuanto a Él. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que las personas creían que Él era el Cristo? (Véase Juan 7:31, 37–41.) ¿Cuáles son algunas de las razones por las que no creían que Él fuera el Cristo? (Véase Juan 7:27, 41–42, 52.) ¿En qué sentido sabían las personas de dónde era Jesús? (Conocían a Su familia y Su pueblo de origen.) ¿En qué sentido no sabían de dónde era? (Véase Juan 7:28–29; 8:14, 19, 23–29. No sabían que había sido enviado por nuestro Padre Celestial.)

• ¿Cómo podemos fortalecer nuestro testimonio de la misión de Jesucristo?

2. Una mujer sorprendida en adulterio es llevada ante Jesús.

Lean y analicen Juan 8:1–11.

• ¿Por qué llevaron los escribas y los fariseos a la mujer adúltera ante Jesús? (Véase Juan 8:4–6. Querían que Él condenara a muerte a la mujer o que contradijera la ley de Moisés, para así atraparlo.) ¿Qué dijo Jesús a los escribas y a los fariseos? (Véase Juan 8:7.) ¿Por qué no apedrearon a la mujer? (Véase Juan 8:9.)

• Aunque Jesús no aprobaba el pecado de la mujer, tampoco la condenó por él (Juan 8:10–11). ¿Qué podemos aprender del ejemplo del Salvador en cuanto a la manera de reaccionar con las personas que han cometido un pecado grave?

El élder Marvin J. Ashton explicó: “Recordemos la ocasión en que escribas y fariseos llevaron ante el Salvador a la mujer adúltera. Ellos no tenían el propósito de demostrar su amor al Salvador ni a la mujer, sino de tenderle una trampa a Jesús… Jesús no toleraba el adulterio; no hay duda alguna con respecto a su actitud hacia la moralidad. Pero enseñó con amor para demostrar a los escribas y fariseos la necesidad de servir a las personas, teniendo presente la mejor manera de beneficiarlas y mostrarles la fuerza destructiva de las trampas y el bochorno” (Liahona, agosto de 1981, pág. 36).

3. Jesús declara: “Yo soy la luz del mundo”.

Lean y analicen Juan 8:12–36.

• Durante la fiesta de los tabernáculos, el templo de Jerusalén se iluminaba con las llamas de cuatro candelabros enormes. Dichas llamas se podían ver desde cualquier punto de la ciudad. ¿Por qué fue esta una situación apropiada para que Jesús anunciara: “Yo soy la luz del mundo”? (Juan 8:12.) ¿Qué significa el que Jesús sea la luz del mundo? (Véase Juan 8:12; Alma 38:9; 3 Nefi 15:9; D. y C. 88:6–13.)

• Al tratar de ser como Jesús, las personas también llegan a ser la luz del mundo, porque reflejan la luz de Él (Mateo 5:14; 3 Nefi 18:24). ¿Cómo podemos ayudar a otros a ver la luz que ofrece Cristo? (Véase Mateo 5:16; 28:18–20; Filipenses 2:14–15.)

• Jesús dijo a los presentes en el templo que Él siempre hacía lo que agradaba a Su Padre (Juan 8:29). ¿Cómo podemos llegar a ser más dedicados a hacer lo que agrada a nuestro Padre Celestial?

• Cuando Jesús testificó de Su Padre en los cielos, “muchos creyeron en él” (Juan 8:30). ¿Qué prometió Jesús a esas personas si continuaban siguiéndolo a Él? (Véase Juan 8:31–32.) ¿De qué nos libra la verdad? (Véase Juan 8:33–34.) ¿Por qué quedamos esclavizados cuando cometemos pecado? (Véase Alma 12:11; 34:35.) ¿Cómo les ha dado libertad a ustedes el conocer la verdad?

• Posteriormente Jesús se llamó a sí mismo “la verdad” (Juan 14:6). ¿Cómo afecta esto su comprensión de la promesa contenida en Juan 8:32? ¿Cómo nos da libertad el conocer al Salvador? ¿Cómo podemos llegar a conocerle?

Conclusión

Testifique que Jesucristo es nuestro Salvador y que sólo Él puede librarnos de la esclavitud del pecado. Anime a los miembros de la clase a seguir a Cristo, “la luz del mundo”, para que Él pueda dirigirlos hacia la seguridad espiritual.

Sugerencias adicionales para la enseñanza

El siguiente material complementa las sugerencias para el desarrollo de la lección. Si lo desea, utilice uno o más de estos conceptos como parte de la lección.

1. Agua viva.

En una de las ceremonias que se realizaba durante la fiesta de los tabernáculos, un sacerdote vertía en el altar agua del estanque de Siloé. Esta ofrenda se hacía para pedir lluvia y éxito para la cosecha del siguiente año. Al enseñar en el templo en el último día de la fiesta, Jesús invitó a las personas a beber del agua viva (Juan 7:37–38).

• ¿En qué otra situación mencionó Jesús el agua viva? (Véase Juan 4:5–15.) ¿Qué es el “agua viva”? ¿Cómo podemos tomarla?

2. Jesucristo es Jehová.

Lean y analicen Juan 8:37–59.

• ¿Por qué dijo Jesús a los judíos incrédulos que ellos no eran hijos de Abraham? (Véase Juan 8:39–40. Aun cuando eran descendientes literales de Abraham, no hacían obras de justicia como él.) ¿Por qué les dijo Jesús que no eran hijos de Dios? (Véase Juan 8:41–44.) ¿Cómo podemos mostrar con nuestros hechos que somos hijos de nuestro Padre Celestial?

• ¿Por qué se molestaron los judíos por los comentarios del Señor acerca de Abraham? (Véase Juan 8:51–53, 56–57. No entendían que Jesús se refería a Su capacidad para vencer la muerte espiritual [versículo 51] y a Su vida premortal [versículos 56–57].) ¿Qué entendemos mejor acerca de Jesús por Su afirmación: “Antes que Abraham fuese, yo soy”? (Juan 8:58; véase Éxodo 3:13–14. Jesús es Jehová, el Gran “Yo Soy”, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.) ¿Por qué es importante saber que antes de su vida mortal Jesús era Jehová?