2010
Ya no estaba nervioso
Notas al pie de página

Hide Footnotes

Tema

Ya no estaba nervioso

Boris Antúnez, Chile

En nuestra actividad de la conferencia de la juventud de la estaca íbamos a distribuir folletos para conseguir referencias para los misioneros. Yo había estado leyendo el librito Para la Fortaleza de la Juventud, y cuando comenzó la actividad, lo volví a poner encima de la mesa en la que lo había encontrado, pero se me ocurrió que debía llevarlo conmigo, así que lo recogí y lo coloqué dentro de mis Escrituras.

A todos nos ponía nerviosos el hablar con extraños acerca del Evangelio, pero cuando nos detuvimos para hablar con una mujer que tendía ropa en el patio, se mostró muy amable y aceptó uno de nuestros folletos. Durante la conversación, nos explicó sus inquietudes por su familia; uno de sus hijos en particular tenía problemas con drogas y otros asuntos. La consolamos lo mejor que pudimos y después seguimos nuestro camino.

Unos minutos más tarde, abrí mis Escrituras y cuando vi mi folleto de Para la Fortaleza de la Juventud, recordé lo que esa mujer había dicho sobre su hijo y sentí que debía regresar. Ya no me sentía nervioso.

Encontramos a la mujer todavía afuera de la casa; le dije que tenía algo que quizá le gustara. Le expliqué las normas que siguen nuestros jóvenes y le di el folleto para que lo leyera con su hijo. Me di cuenta de que eso la hizo muy feliz. Llamó a su hijo para que saliera y pudimos fijar una cita para que ambos recibieran a los misioneros.

¡Me sentí como un misionero! Fue fantástico tener la oportunidad de enseñar y tal vez ayudar a ese jovencito. Sé que fue el Espíritu Santo quien me dijo que llevara conmigo aquel folleto.